A/N: ¡Hola a todos! Siento haberos hecho esperar tanto tiempo. Últimamente he estado muy liada y en los próximos dos meses más todavía, así que es muy posible que las actualizaciones sean más lentas. Muchas gracias a EasternHare, JiJiYong y TentaculoTerapeuta por sus comentarios. Se agradace mucho todo el apoyo recibido.

Haikyuu y sus personajes no me pertenecen

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El color de una sinfonía

Capítulo 9
Búhos espaciales

Akaashi y Narumi encabezaban la fila de dos que caminaba tras Ono-sensei. A su lado, estudiantes de otras clases seguían el mismo recorrido y en el mismo orden. A lo lejos se extendía la explanada en cuyo centro ascendía el imponente edificio de grandes cristaleras de tonalidades azuladas en el que se encontraba el Museo de Ciencia e Innovación de Tokyo, también conocido por todos los ciudadanos como Miraikan.

Narumi hacía mucho tiempo que no visitaba aquel edificio. El día de la llegada del robot ASIMO al museo, su padre y toda su familia habían sido invitados. El androide había sido creado por Honda y, dados los estrechos lazos que Matsuyama Eiji tenía en el mundo del automovilismo, la compañía se había encargado de que estuvieran presentes. Narumi y sus hermanos fueron los que más disfrutaron aquella experiencia. Resultaba asombroso, cuanto menos, poder ver a un robot correr, saltar y hablar como si de un ser humano se tratase, por lo que pronto había conseguido ganarse sus corazones. Tras aquella experiencia, Narumi había podido presumir durante semanas delante de Takato, quien se moría de ganas por haber ido. El chico había terminado por cruzarse de brazos y había dejado de hablarla durante varios días. Al final, y tras la intervención de Horaru, Narumi le había pedido disculpas a Takato y le había prometido que, la próxima vez que fueran, irían juntos.

Hasta el día de hoy. Nunca habían cumplido esa promesa, nunca habían regresado al Miraikan. Y Narumi se preguntaba si ese mismo pensamiento que se había cruzado por su mente, si aquel recuerdo, también seguiría en la mente de Takato.

Al atravesar sus puertas, Ono-sensei se detuvo y dio media vuelta para quedar frente a sus estudiantes. Estos se agolparon alrededor de él y escucharon atentamente las indicaciones de su profesor.

—Como ya sabéis, estamos en Odaiba, en el Museo de Ciencia e Innovación. Aquí encontraréis cuáles son las tendencias futuras en diferentes ámbitos, se os explicarán materias relacionadas con la ciencia de bastante complejidad y deberéis involucraros en sus actividades si deseáis aprender —Ono-sensei hizo una pausa—. Tendréis libertad para moveros —los alumnos comenzaron a murmurar, emocionados por poder desplazarse por el museo libremente—. No obstante —el hombre alzó la voz para captar de nuevo la atención de sus estudiantes y advertirles—, no quiero que haya ningún problema. No quiero que me tengan que llamar la atención ni que me tengan que decir que uno de mis estudiantes no está teniendo un comportamiento adecuado. ¿Ha quedado claro? —todos asintieron— Bien. Por otra parte, en nuestro caso, el propósito de esta excursión está también centrado en el primer proyecto que tendréis que realizar en clase. Sé que a todos os hace mucha ilusión ver el espectáculo de diez minutos del robot ASIMO, pero quiero que prestéis especial atención a la zona dedicada al ámbito aeroespacial. Durante la próxima semana tendréis que construir un cohete a presión de agua.

Sonidos de exclamaciones salieron de la boca de sus alumnos. Sus ojos se iluminaron de la emoción ante tal reto y, finalmente, Ono-sensei se apartó para dejar que sus estudiantes entraran en el museo y comenzaran la visita. Muchos grupos pequeños habían comenzado a formarse, ya fuera entre compañeros de la misma clase o amigos de otras. Poco a poco, se fueron dispersando hasta que el vestíbulo quedó prácticamente vacío.

Narumi, en cambio, prefirió la soledad. Quería poder absorber los máximos conocimientos posibles, especialmente si el próximo proyecto para clase consistía en un cohete. Cogió antes te continuar un folleto del museo e intentó orientarse en el mapa de colorines que marcaba cada una de las zonas del museo según las plantas.

—¡Naru-chan!

Narumi captó a Anri dando saltitos hacia ella. Su mejor amiga rápidamente la tomó del brazo y tiró de ella, prácticamente arrastrándola por el museo.

—¡Anri! —protestó la chica, intentando soltarse de su agarre.

—¡Vamos a ver al robot!

—Pero quería ir antes a la zona aeroespacial... —gimió.

—Pffff... ¿Desde cuándo te interesa eso? —Anri la soltó y puso los brazos en jarras.

—No es que me interese, es que Ono-sensei quiere aprovechar la visita para que cojamos ideas para el primer proyecto: un cohete a presión de agua.

—¡Eso puede esperar! —Anri volvió a tomarla del brazo— Además, tu pareja en Ciencias es Akaashi. Él sabrá hacerlo.

—No está bien dejar que sea él el que haga todo el trabajo...

Pero Anri no la oyó o, al menos, la chica fingió que no la había escuchado.

Tal y cómo era de esperar, la zona dedicada a la robótica estaba repleta de muchos estudiantes de Fukurodani que se habían acercado con un mismo objetivo: ver al robot, la joya de la corona del museo. Anri se desplazó entre los estudiantes, guiando a Narumi entre la marabunta. Muchos se agolpaban en semicírculo para tener una mejor visión del espectáculo, que iba a empezar en unos minutos.

