Cerró la puerta con gran estruendo al encontrarse tan furiosa. Tenía ganas de degollar al menor de los Asakura por su imperdonable atrevimiento. ¿Quién se creía al atreverse a besarla después de todo? O ¿Es que acaso no se daba cuenta de lo descarado que estaba siendo? Definitivamente no pensaba perdonarlo por haberse burlado de ella de esa manera tan cruel. Ya no lo reconocía, y para su propio desconcierto tampoco se reconocía a ella misma.

Atravesó rápidamente su habitación, tirando el abrigo en el proceso. Se sentó en su cama y cerró los puños arrugando las sabanas, mirando fijamente a su regazo. Al sentir la turbación por parte de la itako Diana salió de su escondite en el collar y la miró compadecida, entendiendo por fin lo que agobiaba tanto a la rubia quien ignoró totalmente su presencia. Había leído su mente sin que esta se diera por enterada y lo que encontró realmente la desconcertó. Sus abismos negros mostraron gran comprensión e inmensa tristeza. Algo dentro de ella le decía que tenía que detener todo esto, pero las instrucciones eran claras y no podía faltar a ellas. Para aplacar un poco el dolor que sentía la chica, el espíritu decidió darle algo de paz. Alzó sus manos en frente del rostro de Anna e inmediatamente gruesas y trasparentes lágrimas descendieron de sus ojos empapando sus sonrojadas mejillas con la más ardiente ira que estas contenían.

Al sentir como rebeldes gotas resbalan por su rostro y llegaban a sus piernas mojándolas levemente, dirigió su vista al espíritu que aún se encontraba expulsando su poder sobre ella. Intentó detener el llanto, pero lo único que logró fue que un quejido agudo saliera de su boca, irritándola mas.

-¡deja de hacer eso!- le gritó- ¡no lo hagas¡no!

Se paró en frente de Diana y trató de hacer que se detuviera pero le fue imposible ya que no podía tocarla pues el espíritu se movía con sorprendente velocidad.

-¡yo no necesito de ti¿por qué no lo puedes entender¡llorar es inútil, eso no me va a ayudar en nada!- le gritó nuevamente pero al darse cuenta de que por más que le insistiese, el espíritu no le hacía caso, se dirigió frustrada hacia su cama tirándose en ella y tapándose el rostro con una almohada para que no la viera. Y ahí se quedó hasta que no tuvo más lágrimas que derramar ni más pena que le llenara el corazón. Se quedó dormida a los pocos minutos, y Diana satisfecha de con su trabajo, volvió al collar y esperó hasta el día siguiente.

Se despertó en la misma posición en la que se había acostado la noche anterior. Se quedó así durante unos minutos, pensando. Tal vez sí necesitaba ayuda después de todo. Sacudió su cabeza y se levantó. No le importaba que hora era sólo quería salir de ese lugar. Una sonrisa irónica se formó en sus labios. Quizá sí le gustaba escaparse de los problemas... o sólo de este. Observó el collar que le colgaba del cuello –gracias- susurró confiada en que Diana la escucharía. Se sentía mejor gracias a ella y sabía que era por haber llorado. Quisiera o no era un buen remedio, pero no estaba dispuesta a recurrir siempre a el. Bajó las escaleras esperando encontrarse con el castaño pero en lugar suyo encontró al ainu comiendo SU cereal y tomándose SU te favorito. Se mantuvo quieta unos segundos esperando a que este reaccionara, pero aparentemente estaba muy ocupado tarareando una canción mientras disfrutaba de SU desayuno.

Se cruzó de brazos mientras esperaba. Su pie subía y bajaba haciendo pequeños pisoteos para así llamar la atención del chico.

El ainu se volteó lentamente y observó a la rubia parada frente a el, quedándose totalmente estático, no esperaba a que se levantara tan temprano y menos hoy que no sabía de su visita.

-hee... hola Anna jeje

-¿que diablos haces en mi casa?

-oh yo también te extrañe...- dijo sarcástico.

-... ah es cierto debes de haber llegado ayer, bueno déjame decirte algo- le dijo acercándose un poco- ¡no te comas Mi cereal ni te tomes Mi te me oíste! O si no estarás en grandes problemas- advirtió peligrosamente en un susurro la ultima parte y luego salió de la cocina para después salir por la parte de al frente.

-¡gusto en verte también! Gruñona... –le gritó Horo Horo asegurándose de que la última parte sólo la escuchase su espíritu quien movía la cabeza lentamente de un lado a otro en desaprobación.

