No estaba muerta... Andaba de finales (?).
DISCLAIMER: Vocaloid y sus personajes no me pertenecen.
Al siguiente día de la jornada escolar, Luka llegó con una gran sonrisa plasmada en el rostro. Su corazón latía emocionado esperando la hora en que su chica entre por la puerta, aunque no podía lanzarse a sus labios, como le hubiese gustado hacer, verla y que ella le devuelva la misma mirada cargada de amor era más que suficiente. Sus amigos se encontraban en verdad contentos con la situación y recibieron a la alemana con felicitaciones y diferentes bromas, desde unas con relativa inocencia hasta perversiones.
Mientras tanto, Miku estaba sentada en la mesa familiar, desayunando rápidamente, sentía la misma necesidad que ella, deseosa por verla al fin. Su madre notó el gran cambio en el estado de ánimo de su hija, más no comentó nada. Quizás, su hija estaba viéndose con un chico y las cosas parecían ir bien. Deseaba sacar el tema, pero temía ponerla de malhumor y que, después, el chico pagara los platos rotos.
Mikuo solo sonreía divertido, parecía ser que la alemana estaba en camino de ser su cuñada. Muchas veces, la mujer mencionó el amor que sentía por su hermana, pero el chico sabía que las cosas no iban bien entre ellas dos, por lo que, nunca se atrevió a invitarla a casa sin antes preguntárselo a Miku… Y cada vez que lo hacía, recibía un rotundo "No" como respuesta. Desde ahora, simplemente la traería, sería un show digno de ver y les daría infinito material para mofarse de la mayor.
A paso apresurado, Miku salió de su casa. Si bien llevaba el mismo porte autoritario de siempre, escondiendo todas sus emociones, en su interior, el caos era inminente y todo causado por la atrevida extranjera que osó meterse en su corazón y causar toda una revolución de grandes magnitudes, que la dejaba indefensa ante ella y sus múltiples encantos, sus escurridizas manos y sus dulces labios.
Se había enamorado. La amaba de una manera incontrolable. Ella le había mostrado una faceta del mundo que no conocía, una forma increíble de ver la vida y una perspectiva aún más amplia de las cosas. Ella era un nuevo mundo por descubrir, un mundo totalmente desconocido, algo que nunca había visto, algo tan hermoso, que no creía que existiera. Ella le había mostrado cómo es que las personas valientes actúan.
Y no era una valentía carente de miedos. Al contrario, ella sabía que su chica tenía muchos temores, inseguridades, heridas. Pero nada de eso parecía detenerla, ella, quizás, se había derrumbado en el pasado, pero ahora, vuelve a estar erguida sobre sus firmes piernas, con los brazos extendidos, esperando por ella, deseando envolverla en un abrazo infinito y elevarlas al cielo. Miku esperaba ansiosa que ese momento llegue, en que se lance a sus brazos y la sostenga.
Estaba tan sumida en sus pensamientos, que se sorprendió ligeramente cuando se vio en la estación cerca del instituto. Ligeramente desorientada, siguió los pasos de los estudiantes que tenían su mimo uniforme, arreglando sus pensamientos y tratando de domar su corazón, pero éste estaba empecinado en salirse de su pecho e ir corriendo a algún rincón junto a la causante de semejante desastre.
Suspiró, apoyando su mano sobre el pecho. Se detuvo y respiró lentamente, preguntándose cómo llegó hasta ese extraño punto en que la rebelde que una vez odió, la hacía sentir de esa manera tan única.
— ¡Lo sabía! ¡Te has enamorado, Hatsune-san! —exclamó la rubia atolondrada, que era su compañera de clases.
— ¡Tú! ¡Me has asustado, maldita! —le gritó.
—Oh, lo siento —canturreó— ¿al fin has aceptado la realidad?
— ¿Cuál realidad?
—Esa en la que suspiras por alguien —aclaró, soñadora.
—Yo no suspiro por nadie —refutó, con un sonrojo que descartaba sus palabras.
—Pero tu rostro me dice otra cosa —volvió a canturrear.
—Estás loca, no entiendo nada de lo que dices —cortó, adelantándose.
