- ¡Fernando! ¡Fernando!

Antonio golpeaba insistentemente la puerta de su habitación, que estaba bien asegurada y no se abriría en un buen rato. Continuó llamándole, ahora con voces desesperadas, pero fue inútil.

A sus espaldas, el inglés le miraba, con un mal sentir por dentro. Se acercó a él a penas un par de pasos, dejando un significante espacio, sin mirarle de frente. Frunció el ceño, pero ya no tenía caso seguirse molestando. Ahora debía de idealizar como pedirle disculpas al otro.

- No abrirá… -le dijo - Al menos no ahora…

- Kh… -apretó los dientes y los puños, pegando la frente a la puerta, tan necesitado de verlo- ¡Fernando… Lo siento! ¡Lo siento!

El español dio media vuelta para irse a su habitación, empujando por el hombro a Arthur, quien no dijo nada. Trató de meditar un poco lo ocurrido, pero el impulso de acercarse a la puerta e intentar hablar con él fue mayor, que desistió ante él.

- F-Fernando… -le llamó con tono bajo, pegando su cuerpo a la puerta- F-Fernando…

- Vete, Arthur… Hic…

Le escuchó llorando nuevamente, al mismo tiempo en que oía cosas caerse dentro. No quiso hacer nada más. También terminó dando la vuelta y optando por ir a tomar algo a la cocina, para el dolor de cabeza.

- Tal vez unos dulces… -musitó, negando con la cabeza

- Oh, Arthur… What's up?

Alfred subía las escaleras, cuando tropezó con el otro rubio, quien se había detenido a limpiarse una lágrima. Sorprendido, el americano lo tomó del rostro, besando su frente.

- Estará bien… Todo va a estar bien –le sonrió- Yo me haré cargo, pero, por favor, no llores, Arthur… -frunció el ceño, sin dejar de sonreirle

- ¡N-No estoy llorando! –alzó la voz, apenado- ¡S-Sino que simplemente… Yo…! –un nudo se le hizo en la garganta, mientras las demás lágrimas volvieron a fluir

- Arthur… -soltó unas risitas, al momento en que recibía un golpe de él- Okay, okay. Lo siento –y le abrazó, aspirando el aroma de su cuerpo- Arthur…

- ¿Qué quieres? –preguntó

- Esta noche estaré con Fernando, understood?

Le besó en los labios y lo dejó sin darle oportunidad de decirle siquiera algo. El inglés percibió cada paso que daba, cuan lejos se iba, como le dejaba.

- Have sweet dreams, Arthur. I'll see you tomorrow, 'kay? –dijo por ultimo, antes de partir

- Sweet dreams to you too…

Ambos siguieron su camino, pero a Arthur le quedó bien claro que los otros dos iba a estar juntos. No solo esta noche, sino todo el tiempo que ambos dispusiesen en este mundo, quisieran o no. Soltó unas últimas lágrimas, antes de irse.

Alfred caminó mientras se rascaba la cabeza, soltando un necesario suspiro desde lo más profundo. Frunció el ceño y sin pensarlo mucho, fue hasta la habitación del mexicano. Acercó delicadamente su puño a la madera para tocar un par de veces, como era debido.

- Ábreme… -dijo- Now.

Fernando abrió la puerta, dejando ver a penas uno de sus castaños y ahora irritados ojos. Al cerciorarse de que era Alfred, la abrió de lleno y se hizo a un lado, recargándose en la puerta, para que pasase.

Despedía un olor etílico, fácil de percibir. La ropa y el cabello desaliñado, sin contar los rastros de sangre en la comisura de los labios y en las mangas de la chamarra canadiense, que continuaba húmeda y ya le calaba los huesos. Unos pequeños moretones se dejaban ver en su ahora mancillada piel.

- Are you drunk? –preguntó, sin mucha sorpresa- Ven aquí, you moron…

- A… Alfred…

El mexicano se cubrió el rostro con un brazo, evitando que el aludido le mirara nuevamente. Fernando no sabía como sentirse, si triste, si molesto o más estúpido que ahora. Sentía un revoltijo dentro, que apenas podía calmarse si tomaba un poco, cosa que le pareció de lo más lastimero, pero aun así hizo.

- Entiende que no debes dejar que te hagan ese tipo de cosas a ti… -le dijo, como si de suyo se tratara- ¿Escuchaste?

Alfred tomó la botella de sus manos, dándole un buen trago al tequila, para después regresársela directamente a los labios, logrando que casi se ahogara en el instante mismo. No le dijo nada, solo lo tomó de la mano y lo condujo hasta su cama, sentándose en el suelo, frente a ella.

