ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

oooooooooooooooooooooo

Capítulo 10: Escaramuza.

Abi rebotó con el movimiento del caballo, su pelo azul se balanceó arriba y abajo con cada trote como olas ondulantes. A cada lado de ella había un soldado de su tribu en sus monturas, sus expresiones eran serias en medio de la luz de la mañana avanzada. Sus ojos dorados se fijaron más adelante hacia el campamento de su ejército, siendo testigo de los preparativos diarios rutinarios y anteriores a la batalla mientras los hombres trabajaban a su alrededor. Las tiendas de campaña médicas estaban llenas de soldados que aún se estaban recuperando de su última batalla, los médicos y sus ayudantes se apresuraban en cumplir sus deberes.

Mientras que la guerra civil que había hecho mella en la moral y los ciudadanos habían sido atrapados en medio a menudo, esta guerra contra el Clan Chiguru y sus aliados no terminaba nunca. Muchos soldados habían perdido la vida y cojeaban por ello. Abi suspiró pesadamente antes de girarse para mirar más allá de las tiendas médicas.

Una chispa brillante en la distancia atrajo su atención más allá del campamento del ejército. Una caravana de carros y caballos se dirigía hacia el campamento, formada por soldados de la milicia de Heo. A la cabeza de la caravana estaba el mismo Lord, el sol se reflejaba en sus varias piezas de joyería.

Un bajo gemido retumbó en la parte posterior de la garganta de Abi. "Parece que Lord Heo ha llegado con nuestros nuevos suministros."

"Eso es bueno." Comentó uno de los soldados.

"Sí, es maravilloso." Le respondió ella, aunque su tono daba a entender lo contrario. No había esperado que él entregara los suministros en persona, sin embargo quizás debería haberlo hecho. Su cuidad estaba en peligro directo después de todo.

Cuando el grupo de exploradores regresó al campamento, los soldados ya estaban descargando los nuevos suministros. Abi desmontó con un movimiento suave y luego acarició a su caballo castaño un momento antes de que fuera llevado lejos por uno de los aprendices encargados del cuidado de los caballos.

"Lady Seiryuu." Heo se acercó, su paso era algo torpe como si no estuviera acostumbrado a la espada excesivamente adornada que llevaba en su cadera. "¿Solo teníais dos guardias?"

"Más que suficientes." Le respondió Abi a la vez que se giraba para encararle con una máscara de neutralidad. "Algo más destacaría demasiado."

"Ya veo…" Él jugueteó con uno de sus anillos de oro, meditando lo que debería decir.

"Por mucho que sea un… placer volver a verle, Lord Heo." Declaró Abi, perdiendo la paciencia. "Debo transmitir los movimientos del enemigo a mi Rey."

Ella pasó a su lado y se dirigió hacia la tienda de mando del Rey. Los pasos de él la siguieron rápidamente, provocando que Abi se encogiera. Desafortunadamente, él tenía todo el derecho de informar sobre los suministros así que simplemente no podía ordenarle que se marchara. Los guardias asintieron respetuosamente cuando se acercaron a la tienda. Abi empujó para abrir la tela y entró.

"Abi." La saludo el Rey Hiryuu a la vez que levantaba la vista del mapa que estaba extendido en la mesa. "… Y Lord Heo."

Los otros dragones también les miraron. Ouryuu frunció el ceño, sus ojos azules estaban ligeramente más oscuros de lo habitual como el cielo según se aproximaba la noche. Ryokuryuu resopló y murmuró algo inaudible entre dientes, tal vez algo parecido a "otro bastardo inútil", mientras que Hakuryuu se enderezó y miró al Lord con sus ojos azul verdosos como un frío invierno. Incluso el anciano general que pronto sería retirado dejó escapar un largo suspiro.

Heo movió los pies con torpeza y se aclaró la garganta. "Los suministros y las raciones están siendo descargados mientras hablamos. Eso debería ser suficiente para apoyar al ejército durante otras dos semanas."

"Eso es un alivio." Le respondió el Rey. "Gracias por reunirlos y enviárnoslos, Lord Heo."

"Si esta batalla va bien, entonces esos deberían ser todos los suministro que necesitamos." Añadió el general, su bigote se erizó en sus labios. "Lady Seiryuu, ¿qué ha descubierto?"