—¡Ah! ¡Ahí está! —Anri señaló con su dedo índice hacia el frente— ¡Eh! ¡Akari!

Al escuchar su nombre, una joven que estaba hablando con un grupo de chicas se dio la vuelta. La muchacha sonrió y se giro de nuevo. Intercambió un par de palabras más con las otras chicas para, después, darles la espalda y caminar hacia ellas con una sonrisa.

Narumi estaba completamente embelesada. Si no se equivocaba, aquella chica era la presidenta del Club de Literatura y era una auténtica belleza. Lucía un corte de pelo moderno y atrevido, más corto por detrás y algo más largo por delante. Los mechones de cabello liso castaño cobrizo rozaban ligeramente sus clavículas. Con sus andares, su cadera sinuosa se mecía hacia los lados. Figura contorneada, pechos grandes y unos ojos redondos como pelotas de ping-pong de color negro como el carbón.

—No sabía que iba a haber tanta gente —Anri hizo un puchero cuando la chica estuvo ya a su altura—. No vamos a ver nada.

—No te preocupes. Ya nos apañaremos —la muchacha posó sus ojos sobre Narumi y sonrió—. Tenía muchas ganas de conocerte. Soy Uchimura Akari, de tercero, Clase 6.

—Encantada de conocerte, Uchimura-senpai. Anri me ha hablado mucho de ti.

—¡Oh! No es necesaria tanta formalidad! —Akari emitió una risita.

—Es que ella es así de correcta —Anri rodó los ojos.

—Es cuestión de educación —Narumi frunció el ceño.

—Ya, ya —Akari sacudió su mano derecha enfrente de las dos chicas—. Puedes llamarme Akari.

—D-De acuerdo —Narumi dudó unos instantes—, Akari-san.

—Bueno. Algo es algo —Anri se cruzó de brazos, satisfecha.

—Pero si te voy a llamar Akari-san, por favor, siéntete libre de hacer lo mismo conmigo.

—Sin duda eres impresionante, Narumi-san. Tal y cómo me imaginaba —Narumi parpadeó sorprendida por las palabras de Akari. ¿Qué tenía de sorprendente? No había dicho nada especial— Siempre creí que serías una chica madura para tu edad, pero has superado mis expectativas.

—En realidad a veces dice cosas que diría mi abuela.

—¡Anri! —Narumi fulminó con la mirada a su mejor amiga, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban por la vergüenza.

—¿Siempre estáis así? —preguntó Akari tras emitir una carcajada.

—Más o menos, pero Naru-chan no puede vivir sin mí —la chica rodeó con sus brazos a Narumi, haciendo que ésta tuviera que controlar la amplia sonrisa que amenazaba con dibujarse en su rostro—. Bueno, ¿vamos a buscar un sitio?

Narumi y Akari asintieron. Anri dio varias zancadas, entusiasmada. La chica, de vez en cuando, se elevaba sobre la punta de sus pies para poder mirar por encima de las cabezas que se agrupaban frente a ellas. No obstante, no estaba teniendo éxito a la hora de encontrar algún hueco, así que iba de un lado a otro murmurando por lo bajo su mala suerte.

—¿Qué cosas te ha dicho Anri exactamente de mí?

Narumi enarcó una ceja. Akari y ella se había quedado más atrás, dejando que fuera Anri la que se ocupara de encontrar un sitio al ser, claramente, la que estaba más emocionada por ello.

—Todas buenas —Narumi sonrió.

—Ya imagino. Anri es así. Hablé con ella por primera vez cuando entró al club y ya es como si nos conociéramos de toda la vida —Akari le devolvió la sonrisa—. Aunque, cuando nos conocimos, yo ya sabía quién era.

—Ah... Sí. Me dijo algo al respecto —le dijo que Akari siempre había estado interesada en ella o, más bien, en trabajar para su padre. No le resultaba extraño que también supiera quién era la chica que siempre la acompañaba.

—No quiero que pienses que me acerco a ti por solo por interés, Narumi-san. No soy muy buena haciendo amigas y y creo que, por primera vez en mucho tiempo, Anri es alguien con quien podría entablar una buena amistad. Y, por supuesto, eso te incluye a ti —Akari hizo una pausa—. Jamás te pediría ayuda ni aceptaría que tú interfirieras por mí a la hora de entrar a trabajar para la familia Matsuyama. Voy a esforzarme mucho, iré a la universidad, me graduaré siendo la mejor y entraré por mis propios medios, porque me he esforzado, en la multinacional que gestiona tu familia.

Narumi se mantuvo seria, imperturbable. Se limitó a asentir mientras asimilaba todas las palabras de Akari. Narumi sabía lo que era que la gente se acercara a ella por interés. Aunque había asistido a un colegio donde acudían los hijos de la clase alta nipona, muchos padres habían insistido a sus hijos para que se hicieran sus amigos. Narumi lo sabía, siempre lo había sabido, especialmente por parte de los padres, que solían darle a ella un trato preferencial. Desde entonces, Narumi sabía distinguir quiénes tenían buenas intenciones y quiénes no. Definitivamente, Uchimura Akari pertenecía a ese primer grupo. Era franca, le gustaba hablar claro e irradiaba una seguridad en sí misma abrumadora. Sin ninguna duda, conseguiría trabajar para su padre, pero Narumi prefirió guardase ese pensamiento para ella y no compartirlo con nadie.

—Anri me dijo que no estabas en ningún club. ¿Puedo saber por qué?

