Capítulo 9
El lunes por la tarde, Serena se tomó su hora de descanso al aire libre, igual que el resto de los profesores. Los inviernos de Erie eran largos y fríos, y los días de primavera
constituían un tesoro. Darien había regresado tarde la noche anterior de su fin de semana de pesca, pero la había llamado. Ella no lo esperaba, y le había gustado mucho que lo
hiciera. Le había gustado demasiado. Porque si se sentía tan feliz al saber de él, ¿cómo se sentiría si no la llamara? Desgraciada. Y se suponía que una no tenía que sentirse
desgraciada si no llamaba por teléfono un rollo ocasional. Después de todo, el meollo de su relación era que podían permitirse el lujo de no llamar. Entonces, ¿qué le estaba
pasando? No tenía tiempo de averiguarlo, porque tenía otras cosas de qué preocuparse. Lita avanzaba hacia ella con una mirada decidida en los ojos. Serena sabía que la iba a
bombardear a preguntas sobre lo ocurrido en el restaurante. Estaba prevenida, y para ello tenía pensado un plan. Había decidido ir a la ofensiva. En lugar de tratar de explicar su
atuendo, atacaría. Su compañera se acercó hasta el banco con expresión de absoluta curiosidad, pero antes de que pudiera comenzar con el interrogatorio, Serena le espetó:
-Lita, ¿cómo has podido?
-¿A qué te refieres? -preguntó su compañera sentándose a su lado con expresión confusa.
-¿Cómo has podido ocultarme que Zafiro y tú estabais saliendo? Somos amigas, ¿no?, y se supone que las amigas se cuentan esas cosas.
-Bueno, estabas tan emocionada con tu cita que se me olvidó -aseguró Lita. Sonaba plausible, pero Serena vislumbró un gesto de culpabilidad que cruzó el rostro de Lita. Fue muy
tenue, pero lo vio.
-Ya. No querías que nadie lo supiera, ni siquiera yo.
-Está bien, hablemos de ocultar cosas -dijo Lita -.Tú me hiciste creer que estabas contenta por tener una cita, cuando en realidad estabas feliz porque ibas a quedar con el hombre al
que amas.
Se detuvo un instante, como si esperara una respuesta, pero Serena fue incapaz de pensar en nada que decir. Esperaba un interrogatorio sobre su vestimenta, no sobre
el amor. Porque ella no estaba enamorada. Por supuesto que no lo estaba. -Estás enamorada -repitió Lita, como si le hubiera leído el pensamiento-. Y ni siquiera me lo has contado.
-Yo...
A Serena le resultó difícil terminar la frase. Parecía como si las palabras se negaran a salir, pero se forzó a hablar, esperando que Lita no notara el esfuerzo.
-No lo estoy -aseguró negando con la cabeza-. Te equivocas. Darien y yo somos amigos. «Compañeros de rollo», pensó para sus adentros. Pero no lo dijo en alto. No había ninguna
razón para darle a Lita más combustible que añadir al fuego.
-¿Amigos? He visto cómo lo mirabas. No se mira así a un amigo.
¿Qué había pasado con su plan de ataque? Era el momento de volver sobre sus pasos.
-Escucha, en cuanto a Zafiro y tú...
-Te contaré todo en cuanto me pongas al corriente de qué está ocurriendo entre Darien y tú. Y espero que esa explicación incluya por qué ibas vestida con aquellos pantalones de
cuero.
Allí estaba el comentario sobre su atuendo que estaba esperando.
-No eran de cuero -admitió Serena-. Eran de imitación. Y te sugiero que evites a toda costa ese material, sobre todo si se trata de una cita amorosa. Serena recordó su experiencia
con los pantalones y sonrió.
-¡Aja! -gritó Lita-. Ahí lo tienes. Estabas pensando en él.
-¿Cómo?
