Round 9:

Chang


- De acuerdo -dijo Lei cuando llegaron otra vez al aeropuerto-. ¿Y a donde vamos ahora?

- ¿No habíamos quedado ya con que íbamos a ir a Hawaii? -dijo Hwoarang.

- ¿Cuando hemos dicho eso? -dijo Ling.

- Antes -respondió el coreano-. Lo dije yo.

- ¿Y solo porque tu lo dices...? -comenzó a decir Ling, pero conocía la respuesta de Hwoarang de antemano.

- Si no os importa, que sea un lugar donde poder descansar un poco -comenzó a decir Jin-, y curarse las heridas.

Esas palabras parecían haber encendido una luz en la cabeza de Lei Wulong, a juzgar por la forma en que miró a Jin. El japonés se le quedó mirando pensativo, intentando descubrir qué era lo que había dicho para que el policía reaccionase así.

- Creo que ya se donde vamos a ir -dijo el sonriente Lei-. No es que sea el mejor destino turístico, pero...

- ¿Bahamas? -dijo Hwoarang-. ¿Cancún? ¿La Costa Azul?

- No -dijo Lei, entornando los ojos-. Estados Unidos.

- ¿Las Vegas? -probó fortuna Hwoarang-. ¿California?

- No -dijo el policía, entornando aún más los ojos, hasta que el coreano dejó de hablar-. Salt Lake City.

- Llegas bastante tarde para la temporada de ski -dijo Eddy.

- ¿Ski? ¿Nieve? ¿Queréis ir a un lugar frío? -dijo Hwoarang con aire incrédulo-. ¡Allí las chicas llevan más ropa!

- ¿Pero dónde tienes tu la cabeza? -dijo Ling.

- La cabeza, aquí -dijo Hwoarang-. Lo que está viajando por otros sitios es otra cosa...

- Que grosero -acabó Ling.

- No, Hwoarang -dijo Lei-. Te sorprenderás con ese lugar. Ahora mismo puede que estén a temperaturas veraniegas.

- Pero si han sido sede de varias Olimpiadas de invierno...

- Temperaturas extremas -dijo Lei-. Ya lo verás.

- Tu mismo. Cuando pilles una pulmonía luego no vengas quejándote...

Tras una prolongada llamada telefónica de Lei, Eddy compró los billetes de embarque para el primer vuelo con rumbo a Salt Lake City. Había decidido que viajarían lo mas cómodo posible así que los billetes eran de primera clase.

- No se preocupe por el dinero, detective -decia Eddy a Lei cada vez que el policía comenzaba a sentirse mal por su amabilidad, que era cada vez que el brasileño sacaba la cartera. Le mostró un fajo de billetes, pues había pagado en metálico-. Tengo más de lo que puedo gastar en toda mi vida.

- ¡¿De veras?! -dijo Hwoarang con los ojos iluminados-. Pues ya podrías darme algo.

El viaje en primera clase fue de lo mas cómodo. La duración del trayecto casi no se notó, pues la mayoría del tiempo lo pasaron durmiendo.

- Oye, Wulong -dijo Hwoarang al policía que estaba despierto pero con los ojos cerrados-. ¿Por que Salt Lake Ciy? Supongo que tienes una razón de peso.

- Tengo amigos allí.

- ¿Como la tal Nina?

- Otro tipo de amigos.

- ¿De que la conoces? -preguntó Hwoarang.

- ¿A Nina? -Lei abrió un ojo y vio asentir al coreano-. Es una antigua historia en la que también entra tu maestro.

- Y por tu tono deduzco que no vas a contármelo. -Hwoarang suspiró, esta vez quien asintió fue el policía-. Si Baek está inmiscuido me gustaría conocerla.

- Cada cosa a su tiempo, Hwoarang -dijo Lei-. Ahora mismo no tengo ganas de hablar de ello. -Hwoarang gruñó y se cruzó de brazos pero no volvió a insistir en el tema.

- Tú y tus recuerdos del Jurásico... -le oyó murmurar mientras se giraba hacia la ventana.

* * *

El avión aterrizó a eso de las doce de la mañana en el aeropuerto de Salt Lake City. Tras coger el equipaje salieron fuera de la sección de llegadas. Mientras atravesaban las puertas que les conducían a la zona pública del aeropuerto, Lei comenzó a buscar con la vista a su alrededor.

