Noveno día
El silencio del amanecer comenzaba a ser roto por los mismos basureros y los coches al encenderse, perezosos de la mañana. Él, estaba más que adelantado a ellos. Por no decir que no había logrado dormir. Habían sucedido demasiadas cosas como para pensar en conciliar el sueño si quiera.
Momoshiro les había traicionado.
Su maldito compañero, el amigo que le había hecho pasar- tenía que aceptarlo- algunos buenos momentos entre todos ellos. El que le demostró que realmente podía existir un lugar para él entre tantos hombres. Maldición, habían compartido demasiadas cosas para dejarlas pasar.
Encima, cuando Tezuka le había llamado para informarle de la situación, le había dicho que Eiji continuaba sin despertar y que Irina estaría fuera de combate por mucho tiempo. Lo peor de todo, es que no tenían donde alojarse. Su pequeño piso escondido había sufrido también la visita de Momoshiro.
No comprendía qué demonios había hecho Tachibana con él para embrujarlo hasta el punto de convertirlo en su enemigo. Pero si odiaba a Tachibana por eso, ¿no tendría también que odiar a Ryuzaki, la cual tenía originalmente la culpa de todo?
Si su padre no les hubiera contratado, haciendo que se comportaran de la forma en que no eran, nada de eso habría pasado. Sus compañeros no habrían tenido la necesidad de esparcirse por las familias más ricas y Takeshi no habría conocido a Tachibana. Pero lo peor de todo es que no podía culparla tampoco, porque, ¿cuál era la razón para que Tachibana decidiera atacar a Ryuzaki cuando la trataba con tanta… formalidad?
Seguramente, Ryuzaki tampoco lo estaría pasando bien.
Desvió la mirada hasta ella, clavándola en el pequeño cuerpo cubierto por las sábanas. Había tenido que mudarse de hotel nada más que ella despertó y pudo caminar. Si Momoshiro había memorizado la matricula del taxi no le sería difícil averiguar donde los dejó. Por eso tuvo que moverse y ella no estaba muy para la cooperación sin obtener respuestas.
Bien, nadie se movía sin saber nada. Pero es que parecía que esa pequeña boca rojiza estaba dispuesta a hacer millones de preguntas. Había sentido un poco de lástima por ella en un momento, mientras le sacaba las astillas y le cosía algunas de las heridas. Sin embargo, hubo en un instante que su mente logró evadir su conciencia y todo por el placer de hacerle daño.
Quería haber roto esa maldita barrera virginal que poseía. Pero el teléfono le devolvió la cordura y su sexualidad quedó reducida a cero antes de que fuera demasiado peligroso controlarla. Malditas mujeres que no sabían nada de lo que podían llegar a causar en cualquier hombre.
Pero no era momento para ponerse a pensar si quiera en echar una canita. No. Precisamente, cuando Momoshiro estaba causando tantos estragos entre ellos por culpa de una falda.
Encendió nuevamente la televisión, esperando encontrar alguna noticia que no imaginara demasiado. Parecía que esa época las noticias absurdas aumentaban.
—En referencia a los sucesos pasados y centrándonos nuevamente en el apellido Ryuzaki, hemos encontrado datos argumentales sobre posibles causas de la destrucción de las bellas artes modistas a manos de asesinos contratados por la señorita Sakuno Ryuzaki. Parece ser que la joven ha continuado con la famosa fama de los Yakuzas en su país natal ya desaparecido. ¿Será este el comienzo de una nueva guerra o….?
Apagó la televisión. Realmente no sabían decir más que chorradas, mentiras embardunadas de falsa emoción y notoria falta de información realmente. No se les podía nombrar ni medios de información.
Volvió a mirar a la joven. Había temido que se despertara tras esos comentarios, pero no lo hizo. Se removió en su sueño, gimiendo de dolor cuando el lado dolorido de su boca se posó sobre la almohada. ¿Qué demonios había pasado? ¿Es que se había olvidado de cómo defenderse? Vale, sí. Momoshiro era bueno en su trabajo, pero Ryuzaki había sido capaz de matar a un hombre como si nada.
Igual es que había puesto demasiado énfasis en creer que sería capaz de defenderse si alguien la atacaba. Si no hubiera sido por Osakada, seguramente la castaña no lo contaría. La nana también había sido encontrada cerca de la explosión, convaleciente y algo aturdida. Al parecer, se separó antes de la explosión y terminó en otro lado. Justamente, Fuji la encontró.
Se frotó el rostro con ambas manos y se levantó. Tendría que buscar algo para desayunar y ropa nueva. La suya cantaba a mil kilómetros como si fueran simples vagabundos. Esperaba que la chica no necesitara protección por un rato.
