Disclaimer:El mundo y los personajes de My hero academia pertenecen a Kohei Horikoshi.
Anotaciones: Hola. Sé que he tardado mucho en subir el último capítulo, pero he estado ocupado el último mes concentrándome en escribir otras cosas. Probablemente ahora tendría bastante que corregir en los capítulo anteriores, pero prefiero dejarlos así para poder ver si he progresado.
Y nada, este es ya el último capítulo, el más largo de todos. Si consigo recordar cómo se cambia el estado de un fic de incompleto a completo, ya estará todo hecho.
X. Final y principio.
Caminaban alejándose de la estación, uno al lado del otro. El viaje de vuelta a casa estaba llegando a su fin, y la sensación de estar viviendo aquel día inolvidable pronto desaparecería, quedando solo en sus recuerdos.
Pero Izuku sabía que pronto crearían muchos más, los tres juntos. Tenía que ser así.
Kacchan se detuvo en seco al llegar al cruce en el que debía separarse hacia su casa. Se quedó mirándolos a ambos, como si no supiera qué decir.
–Me separo aquí –soltó al final, y acto seguido comenzó a andar sin añadir palabra.
Shouto le cogió del brazo para retenerle y se acercó a él con claras intenciones de darle un beso, pero fue apartado de un empujón.
–¿Qué haces? Aquí no –masculló.
El chico retrocedió confuso, dejando una caricia al soltar su brazo. Izuku se puso entonces entre ambos, apoyando su mano en el hombro de Kacchan.
–Volveremos a vernos pronto, ¿verdad?
El chico gruñó como respuesta.
–Bueno, me voy ya.
Comenzó a caminar más rápido de lo que era normal en él, con las manos en los bolsillos y los hombros ligeramente encogidos. Fue a darle una patada a una piedra del suelo, pero caminaba tan deprisa que falló el tiro. Izuku le escuchó maldecir sin detenerse, hasta que desapareció al girar en una esquina.
–Creo que vamos a tener que ir poco a poco con él en ese tema–dijo volviéndose hacia Shouto. Éste sonrió al mirarle.
–Sí. –Comenzó a andar por el camino que los dos compartían, pero se detuvo al poco de haber empezado y le tendió la mano a Izuku.
Tras un momento de duda, él se la cogió con firmeza.
–Tendremos que darle ejemplo –explicó Shouto, sin dejar de sonreír. Izuku apretó su mano, y continuaron el camino.
–Sí, tienes razón.
–––
Poco después de dejar a Shouto en su casa, Izuku recibió un mensaje en el móvil. Era de su madre. Cuando leyó lo que decía tuvo que dar media vuelta y volver por donde había venido.
Llamó a un telefonillo, y le abrieron sin decir nada. Subió las escaleras y tocó una puerta. Espero que sea esta. Abrió una mujer con el pelo completamente blanco.
–Oh, tú debes de ser Midoriya.
Su madre apareció de detrás de ella, como un fantasma.
– ¡Izuku! ¿Lo has pasado bien?
El salto que dio por la sorpresa le hizo chocar con la pared. Mamá, no me des estos sustos.
–Pero qué eres, ¿un gato? Pasa por lo menos y saluda como es debido, hombre.
–S-sí, lo siento –inclinó la cabeza hacia la mujer del pelo blanco.
–Soy Yuji, encantada –dijo está con una voz suave y cristalina, invitándole a pasar. Izuku no había imaginado así a la madre de Shouto, pero fijándose bien era cierto que ambos compartían muchos rasgos.
Encontró a su madre de nuevo sentada en una de las mesas de la cocina.
–Ayer con lo de venir a avisarla nos liamos a hablar y se nos hizo tarde, y tuve que quedarme a dormir. ¿Te lo puedes creer? No lo hacía desde que estaba en la universidad.
Yuji se sentó a su lado, tomando un trago de la taza que había sobre la mesa.
–¿Qué tal os fue el viaje? Shouto no me dijo nada de… Ah, ahí estás.
El chico había aparecido en el marco de la puerta que daba al pasillo, sin hacer ningún ruido. Izuku acababa de verle, se habían despedido con un beso hacía escasos minutos, pero no pudo evitar que le diera un vuelco el corazón.
–Él sí que es un gato, no hace ni un ruido –rio su madre.
