Disclaimer: Los personajes de Sherlock Holmes no me pertenecen, sino a su autor Sir Arthur Conan Doyle, la serie "Sherlock" pertenece a la BBC. Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Personajes: Sherlock, John Watson y otros.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene lemon, sobrenatural, misterio, y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
Resumen:Sherlock no cree en Dios, ni en el diablo, se guía por la lógica y la ciencia. Un día, él y John conocen a un joven de peculiares ojos sangre y se embarcan en una aventura inesperada.
Sólo uno sobrevive, prevaleciendo por sobre los demás, sólo uno hasta que la cadena se rompa o resurja el mal.
Beta: Lily Black Watson.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
El que tiene mil nombres
"Es una lástima que la mayor parte de la humanidad tenga una visión mental tan limitada a la hora de sopesar con calma y con inteligencia aquellos fenómenos aislados, vistos y sentidos sólo por unas pocas personas psíquicamente sensibles, que acontecen más allá de la experiencia común."
―Howard Phillips Lovecraft
Capítulo 10.- Los generales
Lestrade miró detenidamente los objetos que se encontraban en la habitación, (que más parecía ser un ala de algún museo que de una casa). Ropas de diferentes épocas, perfectamente bien conservadas que en su momento, fueron blancas. Manchas negruzcas (sangre) estaban en todas ellas. Había armas de todas clases y tamaños.
― ¿Te agrada mi colección? ―Greg se sobresaltó, sorprendido, pues, quien había hablado era nada menos que Sir Walter Conrad. Era ya un hombre viejo, pero hasta hace dos meses, fue uno de los miembros más importantes del parlamento.
Lestrade hizo una reverencia ―tal cual le había enseñado su maestra―, para mostrar sus respetos al hombre.
―Veo que Lady Antonieta te ha instruido bien, a pesar del poco tiempo que te ha tenido como discípulo ―Greg asintió ―. Acompáñame. Corazón te eligió como Cerberos, eso te ha ganado un lugar entre los generales.
El ejército blanco tenía el mismo orden jerárquico que cualquier orden militar y Sir Walter ocupaba uno de los tres puestos más altos.
―Acompáñame ―Walter condujo a Lestrade hasta otra habitación, en ella había una mesa redonda con siete sillas ocupadas y tres vacías, una de ellas era más elegante y se encontraba sobre una pequeña especie de tarima. Greg reconoció a su maestra y a Laurel entre los presentes, pero no fue el único rostro conocido; Alana Jones, súper modelo internacional, también estaba ahí.
Greg puso especial atención a la silla solitaria, pues, detrás de ella estaba un escudo de armas: una estrella de cinco puntas, bajo ella había dos alas.
―Oh, Walter ―dijo un hombre alto; era rubio, con algunos mechones de canas y de ojos azules, las arrugas le daban un aire distinguido. Tenía marcado acento francés. Sonrió a Lestrade ―. ¿Éste es tu último aprendiz, querida Antonieta?
―En efecto Frederick, y puedo asegurarte que no se queja como tú lo hacías de joven ―respondió la anciana, mitad broma, mitad verdad. Algunos rieron por el comentario y por la expresión que puso el francés.
―Es bueno verlo, señor Detective. Le presento a mi padre, Frederick Aston ―el aludido asintió con la cabeza, él, junto a Antonieta y Walter, eran los miembros más importantes, después del Caballero Blanco, por supuesto.
Los otros se presentaron como: Alana Jones de América, Nikolai Vólkov de Rusia, Togashi Hideaki de Japón y Rita Fernández de Chile.
―Walter, iniciemos de una vez, algunos tenemos una agenda muy ocupada ―dijo Alana y Frederick asintió con la cabeza.
―Estoy de acuerdo. Tengo ganas de ver a mi adorable nieto y esta reunión me quita precioso tiempo para estar con él.
―Lady Aston, dénos su informe, por favor ―pidió Walter.
―El Caballero Blanco ha encontrado un patrón en las actividades de los monjes ―explicó la chef ―, gracias a eso, pudimos detener tres rituales, sin embargo, no fuimos capaces de atrapar a los perpetradores.
―Lamento oír eso ―dijo Rita ―, sin embargo, la actual reencarnación del Caballero Blanco, debe ser una persona muy inteligente y astuta para lograr una hazaña así.
Lestrade tenía una ligera sospecha de la identidad del Caballero, pero realmente, esperaba estar equivocado.
― ¿Cómo se llama, Aston-san? ―preguntó Togashi.
―William Sherlock Scott Holmes. Detective consultor, el único en el mundo.
― ¿¡Qué!? ―gritó Greg.
―Cerberos, debe guardar la compostura ―lo reprendió Walter.
―Comprendo que es difícil para ti enterarte de la identidad de nuestro señor ―habló Antonieta, condescendiente ―, pero recuerda, que debes mostrarte sereno en los momentos más difíciles.