Todos los ojos se giraron hacia ella mientras Abi organizaba las lisas y redondeadas piedras sobre el mapa en la formación que había visto mientras exploraba. "Ellos tienen aproximadamente diez mil soldados de a pie y estaban utilizando las llanuras para desplazarse."

"Tratando de rodearnos, quizás." Comentó el Rey Hiryuu.

"Eso parece." Concordó el general.

Hakuryuu formó un puño con su garra. "Déjales. Me encargaré de un flanco."

"Eso es imprudente." Murmuró Ouryuu.

"No." El general movió más piedras como si tratara de interceptar las que Abi había colocado. "Dejémosles creer que nos están rodeando pero les contendremos aquí y aquí. Con los poderes de los dragones es posible."

Abi asintió. "Yo me encargaré del otro flanco."

"Lady Seiryuu… eso es…"

Ya fuera intencionadamente o no, Heo se inclinó más cerca de lo que a Abi la habría gustado con su brazo caso rozando el suyo. Abi estuvo muy tentada a darle el codazo más fuerte que pudiera. Sin embargo, antes de que cediera al impulso, los helados ojos azul verdosos de Hakuryuu se fijaron una vez más en el Lord. Heo se retiró rápidamente.

"Esa es mi especialidad, Lord Heo." Le dijo con un destello de sus colmillos y el dorado de sus ojos brillando como la luz del sol reflejada en el filo de una cuchilla.

Ryokuryuu resopló, lanzándole también una mirada de molestia a Heo, antes de moverse hacia delante y colocar otra piedra en el mapa. "Mientras que Hakuryuu y Seiryuu se encargan de los laterales, yo tomaré a mis hombre y enfrentaremos el frente."

El general asintió en señal de aprobación. "El Rey Hiryuu y Lord Heo deberían quedarse detrás de las líneas frontales como refuerzos."

Siendo más un hombre de negocios que un guerrero, Heo suspiró suavemente de alivio. Mientras tanto, Ouryuu frunció el ceño y sus ojos se nublaron como una bruma gris cubriendo el cielo azul cuando se dio cuenta de que le habían dejado fuera del plan.

"Mi Rey, yo-"

"Zeno, ve con Abi."

El ceño fruncido se incrementó en ambos rostros. Encontrándose brevemente con los ojos nublados de Ouryuu, Abi se preguntó si él se había dado cuenta de que el Rey Hiryuu estaba utilizando a cada uno de ellos como el escudo del otro. La naturaleza de su poder mantendría a Ouryuu fuera de la batalla; y, si lo peor sucedía y eran atacados después de que su contraefecto la golpeara…

Estaba claro pero a ella no la gustaba mucho. Aún así, era una orden directa de su Rey. Ningún dragón dijo nada contra ello.

ooooooooooooooooooooooooo

Sus ojos dorados brillaban iridiscentemente cuando Abi liberó su poder. Los soldados que cargaban y se encontraban con sus ojos se paralizaban, los más cercanos fueron completamente abrumados y se desmayaron en cuestión de segundos. Congelados como si estuvieran recubiertos de roca, los soldados solo pudieron gritar y llorar mientras eran testigos de la imagen de un monstruoso dragón azul arañando sus extremidades y órganos. Los ojos de dragón profundizaron más. Abi quería extender más el rango hacia los soldados que aún no habían cargado contra ellos. Su poder clamaba por escuchar más de esos gritos aterrorizados y ver el latido frenético de más corazones.

No.

Abi se armó de valor, haciendo retroceder la presión zumbante detrás de sus ojos. Ella ya había utilizado su poder en múltiples ocasiones con pequeños descansos entre medias. Sus músculos se tensaron y la dolieron por la fatiga como si hubiera estado combatiendo durante todo el día. Si sobrepasaba sus límites ahora, se desmallaría. Si se desmallaba, los soldados que estaban fuera de su rango arremeterían contra ella. Abi tenía que parar. Tenía que convertirse en una barrera que no pudiera ser traspasada durante el mayor tiempo posible. Esa era su misión.