El hotel era bastante lujoso y contaba con gran seguridad. Cuando demandó algo de comida y ropa nueva, el encargado le sirvió bastante bien, entregándole todo cuando vio el fajo de billetes. Aquello le resultaba repugnante. Necesitar una tarjeta de oro o billetes para que te trataran con respeto.
—Echizen.
Se giró en redondo, empuñando el puño, dispuesto a atacar a quien fuera. Pero la mirada de Fuji le alertó. Respiró roncamente y asintió, encaminándose hasta la habitación en silencio. Ryuzaki había desaparecido de la cama. Giró en redondo, buscando dónde demonios podría estar, encontrándola finalmente escondida en el armario.
Fuji ocultó el terrible deseo de reírse.
—Ryuzaki, créame cuando le digo que ese sería el primer lugar donde cualquier asesino miraría. Ese y debajo de la cama.
La joven se mostró azorada y agradeciendo las ropas, se escondió en el baño para vestirse y ducharse. Él, se tiró sobre el sofá, esperando que su compañero hablara.
—La traición de Momoshiro ha hecho que Tezuka tenga otros planes en mente. Y no solo eso. Irina ha sido herida, Eiji está gravemente herido. Somos un grupo, una unión y hemos sido traicionados por uno de nosotros por…
—Faldas— interrumpió bruscamente. Fuji negó mientras sonreía enigmático.
—No, Echizen. No por faldas. Si hubiera sido solo un problema de faldas, Momoshiro no habría actuado como está haciéndolo. ¿Por qué no puedes comprender que existe… algo? — El castaño se encogió de hombros— tienes ya una edad. Deberías de ser capaz de comprenderlo.
Joder, lo comprendía. Entendía perfectamente la necesidad de Momoshiro de tener una mujer para hacer ciertas cosas. Pero seguía sin comprender por qué se tenía que volver contra su familia.
—Entonces, ese chico, Momoshiro… ¿os ha fallado porque se ha enamorado de Tachibana?
La voz de Ryuzaki se escuchó desde la puerta del baño. Fuji sonrió con perspicacia y él se sobrecogió. ¿Enamorado? ¿Qué demonios era eso?
—Exactamente, señorita Ryuzaki. Precisamente por eso, Tezuka quiere hablar con usted. Tiene que modificar algunas cosas y explicarle otras tantas si quiere continuar con vida. Por eso estoy aquí. He venido a recogerles y llevarles al nuevo cuartel general. Inui ya se ha encargado de encontraros otro. Así que recoger vuestras cosas, nos vamos.
Asintió, levantándose y recogiendo las armas que había esparcido por la habitación junto a las cosas. Ryuzaki pareció totalmente perdida mientras se encargaba de recogerlas, seguramente, sin recordar cómo o cuándo las había puesto ahí.
Fuji los subió a un coche bastante discreto y cómodo, metiéndose por las calles más ricas de la ciudad. No tardó en darse cuenta que habían cambiado la basura por las joyas y que el nuevo hogar se encontraba entre los barrios de los ricos, pero jamás pensó que se trataría de una cloaca. Una cloaca que terminó demostrando que con un poco de pintura, perfumador y vida se podría convertir en un nuevo hogar. Y teniendo en cuenta el trabajo de Irina, iría de fábula.
Tezuka los esperaba sentado en un sofá de cuero negro, taza de café en mano y el ceño fruncido. Nada más verles entrar les ordenó severamente que se sentaran en el sofá ante él. Ryuzaki casi se sentó sobre sus caderas con la torpeza y los nervios.
—Sakuno— la voz de Irina le hizo rápidamente ponerse en pie, buscándola— tu quimono está hecho polvo.
Ryuzaki parpadeó, sorprendida, pero asintió, sonriendo y levantándose hasta arrodillarse ante la silla de ruedas, besándole las manos a la pequeña.
—No debiste de haber… hecho eso— dijo dulcemente— tus manos… son demasiado valiosas. Porque tú… eres una ladrona excelente.
—Parece que se va dando cuenta qué somos, Ryuzaki— intervino la seria voz de Kunimitsu— haga el favor de sentarse junto a Echizen. Tenemos que hablar seriamente y tal y como veo, no va a ser difícil.
La chica volvió a sentarse, esta vez con más precaución y mirando atentamente al superior y serio Kunimitsu.
—Creo que sé de qué va… todo. Yo… quiero pedirle disculpas… por mi culpa… Eiji e Irina…
—Exactamente— severamente afirmó el hombre— por su alocado descubrimiento.
—Pero tenemos que reconocer que gracias a él, descubrimos quién intenta matarla y… la traición de Momoshiro— se apresuró a apaciguar el presente Fuji.
—Ese es el asunto— incitó Tezuka— nosotros no podemos ser unos traicionados normales. Momoshiro lo comprendía al traicionarnos.
