Capítulo 9

La orden del Dragón blanco.

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Si bien anteriormente Sakura Kinomoto había estado envuelta en situaciones extrañas, tal vez era la hora de dar el premio a la más rara, no entendía en absoluto lo que allí estaba sucediendo. Tal vez rememorar los hechos la ayudaría un poco.

Ese día había salido de paseo con sus amigos para celebrar su dada de alta del hospital, se habían encontrado con Eriol y Li y habían ido al parque de diversiones, ¿Correcto?, si, correcto. ¿Entonces por qué demonios si su día pintaba en ser dentro de todo normal, había acabado en semejante situación tan extraña?, no acaba de aceptarlo.

Quizás debería considerar la idea de tener una muy mala suerte, quizás todo se debiera a eso, ¿no?, solo así podía explicar el anormal cambio de eventos tan repentinos. La Kinomoto se soltó del abrazo un tanto decaída, le deprimía aceptar que el mundo tenía algo en su contra.

Es que desde hace algunos años todo giraba en torno a la desgracia, pero también debía admitir que esas desgracias la habían llevado a conseguir algo realmente valioso e invaluable, la amistad de Nanami y Subaru.

La oji jade desvió sus pensamientos nada saludables en intentar encontrar una razón válida para su rapto, hecho una mirada rápida al chico de orbes violáceas y cabellos negros con tendencia al purpura que le sonreía alegremente. Ah, acaba de recordar que ese chico siempre estaba alegre cuando soñaba con él. Debía admitir que eso no se escuchaba nada bien.

Sakura suspiro, estaba pensando en cosas que no venían al caso, tenía que concentrarse en lo verdaderamente importante.

-¿Quién eres y porque estoy aquí? –pregunto con tranquilidad, a pesar de no conocerlos, aunque ellos dijeran lo contrario, le producían una seguridad que no había sentido en muchísimos años.

El misterioso muchacho de aproximadamente diecinueve o dieciocho años dio un paso más al frente mirándola fijamente. ¿Qué estaría pensando?, sinceramente no lo sabía, ridículamente le costaba imaginarlo.

-Soy Tsubasa y estas en la sede de una organización llamada "La orden del Dragón blanco" –contesto con la naturalidad de un niño al mencionar el clima, la Kinomoto ladeo la cabeza confundida.

¿Orden del Dragón blanco?, estaba segura que le sonaba de algo, ¿Dónde seria el sitio en donde escucho de ellos?

-Si bueno, me alegra saber en dónde estoy, pero yo quiero saber la razón de que este yo aquí, tras un secuestro nada delicado. –murmuro lo ultimo muy bajo, recordando el rostro y los ojos de Mukuro Rokudo.

Tsubasa río con nerviosismo, rascándose la cabeza de manera distraída.

-Me disculpo por eso. –dijo, tratando de no reírse.

Lo cierto era que Tsubasa había reprendido a Mukuro tras conocer la historia detrás del estado de la castaña al llegar a los cuarteles, pero debía admitir que le parecía graciosa la forma en la que él muchacho peli azul había evitado los problemas, aun a pesar de las quejas de Tsuna y Gokudera al respecto.

Sakura se cruzo de brazos, no estaba muy contenta con eso, a decir verdad, el cuello aun le dolía. Ese chico o no sabía medir su fuerza o quería dejarla con tortícolis de por vida.

-De todos modos, dejando eso de lado, ¿Por qué me trajeron hasta aquí? –pregunto de nuevo, quería saberlo, tal vez tuviesen un problema y ella pudiese ayudarlos, pero la insistencia de Tsuna acerca de conocerse desde antes la hacía descartar esa opción.

Tsubasa se lo pensó un segundo, parecía meditar el hecho de si decírselo o dejarla con la duda por el momento, pero parecía ser que si querían algo de ella, necesitarían decirle lo que sea que estuviese pasando.

-Supongo que no hay alternativa. –suspiro el chico resignado. –Sígueme. –pidió dirigiéndose a la puerta seguido por Tsuna y Hayato. La castaña se lo pensó un momento antes de seguirlo por un largo pasillo con grandes ventanales.

