Personajes originales de la señora S. Mayer

Underneath, by Staci-Diane603

Traducción de Dulzura Letal.

Capítulo nueve: Límites, primera parte

-Entonces, ¿nos vamos a Italia?- Preguntó Emmett.

Jasper y él estaban en el garage, Emmett se entretenía con una de sus camionetas. Jasper no estaba completamente seguro de qué era lo que estaba haciéndole...la camioneta estaba en perfectas condiciones, pero a Emmett lo hacía feliz desarmarla y a Jasper le gustaba andar cerca suyo cuando era feliz, lo tranquilizaba.

-Eso creo-. Respondió Jasper. –Aunque, si quieres quedarte, estoy seguro de no habría problema.

-¡Mierda, no!- Dijo Emmett, de inmediato, levantando la cabeza desde las entrañas del vehículo, para mirar a su hermano. –Puede que Jake nos necesite a todos allí, si los Volturi deciden matarlo en lugar de ayudarlo.

Jasper inclinó la cabeza y sonrió suavemente, hundiéndose más en los pliegues del sillón donde estaba, uno traído desde la sala de estar, años atrás, y que prácticamente le pertenecía. Viejo, usado e increíblemente cómodo. Jasper apoyó la barbilla en una palma y parpadeó, mirando a Emmett. -¿Pelearías contra los Volturi por él?- Preguntó.

La respuesta de Emmett fue inmediata y completamente honesta. –Por supuesto-. Dijo, como si no hubiera otra opción. –Él es uno de nosotros.

La sonrisa de Jasper se hizo un poco más amplia. Amaba a Emmett. Cuando estuvo vivo, no tuvo hermanos...y ahora descubrió que disfrutaba absolutamente de la experiencia. Edward y Emmett significaban muchísimo para él, y los amaba sin condiciones. Era agradable sentir algo así por alguien, en un sentido completamente platónico. Aunque, Emmett era un poco más fácil de tener cerca.

Edward es una compañía maravillosa, pero la intensidad de sus emociones es cansadora. Emmett también siente intensamente, pero no como Edward. Emmett es un optimista eterno, y tiene una calidad de sentimientos única, de la que Jasper nunca parece tener suficiente. El tamaño de Emmett y su tendencia hacia la observación silenciosa, dan una idea equivocada de él. No habla mucho cuando está con gente que no es parte de su familia, y su estatura da la impresión de que es todo músculo, sin cerebro –una impresión completamente inexacta-. Emmett es excepcionalmente inteligente, e increíblemente reflexivo; aunque también es callado. Jasper no está seguro de que se deba a su timidez (cosa que duda), o porque le resulta más fácil tratar a la gente si sus expectativas son muy pocas. Es curioso, ha estado vivo casi por un siglo, ha visto muchísimo, ha hecho muchísimo; ama la vida, ama ser vampiro, ama a su familia, ama a su esposa...ama con todo lo que es y todo lo que posee, pero Jasper nunca sintió algo así.

Mágico. Emmett es mágico.

-Supongo que sí, ¿verdad?- Dijo Jasper, volviendo a tomar el hilo de la conversación.

-Sí-. Asintió Emmett, que sostenía una pinza con una mano, y con ella golpeaba la palma de la otra, ausentemente. –No creo que sea una buena idea, de todos modos...ir a Volterra.

Jasper lo miró. -¿Por qué no?

Emmett frunció el ceño. –Creo que Aro se lo va a comer crudo...metafóricamente hablando...quiero decir, mira lo que pasó en cuando le mostró a Edward lo que sucedió en La Push. Esa vez casi lo mató, y Aro no va a detenerse allí, va a querer ver todo, no va a ser –ni de cerca-, lo comprensivo que fue Edward.

Jasper suspiró y echó la cabeza hacia atrás para mirar el cielo raso abovedado del garage. –Carlisle estará allí-. Dijo, y eso no debería ser la gran cosa, no debería ser algo que tuviera un efecto profundo, pero lo era. Aro amaba a Carlisle, absolutamente; la presencia de Carlisle haría la diferencia. Tal vez, no lo suficiente como para tocar el complejo de superioridad de Aro, pero Jasper estaba casi convencido de que lo sería. Carlisle tiene más poder sobre Aro del que cree, y aunque lo reconociera, jamás lo usaría. Carlisle es así de maravilloso.

-Eso es verdad-. Dijo Emmett, pensativo. –Aún así...me preocupa...

Siguió hablando, pero, de repente, Jasper fue incapaz de comprender.