— ¡Suerte con Megurine-san! —gritó, descaradamente.
— ¡Cállate, idiota! —gritó, sonrojada.
La extraña rubia solo atinó a carcajearse, mientras veía a la delegada alejarse rápidamente. Después de unos segundos, logró calmarse, respirando varias veces, encantada con la situación.
—Espero que, en verdad, te vaya muy bien con Hatsune… Comandante —susurró con nostalgia.
La mencionada chica caminaba a su salón, con el ceño fruncido. Si antes se sentía alterada, ahora se sentía mucho más. Esa loca chica rubia había notado sus sentimientos y los usaba para molestarla. Quizás, Luka le había contado a sus amigos, con lujo de detalles, lo que había ocurrido entre ellas, y ahora Lily utilizaba eso para molestarla. De todas maneras, se encargaría de averiguar de dónde sacó la información, le sacaría la verdad a la mujer que era la fuente de todo el hermoso caos que era su vida en esos momentos.
Entró a su salón, paseando su mirada. Sentada sobre una de las mesas, estaba su amada pelirrosa, bromeando con sus amigos, riendo con ellos. Sonrió tenuemente ante la escena, le encantaba verla convivir con otras personas, le parecía fascinante la manera en que su chica se desenvolvía, el vocabulario que usaba, cómo bromeaba con todo y le sacaba el lado divertido y sarcástico. Caminó lentamente, hasta su asiento, donde bajó su bolso y saludó a Neru, empezando una amena conversación con ella. Frunció el ceño cuando vio a Lily entrar y llegar al grupo, dando ligeros saltitos.
Pocos minutos después, un toqueteo en su hombro, algo brusco, la interrumpió. Sabía perfectamente quién era la única que podía llamarla así, por lo que volteó, con una sonrisa imposible de contener.
—Hola —saludó la mujer, con una tenue sonrisa.
—Hola —respondió, ligeramente sonrojada.
—Akita, espero que no te moleste que interrumpa —le dijo, algo apenada.
—No te preocupes, es toda tuya. Te la regalo con moño y envuelta, si prefieres.
— ¡Mejor sin nada! —exclamó.
— ¡Pervertida! —reprochó la peliaqua, dándole una patada en la tibia izquierda.
Luka chilló de dolor, mientras que Neru se carcajeaba por las ocurrencias de la alemana y las diferentes reacciones inesperadas que causaba en su "fría" amiga. Observó divertida cómo una pequeña discusión se formaba entre las chicas, teniendo a la inocente pelirrosa como víctima y a una malvada Miku Hatsune como la victimaria, que seguía regañándola.
Como lo había hecho antes, la mayor estiró su silla hasta la altura del asiento de su chica, sentándose pegada a ella, pasando su brazo por encima de sus hombros mientras conversaban tranquilas, muy cercanas y con una confianza que empezaba a levantar sospechas, aunque la mayoría de sus compañeros ya se veían venir una relación entre las dos mujeres tan opuestas. Los minutos pasaban y las dos se sentían muy cómodas disfrutando de su compañía, molestándose, bromeando y una Miku riendo abiertamente, como nunca lo había hecho. Gumi llegó al salón y no quiso interrumpir a las chicas que tan metidas en su mundo estaban, por lo que fue a saludar a su amiga rubia directamente.
—Se ven muy bien juntas —comentó.
—Sí, creo que ella es lo que Miku-chan necesita —sentenció Meiko, en un tono maternal.
En ese momento, la profesora Arasawa entra apresuradamente, buscando a alguien con la mirada, ligeramente desesperada.
— ¡Megurine! ¿¡Dónde está Megurine!?
—Aquí —dijo, simplemente, levantando la mano.
— ¿Eh? —bajó la mirada, parpadeando un par de veces al ver a su alumna estrella en los brazos de la rebelde —. Miku-chan, debo llevarme a tu chica urgentemente, espero que no te molestes —dijo, en tono divertido, guiñando el ojo.
— ¡Profesora! —se quejó, avergonzada.
