Capítulo 10: Dos historias

Más temprano, ese mismo día, Sissi estaba en su despacho reunida con Javier. Ambos seguían dando vueltas al problema con aquel informe aparecido de Milly y Tamiya. Unos días antes, habían tenido junta para hablar con el resto de la docencia sobre lo ocurrido, pero el resultado…

—Buenos días, señores —había saludado al entrar. Todos los profesores, incluso Javier, ya se encontraban allí. Se sentó en la silla presidencial—. Les he llamado por un tema relacionado con dos exalumnas nuestras.

Les explicó brevemente lo ocurrido.

—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? —había preguntado la señora Hertz.

—Ustedes son los que más utilizan esos expedientes —indicó Sissi—. ¿En serio no vieron nada de eso cuando pusieron sus notas finales antes de enviar el expediente a la Universidad?

—Perdone si me equivoco —interrumpió el señor Bordeu—, pero parece que nos está acusando de haber escrito eso.

—No, yo…

—Pues entonces, ¿no cree que habríamos advertido si lo hubiéramos visto?

—Oiga, amigo, la señorita Delmas… —interrumpió Javier.

—… quiere ver si alguno de nosotros se delata —completó Bordeu.

El resto de la docencia se limitó a negar que tenía nada que ver.

—No sé qué vamos a hacer… Si los padres se enterasen de este agujero de seguridad, sería el fin —comentó Javier—. Pero claro, si no avisamos a la policía, no sé cómo vamos a resolver esto.

—Lo sé… esto me viene grande, es demasiado… ellas eran menores en ese momento —respondió Sissi. Por un lado tenía ganas de llorar. Por el otro, de darle una bofetada a quien hubiera sido el culpable.

—Cariño, no hemos hablado con Milly y Tamiya, pero si no lo resolvemos, no dudo en que nos van a poner la denuncia y…

—Necesito salir.

Sissi se puso en pie y salió a la calle. Javier se situó a su lado y caminó con ella, sin hablar. La chica tenía varias cosas en la cabeza. Por un lado, el calvario por la información filtrada de las pequeñas. Por el otro… recordaba en algunas noches lo bien que lo habían pasado la última vez que cenaron con Jeremy y Aelita. Aún no habían hablado del tema.

—¡Buenos días!

Javier y Sissi miraron al origen del saludo. Era Carlos, ataviado con un abrigo negro, y acompañado por dos personas que no conocían. Un hombre moreno y una mujer pelirroja, ambos de semblante serio, y también abrigados.

—Hola, Carlos… ¿Qué haces aquí?

—He venido con unos amigos a ver a un profesor suyo… Bordeu. Es uno de los profesores residentes, ¿no?

—Er… Sí. ¿Pero por qué…?

—Le conocí por Internet. Nos dijo que tenía tres horas libres, por si nos apetecía una timba de póker.

Sissi se planteó seriamente que debía despedir a un profesor que organizaba timbas de póker dentro de su colegio, aunque fuera en sus horas en que no daba clase, mientras llevaba a Carlos y sus acompañantes al dormitorio de Bordeu. Javier estaba también sorprendido. Siempre le había parecido que Bordeu era alguien más serio. Llamaron a la puerta. Bordeu abrió la puerta.

—Oh, señora Delmas… —se sorprendió—. No me esperaba que…

—Ya hablaremos usted y yo —respondió ella, fríamente.

—Pero no te vayas, Sissi —dijo Carlos, y entró sin que le invitaran a hacerlo—. Podemos hacerlo más interesante si jugamos seis y…

Y tropezó. O al menos, pretendió hacerlo. A Sissi le pareció el peor teatro del mundo. Pero en su caída, Carlos se sujetó a la puerta del armario de Bordeu. En el tablón había varias fotografías. Y cuando todos se acercaron, lo vieron: eran imágenes de Milly y Tamiya, besándose. Antes de que Bordeu tuviera tiempo de huir, fue placado por la mujer pelirroja.

—Jean Bordeu, queda arrestado por teniencia ilícita de imágenes de menores —anunció, sacando una placa de policía de su bolsillo. Su compañero procedió a examinar el armario.

