Capítulo 10: Día de la mala suerte.
Eran las siete de la mañana cuando ese odioso despertador empezó a sonar; El maldito aparato que Hermione le había puesto al lado de la cama el día anterior. ¡Como odiaba esa cosa!
Tanteó con la mano en la mesita de noche, buscando el reloj, y, cuando lo hubo hallado, lo tiró al suelo, consiguiendo que dejara de sonar. Se dio la vuelta en la cama y se tapó hasta la cabeza con la sabana. Desafortunadamente para él, eso no le sirvió de mucho, ya que segundos más tarde Hermione apareció por la puerta. Fue hacia la ventana, levantó las persianas, dejando ver la luz del día y, acto seguido, fue hacia donde dormía el rubio.
-Malfoy - le dijo, con voz cansada. El chico no dio señales de vida.- Malfoy - insistió. -Malfoy, arriba. Ya son las siete.
Draco hizo un ruido con la garganta para hacerle saber a la castaña que estaba despierto, pero no se movió. Después de varios intentos de hacer que se levantara, Hermione desistió y le dijo:
- Si no te levantas, llegaremos tarde. Vístete y baja o te quedarás sin desayuno.- Dicho esto, salió de la habitación.
Draco se levantó un poco, o mejor dicho bastante, malhumorado. El primer día de instituto; Un lugar lleno de muggles, donde él no tenía ni idea sobre nada, donde nadie le llegaba ni a la punta del zapato. ¿Por qué demonios tenía que ir a ese espantoso lugar?, se preguntaba una y otra vez. Fue hacia el armario y sacó ese horrible uniforme de color rojo que tanto odiaba. El horario, el instituto, el uniforme... ¿qué pasaba ese día? Las cosas no podían ser peores...Se vistió, poniéndose con bastante trabajo la corbata que parecía no querer adaptarse bien a su cuello. Cuando estuvo listo, se miró en el espejo y, aunque odiaba el color rojo, debía reconocer que le sentaba muy bien.
-A mí todo me queda bien – se dijo.
Bajó las escaleras que le conducían al pasillo y lo recorrió hasta llegar a la cocina, donde ya se encontraba Hermione vestida con su uniforme y preparando el desayuno.
-Ya veo que no te has vuelto a quedar dormido- le dijo cuando le vio.
El rubio tomó asiento en la misma silla de siempre y observó a Hermione sin que ésta se diera cuenta. A ella también le sentaba bien el uniforme. La falda era más corta que la de Hogwarts y no había por qué llevar medias, por lo que se le veía bastante las piernas que habían ido tomando forma alargada y finas con el paso de los años. Draco se dio cuenta de lo que estaba mirando y desvió la mirada.
-¿Pero en qué estás pensando?- se recriminó
Hermione llevó a la mesa dos platos con tostadas y una taza de leche para cada uno.
-¿Y tus padres? – preguntó, por decir algo.
-No trabajan hasta más tarde. Aun están dormidos – explicó -. Tenemos que darnos prisa. El instituto está a quince minutos de aquí y tenemos que ir andando.
Draco no dijo nada, pero sí lo pensó: ¿Andando? ¡Como no! Si es que parece que hoy me han echado un mal de ojo.
Y, definitivamente, se lo habían echado. Por que, aunque por las tardes solía hacer un calor asfixiante, las mañanas eran bastante frías y, de no ser por que estaban en verano, Draco hubiera jurado que esa mañana nevaría.
-No seas exagerado – le decía Hermione -. Yo llevo falda y no me quejo.
-Las chicas estáis acostumbradas a enseñar piernas – le respondió él -. Bueno, todas menos tú, Granger. Aunque realmente no sé si eres una chica – dijo, pero una voz habló en su interior -. Claro, no sabes que es una chica. Por eso le mirabas las piernas en la cocina…
Si no hubiera sido porque Hermione estaba delante, Draco se hubiese dado un golpe en la cabeza para alejar esos pensamientos de ella.
-¿Ah, si? – preguntó, malhumorada -. Pues yo tampoco estoy segura de que seas un hombre.
-¡¿Qué?!- exclamó el rubio. Ya era lo que le faltaba ese día; que dudaran de su hombría.
-Sí, no paras de quejarte por el frío que hace. Un verdadero hombre resistiría el frío sin problemas y no se quejaría como un bebé.
Hermione siguió andando, pero Draco se paró en seco y la agarró del brazo.