Luka solo rió, soltando a la delegada y poniéndose de pie. Se despidió de ella agitando la mano y salió tras los pasos de su profesora guía, que se veía alterada. Llegaron hasta su oficina y se adentraron hasta su escritorio, frente al cual, la alumna tomó asiento tranquilamente. Su profesora, en cambio, se desplomó en su asiento, suspirando.
— ¿Se puede saber qué ocurrió? —preguntó.
—Levkás, tu "padre" —dijo, con desprecio—, ha venido ayer a última hora y me exigió un informe de tu rendimiento.
—Y… —ella sintió todos sus músculos tensarse.
—Mi idea era darle solo los últimos, pero él insistió en verlos todos y, como buen abogado que es, sacó a relucir su derecho como firmante del contrato. En efecto, tuve que mostrarle todos los resultados. Vio la gran baja que tuviste durante unas semanas y ha amenazado con romper el contrato y sacarte del instituto.
— ¡Pero he remontado todo y no perdí la beca! —exclamó, indignada.
—Se lo dije, pero no quiso escuchar. Solo quería advertirte sobre eso. Hoy pasará a hablar contigo, como no sabe dónde encontrarte, vendrá aquí.
— ¿A qué hora?
—No lo sé, solo dijo que vendría durante la mañana y me pidió usar la oficina para hablar contigo… En privado.
—No estará pensando dejarme sola con él.
—El problema es que no sabemos a qué hora vendrá y no puedo abandonar mi clase.
—Sabes que puede matarme si lo desea y nadie le dirá nada.
—Luka-chan, no digas eso, tengamos fe en que solo será una conversación —en ese momento, suena el timbre—, bien, ve a tu salón y no bajes la guardia.
—Sí.
La alemana se levanta, con el ceño totalmente fruncido y los puños fuertemente cerrados. Empezó a idear un plan y una posible ruta de escape, en caso de que las cosas se pongan muy feas. Observó la ventana atentamente, pero no era buena idea. Suspiró, tendría que usar la fuerza, de ser necesario, pero una pequeña parte de ella confiaba en el juicio de Levkás y esperaba que el hombre no sea tan animal. En verdad deseaba que el amable ruso del que se había enamorado, siga existiendo, aunque sea en lo profundo de su corazón.
Entró a su salón e ignoró a Miku olímpicamente, que la miraba muy preocupada por el semblante sombrío con el que entró. Lastimosamente, la presencia del profesor le impedía levantarse a preguntar qué rayos ocurrió. De hecho, la alemana ignoró a todos a su paso, ni siquiera le dio una mirada a su mejor amigo, que se preocupó tanto o más que la peliaqua. Muchas posibilidades se cruzaron en su mente, pero ninguna lograba convencerlo. Sea cual sea el caso, no era nada bueno.
La mañana avanzó lentamente para Luka, que miraba el reloj constantemente, deseando con todas sus fuerzas que Levkás tenga un accidente o le ocurra algo y muera. Cerca de las 9.30 de la mañana, cuando solo quedaban quince minutos antes del receso que pensaba aprovechar para escapar del colegio, unos golpes secos en la puerta de su salón descolocaron su corazón. Ella conocía perfectamente ese sonido, las miles de maneras en que el ruso golpeaba la puerta declarando su estado de ánimo.
Y, esta vez, él estaba enojado.
Un inexplicable miedo empezó a correr por sus entrañas, enviando desagradables escalofríos a sus extremidades. El profesor miró la puerta con curiosidad y se acercó hasta ella, deslizándola. Miró atentamente los azules ojos del hombre alto que tenía en frente.
— ¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó, ligeramente desconfiado.
—Buenos días, joven —dijo, con voz grave y el acento muy marcado—, quiero hablar con Luka Megurine.
— ¿Y usted es?
—Soy su tutor.
El profesor asintió, mirando en dirección a la alemana que estaba estática en su lugar, dándole una mirada cargada de odio al hombre. Se sintió sumamente ofendida cuando él tuvo el descaro de decir que era su tutor. Si bien, él la había ayudado, mantenido y cuidado, todo eso estaba muerto y ya era el pasado. Ahora, ambos se tenían un odio profundo y buscaban la ocasión perfecta para acabar con la vida del otro.
