Albus le estaba enseñando el diente que se le había caído a Scorpius. Ahora tenía un agujero en los dientes de delante. Scorpius le había dicho que a él no se le había caído ninguno aun, y Albus trato de imaginárselo sin algún diente, y era extraño.

- ¿A qué quieres jugar? - le pregunto a Scorpius.

Albus nunca había tenido un mejor amigo y era genial tener uno. Además, Scorpius mismo era genial. No se parecía a James ni a ninguno de sus primos, era simplemente Scorpius. Le gustaban también el color verde y los libros de aventuras, y el helado de fresa más que el de chocolate.

- No se, ya jugamos con todos tus juguetes. ¡Podemos jugar a Sanadores! Tú tienes algo malo con tus dientes y has venido a San Mungo. Yo seré el Sanador - le dijo Scorpius muy orgulloso.

- Espera, ahora vuelvo.

Albus se escabullo un momento en la habitación de Teddy y le cogió una de sus camisas blancas. Sería una estupenda túnica de Sanador. En un momento Scorpius se la había puesto y había cogido un lápiz para hacer de varita.

- Abre la boca - le dijo Scorpius y Albus obedeció - Es una infección de dientetosis, se te van a caer todos los dientes si no te tomas esta poción - y Scorpius le dio un poco de zumo que tenían en un vaso.

- ¿Ya esta Sanador Scorpius? ¿Me crecerán los dientes otra vez?

- Si - le dijo Scorpius muy serio - ¿Cómo tienes las piernas?

Scorpius lo hizo sentar en la cama y le comenzó a dar golpecitos con la varita en las rodillas y después en los pies. Scorpius le confirmo que estaba bien de las piernas, y pasó a examinarle los brazos, que también resultaron estar bien.

- Te he de mirar los ojos, porque quizás tengas que llevar gafas - Scorpius le miro los dos ojos - no, no, están bien. Ahora a ver como respiras.

Albus se quito la túnica y se quedo con los pantalones puestos mientras Scorpius le apuntaba con el lápiz al cuerpo.

- Ahora has de respirar fuerte.

Albus hizo lo que le decía Scorpius, como hacía cada vez que su padre lo llevaba al Sanador Mallaig cuando se constipaba.

- Respiras bien. Estás bueno.

Albus se alegro de estar bien. Las pociones que solían darle para que se pusiera bueno sabían muy mal. Pero la poción que Scorpius le había dado estaba buena.

- Entonces ¿Cuándo he de venir para que mire si mis dientes van bien?

- La próxima semana - le respondió el Sanador Scorpius, y entonces le dio un papel - aquí están las instrucciones de la poción para la dientetosis. Te la has de tomar tres veces al día.

Albus cogió el papel y se fue. Enseguida volvió a entrar para encontrarse con que Scorpius ya se había quitado la túnica de Sanador.

- Ahora ya no soy sanador.

- ¡Ah! Qué pena porque creo que se me mueve otro diente.

- ¿De verdad? - le pregunto Scorpius mientras se acercaba a ver el diente que se le movía - ¿te duele? Mi mama siempre me daba besos cuando algo me hacía daño.

- Mi mama se fue cuando yo era pequeño - le explico Albus.

- ¿Y te daba besos?

- No lo sé, no me acuerdo.

- Entonces te daré yo un beso - y Scorpius se acerco a Albus y le dio un beso en la mejilla - ¿te encuentras mejor?

- James dice que cuando dos mayores se quieres se dan besos en la boca - le susurro confidente Albus.

- Ya lo se - le dijo Scorpius - yo también estaba allí.

Y una idea le vino a la mente a Albus.

- ¡Nosotros tenemos seis años! ¡Ya somos mayores!

- ¿Quieres darme un beso en la boca? Eso es raro…

- ¿No quieres? - le pregunto Albus tristemente. Para él Scorpius era su mejor amigo y lo quería.

Pero entonces Scorpius le dio un besito en la boca, y Albus confirmo que aquello era raro. Era como que te hicieran cosquillas en la boca.