-Ni se te ocurra volver a decir eso, Granger, porque si no…
-¿Porque si no qué? – le retó ella, con una sonrisa que sería más típica de él que de ella -. Será mejor que no me amenaces, Malfoy, porque dentro de cuatro días es mi cumpleaños y me permitirán hacer mágica fuera del colegio. Así que podría convertirte en un precioso huroncito sin problemas.
Sin decir nada más y con una sonrisa de satisfacción por dejar callado al Slytherin, la castaña siguió su camino, seguida por el "huroncito", que se había molestado un poco por lo que le había dicho.
-Ya te la devolveré, Granger – pensó. Y su oportunidad no tardó mucho en llegar.
Una vez que llegaron al instituto; un edificio bastante grande y del mismo color rojo de sus uniformes, entraron y empezaron a buscar su aula. No tardaron mucho en encontrarla, ya que, según le había dicho Hermione, al lado de ese instituto estaba el colegio al que ella fue de pequeña y que había entrado en ese lugar un par de veces por curiosidad, ya que sus padres habían pensado llevarla allí cuando empezase la secundaria.
Aun no había tocado la campana que anunciaba el comienzo de las clases, pero en el aula ya había algunas personas. Seguramente, las más interesadas en las clases llegaban antes para conseguir los mejores asientos. Las mesas estaban colocadas de dos en dos en tres filas. Hermione estaba pensando cual sería el mejor asiento cuando vio algo, o mejor dicho alguien, que la hizo palidecer. Un chico bastante alto, grandote, de pelo negro y ojos grises, al igual que Draco, estaba sentado en una de las mesas al lado de la ventana. Cuando éste se percató de la presencia de la chica, dirigió su mirada hacia ella y sonrió de una manera malévola.
Draco, al ver que Hermione no había dado un paso para sentarse en uno de los muchos pupitres libres, se adelantó y empezó a andar hacia donde estaba ese joven. Hermione en seguida lo detuvo tirándole de la manga.
-No, ahí no – le dijo en voz baja -. Vamos a sentarnos por aquí.
-Ni te creas que voy a sentarme en una de las mesas de delante, Granger – le respondió él -. Tal vez a ti te interese esto, pero a mi no.
-Está bien, si quieres nos sentamos en una de atrás – respondió ella. Al verla tan obediente, Draco vio la oportunidad perfecta para vengarse de ella por lo que le había dicho mientras caminaban hacia allí.
-Y ¿Qué te hace pensar que me sentaré contigo? Te tengo que soportar todo el día. ¿Por qué iba a hacerlo también en clases?
-Por favor…- susurró – Si no te sientas tú conmigo, él lo hará – dijo, con la expresión sombría.
Fue entonces cuando Draco se dio cuenta de que estaba temblando como un flan y empezó a preocuparse.
-¿Qué es lo que pasa? ¿Quién se sentará contigo si no lo hago yo? – le preguntó con el ceño fruncido y la voz baja, igual que la de ella.
-Ese chico- dijo, señalándolo levemente con la cabeza – Kyle Fithcher
En cuanto Draco volvió la mirada hacia él, el chico se la devolvió y después siguió mirando descaradamente a Hermione.
-¿Qué pasa con él?
- No quiero sentarme cerca de él – dijo simplemente.
Draco iba a insistir preguntándole cosas sobre ese chico, pero vio lo asustada que estaba y decidió que no era el momento indicado para seguir con esa conversación.
-Más tarde – se dijo, y la arrastró hasta unos de los pupitres más alejados de ese chico.
Poco después, entraron los demás alumnos junto con el profesor: un señor con bigote y pelo castaño. Normalmente, el primer día de clases habría sido solo una presentación, pero, siendo el día de mala suerte para Draco, eso era imposible. Así que el maldito profesor empezó a dar Literatura: una asignatura aburridísima que al Slytherin le recordaba a Historia de la magia. Aunque, según Hermione, había una materia llamada historia y esa sí que era igual que Historia de la magia. Pudo comprobarlo perfectamente cuando el tutor miró la hora y cambió de asignatura. Draco miró a la castaña en medio de ese muermo de clase y vio que ella tampoco estaba demasiado atenta. Es más, parecía que le interesaba mucho más la hoja en blanco donde, supuestamente, iba a tomar apuntes. Parecía intimidada y nerviosa. Se preguntó si sería por el chico de antes y giró la vista hacia él. Exactamente, ese tal Fithcher estaba mirando fijamente a Hermione.
