Los personajes pertenecen a Hiro Mashima.
Chicos, no me aguanté hasta mañana para publicar porque mi plan funcionó y encontré la inspiración suficiente como para varias semanas de historia así que esta semana los recompensaré con una doble sorpresa. Tengo para ustedes dos capítulos :) y desde la próxima semana pondré a su disposición, además, una pequeña historia paralela desde la perspectiva de otro personaje, que les puede resultar interesante,.
Espero que sean de su gusto...
¿Dónde nos quedamos?
Ah, si...
Siento saciado mi deseo... pero aún quiero besarla y sentirla abrazada a mí bajo las sábanas, con su desnudez acompañando a la mía.
– Se hizo muy tarde... tal vez Juvia debería irse...
– ¿Qué? No puedes estar hablando en serio... No puedo dejarte ir a esta hora... – suena irrisorio que tenga que vestirse e ir hasta Fairy Hills a estas alturas de la noche – quédate esta noche a dormir... conmigo.
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CAPÍTULO 10: Amanecer
Apenas le hice la invitación se puso a balbucear cosas ininteligibles por lo que la callé con un beso y la abracé, lo cual pareció tranquilizarla. Se acomodó a mi cuerpo, enredando una de sus piernas entre las mías y abrazándome de vuelta por la cintura con uno de sus brazos.
La observé hasta que se hubo dormido, viendo la extensión de sus pestañas que parecían más largas producto de las sombras que producían sobre sus mejillas. Estuve tenso a su lado hasta bastante tarde, sin conciliar el sueño, dado que no suelo dormir con gente, al menos no en la misma cama, y no quería que ella pasara mala noche. Mantuve mi movimiento al mínimo y dediqué mis horas en vela a mirarla dormir. En el silencio y la calma de la noche su rostro parece más infantil, pero igualmente bello. Es agradable sentir su calor, su suavidad, su aroma...
En algún momento, relajado por ese torbellino de sensaciones tranquilas y encantadoras, el sueño me encontró.
Cuando volví a la consciencia la cantidad de luz en la habitación había cambiado un poco, pudiendo notarlo aún con los párpados cerrados. Tenía una agobiante sensación de ahogo y abrí mis ojos confundido y sin conseguir ver realmente. Cuando pude dar sentido a lo que pasaba Juvia se removió un poco y me dio la luz suficiente como para ver. Estaba abrazado a ella por la cintura, con la cabeza acomodada sobre sus pechos y una de mis piernas entre las de ella mientras que Juvia había acomodado sus brazos sobre mis hombros y una de sus piernas abrazándome por sobre la cadera. La posición no me deja muchas posibilidades de movimiento pero es sumamente sugerente. No debería avergonzarme el tener la típica erección matutina después de las horas que he pasado con ella recorriendo su cuerpo pero, de alguna manera, estaría mejor en esta posición si ella no estuviese dormida.
Despertarla o no despertarla, he ahí el dilema... ¿Al menos podría hacerle cariño, no? Nada sexual sino cariñoso... Lo que sea que eso signifique.
Acaricio con las yemas de los dedos su espalda, trazando surcos imaginarios desde su cuello hasta la altura de sus caderas y avanzando por el costado de la pierna que tiene sobre mí hasta llegar a su rodilla, volviendo a hacer el mismo recorrido de vuelta, esta vez con la palma de la mano extendida sobre ella, sintiendo la tersa piel que cubre. Repito el ejercicio varias veces, memorizando las líneas de su cuerpo hasta aprenderlas.
Beso el espacio entre sus pechos y la siento removerse. Hago un camino de pequeños besos hasta su cuello, deteniéndome sobre su pulso cuando la siento suspirar. Me retiro un poco para mirarla a la cara y veo sus ojos entreabiertos que me devuelven la mirada.
– Buenos días – le digo dejando un suave beso en su boca.
– Buenos días, Gray-sama – dice sonrojada, lo cual me arranca una sonrisa. Es tan tierno que, a pesar de todo lo que hemos hecho juntos, siga siendo capaz de sonrojarse
– ¿Dormiste bien?
– S-si... ¿y usted?