-bueno no esperaba un abrazo pero por lo menos pudo haberse evitado el gritar. Esa mujer es insoportable. No puedo culpar a Yoh después de todo, es decir yo también me hubiese fijado en otra persona con alguien como ella a mi lado...-

En ese momento escuchó pasos entrando a la cocina conforme el terminaba la última oración. Se dio vuelta y para su sorpresa y desgracia era la rubia itako quien había entrado sin ser notada a la pensión. Se maldijo mentalmente y trató de enmendar lo que había causado.

-A- Anna no, no te escuche entrar...

-descuida sólo vine porque había olvidado mi bolso, ya puedes seguir con tu charla- aclaró la rubia dirigiéndole una mirada severa al ainu, la cual no pasó desapercibida, haciendo que sus nervios se incrementaran aún mas

-bu-bueno ya es tiempo de irnos jaja- rió nervioso- te-tengo que comprar algunas cosas que me encargo Pilika, jeje...vámonos Kororo.- y con eso ambos salieron lo mas rápido posible de la pensión huyéndole a la furia de la chica.

-ko koro ko- se lamentó Kororo poniendo una expresión triste mientras seguía a su amo quien corría temeroso de la ira de la rubia sacerdotisa. Al parecer su amo no entendía muy bien las cosas.

Se recostó en la pared exhalando lentamente. Estaba cansada de oír lo mismo, lo que ella se repetía todos los días, pero nunca pensó que escucharlo de otra persona le abriría los ojos o mejor dicho, le molestara. No estaba segura que era ese sentimiento dentro de ella, no quería saberlo porque tal vez encontraría más dolor. Y ya no quería sentir dolor. Salió de la pensión a paso lento. Decidió caminar por calles por las cuales ya no recurría, sitios olvidados. Y no encontró nada, nada que la llenara.

Pensó en lo que escuchó decir a Horo Horo, que ella era insoportable y que no culpaba a Yoh por haber conseguido a alguien que la reemplazara... bueno que fuera algo que ella no era. No podía evitar sentirse algo mal, pero el ainu tenía razón. Por su culpa estaba pasando todo esto, aunque Yoh no estaba del todo libre de la culpa. No era que le importara lo que otros pensaran pero no creyó que Yoh le contara lo que estaba pasando, pero a fin de cuentas el era su amigo y ella no podía hacer nada. Por un momento sintió ira hacia el joven ainu ya que ese no era su problema y el no era quien para tacharla de esa manera, el no la conocía. No tenía derecho a opinar siquiera. No podía culparla por la sórdida actitud del castaño. No podía culparla por sentir pesar, simplemente no podía.

Yoh era su prometido y la estaba tratando de la manera más injusta posible. La estaba usando cruelmente y ella no iba a permitirlo. Ese beso lo confirmaba todo, el sólo quería jugar con ella, tal vez ni siquiera sabía lo que quería y ella no aguantaría mucho más. El día anterior no pudo evitar sentirse aliviada por unos momentos... al sentir los labios del moreno en los de ella. Había añorado por tanto tiempo aquel momento, pero para su desgracia la realidad era otra y le era imposible dejarse llevar por su fantasía. Se sentía traicionada ya que nunca antes se había dado cuenta de que el castaño pudiese ser tan arrogante y déspota. El había escondido esa faceta suya y ahora la estaba sacando a lucir, sin medir todo el daño que estaba haciéndole a la rubia, o quizás si. Pero a pesar de todo aquello tal vez el...

Siguió caminando y bajó la vista hasta el collar, lo tomó entre sus manos y se dio cuenta que de su color azul oscuro cambiaba a uno rojo escarlata. Tembló temiendo que el episodio de la primera vez volviese a repetirse. Pero no sucedió nada, después de un rato cambió nuevamente a su color original. Diana no había salido, lo cual le pareció extraño. Inmediatamente la imagen de su amo le vino a la mente. Se preguntó que estaría haciendo, y casi de inmediato recordó el libro que le habia... quitado. ¿Deberia...? sí, tenia que ir. Un suspiro de cansancio salió de sus labios y se giró para así poder hacer su recorrido hacia el parque.

Al hacerlo sus ojos se fijaron en una calle la cual llevaba a una plaza. Y al final de esta pudo identificar al shaman, pero este no estaba sólo, se encontraba con esa chica, la misma con la que lo había visto al salir de esa pastelería y muy probablemente la que había entrado a la casa, era ella. Y lo que vio después la dejó sin aliento y se odió por eso. Se odió porque se suponía que ya no le afectaba, porque pensaba que la herida ya estaba cerrada y se odió porque nada de eso era verdad. Se odió porque ese no era su problema, pero lo hizo aún más porque sabía que la involucraba. Y muy dentro de ella detestó a su prometido, si, porque no lo podía odiar ya que ella lo...

