Esta es una traducción de 'Cuando el tiempo no es suficiente', original de Jinko.

Por supuesto, la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling

Capítulo 10: Ceo, Titán, Patrono de la Inteligencia y la Sabiduría

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Llegó en el día de mi cumpleaños número once, como a todos los chicos que iban a Hogwarts. Estaba tan excitado, ¡finalmente tenía mi carta de aceptación! Había pasado tantos años en la escuela muggle y ahora podía ir al mismo colegio que Rose.

Pero mi padre me la quitó. Me dijo que nunca iría a Hogwarts, porque allí podíia ser reconocido con facilidad. Él no quería que me lastimaran. Y yo sólo quería ser feliz. No quería una vida muggle, había sido aceptado como alumno de Hogwarts, como siempre debió ser. ¡Era capaz de ser un jodido buen mago!

Pero mi padre tuvo la última palabra. Él y mi papá pelearon muchísimo, y en este caso, él no iba a cambiar de opinión, por nada del mundo.

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Se despertaron doloridos. Por algo no estaba bien dormir en el piso, los resultados nunca eran buenos. Harry estiró sus miembros acalambrados, tratando de devolverle la sensación a su brazo derecho, que estaba debajo de algo. Sus ojos lucharon por abrirse, aunque podía sentir que tenía los lentes puestos. Esa era una de las peores cosas de dormir en otra parte. Generalmente perdía los lentes o dormía con ellos puestos o los deformaba o le causaban un severo dolor de cabeza.

Finalmente, cuando sus párpados se despegaron, Harry se halló mirando al familiar cabello rubio platinado de Draco Malfoy. El Slytherin se movía, y eso era lo que había despertado a Harry.

-'Día-. Gruñó Harry, con la garganta seca.

Draco se dio vuelta, envolviéndose alrededor del cuerpo de Harry. A ninguno le importó que las ropas de Harry estuvieran manchadas con la sangre del ex de Draco.

-Tenemos clase, en un rato-. Objetó Harry. -Pociones, ¿te acuerdas?

-Quiero seguir durmiendo-. Gruñó Draco, hundiendo la cabeza en el pecho de Harry. –Dormí como la mierda, anoche...jodido piso...

Desde la enorme cama, en la distancia, se oyó una risa. –Buen día, chicos. Creo que dormí mejor que nunca.

Ambos gruñeron y Harry se sentó. –Gracias por eso, Scorpius.

Al final, se dio cuenta de que tená sangre de otro en sus ropas. –Necesito una ducha...

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De seguro, todos se sorprendieron porque Severus no apareció a dar la clase. Hasta Ron fue puntual esa mañana, pero Severus no apareció. Draco fue el primero en preocuparse, mientras que los Gryffindor se iban a su sala común; incluído Harry, quien saludó a Draco con la mano, despreocupadamente. Draco partió en otra dirección, hacia las habitaciones de Severus. En el camino, notó que Nott también estaba ausente. Meticulosamente, siguió el camino que había memorizado muy temprano en su primer año, en sus múltiples visitas a las habitaciones de Severus.

Trató de no pensar en la noche previa. Estaba preocupado por tanta gente. Para empezar, Blaise ya no estaba. Habían sido amantes, ahora estaba muerto. Había reaccionado después de mucho tiempo; pasó una hora jugando ajedrez con Potter, y allí se desmoronó; obligó a Potter a que lo abrace con fuerza, mientras él trataba de no llorar.

En segundo lugar, estaba Severus. Draco era muy consciente del pasado de Severus con los Mortífagos, y estaba seguro de que continuaba siendo uno de ellos. No tenía certeza de la veracidad de los rumores que decían que era un espía de la Orden, y eso le molestaba.

Lo último que quería era que Severus siguiera siendo un Mortífago; era un hombre demasiado grandioso como para desperdiciarse de ese modo. Pensando en esto, se dio cuenta de que era probable que no continuara siéndolo, él nunca hubiese confiado a Scorpius a un sospechoso Mortífago, sin saber la historia completa.

El tercer asunto era la familia de Nott. Theodore Nott no estuvo en la fila de los que esperaban a Severus. Su padre había sido asesinado por los Mortífagos, en el fuego cruzado, durante el ataque.