– Sí, dormí bien... – le digo poniéndome sobre ella con suavidad – pero desperté mejor…
Me mira con los ojos brillantes, sin detenerme, y comienza a repasar mi rostro con sus dedos. Me dedico a besar su cuerpo completo, desde sus finos dedos que me recorrían la cara hasta la parte interior de sus muslos mientras ella me acaricia la espalda, los hombros y la cabeza, con una tranquilidad increíble. No hablamos, no parece necesario... me adora en silencio como lo hago yo. Al volver frente a su boca, la beso profundamente, quedando completamente apoyado sobre ella pero se revuelve hasta enmarcar mis caderas con sus muslos. Siento su calidez y lo mojada que se encuentra, aunque mi intención inicial no era esa. Pero, tan inevitable como podía ser, se filtra en mi interior el deseo nuevamente. Me dedico a frotarme sobre ella de manera lenta y sinuosa hasta que ella me empuja un poco para que me aparte. Creo que tal vez fui demasiado insistente y me ha frenado, pero sus ojos me dicen lo contrario. Me sostiene la mirada como si estuviese luchando internamente con algo... pero al parecer pierde la batalla y me besa nuevamente, más insistentemente. Siento una de sus manos deslizarse por mi pecho, bajando suavemente hasta tomar mi miembro. Suspiro en su boca ante su toque, firme y pausado hasta que es ella misma quien acomoda sus caderas más cerca, y lo introduce con ayuda de sus manos en su interior. Enreda sus piernas tras de mí mientras el golpe de calor me invade. No pierdo la calma y sigo acariciándola y besándola mientras empujo lentamente dentro de ella. Sus gemidos rompen el silencio pero son acompañados de suspiros y el suave murmullo de los besos desperdigados por ambos. Siento como si me acogiese en su interior, rodeándome con sus brazos y aferrándome con fuerza, sobre todo cuando sus gemidos me indican que ha cruzado la barrera hacia el orgasmo. Sigo besándola aún después de acabar, repasando con mis manos las líneas de su cuerpo.
El cuarto está lleno de la luz azulosa del amanecer y hace parecer esto como una ensoñación.
Hay algo distinto... no sé que es y no sé cómo llamarlo. Es como si fuese la primera vez que consigo verla realmente, en toda su extensión, tal como es... y todo lo que veo me agrada.
No quiero levantarme nunca... congelaría este momento, si pudiera, pero... un recuerdo sonoro de mi fragilidad humana (un gruñido) me devuelve a la realidad.
La risa de Juvia suena como campanillas en el silencio.
– Oye, no te burles, tengo hambre... realmente no como nada desde ayer cuando estuve en el gremio – se nota que intenta encubrir su risa pero no tiene éxito. – ¿Quieres desayunar?
Asiente y la beso una vez más antes de levantarme. No soy malo cocinando pero no lo hago con frecuencia, ya que sé sólo lo suficiente como para sobrevivir, pero no hay forma de arruinar los huevos revueltos a menos que se quemen así que es algo que desayuno con recurrencia. Preparo café y pongo dos tazas en la encimera cuando veo que Juvia sale del cuarto. Nuevamente lleva una de mis camisas (lo que no me importa sólo porque se le ven mejor que a mí) y en sus manos trae tanto su ropa de ayer como la mía.
– La ropa de Juvia está húmeda todavía.
– Hay que tenderla en el patio – le digo extendiéndole mis manos para que me pase la ropa.
Llevo la ropa, la tiendo en el patio y vuelvo cuando ella ha terminado los huevos que yo estaba haciendo y los tiene junto a las tazas en la encimera. Traigo dos banquillos y nos sentamos lado a lado a comer. Comemos en silencio, pero parece adecuado.
Quisiera hablar con ella como lo hice con Lucy ayer, con esa apertura y confianza, pero no sé cómo comenzar... ni de qué hablar...
Al final termino hablando de algo que no tenía pensado...
– Mañana no podré estar contigo – me mira sorprendida y luego hace una mueca – Me voy de misión con los chicos.
– Juvia estará muy sola... – parece decirse a sí misma.
– Voy con Natsu, Happy, Erza y Lucy. Es una misión de varios días pero estaré de vuelta pronto ¿sí?
– Mmhm – parece triste.
– ¿Estás bien con eso?
– Me gustaría ir con Gray-sama.
– No podemos ir juntos a todas las misiones...
– Juvia lo sabe... pero se sentirá sola.