Luka tragó duro y se puso de pie, caminando lentamente hasta el hombre de cabellos rubios, tan claro, que casi eran blancos. Los dos se miraban atentamente, inspeccionándose mutuamente. Levkás llevaba un traje negro con camisa blanca y sin corbata. El hombre cambió su peinado, antes lo traía algo largo, ahora, en cambio, tenía un corte al estilo buzo. Tenía una marcada barba al ras, uniforme, uniéndose perfectamente con su cabello que era ligeramente más claro. Sus facciones eran gruesas, de barbilla ancha y unos ojos tan claros que parecían diamantes azulados, grandes, preciosos. Ese ruso de aproximadamente treinta años, era el monumento a la arrogancia masculina. Él le daba una mirada despectiva a la alemana, desaprobando todo lo que veía, desde su cabello, sus ojos, hasta el uniforme y la forma en que caminaba para dirigirse hacia él.
Miku, por su lado, miraba al hombre con evidente asombro. Stella nunca había mencionado nada de su familia o de un tutory, de repente, aparece ese varón diciendo que, prácticamente, cuida de ella. Sus acentos eran diferentes y no se parecían en nada. Los ojos del padre de su amada le transmitían un miedo profundo y una frialdad única, a diferencia de ella, era evidente que él carecía totalmente de sentimientos, infundiendo miedo con su sola presencia. Cuando Luka pasó por su lado, quiso detenerla, tenía un mal presentimiento sobre todo eso, pero no había nada que pudiera hacer. No tenía fundamentos para sentirse así.
Ella se quedó parada frente al hombre, mirándolo atentamente. Éste, frunció el ceño, tomándola del brazo derecho.
—Suéltame —exigió.
—Solo me aseguro de que no escapes como la última vez.
Ella se resistió un poco, pero él apretó más el agarre, causándole un ligero dolor a modo de advertencia. Cedió, dejando de forcejear. Sin más, ambos se retiraron, dejando un tenso ambiente y miles de murmullos entre sus compañeros, sumándole el errático latir del preocupado corazón de Miku. Ella temía que algo ocurra con su chica, la inquietud no la dejaba en paz.
Algo se sentía muy mal.
En la oficina de la profesora Arasawa, "padre" e "hija" se encontraban sentados uno enfrente de otro, rodeados de un tenso silencio que amenazaba con romper los tendones de sus espaldas. Se miraban fijamente, tratando de entrever en las decisiones y pensamientos del otro, pero fallando rotundamente.
—He venido porque me has avergonzado —empezó el hombre, duro.
— ¿Cómo lo he hecho? —preguntó, inexpresiva.
—Eres una rebelde, una irresponsable y una malagradecida.
—No entiendo tu punto, nadie sabe que estoy a tu cargo.
— ¡El embajador lo sabe! —Exclamó, conteniendo su furia—, y tú, niñita, me estás dejando mal frente a las autoridades.
—No es mi problema.
—Si no fuera por el maldito contrato que firmé con Praats, ya te hubiese matado —susurró.
—Si no fuera por los cargos legales, hace tiempo que yo te hubiera matado.
— ¡Maldita! —le gritó, apretando los puños.
—Dime qué quieres y deja de molestar.
—Sabes perfectamente la condición. Una sola falta más y te tiro en un pozo peor del que te saqué.
— ¿Y qué lugar será peor que ese?
—Irás con mis hombres al cuartel. Serás el juguete del sargento y la puta de los soldados y esta vez, yo no estaré ahí para protegerte. Al contrario, iré ahí a volverte mi puta.
— ¿No tuviste suficiente de mí?
—Querida, eres una fiera en la cama, nunca tendría suficiente.
—Así que, la condición para que no me lleves con tus animales es que mantenga mis notas y nada más —dijo, desviando el tema.
—Eso, no es tan difícil, creo que el otro chico rebelde con el que te revuelcas te ayudará a pasar las materias.
—Yo no me revuelco con él.
—Por lo que —sonrió, perverso—, quiero pedirte algún que otro favor, si quieres llamarlo así.
—Escúpelo.