Izuku quiso taparse la cara de vergüenza ante su comentario, pero Shouto sonrió ligeramente. Ambos quedaron mirándose en silencio mientras sus madres hablaban.
Al poco tiempo se despidieron, ya que todos tenían cosas que hacer, pero su madre insistió en que Shouto podía ir a su casa siempre que quisiera. Y así quedó todo. Izuku sentía que su vida estaba cambiando demasiado rápido, y necesitaba llegar a casa para dejarse caer en la cama y pensar sobre todo lo ocurrido.
Por el camino, poco antes de llegar, hubo un momento en el que su madre se quedó en silencio. Aquello era extraño en ella, pero cuando volvió a hablar lo hizo con una voz que tenía un toque de seriedad.
–Parece que Yuji siempre está sola –comenzó–. Su hijo, Shouto, es igual que ella en eso, ¿no crees? Al menos esa impresión me dio a mí. La única diferencia entre ambos es que él es consciente de su fuerza. Supongo que su padre le dejó eso.
Aquello era cierto. Donde Shouto existía en equilibrio entre un fuego que amenazaba con devorarle y el hielo quebradizo de sus recuerdos, su madre solo tenía este último. Pero su hielo tenía muchas más capas, era rígido, insondable… Y a la vez sutil y acogedor.
–Os lleváis bien vosotros dos, ¿no, Izuku?
No pudo evitar sonrojarse, sintiendo el calor de su sangre desde las mejillas hasta las orejas.
–Sí, nos llevamos bien.
–Me alegro. Es buen chico.
–––
Yuji terminó su té, sentada en el viejo sofá de aquella casa que aún le resultaba tan desconocida. Shouto dormía en la habitación de al lado. Así que tiene amigos, ¿eh? Yuji agradeció que, pese a haber estado tan lejos de él todo ese tiempo, se hubiese hecho lo suficientemente fuerte como para poder confiar en los demás. Aquel hombre no había conseguido quebrar esa parte.
Apretó la taza vacía entre sus manos. No, no tenía sentido pensar en ello. Ya no volvería.
Además, ella también se sentía fuerte. Había ganado un hijo, y una nueva amiga.
–––
Estaba sentado en su propia habitación, que resultaba apenas reconocible con aquella oscuridad. Se negaba a encender la luz. Siempre había sido innecesario con el fuego que emanaba a su paso, y nada tenía que cambiar.
Pero había cambiado. Apretó sus enormes manos rodeando sus rodillas, y concentró toda su energía en un solo punto de su cuerpo. Llevaba puesto su traje. El poder debía estar ahí, esperando para ser tomado. Le pertenecía, tenía derecho a ello. Entonces, ¿por qué no acudía a su llamada?
Había pasado una semana desde que salió de aquel sueño frío. Una semana en la que un puñado de héroes sanadores se había hecho cargo de su situación. Inútiles todos ellos. ¿Cómo pudieron dejar que una pequeñez así le arrebatase todo lo que tenía?
Aquella mujer desquiciada, siempre arruinándolo todo. Al pensar en ella, el hombre se levantó y golpeó la pared con todas sus fuerzas.
A pesar de haber sobrevivido, y por mucho que lo había intentado en la última semana, el héroe conocido como Endeavor se había vuelto incapaz de activar su don. El fuego había sido aplastado por el hielo, inundado por el agua, apagado por el viento gélido. Desaparecido, como si nunca hubiera estado ahí.
Un rugido comenzó a nacer en su garganta, y ascendió formando un grito de rabia que pareció hacer temblar toda la mansión.
Nunca llegaría ser el número uno, el dios que había soñado. Ni siquiera volvería a ser visto como un héroe. Ahora solo era un simple humano. Una hormiga diminuta.
Se miró en las sombras que arrojaba el gran espejo de la pared, pero la oscuridad no le devolvió ninguna imagen.
–––
Epílogo. Dos meses después.
–Deku, tenías que haber recogido algo más el escritorio.
–Pero…
–Está bien, señora Midoriya –respondió Shouto.
–Bueno, ya no tiene remedio –sonrió hacia él–. Os dejo solos.
Su madre cerró la puerta, y Shouto se tumbó en el colchón que habían puesto en el suelo, sobre su alfombra de All Might. Ambos estaban en pijama, era la segunda vez que el chico se quedaba a dormir en su casa.
