En un momento creyeron que los abandone? pues no! aquí estoy yo! Disfruten!


– Estabas pensando en ella, ¿cierto? – preguntó.

– ¿Qué? ¿Ahora lees la mente hija mía? – pregunto suavemente Britt.

La otra mujer sonrió.

– Eres demasiado obvia madre – respondió la joven – además no es una sorpresa para mí.

Brittany miró con dulzura y cariño a su retoño más joven, su hija siempre supo entenderla cuando se trataba de Santana, sabía lo que sentía o pensaba a menudo. Era un regalo del cielo para ella, ya que durante muchos años su hija fue un apoyo para la rubia y una gran hija.

Admiraba lo tan hermosa que era su hija, pelo café oscuro, piel morena pero muy clara, ojos miel, y labios de un claro color rojo, y carnosos. Sin duda, en ella había algo más allá de lo físico, una belleza y perfección interna. Carácter obstinado pero dulce, luchadora pero inocente. Y si uno se detenía a observarla bien, podrías jurar que es una clara combinación de dos personas especiales.

– ¿Te he dicho alguna vez lo tanto que te pareces a ella? – dijo Brittany, mirando con ternura a su hija.

– Si mamá, muchas veces. Pero yo sé muy bien que no me parezco a ella, me parezco a las dos –corrigió.

– En eso tienes razón – sonrió la rubia.

– Bueno, será mejor que te apresures o vamos a llegar tarde al cumpleaños de mi pequeño hijo –le dijo rápidamente a su madre.

– ¡Oh cierto! Voy enseguida hija mía, deja que me termine el café – dijo tomando una de las manos de su hija y acariciándola.

Pero la joven sabía que el café estaba ya helado, por lo que supo que aún quería estar sola un momento.

– Esta bien, pero no tardes – dijo y seguido, camino hacia la salida de la cafetería perdiéndose de vista.

Brittany miró como su pequeña hija, que en realidad no era tan pequeña porque ya tenía treinta y cinco años, una mujer ya madura y casada con un apuesto hombre, caballero y cortés, Thomas. Su nieto Daniel, era todo lo que ella podía pedir, ella adoraba a su pequeño, siempre era muy cariñoso y regalón con ella, y ahora era su gran fiesta de cumpleaños de los ocho años, que rápido pasa el tiempo.

– El mundo gira más rápido, o yo me estoy poniendo muy vieja – se dijo para sí misma mirando sus arrugadas manos.

Su nieto ya cumplía ocho pequeños años. Ese fue el tiempo estimado que ella demoró en superar completamente la perdida de Santana, pasando por la negación, dudas, aceptación y finalmente la superación. Fueron ocho años difíciles para ella, que con mucho esfuerzo y lucha logró pasar. No fue nada fácil, y eso lo sabe muy bien ella. Aun recordaba los primeros días de esos interminables, sufridos y terribles ocho años.

Hace 43 años

Introdujo la llave lentamente, como queriendo evitar lo inevitable. Brittany abrió la puerta con cuidado intentando calmarse y soportando las lágrimas se adentró en la casa. Estaba oscura y solitaria, aún con la presencia de ladridos de su canina amiga, su silencio interior era el devastador. Detrás de ella, una mujer mucho mayor la acompañaba hacia el salón principal.

– Estás segura que no quieres que te acompañe Britt, sé que estos momentos son muy difíciles para ti, pero debes saber que no te hace bien estar tan sola – dijo suavemente la dulce figura materna de la rubia, su madre Phoeby.

La chica volteó hacia su madre y le regaló una fingida sonrisa que ocultaba el inmenso dolor.

– Voy a estar bien – le respondió.

– ¿Segura hija?

– ¿No confías en mí? – miró con suavidad a su madre.

– No, me preocupo por ti – le respondió rápidamente – debes saber lo tanto que agradezco a Dios que tu estés bien, no sé qué haría si te perdiera.

"Es lo que yo me pregunto ahora" pensó Brittany.

– No te preocupes entonces – le dijo – estaré bien.

– Esta bien hija – le dio un beso en la mejilla – te quiero Brittany, sé que tú eres más fuerte que todo esto.

Brittany le sonrió suavemente.

Su madre se encaminó hacia la salida de la casa, y le dio una última mirada a su hija, quien ya estaba sentada en un sillón sumergida en sus pensamientos, suspiró. "Se puede ser muy fuerte, pero nunca se está preparado para perder a alguien, especialmente si es un ser amado" se dijo para sí misma y se fue por la puerta.