Los soldados enemigos siguieron aumentando estúpidamente delante de ella, quizás pensando que en esta ocasión Seiryuu fallaría, solo para ser capturados por su poder. Abi no estaba segura de cuándo tiempo duro esto; perdida entre su concentración en la batalla y su sed de sangre, en tiempo parecía estirarse y detenerse. Finalmente Abi pudo sentir el contraefecto inminente hormigueando en su piel. Sus ojos devoraron a un último enemigo antes de que su cuerpo se sacudiera hacia delante y golpeara torpemente el suelo, el polvo y la suciedad se extendieron por el aire.

"¡Seiryuu!"

Ouryuu la alcanzó pocos segundos después. Él agarró a Abi con un resoplido, pasándose un brazo inerte sobre los hombros y levantándola lo mejor que podía antes de correr hacia la relativa seguridad. Los soldados de su Tribu se dividieron para dejar que los dos dragones se retiraran y luego llenaron rápidamente el hueco, con posturas defensivas mientras el ejército enemigo cargaba hacia ellos. Los sonidos de la lucha, gritos, gruñidos y el entrechocar de los metales, hicieron eco mientras Ouryuu se apresuraba en llevarla a un lugar seguro. Una vez estuvieron detrás de las líneas de la batalla, él dejó a Abi en el suelo cuidadosamente. Ella dejó escapar un profundo suspiro, maldiciendo silenciosamente a su parálisis.

"Seiryuu, siempre eres tan dura contigo misma." Comentó Ouryuu.

"No eres quien para hablar de ello, Ouryuu."

Él frunció el ceño y apretó los puños fuertemente, sus ojos bajaron y se nublaron. "Llevarte a un lugar seguro después de que tu poder se vuelva en tu contra es la única cosa que el Rey me va a dejar ya hacer…"

"Sigues siendo un tonto."

Los parpados de Abi se cerraron como si estuviera descansando. Sin embargo, en realidad sus ojos de dragón estaban sobrevolando el campo de batalla. Ella podría ser incapaz de moverse pero aún podía hacer algo útil siguiendo el curso de la batalla. El Rey Hiryuu estaba justo detrás de las líneas frontales, su pelo carmesí ardía mientras gritaba órdenes al ejército. Con los golpes de su enorme garra, Hakuryuu estaba en medio de una pelea que mantenía los soldados enemigos centrados en él en vez de en su Rey. Mientras tanto, Ryokuryuu estaba… Ryokuryuu estaba extrañamente ausente.

Abi abrió los ojos para tener una visión más clara y analizó cuidadosamente el campo de batalla, utilizando la luz verde en el fondo de su mente para guiarla. Pronto atisbó a Ryokuryuu en el otro extremo del campo de batalla. Estaba aislado de sus soldados de élite y rodeado de enemigos. Su brazo derecho colgaba torpemente a su lado, dejándole con una sola mano para utilizar la lanza. Su rostro estaba pálido por la pérdida de sangre, con su manga desgarrada manchada de marrón rojizo. Sus movimientos eran defensivos y al borde de la desesperación. Abi se preguntó brevemente por qué no había saltado lejos. Entonces vio que su pierna humana no estaba mucho mejor que su brazo. Estaba temblorosa y apenas era capaz de sostener su peso con su pierna normal, saltar no le haría bien. Si incluso era posible.

"Ryokuryuu está en problemas." Declaró Abi sin pensar.

Ouryuu volvió a mirar hacia ella. "¿Eh?"

"Está gravemente herido y rodeado." Le explicó Abi mientras la sorda pesadez de su parálisis comenzaba a desvanecerse. Con una mueca determinada, se incorporó hasta una posición sentada. "Ve a decírselo al Rey Hiryuu y a Hakuryuu."

"Está bien." Ouryuu se puso de pie rápidamente pero luego se detuvo. "¿Tú estás-"

"No hay tiempo." Habló ella entre dientes. "¡Ve!"

Ouryuu asintió una vez y luego salió corriendo. Llegaría hasta Hakuryuu rápidamente pero Hakuryuu, en medio de su propia pelea, no sería capaz de correr inmediatamente a ayudarle. Así que Abi se puso de pie, tambaleándose mientras se equilibraba. Cogió una espada corta enfundada que llevaba escondida entre los pliegues de su ropa. Aún no la había utilizado en batalla pero si cruzaba el campo de batalla ahora iba a necesitarla.