En otro punto de la ciudad, en la Universidad, Milly y Tamiya terminaban un examen con Arya. Tamiya fue la primera de las dos en terminar el suyo, y fue a la mesa de la profesora para entregárselo. Se lo dio, y no pudo disimular una sonrisa. Ella se inclinó un poco para adelante y susurró:

—Me ha escrito Carlos. Dice que ha resuelto el caso y que nos reunamos con él en el Kadic.

Ulrich leía los informes de algunos pacientes habituales. Dolores de espalda y otras dolencias que exigían cierta periodicidad de tratamiento. Igualmente, cotejaba esas fichas con los informes de sus masajistas. Tres hombres y tres mujeres muy profesionales (dos de ellos, compañeros de estudios), a quienes repartía el trabajo (a veces en base a trabajos similares realizados, a veces para evitar a la panda de idiotas de "a mi no me toca un hombre").

Recordó un comentario de su padre. "Incluye masajes con final feliz", le había dicho sonriendo, antes de prestarle el dinero para poder montar la clínica. Se rió.

Miró el reloj. Ahora le tocaba a él un caso. Se puso en pie y se colocó la bata blanca. La detestaba, pero era necesaria dar una imagen formal. Salió a la sala de espera.

Y cual fue su sorpresa al ver que William estaba allí sentado, con los brazos cruzados y mirando hacia el suelo, abstraído. Intentó recordar, pero no había visto su apellido en los pacientes de ese día. ¿Iría a pedir cita? ¿O a hablar con él? Decidió llamar su atención sutilmente.

—¿Daniel Payne? —preguntó en voz alta. Todos le miraron, incluído William. Sus miradas se cruzaron, pero se giró a su paciente, un hombre de unos cuarenta años, que se había puesto en pie—. Vaya pasando a la sala tres y quitándose la ropa. En seguida iré para allá.

William miró cómo el hombre se iba, pero le quedó claro el mensaje cuando Ulrich volvió a mirarle, y señaló el pasillo con los ojos. Fue hacia allí.

—¿Qué haces aquí? —intentó no sonar desagradable.

—Estoy esperando al padre de Laura —explicó este—. Laura tenía que hacer hoy algunas gestiones, y como al fin y al cabo, en mi empresa mando yo…

—Me sorprendes… aún recuerdo que en tu boca estuviste a punto de partirle la cara —bromeó Ulrich. Le salió natural, no pudo evitarlo.

—Con el paso de los años ha cambiado la cosa… Muchas cosas han cambiado —afirmó—. Y espero que siga así la cosa.

—Para querer eso, es raro que hayas hablado con Yumi —afirmó Ulrich. Miró su reloj. No podía tardar mucho en entrar a tratar a su paciente—. ¿Crees que soy idiota? Sé que has mantenido cierto contacto con ella estos meses, desde que vivimos juntos.

—No sé de qué me hablas…

—Sí lo sabes. Aunque yo no. No tengo ni idea de lo que habéis hablado, y me da igual… Sólo espero que no le hayas contado alguna idea rara.

William quiso responder "Ideas raras las que tiene Odd, que por su culpa empezamos en ese acuerdo que rompió nuestra amistad. Y, a pesar de eso, os lo habéis tirado de nuevo", pero se mordió la lengua con disimulo.

En ese momento se abrió la sala dos, de donde salió el señor Gauthier caminando despacio. Iba con bastón. Ulrich no quiso estar ahí más tiempo, por si aquel hombre sabía algo de lo ocurrido, y le montaba una escena. Se despidió de William con cierta prisa y se metió en la sala.

Por su parte, el escocés salió de allí con el señor Gauthier detrás suya. Por alguna razón, aquel encontronazo le había recordado a la época en que Ulrich y él peleaban por el amor de Yumi, y se preguntó cómo no había caído en que aquella era la consulta propiedad del alemán. Llegaron al coche en silencio. Su suegro se subió con cierta dificultad, debido a sus dolencias.

—Gracias por haberme traído, William —dijo, mientras estaban en marcha.

—No hay de qué —respondió este, sin prestar mucha atención.