Por otra parte, Brittany estaba tan perdida en sí que no se dio cuenta que el tiempo pasaba y pasaba, ya llevaba casi cuatro horas en una misma posición, sentía frío y hambre, pero que importaba ya. Santana se había ido, para siempre, no había vuelta a atrás. Eso y más, era lo que mataba a Brittany por dentro. Recordaba cada vez que la latina llegaba de su trabajo al hogar, las cenas juntas, los besos robados, los amaneceres vividos, tantos recuerdos que no volverán a repetirse.

Cerró sus ojos y contó hasta tres.

1...

Su respiración comenzó a subir, su ritmo cardiaco aumentaba de apoco. La ansiedad, la rabia y la pena comenzaron a sumergir.

2...

Sus puños se apretaban con fuerza y su cuerpo entero comenzó a tiritar.

3...

"Amor" se escuchó a un lado de la rubia, esta al principio se asustó mucho, pero al reconocer la voz, la paz frotó de ella, calmándola por completo.

Abrió sus ojos.

– Calmate cariño – dijo la morena quien estaba sentada junto a Brittany.

– ¿Por qué Santana? ¿Por qué me dejaste? – le preguntó serenamente a la chica.

– Nunca te deje, siempre he estado ahí – le respondió.

Brittany recordó cuando la vio al lado de ella en el hospital, no fue un sueño como ella pensó. Todo se le aclaró, pero aún sentía dolor.

– El que no me hayas dejado, no significa que hayas vuelto – dijo con una mueca de gran dolor.

– Eso es cierto – afirmó Santana.

– Nunca volverás ¿cierto? – preguntó al borde del llanto.

– No Brittany, desgraciadamente no puedo volver – le respondió.

Brittany ya no aguantaba las lágrimas, ya era más que suficiente para ella.

– Te amo – le dijo mirándola a sus marrones ojos.

– Yo te amo más – dijo mientras abrazada a la rubia.

Brittany sentía como los brazos de la latina rodeaban su cuerpo, no sentía ese calor, pero el sentimiento aún estaba, eso aun no moría. La rubia se pegó más al cuerpo frío de su amada intentado inútilmente que no se fuera, que no se acabará nunca tal abrazo.

Cerró los ojos.

– La vida es corta Britt, pero las promesas de amor son para siempre –. Le dijo la latina mientras acariciaba el pelo rubio de la chica.

Y antes Brittany respondiera, abrió los ojos y se dio cuenta que Santana ya no estaba, y sus brazos rodeaban al vacío.

Las lágrimas no tardaron en aparecer en los opacos ojos azules de la rubia. La sensación de bienestar y de compañía desapareció tan rápido que su espina dorsal se enfrió tan bruscamente que una corriente áspera y perturbante la hizo tiritar de pies a cabeza. La tristeza la atrapo de nuevo, comenzaron a consumirla los recuerdos, las promesas, pero por sobre todo, la rabia. De golpe se paró del sofá, y sin pensarlo dos veces, comenzó a romperlo todo. Tirando cosas por aquí y por allá, vasos, jarrones, cortinas y hasta mesas sucumbieron ante la furia de la rubia, que pareciera que si destrozaba todo, podría quitar un poco el dolor que tenía por dentro. Cuando termino con la amplia sala de estar, se fue directamente hacia la chimenea donde allí se encontraban los cuadros familiares. Boto uno en uno, los de cuando ella era pequeña, la foto de la graduación universitaria, cuando viajó a Holanda para visitar a sus parientes lejanos, los destruyó todos contra el suelo. Frenó de repente, cuando quedo enfrente de ese cuadro, uno que para la chica era tan especial como su propia vida. Abrazada junto a Santana, sonrientes con una copa de champagne a mano, atrás de ellas, el pórtico de la casa era el paisaje, junto con un lindo atardecer que hacía de la foto, toda una obra fotográfica. Esa foto, siempre significó para Brittany, el comienzo de su vida, una nueva etapa, la recordaría la vieja rubia como el comienzo de una pesadilla.

Todos los presentes chocaron sus copas deseándoles un buen futuro a la hermosa y distinguida pareja, quienes se encontraban en el patio de la recién estrenada casa al borde de la playa.

– Les deseamos lo mejor chicas, sean muy felices juntas –. Exclamó Quinn, la otra rubia de la mesa. Eterna amiga de Brittany desde la secundaria, donde hace años se conocieron por asistir a una misma clase. Desde el día en que se conocieron, la rubia se convirtió en la confidente amorosa de Brittany. De mismo color de pelo que ella, pero con esos ojos verdes claros que hechizaban con tan solo mirarlos.