—Prefiero dedicar mi tiempo en otras cosas —Akari la miró con curiosidad. Ambas se acababan de conocer, pero Narumi no veía nada de malo contarle parte de su razonamiento, aunque no fuera del todo exacto—. Mi padre desea que empiece a tomar las riendas de la empresa. Que aprenda cómo es el negocio.

—¿No eres demasiado joven?

—Mi padre se inició en el negocio también a los dieciséis años. Evidentemente, empezamos siempre rellenando pequeños informes o asistiendo a reuniones de menos importancia con socios minoritarios.

—¿Empezamos?

—Sí. Antes que yo se inició mi hermano mayor.

—¿No es mucha presión?

—No —mintió—. Nos han mentalizado para eso desde pequeños.

—Qué mal, ¿no?

—No creas —Narumi sonrió—. Eso no significa que no tuviera una infancia normal. De hecho, lo fue.

—¿Ya estás cotilleando? —una tercera voz irrumpió. Un chico alto, de cabello rubio oscuro y ojos rasgados se situó al lado de Akari, pasando su brazo por encima del hombro de la chica.

—¿Qué te hace pensar que estoy cotilleando? —Akari puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua, cruzándose de brazos.

—Porque te conozco, Akari —canturreó el chico mientras le daba toquecitos en la mejilla con su dedo índice.

Narumi parpadeó confusa. Aquel chico se dirigía a Akari por su nombre de pila, lo que quería decir que se conocían. De no ser por lo que Narumi sabía de Akari, según lo que Anri le había contado, la chica había roto recientemente con su novio universitario, así que le resultaba improbable que aquel muchacho, que vestía el uniforme de Fukurodani, fuera su nueva pareja. ¿Sería quizás su hermano?

—Has interrumpido una conversación, Akinori —Akari apartó su brazo y frunció el ceño.

—No es importante, ¿verdad? —expresó con tono burlón— ¿Qué haces aquí? ¿Desde cuándo te gustan los robots?

—No me gustan. Ya lo sabes. Pero Anri quería venir.

—¿Anri? —el chico parpadeó confuso. Pero no más que Narumi, que continuaba parada al lado de ambos, siendo completamente ignorada. Era como si ya no estuviera allí— ¡Ah, sí! La chica esa del Club de Literatura que estuvo en tu casa, ¿no?

¿Un momento? ¿Anri había estado ya en casa de Akari-san?

—No le caigo muy bien, ¿verdad? —el muchacho emitió una carcajada.

—Normal si te refieres a ella como 'la chica esa'. Es Anri. Hanazawa Anri. ¿¡Cómo puedes tener la cabeza tan hueca!?

—¡Bakaaaaaaari! —replicó él de forma infantil.

—Y-Yo... Bueno... Creo que... Me voy —balbuceó Narumi. No estaba muy segura de si debía presencia aquella conversación. Sin embargo, los dos se giraron para mirarla.

—¡No, no! ¡Perdona, Narumi-san! —Akari le tomó de las manos— Este imbécil me saca siempre de mis casillas.

—¡Eh!

—Vamos con Anri. No parece haber tenido mucha suerte encontrando un hueco —a unos metros de ellos, Anri intentaba hacerse hueco a empujones entre un grupo de estudiantes que terminaron por dedicarle miradas asesinas al percatarse de que intentaba colarse.

—¿No tenéis sitio? —preguntó el chico, a lo que Akari negó con la cabeza— ¡Podéis venir con nosotros! ¡Tenemos primera fila!

—¿Lo dices en serio? —el rostro de Akari se iluminó.

—¡Sí, claro! ¡Venid! Os haremos un hueco.

Akari corrió hacia Anri para darle la buena noticia. Aunque la chica no parecía muy conforme, sus ganas de ver al robot ganaron y accedió sin tener que insistir mucho.

—Hanazawa, hoy he sido tu héroe.

—Ni lo sueñes —espetó Anri mientras caminaba junto al otro chico. Ambos iban delante de Narumi y Akari, la segunda soltando risitas nerviosas al ver a los dos lanzarse pullitas constantemente.

—Bueno, al menos habré sido el de Akari, ¿verdad? —el chico miró por encima del hombro.

—¿Desde cuándo has sido tú mi héroe? —enarcó una ceja.

—No te resistas —él sonrió de forma picarona.

—Tranquilo, tus encantos no tienen efecto sobre mí.

El chico volvió a mirar de frente y se encogió de hombros, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón de su uniforme. Akari suspiró y negó con la cabeza, Narumi observándola de reojo.

—Este idiota... —murmuró— ¿Héroe? Siempre fue un flojucho —le confesó Akari, inclinándose levemente hacia ella— No me ganó ni una sola pelea.

—¿Le conoces?

—Sí —Akari sonrió—. Desde que teníamos cinco años. Konoha Akinori será un idiota, pero es mi idiota —la chica posó sus ojos sobre el muchacho, que estaba abriéndose paso entre los estudiantes para llegar a su sitio—. Quiero decir... —Akari se sonrojó de repente— Es decir... No es que yo... —carraspeó— Yo no...

—A pesar de todo es especial para ti —concluyó Narumi por ella.

—S-Sí —Akari puso sus manos en sus mejillas, intentando calmar el rubor que se había instalado en ellas.

—Te entiendo —Narumi sonrió. Su historia era más o menos parecida con Takato. O eso le parecía.