—¿Os pasa algo a Laura y a ti? —preguntó—. Eres un chico callado, pero dentro de eso sueles ser más locuaz.

—Es simple estrés —respondió William, hábilmente—. Tenemos unos vecinos un poco especiales, y nos está costando adaptarnos a ellos.

—Bueno, eso suele ser normal. Evitad contactar con ellos en la medida de lo posible. Se vive mejor al margen.

William casi había olvidado lo clasista que podía ser su suegro, pero le dio la razón. Llegaron a su casa, y allí se bajó. Luego, William se encaminó hacia su edificio, deseando no encontrarse con nadie. Su mujer y su hija, sólo le importaba eso. Bueno, y sus parientes, pero estos se hallaban en Escocia y se veían cada mucho tiempo.

Arya, Milly y Tamiya habían llegado al Kadic. Atentando contra el sentido común, habían ido las tres en la moto de su profesora. Añadiendo que ella sólo disponía de dos cascos, que se los había dejado a ellas. Por indicación de las jóvenes, pues Arya no se conocía el recinto, fueron hacia el despacho de Sissi. Un olor a café del bueno inundó sus fosas nasales. Carlos, Javier y Sissi esperaban allí, tranquilamente.

—Buenas —saludaron al llegar.

—¡"Buenas", dice! —se indignó Sissi—. ¡Os parecerá bonito! ¡Venís, me montáis el número, y no me avisáis de que contratáis un detective!

—¿Te parece bonito a tí olvidarte de que un viejo amigo se ha hecho detective? —bromeó Carlos.

—Pasad. Entiendo que ella es… —empezó Javier.

—Arya Watson —dijo, extendiendo la mano—. Profesora, periodista, y quien descubrió el expediente en primer lugar.

Saludados todos, y sentados, con una humeante taza de café entre manos, pidieron a Carlos que explicase cómo había resuelto el caso, ya que no había contado nada a Sissi y Javier para evitar repetirse.

—Fue bastante sencillo… Le pedí a Arya que volviera a dejar el informe en los expedientes. Si esa hoja estaba ahí, debía significar que era para alguien concreto. Luego había que esperar a que un profesor lo tomase, y al devolverlo, el informe no estuviese. Y… hace un par de semanas lo conseguimos.

—Pero no habéis venido hasta hoy… —comentó Javier.

—Sí… El hombre que arrestamos no estuvo muy dispuesto a delatar a su compañero… Pero había hecho ciertas fotos a Milly y Tamiya, así que le ofrecí un acuerdo en que se le rebajaría la pena si cooperaba —aguardó, y soportó las miradas de incredulidad de su público—. Pobre idiota, la Policía Francesa no puede hacer esos acuerdos.

Todos soltaron una carcajada. Aquello de los acuerdos que ofrecían a los arrestados en las series norteamericanas estaba tan arraigado en la cultura general que no habían caído en ello. Y por supuesto, el primer arrestado tampoco.

—Pero evidentemente, necesitábamos pruebas… Investigué a ese hombre, llegué aquí, me colé…

—¿Te has colado?

—Sí, ya os diré cómo fortificar esto. Pero el caso es que encontré ese mismo armario con las fotos de Milly y Tamiya. Sólo necesitaba que la policía lo viese. Pedí a dos conocidos de la comisaría que me echaran una mano. Lo más fácil era localizarle por Internet, y al saber que le gustaba el póquer… Ya conocéis el resto.

Todos guardaron un pequeño silencio, sorprendidos por aquello. Las jóvenes se levantaron a abrazar al chico. El caso estaba resuelto, y no había que preocuparse por más cosas. Pero a Sissi aún le asaltaba una duda.

—¿Pero y si se filtra lo ocurrido y…? —no podía evitar preocuparse por las repercusiones mediáticas si el caso se daba a conocer.

—No te preocupes. La prensa no va a conocer los detalles del caso. Se va a llevar con discreción. No es la primera vez que coopero con ellos —aseguró el chico.

—¿Y cómo pediste ayuda a Watson? —preguntó Javier.