En un segundo estaba escuchando a Emmett, y en el siguiente, el mundo daba vueltas. Jasper separó los labios y echó la cabeza hacia atrás, demasiado paralizado como para poder hacer algo más que eso. Toda su atención se centraba en la emoción que lo golpeaba como un camión con acoplado: intensa, arrebatadora, fuera de control. Lo único que sabía era que no venía de él mismo. Trató de separarse del torbellino, pero era demasiado poderoso. Más fácil de manejar que la noche en que Jacob le contó a Edward lo que había pasado en la Reserva, pero sólo porque esta vez no era algo negativo. Los sentimientos, si esa era la palabra correcta, eran transcendentes, más allá de la tristeza y de la alegría. Los sentía como un hecho, como 'verdad', como oscuridad y calidez eternas. La única vez que Jasper se halló ante algo semejante, fue cuando...cuando conoció a Alice.

Ahí mismo, lo golpeó la sorpresa, y lo sacó de la marea de emociones. Emmett estaba delante suyo, sin hablar, sosteniéndole los hombros como si temiera que cayera.

-¿Estás bien?- Preguntó Emmett.

-Sí-. Respondió Jasper, aún un poco asombrado.

-¿Y eso que fue?

-Edward y Jacob son pareja.

Emmett parpadeó. –Ah.

Era un buen resumen de la situación.

-Son pareja-. Jasper se humedeció los labios. –Sí, así es.

-Son pareja-. Dijo Emmett.

Jasper asintió. No estaba seguro, de hecho, no tenía idea si estaba en lo cierto...pero esos sentimientos...eran muy similares a los que él sintió cuando conoció a Alice, cuando todo encontró su lugar en su mente y supo que había hallado la razón para seguir viviendo, la razón para vivir.

Observó a Emmett, inseguro, ¿qué era lo que sentía su hermano, qué pensaba...? No tenía idea de qué decirle. Emmett sólo sonrió, todo hoyuelos; puso la cabeza de lado

–Probablemente estén encerrados en el cuarto de Edward durante días-. Dijo.

-¿Por qué?

Emmett inclinó la cabeza. -¿No te acuerdas cómo fue cuando conociste a Alice y toda la mierda de la pareja te cayó encima?

Por supuesto que Jasper recordaba. Recordaba la urgencia, el deseo irrefrenable, el amor, el calor, el deseo de tocar y sentir, y poseer, una y otra y otra vez. Entonces, sonrió suavemente ante el recuerdo. –Ah.

-Ajá-. Dijo Emmett con una amplia sonrisa lobuna. –Ajá.

xrxrxrxrxrxrxrxrx

Tenían tanto que hablar, tenían tanto que decirse. Esto era nuevo y salvaje y loco, y tenían que discutirlo. Realmente, tenían que hacerlo.

Pero Edward no podía separar su boca de la de Jacob el tiempo suficiente como para formar palabras. Seguían en la cama, Jacob reclinado contra las almohadas, semi sentado, y Edward inclinado sobre él, con las bocas fusionadas. Edward no podía saciarse de su sabor; atrajo la lengua de Jacob hacia su boca, succionando suavemente, deslizó la punta de su lengua a lo largo de la lengua de Jacob. El lobo se estremeció, gimió suavemente y la mano en el cabello de Edward se tensó. El deseo se sentía denso y pesado en el aire, y sólo se intensificaba por la conexión, el nuevo vínculo palpitaba y zumbaba tan vivo entre ellos –asombroso e inspirador, demandando completa atención-. Edward sentía la necesidad desesperada de tocar y sentir y reclamar su derecho a poseer a Jacob, a hacerlo eternamente suyo.

La otra mano de Jacob se coló bajo la camisa de Edward, quemándole la piel con un calor imposible. Edward interrumpió el beso, jadeando por un aire que no necesitaba. Presionó su frente contra la de Jacob y apoyó una mano sobre el corazón de Jacob, que latía salvajemente.

-Edward-. Susurró Jacob, mientras le desabotonaba la camisa con una mano y torpemente, porque su mano derecha seguía en el cabello y sosteniendo la base del cráneo de Edward.

Las manos de Edward también estaban sobre Jacob, una sobre la mejilla y la otra sobre el abdomen firme y marcado por la cicatriz –el canto de su palma rozaba la marca de Adlai-.