Por último, Scorpius había dicho algo que, verdaderamente, lo confundió. Había llamado `Papá' a Potter. Dos veces. Eso le molestaba y le producía un nudo en el estómago. Se le había escapado entre sueños, pero de seguro, no debería haber pasado. Sus mejillas ardían ante el pensamiento; Harry Potter no era una pareja compatible. Así de simple.

¡Pero, jodido Merlin, los besos de ese chico! Draco ardía cada vez que Potter lo tocaba y se derretía cada vez que sus labios se conectaban. No debería haberlo admitido -ni estar, ni hablar de ello en su mente-, pero realmente no podía ocultarlo.

Sin embargo, buscando esconderse de ello, Draco golpeó la puerta de Severus. Cuando no recibió respuesta, usó la contraseña que el hombre le había dado personalmente. Entró y casi no siguió caminando, había algo diferente en la habitación. Observando alrededor, vio un equipo de túnicas que no pertenecían allí; levantó una ceja ante la rareza y continuó hacia el cuarto de Severus. Se detuvo, viendo una escena que jamás hubiese imaginado posible.

Severus seguía durmiendo en su cama, pero tenía al lado a Remus Lupin, que tenía apoyada la cabeza sobre el hombro y el pecho desnudos de Severus.

No pudo evitar la reacción vocal. Un chillido muy leve pasó por su garganta sin su permiso; se tapó la boca con la mano, pero los ojos de Severus se abrieron y lo miraron con enojo, mientras se estiraba para alcanzar la varita apoyada sobre la mesita de noche. El movimiento despertó al hombre lobo, que tuvo la misma reacción, aunque algo desorientado al principio.

-¿Señor Malfoy?- Preguntó Remus, parpadeando por la luz artificial de la habitación; bajó la cabeza sobre el pecho de Severus, dándose cuenta de qué era lo que estaba sucediendo. La cara le ardió y trató de esconderla.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Demandó Severus, moviéndose levemente para acomodar a su amante.

-¿Te acuestas con él?

Severus dejó que Remus se deslizara, alejándose, para tomar la ropa que estaba junto a la cama. -No es diferente a tu relación con Potter-. Respondió.

Remus se quedó helado, con la mano aferrada a sus pantalones, luego se enderezó. -Harry nunca mencionó eso...

-Yo no me acuesto con él...nosotros sólo...No lo sé...pero yo...- Draco se quedó sin palabras. -Supongo que depende de cómo definas acostarse con...eso no importa...él es un hombre lobo...

-¿Qué estás haciendo aquí?- Repitió Severus, estirándose para alcanzar su propia ropa. Sintió que la mirada de ira se detenía en su cuerpo, porque los ojos de Draco se quedaron en la Marca Tenebrosa de su brazo.

-Te perdiste la clase-. Dijo, a media voz, como si estivuera pensando en otra cosa.

Con rapidez, Severus hizo un encantamiento para ver la hora, antes de suspirar pesadamente. Por primera vez desde que comenzó a enseñar en Hogwarts, se había perdido una clase.

-Mierda-. Siseó Remus, a su lado. -Tengo a los de primer año en quince minutos.

Lo ignoraron. -¿Eres un espía, Severus?- Preguntó Draco, dándose vuelta, mientras Severus se sentaba; escuchó una pausa en el movimiento de ropas.

-¿Por qué me preguntas algo así?- Cuestionó Severus, deslizándose dentro de unos pantalones, ahora que Draco miraba hacia otro lado. Remus hizo lo mismo.

-Yo te confío demasiado con Scorpius, y según él, nunca le confiaría mi hijo a un Mortífago.

-¿Sabes que fuí un Mortífago mucho antes de que tú nacieras?

-Por supuesto que lo sé.

Los ojos de Severus vieron que Draco se pasaba la mano por su propio antebrazo izquierdo. -¿No te han marcado, verdad?

-Iban a hacerlo hace un mes atrás, pero Scorpius cambió eso-. Se colocaron más ropas. -Mi padre no me ha hablado desde entonces...

-Tampoco te ha mencionado al Señor de las Tinieblas-. Musitó Severus. Hizo una pausa, como si considerara sus próximas palabras con Remus, sin hablar realmente. -Sí, yo soy un espía de la Orden.