—Arya —recalcó ella—. Fui yo quien encontró el informe en primer lugar. Y, casualidades, vivo en el mismo edificio que ellos. Me contactó y… Me ofrecí a ayudar, claro.

Quedaron charlando un poco más. Luego, decidieron moverse al edificio. Arya quiso invitar a las pequeñas a que vieran su piso. Sissi y Javier quisieron ir también, para visitar a Aelita y Jeremy, de modo que se repartieron: en el coche de Sissi irían ella, Javier, Milly y Tamiya, y Arya acercaría a Carlos en la moto, para evitar accidentes.

Pero al montarse, el chico sintió algo extraño. Se levantó la visera de plástico del casco, antes de que Arya arrancase.

—Perdona, pero… Te ha vibrado… El…

—Sí, llevo ahí el móvil —respondió ella, en referencia al bolsillo trasero de su pantalón—. Será un… amigo. Luego le llamo. ¿Nos vamos?

Carlos asintió y se pusieron en marcha, detrás del coche de Sissi y Javier. Conducía él. Sissi estaba buscando unas palabras para Milly y Tamiya.

—Me alegro de que todo haya acabado… —comentó la morena.

—Chicas, lo siento —soltó Sissi de pronto—. No debí… Cuando os dije que os alejarais de Javier… Fui una estúpida y estaba asustada… Perdonadme…

—Tranquila —respondió Milly—. Nos hacemos cargo… Ni estábamos enfadadas por eso… Sólo alteradas por lo del informe.

Sissi se prometió que daría un abrazo a las chicas apenas bajaran del coche.

Sin embargo, no pudo hacerlo. Cuando aparcaron el coche y la moto enfrente del edificio, se dieron cuenta de que había cierto tumulto en el portal. Corrieron dentro, justo a tiempo para ver cómo Jeremy y Eva sujetaban a William con grandes esfuerzos, al tiempo que Andrew y Emily intentaban contener a Dorjan. Detrás de este, estaba Odd, pálido y tembloroso, pero sin un rasguño a primera vista

—Hijo de puta… Hijo de puta… —murmuraba William, apretando los dientes—. Lo sabía, lo sabía… Desgraciado…

—En cuanto me suelte te voy a matar —declaró Dorjan, e intentó zafarse, pero no lo consiguió.

El escocés libró soltarse y se abalanzó a por él. Le derribó y cayeron al suelo. William intentó golpear a Dorjan, pero este le sujetó los puños, impidiéndole que atacase. Antes de que alguien intentase separarles, se abrió la puerta de casa de Yumi y Ulrich, y salió ella, sin duda, alarmada por el escándalo.

—¿Estáis locos o qué os…? —dijo, antes de entender la situación. Pero al ver a William a punto de golpear a Dorjan, le agarró por la ropa y tiró de él hacia atrás con fuerza. Este se incorporó e intentó volver a atacar, pero esta vez la japonesa se había interpuesto. Se hizo un silencio denso, que podría cortarse con un cuchillo.

Laura estaba llorando. Hiroki y Johnny salieron de la casa también, y se acercaron a ella. Intentaron consolarla. En vista de que todo se movía a cámara lenta, Dorjan se incorporó y miró a Odd. Tenía el miedo escrito en su rostro. Para Dorjan y los demás, era la primera vez que veían una expresión de horror real en la cara del rubio.

—¿Qué coño ha pasado aquí? —preguntó Arya, que no entendía lo ocurrido. Se situó en un lado del portal, desde donde veía a William apoyado en la escalera, a Dorjan y Odd en la pared, y a Yumi en medio. Sam se acercó a su marido.

—Ese… cerdo… ha besado a mi mujer… —gruñó William—. Y yo iba a partirle la cara…

—Me gustaría verte intentarlo —amenazó Yumi.

—Claro, le proteges… al fin y al cabo te lo has tirado —rió el escocés, para sorpresa general—. Pero al fin y al cabo… da igual… no le vais a poder proteger siempre…

—William, no me ha besado… —sollozó Laura—. Le he besado yo…

Ulrich entró en ese momento por la puerta del garaje. Y un escalofrío recorrió su espalda al escuchar de pronto un rugido inhumano, cargado de rabia y cólera. El grito de William. Luego, sólo silencio.