-Esa sonrisa -dijo su amiga inclinándose hacia ella-, es la prueba de que estás enamorada. Vamos, suéltalo. Y aunque aquello no había entrado en sus planes, Serena así lo hizo.
Cuando se acabó el recreo, le había contado a Lita toda la historia.
-Qué romántico -dijo su amiga exhalando un suspiro-. Y qué irónico.
-¿Irónico?
Idiota. Así le había sonado a ella el cuento mientras lo relataba. Después de todo, era una adulta. ¿Por qué diablos tenía que llevar a cabo estrategias tan elaboradas sólo para
acabar con los planes de su madre? La verdad era que no tenía necesidad de hacerlo. Entonces, ¿por qué había accedido a llevar a cabo aquel plan tan descabellado con Darien?
Porque él tenía algo especial. Se habían reído mientras compartían las descripciones para no dormir de sus madres. Y se habían reído aún más mientras planeaban su vía de escape.
Se sentía bien estando con Darien. Mejor que bien. Se sentía. ..
-Darien y tú os habéis compinchado para evitar precisamente esto.
-¿Precisamente qué? -preguntó Serena sacudiendo la cabeza para regresar a la conversación.
-Esto: enamoraros -aseguró Lita con otro suspiro llevándose la mano al corazón.
-No has entendido nada. No queríamos evitar enamoramos. Queríamos escapar de los planes de nuestras madres.
-Pero os habéis enamorado -repitió su amiga, enfatizando la palabra.
-No nos hemos enamorado. -Escucha, Roxy -le dijo Lita con cierto retintín -, puedes negarlo cuanto quieras, pero reconozco el amor en cuanto lo veo, y tú estás enamorada.
-Pero... pero... -balbuceó Serena.
No estaba enamorada de Darien. Se conocían sólo desde hacía unas pocas semanas. Por supuesto, le gustaba estar con él. Desde la primera vez que se vieron había sentido una
especie de conexión. Y tal vez lo echaba de menos cuando no estaban juntos. Y luego estaba el hecho de que no había podido dejar de pensar en él, y, lo que era aún peor, de soñar
con él. Sueños eróticos que no podían ni compararse con la sensación real y ardiente de hacer el amor con Darien. Pero eso no significaba que estuviera enamorada. O eso esperaba.
-No estoy buscando ese tipo de relación -aseguró.
-Serena, el amor no se puede planear -continuó diciendo Lita- lo que es. Tú amas a Darien.
-¿Amo a Darien? -susurró Serena como para sus adentros, sopesando las palabras para comprobar cómo sonaban al pronunciarlas. Sonaban bien. Muy bien. ¿Amaba a Darien?
¡Amaba a Darien! ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de que se había enamorado?
-Amo a Darien -afirmó más que preguntó.
-Efectivamente -confirmó Lita con una sonrisa-. ¿Y qué vas a hacer al respecto?
Aquélla era otra cuestión. Amaba a Darien, un hombre en busca de una relación sin complicaciones. Y, de pronto, lo que compartían parecía haberse complicado.
Darien parecía no dar crédito. Más que eso: parecía estar a punto de tirarse de los pelos cuando escuchó lo que la otra persona le estaba diciendo al otro lado del teléfono. Serena
estaba apoyada sobre el mostrador, esperando a que él se fijara en ella. Cuando la vio, él le sonrió y le hizo un gesto con el dedo para que esperara.
-No, señora. No hay que tomarlo oralmente. Es un supositorio. Va por vía. ..
Darien terminó su explicación y Serena sintió lástima por él. Después de todo, aquél era un asunto incómodo de explicar.
-Hola -dijo él colgando el teléfono.
-¿Un mal día? -preguntó Serena.
-Ni te lo imaginas. Estoy acostumbrado a que me hagan preguntas raras, y soy capaz de responderlas sin pestañear, pero hoy estoy yendo de una en otra. He tenido que explicarle a
una mujer que las píldoras anticonceptivas hay que tomarlas todos los días, no sólo cuando se practica sexo. Y luego ha venido una pareja que... no creo que sea necesario asustarte
a ti también -dijo tras detenerse un instante-. Y bien, ¿qué te trae por aquí?