Las rodillas de Draco casi se doblaron. El hombre en el que confiaba indiscutiblemente, era un traidor a todo lo que alguna vez había conocido. Si quería, Severus podía condenar a la familia Malfoy. Sabía todo lo que había que saber sobre el Círculo de confianza y los Mortífagos.

-Lo he sido por años.

-¿Estuviste allí anoche?

-Sí.

Draco se ahogó con el aire que salía por su garganta. -¿Es- estuvo mi padre?

-Se fue antes de que llegara la Orden.

-¿Él mató a Blaise?

Las palabras de Severus estaban rodeadas de revulsión. Claramente le disgustaba lo que había pasado con el chico. -No. No lo tocó. Su trabajo fue castigar a la madre, tenía que decirle cosas sobre el Señor de la Tinieblas y su vida amorosa. Tu padre le dijo, una y otra vez, que lo que estaba pasando a Blaise era culpa de ella.

Draco se estremeció visiblemente. Su propio padre había hecho semejante cosa...se sentía casi enfermo. Giró rapidamente, tratando de evitar las lágrimas. -¡Tú estuviste allí...! Podrías haberlo impedido, eres lo suficientemente poderoso...podrías haberlo hecho...

-Tenía órdenes específicas, Draco-. Severus suspiró, mirando a Draco a los ojos. –Debía mantener mi imagen como Mortífago...

-¿Tú lo torturaste? ¿Lo mataste?

El contacto visual se quebró y Severus se deshizo de la mano de Remus que le ofrecía apoyo. –Lo maldije. Si no lo hubiese hecho, hubiesen sospechado.

A Draco le tomó toda su fuerza de voluntad no golpear a su ídolo. -¿Cómo pudiste? Era apenas mayor que yo…era tu alumno…

-Soy muy consciente de eso, Draco-. La voz del Profesor de Pociones se debilitó, no lo estaba llevando para nada bien. –Siempre me avergonzaré de lo que he tenido que hacer como Mortífago... pero al final, ganaremos.

-¿Y cuántos amigos más tendrás que matar para lograrlo? ¿Cuántos inocentes adolescentes vas a sacrificar?

-Suficiente-. Interrumpió Remus, observando la discusión. –Severus ya tuvo suficentes problemas para dormir anoche. Ha venido sacrificando su humanidad desde antes de que tú comenzaras a caminar. Él ha hecho cosas despreciables bajo las órdenes de ambos: de Voldemort (el temblor de Draco fue ignorado), y de Dumbledore. Sólo podemos esperar que todo salga bien al final...

-Vencerlo no va a traer de vuelta a Blaise-. Objetó Draco. Volvió su atención completa a Severus. –Tienes que salirte. No está bien, no necesitamos un espía...

Severus estiró la mano hacia el cajón superior de su mesa de noche y sacó una poción contra el dolor de cabeza, como respuesta automática. La tomó antes de hacerle señas a Draco para que se fuera. –No tenemos nada más que hablar.

-¿Qué?

-Ya me escuchaste. Anoche pasaron cosas horribles y ninguna de ellas se puede cambiar, sin importar lo que queramos. Blaise Zabini está muerto, y no podemos hacer nada. Yo seré espía hasta que el Señor de las Tinieblas sea vencido. No podré evitar muchas cosas, pero la información que puedo pasarle a la Orden es suficiente para mantenerlos a raya-. Explicó Severus. –Además, necesitamos esa información, y yo no le desearía esa suerte a nadie más-. Se pasó una mano por su cabello, tratando de parecer un poco más presentable, pero estaba completamente desarreglado, cortesía de la noche que había pasado.

-Tengo que ir a clase-. Suspiró Remus, rodeando la cama, yendo hacia la puerta. Al pasar delante de Severus, el hombre lo agarró entre sus brazos, compartieron un beso rápido y lo soltó.

Draco levantó la ceja, nuevamente. –Ahora que lo pienso, creí que estabas prácticamente comprometido con mi prima.

-Pregúntale a tu hijo-. Remus salió, con una pequeña sonrisa en el rostro.

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Harry se dio cuenta mucho más tarde que Draco. En verdad, estaba en la clase de McGonagall.

Cuando, al fin lograron devolverle la forma natural a Hedwig, la lechuza nívea no estaba contenta.