–Sé que ya lo dije la última vez, pero sí que debe de gustarte All Might… –murmuró, recorriendo el cuarto con sus ojos bicolores.
–Sí, bueno… –sonrió Izuku, algo avergonzado. Debería cambiar de tema– Cuando quieras que apague la luz dímelo, tengo el interruptor justo aquí.
Shouto se puso de lado, mirando hacia él.
–No hagas como la vez anterior, aún es pronto.
–¡Son las once de la noche!
–Qué horario más raro tienes, pensé que serías de los que se quedan hasta las doce estudiando.
–¡Y lo hago! Pero ahí tengo un motivo para permanecer despierto.
Shouto sonrió de una forma que habría esperado más propia de Kacchan. Le dio miedo.
–Ah, ¿quieres un motivo? –Se sentó, apoyando su cabeza en la cama de Izuku, a escasos centímetros de su cara–. Tengo que compartir contigo algo que he estado investigando.
Aquello sonaba importante.
–Oh, ¿sobre qué? ¿Algo sobre los exámenes parciales? –Tenía que ser aquello. Como Shouto parecía mayor, habría hablado con los estudiantes de cursos superiores para saber qué tipo de pruebas aparecerían en los exámenes. ¿Tal vez se centren más en operaciones de rescate? ¿En combate individual? No, eso no tiene sentido, ya lo hicimos el año pasado…
–Verás, había ciertas cosas que no comprendía hasta hace poco, pero he estado mirando en Internet. Y he encontrado algo muy interesante.
Oh, tal vez sí que sea combate individual. Seguramente los graben como en el torneo, y estén colgados en Internet. ¿Habrá alguno de cuando los profesores eran estudiantes? Eso sí que me gustaría verlo. ¿Cómo sería All Might en aquella época? ¿Es posible que se me haya escapado una mina de fanservice tan importante como esa? Aunque el trabajo de héroe convertido en espectáculo de masas no surgió con fuerza hasta que apareció…
– ¿Sabes lo que es el yaoi?
Izuku se quedó en blanco. Sentía que sus funciones vitales se habían detenido. Pero Shouto seguía ahí, justo a su lado, mirándole fijamente. ¿Cómo podía estar tan tranquilo después de decir eso?
–Dime, ¿lo sabías?
–Eh… – ¿Qué se suponía que debía decir?
Shouto se acercó más a él.
–¿Alguna vez has tenido sexo, Izuku?
Lo preguntó con total seriedad, dejando caer la pregunta como si nada. ¿No había ningún héroe en la zona que pudiera salvarle de aquella situación? Izuku rogó porque así fuera. ¿Tenían jurisdicción para actuar cuando otra persona intenta provocarte conscientemente un ataque al corazón? Parecía algo digno de un villano, ¿no?
Shouto sacó su móvil. ¿Cuándo lo había cogido?
–Mira, viene todo aquí. Hay algunas cosas muy raras, pero otras no están nada…
–¡Shouto! –Izuku trató de apartarlo, poniendo la almohada entre ellos. Una voz de extrañeza llegó del otro lado, amortiguada.
–¿Ocurre algo?
Izuku aplastó más su cara para impedirle hablar, pero no pudo evitar echar una ojeada a la pantalla que el chico aún sostenía en su mano. Reprimió una exclamación.
Diga lo que diga, no pienso vestirme así.
El sonido de una pequeña explosión, como un petardo que hubiesen encendido en la calle de al lado, llamó su atención. Izuku bajo su almohada, descubriendo de nuevo el rostro de Shouto. Algo golpeaba su ventana. Ya está aquí.
Se levantó a abrirla, y una ráfaga de aire otoñal se adentró en el cuarto. Kacchan saltó dentro justo después.
Parece que al final sí que me han salvado.
–Ya he llegado.
–Buenas noches, Katsuki –saludó Shouto desde el colchón en el suelo.
Izuku cerró de nuevo la ventana, y Kacchan caminó al interior del cuarto arrojando la chaqueta sobre la silla del escritorio.
– ¿Este es todo el espacio que hay?
Shouto rodó para pegarse a un lado del colchón.
–La mitad de la cama de invitados es tuya.
Kacchan bufó.
