Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia esta hecha sin fines lucrativos.
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Silences: Pecado
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—Dime. ¿Cuál es tu relación con mi madre?
Brandish ascendió la mirada, hasta clavarla sobre el perfil de la maga estelar. Al cabo de unos momentos, puso los ojos en blanco, y esbozó una pequeña sonrisa taimada.
—Te referiste a mí como «la hija de Layla» —apretó la mano en un puño—, ¿no es así?
La mujer proveniente de Álvarez se incorporó con cuidado, hasta quedar sentada sobre el suelo de la celda. —No tengo nada que decirte —aseguró—, de modo que si vas a matarme, apresúrate y acaba con esto —comentó, en tono aburrido.
—No te trataremos como a una prisionera de guerra, o algo por el estilo —aseveró la joven rubia con firmeza—. Por favor, solo cuéntame sobre mi madre.
Brandish se limitó a clavarle la mirada de nuevo. Sin embargo, en sus ojos se revolvió algo parecido al rencor. —Deberías matarme mientras tienes oportunidad —advirtió con dureza.
Lucy tragó en seco, mientras apretaba las manos en puños, sumida en la impotencia. Aquella mujer seguía mirándola con una severidad implacable. ¿Por qué? ¿Qué era lo que sabía aquella mujer sobre su madre? ¿Por qué la inquietaba, al punto de la más absoluta turbación? Cerró los ojos, agobiada. Tenia que saberlo. No. Necesitaba saberlo. Si alguien le preguntase el motivo, no tendría una respuesta. Ella no era una persona que necesitara de un pasado, para labrarse un futuro. Cierta persona, le había enseñado inconscientemente aquella lección en particular. Se podía decir, que había faltado muy poco para que se lo grabara a fuego. Entonces… ¿por qué?
Brandish se remojó los labios, en una mueca provocativa. —Estoy sentada aquí… —canturreó de forma incitadora—, en medio de tu gremio… ésta podría ser tu única oportunidad.
Un chasquido de boca se alzó entre las dos mujeres, advirtiendo de la presencia de una tercera. —No gastes tu aliento con ella, Lucy —Cana miró a la prisionera con inaudita intensidad—. No merece la pena.
Lucy se mordió el labio inferior con violencia, al punto de hacerlo sangrar. Acaban de saber que Natsu, sin ningún tipo de vacilación o prudencia, había salido disparado bajo su propio juicio, decidido a encontrarse con él. A ellas, les habían encargado la vigilancia de la prisionera. Por algún motivo desconocido, supo que algo no iba bien. Algo iba mal. Algo iba muy mal. Empezó a tomar aire con más rapidez, justo como si estuviese sufriendo un ataque de ansiedad. Oía un chirrido desquiciante en mitad de su cerebro, taladrando con todo a su paso. Como si sus pensamientos estuviesen siendo víctimas de una serie de golpes punzantes e implacables. Se les estaba escapando algo, cual lluvia escurriendo de entre los dedos.
—Cana, abre la puerta.
La usuaria de cartas boqueó, a causa de la impresión. Agitó levemente la cabeza, como si justo hubiese escuchado mal. —¿Qué?
Lucy giró la cabeza, para contemplarla con una inaudita entereza, y con la boca fruncida en una tensa línea. —Abre la puerta —repitió, como si el hecho de pronunciar aquellas simples palabras, le dieran un dolor intenso en la boca.
Los ojos de Cana se abrieron fuertemente, y agitó un brazo, descontrolada. —¿¡Te has vuelto loca!? ¿¡Es que quieres que te mate!? ¡No pienso darle la oportunidad de que acabe con todos nosotros, ¿en qué demonios estás pensando?! —graznó frenética.
Lucy mantuvo la compostura, provocando que Cana se pusiese aún más nerviosa. —Enciérrame con ella, entonces.
La joven de melena castaña boqueó, aturdida. —¿Pero qué demonios…
Lucy apretó los dientes, al punto de chirriarle, mientras que la prisionera contemplaba el intercambio verbal entre ambas, con una suspicacia morbosa. Con violencia, y mascullando toda clase de perjurios, Cana abrió finalmente la puerta de la celda, lo suficiente como para que Lucy entrase, y quedase junto bajo el umbral. Tras un momento, cerró de nuevo de un portazo, y clavó una mirada desbocada contra Brandish. —Como la toques, date por muerta —siseó con furia contenida.
La prisionera se limitó a esbozar una perfilada sonrisa. —Vaya… cuanta valentía, Lucy Heartfilia —musitó con ironía—. Necia hasta decir basta, ¿por qué me sonará? —consultó al aire, justo como si Lucy aun se mantuviera al otro lado de los barrotes— ¿A qué debo este honor?
—Háblame de Layla Heartfilia. Ahora —demandó con ferocidad.