-A lo mejor traigo una receta -dijo con tono jocoso, tratando de hacerlo sonreír-. O tal vez quería verte.
Aquélla era la verdad. Desde el momento en que se le había encendido la bombilla aquella tarde, estaba ansiosa por verlo y comprobar si era cierto, si realmente estaba enamorada
de aquel hombre. Lo miró fijamente y trató de sopesar lo que sentía. ..y no pudo. Era tan inmenso y tan abrumador que no podía ser cuantificado. No tenía límites. Sólo existía un
sentimiento así de poderoso. El amor. Sí, amaba a Darien Chiba. ¿Y ahora qué? ¿Le decía que lo amaba o esperaba y trataba simplemente de mantener una conversación banal?
«Oye, Darien, ya no se te cala nunca la moto. Y por cierto, creo que te amo». Serena ahogó un gruñido. No, tendría que esperar a una mejor ocasión para poder decírselo.
-¿Te ocurre algo? -preguntó él-. ¿Ha vuelto a ir mi madre a tu casa?
-No, no pasa nada. Pensé que te gustaría cenar conmigo.
Cenar. Podría decírselo durante la cena. Después de todo, lo mejor sería soltarlo y terminar con el asunto. No quería preocuparse ni de las formas ni del estilo. Ni siquiera le
importaba haber cambiado los papeles. Sólo pronunciaría aquellas dos palabras; «te amo», y confiaría en que la cosa saliera bien. Sí, se lo diría durante la cena.
-Me parece muy bien. No te imaginas cuánto necesito una noche tranquila.
La idea de una velada serena y sin complicaciones me resulta muy atractiva. Serena estuvo a punto de gemir al escuchar la palabra tranquila. Estaba segura de que decirle a Darien
que lo amaba no ayudaría a pasar una velada tranquila. Después de todo, el hecho de amarlo lo cambiaba todo y todo el mundo sabía que los cambios son siempre complicados. No
iba a decírselo. Tal vez Darien se diera cuenta por sí mismo. ¿Cómo podría ser de otro modo? Serena sentía como si tuviera un cartel luminoso sobre la cabeza en el que se leía: amo
a Darien. ¿Cómo podría él no darse cuenta? Haría el amor con él suave y lentamente y así lo sabría. Sí, aquél era un buen plan. Serena sonrió ante la idea y dijo:
-Bueno, veremos si podemos encontrar algo que te alivie el estrés.
-Suena estupendamente -contestó Darien susurrándole algunas sugerencias al oído.
-Darien... -susurró ella a su vez sintiendo cómo se derretía.
Si le permitía hacer lo que Darien estaba planeando, tal vez podría decirle te quiero al oído. Y tal vez él se lo susurraría a su vez a ella. Serena no pudo evitar pensar que entonces se
derretiría, pero de verdad. Sí, se lo diría.
-Me alegro mucho de que hayas pasado a verme -continuó diciendo Darien-. Quiero decir, que todo el mundo ha venido hoy a pedirme cosas: Dame esto, dame lo otro... Qué maravilla
tener una relación sin presiones como la nuestra.
Sin presiones. Si Serena decía te quiero, tal vez él se sentiría obligado a repetir aquellas palabras. Y sin duda aquello sería presionar. Maldición. No iba a decírselo. Al menos, no
aquella noche. Serena quería el momento perfecto para pronunciar aquellas palabras. La noche perfecta. Y aquélla no parecía serlo. No, no iba a decírselo.
-Perdona un segundo -dijo Darien cuando sonó el teléfono dirigiéndose a la parte de atrás de la farmacia.