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Akashiya Kymiko estaba más que furiosa, el solo hecho de recordar el rostro de Sakura Kinomoto le hacía hervir la sangre de furia e instinto asesino. Nada de lo que había intentado hasta ese momento le había servido de algo, capturo a sus amigos, puso a Ayato en su contra, pero nada la había hecho flaquear.

Inicialmente pensó que el plan de hacer que Ayato tratara de matarla de la manera más sanguinaria que conocía, sería suficiente para hacerla caer y poder hacerse de sus poderes, ¡Pero el muy estúpido había logrado salir de su control mental!, estaba a punto de matar a alguien y su objetivo principal seguiría siendo Sakura Kinomoto.

-Directora. –la voz de un niño de aproximadamente diez años la hizo salir de su estado asesino-vengativo, para sonreír de la manera más dulce y tierna que podía, hablando de hipocresía.

-Malditos mocosos. –pensó con furia la pelirroja mujer, tratando de que su rostro no mostrara ni el más mínimo ápice de desprecio por el simpático niño.

-Shibuya-sensei manda decir que el ala Norte del edificio tres ya está completamente descongelado, solo falta secarlo un poco y quedara como nuevo. –explico el pequeño tendiéndole un legajo con lo anteriormente dicho. Kymiko se abstuvo de soltar una maldición en contra de la responsable del estado de congelamiento de todos los edificios de Sephiro Fiore, ¡Jamás imagino que esa mocosa pudiera hacer algo como eso! –Y el ala sur está a punto de ser descongelada…

La mujer asintió fingiendo que lo estaba escuchando, mientras miraba por la ventana el edificio en el que solía estar su amado laboratorio. Aun recordaba la completa destrucción en la que se hallaba, nada se había podido salvar. Sakura la había hecho buena con esa.

-Puedes retirarte. –gruño la directora de la sección primaria-secundaria de la academia Sephiro Fiore, moviendo su mano para reiterar la orden. El niño asintió abandonando la oficina, sin completar el reporte de los daños acumulados.

-Tienes que calmarte. –musito una voz desde las sombras más profundas de la habitación, en un tono solemne. –Te tengo malas noticias…

Kymiko se giro hacia donde provenía la voz con el ceño bien fruncido, sus ojos carmesís destellaban lo que cualquiera calificaría en las más pura maldad.

-¿Más de ellas? –pregunto en un tono sarcástico. –Con lo bien que nos ha ido últimamente…

-Los grupos que has enviado a investigar el paradero actual de la maestra de cartas, fue interceptado por ellos de nuevo. –dijo, saliendo de las sombras para acercarse a Kymiko. –Inclusive yo tuve que intervenir, Mukuro Rokudo iba con ellos.

El muchacho de diecisiete años, cabellos negros como la noche, ojos gris platino, alto y rostro inexpresivo, se dejo alumbrar por la luz que entraba por las ventanas, sentándose luego en las sillas que Kymiko tenía frente a su escritorio.

-Por cierto, escuche que Ayato por fin pudo salir de tu control mental, parece ser que la desesperación que sentía al ver a su hermana encerrada te ayudaba a mantenerlo, ¿cierto? –inquirió el muchacho sonriendo ladino. Kymiko mascullo una maldición en su contra.

-Concéntrate en cumplir con tus obligaciones, Yakumo. –gruño de forma tosca, sin siquiera mirarlo. El chico sonrío. –La orden del Dragón negro ya casi está por finalizar los preparativos…

-Parece ser que los del Dragón blanco sufrirán una pérdida considerable. –murmuro Yakumo, mirando con cierta melancolía el paisaje a través de la ventana.

-Que no te preocupe, tu eres el que está destinado a poseer a nuestro gran maestro, al dragón negro de los ojos rojos…-sonrío torcidamente. –Para ese entonces, podremos ver la sangre de Sakura Kinomoto tiñéndolo todo…

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Hablando de situaciones extrañas, ¿En qué momento es que había terminado sentada a un lado de Mukuro Rokudo, que no paraba de sonreír de esa forma tan fastidiosa?, ah, últimamente no se enteraba de nada.

