Bueno, aquí hay un poco mas de dramione. Ahí os dejo!

Draco se despertó algo contrariado. No se había dado cuenta de que se había quedado dormido de nuevo.

Miró al sofá en el que la última vez estaba Hermione, y allí seguía, con las manos temblorosas alrededor de una rama y la cabeza gacha. Seguía trabajando en Merlín sabía qué, pero Draco sabía bien que estaba llorando.

–Granger – la llamó incorporándose con cuidado de no dañar la herida.

Hermione, sobresaltada, se limpió la cara antes de mirarlo.

–no… no puedo, por mucho que lo intento – murmuró con la voz temblorosa – por muchas formas que pruebo, por muchas combinaciones, por mucho empeño que le ponga de aquí no sale ni un triste wingardium leviosa.

–Déjalo ya, está oscureciendo – Draco no pretendía sonar amigable, pero necesitaba que ella se calmara. No les venía nada bien perder los nervios.

–no… seguiré un rato más.

–Hermione… – Draco la cogió de las manos y le quitó la "varita" en la que estaba trabajando – es hora de cenar y descansar, mañana pensaremos en algo más.

Hermione dejó que le quitara las cosas de las manos, completamente sorprendida. No sabía si más porque él la hubiera llamado Hermione por primera vez en la vida, o porque la hubiera cogida de las manos con esa delicadeza nada propia de Draco Malfoy.


Había pasado una semana desde que los amigos de Draco y Hermione habían descubierto que lo que empapaba esos viejos y sucios trapos era cloroformo, y desde entonces, estaban completamente perdidos.

Ya sabían que era y cómo funcionaba. Ese líquido había dejado a sus compañeros inconscientes el suficiente tiempo como para llevárselos muy lejos, pero no tenían ninguna manera de seguir un rastro y encontrarlos. Podrían estar en cualquier lugar del enorme mundo muggle.

–Quizá es momento de que se encarguen los aurores… – dijo Luna, desde el balcón, donde admiraba las vistas al mar.

–no me parece una buena idea, por Draco. Sabes que le culparían. Estuvo perdido, todos los estuvimos, pero es un buen chico – le contestó Theo apoyándose en la barandilla junto a ella.

–yo no sabía que erais buenos chicos, pero ahora lo sé – le sonrió Luna, y Theo lo hizo de vuelta.

En el interior, Ginny seguía en la mesa, con la cara apoyada sobre sus manos y mirando a ningún sitio en particular. Junto a ella, Blaise la observaba.

–¿has practicado algo? Mañana es la primera prueba de quidditch. – le preguntó.

–no voy a ir, no creo que sea el momento.

–claro que no, ya lo harás al año que viene, como todos los años queda una vacante en un equipo de primera de quidditch… – le contestó el joven malhumorado.

Ginny le miró enfadada, incorporándose y poniéndose recta.

–a ti que te importa. – le dijo de mal humor.

–yo a ti sí que te conocía en el colegio, y no solo por andar colada por Potter – Ginny le lanzó una mirada asesina – también porque eras una de las mejores cazadores del equipo Griffindor. La mejor que vi en todos mis años de escuela.

–¡Hermione está secuestrada! – le gritó, como si no entendiera.

Los gritos hicieron a Luna y a Theo prestar atención a la conversación, por si debían intervenir.

–no vamos a encontrarla antes porque tu dejes tu vida de lado. – le gritó él de vuelta.

"maldito slytherin" pensó Ginny. Nunca ningún hombre le había gritado de esa forma, ni le había robado un beso, ni se había preocupado tanto por ella.

–Ginny, deberías ir. La misma Hermione te animó a ello, y se enfadaría mucho si supiera que has perdido esta oportunidad por su culpa. – le animó Luna.

La pelirroja la miró, aun dudando.

–Pues no se hable más – y Ginny se sintió arrastrada por Blaise – te llevaré a casa para que descanses. Mañana será un día duro.

–pero…

–sí, sí, no te preocupes, allí estaremos animándote. – y el chico la desapareció con él hasta la colina de su casa.

–sabes que eres bastante exasperante. – le dijo Ginny, aunque sonriendo, pues la idea de presentarse a la prueba, la verdad, es que le hacía muy feliz.

–¿y eso es bueno, o es malo? – preguntó el otro, caminando junto a ella.

La chica volvió a sonreír.

–En ti, puede llegar a ser… entretenido. – le concedió.

–pero no bueno… – Blaise necesitaba más información al respecto.

–Me hace reír – dijo ella – y reír, es bueno.

–Puede ser, entonces, que merezca una compensación – dijo él enseñando sus blancos dientes, cuando ya estaban llegando a la parcela de la madriguera.

