Capitulo 10

Descubrimientos

Albert estaba tratando de descubrir que era lo que le preocupaba a su pequeña: debía encontrar la respuesta a su interrogante… ¿Por qué si ella sentía lo mismo que él, no se entregaba a ese sentimiento y huía?

Por su parte, Candy se pasó casi todo el fin de semana evitando cruzarse con el motivo de sus tentaciones… no estaba segura de cuanto tiempo podría estar cerca de él sin querer abrazarlo y perderse en esos cálidos besos; solamente Nany sabía lo que su niña sufría por esta situación, pero no era capaz de decirle a su hijo la verdad. Ella quería la felicidad de ambos y buscaría la manera de lograrlo, no estaba segura de cómo… pero algo se le ocurriría.

Faltando dos días para el cumpleaños de Candy, sus amigos y la señora Pony preparaban una fiesta sorpresa; lo único que no calcularon es que la sorpresa sería por partida doble, ya que los padres de Candy habían decidido darle a su hija una sorpresa, viajando a Chicago ese día.

Y al fin el gran día llegó; todos habían preparado sus regalos… cada uno fue llegando a la casa sin ser visto por Candy, ya que su Nany la había llevado al centro comercial, con el pretexto de buscar unos zapatos que necesitaba urgente. Como Candy era muy atolondrada, se había olvidado de la fecha de su cumpleaños, así que no sospechó de su Nany en ningún momento; mientras en la casa, Annie y Patty comenzaron a organizar las cosas para la fiesta.

La decoración que habían realizado en el jardín cerca de la pileta, era sencillamente espectacular, Stear y Archie junto con Albert habían colgado farolitos alrededor de la piscina dándole un aspecto de jardín japonés.

La mesa estaba realmente vistosa y encima se encontraban las más ricas botanas que consiguieron, también bebidas y el enorme pastel que había hecho Nany para su niña.

Solo faltaban unas horas para que regresaran del centro comercial la festejada con su nana… los nervios se empezaron a sentir; la sorpresa iba a ser en grande. Candy no estaba enterada de nada y sus amigas habían pretextado que no irían a su casa a estudiar, porque debían viajar con sus familias.

- Bueno chicos, todo ha quedado de maravillas, no les parece?- preguntaba Annie.

- Yo creo que si, me muero de ganas por ver la cara que pondrá la despistada de Candy cuando vea esto- agregó Patty.

- Por lo visto, nuestra querida amiga es muy despistada, verdad?- acotó Stear

- Ya lo creo, de otra manera hubiese estado preocupada toda la semana pensando en su fiesta- agregó Archie

- Si, pero ni se enteró de porque nadie estuvo con ella los últimos días…jaja, se la pasó de un lugar a otro toda la semana- terminó Albert.

- Bueno, ya basta de hablar de ella, que no está para defenderse- dijo Patty

- No la estamos atacando ni ofendiendo Patty, solo comentamos que es la reina del despiste, jeje- reía Annie

- Lo se, pobre amiga, pero aun así… es todo corazón, se merece esto y mucho más.

- Eso nadie lo niega amor- aclaraba Stear- pero creo que esto le agradara mucho, ya verás

- Por supuesto que si, ella es bien sencilla, lo más probable es que se ponga a llorar, jaja- reía Archie

- Si!- afirmaron todos.

Mientras Candy y la señora Pony se dirigían a la casa, una pareja llegaba al aeropuerto dispuesta a sorprender a su hija… lo que no sabían era que la sorpresa sería para todos.

- Creo que a Candy le gustará la sorpresa que le hemos preparado, no crees James?- decía la mamá de Candy

- Yo creo que si… a qué jovencita no le gusta viajar?- agregó su padre.

- Pues la verdad que este viaje a Francia le vendrá muy bien… a ver si de esa manera logra conseguir un buen esposo, alguien de nuestra clase social-

- Ya… deja de estar planeando la boda de nuestra hija, Elroy, ella sabrá cuando hacerlo-

- Si por ti fuera, cualquier sujeto sería buen candidato-

- Claro que si, si de verdad ama a mi hija, siempre será buen candidato.

- Obviamente nunca nos pondremos de acuerdo en esto… pero confío en Candy… será lo suficientemente sensata para saber elegir.

- Dejemos esta conversación hasta aquí, no pienso arruinar el cumpleaños de mi hija por tu necedad.