Ryuzaki tragó, apretando las manos sobre las ropas que llevaba puesta. Kunimitsu se rozó el ceño, inclinándose hacia ella ligeramente.
— ¿Sigue sin comprender?
—Creo que comprendo. Desde el principio sospeché… pero no quería pensar que mi padre… fuera capaz de contratarles.
—Diga que somos— invitó el capitán. Ryuzaki tembló.
—Asesinos. Ustedes son asesinos, no guardaespaldas— respondió finalmente.
—Así es— corroboró Tezuka— su padre nos contrató porque fue uno de nosotros. La historia ya se la contó Sadaharu.
—Solo que en ese momento no pude contarle lo que había sido su padre sin desvelarnos a nosotros— explicó Inui sonriendo—. Ryuzaki, el pasado de cada cual es quien menos espera el vecino de uno. ¿Comprende lo que quiero decir?
—Sí— contestó la joven cabeceando—. Sospeché… pero…
—Se aferró a creer que no era cierto.
La intervención de Irina sorprendió a todos. Las miradas recayeron sobre ella como incentivo a que hablara, pero solo se encogió de hombros y continuó en silencio. Probablemente, nadie se pensaría nunca que ella misma era una ladrona o que su madre…
—Echizen y tú también os conocíais de antes. Eso es casualidad— puntuó Tezuka encogiéndose de hombros— totalmente casual. Ni su padre ni yo conocíamos su cercanía.
—Pero cuando la conocimos, encontramos que él sería el mejor para protegerla— acentuó Fuji con una sonrisa maliciosa cruzándole el rostro— Ambos os excitáis el uno al otro y eso, os pone en guardia automáticamente. Como bien hemos dicho, somos asesinos, no protectores. Es normal que no sepamos cómo garantizar la protección de una persona al cien por cien. Al fin y al cabo…
—Quitan vidas— terminó Osakada por él.
Ryuzaki dio un respingo, levantándose y corriéndose hacia la joven. Ambas se estrecharon en un cálido abrazo, respirando aliviadas al ver que se encontraban bien.
—Escúchame, Sakuno. No sé muy bien el por qué Tachibana tiene algo contra ti. Lo que sí sé es que por mucho que me pese, yo sola no puedo hacer frente a ese hombre… los necesitamos. ¿Estás de acuerdo o dejarás que la muerte de tu padre y de… Horio hayan sido en vano?
Probablemente, no sería correcto que una mujer fuera vengativa de un asesino, pero se decía que precisamente, eran las más peligrosas porque amaban con tanta fuerza que no tenían barreras y llegaban a perder la conciencia por lo mismo. ¿Sería Ryuzaki así? ¿Poseía ese don?
—Ryuzaki, permítame advertirla de algo— la voz de Tezuka resaltó sobre el tupido velo de silencio. Estaba siendo una novedad que él hablara tanto, pero cuando lo hacía, era porque realmente había meditado el asunto y tomado una decisión— aquí solo estamos cuestionando si sigue queriendo nuestra protección. Ya tiene dinero suficiente para pagarnos. Una vez lo haga, desapareceremos de sus vidas.
—Sin embargo, irán a por Momoshiro— adivinó la joven— y como Tachibana me quiere muerta, ustedes seguirán estando al lado mío. Veré que mataron a un hombre y seré asesinada por ustedes, ¿no es así?
Se humedeció los labios, esperando una respuesta afirmativa por parte de su superior. Él mismo estaba dispuesto a llevarlo a cabo si era necesario. Pero Tezuka se dignó a mover la cabeza y responder secamente:
—Eso, es asunto de su guardián.
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No sabía si realmente había llegado el momento de darse ella misma un tiro. No solo sus sospechas se hacían ciertas, sino que tenía que enfrentarse a una realidad terrible que probablemente haría que el nombre Ryuzaki fuera borrado de la fama de buena familia japonesa que quedaba al meter a su padre en un grupo de asesinos y que al parecer, Tezuka ya formaba parte de él.
Encima, le preguntaban si deseaba poner su vida en un hilo más fino que el del destino y moverse por sí misma cuando sabía perfectamente que necesitaba de su protección. En el último encuentro con Momoshiro lo había más que comprobado.
Y después, le daban la oportunidad de que su "guardián" decidiera en caso de que necesitaran meterle una bala entre ceja y ceja. Iba de culo. Se notaba a leguas que ese hombre la quería muerta porque le jodía su misma existencia sin saber por qué. Sospechaba que era por el pasado, pero parecía que había dejado de serlo, porque su rostro mostraba el disfrute cuando parecía estar a punto de hacerle daño. Sin embargo, también sabía que existía un punto dulce en él. Y de tan solo recordarlo, su cuerpo entero palpitó.
Enrojeció al sentir las miradas sobre ellas, como si fueran capaces de leer su mente.