-Lo siento, chica-. Se disculpó Harry, acariciándole las plumas con la mayor ternura posible, pero sólo logró que le picotée los dedos.

-¿Qué es lo que te pasa?- Preguntó Hermione, observando cómo McGonagall se alejaba a grandes pasos con una mirada oscura; no le divertía el error simple de Harry.

-Sólo perdí la concentración, eso es todo. Es lo menos que se puede esperar después de lo que sucedió anoche.

Era una buena excusa. Lo último que necesitaba era que los demás oyeran de Malfoy y de Scorpius. Sin embargo, el pensamiento se le quedó pegado en la cabeza. Realmente, Scorpius lo había llamado papá…

-¿Se dieron cuenta de que esta es nuestra tercera clase del día y que Nott no está?- Preguntó Ron, con una pequeña sonrisa despreciativa en la cara. –Probablemente le hayan dicho la verdad sobre el enfermo de su padre-.

-Eso fue completamente inapropiado, Ron- Espetó Hermione, en un susurro. –Tú tuviste un día libre cuando tu padre fue atacado. Su padre fue asesinado.

Ron puso los ojos en blanco, dramáticamente. –Hay una gran diferencia entre mi padre y su padre. El mío es un buen tipo...el suyo merecía morirse.

-Eso es asqueroso, Ron-. Replicó Harry, absolutamente enojado con la actitud del chico. –nadie merece morir, a pesar de lo que haga.

Ante la exclamación de Harry, una ceja colorada se elevó. -¿El Innombrable no merece la muerte después de lo que le ha hecho a tanta gente?

-Yo preferiría una muerte lenta, para él. La tortura sería lo apropiado.

-No puedo creer que le hicieran eso a Zabini- Susurró Hermione, asombrada por los detalles. Y eso se lo hicieron a un miembro leal a su causa. Era algo más que horrible; sobrepasaba cualquier cosa que Voldemort haya hecho antes.

-Todo fue porque a la serpiente no le gustó que la madre de Zabini tratara de agregar a Voldemort a su larga lista-. Gruñó Harry, fingiendo concentrarse, cuando McGonagall pasó a su lado.

Hermione hizo sus deberes con facilidad, y la Profesora siguió su camino. Ella fingió que ayudaba a Ron, hasta que quedaron solos.

-¿Y por qué, qué es eso?- Preguntó Ron, apoyando la varita por vez número once. –Quiero decir, ¿él está haciendo cosas extrañas con la serpiente o algo así?

-No me extrañaría-. Admitió Harry, encogiéndose de hombros. -No tienes que saber de cohetes para comprender que el tipo está seriamente trastornado.

Hermione asintió con la cabeza, mientras Ron lucía completamente confundido. -¿Cohetes? ¿Cómo los de Fred y George? Necesitas muy poco coeficiente intelectual para hacerlos funcionar...

-No importa...es una expresión muggle, Ron-. Sonrió Hermione.

Hubo una sonora explosión detrás, señalando el inevitable error de Neville.

Todos se volvieron, casi curiosos por ver qué era lo que Neville se las había arreglado para crear, esta vez. Pero Harry se detuvo, y como de costumbre, los ojos grises le devolvieron la mirada, atraídos por el movimiento. Sabía que se estaba ruborizando, las palabras de Scorpius lo asaltaron y pudo sentir que la cara le ardía. Por segunda vez en veinticuatro horas, pareció que Malfoy pensaba lo mismo. La cara pálida también estaba teñida de rosa, obviamente también pensaba en las palabras de Scorpius. Eso hizo que la cara de Harry se oscureciera más, al notar lo hermoso que era el rubio cuando se ruborizaba.

La realidad cayó a su alrededor cuando Hermione lo empujó subrepticiamente.

-Trabaja. De verdad, no necesitamos meternos en otra pelea.

Harry asintió, volviendo su atención a Hedwig; casi sonrió porque ella dio unos pasos hacia atrás sobre el escritorio, no muy segura de querer que ser utilizada de nuevo.

-Lo siento-. Repitió él a su amiga más fiel. Entonces, algo resonó en su cerebro. -¿Y si la serpiente es un Animago?