-¿Por qué con el ceño tan fruncido, hermosa? –pregunto el muchacho soltando su típica risita para nada soportable. Sakura trato de calmarse.

-Porque me sacas de quicio. –contesto con simpleza, tratando de prestar atención a Tsubasa que acababa de ingresar por la puerta a la gran sala.

Sus ojos verdes recorrieron con curiosidad las paredes, todas estaban decoradas con hermosos cuadros de paisajes, flores, personas y una en especifico llamo su atención, más precisamente, la que tenia a un enorme dragón blanco con las alas extendidas. Simplemente le pareció muy hermoso.

-Bien, solo falta Yamamoto. –escucho decir a Tsuna, que acaba de sentarse a su lado en el sillón que era para tres personas.

Genial, ahora estaba en medio de Mukuro y el castaño, aunque no le incomodaba en absoluto que Tsuna estuviera a su lado, pero con el otro salvaje era una historia completamente distinta.

-Yamamoto no regresa hasta mañana, fue a dar las instrucciones que le pediste al grupo de búsqueda. –repuso Gokudera sentado en el sillón individual.

Todos guardaron silencio algunos segundos, Tsubasa parecía buscar una manera sencilla de explicar la situación, una manera que le sirviera para no espantar a la Kinomoto. Aunque pensándolo bien, ella no parecía ser una persona que se espantara por cualquier cosa, parecía ser que no la había tenido fácil.

-Sakura. –el llamado la hizo regresar de su ensoñación, había estado bastante absorta analizando el cuadro del dragón. –Hay algo muy importante que tenemos que explicarte…esto también tiene que ver con el hecho de que nos conocemos desde hace muchos años. –Tsubasa estuvo tentado a reír al ver la expresión de la chica, pero era una situación seria y serio debía mantenerse, aunque esa no fuese su naturaleza.

-¿Y qué es?, todo esto comenzó a impacientarme, sinceramente estoy perdida en todo lo que han estado discutiendo entre ustedes. Además de que tengo que volver a casa, me están esperando. –dijo, tratando de mantenerse serena, pero no saber lo que sucedía era lo mismo que ser vulnerable a cualquier tipo de ataque, aunque ellos no tuviesen esas intenciones.

-Nosotros también te hemos esperado mucho tiempo. –replico Mukuro de forma seria, eso sí sorprendió a la oji jade. ¿Mucho tiempo?

Tsubasa hizo un ademan para que guardaran silencio, ¿Cómo querían conocer la situación si no se callaban?

-Anteriormente ya te había dicho que esto es la sede de la orden del Dragón blanco. Esta orden tiene como deber evitar la resurrección de su contraparte, el Dragón negro, quien también tiene su propia organización. Ambos dragones tienen a sus elegidos, las personas capaces de controlarlos y entenderlos y solo ellos pueden adquirir sus poderes. –explico Tsubasa sin dejar de moverse por toda la estancia. –La razón es simple, el dragón negro traerá consigo el caos, la muerte y la destrucción, desde hace siglos, nuestro deber es evitarlo con la ayuda del elegido, pero hace muchas generaciones, el dragón blanco fue traicionado y no volvió a prestar su ayuda, hasta ahora…

-Hasta ahora que apareció alguien digno de él. –continuo Gokudera. –Se que ya lo imaginas, que la actual elegida eres tú, Sakura. –las miradas se posaron en ella, que simplemente suspiro.

¿Ella la elegida de un animal mitológico alado?, no estaba para ese tipo de bromas. Estaba consciente de que la elegida existía, pero no podía ser ella. Subaru le había comentado hacía varios días que esa persona tenía una marca referente al dragón, y que ella supiera, no tenía nada así.

-Creo que se equivocan de persona. –hablo luego de algunos segundos, estaba muy segura de que no era ella. –La persona que buscan tiene una marca de un dragón, yo nunca he tenido algo así…

Mukuro soltó su típica risita.

-La que se equivoca eres tú. Siempre has tenido esa marca. –replico el peli azul. –Si no ha aparecido, es porque nosotros pusimos en ti un sello con la ayuda de la vieja Kaede, ¿la conoces no?

