Capítulo 10
Kari se despertó junto a Yolei sobresaltada, había tenido una pesadilla horrible como aquellas que tenía cuando era pequeña. Myotismon mantenía a T.K. capturado e iba a hacerle daño, iba a hacerles daño a todos. Se levantó en silencio y salió de la habitación sin despertar a Yolei.
Izzy se había dormido en el sofá, Sora estaba preparando algo en la cocina, Matt miraba distraídamente por la ventana y Mimi estaba saliendo de la habitación donde se encontraba Tai con una sonrisa.
Kari fue directa a la habitación.
─Hermano – murmuró nada más entrar.
─Kari...
─Hermano, he tenido una pesadilla...
─ ¿Cómo? – Tai intentó incorporarse pero tuvo que volver a recostarse con ayuda de Kari.
─He tenido una pesadilla como las que tenía de pequeña, hacían daño a T.K. Myotismon lo tiene en su poder y no va a hacerle ningún bien.
─Kari, aquellas pesadillas... las tuviste cuando derrotamos a los Amos Oscuros...
─No... – Kari se quedó pensativa, los dos hermanos se miraron.
─No puede ser verdad. Ayúdame a levantarme... – Tai se levantó de la cama casi de un salto y le faltó poco para caer de no ser porque Kari estuvo atenta y que Sora estaba entrando por la puerta –. Llamad a Matt... – Tai parecía desesperado.
─ ¡Matt! – dijo Kari desde la puerta. Matt entró en la habitación, intentó ayudar a Sora para levantar a Tai del suelo pero el castaño lo cogió por las solapas de la chaqueta y lo sacudió.
─ ¡Él tiene a T.K.! – gritó fuera de sí.
─ ¿Quién?
─¡El Digimon Demonio! ¡PIEDMON!
Todos callaron, Matt habló.
─Eso no es posible Tai, tú y yo lo destruimos, acabamos con él. Piedmon no puede volver.
─Pero es él...
─Vamos, necesitas descansar...
─Tal vez, tengas razón... – se resignó Tai.
Matt levantó a Tai y lo ayudó a acostarse. El castaño suspiró, abatido.
─Mimi, ¿puedes quedarte? – susurró Tai al ver que la castaña entraba por la puerta.
─Claro – Kari se fue tras darle un beso a su hermano en la mejilla.
─Si te vuelve a pasar algo... dímelo...
─Eres mi hermano, serás el primero en enterarte. No te preocupes.
Sora salió sin mirar siquiera a Tai o a Mimi, Matt tras cruzar una fugaz mirada con Mimi se marchó un tanto sonrojado.
Izzy se había despertado con todo el movimiento de gente y se había puesto a teclear en su ordenador mientras los demás se mantenían callados absortos en sus pensamientos por el salón. Intentaba establecer contacto con Gennai.
─Mimi... – dijo Tai una vez se hubiesen marchado todos –. Tengo un... problema...
─ ¿Qué te pasa, Tai?
─No puedo decirle... a Sora... que la quiero...
─ ¿Por qué?
─Se lo he intentado... decir... justo antes de que... llegaseis Matt y tú... pero Mimi... he intentado matarla... no puedo...
─Tai, no te fuerces... – dijo preocupada al ver como a su amigo cada vez le costaba más hablar.
─Necesito hablar... de esto... y tú eres la única...
─Vale, está bien. Mira Tai, sé lo que pasó y lo cerca que estuviste de...
─Matar a Sora... puedes decirlo... – Mimi asintió y continuó.
─Estuviste cerca de matar a Sora pero la salvaste a pesar de todo, ¿sabes? Creaste, no sé como una especie de burbuja arriesgando tu vida para protegerla. Tai ella te quiere y tú la quieres a ella. Sora ya hace rato que te ha perdonado... Díselo... – terminó la castaña.
─Gracias, Mimi... – con un brazo tiró de ella para que se acostase a su lado, la chica apoyó la cabeza en el hombro de Tai rodeando su cintura con los brazos.
─ ¿Por qué no me has comentado esto antes?
─No se me había ocurrido... se ve que tal y como estoy... se me olvidan... las cosas...
─Está bien, no pasa nada – Mimi se quedó junto a él y ambos acabaron durmiéndose al cabo de un rato.
En el salón, los demás digielegidos permanecían en silencio, Izzy suspiró mientras dejaba el ordenador apagado sobre la mesa que había delante del sofá.
─ ¿Qué ocurre, Izzy? - le dijo Matt acercándose al otro.
─No he podido contactar con Gennai de ninguna forma, habrá que volver al mundo digital y ver si podemos encontrarlo, lo que está pasando es muy extraño, Matt. Tai ha perdido su emblema y T.K. no tenemos ni idea de dónde está. Además, Kari ha tenido antes una pesadilla de la que ha salido aterrorizada cuando hacía años que no las padecía. Hay que comentarle todo esto a alguien.