- Está bien, solo por ahora lo dejaré así, pero ese viaje ya tiene programados varios candidatos.

- Eres imposible!, ya no molestes y te prohíbo mencionarlo delante de nuestra hija, te queda claro?

- Está claro… solo por hoy.

Mientras tanto, Candy llegó a casa con su Nany y se dispuso a darse una relajante ducha, en lo que la señora Pony preparaba algo fresco.

Después de salir del baño, se puso un vestido vaporoso y corto que para ella era muy cómodo; se calzó sus zapatillas de tacón bajo, que eran bien frescas y recogió su cabello en una linda coleta que dejaba escapar algunos rizos.

Al bajar, notó que la puerta del jardín estaba cerrada y de su Nana ni señales… así que abrió para dirigirse a la piscina a esperar su refresco, cuando los gritos y los abrazos la paralizaron por unos segundos.

Cuando logró recuperarse del susto, grandes lágrimas inundaron sus ojos…era la primera vez en años que lloraba de felicidad. La primera en saludarla fue Nany, quien también estaba emocionada por ver la carita de su niña… permanecieron un rato abrazadas, luego fue el turno de Annie.

- Felicidades amiga, espero que todo sea como tu esperas, de corazón te lo digo-

- Yo también lo espero, gracias Annie.

- No quería emocionarme para no llorar, pero no pude resistir,… felicidades amiga- la abrazaba Patty

- Hay Patty, todo esto es tan emotivo que es difícil no soltar algunas lágrimas-

- Lo sé Candy, espero que seas feliz este día, es mi mayor deseo para ti.

- Gracias- decía mientras se abrazaban

- Oye gatita, ya suelta a tu amiga que nosotros también estamos esperando un abrazo-acotaba Archie

- Oh, Archie que malo eres, no te preocupes que tengo suficientes abrazos para todos –

- Que bien que lo mencionas, porque por aquí también hay más mortales esperando un beso- reclamó Stear

- Jaja, que cosas dices Stear, ven aquí, te daré un abrazo de oso para que no te sientas mal-reía

- Me parece princesa que solamente falto yo- con toda calma Albert se había acercado a ella esperando poder abrazarla… la había observado todo el tiempo y se grabó cada gesto de su hermoso rostro; las cantidad de emociones que pasaron por la chica transformaban sus facciones en algo que a él se le hacia sublime- y como los últimos serán los primeros, estoy esperando mi gran abrazo y enorme beso- decía sugestivo

- Claro… pero la que cumpleaños soy yo, así que lo justo sería que tú me saludaras a mi… no yo a ti, no te parece?- los colores habían cubierto el rostro de Candy mientras hablaba.

- Pues a mi me parece justo…- Albert se acercó más, la tomó por la cintura y la estrechó… podía sentir como sus senos hacían presión en su pecho y eso lo estaba desconcentrando; lentamente acortó la distancia entre su boca y la de ella, se miraron intensamente anticipando el momento y en un lento movimiento, él cubrió sus labios en un cálido beso que despertó los sentidos de ambos… fue tierno e intenso y para ellos duró una eternidad, y así como comenzó, llegó a su final.

Cuando se recuperaron de la emoción de ese beso, los aplausos de sus amigos los hicieron reaccionar. Ella, avergonzada, no sabía como reaccionar… El en cambio, la abrazó intensamente para infundirle esa paz que solo él le podía dar. Luego se dispusieron a entregar los regalos, mientras las chicas servían las bebidas y se tomaban fotos para recodar este día tan particular.

Cada uno alababa su propio regalo; se hacían propaganda y todo. Candy se dispuso a abrirlos, comenzando por el de Annie… era un hermoso libro de los que a ella le gustaban: leyendas y mitos, su favorito… Patty le obsequió una agenda electrónica, para que no olvidara las cosas importantes… Archie y Stear le obsequiaron una estadía en unas hermosas cabañas en las montañas, a las que podría ir cuando ella así lo dispusiera,… su Nany le obsequió un vestido precioso que había elegido para una ocasión especial.

Por último, abrió el regalo de Albert: éste le entregó una cajita de terciopelo negra; cuando Candy la abrió se quedó sin palabras: era una preciosa gargantilla de oro blanco con un dije en forma de rosa que tenía en su centro una piedra de jade.

-Esa piedra me recuerda tus ojos pequeña, por eso pedí que la pusieran allí.- cálidamente le refería él

-Gracias Albert, es lo más hermoso que he visto… pero no debiste molestarte- sus ojos se humedecían mientras miraba la preciosa joya.