Sakura se sorprendió, mientras asentía levemente con la cabeza. ¡Por supuesto que la conocía!, ella tenía la costumbre de llamarla abuela, aunque siempre había pensando que la abuela Kaede le había puesto ese sello por otros motivos y para otros fines.

Un segundo basto para que toda la información se acumulara de golpe en su cabeza, sabia de la existencia de la elegida, pero no estaba muy segura de la elegida de que, Nanami le había comentado que Yakumo era el elegido del dragón negro, cosa que la sorprendió, pero nunca había escuchado de la orden del Dragón blanco, hasta ese día.

-Sé lo que estarás imaginando, pero tus recuerdos fueron sellados por protección. Nosotros temíamos que llegaran a capturarte y no queríamos que dieran tan fácilmente con la verdad. –pronuncio Tsubasa en un tono triste.

-Para nosotros fue difícil hacerlo, habíamos crecido juntos y eres muy importante para todos. –murmuro Tsuna abrazándola.

Por un momento estuvo a punto de replicar, pero instintivamente correspondió. ¿Por qué lo abrazaba?, su cuerpo reaccionaba solo.

-Yo…no los…conozco. –murmuro, su corazón palpitaba dolorosamente, casi podía jurar que trataba de decirle algo.

-Si no nos conoces, ¿entonces porque estas llorando? –cuestiono Gokudera seriamente.

Sakura se sorprendió, ¿En qué momento había empezado a llorar y porque?, no lo entendía. Cada vez que pensaba que estaba por resolver un enigma, uno nuevo aparecía en su camino y quizás más complicado que el anterior.

-No sé porque te abrazo. –murmuro Sakura sin poder detener el llanto, sentía que no era la primera vez que era abrazada por esa persona, ¡Necesitaba encontrar una explicación!

-Aunque la mente y el corazón olviden, el cuerpo aun recuerda. –dijo Tsubasa, tocando con suavidad su frente. Poco a poco Sakura fue cerrando los ojos, hasta caer dormida en los brazos de Tsuna. –Pero ya es tiempo de que tu mente lo recuerde todo.

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"-Uno, dos y tres, ¡Yo gane! –una voz infantil inundo sus oídos, despertándola casi al instante.

¿En donde se suponía que estaba?, lo último que recordaba era estar en una sala hablando con Tsubasa, Tsuna, Gokudera y Mukuro, sobre que era ella la elegida del condenado animal mitológico. Sakura se cruzo de brazos, si bien no quedaba duda de que ella lo era, procesar la información no era muy sencillo.

Termino por suspirar, alzando la vista para ver el hermoso paisaje. Era un jardín enorme, con una bella fuente con una sirena en el centro vertiendo el agua, bellas flores flaqueando el camino empedrado que llevaba a una bonita mesita en donde había una mujer sentada.

Sakura camino hasta quedar frente a ella, se llevo una inmensa sorpresa al reconocerla. ¡Era su madre!

-¡Mamá! –una pequeña niña de aproximadamente tres años llego corriendo hasta ella. -¡Uri me hizo trampas! –se quejo enfadada, Nadeshiko Kinomoto sonrío divertida.

-¡No es cierto, Tía Nadeshiko! –una versión mini de Mukuro se hizo presente, mirando victorioso a su pequeña yo, detrás de él venía un pequeño Tsubasa.

-¡Di la verdad, Uri! –la pequeña Sakura inflo sus mejillas.

-Mukuro, no hagas enojar a Saku. –regaño Gokudera Hayato apareciendo junto a Tsuna, ambos con una apariencia de tres años. ¡Se veían tan lindos!

El pequeño Tsuna le brindo un abrazo de consuelo a la niña, mirando con molestia a Mukuro.

-¡No lo hice! –replico el peli azul sacándole la lengua a los tres, causando la risa divertida de Nadeshiko.

-Hmm, parece ser que no me notan. –murmuro la oji jade en un suspiro, la escena le parecía conocida, pero aun estaba algo dudosa. ¿Cómo había llegado hasta allí?

Sin que la castaña mayor se diera cuenta, la escena cambio a una en donde se encontraba su madre discutiendo con una rejuvenecida Kaede.

