Capítulo 10
—De acuerdo, Steve, ¿ahora qué procede? —inquirió Sam, mientras pasaba la página de aquella revista que ojeaba con desinterés—. No estoy familiarizado con la misión que llevaron a cabo para derrotarlo en New York. Solo sé que, si yo hubiese estado ahí, él no tendría los huevos para regresar a este barrio, amigo.
Rogers suspiró pesado, pues, los recuerdos de ese día aún lo perseguían. Ver a Tony arriesgando su vida para salvar a toda una ciudad, fue el detonador que derrumbó todas las paredes que resguardaban su excesivo control por mantener alejado a aquel hombre de pésima reputación. Desde aquel momento, desarrolló un enorme respeto por Tony Stark. Uno que se vio opacado con el tiempo por errores que no valía la pena traer a colación en este preciso momento.
—Es el hermano de Thor —mencionó Steve, impasible—, y sé que Tony está diciendo la verdad sobre el favor que le está haciendo a nuestro colega, pero no me tragaré ese cuento de que Loki no está aquí para causar problemas. Él es caos. No sabe hacer nada que no involucre destrucción en el proceso.
Natasha asintió, ella se encontraba de pie en una esquina de la habitación de su amigo, el que aún necesitaba tiempo de recuperación.
—Por lo que averigüé entrando a la base de datos de JARVIS; Thor vino a New York hace un par de semanas y le pidió a Tony que le diera asilo a su hermano. Él al principio se negó, pero como puedes ver, dio su brazo a torcer porque Thor insistió en que era importante para él. Loki al parecer no tiene poderes. Un hechicero residente en la ciudad se los quitó como garantía de que no iba a causar problemas.
Los tres guardaron silencio por un par de segundos mientras analizaban la situación.
—Si el sujeto es un peligro, tenemos que deshacernos de él. —mencionó Sam. Su idea era práctica, y Steve estaba de acuerdo con ella. Natasha negó desde su lugar. A pesar de sentir un gran deseo de dispararle en el rostro a ese maldito manipulador que intentó lastimarla emocionalmente, ella era plenamente consciente de que Loki ahora era un protegido de Stark, y atacarlo, provocaría más grietas en su relación con el genio.
—Propongo un interrogatorio discreto. —dijo la espía. Sam y Steve la miraron con los ojos entornados.
—¿A qué te refieres con 'discreto'? —inquirió Rogers, curioso.
Sam señaló a su amigo.
—Sí, tengo la misma duda.
Nat tomó asiento junto a Sam y murmuró cerca de ambos hombres su plan, uno que, si era realizado con rapidez y eficiencia, les ahorraría más disputas con Tony Stark, y a la vez, serviría para desenmascarar al asgardiano.
—Admito que estoy asombrado por tu invitación, Tony.
Loki caminaba junto al elegante y perfumado hombre de negocios por los interiores de lo que él llamó Industrias Stark. Tony le ofreció una sonrisa orgullosa, y le señaló el casi desolado lugar de pisos brillantes y paredes estériles.
—A veces debo aparentar que sigo involucrado con esta compañía. Dale gracias al llamado de mi deber, Loki —mencionó, mientras acomodaba sus gafas de sol—. No pienso dejarte solo con esos tres en la torre, así que espero que te comportes. Hoy tengo una reunión con Pepper. Ella no sabe sobre ti, y admito que eso me pone muy nervioso.
—Al fin conoceré a la famosa señorita Potts de la que tu techo parlante habla con tanta admiración. Me da la impresión de que ella es una mujer con mucho poder.
—Es la jefa —dijo Tony con simplicidad—. La idea de que Pepper te vea no me convence del todo. Está claro que tendré una discusión con ella por tu culpa, pero realmente necesito que te portes como un verdadero ángel.
Loki hizo una mueca tragicómica.
—Se me da bien mentir, pero no a ese nivel. Además, toda mi vida tuve que engañar a un tonto como mi hermano. Él es un público muy fácil de convencer.