-¿De qué se conocerán? - se preguntó Draco.
-Señor Malfoy - dijo el profesor -. Señor Malfoy - repitió al ver que el chico no le contestaba.
-¿Si?- preguntó Draco, despertando de su trance.
-Al parecer es usted tan inteligente que no necesita atender en clase - dijo el profesor, con rencor -. Dígame, ¿de qué estaba hablando ahora mismo?
Por primera vez, todos los alumnos de clase, menos Hermione, que seguía con la vista fija en su hoja, se fijaron en él. Al haber entrado con tantas prisas en clase, no se había percatado de su presencia, pero en ese momento casi todas las chicas tenían sus ojos puestos en él. Algunas cuchicheaban con sus compañeras con una sonrisita coqueta. Algunas miradas también se clavaron en Hermione. Miradas de personas que habían estado con ella en el colegio y que la acababan de reconocer. Draco pensó por unos segundos en qué responder. Definitivamente ese no era su día de suerte.
- Dile que estaba hablando sobre la segunda guerra mundial - murmuró Hermione.
El rubio la miró de reojo. ¿Se podría fiar de alguien que no estaba prestando atención en clase? Levantó la mirada y contestó:
- De la segunda guerra mundial, señor.
El profesor frunció el ceño y dijo: correcto. Después se dio la vuelta y siguió con la clase sin volver a mirar al chico. Malfoy sonrió victorioso. Le había dado un buen corte al profesor. Todo gracias a Granger. ¿Cómo era posible que estuviera en su mundo y atendiendo al mismo tiempo?
Después de esa clase vino la de matemáticas. Draco dio gracias de que la profesora de matemáticas no se fijase en él, porque si lo hubiera hecho, seguramente le habría mandado a primaria por no saber hacer una simple ecuación. Pero claro, ¿ella que iba a saber de que él era un mago y que en su mundo esas tonterías no se daban en el colegio?
La hora del recreo llegó después de esa traumática clase. Hermione y Draco estaban a punto de salir de clase cuando tres chicas se les acercaron. Una de ellas, la más alta, era morena, al igual que la mediana, y la más pequeña tenía el pelo rubio. Sus faldas eran más cortas que los de los demás uniformes, por lo que Hermione supuso que se las habían acortado. La castaña las reconoció de inmediato. Eran tres chicas que le habían hecho la vida imposible cuando era pequeña, al igual que algunos chicos que ahora la miraban desde distintos lugares de la clase.
-¿Hermione Granger? – preguntó la más alta -. Soy Sara. ¿Te acuerdas de mí? Estuvimos juntas en el colegio – le recordó con una falsa sonrisa. Estaba claro que esas tres arpías se habían acercado a ella únicamente porque estaba con Draco.
-Si, claro que te recuerdo – dijo ella con cortesía -. Y también recuerdo a Ana y a Paola – dijo señalándolas con la cabeza.
- Que coincidencia que estemos en la misma clase ¿no? – dijo Paola -. Hace tanto tiempo que no nos vemos. ¿Donde has estado?
-Obtuve una beca para ir a estudiar a un internado en Escocia - dijo Hermione, y no había tenido que mentir del todo.
-¡Vaya! que suerte - dijo Ana, aunque claramente no estaba interesada en eso -. Y ¿quien es tu amigo? -. Por fin había salido el tema que tanto esperaban esas tres.
-Es Draco Malfoy- dijo ella, sin ánimo.
Las chicas enseguida se agarraron de los brazos del chico, quien las miraba con un gesto no muy agradable, y Hermione adivinó por qué: Aunque esas tres no estaban mal, eran muggles y Draco jamás se juntaría con la gente no mágica. Pero, contra su voluntad, las estudiantes se lo llevaron a "dar un paseo por el patio y a presentarle a sus amigos". Hermione vio como se lo llevaban. Estaba claro a que venían, pensó.
Se dio cuenta de que el moreno que la había estado observando antes, se acercaba y fue entonces cuando se percató de que se encontraba totalmente sola. Sin llamar mucho la atención, salió de la clase y, una vez que estuvo en el pasillo, echó a correr. Tenía que alejarse de ese chico. Iba mirando hacía atrás cuando se chocó con alguien y unos libros cayeron al suelo.
-Lo siento mucho – se disculpó Hermione, agachándose para recoger los libros.
-No te preocupes… ¿Hermione?