-Jacob-. Respondió Edward. Separándose y quitando sus manos, sólo lo suficiente como para permitir que Jacob empujara la camisa suelta por sobre los hombros. Sacudió el resto del camino para quitársela y miró hacia abajo, donde una de las grandes manos de Jacob se apoyó sobre su abdomen y la otra se deslizó por su brazo para descansar sobre la cadera y quedarse allí. Edward cubrió la mano de Jacob sobre su abdomen con una de las suyas y recorrió el cabello de Jacob con sus dedos. Ambos respiraban pesadamente y sus miradas compartían la misma intensidad.

Edward no sabía si era lo correcto o si era algo bueno, pero sí sabía, sin lugar a dudas, que no podía luchar contra esto. Su cuerpo y su mente querían a tanto a Jacob que le dolían, como nunca antes. Y a Jacob le pasaba lo mismo, con la misma fuerza, Edward podía sentirlo en él, a través de él.

-¿Qué está pasando?- Murmuró Jacob.

-No lo sé.

-No te detengas.

Entonces, Jacob se enderezó y rodeó a Edward con sus brazos, y volvieron a besarse; abrió las piernas y Edward se arrodilló entre ellas, de modo que debía bajar la cabeza para tomar los labios de Jacob. Estaban tan apretados que el calor y el frío se fundían.

Siguieron por varios minutos, que sintieron como segundos; luego, Jacob empujó levemente el pecho de Edward. -No, no-. Murmuró, separándose.

De inmediato, Edward lo dejó alejarse y se sentó. Se sentía cálido, como si el calor de Jacob hubiese sido absorbido por su piel, por su sangre, y pudiera compartirlo. El cuerpo de Edward dolía de deseo de volver a sentir a Jacob, pero se quedó donde estaba, con sus labios hinchados y cosquilleando por los besos, tal como los de Jacob.

Los ojos de Jacob se veían oscuros y ardientes, pero también descontrolados, con temor y confusión, y sus pensamientos se movían demasiado rápido como para que Edward los siguiera. Era desagradable verlo así, y Edward estiró la mano para sostenerle la mejilla, con la necesidad de tranquilizarlo.

–Lo siento-. Dijo. –No fue mi intención asustarte.

Jacob apoyó la mejilla en la mano, con una reacción completamente involuntaria, porque una vez que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se alejó, gruñendo.

–No me asustaste-. Dijo, a la defensiva, con un tono que le indicó a Edward, que Jacob creía que estaba dramatizando. Volvió a empujarlo, sin agresividad, sino para que se moviera y lo dejara pasar. Inmediatamente, el hombre lobo empezó a pasearse de un lado al otro. Esta cosa que había entre ellos, esta conexión eléctrica que los unía, zumbaba, quería algo. Jacob podía sentir ese anhelo, pero no entendía qué era lo que quería. No entendía nada.

-Jacob-.

'Esto es una locura' Pensó Jacob.

-Esto es una locura-. Dijo, en voz alta.

Edward sonrió levemente y se humedeció los labios. Luego vio su propia cara en los pensamientos de Jacob, vio cómo su lengua pasaba sobre su labio inferior. Se veía sensual de ese modo, del modo en que lo veía Jacob en su cabeza; y una ola repentina de deseo lo invadió, viniendo de Jacob. Apenas tuvo un momento para preguntarse por ello, para asombrarse por el hecho de que podía hacer más que leer la mente de Jacob -podía sentir lo que él sentía-, antes de tener al lobo sobre él, sus manos en su cabello, inclinándole la cabeza para cerrar su boca sobre la suya. Casi brutalmente, todo calor y llamas y desesperación.

Edward, tan inmerso en esto como él, podía sentir a Jacob en su propia mente, y en su pecho; y Jacob podía sentirlo del mismo modo –incontenible, casi devorador-. Edward envolvió la cintura de Jacob con sus brazos y apoyó la palma de una de sus manos sobre la columna, para poder sentir, debajo, el estremecimiento de la piel. La lengua de Jacob presionaba en su boca, hambrienta pero cautelosa, cuidadosa, minuciosa; y sus pensamientos, innegablemente posesivos.

-Bien-. Dijo Jacob. Alejó su boca con un gran esfuerzo, se sentó en la cama otra vez y tomó la muñeca de Edward, sin intención de soltarla. Edward se humedeció los labios, saboreando a Jacob en ellos, y luego observó al hombre lobo. Tenía los ojos cerrados y el ceño levemente fruncido. Estaba concentrado, pensando en un haz de luz blanca y pura; trató de alcanzarlo mentalmente, rozando su borde con la punta de los dedos, y Edward lo sintió, sintió a Jacob en su cabeza, como si ese haz de luz fuera parte de él, parte de ambos –y lo atravesara, quemándolo, haciéndolo gemir-, intenso e inestable. Miró a Jacob; y las manos de Jacob se elevaron para tomarle la cara, preocupado por él. Las palmas eran tan cálidas que, instintivamente, Edward giró la cabeza apenas un poquito para que sus labios rozaran una de ellas.