Con su visión superior para avisarla, Abi fue capaz de evitar los peores combates. Sin embargo, un enemigo la vio inevitablemente y cargó contra ella con la espada alzada. Abi paró el golpe y luego le respondió con un practicado movimiento fluido, apuñalando al soldado en el estómago. La sorpresa invadió su cara mientras la sangre se derramaba de su herida. Luego Abi se precipitó hacia delante sin molestarse en acabar con él.

Ryokuryuu seguía agitando su lanza para bloquear y esquivar los ataques, con sudor y suciedad manchando su rostro pálido y sangre goteando de sus heridas. Puso demasiado peso en su pierna herida y tropezó con un siseo de dolor. Un enemigo aprovechó la apertura para derribar al dragón caído. El sonido metálico resonó cuando una espada bloqueó a otra.

"Lo hice." Habló Abi con los dientes apretados y sacudiendo los brazos mientras luchaba contra la fuerza del soldado.

Sus ojos orquídeas se abrieron con sorpresa. Al mismo tiempo el soldado reconoció los ojos dorados de Abi por lo que saltó para retroceder rápidamente.

"¡Maldición, es Seiryuu! ¡No miréis sus ojos!"

Sus colmillos se mostraron a la vez que el anillo de enemigos que estaba a su alrededor se paralizaba en el sitio. "Demasiado tarde."

"Seiryuu… Si te desmallas no voy a ser capaz de… sacarte de aquí esta vez." La advirtió Ryokuryuu entre jadeos.

"Como si fuera a desmallarme aquí." Ella sabía que era una mentira pero la bravuconería llenó su voz mientras miraba a los soldados aturdidos e inmóviles. "Solo quédate detrás de mí y trata de no sangrar hasta morir."

El dorado brilló misteriosamente bajo el sol de la tarde mientras Abi volvía a liberar el poder de sus ojos. Ella se cernió sobre los soldados como un dragón azul temible. La garra de su poder rondó entre los hombres aterrorizados e indefensos y sus corazones martilleando. Sería tan simple y fácil extender sus dientes fantasmas y aplastarlos. ¿A quién debería devorar primero?

Abi se deshizo de esos pensamientos con un pequeño suspiro y se concentró más allá de la sed de sangre. Podía encargarse de la situación de dos maneras. Podía matarles lo más rápido posible y esperar que ella no se desmayara hasta que estuvieran todos muertos. O podría tratar de prolongarlo, manteniéndoles paralizados y esperar no desmayarse hasta que Hakuryuu llegara como refuerzo. Ambas opciones eran una apuesta.

Decisión hecha, Abi permitió que sus ojos de dragón hicieran lo que anhelaban. Su poder atravesó el corazón palpitante del primer soldado. Luego otro y otro y otro mientras sus gritos y sollozos resonaban en el aire caliente y pútrido. Una parte primaria de ella se alegró sádicamente por cada corazón aplastado, por cada vida extinguida. Los seres humanos realmente eran criaturas muy frágiles. Se rompían ante el más ligero de los toques.

"¡No! ¡N-no!" Suplicó un hombre patéticamente con lágrimas manchando su cara.

Abi agarró el corazón del soldado suplicante con su garra fantasma y lo arrancó. Sus ojos se volvieron vidriosos, sin vida, a la vez que se caía al suelo. Repentinamente Abi sintió el latido de la parálisis inminente. La tensión nerviosa latía en sus venas; la luz blanca de Hakuryuu aún estaba demasiado lejos como para intervenir a tiempo. Con una respiración silbante, el dragón azotó su poder desesperadamente hacia todos los enemigos restantes a la vez. Uno por uno, cayeron sin vida en el suelo.

Entonces el contraefecto la golpeó como el chasquido de una cuerda. El sonido se apagó como si su cabeza estuviera debajo del agua y su cuerpo comenzó a caer. El brazo de Ryokuryuu rodeó su cintura, atrapándola antes de que cayera al suelo. Sus ojos orquídeas se entrecerraron hacia los dos soldados que habían escapado de la masacre.

"Maldita sea." Ryokuryuu jadeó, expresando también el pensamiento a medio formar de Abi.