Giró la cabeza y caminó muy rápido sin mirar atrás, ya era hora de que dejara de huir de sus problemas, quería terminar con todo, quería sacarse todo el dolor de su corazón pero más que todo quería olvidarse de él y de la angustia que le causaba tenerlo cerca. Y para eso necesitaba ayuda. Por más que detestara admitirlo.

No se había dado cuenta cuando empezó a correr hasta que repentinamente se sintió muy cansada. Paró y se dio cuenta que ya no quería ver al rubio, no quería ver a nadie. Las ganas de verlo simplemente desaparecieron. Reflexionó un poco ¿acaso había querido verlo? Siguió su camino esta vez a paso lento. Sin prestar mucha atención se introdujo en el parque. Era un lugar solitario y muy grande, si no quería ver a Alex no lo haría. Todo era cuestión de caminar lejos del gran árbol.

A lo lejos divisó una banca, muy dañada, pero era todo esa fachada lo que le atraía. Se sentó en ella y se entretuvo contemplando el cielo. Las nubes se juntaban y al parecer llovería nuevamente, estaba más que harta del mismo clima. Ya no quería ver el mismo escenario melancólico y muchos menos la lluvia ante sus ojos, ni la que salía de ellos, ni la que caia del cielo.

-"El dolo silencioso es el más funesto" – escuchó un susurro e inmediatamente volteó la cabeza para encontrarse con unos ojos celestes que la miraban.

Se sorprendió definitivamente, pero ya debería estar acostumbrada al hecho de verlo a cada rato, por eso no mostró su perturbación.

-¿que?-murmuró muy suavemente no quería que notase su ansiedad.

-lloverá muy pronto y por aquí no hay ningún lugar en donde pueda refugiarse.

No contestó esta vez solamente volvió a mirar al frente aparentando no haberlo escuchado. Era como si no hubiera dicho nada, como si ella se hubiera imaginado sus palabras.

Caminó pausadamente hasta llegar a la banca, se sentó y contempló el paisaje al igual que ella. El cielo se volvía más gris y tétrico, se sentía como si fuese a explotar en cualquier momento en una interminable llovizna. Era intimidante, pero aún así ninguno de los dos se movió.

-¿no volverá a su casa?- preguntó Alex sin quitar la vista del horizonte. Ella esperó unos segundos para contestar.

-¿acaso tu también no me quieres aquí? Si es así sólo dilo. Aunque te recuerdo que es un lugar libre, puedo quedarme si quiero, como sea...- contestó cerrando los ojos y haciendo un ademán de querer parase, al cual Alex respondió tomando su mano y jalándola delicadamente hacia abajo.

-yo jamás diría eso.- le respondió con sinceridad¿cómo lo sabia? Pues estaba reflejada en sus ojos, en esos océanos de tranquilidad.

Lo miró algo desconcertada, era como si lo conociera, como si ambos se conocieran de hace mucho tiempo y no podía evitar que ese sentimiento viniera a ella cada vez lo veía, ya que tal vez podría ser verdad.

-jamás diría eso, y muchos menos a usted, cuya compañía me es muy grata- volvió a repetir e inconscientemente ella se sentó mirándolo. Miró hacia su regazo y no pudo prevenir que una pequeña sonrisa curvara sus labios.

-eres molesto¿sabías eso?

Escuchó una risa y lo miró de nuevo, siempre lo veía sonriendo pero nunca lo había escuchado reír. Y por alguna razón muy extraña le pareció encantador.

Sus mejillas se tornaron rojas por unos segundos al pensar en eso.- ¿q-que es tan gracioso?- preguntó volteándose para que no pudiera ver su sonrojo.

-es que no me dicen eso todos días- respondió con una sonrisa. A la cual ella le respondió de la misma manera.

Estaba sentado en un segundo piso del restaurante en la plaza cuando de repente divisó a su amigo Yoh muy cerca de ahí, y no estaba sólo. Una hermosa niña lo acompañaba y se veía muy interesada en el. Luego miró hacia un lado y observó a la itako, al otro lado de la calle. Se dirigía en esa dirección pero se detuvo al ver a su prometido. Volvió su vista a la pareja y se percató de que se estaban besando e inmediatamente miró a la itako para encontrarla alejándose de ese lugar con paso rápido. Quedó impactado por lo que acababa de ver. Había tenido una visión total y completa de todo, y esta impresionado y la culpa, oh la culpa lo invadía. No podia creer que hace poco hubiera dicho esas cosas de ella, y que ahora al ver su rostro de repente lo comprendiera todo.


Hola les agradezco mucho que hayan esperado (los que esperaron n.nUu) ojala les aya gustado espero que hayan pasado una feliz navidad.

matta ne!

cp.