– Por Brittany y Santana –. Exclamo igualmente Rachel, la morena judía que se logró ganarse la amistad de Santana cuando fueron, durante un largo tiempo, compañeras de habitación en la universidad. Ella siempre apoyo a la latina cuando nadie más lo hacía, fue quien la hizo recapacitar cuando de Brittany se trataba. Pero que iba a saber ella lo que Santana haría tan solo unos pocos años después.

La junta era simple y normal, amigas y copas de champagne caro. Era una tarde de primavera, las flores resplandecían con el sol, el pasto era verde como las hojas de los árboles y pinos. Los pájaros armonizaban el ambiente haciendo de esta celebración, algo inolvidable. Ya estaba a punto de anochecer cuando decidieron chocar sus copas.

– Gracias chicas –agradeció Santana. – No saben lo feliz que me hace que estén aquí.

– Como no San, no me lo perdería por nada en el mundo –Contesto efusivamente Rachel.

La chica judía, era baja y parecía un hobbit por lo tan bajita que era con respecto a las otras chicas, su nariz tenía los típicos rasgos de la raza judía. Pero aun así, su forma de ser era algo completamente contrario a su estatura, ella era de carácter fuerte y obstinado, además, su voz al cantar era algo maravilloso. Santana encontraba en ella a una chica muy tediosa e irritante, pero al paso de los años viviendo bajo un mismo techo, se consolidó una amistad tan grande, que ni los honestos y pesados comentarios de Santana podían quebrantar el cariño que la pequeña morena tenía por la latina.

– Esta bien, sin más preámbulos, quiero brindar por el futuro de las chicas, una llena de triunfos y de…– Rachel hizo una pausa ahí y fingió toser, entre dientes se le escucho la palabra "niños". Santana intercambio una seria mirada con la pequeña judía, quien le respondió con una cálida sonrisa.

– Siempre tan inoportuna para todos tus comentarios Rachel querida, a veces me culpo de haberte siquiera invitado –. Dijo Santana rodando los ojos. Rachel solo sonrió.

– Yo también te quiero morena.

Quinn miraba la escena divertida al igual que Brittany, quien no pudo evitar pensar acerca del comentario de Rachel. Niños. Nunca había pensado en ello. Una familia junto a Santana. Sentía cosquillas en el estómago.

– Bueno chicas –dijo Quinn, – vamos por la foto de la feliz pareja.

– ¡Eso! ¡Foto! – Exclamaba Rachel. Santana y Brittany se posicionaron frente a la casa, mientras que Quinn iba por su cámara junto con Rachel. Quedaron solas por un rato.

– ¿Acaso no deseas tener hijos San? –preguntó Brittany un poco desanimada, quien tomó a Santana por sorpresa con tal pregunta.

– ¿Cómo dices Britt? – preguntó de vuelta Santana mirando desconcertada a la rubia.

– Qué si no deseas tener hijos ¿Una familia conmigo Santana? – volvió a repetir un poco molesta.

Santana comprendió de inmediato el porqué de la pregunta, rápidamente respondió tomando firmemente de la mano a Brittany.

– ¿Cómo osas de preguntarme eso? Por supuesto que quiero, no me lo perdería por nada – dijo Santana segura, regalándole una comprometida mirada quien fue respondida de la misma manera por Brittany, quien no podía creer que cada día se enamoraba más de esa latina. La abrazó con firmeza. Justo en ese momento llega Quinn y Rachel quienes las encontraron abrazadas y perdidas en su propia burbuja. La judía exclamó.

– No se muevan, que así se ven perfectas para la foto.

– Solo sonrían a la cámara y será la foto más hermosa que hayan visto –dijo Quinn mientras sostenía la cámara. Un par de enfoques, apretó el botón y se lanzó el flash.

Una lágrima cayó sobre el cuadro. Se escuchaba la lluvia golpear el techo y los ventanales. Lucy estaba callada y sentada a los pies de la rubia quien aún no dejaba de sostener y mirar el cuadro. La añoranza de un pasado perdido, fugado y lejano la aturdía en los más recóndito de su ser. La hacía gritar sin hablar, la hacía llorar sin lágrimas, la hacía quemarse y congelarse sin fuego ni hielo, y por sobre todo, la hacían soñar sin dormir sus cansados ojos azules.


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