-¡Sakura no puede entrar allí aun! –repuso Nadeshiko molesta, escondiendo a su pequeña hija tras de sí. Kaede bajo el rostro con tristeza.

-El gran Dragón blanco, Shiryuu, quiere conocer a la nueva elegida. –murmuro la mujer haciendo su cabello canoso hacia atrás.

Nadeshiko retrocedió un paso indecisa. No parecía estar muy de acuerdo.

-Pero Shiryuu nunca las acepta, me parece incluso más raro que quiera ver a Sakura.-replico insegura.

Kaede le extendió una mano a la pequeña niña, quien no dudo en aceptarla. No parecía estar consciente de lo que sucedía.

-Está ansioso por conocerla. –fue su último comentario, mientras guiaba a la niña a una gran puerta metálica, aun podía escuchar la voz de Nadeshiko desde el otro lado del pasillo, pero ella no podía entrar al territorio de Shiryuu.

Las puertas se abrieron y Kaede animo a la pequeña a entrar, mientras le sonreía calmadamente.

-¿De verdad que puedo entrar? –pregunto la oji jade alegre, con un pie dentro y el otro no. Kaede asintió, terminando de infundirle el valor para que entrara por completo.

El interior parecía la representación de un bosque místico y detrás de ella se cerraron las puertas, algo se movía dentro, una sombra tan majestuosa que la dejo embobada, pero antes de que pudiera distinguirlo completamente, todo se volvió negro a su alrededor, dejándola flotando en la nada.

-¿Ahora en donde demonios se supone que estoy? –se pregunto con molestia, tratando de encontrar lo que fuera en los alrededores.

Nada. No había absolutamente nada. Eso le recordaba vagamente a cuando tuvo que capturar a la carta de la luz y la oscuridad, si mal no recordaba, se sentía exactamente igual.

-Siento todo esto, Sakura. –una voz femenina la hizo girarse, solo para encontrarse con la figura de su madre. ¿Otro recuerdo? –Vine a verte para poder explicarte algo…

Sakura sintió sus brazos rodeándole y pronto se acurruco en ellos. Años de no sentir esa sensación maternal de protección.

-Escúchame por favor, hija. Voy a regresarte lo que te quitaron, tus recuerdos y así tu sola podrás recordar porque estoy involucrada, no tengo mucho tiempo. –Nadeshiko estaba triste, y mientras la abrazaba, llevo su mano a la frente de la muchacha. –Ya no hay tiempo…-todo comenzaba a distorsionarse y su mente se lleno de imágenes de cuando era más pequeña."

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-¿Estará bien haber hecho esto? –cuestiono Tsuna preocupado. –Lleva tres días dormida…

-Tendrá mucho sueño. –se burlo Mukuro, sentándose en la orilla de la cama para contemplar el rostro de la chica.

-No digas idioteces, Uri. –la voz de Sakura Kinomoto los sorprendió a ambos, quienes habían ido a revisarla para comprobar que estuviera sana.

Mukuro soltó una exclamación, ¿Uri?, lo había llamado de la misma forma que cuando eran más pequeños.

-Te llamo… ¡Ya nos recuerdas! –exclamo Tsuna emocionado, quitando a un inmóvil Mukuro de la cama para sentarse él. La castaña le sonrió de la misma forma que solía hacerlo, cálidamente.

Un asentimiento de cabeza basto para que el muchacho la abrazara efusivamente, llamando la atención de dos personas que caminaban por el pasillo para ir a verla.

Gokudera Hayato ingreso un tanto extrañado por la conmoción, encontrando a la muchacha despierta con Tsuna colgado de ella con una sonrisa amplia y una mirada emocionada, Mukuro apenas iba reaccionando y Sakura reía deliberadamente.

-¿Qué pasa, Gokudera? –la segunda persona se asomo, solo para encontrarse con la particular escena.

Sakura dejo de reír para ver a Hayato y a un chico de cabellos castaños casi negros y ojos mieles asomándose por la puerta, Yamamoto Takeshi.

-¡Takeshi! –exclamo ella alegremente, levantándose de la cama y soltándose de Tsuna para abrazarlos a ambos.