—El contrato sigue en marcha, por favor— respondió finalmente.
Tezuka asintió. Desde que había entrado comprendió que no serviría de nada hacerse la inocente con él y fingir que no sabía nada. Era imposible no darse cuenta cuando Echizen había decidido comportarse como un loco por un momento y que Momoshiro dijera "viva o muerta". Pero sabía que iba a estar igualmente incluida en el juego y ellos parecían ir muy en serio en cuanto al tema de su "alma descarriada".
—Bien— dijo por último el jefe antes de desaparecer.
Irina bostezo, mirándola de reojo.
—Empújame— le ordenó secamente.
—Ah, sí, sí. ¿Hacía donde? — cuestionó, poniendo las manos en las manillas.
—Ahí.
Obedeció en silencio, dejando a los demás hombres atrás. Desde que había visto a la chica no podía evitar sentirse culpable. Eiji le había ordenado que fuera con Irina, fuera, pero no le hizo caso por culpa del miedo que había sentido e Irina sufrió las consecuencias.
—Aquí— indicó la muchacha, señalando una puerta de metal cubierta de madera. Parecía una cárcel.
Tomoka empujó la puerta, adentrándose en una transformada y cómoda habitación que comenzaba a recibir el gusto de la chica, al menos, ya contaba con unos cuantos recortes de periódico, seguramente, salidos del que descansaba sobre un escritorio. Pese a que se encontraban en una cloaca, el olor no era situado como pestilente, sino a aroma dulce de comida y las paredes no eran húmedas. El suelo había sido revertido en madera y las paredes igual.
Lo único que parecía necesitar una revisión era la instalación eléctrica.
—Siento que por mi culpa… hayas perdido tantas cosas— se excusó.
—No importa— contestó la joven tocándose la cabeza, indicando que contaba con todas las cosas ahí dentro.
—Pero… las pelucas… los trajes…— murmuró, recibiendo un gruñido por parte de la adolescente, obligándola a callar.
—Ten.
Irina extendió un sobre cerrado, rodeado con el emblema de la familia Ryuzaki. Casi le tembló en las manos y la miró asombrada, en busca de algún motivo para que ella tuviera esa carta.
—Robé en tu casa— explicó— cuando estaban de guardia los chicos. Tu padre no tenía ni un duro en ella. Solo ese sobre a tu nombre.
—Pero igualmente te lo llevaste— acusó Tomoka colocando las manos en jarras— robar a quien te paga…
—Les pagáis a ellos, no a mí— se defendió fríamente Irina— Eso me llamó la atención. Pensé que habría dinero dentro. Pero ahora— hizo un puchero— creo que es algo importante que debes leer.
Probablemente, Irina lo habría estado mirando minuciosamente en algún tipo de mecanismo especial y ultra potente- una lámpara y a trasluz- que le hiciera descubrir que no era dinero.
Con dedos nerviosos, abrió el sobre, sentándose sobre la cama. La uniforme letra de su padre y el leve aroma de su colonia le hicieron estremecerse. Irina no se equivocaba. Era una carta.
A mí adorada Sakuno.
Si estás leyendo esta carta seguramente yo ya me habré reunido con tu madre y mi buen amigo Tezuka Kunimitsu te la habrá entregado por mí. Sin embargo, esta carta solo llegará a tus manos si el caos que mucho temo que llegará, realmente ha aparecido en nuestras vidas. En tu vida, porque no es otra la que me importa.
Si esto se ha hecho realidad, deja que te explique lo que siempre se ha mantenido oculto hacia ti y que mi madre bien intentó detener, alejándote de mí. ¿Recuerdas cuando tu abuela te llevó lejos de mí y regresaste muy cambiada? Esa vez, fue porque mi sangre regresó.
Pero deja que empiece desde el principio, pequeña.
Seguramente a estas alturas, con lo inteligente que eres, te habrás dado cuenta de que el comportamiento de Kunimitsu es muy contrario a todos los guardaespaldas que has tenido hasta ahora. Y hago nota de que espero y confió en que mi viejo amigo cumpla con su palabra de protegerte siempre.
No sé cuan de grande será ahora la "familia" de Kunimitsu. Desconozco cuántos hombres forman parte de ella, pero sé que te protegerán. Sin embargo, he de decirte que en la realidad ellos no son protectores, sino asesinos contratados. Son los mejores y los más eficientes para proteger a la persona que más atesoro ahora mismo.
Sé cómo trabajan y sé que aunque sean severos y rudos, seguramente sabrás ganarte su corazón. Porque lo hiciste conmigo nada más nacer. ¿Recuerdas la historia que te conté de tu madre? ¿El por qué sus padres no querían que estuvieran conmigo? La razón real y oculta a todos era… simplemente que yo soy un asesino.