- Alfred… Hic… -recargó su cabeza en su pecho- Antonio… Le doy asco…

- No pienses en Antonio…

- Creo que… tú también te… hic… Deberías de ir… -gimoteó, limpiándose las lágrimas de la cara- No sería nada bueno si… Nos ven… Juntos…

- En este momento estás conmigo, ¿recuerdas? –se quitó los lentes, dejándolos a un lado, para después sujetar con firmeza su barbilla- Just forget it…

Depositó un beso en sus ahora rojas mejillas, bajando con la punta de la lengua por todo su cuello, para después morderlo con suavidad. Fernando soltó un gemido, sujetando al americano por los hombros, para quedar frente a frente.

- Alfred… Hic… Ahorita no… -gimoteó- Ahorita… No…

Le miró directamente, con el profundo azul de sus ojos. No le escuchó en lo absoluto. Le sujetó de las muñecas, empujándolo con cuidado, para que su espalda quedase sobre la cama, pero la mala posición de la cadera le obligaba a abrir las piernas y dejarlo a expensas de él.

- Deberíamos…

El francés abrió la puerta de la entrada, haciéndose a un lado para que el canadiense pasase. Sacudió un poco la sombrilla y luego la dejó a un lado de la entrada, junto con su saco. El oso polar se acercó tan pronto como los escuchó llegar, así que fue hasta los pies de su cuidador, para que lo alzase.

- V-Voy a ver a Alfred…

- OK, yo voy con Antonio, mon petit

Los dos subieron juntos las escaleras y de ahí se separaron. Mathew abrió la puerta de la habitación de quien buscaba, pero cual fue su sorpresa de no ver a nadie, a excepción de la cama desecha. Soltó un suspiro y luego regresó con el francés, quien ya se sobaba las sienes, por ver tan lastimera escena con su amigo español.

- ¡ARGH! –gritaba con fuerzas Antonio, desquitándose con su almohada mientras la mordía tan duro que casi la rompía

- Eres un estúpido –le cantó Gilbert, escondiéndose detrás de Francis

- Oh, mon ami, y uno muy grande –exclamó, negando con la cabeza- Y, dime, ¿en qué demonios estabas pensando, uh? –le preguntó ahora, acercándose a un lado de él-

-…

- Bueno, el punto ahora es… ¿Cómo piensas remediar todo esto? –habló molesto

- … -Antonio volvió a quedarse callado- No tengo… idea…

- Alfred… ¡Ahhh~!

Fernando soltó la botella y le enterró las uñas al estadounidense, rasguñándole la espalda. El norteamericano no dijo nada ante esto, muy al contrario, llevó encima todo su peso, sacándole un grito al mexicano, quien se aferró a las sábanas, por sentirlo tan dentro esta vez.

Se miraron de frente, el uno al otro, clavándose los ojos que se habían visto crecer. Soltó un jadeo que chocó contra el cuello del rubio, cosa que le excitó de más.

- Do you feel… better? –le cuestionó, buscando la pierna del otro para llevarla hasta su hombro-

- No me… Preguntes… ¡Aaah! –le dijo, barriendo las palabras por tanto placer y sustancia etílica dentro de él- Soy un… Idiota…

-…

- ¡¿Por qué no… Te fuiste cuando… Te dije…? Kh… ¡Ah…!

Fernando se abrazó al rubio con fuerza, llorando con todas las ganas que tenía. Este le recibió de buena manera, incluso dejaba que su llanto se ahogara en su pecho o en sus labios, amortiguando su dolor, para que nadie lo escuchara.

Se sentía triste y, peor aún, como el idiota más grande del mundo. Dentro de sus pensamientos la cara de España le daba vueltas, pero eso mismo le causaba más miedo por dentro, y esto lo llevaba a no soltarse del rubio americano, que ahora lo penetraba con tanta necesidad. No dejaba de llorar, aun después de venirse primero y sentir sucio su interior, las lágrimas no dejaron de salirse de sus castaños ojos.

- Alfred…

- What's up? –preguntó, haciéndose a un lado el cabello de la cara

- ¿Te puedes quedar conmigo… Esta noche?

Los rayos del sol se colaban por la ventana, cubriendo calidamente al cuerpo que placidamente yacía sobre la suave cama. Una mano salió de entre las cobijas, para quitarse la tela de la cara y comenzar el día.

- Nngh… -se quejó, asegurando que era lo suficientemente tarde-

Su mano se topo con el pecho de alguien… Uno muy fuerte y muy bien formado. Lo tocó un par de veces hasta que logró reaccionar, pegando el santo grito al cielo.

