*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Gracias por sus buenos deseos, saben, estoy teniendo problemas para visualizar los comentarios del capítulo anterior aquí, leí los que me llegaban al correo. Si saben el porqué, no estaría de más que me comentaran al respecto.

La inspiración y el tiempo se presentaron antes. Espero les guste el cap. Nos vemos.

CAPÍTULO 10


ES EL MOMENTO

Un hanyou recién despertaba, su cabeza le daba vuelta y tenía unas tremendas ganas de vomitar. Se sentó pero al llevar su mano a la cabeza, se percató de las pesadas cadenas que le sujetaban ambas manos y otras dos en los tobillos.

- ¿Y ahora esto? – gruñía mientras intentaba zafarse de las dichosas ataduras, pero irremediablemente no cedían, tenían una especie de sello que no permitía que fuesen retiradas.

- Ya despertó, Señor Inuyasha – Hiromi le habló – La señorita Kikyo, nos ordenó colocarle esas cadenas – lo miraba fijamente.

- ¿Kikyo? – de pronto recordó la cagada que hizo a Kagome… algo en su pecho se estrujo, había sido un completo idiota, merecía morir en manos de su querida y viva miko. Puso su mano en el pecho, notando unas vendas –Así que todo fue real… - la culpa lo carcomía.

- Ha sanado satisfactoriamente – comentaba Kioshy.

- Claro, soy un medio demonio – se sentía orgulloso de aquello.

- ¿Desea algo de comer o beber? – preguntaba Hiromi.

Inuyasha trató de levantarse, pero una fuerte punzada en el pecho lo obligó a caer de nuevo.

- Su cuerpo aún está lidiando con el conjuro de la Señorita Kikyo – explicaba Hiromi.

- ¿Qué conjuro? ¿De qué demonios hablas? – esto era el colmo, primero lo hacía meter la pata con Kagome y ahora estaba bajo un conjuro.

- El conjuro para hacer que la otra sacerdotisa, devuelva la vida que le quitó a la Señorita Kikyo – esta vez habló Kioshy.

- ¿Kagome? ¿Quitarle la vida a Kikyo? – bufaba, sabía que Kikyo, ya no debía estar entre los vivos, pero su vida no fue arrebatada por Kagome – Eso es una completa mentira –

Los chicos se sorprendieron ante el comentario del híbrido, era imposible que Kikyo les mintiera, después de tanto tiempo de conocerla.

- El único que miente aquí, eres tú, Inuyasha – Kikyo hacía su aparición por la puerta.

- Señorita Kikyo – ambos chicos saludaron e hicieron una reverencia.

- Puede retirarse, yo atenderé a nuestro invitado – asintieron y dejaron sola a la miko de barro con el híbrido.

- ¿Qué quieres? – Reclamó Inuyasha – Quítame estas estúpidas cadenas, Kikyo –

- Inuyasha, ¿por qué le hablas así a tu mujer? –

- Tú no eres mi mujer – decía firme, aunque sabía a qué se refería – Tú me engañaste – bajó las orejas.

- Para nada, sólo te di lo que ella no te daría nunca – sonrió y se acercó a él.

- Aléjate – ordenó.

- No Inuyasha, aquí el único que obedece eres tú – hizo un gesto con sus manos y su lado demoníaco comenzó a despertar.

- ¿Qué… me estás… haciendo? – decía entre dientes, no podía impedir la transformación.

- ¿Recuerdas que querías ser un demonio completo? Solo te estoy ayudando –

- ¡Tsk! ¡Maldita! – no podía creerlo, solo con un estúpido conjuro, Kikyo podía hacer que se transformara.

- Inuyasha, ¿sabes cuál es mi deseo? – A pesar de no poder emitir palabra, Inuyasha escuchaba atento – Regresar a la vida, ser de carne y hueso, para estar contigo, mi querido Inuyasha – el cuerpo del Hanyou se estremeció.

Kikyo miraba al híbrido transformado, podía notar su rostro de desconcierto.