- ¿Nos espera alguien? -dijo Jin al ver su gesto.

- Si -fue la simple respuesta de Lei.

Al cabo de un rato, Lei no encontró lo que buscaba y comenzaron a caminar en dirección a unos bancos que había cerca de la puerta.

- Parece que te han dado plantón -dijo Hwoarang, viendo que Lei no dejaba de buscar-. No me...

Hwoarang no llegó a acabar la frase, pues fue interrumpido por una voz femenina.

- ¡Lei!

Al girarse vieron a una chica de pelo castaño y ojos claros, que parecía ser de la edad de Jin y Hwoarang y apenas superaba el metro sesenta. Iba vestida de manera informal, con unos pantalones vaqueros ajustados de bajos anchos y un bonito chaleco de cuero con flecos.

- ¡Julia! -gritó Lei a su vez, al ver que se le acercaba corriendo. Se abrazaron y después de que Lei levantase en volandas a la chica la volvió a posar en tierra-. ¿Qué tal estás? ¿No ha venido tu madre?

- No pudo -dijo la muchacha con una sonrisa en la cara-. Dijiste que veníais cinco, no quedaba espacio en el coche.

- Bueno, luego podré ver a Michelle -dijo Lei, luego reparó que a sus espaldas se hallaban sus compañeros-. Permite que te presente. Chicos, ella es Julia Chang.

- Eduardo Gordo, a su servicio -dijo Eddy con una amable sonrisa.

- Mi nombre es Kazama Jin... es decir, Jin Kazama -dijo Jin, recordando en el último minuto que no estaba en Japón. Aún así, el muchacho saludó a la manera tradicional, inclinando el tronco hacia delante-. Es un placer, Julia-san.

- ¿Kazama...? -dijo Julia-. ¿De qué me suena eso?

- Jun -dijo solamente Lei. Jin dio un respingo.

- Cierto, ¿como se me habrá podido olvidar? -dijo Julia, acto seguido sonrió al japonés-. Tú debes ser el hijo de Jun Kazama, era una gran amiga de mi madre. Me hubiera gustado conocerla, lo siento. -Jin se limitó a asentir, no sabía que decir.

- Bueno, deja que te presente al resto -añadió Lei.

- Hola... -dijo Hwoarang, totalmente atontado. Únicamente reaccionó cuando Eddy le propinó un codazo. Tras el golpe, Hwoarang sacudió la cabeza, y acabó añadiendo-: Soy Hwoarang.

Jin se quedó mirando al coreano. ¿Sólo había dicho 'hola'? El verdadero Hwoarang debía haberse quedado en el avión y nadie se lo había comunicado...

- Demonios, debe estar un poco raro el chico este -dijo Lei-. Generalmente no para de hablar.

- ¡Cierra el pico, viejo! -espetó el coreano a Lei.

- Ya vuelve a ser el mismo -dijo Lei al ver la reacción. Julia sonrió otra vez.

- Ejem... -Xiaoyu llamó la atención y tendió la mano a la muchacha-. Hola Julia, yo soy Ling Xiaoyu.

- Encantada, Ling -dijo Julia estrechando la mano y observando que la muchacha china, como era común en los de su edad y procedencia, era aún mas bajita que ella.

- Bueno -dijo Lei-, vámonos a ver a tu madre antes de que estos comiencen a pelearse. -Una vez se pusieron en camino continuó- ¿Por cierto, como le va al chieftain?

Continuaron andando por el aeropuerto y antes de salir del edificio, Jin se fijó en Hwoarang.

- ¿Que te ocurre? -dijo Jin, mirando a su compañero.

- Nada -dijo mirando a Julia-. Tu ya tienes novia, Kazama. Asi que hazte a un lado...

- ¡Oh! ¡Con que eso es!

- Cierra el pico o te parto las piernas.

Caminaron por los pasillos del aeropuerto repletos de gente, hasta salir a los aparcamientos donde Julia tenía aparcado el coche. Era un amplio Range Rover verde de seis plazas. Tras dejar sus mochilas y la guitarra de Hwoarang en la parte de atrás todos montaron en el vehículo.

Circularon por las calles de Salt Lake City. Aquella mañana hacía calor incluso para esas altitudes. La ciudad estaba a la orilla del Gran Lago Salado, que adornaba el paisaje.