-No hay muchos Animagos registrados que sean serpientes, Harry-. Dijo Hermione, recordando que más temprano había visto los registros, Tonks le había facilitado todos los datos que le pidió. -Pero, bueno, no necesariamente tienen que estar registrados para ser Animagos.

-Por supuesto que no...tal vez, de verdad ella es su amante...

-¿Por qué la mantedría como serpiente, entonces? Eso sería dem...-. Ella se interrumpió y Harry levantó una ceja. -Nada es demasiado para ese monstruo-. Le recordó Harry, levantando la varita y hechizando a Hedwig. Recibió una grata sorpresa cuando ella se convirtió en un abrecartas y luego retornó a su forma usual. -Buena chica-. La elogió, acariciándola. La lechuza lo picoteó más cariñosamente, haciéndole saber que no había sufrido ningún dolor.

Las clases se estaban tornando más y más importantes para Harry. El abrecartas era lo más cercano a un arma que iban a lograr, pero en cada clase, le enseñaban algo que podría usar en la batalla final. McGonagall le enseñaba cómo convertir cualquier cosa en un le enseñó cómo usar su alrededor contra el enemigo, ahora podía encantar cualquier objeto de tamaño mediano para que vuele a una velocidad mortal contra lo que sea. Si él uniera esa habilidad con las armas nuevas que ahora podía crear, podría causar algo de daño. Snape, realmente no le había enseñado nada útil, sólo la ocasional poción curativa, pero nada más.

Hubo un poco de bochinche detrás suyo, porque Neville trataba de evitar que su abrecartas saliera del salón a los saltos; pero fue ignorado gracias a los constantes codazos de Hermione. Ella lo mantenía en línea, en lo que podía, ya que, en realidad a nadie le interesaba la idea.

Malfoy tampoco ayudaba, y Scorpius era igual.

Debió haber mostrado una mirada lejana o algo así, porque el codo de Hermione encontró sus costillas otra vez, y bastante duramente, debía agregar.

-Perdón...-Murmuró, estúpidamente. –Pero, yo lo entendí antes...¿No lo viste?

-Sí, pero eso no significa que puedes descuidarte, ni tampoco que puedes comenzar a soñar despierto con Malfoy.

-Yo...yo no estaba soñando despierto, ni con él ni con nadie...¡ni siquiera estaba soñando despierto!

-Sí, seguro.

-Y, bueno, si soñaba, no era con él...

-¿Dónde estuviste anoche?- Interrumpió Hermione, sonriendo casi como una Slytherin.

Los ojos de Harry se entrecerraron en broma, y le pinchó la frente con un dedo. –Tú no eres una Gryffindor, ¿Sabes?

-¿Y entonces? ¿Qué pasó entre ustedes dos?

-Cuando me pasa esto es cuando maldigo porque uno de mis amigos más cercanos es una chica-. Gruñó Harry, realizando con éxito el encantamiento sobre Hedwig y volviéndola a su forma normal. –Les gustan demasiado los chismes.

-Ron me contó que se besaron.

Lo intentó, pero Harry no pudo evitar sonreír. –Sí, algunas veces.

-¿Es tu novio?

-En verdad, no somos nada-. Harry trató de explicar. –Es que…nos atraemos mutuamente, eso es todo. Quiero decir, tú fuiste quien dijo que él estaba lejos de ser un ser humano decente, ¿verdad? Su personalidad es horrible, y probablemente piense lo mismo de mi. De un modo..sólo estamos juntos físicamente, creo.

-Entonces, ¿dormiste con él?

-Nos quedamos dormidos juntos, nada más. Nada escandaloso...sólo un montón de besos...

Se pasó la mano por el cabello, pensando en cómo había sonado eso. El gran Harry Potter involucrándose con Draco Malfoy, hijo de un Mortífago condenado, sin ponerle emoción; era terríblemente escandaloso cuando lo pensaba. La mirada de Hermione le dijo que ella estaba pensando lo mismo.

-Muy bien, tal vez es un poco escandaloso,¡pero, joder, besa tan bien!

Ella se rió. –Buena suerte; ¿tal vez puedas reemplazar al Papá de Scorpius, hmm?

-Hablando de eso, ¿de qué hablaron en la Sala Multipropósito?