—Praats me ha mandado llamar varias veces, preguntando por ti, pidiendo que te lleve para hablar los tres. Bien sabrás que él desconoce nuestra situación —ella asintió—, por lo que tuve que inventarle mil excusas. Necesito que me acompañes una vez, tranquilices al alemán ese y te pongas de mi lado.
— ¿Ponerme de tu lado?
—Sabes que no le agrado, solo aceptó que yo sea tu tutor por… Bueno, ya sabes el motivo —se rascó la nuca, algo incómodo—, por eso, me amenaza constantemente con quitarme mi puesto en la embajada rusa y mandarme de vuelta a mi país.
—Donde te arrestarán apenas bajes del avión…
—Exactamente —se cruzó de brazos—, por eso, necesito que me defiendas como colegiala enamorada defiende a su novio frente a su padre celoso.
— ¿No podías poner otro ejemplo? —preguntó, fastidiada.
—No —sonrió, arrogante.
—Prefiero mil veces que pierdas tu puesto y te arresten.
—Pero no te conviene, mi amor.
—Dame un buen motivo.
En eso, él se levanta bruscamente, sacando su pistola de su espalda y lanzándose sobre Luka, cayendo ambos en el piso, con el hombre encima y la pistola en la cabeza de su ahora víctima. Sonrió con perversión y besó sus labios bruscamente. Luka lo mordió.
— ¡Maldita! —exclamó, dándole un golpe con el mango de la pistola.
Un hilo de sangre empezó a caer por su frente, pasando por el costado de su ojo izquierdo. Ella estaba en desventaja y lo sabía. Con arma en mano y encima, el hombre podía hacer lo que se le dé la gana y ambos lo sabían perfectamente.
—No te conviene porque sabes lo que poseo.
—…
—No me he deshecho de esos vídeos que filmamos mientras lo hacíamos —susurró en su oído.
Luka abrió los ojos desmesuradamente, apretando los puños. Sintió que la lengua de Levkás empezó a recorrer su cuello mientras la punta de la pistola reposaba en su mejilla izquierda. El ruso empezó a succionar su cuello con la misma maestría de siempre, conocía el cuerpo de su antigua enamorada y sabía cómo encenderla. Sabía también que, así como él no puede resistir el gran deseo que siente, ella tampoco puede.
— ¿No quieres hacerlo como antes?
—No —respondió, con la voz ronca.
—Interesante —comentó, volviendo a besar su cuello.
El timbre sonó, asustándolos. Levkás se levantó rápidamente, guardando la pistola en su espalda. Luka hizo lo mismo, asegurándose de que su uniforme se vea decente, dentro de lo que para ella es decente. Se volvieron a sentar, uno enfrente del otro.
—¿Esa es tu manera de obligarme a ayudar?
—Sí.
—Eres un desgraciado.
— Tsk, no me interesa, ¿tu profesora vendrá ahora?
—Supongo que sí, es el receso de quince minutos.
Él solo cerró los ojos, suspirando. No podría usar la violencia si la profesora venía y ya tendría que dar muchas explicaciones por las heridas que ambos tenían.
—Bien ¿harás eso? —preguntó, mirándola fijamente.
—No.
—Luka, no me obligues a difundir esos vídeos por toda la red.
—…
—Además, me debes muchos favores.
—Me rescataste porque quisiste.
—No me interesa, me lo debes, maldita —masculló.
En eso, la puerta de la oficina se abre, dejando ver a la dueña del lugar. Se sorprendió al verlos hablar tan tranquilos, pero volvió a alarmarse cuando notó la sangre en el rostro de su alumna y el labio partido del varón.
— ¿¡Qué rayos le has hecho!?
—Esta chica me puso nervioso —defendió el hombre, cruzándose de brazos.
—Te lo buscaste.
—Bien, mejor apresúrense porque temo que terminen a los golpes —Yuri entró rápidamente y dejó algunas carpetas sobre la mesa.
—Si fuera por mí, hace rato ya le hubiese partido la cara a este imbécil.
—Y yo ya te hubiese matado, maldita —se miraron desafiantes.
—Basta. Señor Wazwickoska ¿a qué ha venido? —la profesora volteó y se recostó por su escritorio.