Todo el grupo se fue situando por el portal. Laura estaba en el suelo, flanqueada por Hiroki y Johnny. En el escalón, William miraba a todos con una mezcla de desconfianza y enfado (y cuando llegaba a Odd, odio), vigilado por Ulrich y Carlos, apostados a su espalda. Yumi seguía vigilando que nadie se abalanzara a por el otro. Dorjan había abrazado a Odd, que había recuperado un poco del color del rostro. Sam se había acercado también al rubio, preocupada por él.

Jeremy y Aelita lanzaron una mirada nerviosa a Sissi y Javier. Este se acercó un momento para susurrarles "eso se ha arreglado". Milly y Tamiya no tenían muy buen aspecto después de lo ocurrido. Odiaban las peleas. Inconscientemente, Alicia y Emily les tomaron de las manos para intentar que se tranquilizasen. Eva y Andrew estaban incómodos en medio de aquel barullo. Y Arya estalló, pues no entendía nada.

—A ver, aquí está pasando algo muy raro… Que esos dos se hayan besado… Es normal que haya molestado al marido, pero… Aquí hay algo más… No soy idiota.

—Fuimos amigos… hace muchos años —habló William. Parecía que se lo estaba contando a las baldosas del suelo—. Todo iba bien hasta que al iluminado ese —señaló a Odd. Dorjan le lanzó una mirada asesina— se le ocurrió la "brillante" idea de que hiciéramos un pacto… un acuerdo que nos permitiese acostarnos a todos con todos.

Rió cansinamente. Una risa falsa, de aquellas de cosas que recordabas con cierta gracia pero en el fondo te daba ardores. Arya parpadeó mucho, y miró al resto de los presentes, pero nadie afirmó ni desmintió los hechos. William continuó hablando.

—Parecía que todo era perfecto… Hubo problemas, claro. Un conato de embarazo, celos, parejas rotas, incluir a esos críos… Claro que también hubo algunas cosas buenas… conocí a Laura un poco mejor, empezamos a salir, nos casamos… y bastante experimentación.

A nadie se le escapó un deje de amargura en el tono de voz del chico. Y evidentemente, no había terminado de hablar.

—Pero aquello se nos fue de las manos… Era insano… Sexo sin discriminación. Y nos parecía bien… Yo sabía que eso no era bueno, pero intenté ignorarlo… hasta aquella noche en que me desperté… y oí a Laura gimiendo en sueños… el nombre de Odd.

Un murmullo de asombro recorrió el vestíbulo. Aquellas declaraciones eran increíbles. Laura sollozó de nuevo. Se sentía fatal por lo ocurrido.

—Y entonces lo vi claro… Tenía que dinamitar el grupo.


¡Hola personas! Voy a estar una semana de viaje, así que hasta que vuelva no empezaré a escribir, de forma que he publicado para que tengáis algo para entreteneros.

Y lo hago aclarando (por fin) un poco más lo que pasó hacía tantos años. Y el motivo de la aversión de William hacia Odd. Y quitando un poco de cliffhanger (porque William aún no ha contado todo). ¿Soy o no soy generoso?

Usuario865: ¿Y cuando he cerrado capítulos sin dejar la tensión? xD Sí, siempre pensé que alguien reconocería a los niños por algún detalle... Peligros de internet. ¿Crees que se normalizará todo, a pesar de esas dos escenas, con esto que estoy contando? xD Y Laura, simplemente, echaba de menos algo... Y ya lo explicaré ;) ¿Dejas de odiarme? ¡Saludos!

Alejito480: Es algo que puede ocurrir: alguien te puede reconocer por internet incluso sin mostrar la cara. Los rasgos distintivos y eso. Y estaría gracioso que de pronto apareciese Davy Jones... Pero no tendría sentido XD Me alegro que te gustara ^^

Moon-9215: Me alegro que te gustara ^^ Como ves, he tardado poco en "updatear".

Pues espero que el capítulo os haya gustado. Ya nos leeremos a mi regreso. Habrá capítulos en diciembre, garantizado. ¡Saludos!