—Ya... —Akari agachó la vista— No sé qué haría sin él... —murmuró. Narumi abrió la boca, creyendo comprender qué pasaba en realidad por la mente de la chica de tercero— ¿Pero qué estoy diciendo? —Akari soltó una carcajada y dio unas palmaditas cariñosas a Narumi en el brazo— No digo nada más que tonterías, ¿verdad? Vamos. Nos estamos quedando atrás.

Narumi no se atrevió a decir nada más. Tampoco creía que fuera necesario. Siguió a la chica, su mirada fija en el suelo, creyendo que, a lo mejor, no debería haber escuchado salir todas esas cosas de boca de Akari.

—¡Matsuyama!

Narumi levantó rápidamente la vista. Akari y Anri estaban al frente, a su lado había un chico al que juraría que ya conocía. El otro chico, llamado Akinori, se había puesto detrás de ellas al ser más alto. Al lado de él había tres chicos más, uno de ellos Bokuto Kōtarō.

—¡Bo-Bokuto-senpai! —Narumi dio un pequeño respingo. Últimamente parecía que se encotraba a Bokuto en todas partes.

—Vaya, vaya... —el más bajito del grupo se cruzó de brazos y sonrió de medio lado.

—Nuestro capitán es un idiota y ni siquiera nos presenta —uno de los chicos más altos sonrió.

—No sabía que conocías a Bokuto —Akari miró a Narumi sorprendida.

—A-Ah... Sí. Akaashi-san y yo vamos a la misma clase, así que gracias a él conocí a Bokuto-senpai.

—¿Bokuto-senpai? —el amigo de Akari enarcó una ceja, conteniendo prácticamente una carcajada.

—Sarukui Yamato —se presentó finalmente uno de ellos—. Pero puedes llamarme también Sarukui-senpai.

—¡Eh! ¡Si te dice a ti senpai, a mí también! —el más bajito se acercó a Narumi— Komi Haruki. Ese soy yo. Aunque creo que ya nos conocemos. Yo fui el alma caritativa que te ayudó a encontrar a Bokuto cuando le buscabas.

—A-Ah... S-Sí —aquel chico, Komi, tomó su mano y la agitó con fuerza a modo de saludo. Narumi estaba muy confunida. Ahora sí que podía ubicarle, pero no recordaba que él hubiera sido de mucho ayuda y mucho menos un alma caritativa.

—Si les ignoras, se terminarán cansando —el más alto de ellos habló.

—¡Eh!

—Él es Washio Tatsuki —articuló Akari tras emitir una carcajada—. Y el idiota de antes es Konoha Akinori —Akari le sacó la lengua—. Ellas son Hanazawa Anri y Matsuyama Narumi.

—¿Y a mí no me presentas? —protestó Bokuto.

—¡Pero si es evidente que ya las conoces!

—¡Pero podría no conocerlas! A ella solo la había visto un par de veces —Bokuto señaló a Anri, por lo que ésta enarcó una ceja.

—Bueno, ya —intervino Anri—. Esto va a empezar.

Narumi se quedó parada sin saber muy bien dónde colocarse. Tenía muchos nombres que memorizar y se sentía un poco incómoda al haber conocido a tantas personas a la vez. Hacía mucho tiempo de eso.

—Puedes ponerte aquí —Washio se echó a un lado e invitó a Narumi a que se colocara entre él y Bokuto.

—Gra-Gracias.

—De nada —se limitó a responder el chico con franqueza, mirando al frente y con las manos metidas en sus bolsillos.

Tuvo que pasar los siguientes diez minutos detrás de Komi y, aunque él no era mucho más alto que ella, aun así, Narumi tuvo que estar todo el espectáculo de puntillas, situada entre Washio y Bokuto. Bokuto. No es que se estuviera incómoda, pero Narumi sentía cierto cosquilleo cada vez que estaba cerca del capitán del equipo de volleyball. En muy poco tiempo, él había hecho muchas cosas por ella, así que se sentía especialmente nerviosa y emocionada cada vez que se encontraba con él por los pasillos de la escuela o, simplemente, en aquella excursión. Esas pequeñas cosas le hacían muy feliz. Estaba demasiado feliz como para percatarse de los alaridos de los chicos a cada movimiento del robot, emocionados por algo tan simple como para Narumi lo era.

Cuando terminó el número, los estudiantes de Fukurodani se empezaron a dispersar. Narumi no se había olvidado de que debía visitar lo zona aeroespacial, así que, a sabiendas de que seguramente Anri, con Akari como aliada, no le dejaría marcharse así como así, decidió escabullirse sin decir nada.

No obstante, su plan no pareció ir según lo previsto y, una vez dentro de la marabunta de alumnos, notó cómo alguien le tomaba del brazo.

—¿No ha sido genial? —Bokuto sonrió con inocencia— ¡El robot ha sido una pasada, Matsuyama! ¡Se movía como una persona!

—Sí, no ha estado mal.

—¿Has visto como sebía las escaleras? —los ojos de Bokuto se iluminaron, su tono de voz también más elevado de lo que debería— ¡Y cuando ha hablado con ese chico! ¡Qué pasada!

Narumi no le prestó demasiado atención. Se limitó a mirar hacia los lados para asegurarse de no ser vista por Anri para poder salir de allí cuanto antes y continuar con su visita sin ser molestada.

—¿Adónde vas? —cuestionó el chico al percatarse de que pretendía marcharse sin decir nada a nadie.

—Tengo que ir a la zona aeroespacial.