La sonrisa de Tony se esfumó, y tragó duro, cuando escuchó el inconfundible sonido de los tacones de Pepper Potts, y, poco después, tanto él como Loki, admiraron su andar: elegante e imponente. La mujer caminaba con la nariz enterrada en papeles que requerían su atención.
Tony acomodó su corbata, luego alineó la bufanda del Dios asgardiano. Loki evitó reír ante la preocupación del hombre frente a él. Tony definitivamente deseaba dar una buena impresión. Actitud que Loki solo había visto en él ese día. Primero con sus ex compañeros de equipo, y ahora, multiplicada por cien por su ex asistente.
La mujer levantó su mirada del papeleo y se detuvo en seco. Luego, las hojas cayeron al suelo mientras ella llevaba una mano a su pecho. El aire escapó de sus pulmones, Loki estaba seguro de ello. Tony corrió hasta ella a toda máquina.
—¡Pepper! Querida, no te desmayes. —soltó el empresario con una pequeña sonrisa cuando la mujer apartó su mirada del hombre responsable de la destrucción de toda una ciudad.
—¡Tony! ¡¿Qué rayos hace él aquí?! —soltó pálida como un papel—. ¡Oh, Dios! ¿estamos bajo ataque otra vez? ¿Te tomó de rehén? ¡Tony! ¡Por favor, dime algo!
El empresario negó firmemente, en cuanto tomaba el brazo de Pepper con sumo cuidado. La mujer era una caja de explosivos.
Desorientada, la pelirroja le permitió a Tony que la condujera hasta el Dios asgardiano. Este le ofreció una leve inclinación, antes de extender su mano en espera de una respuesta positiva. Pepper aceptó la cortesía, más por inercia, que por un genuino gesto de confianza.
Loki besó la mano de la mujer con una caballerosidad que la dejó más desconcertada que antes.
—Tony, ¿podemos hablar en privado? —dijo al fin, mientras acomodaba su chaleco gris.
—Tenemos una junta.
—Ahora. —exigió ella, y él asintió.
—Claro, como gustes.
A Tony le tomó alrededor de veinte minutos contarle toda la historia a su mejor amiga sin interrupciones ni bromas de mal gusto.
—Es nuestro invitado, Pepper. Cualquier queja o sugerencia remítesela a Thor en Asgard. —Stark señaló al Dios del engaño con su dedo índice, quien se encontraba de pie al otro lado de la pared de cristal—. Eso que ves ahí es su problema, pero me estoy encargando de él porque siempre me has dicho que haga amigos y fortalezca mis relaciones con quienes me aprecian de verdad. Sabes que Thor es un buen tipo, lo conoces.
La pelirroja lo miró escandalizada por el tono implicatorio que utilizó Tony, como si fuera su culpa que tuviera en su casa a un terrorista intergaláctico.
—Lo sé, Tony. Sé que Thor es una buena influencia para ti. Es leal y correcto, pero él —miró la mujer al Dios, este sonrió abiertamente—. Loki es todo lo opuesto, no es alguien en quien puedas confiar en lo absoluto. Con magia o sin ella. Es un peligro, Tony. Y te lo advierto, este no es un desastre que yo voy a limpiar para ti. Claro, en el caso hipotético de que viva lo suficiente para decirte TE LO DIJE.
Tony puso sus ojos en blanco y se cruzó de brazos.
—No soy un idiota, Pepper. Sé cómo manejar esta situación. Soy un adulto responsable de sus actos.
—Actúas como un niño siempre, Tony. Ya te dije qué pienso sobre tu negación al respecto. Eres inmaduro, ambos lo sabemos, aunque no lo aceptes, y es por eso, por lo que ahora vives encerrado en tu torre haciendo trajes y toda clase de monerías. Te adoro, y lo sabes. Me preocupas.
—Yo también te adoro. —soltó el empresario, exasperado.
—Debes deshacerte de él, ¿harías eso por mí?
—No puedo.
—Sí puedes.
—No, no puedo hacer algo así.
—¿Por qué?
—Rogers lo odia, y a él realmente le molesta que comparta mi espacio vital con Loki. Esa es una ganancia para mí. Todo lo que haga su vida miserable es bienvenido.
—¿Rogers te ha visitado? —inquirió Pepper ignorando el resto.