- ¿Que tal te va la universidad? -preguntó Lei. Ya había agotado las preguntas sobre la familia, el poblado de Julia y otras variadas.

- Muy bien -dijo Julia-, sobre todo teniendo a una madre que es arqueóloga.

- ¿Al final se decidió a impartir clases?

- Si, estuvo dos años dando clases en mi universidad. Un año antes de entrar yo lo dejó para escribir un libro.

- Me muero de ganas de volver a ver a Michelle -dijo Lei.

- Nos hizo mucha ilusión tu llamada, pero me temo que escogiste un mal momento -dijo Julia.

- ¿Que ocurría?

- Estábamos durmiendo. Llamaste a las cuatro de la mañana Lei. ¿Que te esperabas?

- Oh, es cierto. Lo siento.

Tras casi una hora de viaje, Julia se adentró con el Patrol por parajes mas silvestres. Apenas un camino de cabras. Cada metro que avanzaban estaban más cerca del lago, su frescura y aroma se comenzaba a sentir. En la zona hacía viento, que enviaba ráfagas de aire caliente. Al fin llegó a la reserva de la tribu, a la orilla del lago y a casi cuarenta kilómetros de la urbe. Era un lugar pacifico y bello. Los hogares era pequeñas cabañas hechas de madera de forma rústica.

Julia detuvo el coche antes de entrar en el poblado y todos se bajaron. Se dirigieron a una casa no lejos de la orilla. Antes de entrar, una mujer morena, vestida con un vestido indio les abrió la puerta. No era muy alta, y llevaba el cabello oscuro recogido en un par de trenzas. Acariciaba la cabeza de un enorme pastor alemán, que se mantuvo sentado a su lado hasta que divisó a Julia; fue entonces cuando el perro salió disparado en busca de la chica... y a saludar a todos los demás.

- ¡Lei Wulong! -dijo Michelle mientras tanto, al ver al policía.

- ¡Que me trague la tierra ahora mismo! ¡Michelle! -gritó este soltando la mochila a Hwoarang de repente. El coreano gimió al sentir el peso de la bolsa y soltó un ahogado "¿Que coño llevas dentro?"-. Parece que el tiempo no va contigo.

- Oh, cállate. A tí también se te ve muy joven -dijo observándole de arriba a abajo.

- Que bien miente -dijo en voz baja Hwoarang.

- ¿Eres siempre así de cruel? -dijo Eddy.

- Solo los días de diario.

- Bueno, preséntame a tus amigos -decía Michelle, observando a la cuadrilla que seguía a Lei.

- Chicos, esta es Michelle Chang, la madre de Julia -dijo sin soltarla, luego señaló uno por uno a sus compañeros-. Ellos son Eduardo Gordo, Ling Xiaoyu, Hwoarang y...

Antes de que Lei pudiese seguir, se produjo un cambio en la expresión de Michelle, mezcla de felicidad, melancolía y un atisbo de duda.

- Jin Kazama -dijo la mujer.

- Si, señora -dijo Jin, con su habitual reverencia-. A su servicio.

- Jun era mi mejor amiga, querido muchacho. -Jin volvió a quedarse cortado y sin saber que decir-. Este fue un hogar para ella, espero que tú también te encuentres cómodo.

- Yo... gracias -dijo el japonés, sintiéndose reconfortado por la cálida sonrisa de Michelle.

- Bien, tendréis hambre, ¿no es así? -dijo Michelle, acabadas las presentaciones.

- Lo cierto es que la comida del avión no sacia demasiado -contestó Lei, oliendo el aroma de la comida que Michelle había preparado-. Me gustaría comer bien, pero antes preferiría dejar las mochilas y cambiarme. ¿Sigue mi cabaña por aquí?

- La he limpiado esta mañana -dijo Michelle.

- Entonces volveremos ahora.

- De acuerdo, todavía no esta hecho.

* * *

El delicioso estofado de Michelle sentó fenomenal al grupo, que no había comido caliente desde hacía dos días. Michelle y Lei no dejaron de hablar de los buenos tiempos durante toda la comida. Antes de acabar, Jin aprovechó para preguntar.

- Disculpe, señora Chang -comenzó a decir el joven japonés.