–Perfecto, debí haberme quedado en casa.
–Puedo ir a dormir al sofá si no queréis… –intervino Izuku.
– ¡No! –dijeron ambos a la vez, extrañamente tajantes.
Izuku reprimió una sonrisa.
Todavía no habían sacado el valor para explicarles a sus familias la relación que mantenían entre los tres. De hecho, ellos mismos no la tenían muy clara a veces. De modo que habían decidido mantenerlo en secreto por el momento.
Y después de aguantar a Kacchan un día entero enfurruñado (casualmente justo después de que Shouto se quedara a dormir en su casa por primera vez), habían decidido que en aquella ocasión debían estar los tres juntos. Aunque uno tuviera que entrar en secreto.
Izuku miró el móvil de Shouto, que aún seguía sobre la cama. Lo recogió, llevándolo a la mesilla de noche, y se apresuró a meterse dentro de las sábanas. Tengo que evitar que Shouto le haga preguntas raras a Kacchan. No quiero ni imaginarme la situación. Ni hablar.
–Íbamos a dormir ya –dijo, callando a Shouto con una mirada tajante.
– ¿A estas horas? De verdad, parecéis críos de cinco años. –No obstante, Katsuki comenzó a quitarse los zapatos.
Después la camiseta. Luego los pantalones.
¿Es que pretende desnudarse?
–Kacchan, ¿quieres que te preste un pijama?
– ¿Por qué? Duermo así –contestó, habiendo quedado en calzoncillos. Se sentó en el colchón y levantó la sábana, haciéndole a Shouto un gesto de que se apartase. El chico llevaba un tiempo observándole, en silencio–. Déjame sitio.
Kacchan ocupó casi todo el colchón, tumbándose boca arriba. Shouto, pegado contra la cama de Izuku, le miraba sin decir nada.
– ¿Apago la luz?
–Katsuki –rompió su silencio Shouto, ignorando la pregunta que Izuku acababa de hacer.
– ¿Eh? Dime.
– ¿Tú sabes lo que es el…?
– ¡La apago ya! –le cortó Izuku.
Una vez a oscuras, la habitación quedó en silencio. Izuku se arropó, dejando que su respiración se calmase. Estaba contento de ir a despertar junto a las dos personas que quería. No hacían aquello desde el día que fueron a la playa, cuando aún era verano.
– ¿Qué haces? ¡Quita!
Era la voz de Kacchan.
– ¿No quieres que te toque?
Y esa era la voz de Shouto. Esto va mal.
–No.
–Pero hay muy poco espacio. Solo así, ¿ves?
– ¡Quédate en tu lado, mitad-idiota!
–Estoy en mi lado.
–Chicos… ¿Queréis que me vaya a dormir al…? –intentó poner paz Izuku.
– ¡No!
De nuevo habían contestado ambos a la vez. ¿Pero qué les pasaba?
–Pon la almohada en medio, así no te metes en mi lado –susurró Kacchan, consciente de que si hacían ruido su madre podría descubrirles.
–Pero no puedo dormir sin almohada –se quejó Shouto.
–Solo quédate en tu lado y ya está.
Silencio. Estaba demasiado oscuro para ver sus expresiones. ¿Conseguirán dormir? Tal vez debía ignorar sus quejas e irse a dormir al sofá. Claro que entonces tendría que volver a su habitación antes de que se levantase su madre, o no sabría cómo explicárselo. Eso contando con que no se despertara en mitad de la noche para tomar un vaso de agua y le descubriera allí.
–Oh, ya sé qué hacer –dijo Shouto.
–Sorpréndeme.
De pronto, unos brazos rodearon a Izuku, y se encontró cayendo en el colchón de abajo, justo entre ambos.
–Si usamos a Izuku para separar tu lado y el mío, yo puedo dormir con almohada y sin tocarte.
¿Qué?
–Eres imbécil –murmuró Kacchan junto a él.
Sin embargo, Izuku sintió cómo sus brazos le rodeaban. Shouto también se apretó contra él.
–En fin, buenas noches.
– ¡Un momento! – ¿Aquello iba en serio? – ¡No voy a poder dormir así!
–Cállate, Deku.
– ¿Quieres que te entretengamos hasta que te duermas? –propuso Shouto.