Los soldados se miraron el uno al otro, la realización de que estaban en posición de eliminar a dos de los infames Guerreros Dragones cruzó sus rostros. Ryokuryuu cambió su agarre sobre Abi para poder agarrar mejor su lanza, con los dientes afilados al descubierto en una mueca de dolor y desesperación.

Mientras colgaba inútil y sin poder, Abi maldijo el contraefecto de su poder y su incapacidad de terminar lo que había empezado. Los bordes de su visión se volvieron grises cuando los soldados cargaron contra ellos, gritaron determinados hacia la batalla pareciendo un rumor distante en sus oídos llenos de algodón. Ella se aferró desesperadamente a la conciencia como un marinero ahogándose agarrándose al hilo de la vida.

"¡Abi! ¡Shuten!"

Un destello rojo se arremolinó en la brisa como un bosque en llamas. Otro destello rojo salpicó el suelo. Luego todo se volvió negro.

oooooooooooooooooooooooo

Su conciencia volvió y se fue como si estuviera perdida en una espesa niebla gris. Voces familiares flotaban a su alrededor, sus palabras no tenían sentido en su estado actual pero sus tonos eran reconfortantes. Las voces iban y venían al igual que la visión de mechones de colores – la mayoría colores cálidos como el rojo y el amarillo – en la neblina de su mente. Entonces, finalmente, la niebla gris comenzó a clarear.

Desafortunadamente, la primera voz que Abi reconoció en su nuevo estaba casi lúcido no era una que le importara oír.

"¿Lady Seiryuu aún está inconsciente? ¿El médico la ha examinado?"

"Lady Seiryuu ha utilizado su poder casi una docena de veces durante la batalla y se ha agotado a sí misma." Le respondió la voz de su teniente como si se estuviera repitiendo. "No hay nada que un médico pueda hacer por ello. Todo lo que ella necesita es descansar. Descansar tranquilamente."

"Claro, por supuesto." Le respondió Heo antes de que sus pisadas se alejaran.

Unos pocos minutos después, Abi abrió sus ojos todavía pesados y automáticamente miró a través del techo de tela. El cielo era de un color púrpura oscuro iluminado con una miríada de estrellas brillantes. Así que entonces, se percató, habían pasado al menos unas pocas horas desde que se desmayó. Con un gemido, Abi se movió y apartó las mantas que estaban molestamente apretadas a su alrededor. Una vez libre de las mantas, se sentó lentamente. Sus ojos se enfocaron una vez más para traspasar la tela hacia el campamento del ejército; y, Abi atisbó rápidamente el carmesí del pelo de su Rey. Él estaba entre los soldados heridos, ayudando donde podía y dando palabras de consuelo. Sus compañeros dragones no estaban en el campamento, pero Abi podía sentirles cerca.

Deslizándose fuera de su catre, Abi fue hacia su lavabo para limpiarse la cara. Entonces se quitó sus ropas sucias y se puso un traje limpio, inmediatamente se sintió mucho mejor. Una vez que las botas estuvieron en sus pies, Abi dejó la tienda, la brisa fría de la noche acarició su piel. El teniente Sun-Go estaba cerca sentado en una mesa improvisada hecha con una caja con uno de los capitanes. Sus platos de la cena vacios estaban a un lado. Obviamente no estaban vigilando pero nadie sería capaz de acercarse a su tienda sin que ellos lo notaran.

"Lady Seiryuu." La saludó él.

"Estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer que… tranquilizar a Lord Heo."

Tanto el teniente como el capitán se rieron antes de que Sun-Gi la respondiera. "Era nosotros o Lord Hakuryuu, y pensamos que era mejor que Lord Heo viviera. Pero sí, ahora que está despierta, hay otras cosas que necesitan mi atención."

Sun-Go se puso de pie y la dirigió un rápida reverencia antes irse hacia el hervidero de actividad; el capitán le siguió, llevándose los platos. Abi se acercó a la gran tienda de campaña que estaba unas pocas docenas de pasos más adelante, donde palpitaban las luces de sus compañeros dragones.

"¡¿Qué demonios, Ouryuu?!"