-¿Qué fue eso?- Preguntó.

Los pulgares de Jacob barrieron las mejillas de Edward, y dejó caer las manos.

-Creo que es una conexión-. Dijo Jacob. Las palabras rodaron por su lengua como si no quisieran hacerlo.

-Una conexión-. Dijo, Edward.

Jacob asintió. –Entre nosotros.

Edward no dijo nada, lo observó, demandándole una explicación en silencio.

Jacob suspiró. –En la manada-, comenzó. –Teníamos algo así como conexiones mentales individuales entre cada uno de nosotros, y un vínculo común y más poderoso entre todos y Sam. Tuvimos que aprender a manejarlos, para que estar en las cabezas de los otros no nos afectara para mal, en las peleas y demás. Así era posible, para Sam, mantenernos obedientes…Pero, éste no es así…quiero decir, básicamente es igual, pero éste es…diferente. Realmente diferente. Es más fuerte, y…-. Se interrumpió y no retomó lo que venía diciendo.

Edward frunció el ceño, pensativo. Cerró los ojos y buscó el haz de luz en la mente de Jacob, trató de tocarlo, como hizo él. Le resultó más fácil de lo que pensaba, y el repentino destello los dejó jadeando a los dos. El cuerpo entero de Edward pareció latir. La mente de Jacob se sintió tan cálida, tan hermosa y receptiva que Edward deseó no tener que dejarla, nunca. Volvió a acercar a Jacob y pasó sus manos por la amplia expansión de su espalda. Jacob se apoyó el él, puso las manos en las caderas de Edward y luego las subió por sus lados. Edward empujó suavemente la barbilla de Jacob con la nariz y los labios llenos de Jacob le rozaron la sien. Ambos temblaban de deseo, de temor, de preocupación y curiosidad por esta conexión cegadora, increíble y eléctrica que los unía inexplicablemente.

Los labios de Jacob se enredaron otra vez con los de Edward, y, esta vez, el beso fue más desesperado que el anterior, más duro, más rápido, más lleno de necesidad. Estaba bien, era lo correcto, pero también había un dejo de error…era como si… algo como esto, no debiera acarrear temor. Era todo tan repentino, tan intenso. Jacob dijo 'conexión', y pareciera ser perfectamente posible, pero no debería ser el final de la discusión. Ahora había mucho más entre los dos, ahora que su mente estaba unida a la de Jacob, ahora que podía sentir, y saborear, y escuchar, y necesitar a Jacob tan fácilmente, sin siquiera intentarlo. Necesitaban hablar sobre esto, necesitaban pensarlo. Pero, la idea de separar su boca de la de Jacob era aberrante, solo el pensamiento de quitar las manos del calor agudo, imposible y bello de la piel de Jacob, era insoportable.

Jacob sabía a perfección; era todo lo que Edward podía llegar a querer: misterio, calidez, sabor. La mente de Jacob era una vorágine de sentimientos. Edward podía verlo, sentirlo; podía ver la parte de la mente de Jacob donde se ubicaba 'Edward', donde el vínculo tocaba y armonizaba todo. Podía ver los recuerdos de Jacob, podía ver el absoluto cementerio -que era el lugar donde solía estar la manada masacrada-, podía ver las conexiones rotas –como si alguien las hubiese hachado con un hacha sin filo, y cortado, golpeado y cortado hasta que las hebras quedaran retorcidas y ennegrecidas, y raídas, y los extremos de las conexiones de Jacob quedaran marchitos y solitarios-.

Inmediatamente, Edward trató de alcanzar ese lugar, se internó más en la mente de Jacob, sin cuidado, pero con buenas intenciones. Eso no era normal, nadie debería tener eso en su mente, en su alma, este dolor tan oscuro y horrible. Esa era la razón por la que Jacob estuvo tan enfermo, por eso su capacidad de sanar tardó tanto, por eso la neumonía duró tanto tiempo…una parte de su mente estaba muriendo. Estaba perdiendo una parte vital de su ser. Edward trató de alcanzarlos, no para tocar las conexiones muertas, sino para cubrirlas con un bálsamo y curarlas. Por supuesto, no lo logró. Edward no tenía idea de qué era lo que estaba haciendo, pero Jacob sintió algo, porque emitió un sonido desgarrador y lo besó con más fuerza; ahora con dolor y desesperación. Edward daría lo que fuera por aliviar su dolor. La mano de Jacob se apretó dolorosamente en su cabello, pero Edward lo ignoró, apenas podía pensar. Sólo sentir, sólo sentir.