Ginny, poniéndose de puntillas, y agarrándose de sus hombros para alcanzarle, depositó un suave beso en los labios del moreno.

–Buenas noches – dijo entrando al jardín de su casa.

–espera, no puedes darme un beso así, y marcharte. – le llamó Blaise desde la valla. –Pero…

–Hasta mañana, Blaise – le cortó la pelirroja caminando hacia su casa.

–Ginny – alcanzó a llamarla antes de que entrara por la puerta trasera, la que daba a la cocina. La joven se giró hacia él – mañana pasarás. – y le hizo un gesto de victoria con los dedos.

La pelirroja le devolvió el gesto con ilusión y una extraña y placentera sensación en su estómago.

Cuando entró, su madre terminaba de hacer la cena y Ron ya estaba sentado con los cubiertos en la mano, hambriento, como siempre.

–Es que has venido corriendo, estas toda roja – se rio su hermano.

–Que tonto eres, Ronald – le dijo avergonzada, dirigiéndose a su madre para saludarla.

–Siéntate querida, la cena está lista – le dijo Molly cariñosamente.

En ese momento entró su padre y ya estuvieron todos, pues el resto de sus hermanos, habían volado del nido.

–mañana… me presento a las pruebas para las arpías de…

–¡a las pruebas de quidditch! – la interrumpió Ron – no puedo creerlo, mi hermana va a ser una cazadora famosa – se emocionó.

–bueno, aun no me han elegido.

–haces muy bien en intentarlo, hija – le dijo su padre.

–Tus hermanos siempre han dicho que eras de las mejores – dijo su madre con los ojos vidriosos, como cada vez que hablaba de sus hijos, y porque ambas sabían que el que más insistía en que Ginny llegaría lejos en el quidditch era Fred.

–Gracias… – murmuró la pelirroja sintiendo la enorme falta de su hermano.

–¿a qué hora es? – preguntó Ron

–A las 9:00 – dijo recomponiéndose.

–Genial, allí estaremos Harry y yo animándote – Ginny consiguió no atragantarse ante la mención de que Harry iría a verla, pero acabó atragantándose cuando escuchó la siguiente frase. – por fin veré a Hermione, hace mucho que no nos juntamos.

–Ginny, ¿estás bien? – dijo su madre palmeándole la espalda.

–sí, se me fue la comida por otro lugar. – se inventó – Hermione no podrá estar, tiene… una entrevista de trabajo – inventó.

–Bueno, en la siguiente fase – le quitó importancia el pelirrojo – ¿cuantas fases serán?

–tres. – le contestó, y siguió hablando de quidditch con su hermano hasta que se fueron a dormir.


Había pasado una semana desde que habían intentado, sin éxito, construir una varita casera, cuando esa mañana, mientras desayunada, apareció la Doctora Quinn por la puerta con sus dos guardaespaldas apuntándoles directamente en la cabeza con la pistola.

Hermione se encogió un poco e instintivamente agarró la manga de Draco, sentado junto a ella en la mesa de la cocina.

–necesito algunas respuestas. Inspeccionando esto – y les enseñó un pañuelo envuelto, cuando mostró el interior, había una varita destrozada – lo único que he podido sacar en claro es que la madera es de vid, pero no sabemos que son estas… sustancias internas.

Hermione se llevó las manos temblorosas a la boca cuando descubrió su varita destrozada, una lágrima silenciosa rodó por su mejilla hasta la comisura de los labios.

Draco le pasó una mano por los hombros cuando estos comenzaron a temblar. No necesitaba que la vieran débil delante de ellos, pero podía comprender lo que significaba una varita para un mago.

–mi varita… – murmuró la joven mirando los trozos sin poder creer que su amiga, su fiel compañera durante tantos años, la que nunca, jamás le había fallado un hechizo, estuviera completamente destrozada para siempre.

–no es para tanto, chiquilla, solo tenéis que repararla con magia. – la doctora pensó que esta vez, descubriría algo.

–no seas estúpida, una varita es imposible de reparar, ya sea con magia o sin ella. – intervino el rubio, mirándola con un intenso odio.

La doctora suspiró, de nuevo sin nada.

–tampoco hay nada extraño en vuestra sangre. Por mucho que busco, no hay nada anormal.

Ambos jóvenes se miraron. Siempre pensaron que por allí encontraría algo.

Se hicieron una pregunta silenciosa, entendiéndose solo con verse a los ojos.

¿Si la magia no corre por la sangre de sus venas, de dónde les viene la magia?