- Hi, darling~

- W-W-W-What the heck are you doing here?

Arthur se levantó de golpe, topándose con el rubio norteamericano, quien, sentado a un lado de él y vestido de traje oscuro, cargaba una charola con el desayuno listo. Por un momento hizo una mueca de asco al saber que la comida la traía Alfred, pero el olor que conquistó sus sentidos no era un simple aroma, sino la mezcla de varias especias que le hicieron tranquilizarse y olvidar su enojo.

- ¿Y-Y eso…? –preguntó, acercándose a él- E-Estoy seguro que no lo hiciste tú, eso es obvio.

- Yo sólo le traigo el desayuno a mi esposa –corazoncito al final del comentario- Anda, come antes de que lo haga yo –le dijo haciéndole un pucherito

El inglés se acercó al otro, tomando el tenedor. Tomó un poco de la comida y la llevó hasta su boca. Masticó con cuidado y luego la tragó, dejando el tenedor a un lado del plato. Se quedó en silencio y luego soltó un suspiro.

- Fernando está allá abajo haciendo un té de no sé que cosa… Vamos.

El inglés se colocó una bata y bajó al lado del norteamericano. Desde las escaleras podía percibir las especias mezcladas en el aire, y un ruido de trastes moverse de aquí a allá le hicieron deducir que el mexicano se encontraba en traje oscuro y delantal, cocinando para el desayuno.

- ¡Ah, Arthur! ¡Buenos días!

El aludido le miró de pies a cabeza, sonrojándose por tal presentable imagen bien vista en él. Cuando volteó el otro, se sorprendió y se sintió abrumado, por los parchecitos para la inflamación, que Fernando traía en la cara. Desvió la mirada y le dedicó una sonrisa vaga, a penas ayer en la noche lo había rechazado cuando le había intentado ayudar.

- ¡Anda, hijo! ¡Siéntate a desayunar! –le dijo, con una sonrisa inmensa- ¡Hay que apurarse para aprovechar el día!

- ¿Uh?

Alfred empujó al inglés hasta la silla, sacándola para que se sentase. Éste accedió, sintiéndose halagado, hasta que su mueca de disgusto, muy característica en él, volvió al ver a los otros dos juntos, sentados frente a él. Esos dos se veían muy bien juntos, peor aún, lo dejaban hecha una facha al lado suyo.

- ¿Por qué visten así? –preguntó el rubio inglés, pero la piel se le erizó cuando Fernando lo tomó de la mano y luego a Alfred- W-What…?

- Arthur, Alfredo y yo estuvimos pensando y… ¿Podrías apadrinarnos? Vamos a ir al registro civil ahora mismo…

- ¡NO! –gritó, histérico, pero luego calló ante la risa de ambos

El canadiense entró, también de traje y con Kumajiro en brazos. Saludó al inglés y luego volteó a ver a los otros dos, quienes se levantaran de la mesa. El moreno se quitó el delantal y lo dejó a un lado, arreglándose la corbata y sacudiéndose el saco. Se disculpó con el rubio por dejarlo comiendo solo, pero salió sin dejarle decir otra cosa más. Alfred le hizo una seña al canadiense para que acompañase al otro, así, pudo depositarle un beso en los labios a Arthur.

- Regresaremos en un rato, ¿OK?

- ¿A-A donde van…?

- El héroe y sus subordinados deben de arreglar unas cosas –le confesó, mientras le guiñaba el ojo y volvía a besarlo sin permiso- Te veo en la tarde.

Arthur vio partir a Alfred, quedándose con los chilaquiles únicamente. Se quedó pensando un poco y luego recordó que dentro de la agenda de la Unión se guardaba unos cuantos acuerdos con Norteamérica, pero la belga se haría cargo de todo como buena representante que era. Además, solo era cuestión de firmar, unas cuantas fotos frente a la prensa y ya.

- Oh, mon cher~ ¿Desayunando a medio día? –Francis hizo acto de presencia, soltando unas risitas

- ¡Cállate, infeliz! –alzó la voz, siguiendo con su desayuno

- Parece que el pequeño Mathew acaba de irse con sus amiguitos… Ojala no tarden mucho, quiero disfrutar a Fernando aún lo que resta del día tan siquiera…

- ¿Uh? –ese comentario llamó su atención

- Oh, si… –alzó una ceja, mientras se acercaba a la estufa a servirse un poco del té que el mexicano había preparado hace rato para quitarse la gripa- ¿Esto tiene ajo?

- ¿¡Que Fernando qué…?

- Ah… -soltó un suspiro- Desde la mañana que logré hablar con él… Dijo que quería regresarse hoy mismo a su casa…