Estaba tan envuelto en Jacob, en el beso de Jacob, en la mente de Jacob y en la luz pura del nuevo vínculo que los unía, que no notó la llegada de alguien sino hasta que fue demasiado tarde. Un sonido suave, de sorpresa, desde la puerta, efectivamente interrumpió el beso, y Jacob casi se arrancó a sí mismo de Edward, trastabilló y su mirada giró hacia Rosalie.

Parecía alterada, pero sutilmente; tenía los ojos entrecerrados y la boca aún levemente abierta por la sorpresa. Llevaba un libro en la mano, uno que Edward le había prestado una semana atrás, y sus pensamientos perfectamente claros. No lo aprobaba. De inmediato, miró a Edward con enojo y abarcó la escena con el libro. -¿Qué es lo que te pasa?

-Rose-. Murmuró Edward.

Ella negó con la cabeza. -¿En serio, Edward? Nunca tuviste sentido de la oportunidad, pero esto es ridículo.

-Rose.

-Acabas de romper con Bella. Hace meses, se suponía que era el gran amor de tu vida, ¿y ahora estás con él? ¿Estás completamente loco? El mes que viene nos vamos a Italia, y él- señaló a Jacob, -anda con un blanco gigante pintado en la frente, y nuestra familia entera se está desviviendo para mantenerlo a salvo, como si le debiéramos algo…¿te parece el momento para meterte en sus pantalones?

La furia golpeó duramente a Edward, y la culpa le retorció las entrañas. Se paró y frunció el ceño peligrosamente hacia Rosalie, pero ella no retrocedió. Su ira calmada siempre era más peligrosa que su irritación obvia. Y había algo más, algo más oscuro y más importante en sus pensamientos, pero ella era buena manteniendo tapada la parte de su mente que no quería que Edward leyera. Pero a Edward no le interesaba, porque Jacob estaba parado a dos pies de distancia, sintiéndose enfermo y desgraciado, y eso era culpa de Rosalie.

-Afuera-. Dijo, cuidadosamente controlado.

-Rosalie-. Murmuró Jacob; a quien la decepción de Rosalie lastimaba, porque ella le agradaba y la respetaba.

Rosalie lo miró y volvió a negar con la cabeza. –Y tú; y yo me lamentaba por ti, pero parece que dejaste todo atrás, rápidamente.

Fue un golpe muy bajo, y Edward sabía que no lo dijo en serio, pero Jacob no, y sintió como si lo hubiese golpeado.

Edward percibió una ráfaga de culpa que no era suya, y horror, y dolor. Se plantó, protectoramente delante de Jacob y gruñó a Rosalie. –Querrás dejar esta habitación, ahora mismo.

Por un momento, pareció como si Rosalie fuese a discutir, pero Edward podía ser intimidante cuando quería, y después de unos segundos, ella asintió. –Sí-. Giró sobre sus talones y se alejó, dejando tras de sí, silencio.

Los pensamientos de Jacob se quedaron quietos y con culpa, Edward se volvió para mirarlo, extendió la mano para tocarlo y confortarlo, pero Jacob se alejó y sacudió la cabeza.

-Ella tiene razón-.

-Jacob-. Dijo Edward. Iba a matar a Rosalie, por esto.

-Tengo que irme.

Pasó junto a Edward, y Edward sintió el golpe. No estaba seguro del porqué, un tanto herido por la reacción de Jacob, pero comprendiéndola completamente. No era para tanto, no debería sentirse así. Era otra cosa…algo que ambos sintieron cuando Jacob se alejó, y tenía que ver con el nuevo vínculo. Edward trató de sobreponerse al sentimiento y giró hacia la ventana, para mirar por ella, fija y perturbadoramente el bosque oscuro.

Jacob, pensaba. Jacob, Jacob, Jacob.

Xrxrxrxrxrxrxrxrx

Bueno,

He cortado este capítulo interminable, porque se me hacía demasiado cargado de todo: sentimientos, palabras…

Además, ¡quería colgar algo! Perdón por la demora…¡por las demoras!

Lo único que puedo argumentar a mi favor, es que todas mis historias tendrán su final.

Un abrazo a todos y gracias, de verdad, por los reviews, las alertas, las lecturas.

Dulzura Letal, 3 de enero de 2013