–está perdiendo el tiempo, está completamente loca. No va a sacar nada de nosotros – comenzó Hermione alterada – y ahora, ¡devuélvame mi varita! – iba a abalanzarse sobre la mujer, dispuesta a recuperar aunque fuera, los trozos de su varita, cuando escuchó el cargador de la pistola, preparada para disparar a matar.

Se quedó quieta, y Draco tiró de ella hasta ponerla junto a él. No le había explicado lo que era una pistola, pero si te podía matar con un movimiento, no quería probarlo. Jamás pensó que los muggles pudieran tener algo parecido al avada kedavra.

–Terry, coged al chico. – ordeno la doctora.

–Como guste – murmuró el hombre malignamente. – "martillo", cógelo.

Draco pensó en resistirse, pero su herida solo empezaba a cerrarse, y ahora que sabía lo lentas que sanaban las heridas sin magia, no quería jugársela, pero Hermione tiró de su mano.

–no, ¿A dónde lo lleváis?

Draco la miró sorprendido. Apretaba su mano con firmeza y parecía dispuesta a luchar por él. Por él. Por su presencia allí con ella.

–no te preocupes, linda, solo vamos a tener una pequeña charla.

La castaña acabó soltándole cuando "martillo" tiró de él. No quería que le hiciera daño.

–No le peguéis más, por favor – rogó antes de que desaparecieran por la puerta de la cocina. Tras escuchar la puerta de entrada cerrarse, se sentó en la mesa y ocultó la cara entre sus brazos

–bien Draco, dime – comenzó la doctora – ¿porque tu nombre no aparece en la base de datos? En cambio tu amiga sí que aparece.

–ya te lo dije, tú estás completamente loca, y yo solo existo en tu imaginación.

Terry se acercó dispuesto a abofetearle, pero la mujer le detuvo con un movimiento de su mano.

–será mejor para ti que colabores. – le dijo Quinn.

–y será mejor para ti que nos sueltes. Llevamos un localizador mágico que se conectará en cuanto alguien nos eche en falta. En ese momento, acabaré contigo. O quizá deje que te borren la memoria y te dejen en la calle, perdida, si conservar ni un solo recuerdo de tu vida – le amenazó ácidamente. Estaba mintiendo, no había ningún localizador, pero eso ella no lo sabía.

La mujer frunció el ceño, preocupada.

–traed a la chica.

–tranquila – le susurró Draco cuando los intercambiaron y se la llevaron a ella hasta sentarla frente a la horrible doctora.

Esta vez, la mujer, decidió intentarlo de otra forma.

–chicos, dejadnos solas.

–pero… – comenzó Terry.

–solo hacedlo y punto – les dijo.

Ambos matones salieron. A ellos les pagaba por cumplir órdenes. Y esa mujer les pagaba muy bien.

–Mira, Hermione…

–No me llames por mi nombre – le retó la castaña enfadada.

–discúlpame, Granger. Sé que piensas que soy un monstruo, pero no es así – comenzó la mujer – te voy a contar como descubrí sobre la magia. En un viaje, cuando terminé la universidad, conocí a un joven. Nosotros nos enamoramos y el vino a vivir a Londres conmigo. Todo iba genial, yo nunca sospeche nada sobre su… condición, hasta que un día tuvimos un accidente con el coche. Yo salí bastante mal parada ya que mi airbag no llegó a abrirse. Él, desesperado de que no llegaran las ambulancias, cerró mis heridas con magia, y así me salvó la vida. – suspiró – después me contó todo, me pidió que mantuviera el secreto, pero yo sabía que él podía ayudar a mucha gente con su magia. Tuvimos muchas discusiones, pues él se negaba a hacerlo. No comprendía que era egoísta guardar la magia solo para él, hasta que un día se fue y nunca volví a verle.

–lo que usted no comprende es que si damos a conocer la magia, los magos seremos perseguidos. La gente no lo comprendería, querrían nuestros poderes. – explicó Hermione tratando de hacerla entrar en razón.

–tu y yo podríamos hacer un gran equipo, nunca nadie sabría sobre la magia. Actuaríamos solo en ciertos casos: mujeres que fueran a dejar huérfanos a sus hijos, jóvenes y niños que no han vivido… – la intentó convencer – ha pasado antes, se llaman milagros clínicos. – la doctora vio la duda en los ojos de la joven y sonrió – solo piénsalo. Serías libre, solo me ayudarías por tu propia voluntad.

–no… puede ser – dijo para nada convencida, pues ella sabía lo que sufrían los muggles, y si algo les pasara, por ejemplo, a sus padres, le gustaría que tuvieran una posibilidad, que alguien los salvara. ¿Tan malo sería ayudar a salvar a ciertas personas?

Y como hoy me siento generosa… os dejaré un capitulo mas ¿Qué os parece? XDXD