─Tienes razón, todo es un poco raro.
─También tenemos nuevos niños elegidos que no sabemos que hacer con ellos.
─Por Dios, qué desastre.
Sora que había permanecido callada escuchando a Matt e Izzy se levantó para ir a ver a Tai. En cuanto abrió la puerta se quedó petrificada. Tai y Mimi estaban acostados juntos, abrazados, con los rostros muy cerca el uno del otro, completamente dormidos. Una lágrima cayó por el rostro de Sora ya que sabía que Mimi había sido el amor de Tai y por lo visto, lo seguía siendo. Al menos se lo podrían haber dicho y evitarle este sufrimiento de verles así. Tai abrió los ojos y al verla allí se despertó de golpe.
─ ¡Sora!
─Eres un idiota... – murmuró Sora antes de marcharse corriendo, cogió su abrigo azul claro y salió a la calle, llorando con rabia. Tai se levantó a duras penas, se vistió con su ropa, la camisa blanca del uniforme, el pantalón verde y cogió su abrigo. Mimi se despertó sobresaltada e intentó detener a Tai.
─Mimi... tengo que ir... – La castaña asintió preocupada y éste salió corriendo ignorando el dolor de las heridas. Mimi se sentía mal por su amiga, muy mal, sentía que la había herido profundamente. La chica oyó como se cerraba la puerta del apartamento de Joe de un golpe.
Matt e Izzy fueron a la habitación.
─ ¿Qué ha pasado? - preguntó el pelirrojo.
─Nada que el amor de verdad no arregle – contestó Mimi saliendo de la habitación para ir a la cocina.
Kari había subido a la azotea para observar el cielo oscuro, no había luna ni tampoco estrellas. La castaña miró su emblema colgando de su cuello, estaba un poco apagado.
─T.K... ¿dónde estás? - susurró en voz alta casi sin darse cuenta. En ese momento, le vino a la mente el momento que habían tenido ellos dos para estar más juntos, en la caseta del pueblo Digimon cuando se habían acostado para dormir . Había sentido el rostro de T.K. muy cerca del de ella, sus ojos azules la miraban de una manera muy especial y si se hubiese acercado hubiese podido besar sus labios. Kari se quedó sorprendida al verse a sí misma pensando eso pero sonrió con tristeza al darse cuenta de la verdad. "¿Estoy enamorada de mi mejor amigo?" pensó con un suspiro, estaba confusa. Un aire frío empezó a moverse y la hizo estremecerse de pies a cabeza. El otoño ya llegaba con fuerza, un año más. Miró una vez más hacia la calle, vio a Sora salir corriendo. Acto seguido, vio a su propio hermano que la seguía cojeando bastante. "¿Qué le has hecho ahora a Sora, hermano?" Se los quedó mirando hasta que se perdieron al cruzar la calle.
─Hola, Kari.
─Hola, Davis – respondió sin volverse hacia él. El chico con el pelo de punta se acercó, se apoyó junto a ella en la barandilla de hierro negro y la miró –. ¿Qué haces aquí?
─Pensar, nada en especial.
─ ¿Puedo saber qué estabas pensando?
─Me temo que no, lo siento. Aún así, gracias por preocuparte por mí – le sonrió. Davis sintió que se derretía con aquella sonrisa.
─Kari, me gustaría decirte una cosa.
─Dime. Te escucho – Kari lo miró seria.
─Verás, me gustaría que supieras que... bueno... a mí... yo... – el pobre se liaba con sus propias palabras. Kari se rió –. Bueno... ¡que me gustas mucho! – soltó el chico de sopetón, a Kari se le cortó la risa y se quedó blanca como el papel. Davis se puso rojo a más no poder –. Tenía que decírtelo para que al menos lo supieses.
─Me alegra que tengas esos sentimientos por mí – dijo Kari al cabo de un rato –. No obstante, no puedo corresponderte. No, por el momento. Perdón, Davis –la chica le tocó el hombro y él suspiró.
─Ya me lo esperaba pero tenía que intentarlo, ¿no?
─Por intentarlo no pierdes nada... – la castaña le dio un beso en la mejilla – Me voy al apartamento a ver si puedo dormir. ¿Has dejado a Cody en su casa?
─Sí, le he llevado. Demasiadas emociones en tan poco tiempo. Necesita asimilarlas igual que Yolei.
─ ¿Y tú?
─Yo estoy bien, por mí no hay que preocuparse. ¡Soy fuerte! – Davis rió y Kari con él.
─Hasta luego.
─Adiós... – Davis la vio desaparecer por las escaleras que llevaban abajo y se quedó mirando la gran ciudad que dormida se extendía a sus pies.
