Yuri! On Ice no me pertenece, su autoría es de Kubo y Sayo
La curiosidad del tigre
Yuuri suspiro, había mirado el reloj de su muñeca con desespero, tenía los nervios de punta, es decir ¿Qué clase de petición fue esa? Le había propuesto a su tutorado que si sacaba una de las notas más altas; le compraría una caja de donas, este se negó.
Peor, le propuso que fuera su esclavo por un día.
El nipón acepto convencido que no lo lograría, en fin de en cuentas apenas pudo sacar una nota pasable en el anterior, la apuesta era solo una iniciativa para que mejorara un poco más. Subestimo demasiado rápido al ruso, los dos exámenes gordos y un ensayo calificados con un cien, Yura tenía una sonrisa de satisfacción al ver su expresión incrédula.
Por eso se encontraba en el parque a la espera del menor, no podía usar alguna excusa; era su día libre, Phichit esta como maniático en las redes y JJ fue al teatro, quería acompañarlo, pero los boletos eran demasiado caro para solo ser asiento común.
Ya se había idealizado todo los favores que le pediría el menor y por eso llevó consigo sus ahorros si el muchacho quería un guardarropa nuevo o unos patines de edición limitada. Aunque también cabía la opción de no ir a gastar dinero y hacer trabajo pesado, por eso tenía ropa casual y una chaqueta por lo fresco del día.
― ¡Oye, Katsudon!―atendió al llamado.
―Hola, Yurio…―exclamó con nerviosismo.
―Deja de llamarme así―gruño el adolescente―Vámonos, muero de hambre.
Yuuri lo siguió con la mirada algo confundido, a pesar de la vestimenta casual del chico rubio, parecía estar arreglado de alguna forma. Intento no darle importancia, pero las acciones del menor lo hacían pensar que estaba enfermo, ya que parecía ¿amable? Bueno que te abra la puerta del restaurante y te diga "¿Qué mierdas esperas?" para que pasará primero…
Era muy amable de su parte.
Por otro lado, el rubio tenía la intención de confesarse o por lo menos hacer que el pedazo de cerdo sintiera el mismo nerviosismo que ahora sentía por estar lejos de los libros de textos o un espacio meramente alejado de lo académico.
¿Se podría decir qué era una cita?
Intento verse presentable y hasta incluso uso sus mejores ropas, aunque siendo sinceros no quería exagerar; pero era la primera vez que quería que alguien lo notará por lo que era, suena tonto y cursi. Algo que diría Mila, pero él debía atreverse.
Parecía volver a estar solo, ya que Beka tiró la toalla por muy estúpido que sonara ¡No era el único que tenía miedo! Era nuevo, te sentías inestable con esa persona, no lo sabes expresar; pero de alguna forma, es genial estar así…
Así de confundido.
Así de jodido.
Así de enamorado.
―Entonces…
― ¿Entonces…?―repitió Yura saliendo del trance.
― ¿Querías una cena de celebración?
―No.
La respuesta cortante de Yura hizo que Yuuri sintiera miedo, ¿Cuál era la respuesta?
― ¿Y por qué estamos aquí?
― ¿No puedo tener una convivencia normal?―se excusó Yura.
― ¿Normal?―preguntó mientras alzaba la ceja
―Es decir, solo hablar...
―Pues es como... ¿Una cita?
―Pues lo es...
Yuuri escupió su bebida―Digo, para hablar, porque te cité a ir conmigo.
Yura se estaba muriendo de vergüenza por eso.
Estaba siendo directo, pero que él se sintiera cómodo y no tuviera una tensión de mierda.
― ¿De qué quieres hablar?
―Algo que no sea referente a la escuela...
Yuuri se lo pensó―Tu apellido es ruso ¿O me equivocó?
―No, si lo es ¿Cómo lo sabes?
―Mi cuñado es ruso, pero parece que tú tienes mucho de que hablar.