Serena lo vio marcharse y sintió cómo se le ensanchaba el corazón, amenazando con salírsele del pecho. Se preguntó cómo podría pasarse toda la noche mirando a Darien,
escuchándolo, riéndose con él y no decirle lo que sentía. Era un sentimiento demasiado poderoso. Aunque tuviera planeado no decírselo, a lo mejor se le escapaba. Entonces las
cosas se complicarían, y Darien se sentiría presionado y nunca le diría a su vez aquellas palabras. Era una excusa y ella lo sabía, pero aunque hubiera descubierto que estaba
enamorada de Darien, no estaba muy segura de qué hacer cOn aquel sentimiento. Sintiéndose como una completa cobarde, Serena miró al mozo de farmacia y le dijo:
-Por favor, dígale a Darien que...
Dudó un instante tratando de pensar en una mentira convincente y se decidió por decir una verdad a medias.
-Dígale que ya veo que está ocupado. Dígale que se olvide de la cena y que descanse. Le llamaré... pronto. Mañana.
Serena salió a toda prisa de la farmacia antes de que Darien regresara, la encontrará allí e hiciera preguntas. Porque ella no tenía ninguna respuesta. Darien se sintió decepcionado
el lunes cuando salió de la parte de atrás de la farmacia y se encontró con que Serena se había marchado. Llevaba un día de perros hasta que la había visto. Pero ella había salido
huyendo y había cancelado la cena. ¿Porqué? Tal vez se había asustado por su mal humor. Después de todo, su relación era de lo más informal, y estaba basada en la diversión. Y
Darien no estaba de humor para reírse. Pero había sido un día de lo más estresante, y hablar con ella lo había hecho sentirse mejor. No era uno de esos días en los que todo salía
mal; era uno de esos días en los que nada salía bien. Cuando Serena se hubo marchado, las cosas habían empeorado. La necesitaba. Era un sentimiento que se iba haciendo más y
más fuerte en el interior de Darien. Estaba enganchado a ella. Y no estaba dispuesto a curarse de aquella adicción. Su comentario sobre eso de los compañeros de rollo le había
sentado mal porque no era cierto. Eran más que eso, aunque Serena no quisiera admitirlo. Al menos ella era más que eso para él, y esperaba que para Serena él también fuera más
que eso. ¿Cuánto más? Ésa era la pregunta que lo rondaba desde hacía días. Darien la había llamado aquella noche con la esperanza de convencerla de que estaba de mejor humor.
Estaba deseando verla, descubrir en qué se habían convertido el uno para el otro. Pero Serena dijo que tenía que ir a ver a su madre. Darien le había preguntado si quería que él la
acompañara, pero Serena dijo que no, que lo tenía todo bajo control. El martes él tuvo entrenamiento con el equipo de jockey, así que le dejó un mensaje en el contestador
sugiriendo que se vieran el miércoles por la noche. El miércoles por la noche Serena le dejó a él un mensaje en el contestador diciéndole que tenía la junta de profesores, y cuando
Darien le devolvió la llamada ya no la encontró. El jueves hablaron unos minutos, pero no pudieron verse porque ella le había prometido a su amiga Lita que saldrían juntas. Para
entonces, Darien ya no tenía ninguna duda de que Serena lo estaba evitando, y eso le preocupaba. El viernes no pensaba arriesgarse. No la había visto desde el lunes, y además
sólo había sido una visita fugaz. No era suficiente. La echaba de menos. Por eso el viernes aparcó la Harley frente a casa de Serena y se dirigió a la puerta. No había telefoneado
antes, en parte porque estaba harto de hablar con su contestador automático, o de escuchar la voz de Serena en el suyo, o de charlar durante apenas unos segundos. Darien sabía
cuáles eran las reglas. Se suponía que aquélla tenía que ser una relación sin complicaciones, en la que se vieran sólo cuando tuvieran tiempo y ganas. Sin ataduras. Pero él llevaba