Ella sonrió ampliamente. -¿Y a ti qué? Scorpius y yo tuvimos una muy linda charla. Estoy segura de que él puede elegirme a mi para algo tan simple como eso, después de todo soy su madrina.

-Señor Potter, Señorita Granger-. Ambos levantaron las cabezas y se hallaron con Minerva, inclinándose casi sobre ellos. -¿La tarea es demasiado difícil para ustedes dos?

-No, Profesora-. Objetó Harry, instantáneamente, retomando su varita y, descubriendo asombrado que Hedwig había desaparecido.

-Su lechuza salió volando de esta habitación hace minutos, Potter-. Le dijo Minerva. –Hasta su leal mascota se dio por vencida con usted. Diez puntos de Gryffindor por cada uno, por la falta de atención. Espero mucho más de usted, señorita Granger.

-Sí, Profesora-. Hermione suspiró, transformando a Crookshanks con facilidad. El tigre de imitación había estado dormitando sobre el escritorio, fue despertado rudamente por el encantamiento, y aparentemente no estaba muy contento con Hermione, cuando lo retornó a la normalidad.

Harry oyó risitas a su izquierda y giró, Malfoy lo miraba. Harry le mostró el dedo medio con una sonrisa maliciosa de las suyas, y Draco le replicó con fingida pena. La broma se acabó cuando un Slytherin lanzó un bollo de pergamino a la cabeza de Draco. Todos lo insultaron por lo bajo.

La mirada de furia que recibió no fue tan mala como hubiese esperado, al pasar junto a Nott, en el camino hacia la oficina de Albus. El otro apenas registró a Harry y con las manos hundidas en los bolsillos y la cabeza gacha.

Al finalizar las clases del día, Harry había sido llamado a la oficina de Albus. Debería estar en práctica de Quidditch. Ron había sido muy comprensivo, después de quejarse con Harry porque Dumbledore se interponía en todo lo que podía hacer que los años adolescentes de Harry merezcan la pena.

Harry sospechaba que tenía todo que ver con la noche anterior, aunque el Director le había preguntado a los adultos sobre el incidente, y había sugerido que él vaya a su cama. El viejo chocho, seguramente quisiera freirle el cerebro por sus habilidades en el combate.

Harry no mintió cuando admitió, hablando con Scorpius, que era cauteloso con el anciano mago. Había algo en él que no le gustaba; podían ser los secretos, o la manera en que lanzaba, con tanta facilidad, en medio de un campo de batalla y contra magos con mucha más experiencia, a un chico de diecisiete años. Como fuere, ciertamente, el viejo sabía cómo hacerle pasar un mal momento a Harry.

Harry dijo la contraseña que le dio acceso a la, desafortunadamente, tan conocida oficina. En medio, estaba sentado Albus, detrás de su escritorio, aparentemente trabajando en absolutamente nada, como de costumbre. Por lo que había visto del hombre, el Director de Hogwarts no tenía mucho que hacer. Por supuesto, organizar un ejército estaba entre sus prioridades, pero no parecía ser igual con los asuntos del colegio. Esos parecían ausentes de la agenda de Albus.

-¡Harry!- Saludó. -¿Caramelo de limón?

-No, gracias-. Declinó Harry, como siempre.

-Escuché que lo de anoche fue...interesante.

-Perturbador es un adjetivo más exacto.

Jugó con su barba plateada por un momento, antes de ofrecerle asiento a Harry. El adolescente se sentó, sabiendo que nada de lo que se decía en esa oficina era bueno.

-Bueno, supongo que debemos hablar de negocios. Sé cómo sucedieron las cosas anoche, así que no voy a preguntártelo; es demasiado horrible como para pedir el relato a alguien tan inexperto. No, hoy quiero obtener información sobre Scorpius Malfoy.

Harry sintió que el color desaparecía de su rostro. Le preocupaba que el viejo comenzara ahora con Scorpius, y sintió que las entrañas se le revolvían. Lo último que quería era vender a Scorpius y sus habilidades a este idiota.

-Ahora él es parte importante en esta guerra...

-Malfoy y yo coincidimos en que Scorpius jamás tendrá permiso para ver el campo de batalla-. Interrumpió Harry, con firmeza. -Es demasiado joven y demasiado inexperto. Apenas puede realizar un Desmaius, y es incapaz de algo más sustancioso, sus talentos son sólo referidos a las Pociones.