Yura contó todo a hasta que no podía, desde su familia, su mejor amigo y las cosas que le gusta tanto las que odia. No supo con exactitud como ambos de ese restaurant terminaron en alguna pista de patinaje para que su maestro intentara imitarlo; era divertido verlo como puso cara de espanto cuando comenzó hacer sus trucos, pero al cabo de un rato Yuuri lo lleno de halagos ante cada truco y esto le hizo sentir las orejas calientes.
― ¡Wow! No pensé que fueras mariquita, bailarina.
¡Vaya suerte de mierda! ¿En serio tenía que aparecer esos tipos cuando se quería lucir con su crush?―Piérdanse, bastardos.
―Como si lo fuéramos hacer, con razón tenías como guardaespaldas a ese chico rudo ¿Era tu novio, cierto? ¿De seguro se la mamabas gratis?
―Yuri, vámonos…―intento sujetarle del brazo, pero este se negó.
― ¡Se pueden callar, malditos!
― ¡UYY! La puta se emperro.
― ¿Pueden dejarse de…?―los insultos siguieron, pero hubo uno donde le colmo la paciencia y dio una patada.
― ¡Maldito hijo de puta!―espero el impacto del golpe con los ojos cerrados, pero este nunca llego.
Yura abrió los ojos y vio como Yuri sostenía con fuerza la muñeca de ese sujeto, poco a poco hacia presión en ella para lastimarlo, pero lo que más comenzaba a intimidar a ese grupo fue esa mirada color vino dispuesta a darles la paliza de su vida― ¿Nos pueden dejar en paz?
Los sujetos se fueron refunfuñando, habían pensado que con ese tipo se acobardarían, pero todo lo contrario, parecía más peligroso de lo que aparentaba. Yuuri volvió a ponerse los lentes y miró al menor.
― ¿Te encuentras bien?―pregunto.
― ¿Qué fue eso?
―Nada importante.
― ¡Casi le rompes la muñeca a ese tipo! ¡Me lo tienes que decir!―ordeno, dio como excusa la apuesta, aunque sonará infantil, el asunto de la cita era para conocer más de él.
No que se ocultará, Yuuri suspiró― ¿Enserio quieres saber?
Yuri, se sentó y palmeo el lugar para que hiciera lo mismo.
―Muy bien, de todas formas ganaste…―intento sonreír, ya no le dolía de todas formas, pero hablar de eso le hacía pensar que realmente fue un tonto.
._._._._._._.
Era muy inteligente y lo sigue siendo, fue obediente con sus padres y ayudó a la gente cuando los necesita. Yuuri fue un niño bueno, pero algo aburrido, no había encontrado algo que lo apasionara como para decir "Aquí pertenezco"
Iba la mayoría del tiempo al Ice Castle porque pensó que no había algo mejor que patinar sobre hielo, pero se equivocó.
La danza resultó ser su razón para vivir y respirar.
Siempre fue catalogado como un niño gordito por su amigo y cuando comenzó a bajar de peso las burlas disminuyeron. Práctico diversas danzas y no pensó que estás le sumarán algún peligro en su vida; pero por medio de está conoció a la persona que llegó atormentarla.
Su primer contacto con ella fue por el Cascanueces, solo practicaban sin parar desde que se conocieron ya que él era el Cascanueces y ella Clara...
― ¡Hey! Katsuki...
Siempre tenia la costumbre de practicar hasta el cansancio, Yuko y Takashi le sermoneaban por no ser un adolescente normal, no tener otra aspiración que no fuera la danza. Yuuri se volteo para ver a la quinceañera y su compañera de danza; Chihoko Yamamoto.
Dio una última calada a su cigarro y lo apagó.
― ¿No quieres hacer algo divertido?
― ¿Divertido?
―Sí, hoy es sábado y hay una fiesta que me invitaron ¿no quieres ir?
―Pero debo darle de comer a mi perro...
―Vamos, Yuu-kun~ ¿Qué no dijo Minako que nos debemos atrever a nuevas cosas?
