Hola, olvidé escribir una cosa en la última actualización, así que aquí lo tienen: he decidido corregir este fanfic. No voy a cambiar ningún momento que pasó entre Naruto y Sakura, es decir, no se cambiará el transcurso de la historia, aunque solo hubo un pequeño detalle que eliminé.

Mencioné que a Sakura la habían atacado, por lo que Naruto estaba preocupado, esto fue cambiado por: Sakura nunca fue atacada, pero aun así estaba esa preocupación, en Naruto, de que pasara.

Si quieren leer de nuevo el fanfic., háganlo, pero no cambiará en nada la interacción entre nuestra parejita hermosa.

Bien, si han decidido quedarse, lean este capítulo. ;)


Capítulo #10: El sueño de siempre

Llegó la noche. Durante la mañana y la tarde lo pasó asombroso con Sakura, pero ahora sentía que su mundo se había derrumbado. ¿Qué haría? La amaba. No quería que por su culpa le pasara algo.

Toda su vida trató de hacerse fuerte para proteger a sus seres queridos. Sin embargo, aquella fuerza hacía más daño que beneficio. Y cuando aquella fuerza pudo controlarla, otras fuerzas externas arruinaron su vida y las de otros. ¿Acaso era su culpa? ¿Su mera existencia era el problema?

Se sentó en la cama sin dejar de mirar la luna llena. Hacía tanto que no se quedaba pensando en su vida de manera tan triste.

Cuando estaba en la Academia miraba la luna esperando a que en la lejanía de la noche dos personas llegaran y revelaran que eran sus padres o que simplemente Iruka tocara su puerta para decirle que sería cuidado por él. Sin embargo, eso había cambiado hace mucho. Después de la guerra estaba angustiado por su posible futuro.

Todó resulto mejor de lo que creía, lo agradecía, pero seguía pensando que era una ilusión, que pronto sería atacado el mundo ninja debido a él, por su maldita culpa. Ninjas rebeldes habían atacado a lugares desprotegidos exigiendo que se fuera. ¿Tenían razón? No. No tenía sentido. De esa manera seguían esparciendo odio. Sakura se lo aseguró. Solamente quedaba seguir viviendo, pero eso solo lo hacía volver a lo mismo. Tenía que morir para que nadie resultara herido.

Se recostó en su cama. Recordó los ojos de Sakura Haruno y su bella voz. Ella era una de sus principales razones para no rendirse desde que se enamoró de Sakura. Fue imposible no hacer todo por ella y no lo sería. Nunca se atrevería a romper esa promesa silenciosa.

—Gracias.

Miró a la palma de su mano. Recordó la suavidad del cabello de Sakura Haruno entre sus manos, cuando la besaba.

Cerró los ojos.


Naruto se encontraba en el pasillo del hospital de Konoha. Portaba una capa y portaba un chaleco verde. Su novia salió de una habitación del hospital. Vestía una bata blanca acompañado de un rostro cansado, pero con una amplia sonrisa. En sus brazos estaba una sábana color azul que no dejaba de moverse.

El hombre frunció el ceño. No recordaba cuándo ella había entrado al hospital como cualquier paciente.

—¿Sakura-chan?

Sakura movió los labios sin dejar de sonreír.

—¿Qué?

Naruto se acercó, de tal forma que pudo percatarse de la extraña expresión que hacía. No parpadeaba ni dejaba de sonreír. Comenzaba a perturbarlo, pero no le quitaba la mirada de encima. Había algo que le resultaba familiar. El cabello de Sakura estaba creciendo y cambiaba a un color más oscuro.

Un movimiento brusco de la manta lo sacó de sus pensamientos. Ahí estaba un bebé de ojos azules, cabello rubio y mejillas con marcas. Ahí estaba él.

Cargó al bebé entre sus brazos, aquella criatura no pesaba en lo absoluto. Él sonrió igual que su amor.

Una vez que lo miró fijamente, sintió un peso sobre la espalda.

El lugar comenzó a caerse. Un color negro no dejaba de derretir los objetos. Asustado abrazó a lo que había en la manta.

—¡Sakura-chan, debemos irnos!

Su sonrisa desapareció. No había ningún rastro de que alguna vez existió el bebé.

Naruto abrazó la manta y corrió hacia el único lugar en el que aún había luz. Parecía que no alcanzaría a salir y así fue. Todo estaba negro, a excepción de la manta. Aquello era lo último que quedaba en su vida.

—Hijo —susurró.

Movió la manta. Había desaparecido lo que más quería, fue convertido a un montón de cenizas.

Gritó sin producir sonido alguno. Lloró sin dejar lágrimas.

Comenzó a sentir que se ahogaba. Quería expresarse. ¿Acaso eso tampoco le quedaba?

Se puso de cuclillas y cerró sus ojos. Su respiración estaba más que agitada y sabía que no pararía si no actuaba para salir.

Abrió sus ojos esperando a que toda la oscuridad se hubiera ido, pero lo que se encontró de frente fue a su padre mirándolo fijamente, de cuclillas, respirando con dificultad y aferrado a una manta llena de polvo.

—¿Papá?


Abrió los ojos. Un ligero rayo de luz entraba por la ventana. Sus manos estaban sobre su cuello y su garganta dolía.

Perdóname, Sakura-chan. No entiendo.

Lloró. Quería ver sus ojos y labios. Quería sentir la suavidad de Sakura Haruno.


Hasta aquí termina el capítulo, espero que les haya gustado. Si tienen algún comentario, escríbanlo.

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