Abi empujó la tela a un lado para ver a Ryokuryuu recostado en su catre, con su rostro pálido por la pérdida de sangre y por los leves hematomas. Su torso desnudo estaba cubierto de vendas, mientras que tanto su brazo como su pierna humana estaban entablilladas. También estaba medio enterrado por mantas que todavía estaban enrolladas, unas cuantas bolsas de suministros y una mesa pequeña de entre todas las cosas. Hakuryuu estaba sentado a un lado con una sonrisa divertida. A pesar de que no estaba tan mal como Ryokuryuu, las vendas le cubrían el hombro y el bíceps de su brazo humano. Mientras tanto, Ouryuu estaba sentado al otro lado con una sonrisa amplia e inocente que mostraba sus colmillos.

"Se supone que Ryokuryuu debe hacer reposo en la cama pero te sigues moviendo."

Sus cejas se crisparon. "¡¿Así que tiras mierda encima de mí, tú mocoso inútil?!"

"Podría agarrarte yo en su lugar." Hakuryuu alzó su mano de dragón para acentuar la amenaza. Sus escamas nacaradas brillaban bajo la luz de la linterna.

"Voy a pasar." Ryokuryuu resopló y frunció el ceño debajo del nido de objetos aleatorios.

"Oh." Dijo Abi inexpresivamente cuando los tres finalmente se dieron cuenta de su entrada. "Así que has sobrevivido."

"Podrías sonar más emocionada." Gruñó él, tratando de empujar la mesa lejos de su mano buena.

"Es un alivio ver que estás despierta, Seiryuu." El alivio brillo en los ojos de Hakuryuu mientras hablaba. "Has estado inconsciente desde ayer."

"Tanto tiempo…"

Los labios de Abi se fruncieron. Había pensado que solo habían pasado unas pocas horas desde la batalla. No más de un día.

Ouryuu saltó, su melena rebelde ondeó con el movimiento. "Probablemente Seiryuu esta sedienta y hambrienta, ¿cierto? Iré a conseguirnos algo de comida."

"¡Por lo menos quítame todas estas cosas primero!"

Ouryuu le dirigió otra brillante sonrisa antes de salir corriendo por la puerta. Ryokuryuu le gritó y le maldijo, mientras que Hakuryuu y Abi rompieron a reír.

oooooooooooooooooooooooooo

Tenues nubes de color blanco amarillento flotaban lentamente por el cielo brillante mientras el ejército hacía su camino a través de la cuidad hacia el castillo. La gente alzaba la mirada hacia el Rey Hiryuu y sus Guerreros Dragones que montaban en sus caballos con asombro y admiración. Unos pocos niños pequeños se lanzaron lejos de sus padres para acercarse. Hiryuu lo notó; el cansancio se desvaneció de su expresión mientras sonreía suavemente y les saludaba. Ouryuu también les saludó con su amplia sonrisa alegre. Los rostros de los niños se iluminaron a la vez que les devolvían el saludo. Abi intercambió una mirada cariñosa con Hakuryuu, mientras que Ryokuryuu murmuraba algo parecido a "idiotas", incluso aunque sus mejillas brillaban de un color rosa pálido.

Ellos continuaron ascendiendo la colina y pronto pasaron a través de las puertas del castillo, entrando al patio principal. Ouryuu bajó de su caballo con facilidad y le acarició en agradecimiento por su duro trabajo antes de dejar que otra mano tomara el relevo. Tanto el Rey Hiryuu como Hakuryuu, ambos ya desmontados, estaban ofreciéndole sus manos en señal de ayuda al herido Ryokuryuu, el cual tenía el ceño fruncido.

"Yo no necesito ayuda-"

El Rey Hiryuu miró a Hakuryuu y dio un paso a un lado. La garra de Hakuryuu se agrandó y agarró y sacó a Ryokuryuu de su caballo.

"¡Maldita sea, Hakuryuu! ¡Rey estúpido! ¡He dicho que estoy bien!" Gritó quejándose, sus brazos y piernas se agitaron torpemente.

Hakuryuu dejó cuidadosamente al aún cabreado dragón de pie en el suelo. Abi sonrió al verlo a la vez que desmontaba de su caballo. Estaba a punto de hacer un comentario cuando un criado vino corriendo en una carrera apresurada.

"¡Lady Seiryuu! Hay un mensajero del Clan Yoo que solicita hablar con usted inmediatamente."