Kacchan le apretó contra sí, respirando en su cuello. Izuku sintió cómo todo su cuerpo se tensaba.
–Lo que sea –dijo el chico tras él– pero dejadme dormir.
Hubo un momento de silencio. ¿De verdad aquellos dos pretendían que los tres durmieran en un colchón tan pequeño?
De pronto, Shouto comenzó a hablar en un susurro.
–Justo estaba preguntándole a Izuku si había tenido sexo alguna vez, pero no me contestó.
Dio un respingo. ¿De nuevo con ese tema? Estaba claro que aquella noche no iba a poder dormir.
–Ah. Sí lo ha tenido –murmuró Kacchan, con voz de sueño. ¿Él también?
–Oh. Entonces puedo preguntarte algunas dudas que tengo. ¿Dónde está mi móvil?
– ¡En ningún sitio! –intervino Izuku.
Kacchan rio junto a él.
–Vaya, ¿el mitad-idiota tiene dudas sobre eso?
–Sí, no entiendo la parte en la que… Un momento, ¿lo hicisteis juntos?
Ahora sí que le costaba respirar. Shouto estaba justo frente a él, apoyado en su almohada, podía sentir su aliento a cada palabra que decía. Y Kacchan le abrazaba por la espalda. ¿Cómo iba a sobrevivir a una situación así?
–S-Shou-Shouto, no es… Aquello fue…
–Deku –susurró Kacchan cerca de su oído–, si dices que lo hiciste conmigo solo porque él se había marchado, te mato.
Se le congeló la sangre en las venas, pero en aquel momento Shouto le abrazó, arrebatándole de los brazos de Kacchan. Su pijama tenía su olor, e Izuku sintió que recuperaba la respiración para perderla de nuevo.
–Ya veo…–murmuró Shouto.
–No te quejes –dijo Kacchan–, vosotros ya tuvisteis vuestro momento la última vez que dormiste aquí. Seguro que ni tocaste la cama de invitados.
Izuku se volvió hacia él. La sorpresa había borrado el miedo de su voz.
–Kacchan, ¿estabas celoso por eso?
– ¡Yo no estaba celoso! –casi se le escapó un grito.
–Pero no hicimos nada, Katsuki –intervino Shouto–. Solo ver vídeos de All Might y hablar hasta quedarnos dormidos.
–Ugh, ¿en serio? Menos mal que no vine.
– ¡Oye!
Shouto le acarició el pelo, y tuvo que reprimir un escalofrío.
–Solo con verle mereció la pena.
Izuku agradeció que la luz estuviese apagada y de ese modo la oscuridad escondiese su sonrojo. Se abrazó a Shouto, pegándose aún más a él. Entonces notó con la pierna un bulto extraño.
Ah, de modo que era eso.
Tal vez no había nada malo en ello, ¿no?
–Shouto… –Realmente no encontraba las palabras apropiadas. No podía creer que fuese a decir aquello–. ¿Es que tú quieres…? Quiero decir, yo no tendría ningún problema.
A su espalda, Kacchan se rio.
– ¿De verdad? –Shouto acercó sus labios a los suyos al hacer la pregunta.
–Sí –contestó Izuku, dejando que se acercase más hasta que sus bocas se encontraron. ¿Qué estoy haciendo?
Las manos de Kacchan le rodearon el torso y tiraron hacia arriba. El chico interrumpió el beso entre ambos cuando le quitó la camiseta del pijama.
–Esto va a ser entretenido –dijo.
Shouto no añadió nada. Seguía únicamente concentrado en él. Sus labios bajaron por su cuello.
– ¿Puedo besarte aquí?
–Puedes… Puedes besarme donde quieras.
Su boca y sus manos ascendieron y descendieron por su torso, e Izuku tuvo que taparse la boca para acallar sus suspiros. Shouto alargó el brazo y arrastró a Kacchan también hacia él. El chico soltó un gruñido, pero comenzó también a recorrer su espalda desnuda. Izuku no recordaba ya lo que era respirar con normalidad.
Las manos de Shouto se detuvieron rozando la goma del pantalón, sus dedos bordeando la frontera que la ropa le imponía. Su rostro estaba quieto frente al suyo, formulando una pregunta sin palabras. Izuku tomó su cara entre las manos y le besó como respuesta.