—No —le explicó—. Él, Romanoff y Wilson están viviendo en mi Torre, a un par de pisos de mi zona libre de traidores.
—Tony, Santo cielos...
Él intentó tranquilizarla, sosteniendo los antebrazos de la persona en la que más confiaba en todo el mundo.
—Necesito que confíes en mí, Pepper —dijo con una mirada cargada de súplica—. Tu opinión es la única que tiene peso en mí, y lo sabes.
Pepper acarició el cabello de Tony, acomodando una pequeña hebra detrás de su oreja.
—Desearía que me contaras tus planes antes de ejecutarlos. Ese es el momento en el que yo apreciaría que tuvieras en cuenta mi opinión.
Tony sonrió de medio lado. Pepper soltó un suspiro pesado antes de dar un par de pasos atrás y asentir.
—De acuerdo, confío en que sabes lo que haces, pero por favor, Tony, cuéntame si necesitas ayuda con algo, lo que sea. No esperes a que todo se te salga de las manos para acudir a mí. Haces mi trabajo mucho más complicado del que ya es. Y lo digo como tu amiga, no como la encargada de tu compañía.
Tony le dio un sonoro beso en la mejilla.
—¡Gracias! Eres mi ángel. Ahora, dime sobre qué trata la reunión.
—Ven conmigo, te sentarás a mi lado y prestarás atención.
Tony soltó un resoplido, pero sin más opciones, asintió.
—De acuerdo, es justo.
El genio se giró sobre sus talones y apuntó a su nuevo compañero.
—Necesito dejarlo amarrado en algún lugar, ¿lo puedo dejar aquí?
—¿Aquí en mi oficina? —inquirió Pepper con desgana.
—No lo quieres suelto por ahí. —le advirtió el genio.
Ella suspiró. Tony tenía razón.
—Bueno, si no hay de otra...
Con sus pulgares en alto, Tony abandonó la oficina y fue por su protegido.
—Loki, ¿recuerdas cuando Happy sufrió un ataque de ansiedad en cuanto te vio subir al auto y tú me dijiste que él te odiaba y yo te corregí al decirte que no te lo tomaras personal porque todos lo hacíamos? Bueno, solo quería recordártelo.
—Sé que a la señorita Potts no le agrado. Además, te dije que haré mi mejor intento para no incomodarte.
—Genial, me alegra escuchar eso. Por cierto, te quedarás en su oficina mientras ella y yo atendemos una reunión, ¿de acuerdo?
Loki asintió. Stark apretó sus hombros como gesto de buena voluntad. Él era un hombre muy entrañable.
—Perfecto, confío en que te portarás bien.
Dicho esto, se marchó junto a Pepper Potts, quien no dejó pasar la oportunidad para dedicarle una mirada desconfiada al travieso.
—¿Estas segura sobre esto, Natasha? —inquirió Steve, mientras observaba a su compañera trabajar en su computador.
—¿Tienes otra idea? —replicó la espía con inercia, mientras presionaba las teclas a una velocidad vertiginosa—. No tenemos mucho tiempo, este programa pasará desapercibido por el sistema de JARVIS, y con suerte, Loki no sospechará nada al respecto. Por los fragmentos de vídeo y audio que pirateé de la base de datos de este lugar, sé que Loki confía en JARVIS, así que dudo mucho que encuentre sospechoso que nuestro viejo amigo le haga un par de preguntas capciosas.
—Comprendo. —suspiró el Capitán mientras restregaba su rostro.
Sam apretó ligeramente el hombro del Súper Soldado en muestra de apoyo. Wilson sabía cuánto Tony significaba para su amigo, y, a pesar de la catastrófica manera en la que este manejó la situación de Barnes, ambos merecían una segunda oportunidad. Steve necesitaba demostrarle a Stark que corría peligro. Loki era su nuevo gran error en desarrollo, y tanto Sam como Nat, sabían que Rogers no permitiría que Tony cometiera otro error que le costara al mundo cientos de vidas inocentes.