-¿Mariam? – preguntó la castaña al ver a su amiga de la infancia -. ¡Mariam! Que alegría de verte. Que cambiada estás.
- Lo mismo digo. ¿Ibas a la biblioteca?
-Emmm…Sí –mintió-. ¿Y tú?
-Yo estaba buscándote. Como me dijiste que vendrías a este instituto. Y dime: ¿Dónde está ese chico que estaba en tu casa?
-Se lo han llevado las tres arpías. ¿Te acuerdas de ellas? Las que estaban con nosotras en primaria.
-¿Paola, Ana y Sara? – preguntó -. ¿Como no acordarme? Cada vez que me ven me recuerdan a todos los países que han viajado y todos los vestidos que se han comprados – dijo con una mueca.
Mariam era una chica pelirroja y ojos marrones. Era muy inteligente y llevaba unas finas gafas que le favorecían. De pequeña había sido la mejor amiga de Hermione y tanto ella como la Gryffindor habían sido victimas de las crueles burlas de sus compañeros por ser las más listas de la clase.
Empezaron a caminar hasta que llegaron al patio. Se encontraban charlando animadamente cuando vieron un grupo de gente arremolinada alrededor de Draco, el cual los miraba con una desagradable expresión.
- Malfoy - dijo Hermione.
-¿Le conoces? - preguntó Mariam.
- Ese es el chico que vive conmigo.
Draco lanzó una mirada a Hermione que decía claramente: Sácame de aquí, Granger. Hermione, resignada, fue hacia ellos, se adentró entre las chicas que acosaban al joven y, cuando llegó al él, le agarró la mano y lo arrastró fuera.
- ¿Se puede saber que haces, Granger? - pregunto una de las chicas.
-Intentar que no le ahoguéis.
-Draco no quiere ir contigo. ¿Por qué habría de ir con alguien como tú cuando puede estar con gente como nosotras? - preguntó otra.
-¿Alguien como yo? - preguntó Hermione, indiferente.
- Sí, una chica sosa y sin gracia.
- Vamos, no seáis tan duras - intervino la voz de un chico -. Hermione ya no es la misma de antes, está muy cambiada. Se ha convertido en toda una mujer.
Draco miró al joven, ceñudo. Seguramente todos esos chicos y chicas eran los que se metían con la castaña cuando era pequeña.
-Pero ¿que dices, Smith? - preguntó una rubia -. ¿Acaso no ves que no ha cambiado en absoluto? - preguntó, con algo de envidia en la voz.
- Mira, Tisdale, afortunadamente tengo las suficientes neuronas como para no dejar que me afecten tus estúpidos ataques. Algo que sin duda te falta a ti.
-Draco, ven con nosotras - le dijo una chica que Hermione no conocía -. Te divertirás.
Contra todo pronostico, el chico se soltó del brazo de la joven y caminó hasta Hermione y su amiga. Después, miró al grupo de chicas y chicos que antes habían estado alrededor de él.
-Preferiría estar mil veces con ella que con vosotros – les dijo.
-Pero…- se quejaron las chicas.
-Lo siento, queridas, pero no me llegáis ni a la punta de los talones -. Dicho esto, Draco empezó a andar con Hermione y Mariam detrás de él, riéndose a carcajadas de las caras que habían puesto esas niñatas.
Continuará...
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Hola, mis pequeños saltamontes! XD Aquí termina el capítulo 10.
Primero quiero aclarar (para no ofender a nadie) que lo de pequeños saltamontes solo es algo que digo porque lo oí por ahí y se me pegó. No es porque me crea mejor que vosotras o algo así. Lo digo por que hubo alguien que me llamó gran saltamontes XD jajaja.
Bueno, pues también tengo que decir que espero no retrasarme a partir de ahora con el fic. El lunes empezaré el instituto y tal vez me retrase de vez en cuando, pero seguiré actualizando.
Además, mi cabecita ya está empezando a maquinar un nuevo Dramione. Jeje, es que no paro… Aunque aun tengo que darle forma a esa idea y ver como podría ser.
Bueno, gracias por vuestros reviews, y decidme qué pensasteis de este capítulo. Definitivamente no fue el día de la suerte de Draco. Jajaja. Y ¿Qué hará el mortífago que estaba con Voldemort en el instituto? Creo que hubo una chica que me leyó el pensamiento y adivinó que Kyle estaría con Hermione y Draco en la clase. XD
En el próximo capítulo se sabrá la historia de este chico.
Hasta la próxima!
Pétalo-VJ