-Lo tengo muy presente. Tuvimos una charla antes y me dijo que nunca asistió a Hogwarts como alumno y que su padre se negó a que tomara lecciones para defenderse-. Miró a Harry por sobre sus lentes. -Sin embargo, no puedo evitar creer que él puede ser un valioso...

-No-. Harry se levantó. -Scorpius no es un juguete con el que usted puede jugar. Ha pasado por tantas cosas, y no vamos a exponerlo a esto también...

-Harry, Scorpius fue demasiado controlado por su padre. ¿No crees que el señor Malfoy y tú están haciendo lo mismo? Dijo que no fue feliz porque su padre insistía en mantenerlo a salvo.

-¿Usted no es exactamente su padre, verdad?- Harry casi se lo escupió. -Usted no puede saber lo que es querer mantener a salvo a un hijo-. Ni siquiera se dio cuenta de qué era lo que acababa de decir, hasta que Albus le sonrió con malicia. -¿Sí, Harry? La última vez que que tuve noticias, tú tampoco tienes hijos.

Se ruborizó por su equivocación, tratando de pensar en qué fue lo que hizo que reaccionara de ese modo y dijera esas cosas. Por supuesto, él no tenía hijos, así que, ¿cómo demonios iba a saber cómo se sentía una persona cuando los tenía? Cuando volvió a mirar a Albus, fue atacado por esos ojos azules brillantes de sabelotodo.

-Debo retirarme, ya sabe mi opinión sobre esto-. Murmuró Harry, dirigiéndose hacia la puerta.

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-¿Por qué lo llamaste papá, anoche?-. Preguntó Draco a Scorpius, pasándole una taza de chocolate caliente. El chico tenía gusto por los dulces, y a{un más en el clima frío.

Scorpius se quedó mudo por un momento. Había pensado una y otra vez en una razón posible y lógica para justificar el haber llamado 'papá' a Harry, dos veces. En momentos como ese, agradecía que su otro Papá era el Príncipe de Slytherin.

-Mi padre acostumbraba a acostarse conmigo cuando volvía de sus misiones. Supongo que sentí que estaba volviendo a vivir ese momento...

-¿Tu padre salía en misiones como esa?- Preguntó Draco, sentándose en el sofá junto a Scorpius.

-Sí. Era un luchador endemoniado de la Orden. Era brillante. Supongo que esa es una de las cosas que amabas de él-. Mientras hablaba con cariño de su padre, sonreía ampliamente. -Así que, anoche no insinué de ninguna manera que Harry Potter es mi padre; sólo se me escapó por el agotamiento que tenía.

-Se te escapó dos veces-.

Que se lo recordara, casi lo hace dar un respingo. -Estaba realmente agotado.

Estaban en la Sala Multipropósito. La usaban con toda la frecuencia que podían. Era excelente, porque les permitía la entrada cuantas veces quisieran y cuando quisieran, y Potter no corría riesgos por estar en este sector del castillo, como pasaba usualmente en el cuarto de Scorpius.

Draco le sonrió a su hijo. -Cuéntame más sobre tu padre...

-¡Ya te dije todo lo que podía...!

-Dímelo de nuevo.

-Eres un romántico incurable, ¿sabes?

La puerta se abrió y ambos dieron un salto. La reacción de Draco fue instintiva: en cuestión de segundos sacó su varita y apuntó a quien sea que haya entrado.

Theodore Nott se detuvo, con la mano en el picaporte, y se quedó mirándolos.

-¿Malfoy?- Ahogó una exclamación, pasando la mirada de uno al otro, notando el parecido. -¿Qué mierda está pasando?

Antes de que Draco pudiera hacer algo con su varita, Scorpius se interpuso entre ambos. -Papá, yo crecí con él formando parte de mi vida...no es un mal tipo...

-Scorpius, ¿no escuchaste lo que nos contó Potter sobre lo que ocurrió anoche? Su padre torturó a Blaise...

-¡Cállate!- Demandó Nott, con su propia varita apuntando a Draco, y luego la fijó en Scorpius. La mera amenaza, hizo que Draco bajara la suya.