―Cerberos fue elegido por Corazón para proteger a Ira, ¿no es así? ―cuestionó Nikolai. Frederick y su hija gruñeron por lo bajo, ocasionando que Antonieta se riera; los celos de esos dos, siempre la divertían.
―Según el último informe, Corazón se vio en la necesidad de despertar a Orgullo e Ira, ¿es correcto? ―cuestión Alana. Laurel asintió con la cabeza, proporcionando los nombres de sus actuales reencarnaciones.
―Vaya, parece que los Holmes serán muy importantes para muestra misión ―comentó Walter ocultando muy bien la sorpresa que le causaba, él conocía bien a Mycroft, podía decirse que eran alguna especie de amigos; sin ninguna clase de intuición especial, el también llamado Hombre de Hielo, era un hombre común, salvo por su intelecto, claro. ―Lady Antonieta, avisa a los soldados que mantengan una estrecha vigilancia sobre John Watson. El ritual de nuestra difunta amiga Frida los mantiene ocultos, pero prefiero no correr riesgos.
― ¿Qué hay de Corazón? ―preguntó Togashi ―. Es fuerte, pero el enemigo sabe de su existencia.
―Laurel y yo nos encargaremos de protegerle ―aseguró Frederick.
― ¿Qué hay de los nahuales? ―habló Rita; miró a los Aston con un deje de tristeza ―. Disculpen por traer este doloroso tema, pero, ellos ya lo juzgaron traidor por ajusticiar a la asesina de Frida, ¿Qué garantías tenemos de que no intentarán dañar a José otra vez?
―La influencia de los ancianos del consejo nahual es grande, pero no lo suficiente para llegar a Corazón, mientras permanezca en Europa ―dijo Walter.
Frederick asintió, tragándose el dolor que le causaba el recuerdo de su difunta y amada esposa. Su nieto fue el primero en saber del homicidio de Frida y sin pensarlo cazó a la asesina, pero ello le valió un castigo cruel por parte de los nahuales, cuando José estaba en todo su derecho de hacer lo que hizo. Fue así, como la familia Aston sospechó que algún miembro importante de los clanes estaba involucrado con El Demonio de los Mil Nombres.
―También me preocupa lo de las supuestas resurrecciones ―dijo Walter, mirando la carpeta que se encontraba delante de él.
Lestrade se removió en su lugar; aún permanecía de pie, en el mismo lugar en el que Walter lo había dejado.
―Siéntate. Esto va a tardar ―le aconsejó Rita. Greg asintió y tomó la silla vacía al lado del ruso.
―Hemos logrado encubrir la mayoría de los casos, sin embargo, tres se infiltraron en los medios de diferentes partes del mundo ―dijo Togashi ―. Por supuesto, logramos alterar la información. Hubo un hecho violento, que fue rápidamente contenido por los nuestros: no hubo bajas que lamentar.
El ambiente se volvió más serio; los líderes del ejército blanco, sabían que aquello, no era un hecho aislado, y que, todo lo contrario, volvería a repetirse, cada vez con más frecuencia.
―Era una advertencia ―dijo Alana, extrayendo de su bolso de marca, un objeto redondo cubierto por una tela blanca. Walter tomó el objeto y lo abrió, descubriendo una esfera negra ―. Estaba en el interior del hombre resucitado que atacó a mis soldados.
― ¿Advertencia? ―cuestionó Lestrade. Para él, se trataba de un simple objeto de un material parecido a la obsidiana, nada fuera de lo ordinario.
―Nikolai ―el aludido asintió al llamado de Antonieta. Tomó la esfera y cerró los ojos, al abrirlos, estos se habían vuelto completamente negros, tanto, que parecían dos pozos que se tragaban la luz; fue impresionante para Greg verlo de tan cerca.
―El águila cayó. Ustedes, humanos, caerán también. El Corazón será mío ―dijo el ruso con voz pastosa. Entonces, la esfera se rompió y un pestilente olor a carne y vísceras descompuestas se percibió, obligando a los presentes a abandonar el lugar, al menos, hasta que la habitación fuera higienizada.
…
Moriarty observó con detenimiento a José; el joven lo había llevado hasta la parte menos transitada del primer parque que se encontraron; los grandes árboles los protegían de cualquier posible curioso que pasara por ahí.
―Antes dijiste algo sobre demonios, pactos e infierno ―Itzamná asintió. Jim río con ganas ―. ¿En verdad siguen creyendo en supersticiones?
―Búrlate lo que quieras, pero me has seguido hasta aquí por esa razón.
― ¿Te encerraron en el manicomio por sufrir alucinaciones? ―José frunció el ceño: la traición de los nahuales y lo vivido en el último año aún le enfurecían, tanto, que sus ojos se tiñeron de rojo ante un sorprendido Moriarty, quien, después de unos segundos, rompió en risas.
―Vanidad ―murmuró Itzamná, sorprendido de su descubrimiento.
Continuará…