Sin saberlo los había extrañado, eso que sentía cuando veía ciertas cosas en su habitación, regalo de ellos, era melancolía y añoranza. Pero ahora estaba algo enojada, ya que los había recordado, tenía que ir a contarles algo que seguramente no les iba a gustar.

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Li Syaoran suspiro frustrado, no encontraba nada que se relacionara con lo que buscaba. ¿Quién podía haber sido la persona que se llevo a Sakura?

-Sabemos que Mukuro Rokudo es parte de la orden del Dragón blanco. –dijo a Yukito quien miraba muy preocupado a Touya.

-¿Qué no tu madre nos mando a buscarlos para llevarlos a China junto a Sakura? –pregunto Eriol dejando su taza de té en la mesita que tenían en la biblioteca de su mansión.

Syaoran dejo el libro que tenía en las manos para observar a Eriol, ¿De verdad estaba tan tranquilo?

-Sí, pero no se en donde se ocultan. Desde que llegamos a la ciudad los estamos buscando. –contesto con cierta molestia. Ayato bufo.

-Mi madre siempre dijo que ellos querían destruirnos, ya veo por qué. Mi madre es la líder de la otra orden. Siempre ha tenido problemas con Mukuro Rokudo, que es de ahí de donde conocía el nombre. –explico Ayato sin ninguna emoción y sentado a un lado de Eriol.

Desde el día en que ocurrió lo del parque, Eriol y Tomoyo se esforzaban en mantenerlos lejos uno del otro, no querían desatar otra guerra si ya tenían una encima, no era del todo inteligente hacerlo.

-De todos modos, ¿Por qué querrían ellos a mi hermana? –pregunto Touya. Desde que se había enterado, había estado diciéndole a su padre que se fue momentáneamente con Tomoyo, las excusas se le estaban acabando para la desaparición repentina de Sakura.

El castaño frunció el ceño. Necesitaba concentración.

-¿En donde están Imai y Sumeragi-san? –pregunto Tomoyo a Eriol en un tono muy bajito, pero aun así fue escuchado por Syaoran.

-Alguien los llamo esta mañana y se fueron tan pronto como colgaron. –contesto con notable molestia. -¿Me harían el favor de guardar silencio?

Todos se callaron, en esta ocasión Touya no replico, solamente quería que encontraran a su hermana, ¿Cuántos días habían pasado ya?, ¿Tres?, ¿Cuatro?, ¿Cinco?, no lo recordaba.

Por su parte Syaoran solo quería saber que ella estuviera a salvo, sinceramente, la preocupación lo estaba carcomiendo. Solo quería encontrarla ya.

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Dos semanas. Hacía dos semanas que no sabían el paradero de Sakura, Touya había terminado por decirle a su padre que Sakura se había ido del país en una emergencia escolar y aun le pesaba haberle dicho algo como eso a Fujitaka, Nanami y Subaru habían desaparecido tres días después del incidente junto con Kero.

-Me fastidia. –murmuro Syaoran molesto, mirando con fijeza las páginas del libro que hablaban acerca de la orden del dragón blanco, pero nada le daba una maldita idea acerca de donde pudiesen estar.

Touya no dijo nada, aquel día habían decidido reunirse en la casa de los Kinomoto para seguir investigando, aunque el mismo Syaoran admitía que no los estaba llevando a ningún sitio.

-Ya no sé en dónde buscar. –suspiro dejando todo lo que llevaba a un lado, estaba comenzando a desesperase, no conseguía nada y lo único que estaba logrando era sacarse de quicio solo.

Nadie hablo, todos se miraron unos a otros tratando de pensar en soluciones factibles, pero nada les venía a la cabeza.

-Alguien llama a la puerta. –suspiro Tomoyo, mientras Touya asentía con la cabeza, dirigiéndose a la puerta.

Una exclamación de sorpresa se escucho en toda la casa, aunado a un golpe y un sonoro quejido. Todos se miraron extrañados y Tomoyo fue la primera curiosa en asomarse para averiguar lo que sucedía.

-¡Sakura! –exclamo aliviada, abrazándola con fuerza. Todos los demás presentes al oír dicho nombre, salieron a su encuentro.