- Oh cielos, Jin -dijo Michelle-. Estamos en familia, llámame Michelle. Y eso va por todos...

- Yo no podría, señora. Me enseñaron a no tutear a la gente respetable -dijo Hwoarang, como si tal cosa. Todos se quedaron mirándole, hasta que Lei rompió a reír-. ¿Qué pasa, Wulong? A ti te tuteo, ¿adivinas por qué?

- No quiero imaginarlo -dijo el policía.

- Mejor.

- Aún así, Hwoarang, me sentiría mejor si me tuteases -dijo Michelle con una sonrisa en los labios.

- Si me lo pide tan amablemente, no podré negarme -dijo el coreano con aquella media sonrisa suya. Luego tendió el plato hacia Michelle-. Y si añades otra ración de estofado, te juro que te trataré como si fueras mi madre.

- ¡Hwoarang! -empezó a regañarle Lei, porque Hwoarang tenía una forma muy propia de ser simpático. Sin embargo, cuando escuchó la risa franca de Michelle ante los comentarios del muchacho, se tranquilizó.

- No faltaba más -dijo la mujer, llenándole el plato. Luego volvió su atención hacia Jin, que seguía la conversación con una sonrisa bailándole en los labios-. Jin, ¿querías preguntar algo?

- Eh... Si, Michelle. -Le incomodaba el tuteo, como a Hwoarang le habían enseñado a ser respetuoso, solo que él tenía menos desparpajo que el coreano para olvidarse de los convencionalismos-. Me preguntaba por que... Es que, verás, he notado como si dudases al verme... No quiero ofender, pero...

- Soy yo quien debería disculparme -dijo Michelle, posando una amable mano en el brazo derecho de Jin-. Ha sido una grosería por mi parte.

- No, en ningún momento...

- Jin, primero quería preguntarte si conoces a tu padre.

- Kazuya Mishima -dijo Jin-. No se mucho de él. Y lo que se...

- Te pareces a él -dijo Michelle, ante la alarma en los ojos de Jin, la mujer se apresuró a añadir-: te pareces físicamente.

- Sois idénticos -intervino Lei. Michelle asintió.

- Sin embargo... cuando te miro veo mas a un Kazama que a un Mishima.

- ¿Qué ocurría con mi padre?

- Es un antiguo enemigo. No solo para nosotros -dijo Michelle señalando a Lei, pero Jin comprendió que esa mirada abarcaba a mas gente-. Para nuestro pueblo, el apellido Mishima solo nos ha traído sufrimiento.

- Comprendo -dijo Jin agachando la cabeza como si debiera avergonzarse de algo. Mas tarde volvió a levantarla-. Mi madre...

- Me parece que no te habló de su pasado.

- Solo me habló de ella, de vosotros no...

- Pues tanto Lei como yo conocimos a tu madre -dijo Michelle, y mirando a Lei añadió-: Algunos más que otros.

El policía agachó la cabeza hacia el plato de comida y esbozó una tímida sonrisa.

- Me gustaría... -Jin no pudo acabar la frase, pero no hizo falta.

- Me gustará hablar de ella, Jin -dijo Michelle. Jin asintió, agradecido-. Pero creo que antes deberías acabar el estofado, si no quieres que Hwoarang se lo coma todo...

- Eh, somos dos comiendo -se defendió el coreano, señalando a su regazo, donde descansaba la enorme cabeza del perro de las Chang. Todos se echaron a reír.

En un principio había parecido que con quien mejor se iba a llevar el perro era con Jin, pues el japonés parecía tener una habilidad natural con los animales. Sin embargo, como durante la cena el único que le pasaba trozos de estofado era el coreano, el perro no dudó en pegarse al pelirrojo durante toda la velada. En sus propias palabras, Hwoarang había comprado el cariño del chucho con comida que, según Jin, era una comida poco adecuada para un perro.

- Además, tengo que engordar -dijo después, acariciando el pelo del perro.

- Se supone que eso lo dicen las madres -bromeó Michelle.

- No he tenido madre hasta ahora -dijo Hwoarang, al parecer nada afectado por este hecho-. Tengo que acostumbrarme. Mamá cocina de muerte -añadió, mirando a Julia. Esta se echó a reír cuando vio la expresión entre divertida y orgullosa de su madre. Lei solo puso los ojos en blanco.

Volver