- Tú me ayudarás, el algo sencillo, sólo necesito que traigas a la chiquilla ante mí, para sellar su alma y quedarme con su cuerpo –

- Er… Eres… Repugnante… - Logró decir antes de perder la conciencia a causa de la transformación y la herida en su pecho, le consumía mucha energía.

Kikyo sonrió y salió de la habitación en la que se encontraba Inuyasha, dejándolo en un profundo sueño.

En el castillo de la Luna, una miko estaba teniendo una entretenida lucha con el general Hayato.

- Vamos General, ¿acaso no puede con una simple humana? – se burlaba del joven dragón quien apenas podía respirar con los ataques veloces de la miko.

- Señorita, le repito, tiene que modificar su concepto de "simple" – se levantaba del suelo, estaba adolorido – Creo que ya es suficiente, se acerca mi turno – Kagome asintió.

- Es cierto, bueno mañana otra ronda, ¿le parece? – el dragón la miraba, no podía creer que ese cuerpo pudiera guardar tanta potencia. Cada vez que luchaba con la miko, solo por cumplirle su capricho, salía con la cola entre las patas.

- De acuerdo… - decía resignado –Sigo cayendo, todo por ser así de hermosa, pero por otro lado temo por mi vida… - regresaba a su dormitorio para asearse y cambiarse para su turno de guardia.

Ya habían pasado ocho días desde los que Kagome llegó por primera vez al castillo, y pesar de su presencia, todos los youkai seguían con sus labores, atendiendo de vez en cuando a la inquieta y enérgica humana, razón por la que Sesshomaru permitió que el dragón la mantuviera en forma, sólo que no contaba con que el dragón recibiera una paliza por parte de su invitada.

Kagome tenía una especie de horario personal, en ocasiones le se veía sentada entre las flores, meditando, rodeada por un campo de fuerza. Ese día le diría a Sesshomaru que iría a su época unos días para comprar algo de ropa y cosas que quería traer al castillo.

- Yuka – llamó a su amiga.

- Sí, Kagome – apareció como por arte de magia. Ya esto no le sorprendía, en su estancia en el lugar había podido identificar la mayoría de las identidades demoníacas en su rango, así podía saber en dónde se encontraban cada uno y llamarlos sin hacer tanto escándalo.

- ¿Tienen algún medio de transporte para mí? Digo… ¿algo que yo pueda manejar? – Vio el rostro de confusión de su amiga –Iré a visitar a mi familia, pero no tengo como bajar de este castillo flotante, y además ese transporte debe regresar aquí solo… ¿Sabes a qué me refiero? – la chica asintió.

- Podemos prepararle al dragón Ah-Un –

- Estaría perfecto – ella ya conocía al dragón, y si Rin podía domarlo, ella también – Entonces tenlo listo para mañana a medio día – sonrió – Ya te puedes retirar –

- Sí, pero antes ¿El amo sabe algo? – estaba preocupada, no quería convertirse en cómplice de una fuga.

- Te aviso, pienso decirle ahora más tarde – le calmó.

La chica estuvo convencida y salió de la habitación de Kagome.

- ¿Cuánto tiempo? – aquella voz provenía de la puerta oculta en su habitación.

- Tres o cuatro días – seguía buscando sus toallas y su ropa de dormir.

- De acuerdo, sólo que yo iré también –

Kagome se dio vuelta para observarlo. Aún no podía descifrar como Sesshomaru pasó la barrera sin problemas, y lo del pozo… bueno, quizás ella le quitó el sello más de lo debido.

- Está bien, eso si logras atravesar mi barrera y si el pozo te acepta… -

- Ya pasé una vez, lo haré de nuevo –

- Si tú lo dices… - Terminó de juntar las cosas para su baño – ¿Me das unos minutos? Hoy le di otra paliza a tu general… - sonrió.

- Sí, lo he visto y todos hablan al respecto, creo que tendré que cambiar de general – Sesshomaru y Kagome sabían que el aludido iba pasando en ese momento. Toda su piel humanoide se erizo, si hubiese estado en su forma de dragón habría hecho un estruendo. Tragó fuerte y se maldijo por ser débil ante esa humana.