-No le hagas nada-. Draco lanzó su varita hacia Nott. -Está indefenso, ni siquiera tiene varita.

-¿Quién es?

Scorpius sonrió y giró hacia Theo. -Soy Scorpius Malfoy. Tengo quince años, soy el hijo de Draco Malfoy y de un hombre que no puedo identificar, en beneficio de mi propio futuro. Mi padre y mi papá me tendrán dentro de diez años. Dentro de veinte años perderemos la guerra.

-¿De qué estás hablando?- Siseó Nott, apuntando con su varita directamente a la cabeza de Scorpius.

Cuanto más miraba al chico, más quería creerle; le pasaba algo a su estómago que le urgía a creer que quienquiera que fuera esta persona, era importante. Sintió que se le hundía el estómago, cuando esos ojos le devolvieron la mirada.

-¿Por qué estás aquí?- Preguntó Scorpius. -¿Por qué viniste a ver a mi papá apenas después de que tu propio padre fue asesinado por los Mortífagos?- La varita tembló. -Eso también sucedió en mi tiempo. Viniste a buscar a mi papá después de que tu padre fue asesinado.

Nott dejó caer su varita al suelo y siguieron las lágrimas. Draco se adelantó, sostuvo a Nott en sus brazos mientras lloraba en silencio, temblando y lamentando la pérdida del último miembro de su familia.

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Harry se quedó helado cuando abrió la puerta. Allí, en los brazos de Malfoy, estaba Nott. Se le secó la boca. Esos brazos no deberían estar aldedor del chico alto, no, nunca deberían rodear a nadie más que a él y a Scorpius. Se le revolvió el estómago y le zumbó la cabeza. Sensaciones parecidas a cuando vio juntos a Cho y a Cedric, luchaban contra su lógica.

Estaba celoso, y odiaba sentirse así.

-¡Déjalo!- Demandó, apuntando la espalda de Nott con su varita. -¡Déjalo y aléjate, ya mismo!

-Potter- Siseó Draco, enojado, rehusándose a soltar a Nott. -Él me necesita.

-Ustedes son Slytherin; no andan haciendo cosas simpáticas...él puede buscarse otro hombro donde llorar.

Nott se enderezó y se volvió hacia Harry con una mirada furiosa.

Scorpius volvió a interponerse entre ellos. -Harry, esto tenía que suceder-. Argumentó, tomando a Harry por el codo y llevándolo al otro lado de la habitación.

-Está poniéndolos en peligro a tu papá y a ti-. Replicó Harry, lanzando una mirada por sobre el hombro. -Él no debería saber de tu existencia; podría entregarte en un segundo...deberíamos borrarle la memoria y terminar con esto.

-Está bien-. Scorpius tenína una mirada tierna en la cara y eso le congeló completamente las entrañas a Harry.

-A...a..- No podía dejar de tartamudear.

-Theodore es una parte muy importante de mi vida y odio verlo así. Papá siempre se las arregló para hacer que se sienta mejor, o al menos eso fue lo que mi padre me y papá fueron muy importantes uno para el otro.

Harry ni notó la sonrisa maliciosa en la cara de Scorpius. -Ent- entonces, n-no te importa que sepa de ti?

El rubio se encogió de hombros. -Puede saber que existo...estaba a punto de cambiar de bando, nunca fue un Mortífago...

-Trató de matar a tu papá, no hace mucho, por si no te acuerdas.

Scorpius soltó la risa. -Cuando veas con quien se casará tío Sev, no vas a pensar que esta relación es demasiado extraña.

Relación.

El monstruo de ojos verdes dentro de Harry estaba a milímetros de saltar a la superficie.

-Además, tú y mi papá necesitan toda la ayuda posible, ¿verdad? Después de todo, están en medio de una guerra.

Harry apoyó las manos en las caderas. -¿Cómo mierda Malfoy puede ser tan misericordioso?- Preguntó, casi con ira. Realmente le quemaba ver a Malfoy tan jodídamente cerca de otro.

-¿De verdad vas a interponerte entre ellos?- Preguntó Scorpius, con astucia; y observó cómo la cara de Harry se ruborizaba fuertemente, se dirigía hacia los otros y los separaba, exigiéndole a Malfoy que le diera la clase que le había prometido.