-Eres mas linda cuando ríes, princesa, por favor no llores.

-No te preocupes, no es de tristeza, es de felicidad… tengo a los mejores amigos del mundo que se preocupan por mí, que más puedo pedir…

El ruido de un auto que llegaba a la casa lo hizo mirar hacia la puerta, y para el asombro de Candy y de Nany, aparecieron James y Elroy White.

Los chicos se preguntaban quienes eran los recién llegados hasta que Candy reaccionó.

Mamá!… Papá!-asombrada aún, no podía reaccionar

-Hija…-decía su padre mientas se acercaba a ella- estás hermosa mi amor, feliz cumpleaños.

-Candy, cierra la boca niña, somos nosotros- sin emoción alguna Elroy se acercó a su hija solo para regañarla; llevaba años sin verla y ni un abrazo le dio.

-Lo siento Madre, es que esta si que es una sorpresa, después de tanto tiempo… creí que solo enviarían algo como cada año.- el dolor en la voz de Candy logró afectar a todos, menos a Elroy.

-No seas sarcástica quieres?... tu padre es un hombre muy ocupado… y déjame recordarte que todo lo que tienes es por su sacrificio-

-Basta Elroy,- con lágrimas en los ojos, James White trataba de silenciar a su frívola esposa- no es el momento ni el lugar para hacer una escena, es el cumpleaños de Candy y tiene invitados.

- Está bien, aunque por lo que veo, aun no sabe seleccionar a sus amistades…

-Basta madre; eso si no lo voy a permitir- gritó Candy- no puedes llegar aquí después de no vernos por casi 10 años y decirme esas cosas… no lo permitiré.

-Mide tus palabras niña… no olvides quien manda aquí- los ojos de Elroy soltaban chispas

-Suficiente!, discúlpate Elroy ahora mismo con Candy y sus invitados… no te lo estoy pidiendo… te lo estoy ordenando- la voz autoritaria de James, había sobresaltado a la mamá de Candy e incluso a Nany, quien jamás lo había visto tan enojado- no vinimos hasta aquí a arruinar el cumpleaños de mi hija, así que discúlpate y regresaremos después.

Elroy no sabía como reaccionar; su esposo jamás la había reprendido y estaba sorprendida- disculpen por la interrupción-dijo finalmente- nos retiraremos a descansar.

-Lo siento hija-decía apenado- no era mi intención arruinar tu fiesta- dirigiéndose a todos les dijo- por favor, continúen la reunión y espero que puedan retomar la alegría que había antes de nuestra llegada… Nany, podía hablar contigo, por favor?

-Si señor, enseguida estoy con usted-

-Gracias- besó a su hija con ternura y se retiró

Por un momento, todos quedaron en silencio, pero Albert logró hacer que todos de relajaran y olvidaran el mal rato que la madre de Candy había provocado… tomó a su princesa de la cintura y la abrazó delicadamente, besó su frente y comenzó a bailar con ella… los demás se contagiaron de ellos y de a poco la calma volvió a reinar.

Stear y Archie hacían bromas y contaban chistes tan tontos, que terminaron por romper el feo clima que reinaba en la reunión.

Candy disfrutó el resto de la fiesta con sus amigos; gracias a ese hombre que para ella era especial; no sabía porque, pero Albert tenía el poder de cambiar una tormenta y transformarla en un bello sol. Cada vez se enamoraba más de él y su corazón ya no podía callarlo… sus ojos se encontraban a cada instante, sus miradas decían más que mil palabras, y sus almas se habían encontrado en conexión desde el primer momento que se vieron.

En otra parte de la casa, la señora Pony se reunía con el señor James y la señora Elroy: las noticias y novedades ponían en alerta a Nany; algo había detrás de aquella sorpresa y la respuesta llegó más pronto de lo que esperaba.

Pensaban alejar a su niña por un año de Chicago: llevarla a Paris para presentarla en al sociedad francesa y asegurarle su futuro; por lo menos así lo veía la señora Elroy.

El padre de Candy quería saber que opinaba la señora Pony sobre lo que habían decidido; aunque para Elroy eso no era necesario, pero James tenía sus dudas. No quería alterar la vida de su hija por tontas imposiciones sociales; quería que ella pudiera ser libre de elegir su futuro y no haría nada para alterar la vida de su tesoro.