—¿¡En serio!? ¡Venga! ¡Te acompaño! —el chico dio un par de zancadas y se encaminó hacia una de las puertas de la salida para salir. Al notar que Narumi estaba paralizada a un par de metros de distancia, miró por encima de su hombro y sonrió— ¿Vienes o no?

—¡S-Sí! ¡Claro!

Narumi corrió hacia Bokuto y juntos caminaron por las salas del museo.

—No sabía que te gustara todo lo espacial.

—En realidad no me entusiasma —confesó Narumi—. Pero Ono-sensei nos ha dicho que el proyecto que tendremos que hacer en las próximas semanas es un cohete a propulsión de agua y ha insistido en que visitemos esa zona del museo para coger ideas.

—Los experimentos de Ono-sensei son lo mejor —Bokuto rio—. ¿Recuerdas que el año pasado hubo un pequeño accidente?

—Puede ser… —Narumi se quedó pensativa por unos instantes— ¿Tiene algo que ver con una cosa que atacó a algunos estudiantes en el patio?

—Sí —Bokuto se rascó la nuca, un poco avergonzado—. Se nos ocurrió probar el globo aeróstatico en el patio y digamos que quizás había demasiado viento…

Narumi guardó silencio, observando a Bokuto, hasta que rompió a reír a carcajadas. El chico parpadeó confuso, pero terminó uniéndose a la chica, los dos riendo como locos.

—Tenías que haber visto la cara de Ono-sensei —Bokuto se llevó la mano a la tripa, dolorida por las carcajadas—. Se enredó en el pelo de una chica de tercero.

—¿Por qué haces siempre esas cosas tan locas, Bokuto-senpai? —preguntó Narumi, limpiándose una lágrima que asomaba por su ojo izquierdo— Supongo que yo, en cambio, soy demasiado correcta como para atreverme a probar un globo aerostático casero en un día con viento.

—Presumiría de ello si no fuera porque nos castigaron una semana —aun así, el de tercero sonrió con cierta satisfacción.

El chico se detuvo en un plano del edificio que colgaba de la pared y lo observó con detenimiento para ubicarse en él. Tras unos segundos, el chico continuó el camino y Narumi le siguió, fiándose completamente de su criterio.

—Oye, Bokuto-senpai, ¿puedo hacerte una pregunta? —Narumi seguía dándole vueltas a lo mismo y necesitaba saciar sus dudas, aunque eso pudiera hacerle parecer una cotilla. Bokuto se limitó a emitir un 'mmm' para indicarle que podía continuar— ¿Akari-san y Konoha-senpai son pareja?

—¿Qué? —Bokuto se giró bruscamente hacía ella— ¿Por qué iban a serlo?

—Ah… N-No sé —Narumi se sonrojó. Había metido la pata—. Es que se hablan con tanta naturalidad que yo creí que…

—¡No! ¡No! —Bokuto hizo un gesto con la mano para quitarle importancia— Es solo que se conocen desde hace mucho tiempo, ¿sabes? Son algo así como hermanos. Conozco a ambos desde primero y Uchimura ha tenido novios, ¿sabes? Si estuviera enamorada de Konoha no los habría tenido, ¿no crees?

Narumi no respondió. No estaba del todo de acuerdo con eso, pero prefirió guardar silencio. Quizás debería hablarlo con Anri, pero sentía que estaba entrando demasiado en la vida personal de su senpai cuando acababa de conocerla.

—Por cierto, Matsuyama —Bokuto se detuvo bajo el quicio de la enorme entrada que daba a la zona aeroespacial—. No vuelvas a decirme senpai. Nadie lo hace.

Narumi asintió, ambos parados, impresionados ante la inmensidad del espacio dedicado a la Tierra y los avances tecnológicos.

—Bokuto… -san —susurró Narumi. El chico se giró hacia ella, pues, a pesar del tono bajo de voz le había escuchado— ¡Oh! No, nada. Es solo que… Estaba probando a decir tu nombre.

—Eres muy rara.

—Lo sé —Narumi se rascó la nuca, algo avergonzada—. Desde que era pequeña me han insistido mucho en el respeto a los demás. Lo tengo tan asimilado que me resulta extraño que la gente me pida que me dirija a ellos de otra forma.

—Pero somos amigos, ¿no? —Narumi observó a Bokuto con curiosidad— Nos acabamos de conocer, pero el hecho de que diera a un tipo un puñetazo tuvo que ser suficiente para romper el hielo, ¿no te parece? —bromeó.

—No presumas tanto de eso —Narumi soltó una risita— ¿Utilizas eso para ligar con las chicas? El día en el que me hice el héroe salvando a una desconocida, pero que casi me cuesta la expulsión —dramatizó.

—No puedes negar que no estuve impresionante.

—Desde luego que no —Narumi hizo una mueca, fingiendo un disgusto que, en realidad, no sentía.

—No te hagas de rogar —Bokuto le dio unos toquecitos con su codo, provocando que la expresión seria de Narumi no durara mucho tiempo.

—Quizá estuviste un poquito impresionante.

—¿Un poquito solo?

—No quiero que tampoco te hagas ilusiones, Bokuto-san. No me gusta relacionarme con los tipos malos a los que les detiene la policía —Narumi le guiñó un ojo.

Bokuto parpadeó perplejo ante la respuesta atrevida de la chica. No obstante, el as infló su pecho de orgullo y sonrió con suficiencia.

—Mientes muy mal, Doña Galletitas de Chocolate.

—Las galletas fueron una simple formalidad —Narumi le siguió el juego—. No es que les pusiera todo el amor del mundo ni nada parecido —añadió, cruzándose de brazos.