– Yo también voy a extrañarte, pero la recompensa de la misión es buena y no he tenido muchos trabajos últimamente – La frase sale antes de que me dé cuenta de que lo he dicho y Juvia me mira con sus grandes ojos muy abiertos.
– ¿V-va a e-e-extrañar a Juvia?
– S-s-sí, digo, también extrañaré el gremio y... – y estoy balbuceando como un tonto... Ella se me prende al cuello y ya no trato de detenerla, porque no hay forma de desdecirme... tampoco es como si estuviese mintiendo.
Cuando voy a ver la ropa nuevamente ésta se encuentra seca y tibia por el fuerte sol que hace, así que llevo a la habitación las prendas de Juvia, para devolvérselas. Al encontrarla en la pieza me doy cuenta que tiene entre sus manos los restos de la braga púrpura.
– Lo lamento – le digo recordando cómo la rompí – la verdad, me gustaba.
– Juvia tendrá que caminar hasta Fairy Hills sin... sin... – dice roja como un tomate, haciendo que comprenda su preocupación.
– Sólo tendremos que tener cuidado... – le digo sonriendo.
Le digo que puede ducharse acá en vez de esperar a llegar a casa y termina aceptando mi propuesta. Cuando sale de la ducha ya lleva su conjunto de siempre. El cinturón y la cartera están extraviados en algún lugar del desorden de la habitación, así que le digo que los buscaré y se los devolveré después.
La acompaño hasta Fairy Hills como ya estoy acostumbrado a hacer y, aunque no corre viento en lo absoluto, la veo llevar las manos a su falda en varias ocasiones, como si estuviese asustada de que se levante. Definitivamente tendré que compensarla por esto...
Me quedo besándola frente a los dormitorios durante un rato antes de despedirme y luego bajo hasta el gremio para buscar a Erza y así coordinarme con ella de una vez por todas para la misión de mañana.
Doy con Erza en pocos minutos luego de entrar pero parece cabreada por algo.
– ¡Oi, Erza!
– ¡Tu! – dijo abalanzándose sobre mí y amenazándome con una de sus espadas en el cuello – ¿¡Qué hiciste!?
– Y-yo...yo... fui a hablar con Lucy ayer por lo de la misión.
– ¿Qué le hiciste a Juvia?
– ¿A Juvia? ¿No se supone que me enviaste a hablar con Lucy?
– Pero ayer estuvo lloviendo repentinamente, así que algo le hiciste a Juvia... y después no volvió a los dormitorios...
– Eso fue un mal entendido... – digo sintiendo el sudor frío correr por mi frente.
– ¡Explícate! – dice presionando un poco más la espada contra mí
– Eso no es de tu incumbencia... – digo a ojos cerrados, sintiendo la furia hirviendo en mi interior ¡Lo que sea que pase con Juvia no tiene por qué importarle!
– Graaaay... – recalca, amenazante.
– ¡Pasó la noche conmigo, está bien! – Le digo enojado, más para que deje de molestarme que porque tenga ganas de contárselo.
– ¿Contigo? – Dice confundida – ¿En tu casa? ¿Por qué?
– ¿Tú qué crees? – Le digo apartando a la fuerza su espada de mi cuello a medida que su cara empieza a ponerse roja en la comprensión de mis palabras.
– Ah... esto... – masculla.
– Tch... No es que te importe...– Miro alrededor y veo que varios de los del gremio han alcanzado a escuchar nuestra discusión así que no demorarán en inventar historias al respecto – ¿podríamos sólo hablar de la misión de una vez?
– Sí... claro... – dice casi volviendo a su estado normal. Me dirijo junto a ella hasta una de las mesas, apartados de los demás.
– Hablé con Lucy y dijo que nos acompañaría – Hago una pausa mirando hacia todos lados antes de continuar – Tenía razones personales para no querer ir, pero la convencí...
– Oh, ya veo... ¿Te dijo cuáles?
– No... Y tampoco quise preguntar – no me gusta mentir pero Erza parece no darse cuenta de que lo hago.
Luego de acordar la hora en que nos juntaremos y la forma en que viajaremos mañana me despido de ella y me voy de vuelta a casa.
El lugar se siente muy silencioso y vacío ahora. Serán largos cuatro días antes de estar de vuelta..