—El embajador quiere hablar con nosotros y, de paso, he puesto en su lugar a esta mujer.
—Puedo presentar cargos contra usted por agredir a mi alumna dentro de la institución.
—Hágalo, no me interesa.
— ¿Qué dirá Praats si se entera que me has golpeado? —preguntó Luka, sonriendo arrogante.
—Ya te dije lo que pasará, pero confío en ti.
—Maldito —masculló.
—Profesora ¿puede dejarnos hablar solos? —pidió el ruso.
—No quiero que se maten.
—No lo haremos, hay un contrato de por medio que nos impide descargarnos —aclaró, gesticulando con las manos.
—Luka-chan ¿te parece bien?
—Si estás aquí, profe, no puedo insultarlo con toda la libertad del mundo —la pelirrosa se cruzó de brazos.
—Ya ve que esta chica es una grosera.
—Está bien, pero, un solo rasguño más a mi alumna y se las verá con las autoridades, señor Wazwickoska.
—No se preocupe.
Dándole una mirada de desconfianza, la profesora se retiró, bastante inquieta, pero no había nada que pueda hacer. Solo esperaba que esos dos se pongan de acuerdo rápidamente. Suspirando, se dirigió a la sala de profesores, donde estaba la expendedora, necesitaba un café para dejar de pensar en cosas trágicas y preocuparse por todo.
Pasados unos minutos, el ruso volvió a quitar la pistola, apuntando a Luka. Ella solo lo miró atentamente, sabía que nunca lo haría, pero era una excelente forma de presionarla.
— ¿Lo harás?
—Está bien —accedió.
— ¡Excelente! Ahora llamaré a Praats, si le hablamos los dos estará más tranquilo.
—Como quieras.
Él sonó entusiasmado. Sonriente, guardó la pistola y sacó su celular del bolsillo del saco. Marcó el número del alemán y, a un par de pitidos, Praats atendió la llamada. Puso el sonido en altavoz, para que ambos puedan hablar y escuchar.
—Levkás.
—Praats. Ahora estoy con Luka.
—Hola Praats.
—Hola, Luka ¿cómo estás? —el hombre sonaba tranquilo.
—Bien.
—Me alegro. Seguro llamaron por la entrevista.
—Sí —respondió ella.
—Vayamos directo al grano. Entre más rápido sea, mejor.
—Díganos fecha y ahí estaremos —dijo Levkás.
—Los espero aquí, mañana, a las… Ocho de la noche ¿les parece?
—Por mí está bien —Luka se alzó de hombros.
—Sí.
—Entonces, está todo concretado —dijo Praats, ambos jurarían que el hombre sonreía en ese momento.
—Nos vemos mañana —sentenció el rubio.
—Adiós chicos.
—Adiós —dijeron al unísono.
Cortaron la llamada y, luego de guardar su celular, él la miró, hundiéndose en esos ojos azules que una vez representaron el mundo entero para él. Suspiró suavemente, era increíble cómo el amor se esfumó dejando solo al rencor, como si fuera lo que sobraba, llevándose todo lo que ambos fueron y dejándolos como un par de desconocidos que solo conocen sus cuerpos, pero no sus almas.
—Ya vete, hombre —apuró Luka.
—Quiero hacerte mía.
La pelirrosa suspiró. No permitiría que ese hombre vuelva a tocarla. No solo por el daño que le hizo en el pasado, sino porque ahora su corazón pertenecía a cierta chica de curiosos cabello aguamarina. Si aceptaba un último revolcón con su ex, sentiría que la estaba traicionando.
—Ya hay alguien más.
Levkás la miró con sorpresa, sintiendo su garganta cerrarse y el orgullo masculino herido. ¿Alguien más ya poseía a su mujer? Inaudito. Apretó los puños.
— ¿Quién es el maldito?
Sin responder, Luka se levantó y, antes de salir, volteó.
—Mañana le diré a Praats que lo nuestro acabó, y desaparecerás de mi vida.
Dio un fuerte portazo y fue a su salón. Levkás se quedó pensativo, luego se levantó y dio un fuerte golpe a puño cerrado sobre el escritorio.