Olvidé las pistolas y dejé todo lo que aprendí en la cabeza de Tezuka porque me enamoré. Muchos otros asesinos han dejado su destino criminal y han crecido en sus vidas reparadas. Yo hice lo mismo con tu madre. Sin embargo, mi pasado me persiguió ante una venganza y tu madre pereció.
Desde entonces, intenté todos los medios para protegerte. Pero ahora mucho me temo que tengo que recurrir al último recurso que sé seguro que te protegerán. Sin embargo, la vida de un asesino es dura y te verás implicadas en muchas cosas. Sé que posees el coraje escondido de tu madre y que recuerdas cómo defenderte, tal y como aprendiste con esfuerzo y… obligación.
Lamento mucho que estas líneas te lleguen con mi muerto. Siento no poder volver a abrazarte y no poder pedirte perdón en persona por tantas mentiras. Por tanto dolor y por tantas injusticias. No me hacía feliz encerrarte ni me hacía feliz ver cómo te alejabas de mí, queriendo, como es lógico a tu edad, la libertad de un adulto. Siento haber sido egoísta y mantenerte con vida, pero no lograría soportar ni después de la muerte que estuvieras muerta.
Tengo que pedirte y suplicarte que confíes en el hombre que yo confíe. Kunimitsu es un gran chico. Lo sé porque yo mismo lo entrené antes de retirarme, como ya has debido de suponer. Es un líder nato y conseguirá mantenerte con vida. Nunca rompas tus contactos con él y mantente a su lado.
Ahora, te comentaré sobre quién desea asesinarnos tan suciamente.
Probablemente, Tezuka ya te haya comentado sobre un "caso" que ambos llevamos años atrás. La muerte de una familia que me cargaron encima. Nunca fue una mentira. Realmente asesiné a esas personas. Realmente merezco el odio de la única superviviente de esa rama familiar. Creo que ahora ha modificado su nombre original y pese a que se esconde de mí, tarde o temprano dará la cara. Y seguramente, me atacará donde más duele: Tú.
Nunca hubiera querido implicarte en mi pasado. Pero no permitiré que te quedes con la espalda entre la pared.
Tengo mucho dinero ahorrado. Tanto herencias como… bueno, no quieras saberlo y acéptalo simplemente. Los lugares a los cuales podrás llegar son: La llave de tu corazón. La magia de la torre y el hogar destruido. Sé que tú sabrás donde es.
Por favor, aunque tengas miedo y te sientas sola, no temas. Siempre habrá alguien para protegerte y salvarte. Estaré contigo tanto en lo bueno como en lo malo y recuerda, hija mía, que te quiero por encima de todo y no me siento orgulloso de lo que fui.
Lamento haberme convertido en un carcamal insuficiente para protegerte. Haberte dejado sola y que tengas de vivir esta tragedia. Sobrevive, Sakuno. No te reúnas con nosotros hasta que no seas vieja y feliz.
Tu padre, que tanto de adora.
Estrujó el papel entre sus manos, llevándoselo al rostro mientras lloraba. Sintió deseos de insultarle y de decirle que le quería a la vez. Realmente no estaba enfadada con él. Ni le odiaba. Únicamente que hubiera preferido que los secretos no existieran. Estaba aceptando todo bastante bien y sus presentimientos acerca de las cosas ya le hacían evitarse sorpresas.
Sospechaba de la amistad entre Tezuka y su padre, especialmente porque este le llevaba bastantes años al capitán de ese grupo de asesinos. Ahora entendía todo. Su padre había educado de alguna manera a Tezuka. Y éste, por algún extraño favor, había decidido hacerse cargo de su torpe y delicada hija sin rechistar. En pocas palabras: La respuesta que había dado momentos antes hubiera dado igual. Tezuka hubiera continuado protegiéndola incluso sin que ella hubiera aceptado su protección.
—Él… realmente me contrató para protegerte por esa razón. Mi padre era uno de los maestros ninjas extintos que oculté faltamente a Inui. Él, te enseñó a ti también a pelear. A mí, de otra manera porque era su heredera— su nana la tomó gentilmente de las manos, besándoselas— me vendieron a tu familia, sí. Pero… adoro defenderte. Y aunque mi vida desaparezca por protegerte, me sentiré orgullosa.
Acaricio el rostro de Tomoka con dulzura, sonriéndole. No podía decirle que se marchara, que la olvidara, porque la nana no lo permitiría. No se iría así como así. No se fue cuando se casó con Horio, mucho menos ahora que no tenía a nadie del que depender.
—Pero… tantas muertes…— murmuró ante el recordatorio del difunto marido de su protectora. Tomoka sonrió.
—Muertes que podemos vengar. Y es posible, creo, detener las que llegarán si no hacemos nada. No podemos cruzarnos de brazos y dejar que por lo que luchó tu padre, la confianza que postró en Tezuka, se valla al cuerno. Tenemos que defendernos. Hacer algo, cualquier cosa. Y sí así quieres, yo estaré a tu disposición cuando quieras— prometió.
