*POV de Milk.

Su voz sonaba tan extraña..., como si estuviera preocupado por mí. Eso fue lo que me hizo pensar que solamente se había tratado de un sueño.

Los ojos me pesaban tanto que me era casi imposible abrirlos. Había disminuido el dolor que sentía pero por dentro estaba hecha pedazos; esa sensación era aún más dolorosa que cualquier herida que pudiera tener en el cuerpo. Con cada respiración un leve piquete aparecía debajo de mi pecho. Me llevé la mano al punto exacto de la molestia y me topé con una venda empapada en sangre; mis dedos se habían manchado.

—Tienes que abrir los ojos —me ordené a mí misma.

Me urgía revisar esa herida que parecía ser la peor de todas y, de necesitarla, pedir la ayuda de una enfermera. Estaba plenamente consciente de que me encontraba en el hospital.

—Hubiera sido mejor si él hubiera hecho lo que le pedí en lugar de haberme traído a este lugar —pensé, al recordar lo que había sucedido en el río, donde me encontró.

Poco a poco y con mucho esfuerzo logré separar mis párpados. Los ojos me escocían y me vi obligada a mantenerlos cerrados un momento más para disminuir el dolor. Cuando por fin me sentí capaz de abrirlos por completo me encontré rodeada de una total oscuridad que me obligó a ser paciente y esperar un par de minutos más para poder acostumbrar mi vista y así empezar a distinguir los detalles del cuarto donde me encontraba. Aquella habitación me resultó terriblemente familiar. Ya no estaba en el hospital sino en la casa que alguna vez consideré mi hogar.

—¡¿Qué estoy haciendo aquí?! Recuerdo perfectamente que él me llevó al hospital y cuando recobré el conocimiento por primera vez aún me encontraba allí. ¿Será posible que Goku...?

Seguramente él andaba por ahí cerca, en alguna parte de la casa. Mi intención era levantarme y averiguar cómo había llegado hasta allí pero el peso de mi cuerpo sobre mis piernas era demasiado para mis heridas y hacía que me dolieran más de lo normal. Apreté los dientes, tenía que soportarlo. Logré levantarme pero caminaba despacio. Tan solo había llegado a la puerta cuando escuché ruidos en la planta baja. Alguien había entrado a la casa. Me quedé inmóvil y en completo silencio, con la intención de escuchar más pero lo único que podía oír era mi propia respiración. Mis manos estaban aferradas al marco de la puerta para ayudarme a sostenerme pero ya no podía resistir más. Estaba demasiado débil para continuar de pie. Caí de rodillas y el golpe sonó más fuerte de lo esperado en medio del silencio. De inmediato los ruidos en la parte baja de la casa comenzaron de nuevo. No pasaron ni cinco segundos para que apareciera una silueta familiar frente a mí.

Entonces, ¿no había sido un sueño? ¿Acaso todo lo que recordaba haber escuchado era real?