—Pues siento informarte que en realidad no me llegó nada de ese amor. El resto del equipo se comió las galletas y no me dejó ni una.

—¿En serio?

—Me las quitaron —Bokuto hizo un puchero.

—¿Cómo se atreven? —Narumi puso los brazos en jarras y frunció el ceño, 4xagerando estar enfadada con los chicos del club de volleyball— Cuando los conozca, ya se pueden preparar.

—Si ya los has conocido —Narumi se quedó paralizada y miró a Bokuto confusa—. Uchimura te los ha presentado hace un rato —Bokuto rompió a reír a carcajadas.

—¿¡Son esos!?

—¡Pues claro! ¿Quiénes creías que eran?

—No sé —se encogió de hombros. Eso explicaba por qué Anri estaba de tan mal humor. Odiaba a los chicos que estaban en clubes deportivos—. Podrían ser unos compañeros cualquiera.

—En serio, Matsuyama, eres una chica muy rara.

—Le dijo la sartén al cazo —replicó, golpeando con su puño en el brazo de Bokuto, lo que, en vez de hacerle daño, le hizo reír más todavía.

Si algo bueno tenía el Miraikan era que se podían adquirir muchos conocimientos a través de diferentes actividades. De toda la gente que Narumi conocía en Fukurodani, jamás hubiera pensado que iba a estar pasando aquella excursión junto a Bokuto Kōtarō, quien resultó ser un excelente compañero. Miraron por microscopios para aprender el mecanismo y los principios de las células, entraron al laboratorio donde descubrieron hasta dónde podía ser capaz de llegar el ser humano y se adentraron en el Super-Kamiokande, un detector de Neutrinos situado a mil metros bajo tierra en la Prefectura de Gife. Era como si estuvieran dentro del modelo original y mirando a los múltiples sensores que había en las paredes y en el suelo. Incluso podían ver los trazos de la radiación.

Y, finalmente, se adentraron en la pequeña réplica que había de la estación espacial, donde aprendieron cómo vivían los astronautas y la clase de investigaciones que llevaban a cabo. En una de las habitaciones, había una ventana redonda, desde donde podía verse la tierra, azul y pequeña en comparación al abismo oscuro que la rodeaba.

—¡Ohhh! —los ojos de Bokuto se iluminaron, su rostro pegado al vidrio.

—Qué pequeños somos, ¿verdad?

Bokuto miró de reojo a Narumi. El rostro de la chica estaba cerca del suyo, mirando también por la misma ventanilla. Las mejillas de ambos se rozaron y, mientras que Narumi ni se inmutó, Bokuto se echó discretamente hacia un lado, sin comprender cómo era posible que Narumi, que se veía prácticamente incapaz de llamarle por su nombre, no tuviera reparos en tocarle. El resto de chicas (y, admitámoslo, chicos también) de su edad se habrían sonrojado por aquel simple roce o, en su momento, no se habría atrevido a tomar la mano, aunque fuera para revisarla de un golpe. Así que no se cansaría de repetirlo, lo extraña que le resultaba Matsuyama Narumi.

Su blanquecino rostro estaba iluminado por la tenue luz que desprendía la imagen del espacio. En sus ojos se reflejaba la Tierra, redonda como sus brillantes orbes.

—¡Búhos espaciales!

Narumi dio un pequeño respingo ante el repentino grito del as. Bokuto se había apartado de la ventana y tenía sus puños apretados con fuerza. En su mirada, sus ojos mostraban una determinación que Narumi se veía incapaz de comprender.

—¡Eso haremos para el Festival Cultural!

Narumi enarcó ambas cejas. Al principio le parecía que era un poco pronto, pero, después, cayó en la cuenta de que era en unas semanas. Siendo ella una de las representantes de la Clase 6, eso significaba que Akaashi y ella deberían reunirse con el resto de compañeros para determinar qué organizarían para entonces.

—¿No crees que el resto de la clase deberá estar de acuerdo?

—¡Lo estará! ¡Esto es Fukurodani! Nuestro símbolo es el búho. ¿A quién no le gustan los búhos? —Narumi permaneció en silencio, por lo que Bokuto abrió la boca de par en par— ¿¡No te gustan!?

—Yo no he dicho eso.

—Pero no has dicho que sí tampoco.

—Sí —Narumi se encogió de hombros—. Son bonitos.

—¡Son increíbles! —Bokuto se cruzó de brazos, prácticamente sentenciando— ¿Vendrás a vernos?

—¿Durante el Festival Cultural?

—Sí. Haremos un café de búhos espaciales.

—¿Eres consciente de lo ridículo que suena?

—¡Eh! ¡No es nada ridículo! ¿Cómo osas? —Bokuto se llevó una mano al pecho, dolido por sus palabras.

—No existen los búhos espaciales.

—¡Pues nosotros seremos los primeros! ¡Conquistaremos el espacio! ¡Y quiero verte ahí, Matsuyama! —el chico le señaló con el dedo índice de manera acusatoria.

—¿Y qué me harás si no voy? —preguntó Narumi de forma burlona.

—¿Que qué haré? —Bokuto sonrió con maldad. El chico comenzó a hacer sonidos, pretendiendo ser un búho, y empezó a mover los brazos como si fueran sus alas mientras daba vueltas alrededor de Narumi— ¡Te castigaré a base de cosquillas! —el chico se acercó a ella y tocó con sus dedos en los costados de Narumi, haciéndola reír.