Asintió, guardando la carta de nuevo en el sobre y buscando un lugar donde poder guardarla, pero los pantalones no tenían bolsillos y todas sus pertenencias habían quedado en el salón de las artes. Era imposible. Irina extendió la mano.
—Hasta que todo termine— indicó, guardándolo en un cajón.
—Irina… ¿qué pasará ahora? Tú… no podrás volver a robar hasta dentro de mucho tiempo y… vuestras armas y todo…
Irina sonrió enigmáticamente, encogiéndose de hombros. Pero fue Tomoka quien respondió.
—Un buen asesino que se precie, siempre tiene armas aseguradas, sea donde sea. Un ladrón, jamás esconde sus secretos en su propia casa porque todo policía puede encontrarlo con facilidad.
Con un gesto rápido e inesperado, Osakada mostró diversos surikens, sonriendo maliciosa.
—Eso, lo sé hasta yo. Ahora, me preocupa algo— acentuó, guardando las armas— Echizen, ¿Qué crees que decidirá con Sakuno? — pregunto a Irina.
—Matarla— respondió impasible la muchacha.
Tembló tanto que los dientes le castañearon. Eso afirmaba por completo su creencia de que Echizen ansiaba hacerle daño. Pero parecía querer ser el único que se lo hiciera. Inconscientemente, llevó la mano hasta la herida, pensativa.
—La tercera puerta— interrumpió Irina, señalándoles amablemente la salida.
Ambas obedecieron. Tomoka le explicó que habían preparado una habitación para cada uno y ellas tenían la suya propia. Sin embargo, Tomoka la de la puerta seis y ella tres. Se despidieron y reconoció que esperaba que hubiera un servicio en esa misma habitación y empujó la puerta sin pensar.
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Al parecer, que le vieran completamente desnudo estaba siendo una costumbre. Primero Fuji al traerle algo de comer y ahora, de nuevo, la pequeña Ryuzaki. Y volvió a encontrársela con la mirada fija en su pequeño amigo con una cicatriz cubriéndole. Una maldita cicatriz que le costaba la reproducción.
Con calma, posicionó sus bóxers en el lujar justo donde deberían de permanecer. Continuó con los pantalones y la camisa, agradeciendo finalmente poder ponerse ropa cómoda. Cuando volvió a levantar la vista, ella ya había desaparecido. Pero la puerta volvió a abrirse. Irina se empujaba con las manos.
—Oí— murmuró— ¿Dónde está?
—Se fue.
—Idiota— insultó la chica rápidamente. Frunció las cejas, observándola con severidad.
—No es mi tipo.
—Ninguna lo es— contestó rápidamente—. Pero esa chica… demonios, ¿por qué tengo que decírtelo yo? A esa chica quieres hacerle un tipo de daño que jamás olvidará.
Se encogió de hombros.
— ¿Y?
—Sexo igual dolor. Amor igual dolor. Cariño igual dolor.
Desde luego, Irina era experta en ir directamente al asunto, resumiendo las conversaciones a pocas palabras significativas. Esa maldita mocosa terminaba muchas veces pareciéndose más a él de lo que debería. Sin embargo, otras veces podía ser como su madre. Demasiado…
—El dolor que quieres darle, ¿Es por el pasado?
Gruñó, sentándose en la cama y encajando la pistola al cargador.
—Mi madre me lo contó. Ella te vio. Ryuzaki Sakuno. La disparaste. Le causaste dolor.
—Basta— ordenó bruscamente, mirándola en advertencia.
Irina obedeció, chasqueando ligeramente la lengua y girando la silla.
—Solo… no te metas en un pozo del que no puedes salir.
Guiñó los ojos, mirando a la chica con puro asombro. ¿Meterse en un pozo del que no lograra salir? Era ridículo. Ryuzaki era una persona que no demostraba nada en su vida. No cometería el mismo error que Momoshiro por un lio de faldas.
—Por cierto— añadió, mirándole completamente vacía— no llores cuando la mates.
Como un torbellino, sintió las articulaciones tensarse y cómo su cuerpo se movía. Por algún motivo que no comprendió, apretaba los posa brazos de la silla con fuerza, mirando con fijeza a la niña. Irina no se movió. Ni se estremeció si quiera. Continuó mirándole como si realmente no le mirase. Como si no hubiera nada delante de ella. Maldijo entre dientes y la dejó.
—Eso no…
—No puedes decir que no— intervino— no controlas nunca del todo tus emociones. Tu cuerpo te ha obligado a matarme ahora. Hazlo.
—No— respondió tajantemente, señalando la puerta— vete.