Ella estaba harta de ir al tribunal. Estaba harta de los periodistas, la prensa amarillista y todos los procesos legales que la denuncia de un robo y homicidio requerían. Miku decidió llevar las riendas de la situación, más bien, de empujar a su madre con todas sus fuerzas. Miyako no podía con la situación. Ella había perdido todas sus fuerzas el día que su esposo fue asesinado.
Miku volvía a estar entre el público dentro de la sala de juicio, escuchando atentamente la defensa de uno de los ladrones, que estaba bien elaborada, pero sabía que la abogada de su familia se encargaría de destruir todo eso y poner al tipo en la cárcel. Tal como se lo esperó, el ladrón fue condenado a siete años de cárcel. Estaba contenta con el resultado, pero eso no traería a su padre de vuelta.
El proceso volvió a repetirse dos veces más. El segundo ladrón fue condenado a 20 años de cárcel, no solo por el robo del negocio, sino también por robar el vehículo que utilizaban y matar al guardia que cuidaba la librería de su familia. El tercero, recibió 10 años, por el robo y por compra ilegal de armas de fuego.
A pesar de las condenas, el asesino de su padre logró escapar. Según aclararon sus cómplices, el hombre los traicionó a todos y mató a la "rata de biblioteca", que no estaba en los planes, y se llevó todo el dinero, dejando a sus compañeros a su suerte. Siguieron la pista del hombre hasta Inglaterra, donde se inició una exhaustiva búsqueda del ladrón asesino.
Pero a la familia ya no le importaba. La tristeza rondaba su casa y sabían que el castigo del asesino no traería a Yukio de vuelta. Él se había ido, más bien, había sido arrebatado del seno familiar, dejando solos a sus hijos y a su esposa. Miku y Mikuo empezaron a valerse por ellos mismos. Miyako había caído en una fuerte depresión que la obligó a dejar su trabajo y encerrarse en su habitación, donde no hacía más que llorar abrazando las ropas de su esposo.
Los tres sabían, que sus vidas no volverían a ser iguales desde ese día.
Fin. c:
Bue, tal como dije al principio estaba de finales y todo era muy denso :v. Suspendí una meteria pero bueeee, son cosas que pasan (?). Cuando empezaron las vacaciones mi notebook se descompuso *kokoro rompido* por lo que no pude publicar y ahora la recuperé. Ya inició el semestre y quiero llorar (?).
EL RINCÓN DE LAS RESPUESTAS :D
InfinitySKyght: Sí, acá hay más drama xD este hombre tenía que aparecer pero no te preocupes no volverá a molestar (?) prometo que será de los últimos dramas densos del fic :v. Me alegra que notes pequeños detalles y que los aprecies :') muchas gracias por tus palabras. Espero que te guste este cap ¡saludos!
Azhenet: Sí, el próximo cap ya veremos el pasado de Luka en un super resumen extendido (?) espero que te guste :D. Muchas gracias por tus palabras, me alegra que te guste y ojalá este cap también sea de tu agrado xD ¡saludos!
Fany 3: Jajajaja, se hizo esperar la verdad xD. Bue ya tenés acá una pieza importante del pasado de Luka gg. Va a molestar un poco y luego bai xD. El próximo cap ya verás todo el pasado gay y trágico de Luka. Muchas gracias por tus palabras y espero que cap también te haya gustado ¡saludos! :3
HollieRubin: ¡Hola! Debo decir que tu review me emocionó todo :'c skfnwejfn qué bellas palabras, me entusiasmas así, awww, es lo más bello que me han dicho xD. Bue no voy a dejar de actualizar, lo prometo xD de repente me toma tiempo por la universidad y cosas inesperadas como que mi notebook muera *kokoro partido* espero que este cap te guste también ¡saludos y muchas gracias!
Seven Minds: Jajajaaja, estoy bien y ya está acá la continuación xD. Bue ya apareció uno de los secretos de Luka, y el próx cap mataré tu curiosidad sobre sus secretos gg. Quizás Rin sufra un poco más y luego sea feliz (?) pero bue a mí no agrada entonces la uso para estas cosas jajajaja ¡saludos y espero que te haya gustado!