Entonces sus caricias descendieron a donde no habían estado nunca antes, y poco después también lo hicieron sus besos. Izuku tuvo que enterrar la cara en la almohada para reprimir un suspiro. ¿De modo que esto es lo que sintió Kacchan cuando…?
Pegó su espalda al torso de Kacchan, que había comenzado a besarle el cuello. Sus manos buscaron el pelo de Shouto, y apenas llegaron a acariciarle antes de que en su mente todo se volviera oscuro.
–––
Izuku estaba rendido, incapaz de moverse. Solo pudo cerrar los ojos, y dejar que su respiración se fuera recobrando la normalidad.
Justo a su lado, Kacchan y Shouto habían comenzado a prestarse atención mutuamente. Parecía que al chico ya no le molestaba tanto que le tocasen, o se metieran en su lado de la cama. Sus besos apenas dejaban espacio a sus respiraciones entrecortadas, y pronto su ropa desapareció. Izuku alzó la cabeza, lamentando que la oscuridad le impidiese contemplar aquella imagen. Acarició la espalda de Shouto y se levantó de la cama, aún algo mareado.
Consiguió encender la pequeña lámpara del escritorio, y se volvió para disfrutar de aquella hermosa vista.
–Kat-suki –un beso rápido interrumpió a Shouto, mientras las manos de Kacchan descendían por su vientre – ¿Quieres probar a…?
Se acercó a su oído, de modo que Izuku no pudo escuchar lo que le dijo.
– ¿Eres tonto? –Respondió Kacchan–. No tenemos con qué hacerlo.
Izuku volvió a tumbarse a su lado. ¿Qué le habría propuesto?
–De hecho… – ¿Shouto estaba sonrojado? Era la primera vez que abandonaba su habitual tranquilidad aquella noche– Traje lo necesario… Solo por si acaso.
Kacchan le miró fijamente, alzando las cejas. Luego sonrió.
–––
Izuku posó los labios en el cuello de Shouto cuando el chico terminó de pelear contra aquel cubrimiento de goma. Después se tumbó junto a Kacchan, tomándole de la mano. Ninguno de los dos lo dijo, pero sabía que ambos estaban nerviosos. Alargó la mano para acariciar el brazo de Shouto, sonriendo hacia él. Estamos juntos, no os preocupéis.
–Katsuki… ¿Estás seguro?
–Solo hazlo ya, pesado –contestó éste, tumbado boca abajo con la almohada agarrada entre los brazos.
Izuku sabía que la voz de Kacchan había sonado algo más titubeante de lo normal, así que apretó su mano, acariciándole la espalda con la otra. Shouto tragó saliva.
–Entonces… Voy.
Un suspiro. Un quejido. Un susurro. Sus respiraciones se entrecortaron, y sus cuerpos se buscaron el uno al otro. Izuku les besó a los dos mientras ambos se fundían, llenos de duda y torpeza. Se quedó contemplándoles cuando se hubieron unido, y los tres se tomaron de las manos.
Shouto terminó demasiado rápido, ahogando un gemido entre los hombros de Kacchan. Cuando se desplomó a su lado, Izuku descendió por el torso del muchacho, empujándole suavemente para que se tumbara mirando al techo. Descendió hasta rodear con la boca aquello que aún reclamaba sus atenciones. El segundo suspiro no se demoró demasiado.
Shouto arrojó un pañuelo arrugado al suelo, y se abrazó a Kacchan en el momento en que éste terminaba entre los labios de Izuku. Cuando se separó, él también se sumó al abrazo, y se quedaron así un largo tiempo, recuperando los tres la respiración.
Pasado un rato, Shouto comenzó a reírse sin motivo alguno. Enterró la cara en la espalda de Kacchan, pero no pudo detener su risa. Fue más contagiosa de lo esperado, porque al poco tiempo Izuku se encontró sin ser capaz tampoco de retener la suya, y los dos acabaron luchando por guardar silencio.
Kacchan se puso boca arriba, rodeándolos con los brazos.
–Sois muy ruidosos…
Shouto le besó en la mejilla, todavía sonriendo, y alargó el brazo para arroparlos con la sábana.
–Tápate, que vas a coger frío.
–No creo.
Izuku apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos. Parecía que al final sí que iban a dormir los tres juntos.
Creo que podría acostumbrarme a esto.