Loki deseaba comprender la complejidad de los seres humanos. Sus banales motivaciones para despertar día tras día. Y los sentimientos, ¿cómo diferenciar el afecto fraternal del amor? ¿La atracción sexual del interés por conseguir algo de poder?
El Dios apenas podía descifrar los patrones.
—¿Sabes, Tony? Lamento haberte lanzado por la ventana de tu torre. Lo he meditado durante un par de días, y por primera vez en mi vida, siento que debo ofrecerle una disculpa a alguien.
Stark lo miró con genuino asombro. Incluso se quitó las gafas para dedicarle una mirada penetrante.
—Vaya, eso es raro viniendo de ti.
—Lo sé, pero... luego de que tu padre te sentencia a ser ejecutado por crímenes que solo cometiste para demostrarle tu valor como hijo y guerrero, te hace reflexionar.
Tony soltó un silbido extenuado. Vaya, eso era intenso.
—Y yo que creí que tenía un padre cruel... pero, ¿realmente reconoces que intentar dominar una especie está mal?
—No fue... —Loki se detuvo en seco cuando se descubrió a sí mismo a punto de revelar los planes de aquel ser que corrompió su reputación a niveles inimaginables—. Sí, fue un acto muy egoísta...
Tony lo miró con una pequeña sonrisa.
—En serio desearía creer todo lo que dices, pero sé que solo un idiota lo haría.
Loki rio entre dientes. Había escuchado aquello muchas veces.
—Solo llámalo por su nombre —dijo con regodeo—. Mi hermano a estas alturas ya debe estar acostumbrado a mis engaños. —soltó Loki para aligerar el ambiente. Tony negó antes de soltar una carcajada.
—Quizás le tome otro milenio dejar de creer en tus mentiras. Deberías agradecer el amor que siente por ti. Ojalá yo hubiese tenido alguien como él en mi vida mientras crecía siendo la sombra de alguien que me llevaba muchas décadas de ventaja.
Loki podía intuir que hablaba de su padre. Así que, reacio a entrar en malos recuerdos, intentó presionar otro tema de su interés.
—Stark, ¿acaso te gusta mi hermano?
—¿Qué? —inquirió Tony, incrédulo.
—Solo te pregunté si te gusta Thor.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque nunca pierdes una oportunidad para decir cuán maravilloso es, eso es sospechoso.
Tony rodó los ojos.
—No. Oficialmente debo decir que no, pero debo admitir que tu hermano está más bueno que el pan. Admítelo.
Loki puso sus ojos en blanco.
—Qué asco.
—No hables así, cuñado. —palmeó el hombro del asgardiano con una sonrisa.
—Yo soy mejor que él. Te aseguro que si me hubieras dejado terminar lo que tenía planeado para ti esa noche... —presionó el Dios con una sonrisa astuta.
Tony ladeó su cabeza de un lado al otro.
—Prefiero que nos concentremos en desarrollar un agradable compañerismo mientras estas aquí en mi planeta. He aprendido a tolerarte, pero no abuses de eso.
—¿Eso significa que rechazarás cualquier avance de mi parte? —preguntó ansioso por una respuesta clara.
—¿Por qué lo hiciste en primer lugar? —inquirió Tony, aprovechando el hecho de que Loki haya sido quien sacó a colación el tema.
—Me gustas. —dijo el asgardiano con simplicidad.
Tony esbozó una sonrisa tensa.
—¿Sabes lo que pienso? —se frotó la barbilla con la palma de su mano—. Crees que tendrás una ventaja sobre mí si te metes en mis pantalones.
Loki frunció el rostro ante la acusación.
—Eso no es cierto.
Pero sí lo era.
—¿Crees que eres la primera persona que intenta convencerme de hacer algo a cambio de sexo? Te recomiendo que te mantengas al margen y aceptes mi humilde amistad. No te aproveches de mí, porque te puede salir el tiro por la culata.
Dicho esto, el hombre acomodó su elegante saco de vestir y se adelantó por el lobby de su compañía. Dejándolo atrás, frustrado, y en lo que cualquiera podría considerar un callejón sin salida, pero no para él.
El Dios encontraría una manera de dominarlo. Tony Stark sucumbiría ante él.