Irina cabeceo afirmativamente, marchándose y dejándolo a solas. Lo más problemático de todo es que realmente había estado a punto de matarla ahí mismo. Odiaba esos momentos. Y se odiaba a sí mismo.
La puerta volvió a abrirse, dejando ver a un serio Inui.
—Tenemos una reunión. Date prisa. Oh, y otra cosa— recordó— olvida la pregunta de Tezuka. Nunca decidirás qué hacer con Ryuzaki. Era solo el plan de Tezuka para saber qué decisión tomaría Ryuzaki. No importaba la decisión, desde luego, pero tenía que presionarla y con las ganas que tienes de deshacerte de ella, es normal que decidiera presionarla con ello.
Perfecto. Así no tendría que comerse la cabeza con ello. Aunque para él sería bien sencillo, como apretar el gatillo y apuntar a una zona vital en la que no muriera rápidamente y verla mientras se moría y… se golpeó la frente, moviendo la cabeza negativamente. Era suficiente. No podía continuar con eso.
—Inui— llamó, rozándose las sienes— que otro se encargue de ella.
Sadaharu lo observó atentamente, sonriendo complacido.
—Vaya, ¿ya estás a tu limite? ¿Realmente no puedes cuidar de nadie? ¿O temes que pase lo mismo que cuando tenías doce años? ¿Te has vuelto tan cobarde que no puedes cargar con las consecuencias de las decisiones que tomaste cuando solo eras un crio? — Gruñó, maldiciendo entre dientes, pero Sadaharu continuó— No seas un niño pequeño egoísta. Hasta ahora se te ha permitido actuar como querías. ¿Crees que éste es el momento adecuado para pedir? ¿De verdad tienes tan en poca cuenta cómo se siente Tezuka ahora que quieres quitarte responsabilidades?
Joder…
Recogió sus cosas bruscamente y se encaminó a la salida. No era tan corpulento como Sadaharu, pero al menos, contaba con cierto detalle que el moreno tomó como la iniciativa para dejarle salir y no tenerlo preso. Quizás, era que sabía que sería capaz de matarlo sin una razón coherente. Comenzó a sentirse como un animal salvaje al que no era bueno encerrar.
El pequeño salón que habían montado se encontraba ya lleno con la presencia de todos menos de Eiji y Momoshiro. Incluso Irina se encontraba a un lado de la pared, jugando entre sus dedos con un pequeño llavero en forma de ratón que Eiji le había regalado años atrás.
Tezuka se encontraba de pie ante una mesa de caoba reforzada contra la humedad. Su rostro demostraba claramente que la gravedad del asunto era importante y que no aceptaría ningún tipo de broma. Con un movimiento de manos, ordenó fácilmente que todos se sentaran. Se sintió estúpido cuando obedeció.
—Vamos a ponernos de acuerdo. Dado el asunto, tenemos que tomar medidas.
—Y, ¿tus órdenes son? — apresuró Fuji, sabiendo lo poco que gozaba del habla el capitán.
—Echizen y Ryuzaki volverán a salir a la luz. Cebo. Irina quedará clausurada aquí hasta su recuperación…
—Iré con Eiji— interrumpió la muchacha, mirando con recelo al mayor— ahí no pasará nada.
Tezuka bufó, pero afirmó.
—El resto, estar preparados.
— ¿Qué pasará con Momoshiro? — Cuestionó Kawamura— tendremos que…
—Somos asesinos— se escuchó decir, sorprendiendo a los demás.
Kawamura lo miró aterrorizado, pero asintió, descendiendo la mirada.
—Supongo que… tendremos que atarnos al segundo mandamiento de los asesinos— balbuceó— pero… no es sencillo. Momoshiro es… era uno de los nuestros.
—Kawamura— llamó Irina con firmeza— Eiji ES uno de los nuestros.
El hombre se estremeció, acercándose hasta Irina y tomándola de las manos con ternura antes de besarle la frente. El muñeco con forma de ratón se estremeció entre sus manos.
—Entonces, ¿es así como resuelven sus problemas?
La voz de Ryuzaki atravesó la estancia. Pequeña y vulnerable, encaminándose contra ellos sin temor, como si no recordara qué eran.
—Matarán… ¿matarán a su compañero haberse enamorado y seguir a su corazón? ¿Tan horrible es? Si hubiera querido, habría matado a Eiji. Yo le vi… como cerraba los ojos cuando le disparaba y el esfuerzo que hizo para deshacerse de él. Y con Irina… casi lloró cuando se vio en la obligación de empujarla. Hasta le sentí como temblaba mientras la llamaba al ver cómo había quedado— redactó, explicando lo sucedido aquella tarde—. Ese hombre… es incapaz de hacerles algo.