Ambos sonrieron cómplices. Sólo en las noches, Sesshomaru, se permitía relajarse para jugarle bromas a sus súbditos, algo para no perder la costumbre.

Salió de la habitación de Kagome y se fue al jardín oculto, a esperarla, como joven enamorado de su bella dama, sólo que ella no lo sabía, pero tenerla ahí en sus dominios le era muy grato, pero ya se estaba cansando de esos sentimientos que lo asaltaban cuando estaban a solas.

Por otro lado Kagome, le agradaba compartir con todos en el castillo y sobre todo atesoraba sus momentos con el Lord, y más esos donde estaban tan cerca el uno del otro, compartiendo su calor ante la frialdad de la noche. Con Inuyasha había vivido momentos similares, pero a los cinco minutos estaban peleando por las tonterías del Hanyou.

- Estúpido Inuyasha, ni pensar que ahora hay que buscarte… - susurraba Kagome, lo odiaba y no quería volver a verlo; pero no podía dejarlo así nada más, Kikyo le había colocado otro collar para despertar su sangre de demonio… y eso era malo, pues con cada transformación, el corazón humano del hibrido iría consumiéndose – Idiota – terminaba de darse su baño, se vistió con pijamas muy semejantes a las de su época y se topó con Sesshomaru recostado en uno de los árboles.

El demonio había tenido un día muy pesado, le habían llegado cartas de los señores de los otros puntos cardinales, acerca de una reunión a la que debía asistir, aprovecharía para imponerles que buscaran a la miko de barro, pues viva o no, era una amenaza para todos, y más con el imbécil de su hermano con ella.

Kagome se acercó, le recordaba la escena de la noche luego de la pelea con Rin. Él hablaba dormido y la llamaba.

- Sesshomaru, ¿Por qué no te vas a dormir? – se sentó a su lado admirando al bello demonio.

- No – soltó – Estaré cansado, pero nada es mejor que pasar un tiempo a solas… - se detuvo, tomó aire, y aun sin abrir los ojos – contigo…

Kagome sabía que a ambos les gustaba pasar el rato juntos, pero preferir su compañía antes que su sueño, eso era algo muy fuerte.

- A mí también me gusta pasarla contigo – se recostó a él. Para ser el demonio más cruel y poderoso de todos los tiempos, tenía un cuerpo muy cálido últimamente.

- Miko, me gusta tu aroma –

- Son los aceites que me proporcionas para mí baño –

- No, esos no son nada, cuando de tu esencia se trata –

- Qué cosas dices… - Kagome estaba colorada por los comentarios del Lord. Sintió como un brazo la rodeó y apretó contra él.

- Yo nunca miento, Miko – aquellos ojos dorados estaban posados fijamente sobre ella. Ya no eran fríos, había ternura en ellos.

- Sessho… maru… - Ella no podía con su vida, si estuviera de pie las piernas le fallarían.

- Kagome, eres hermosa – acercó su rostro al cuello de la joven – hueles muy bien, Kagome – su voz era demasiado seductora para la miko, que se estremeció al sentir los labios del Lord rozar con su piel.

- ¿Qué haces? – suspiraba antes las acciones del Lord. Su piel se erizaba.

- Miko, yo, el Gran Sesshomaru, Amo y Señor de las tierras del Oeste, te solicito ser mi pareja… - Los ojos del demonio delataban un leve matiz rojo que se fundía con el dorado.

- Oh bestia, ¿qué le haces a Sesshomaru? – sentía algo de alivio al ver que no era Sesshomaru, aunque le hubiese agradado que sí.

- Soy Sesshomaru, Kagome – eso no se lo esperaba – No creas que cada vez que veas algún cambio en mis ojos, significa que ese imbécil está presente.

-*¿A quién le dijiste imbécil?*- la bestia estaba disfrutando de las acciones de Sesshomaru.

- Pues a quién más… - le respondió – déjame seguir… -

- Entonces ¿Tú?... – no sabía que decir, ¿Sesshomaru se le estaba declarando?