toda la semana con ganas de verla, y hubiera encontrado el tiempo necesario, pero Serena siempre estaba ocupada. Demasiado ocupada. No necesitaba verlo con la misma urgencia
con la que él necesitaba verla a ella. Oírla. Tocarla. Estaba pensando en tocarla cuando llamó a la puerta. Serena le abrió, vestida lo más antiRoxy posible: llevaba unas mallas de
color gris, camiseta grande, el pelo revuelto... Darien nunca había visto una mujer más encantadora, más deseable, más... Había planeado decirle «Hola, Serena», aparentar
naturalidad y sentarse siguiendo las absurdas normas de cortesía, pero cuando Darien la volvió a mirar, lo único que quiso fue... La atrajo hacia sí y la besó. Pero no fue un beso de
bienvenida en la mejilla. No. Fue un beso apasionado y cargado de deseo. Ya la había besado antes, pero seguía conservando una sensación de descubrimiento y maravilla mientras
sus labios devoraban los de ella. O tal vez eran los labios de Serena los que devoraban los suyos, porque cuando se encontraron Darien sintió su deseo en respuesta al de él. Cerró
la puerta con el pie y se quitó la chaqueta sin romper el contacto. Serena lo ayudó y alzó las manos para desabrocharle los botones de la camisa. Darien sintió el tenue temblor de
sus manos mientras lo intentaba. Finalmente desistió y tiró de las mangas. Los botones cayeron botando al suelo.
-No puedo creerme lo que acabo de hacer -susurró ella dejando un instante de besarlo y mirando al suelo-. Lo siento, yo...
-Olvídate de los botones -la interrumpió Darien sacándole la camiseta por la cabeza sin dejarla terminar-. Olvídate de todo menos de esto. Volvió a besarla de nuevo para impedirle
que siguiera disculpándose y la empujó suavemente hacia el sofá. Darien se giró y se dejó caer sobre él, arrastrándola consigo. Ella aterrizó sobre su pecho.
-Darien, ¿crees que será lo suficientemente grande?
-La otra vez lo fue -bromeó él, aunque sabía que se estaba refiriendo al tamaño del sofá.
Ambos prorrumpieron en una sonora carcajada, y siguieron riéndose hasta que se quedaron
sin respiración. Darien se sentía completo al lado de Serena, abrazándola, riéndose con ella. Y mientras le demostraba que el sofá podía resultar al fin y al cabo suficientemente
grande, supo también que aquello podía ser muy complicado. A él no le importaba en absoluto la complicación, y esperaba poder convencer a Serena para que a ella tampoco le
importara. Mientras hacían el amor, el significado de lo que había entre ambos fue haciéndose más y más claro para Darien. El nombre de Serena se escurrió entre sus labios como un
cántico al ritmo de sus cuerpos. Y cuando ella susurró también su nombre, Darien perdió por completo el control y los llevó a ambos hasta el límite del abismo, donde alcanzaron el
éxtasis al unísono. Se las arreglaron para acurrucarse en el sofá.
-Darien, yo te... -comenzó a decir Serena.
Pero se detuvo. Él esperó a que terminara la frase. Pero en lugar de las dos palabras que deseaba oír, que creía que Serena iba a pronunciar, la escuchó decir:
-Te quería decir que tenías razón, que era lo suficientemente grande.
Ella se rió y le acarició suavemente la barbilla con un dedo. Fue la más tenue de las caricias, pero bastó para despertar el deseo de Darien.
-Tal vez deberíamos damos una ducha y terminar de discutir este asunto del tamaño -aseguró él con una mueca.
-Ésa es una oferta que ninguna chica podría rechazar.
Se dirigieron a la ducha, riéndose como un par de chiquillos. Darien sabía que tenía que decirle que las cosas habían cambiado para él, que no quería ser sólo un compañero de rollo,
que quería más. Lo quería todo. «Por la mañana», se dijo a sí mismo mientras deslizaba las manos enjabonadas por el lujurioso cuerpo de Serena. A la mañana siguiente se lo diría
todo.