—Para —le advirtió la chica. Bokuto seguía 'volando' a su alrededor, de vez en cuando rompiendo la distancia que les separaba para hacerle cosquillas de vez en cuando.

—¡Tendrás que darme algo a cambio! —Bokuto soltó una carcajada atronadora— ¡Exijo más galletas de las tuyas!

—¿No se supone que eres un búho? —Narumi soltó un gritito cuando Bokuto volvió a atacarla con más cosquillas— ¿Desde cuándo se alimentan de galletas?

—Porque yo soy un búho especial. ¡Único en mi especie! —Bokuto emitió otro sonido de búho, haciendo que agitaba sus alas por la emoción. Resultaba ridículo verle mover su cuerpo, con el trasero un poco hacia afuera, por lo que Narumi rompió a reír a carcajadas.

—¿Qué demonios está pasando aquí?

Bokuto y Narumi se detuvieron de inmediato. Bajo la puerta del simulador había un chico de pelo negro, un poco más largo por los lados. Llevaba el uniforme de manera desenfadada y, de no ser porque Bokuto sabía con certeza que era un estudiante de Fukurodani, habría pensado que era modelo. De hecho, le conocía. Jugaba en el equipo de fútbol.

—Estáis armando un escándalo —añadió el muchacho, frunciendo el ceño.

—¡Takato! —Narumi abrió los ojos sorprendida por verle allí. Bokuto miro a ambos interrogante.

—Me sorprende que estés involucrada.

—¿Tanto ruido estábamos haciendo?

—Se os escuchaba desde fuera, sí. Me había parecido reconocer tu voz, por eso he entrado para comprobarlo. Me sorprende que te comportes así, Narumi. Tienes una imagen y un ejemplo que dar —Bokuto observó a Narumi de reojo, esperando que se defendiera, pero la chica permaneció muda—. Da gracias de que haya llegado yo a tiempo. Si otras personas se hubieran enterado de que estabas aquí metida, con un chico —Takato miró a Bokuto de arriba a abajo— y dando voces, no creo que a tu padre le sentara muy bien cuando se lo contaran.

—¡Eh! —Bokuto dio un paso al frente. No iba a consentir que ese chico le hablara así—. ¿De qué vas, tío?

—No estoy hablando contigo —le espetó el muchacho sin ni siquiera mirarle—. ¿Comprendes lo que quiero decir, Narumi?

La chica no habló. Simplemente se acercó a Takato, dispuesta a marcharse con él. Bokuto apretó los puños con fuerza y presionó sus labios en una fina línea, incrédulo ante la actitud pasiva de una Narumi de la que jamás se habría imaginado que pudiera llegar a reaccionar de esa manera en una situación así.

Antes de salir, Takato miró por encima de su hombro para posar su mirada amenazadora sobre él. Advirtiéndole. Bokuto apretó los dientes con fuerza y, cuando los dos desaparecieron, caminó hasta la puerta, pero ya se habían esfumado. Giró sobre sus talones, furioso y balbuceando incongruencias e ignorando las miradas de incredulidad de las personas que se iban cruzando en su camino.

—Bokuto-san.

No veía absolutamente a nadie. Su mente viajaba una y otra vez a lo sucedido hacía unos minutos. Ni siquiera sabía con certeza hacia dónde se dirigía. Simplemente caminaba, molesto por no haber podido hacer nada en aquella situación.

—¡Bokuto-san!

Bokuto se detuvo inmediatamente al escuchar su nombre. El chico giró su rostro levemente al sentir la mano de alguien sobre su hombro, reconociendo en seguida el rostro de aquella persona.

—Ah, Akaashi. Eres tú.

—¿Se puede saber qué te pasa? He escuchado a unas chicas de primero decir que había un loco hablando solo por el museo.

—¿Qué te hace pensar que ese loco era yo? —Bokuto miró ofendido a su amigo y éste simplemente enarcó una ceja, como si fuera obvio que la única respuesta posible era que tenía que ser él. Bokuto suspiró con resignación— Ha pasado algo. Eso es todo.

—¿Y no me vas a decir qué es?

Bokuto metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Quizás debería guardarse aquel tipo de cosas para él, pero eso nunca había ido con él. Era transparente. A veces demasiado.

—He estado con Matsuyama.

—¿Y dices que ha pasado algo? —Akaashi enarcó ambas cejas, visiblemente sorprendido.

—¡No es lo que crees! —el as hizo una cruz con sus brazos— Solo estábamos divirtiéndonos cuando, de repente, ha aparecido un chico. Tenías que ver cómo le ha hablado.

—¿Un chico?

—Sí —Bokuto se rascó la cabeza, intentando recordar—. Creo que es del Club de Fútbol, pero no estoy seguro.

—¿Nakahara-san?

—¿Lo conoces?

—Fuimos compañeros en primero. Es un chico bastante agradable.

—Es un imbécil.

—Es raro que se comporte mal con alguien. Quizás pensó de forma equivocada. Estaría celoso.

—¿Por qué iba a estarlo? ¡Solo nos estábamos riendo!

—Bokuto-san —Akaashi suspiró—, tienes que tener más cuidado con Matsuyama —el capitán parpadeó confuso—. Sé que Nakahara-san y Matsuyama-san se conocen desde hace mucho tiempo. Incluso estuvieron saliendo juntos.

—¿Matsuyama y ese idiota han sido novios?

—Así es. Y es posible que hayan vuelto si él se ha enfadado tanto.

—No creo que hayan vuelto —Bokuto frunció el ceño.

—¿Qué te hace pensar eso? No lo sabes, Bokuto-san. No deberías inmiscuirte en las relaciones de otros.