- Miko, sé que es extraño, para mí lo es – ponía su garra en el rostro de ella – pero no puedo evitarlo, mi bestia despertó por ti, te quiere a ti, sólo a ti… y yo no me niego… - aún notaba la confusión de Kagome – Tienes al Gran Sesshomaru babeando por ti, ¿No puedes creerlo? –

Ella movió su cabeza en negación.

- Te lo demuestro – tomó la mano de la miko y la colocó en su pecho, su piel ardía, y ella podía sentir su pulso acelerado – Te quiero mujer – la levantó y la sentó de frente a él sobre sus piernas.

- Sesshomaru… yo… - ni en sus más oscuros deseos imaginó la posibilidad de que Sesshomaru sintiera algo por ella.

- Estoy listo para cualquier cosa, tu aceptación o tu re… - Kagome colocó su dedo sobre la boca del youkai.

- Shh… yo acepto Sesshomaru… - le susurró al demonio en su oído.

La bestia hacía estragos en el interior de Sesshomaru, y el roce de la miko lo mataba por fuera, se volvería loco.

Kagome lo miraba con ojos de ternura, la había visto dirigirle una de esas miradas a su hermano, pero cambiaba rápidamente por una de tristeza, ahora era diferente, esa ternura, ese cariño, son de él, y no lo desaprovecharía por nada del maldito mundo.

Sentía su entrepierna arder, pero su orgullo le decía que debía esperar, no la quería asustar. Sintió como ella rodeaba su cuello con sus brazos, podía sentir su aliento cada vez más cerca. ¿Lo iba a besar? Él no sabía cómo besar a una humana…

Kagome lo notó nervioso ante su acción.

- No te preocupes, sólo sígueme – juraría que esa mujer podía leer su mente.

Kagome acercó sus labios a los del demonio, primero un par de piquitos, pero eso no le bastaba a la miko, quería sentir el sabor del gran youkai, su bajo deseo la impulsaba.

- Abre un poco los labios, Sesshomaru – él obedeció y sintió como la lengua dulce de la miko se introducía en su boca, era algo extraño pero se sentía muy bien – ¿Te gusta? – el asintió y la apretó contra él.

Kagome estando sentada con las piernas abiertas sobre el macho, no pudo evitar sentir como su "amigo" se endurecía bajo ella. Se separó de él.

- Sesshomaru, yo… -

- No te haré nada que no quieras – sabía que había descuidado su guardia respecto a su inquieta masculinidad debajo de la miko.

Ella bajó la mirada, presa de la vergüenza. La tomó de la cintura y se levantó de donde estaba. Siguió abrazándola y respirando su aroma, ahora de excitación pero seguía siendo dulce y fresco. La colocó en el suelo.

- Sesshomaru, ¿Lo dirás mañana a tus súbditos? –

- No – balde de agua fría para la miko, el sintió el leve cambio en el ánimo de la miko – Primero a tu madre… - los ojos de la joven se abrieron en sorpresa…

- Está bien, oh gran amo Sesshomaru – le sonreía coquetamente – Mi… señor… -

Esa frase era música para los oídos del Lord, aquella frase, solo la usaban las esposas de los grandes señores en símbolo de respeto y amor.

- Miko, es hora de que descanses, nos iremos luego de desayunar, visitaré a Rin –

- De acuerdo –

Sesshomaru aflojaba su agarre, pero ella hizo que este bajara a su altura para clavarle un beso en los labios del lord.

- Miko atrevida… - sonreía gustoso – Después no te quejes cuando me toque el desquite – amenazaba el Lord.

- Yo sé cuidarme, Sesshomaru – le guiñaba un ojo, mientras se retiraba caminando seductoramente ante los ojos del Lord.

-*Ella sí que sabe jugar… Ya la quiero en nuestra habitación*-

- Hmph -

Ambos se retiraron a sus habitaciones. A Sesshomaru le enseñaron, que debía pedir formalmente a sus padres, la mano de su hembra; y eso es lo que haría. Pero había otro pequeño detalle, debía presentarle ante sus padres también, en este caso… Irasue… la egocéntrica demonio que le dio la vida…