Capi corto pero para que sepáis que estoy todavía escribiéndola sólo que no encuentro el tiempo y la inspiración para escribir.
Si os aburrís siempre podéis leer mis otras historias como "Otro Día Soleado" en: /1ML1Roc
Damon notaba el peso de Elena en sus brazos. Notaba el peso de lo que había hecho. Además, también notaba que estaba en peligro, pero como ya no sabía lo que era verdad y lo que no, decidió seguir caminando y encontrarse aquello que debía encontrar.
No sabía hacia dónde ir. Volvía a ser libre pero sentía que algo le amarraba el corazón y que debía acabar con ello. Pero de nuevo, no sabía nada. Y estaba seguro que Elena podría resolver todas sus dudas.
Elena. El simple susurro de su nombre en su cabeza ya hacía que deseara tirarla al suelo y patearla por todo lo que le había hecho. Pero, ¿qué le había hecho de verdad? Sólo sabía que… no sabía nada.
Abatido, se dejó caer al suelo y Elena quedó a su lado, todavía inconsciente. Cuando se despertara todo se aclararía.
Tras unas horas más de caminata, encontró una pequeña casa de cazador con un pequeño cobertizo al lado. Dejó a Elena en el diván y decidió encender un fuego por el simple hecho de notar algo en sus brazos y en su cara.
La nieve había empezado a caer una hora atrás y se preocupó de que sus huellas no llevaran a ésa cabaña corriendo en círculos varias veces. Justo cuando dejaba caer la cortina verde algo mohosa y el fuego crujía, Elena empezó a moverse. Damon decidió no colocarse a su lado demasiado deprisa y caminó hasta ella a paso lento. Decidió hablar por lo que parecía una eternidad.
— ¿Elena?
Elena abrió los ojos y encontró un ademán preocupado de un azul intenso enfocado hacia ella.
Se sorprendió. Luego se asustó. Su pulso se aceleró y Damon intento tranquilizarla.
— Elena, sé que no entiendes nad…
— Damon… Damon, apártate de mí. — tragó saliva y se irguió, pese a sus entumecidos músculos, en el diván— por favor. — le pidió.
Damon se sobresaltó que hablara tan directa. ¿No debería hacerse la víctima? ¿No era ella la causante de todo su dolor?
Damon retrocedió, titubeante.
— Elena, tienes que explicarme muchas cosas…— se tocó el pelo nervioso. Se preguntó porque no la trataba como a otro cualquiera para sacarle información. Como había hecho antes más de una vez. — ¿Por qué no puedo hacerte daño?
— ¿Llamas a alimentarte de mí, a secuestrarme y a lo que sea que hayas hecho "no hacerme daño? — su tonó histérico, algo impropio de Elena, sobresaltó a Damon.
Los ojos de Damon se volvieron oscuros y las venas se arreplegaron bajo sus ojos.
— ¡Por tu culpa me han torturado!
Elena soltó el aire de golpe indignada y dolida y se levantó como pudo.
— ¡¿Qué te han torturado por mi culpa?! ¡¿Te crees que yo sé qué ha pasado?! ¡Ya no sé ni quién soy! — se dejó caer y se tocó la frente, notando ahora que tenía un dolor de cabeza enorme y pensó que quizás ya lo tenía desde hacía meses sólo que se había acostumbrado a su dolor, muestra de que seguía viva.
Damon salió en un segundo de la habitación. No entendía nada.
Mi vida ha cambiado tanto en… el tiempo que sea que llevaba en aquella habitación que ya no sabía lo que era cierto y lo que no.
Damon, aquel que había sido mi compañero y mi fuente de alegrías (y tristezas) ahora se había transformado en un ser inseguro y, por lo tanto peligroso. Ya no sabía en quien confiar. Ya no podía confiar ni en mi misma. ¿Por qué debía ser mi sangre la importante? ¿Por qué no la de otra persona?
Tenía que solucionar lo que estuviera pasando entre Damon y yo. Damon se había convertido en mi razón y ahora que todo se tambaleaba, él desaparecía. Estoy segura de que todo tiene que ver con Klaus.
Completamente segura.
Damon entró como una exhalación al salón, mirando desesperado algo.
— ¿Qué pasa?
Se sobresaltó por algo y de repente me encontré en el suelo, con su pecho en mi cara y sus brazos rodeándome la cabeza.
— Nos han encontrado. No estuve atento…. No estuve… Me dejé llevar y ahora nos han encontrado. — decía mientras miles de cristales caían a nuestro alrededor. Sospeché que la ventana se habría roto.
Un humo espeso empezó a abrazarnos y Damon profirió un ahogado gorgoteo antes de empezar a escupir sangre.
Me levantó y protegió con su cuerpo de nuevo cuando otra bomba entró por otro ventanal, cortándome las piernas.
— ¡Elena, corre!
Escupía sangre y me empujaba cogiendo mi cintura hacia la puerta. Intenté tapar mi herida con la mano pero mis dedos no llegaban.
Si hay sangre, hay vampiros sedientos de ella. — pensé.
Damon cayó al suelo. Todo era tan confuso que no sé qué estaba pasando, pero de lo que estaba segura era que ése bruma era verbena y que Damon iba a morir o en el mejor de los casos caer inconsciente. Y entonces sí que no sabría qué hacer.
Me quité la camiseta y me la até como pude a la herida del muslo. Aguanté como un héroe el dolor y la quemazón y cogí a Damon por las axilas, tirando de él.
— ¡Vamos, Damon! ¡Ayúdame!
Damon se debatía entre si estaba intentando salvarle o matarle. Luchaba contra la bruma y contra mí.
— ¡Damon, cree en mí! ¡DAMON! — grité.
Sus ojos azules me miraron y noté cómo sacaba fuerzas de dónde no las había. Suspiré aliviada cuando hice ademán de levantarse. Entonces la puerta se abrió, unas sombras empezaron a moverse a mí alrededor y me quitaron a Damon de mis manos.
— Muy bien, Damon. Nos has traído a Elena. — y juro por lo más sagrado que ésa voz la reconocería y odiaría en un centenar de miles de años.