Si hubiera sabido que los problemas vendrían después que fueran a la fiesta; él se negaría, pero esas palabras lo hipnotizaron más de la cuenta.
Pronto Yuuri no solo supo nuevos bailes, agarro malas costumbres, las fiestas fueron parte de él por un largo tiempo, el alcohol ya lo tenía en las venas y los cigarrillos en el bolsillo de su pantalón. Su vocabulario se amplio junto con las personas que participaban en su cama; se había vuelto un chico malo a toda ley.
Muchos querían salir con él, pero no discriminaba si eran mujeres u hombres, cualquiera tenía el honor de pasar en su cama, pero la que tenía más privilegio de tener a Yuuri Katsuki fue la persona que lo metió en todo ese embrollo, pero como tan rápido lo metió, muy pronto se acabo.
Sus padres comenzaron a seguirle la pista ¿Por qué un joven como lo fue Yuuri se comportaba así? Y los problemas se volvieron más grandes, en algún punto Yuuri se dio cuenta de su forma de actuar, sus calificaciones fueron de lo más bajo no porque perdiera su intelecto, las faltas contaban y se darían un infarto al ver su registro.
Lo que lo hizo recapacitar fueron sus padres, no es que ellos no supieran nada de su vida mala, pero el conflicto con ellos era externa a esa problema. Las aguas termales estaba por ir a la bancarrota, puede que le gustará esa vida descontrolada, pero no podía permitir ese tipo de cosas le sucediera a su familia.
Rompió cualquier contacto con Chihoko y los contactos que hizo, trabajo y estudió como loco, logró que su universidad le diera una beca para ir al extranjero a estudiar.
Puede que haya perdido algo de si mismo en ese tiempo, y de alguna forma extraño a Chihoko, pero sus ganas de bailar nunca lo hicieron; con el tiempo pudo olvidarlo.
Pero siempre tenía un chacho de esa época impregnado en él, y eso era cada vez que bebía alcohol hasta más no poder. Recuerda que en una de sus giras para graduarse como docente de baile; bebió tanto, se hizo un tatuaje y terminó por acostarse con un hombre. Ese hombre fue diferente a otros o a lo que sintió alguna vez por Chihoko; con él quiso hacer las cosas bien, ambos se habían acostado por diferentes motivos, uno por borracho y otro por despechado, una mujer lo había terminado.
Siguieron manteniendo el contacto, pero solo como amigos ya que el otro no parecía superar su ruptura. Ese hombre era Georgi Popovich, era aspirante a la carrera de artes y de hecho era el hombre que dibujo el dragón que tenía Yuuri en su brazo.
Era fanático de la cultura japonesa ya que en cada una de sus obras intentaba captar la esencia de ellas; por eso pensó que sería la mejor ganándose su corazón visitando el lugar donde había crecido.
Pero no pensó que Georgi terminara por enamorarse de su hermana, Mari. No se interpuso entre ellos, ni quiso hacer algo para evitarlo; le debía un enorme favor a su hermana por el incidente que tuvo ya que cuando se fue sin explicación alguna, Mari se encargo de los platos rotos, ella tenía una enorme suerte porque había tratado con esa clase de gente.
Se quedo en silencio con el corazón doliéndole, pensando en lo maravilloso que hubiera sido, en lo hermoso que fue tener la atención de Georgi únicamente para él. Fue algo egoísta su pensar, pero solo podía sonreí mientras tomaban la foto de la boda.
._._._._._._.
―Me asignaron contigo, por mis antecedentes.
―Ni que fuera prisión, Katsudon ¿Tan despechado estás?―exclamó Yura con una vena creciendo en su cabeza.
― ¿Cómo si tú supieras del amor?
Yura se quedó callado, con ganas de gritarle, pero solo se incorporó y le ofreció la mano ―Vámonos, no quiero que te pongas melancólico.
Si quería llegar a él, tenía que saber más, aunque eso significara que le tomará más tiempo de lo que le gustaría para poder confesarse…
¿Gustan comentarios?