Brandish volvió a poner los ojos en blanco, y torció la boca en una especie de puchero. —Vamos, vamos, tratémonos con delicadeza —musitó con morbosidad—, querida. ¿Qué te ocurre? ¿es que no sabes quien era tu madre, y por consiguiente, no sabes quien eres tú? ¿es eso? —cuestionó, intentando provocarla.
Lucy se mantuvo inmóvil, entrecerrando la mirada, y con el cuerpo sumido en tensión. De moverse en falso, era consciente de que perdería el control de si misma, a pasos desbocados. —Sé perfectamente quien soy —aseguró.
Cuando quiso caer en la cuenta, Brandish se había incorporado hasta quedar justo frente a ella, al punto de que las frentes casi llegaban a rozarse. Una especie de sonrisa macabra le deformaba las líneas de la boca. Lucy se vio obligada a mantener la respiración, a causa de la conmoción. Cana estuvo a punto de abalanzarse contra los barrotes, con una carta, recién sacada de su baraja, lista entre sus dedos.
—Error —aseveró la prisionera con violencia, y con una mirada de turbación—. No tienes ni la más remota idea de quien eres, y has venido hasta aquí buscando respuestas —masculló, masticando las palabras—. Pero, ¿sabes qué es lo que ocurre, Lucy Heartfilia? —consultó al aire, sin esperar respuesta— que a veces lo que nos llega, no son las respuestas que buscamos. ¿Aterrador, verdad?
—¿De qué os conocíais? —continuó la maga estelar, sin dejarse intimidar.
Brandish esbozó una sonrisa tóxica, y ladeó la cabeza con suavidad, sin dejar de mirarla. —¿Por qué debería de contestar a tus preguntas? —cuestionó con dulzura— a fin de cuentas, no tienes nada que ofrecerme.
Lucy cerró los ojos con fuerza. —Tu libertad.
Cana se agarró a los barrotes. —¿¡Qué estas diciendo, es que has perdido el juicio!? ¿¡A qué estás jugando, Lucy!? —ladró— ¡Primero esto, y ahora…!
Brandish interrumpió el monólogo de la usuaria de magia de cartas, como si el asunto no fuese con ellas. —Segundo error —sonrió de nuevo hacia un lado—. Estas presuponiendo que me mantengo cautiva en contra de mi voluntad —Lucy empezó a temblar levemente, sin poder evitarlo—. Son como volutas de humo, desvaneciéndose en el aire ¿no crees? —musitó con fingida dulzura—. Hay cosas que creemos que controlamos. Sin embargo, al final son ellas las que realmente nos controlan. ¿En serio crees que estamos aquí, a causa de un destino fortuito? ¿Cómo podéis ser tan insulsos? No sois conscientes de otra cosa, excepto de vosotros mismos —la miró de arriba abajo, con repulsión—. Me avergüenza saber que pertenecemos a la misma especie. No obstante, quiero pensar que nosotros nos encontramos en un escalafón superior. Pero tranquila… —su boca volvió a curvarse en una mueca siniestra—, él también estará dentro de muy poco en ese escalafón.
El estómago de Lucy se torció en un movimiento violento. —¿Él? —por algún motivo que no supo discernir, la simple pregunta la aterró al punto del pánico.
—Tiene gracia que al final, fuese la propia cerradura, quien se topase con la llave. El mundo es cruel, Lucy Heartfilia. Todos terminamos pagando nuestros pecados. ¿Y sabes qué es lo más gracioso de todo?
Con los ojos abnegados en lágrimas, Lucy solo pudo mantenerse inmóvil, tras las palabras de la prisionera. Cana gritaba algo al otro lado de los barrotes, pero se sentía incapaz de escucharla. Un dolor sin precedentes, la había partido en dos. Estaban a punto de arrancarle lo más preciado que tenía. Y ni siquiera estaba segura de qué era. Lo único que tenía claro, es que se arrepentiría el resto de su vida, de haber mantenido aquella conversación. Una, que solo le había traído dolor.
Brandish alzó la cabeza, como si estuviese contemplando el claro azul del cielo, en vez del techo tétrico y oscuro de la celda. —Que al final, son los hijos, los que pagan por los pecados de sus padres.
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N/A: uff…
Intenso. Quien no haya leído el one-shot anterior (Missing Chapter), dudo que pueda pillar lo que intento transmitir con este último. En cualquier caso, aquí esta. Reconozco que la idea original no era ésta, pero, finalmente, he decidido partirle en dos. Me estoy guardando bajo las mangas muchas segundas partes, jeje, así que espero que me animéis con vuestros reviews, para que termine subiéndolas. En cualquier caso, ya me contareis vosotros qué os ha parecido.
Antes de que se me olvide, y respecto a los que me preguntáis por el epílogo de Pieces, ya comenté en su momento que dependería del número de reviews que recibiera. Así mismo, os confirmo que aun mantengo mi idea de subir la segunda parte del one-shot «Expectation»,
¿Nos leeremos?
Nindë.