Todos se sorprendieron, la muchacha iba vestida con una falda tableada blanca, una chaqueta larga del mismo tono adornada con dragones, unas botas con poco tacón blancas también y unas medias que le llegaban a mitad del muslo negras. Su cabello lo llevaba recogido en una coleta alta y sonreía animada.

-Siento haberlos preocupa…-ni siquiera pudo terminar la frase, cuando sintió que alguien la abrazo con fuerza. –S-Syaoran…-murmuro sorprendida, sintió el rostro arder y antes de que nadie dijese nada, alguien los separo. –Uri. –murmuro ella mirándolo con curiosidad, pero Mukuro miraba con odio al joven heredero de los Li.

-No toques a mi hermana. –fue su única respuesta, ante la sorpresa de todos, Sakura negó con la cabeza un par de veces y Tsuna que recién se acercaba soltó una risita.

-Siempre tan celoso. –musito Tsuna parándose al lado de Sakura, quien ladeo la cabeza.

Sinceramente no entendía por qué debería estar molesto, Li solamente la estaba abrazando. Un ligero sonrojo se apodero de su rostro, había sido solo un segundo pero, Li la había abrazado.

-¿Por qué no vino Hayato? –le pregunto Tsuna a la castaña, ambos ignorando la competencia de miradas de Rokudo y Syaoran.

-Creo que Tsubasa lo mando a entregar unas cosas a los grupos buscadores, parece ser que tuvieron contratiempos. –contesto con tranquilidad. Tsuna comprendió. –De todos modos, solo vine a recoger algunas cosas. –hablo un poco más fuerte para capturar la atención de los demás. –Nami me dijo que aquí dejo sus armas…

Touya la miro como si tuviera tres cabezas.

-¿No vienes a quedarte? –esa pregunta era casi como un deja-vu, le recordaba a la primera vez que ella había regresado. Todos vieron como negó con la cabeza.

-No, me regreso a los cuarteles generales de la orden del Dragón blanco, no se preocupen. –dijo, ante las reacciones desconcertadas de todos los presentes.

¿Qué estaba haciendo Sakura con esas personas? No lo entendían.

-Hay que apresurarnos, debes continuar con tu entrenamiento, Saku. –pronuncio Mukuro, pasando su brazo por los hombros de la chica.

Sakura pareció recordarlo, ¡Era cierto!, no podía retrasarse.

La muchacha corrió escaleras arriba luego de decirles que recogería lo que habían dejado, dejando a Tsuna y Mukuro solos con Touya y compañía en la sala de estar.

-¿Qué significa esto? –exigió saber Touya con molestia, mirando fijamente a Rokudo.

El aludido se encogió de hombros con despreocupación. Realmente no tenia porque decir nada, ni Sakura ni Tsubasa le habían pedido que lo hiciera.

-No se enojen, ella está bien. –intervino Tsuna nervioso, no quería armar un jaleo ahí, solo querían que Sakura recogiera lo que sea que hubiesen dejado e irse directamente al cuartel, no querían que nadie los siguiera.

-Tengo meses buscándolos. –hablo Syaoran con seriedad, ese tal Uri, no le había caído nada bien. –Tengo un mensaje del concilio de magos de China y una petición.

Los dos miembros de la orden se miraron confundidos, ¿De qué estaba hablando?

-Suena interesante, pero tendrás que hablarlo con Tsubasa, ¿cierto? –musito Tsuna serio, levantándose del sillón. –Pero supongo que puedes venir con nosotros. –dijo, viendo como Sakura bajaba las escaleras con una mochila en la mano. -¿Ya?

La Kinomoto asintió, bajando los últimos escalones de un salto y aceptando la mano que Mukuro le ofrecía. Syaoran frunció el ceño al ver la sonrisa que Mukuro le dedicaba a la castaña.

-Gracias, Uri. –le sonrío y Tomoyo y Touya se sorprendieron al ver que volvía a sonreír cálidamente como la Sakura que se había ido.

¿Qué estaba pasando ahí?

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Continuara…

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¡Hola a todos, gracias por leer!

A todas las personas que comentaron, se los agradezco mucho.

Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.

¡Hasta luego!

Atte: Maka Hanato.