La realidad era, que esa mujer tenía razón. Momoshiro no había acertado ninguno de los disparos que lanzó contra él. Incluso la bomba llegó demasiado tarde y fácil de esquivar. Todavía recordaba el dolor en su voz cuando estuvo hablando de Irina y de él. Takeshi no quería enfrentarse a ellos. Pero, ¿qué demonios significaba estar enamorado de Tachibana si se volvía contra su familia?
— ¡Kaidoh!
Se giró en redondo hasta la figura de su compañero. La apodada serpiente había sujetado con agilidad a Ryuzaki y la levanta por el cuello peligrosamente. Era experto en romper huesos sin necesidad de quitarse los guantes o con una simple mano. ¿Le sería tan sencillo apretar ese cuello?
—Cállate— ordenó bruscamente Kaoru a la castaña— te mataré.
—Oye, Kaidoh… Lo que ella dice tiene cierto sentido— dijo Fuji acercándose ligeramente— Momoshiro y yo estuvimos hablando momentos antes de la explosión y justo cuando esta iba a comenzar, me noqueó, dejándome en una zona donde no pudiera salir herido. Ningún enemigo haría algo así por otro. Yo mismo dejaría que mi presa sufriera.
Ya, porque todos sabemos lo que disfrutas torturando a tus victimas….
—Tú, que conoces más que a nadie a Momoshiro, deberías de saberlo— incitó Kawamura, queriendo poner orden.
Ryuzaki se tambaleó ligeramente, gruñendo por asfixia. Automaticamente, se acercó, sujetando del hombro al hombre que la maniataba. Kaidoh se sorprendió, girándose contra él pero demasiado tarde. Fácilmente, logró empujarlo hacia atrás y sujetar a Ryuzaki contra su cuerpo. Osakada saltó ágilmente entre ellos, mirando en advertencia a Kaoru.
—Hasta ahora no me he metido porque ella me pidió que no lo hiciera, pero si la vuelves a tocar, te mataré.
La sorprendida serpiente dio un paso atrás, tocándose las mejillas ruborizadas. Gruñó y siseó, girándose en redondo para marcharse. Lo último que se logró escuchar fue un fuerte portazo de metal.
—Ryuzaki— Llamó Kunimitsu— nosotros tenemos nuestro propio modo de hacer las cosas.
La chica tosió, asintiendo.
—Pero… un familiar… es un familiar. Usted aprendió eso de mi padre, ¿verdad? Mi padre… me enseñó que la familia era siempre lo primero, por mucho daño que nos hicieran. Por ese motivo, aunque mi abuela siempre estuvo peleándose con él por lo que era… jamás la dejó. Nunca. No es más familia la que te une por lazos sanguíneos.
Ellos… están muertos… ¿Eran tus padres? ¿Quieres… que llame a alguien?
Vete.
Por favor… tus padres… podrían vivir… si una ambulancia…
Largo.
Apretó los dedos contra las caderas femeninas, ansiando que cerrara la boca. Los recuerdos volvían a perseguirle y eran una maldita taladradora en su cabeza, creando un horroroso dolor de cabeza.
Tezuka se cruzó de brazos, mirándola con suma atención.
—Nuestro plan está trazado— aclaró con severidad— prepárese para mañana.
Y sin decir nada más, se giró, caminándose hasta la salida. Irina se empujó tras él, siguiéndole de cerca, con mirada frustrada. Soltó a Ryuzaki y se encaminó tras ellos. Debía de detenerla o…
— ¿Hasta cuando piensas seguir ignorándome? — preguntó la chica, deteniendo las ruedas— Eres un egoísta.
Tezuka se detuvo, estremeciéndose y sin girarse.
—Irina— llamó como si nada, esperando que la chica entrara en razón— ven.
Pero la chica continuó cabezonamente ahí, quieta, mirando la espalda del capitán con firmeza.
—No vienes— respondió rápidamente el hombre, volviendo a caminar apresuradamente.
Irina chasqueó la lengua y llevó las manos de nuevo hasta la silla con intenciones de seguirle, pero la retuvo.
—Es suficiente, Irina— recomendó— ahora no.
— ¿Y cuándo sí? — Espetó.
Se empujó hasta su dormitorio, cerrándolo de un portazo. Irina bien podía ser parecida a él o a su madre. Eso, bien podría no cesar de repetírselo. Aunque ahora, tenía otras cosas en las que pensar, como por ejemplo, ¿cómo demonios iba a sobrevivir otro día más junto a Ryuzaki sin matarla?
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Bueno, las cosas no están en su mejor momento y la tensión está en boca de todos. ¿Qué pasará al día siguiente? ¿Cómo llamarán la atención de Tachibana y Momoshiro? ¿Momoshiro realmente recibirá el perdón de todos? ¿Qué pasa entre Irina, quien suele parecerse mucho a Ryoma o a su madre, y Tezuka?