—¡Te digo que Matsuyama y ese Nakahara no han vuelto!

—No me hables así —Akaashi presionó sus labios en una fina línea—. ¿Por qué te importa tanto si están juntos o no?

Bokuto dio un pequeño respingo al escuchar aquella pregunta inesperada salir de la boca de Akaashi. Guardó silencio durante unos instantes, incapaz de encontrar una respuesta clara.

—N-No lo sé —murmuró finalmente.


Narumi caminó junto a Takato en silencio un par de metros más. Cuando ambos giraron por el pasillo que había a su derecha, la chica se detuvo y apartó el brazo que Takato había colocado en su espalda para invitarla a marcharse junto a él.

—¿A qué ha venido eso? —exigía una respuesta inmediata.

—No. Eso debería preguntarlo yo —Takato estaba furioso—. ¿Desde cuándo eres amiga de alguien como Bokuto Kōtarō?

—¿Y a ti qué demonios te importa?

—¡Claro que me importa, Narumi! ¡Te estabas riendo!

—Así que es eso… —Narumi contuvo una carcajada— ¿Estás celoso?

—¿De ese imbécil? Ni de coña. Podría tener a todas las chicas que quisiera. Tengo una legión de fans.

—Deja de comportarte como un niño.

—Y tú deja de comportarte como una idiota. A tu padre no le gustaría saber la clase de distracciones que estás teniendo —Takato sonrió de medio lado, satisfecho por su amenaza.

—Atrévete a repetirme eso —le retó Narumi.

—¿Quieres que te lo ponga por escrito? —Takato se cruzó de brazos con suficiencia— Tú estás un escalón por encima de Bokuto Kōtarō. Mereces algo mejor.

—A ti, ¿no? —Narumi rodó los ojos— No quería montar una escena delante de Bokuto-san, así que ahora escúchame atentamente, Takato —Narumi se acercó hasta a él. Clavó sus ojos sobre el muchacho, amenazadora—. Que nos conozcamos desde hace tanto tiempo y que hayamos salido juntos durante dos años no te da derecho a decidir por mí. Soy muy capaz de tomar mis propias decisiones y puedo decidir qué personas quiero en mi vida y cuáles no —Narumi sonrió con soberbia—. Y, en estos momentos, tú no estás entre mis prioridades. Cuando aprendas a comportarte, cuando madures más que yo, podrás hablarme directamente a la cara. Ahora, el que no está a mi nivel eres tú. Recuerda cuál es tu posición, Takato, porque todo lo que tu familia tiene es gracias a la mía —Narumi dio un paso hacia atrás—. ¿Ha quedado claro?

—¿De qué coño vas? —el chico apretó los puños con fuerza.

—¿No querías que me comportara? ¿No decías que tenía que dar ejemplo? Te estoy hablando como una Matsuyama —Narumi hizo una pausa, pero al ver que Takato estaba mudo continuó—. No vuelvas a humillarme de esa manera delante de nadie.

—¿Te atreves a amenazarme?

—Tómalo como una advertencia. No te conviene tenerme como tu enigma.

Sin esperar respuesta por parte del chico, Narumi giró sobre sus talones y se alejó de allí. Takato permaneció unos segundos inmóvil, procesando lo que acababa de suceder y cómo algo que pensaba que era beneficioso para él se había vuelto en su contra. Abrumado por la ira, golpeó con uno de sus puños en la pared, conteniendo el grito que deseaba escaparse de su garganta. Ignoró la punzada de dolor que le recorrió parte del brazo hasta el codo y se incorporó, colocando su cabello como si nada hubiera sucedido.

—¿Qué miráis? —espetó a dos alumnos de primero que, accidentalmente, habían presenciado la conversación— ¿Es que no habéis visto nunca a dos personas discutir?

Narumi, en cambio, caminó por el museo con una seguridad que hacía mucho tiempo que no sentía. Quería a Takato muchísimo, pero, desde que habían roto, el chico había tenido ciertas contestaciones que la habían hecho sentir mal. Pero eso se había acabado. Le había plantado cara y, aunque, quizás, había sido más dura de lo que pretendía, suponía que aquello había sido suficiente para hacerle entender que ya no estaban juntos y que, aunque siempre estarían conectados, eso no le daba derecho a inmiscuirse en su vida.

Ahora empezaba a comprender. Entendía que, en realidad, le apetecía conocer a gente nueva, le apetecía salir con Anri y Akari, le apetecía hablar con Akaashi durante los cambios de clases tanto como quisiera y, sobre todo, le apetecía reír junto a Bokuto. Porque, cuando reía junto a él, sentía que todo estaba bien y la única que hasta la fecha le había hecho sentirse mejor consigo misma era Anri. Por eso no iba a dejar pasar la oportunidad de conocer más a Bokuto.

—¡Naru-chan! —Anri corría hacia ella agitando su mano derecha. Akari la seguía de cerca, sonriendo — ¿Dónde te habías metido? —Anri la abrazó— ¡Te he echado tanto de menos!

—He estado viendo el museo.

—Pero te has ido sin mí —gimió la chica, haciendo reír a Akari y Narumi—. Quería verlo contigo.

—No es para tanto —Narumi le dio unas palmaditas en la cabeza.

—¿Ha pasado algo, Narumi-san? —Akari la miró con curiosidad— Pareces algo diferente. ¿Está todo bien?

Narumi asintió y sonrió.

—Mejor que nunca.


"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo"
— Nietzsche


~ ¡Nos leemos!