Novena coincidencia: El resultado, bajo la piel de Ron.
Se retorcía las manos presa de los nervios y la emoción, mirando cada uno de los rincones que conformaban el apartamento de Ron, sin duda era el hogar de un hombre joven e independiente. Ron le había dicho… "Vuelvo enseguida, voy a ponerme algo mas cómodo"… ¡Mas cómodo! Hermione suspiró profundamente, le ardían las mejillas y le dolía el pecho por culpa de los violentos e insistentes latidos de su corazón. Cerró los ojos y sonrió mientras pensaba en la tonta excusa de Ron para estar a solas con ella, para llevarla a su terreno. Recorrió nuevamente con sus pardos ojos el amplio apartamento. Todo estaba unido, no había puertas exceptuando las que daba al baño y a un vestidor donde Ron se encontraba en ese preciso instante poniéndose "Algo más cómodo". La decoración era austera, propia del ser masculino, todo en tonos negros, blancos y rojos… Era acogedor. El amplio salón se comunicaba con la cocina separada únicamente por una barra americana de granito rojo, y justo en frente del sofá blanco donde Hermione se encontraba sentada, se encontraba la habitación de Ron. Había que subir solo tres amplios escalones, sin pasamanos, y estaba semi oculto por un biombo flanqueado por las dos únicas puertas que tenía la casa en su interior, la del baño y la del vestidor. Hermione ladeó la cabeza con curiosidad para poder ver que había detrás el biombo, y allí estaba su cama, amplia y confortable. Sintió como en sus mejillas aumentaba la sensación de calor y ese calor iba extendiéndose por el resto de su cuerpo mientras recordaba la excusa del Ajedrez. La inesperada salida de Ron del vestidor logro sobresaltarla. Hermione híper ventiló un poco mientras se abanicaba discretamente con una mano para intentar enfriar un poco sus mejillas. Ron llegó al salón y Hermione dejó de abanicarse. Lo contempló con ternura, jamás lo había visto así. Ataviado con un pantalón de chándal y una camiseta amplia del Tottenham, el cabello revuelto y desordenado cayendo rebelde sobres sus ojos, aportándole a aquel rostro lleno de pecas un aspecto aniñado y travieso.
- ¿Quieres tomar algo?
Su voz era dulce y amable… aquel debía ser el Ron que Ginny había descrito aquella tarde en el campo de Golf.
- Un refresco.
El joven se giró y caminó hacia la cocina, Hermione lo siguió con la mirada. Ron sacó de la nevera una Coca cola para ella y una cerveza bien fría para él. Y regresó junto a la muchacha, sentándose frente a ella, en una silla, depositando las bebidas sobre la mesa de cristal que era el único objeto que los separaba. Hermione estaba inquieta, demasiado… no era la primera vez que estaba a solas con un hombre, en un apartamento, consciente de lo que iba a pasar, pero Ron la ponía nerviosa nunca podía adivinar que pasaba por su mente, con qué nueva locura la sorprendería. Agarró su vaso y bebió un sorbo de la casi helada bebida, agradeciendo que ese frescor entrase en su cuerpo apagando un poco el fuego que ardía en él, y no le dejaba pensar con claridad.
- ¿Estás lista para jugar?
Hermione notó como el último sorbo se quedaba a medio camino entre su boca y su esófago, pero solo carraspeó, evitando ponerse a toser como una loca… ¿Jugar?... le dio un vuelco el corazón… ¿A qué quería Ron jugar con ella?... Hermione aceleró la respiración mientras clavaba sus ojos en los de él, que la miraba esbozando una tierna y sugerente sonrisa. Si Ron se acercaba solo un milímetro mas, se abalanzaría irremediablemente a su cuello y a sus labios.
- Sí – Contestó decidida, mirando con disimulo por encima del hombro del pelirrojo, el trozo de cama que asomaba por el biombo.
Ron intensificó la forma de mirarla, logrando que un escalofrío recorriese la columna vertebral de la joven y se inclinó hacia ella, mientras se levantaba de su silla lentamente, apoyando sus grandes manos sobre la tapa de cristal de la mesa. Hermione estaba a punto de perder la noción del tiempo y de la realidad, si él seguía acercándose de esa forma, ella sería capaz de lanzar la mesa contra la pared. Pero inesperadamente Ron no se acercó más sino que se puso en pie, y se giró, alejándose. Caminó hasta un mueble de diseño y abrió uno de sus múltiples cajones para sacar de él un… ¡Tablero de ajedrez! Hermione se quedó helada, todo el calor llameante que había sentido solo unos segundos antes se había extinguido por completo, estaba desconcertada y la teoría del Te llamo volvió a torturar su mente.
- Creí que nunca podría estrenarlo – Exclamó Ron sonriendo como un niño que acaba de abrir su regalo de navidad mientras se acercaba a ella, y se sentaba de nuevo en la silla extendiendo el tablero y las piezas sobre la mesa – Las chicas que he invitado a mi casa no vinieron precisamente a jugar al ajedrez, fueron otro tipo de juegos… tú ya me entiendes – Le guiñó un ojo de forma cómplice – No tenían mucho cerebro, pero tú eres diferente.
"¡Oh mierda!... ¿Por qué yo?", se preguntaba Hermione, "Por una vez en mi vida deseo ser una estúpida descerebrada".
- ¿Blancas o negras?
¿Por qué Ron le hacía eso?, ¿Por qué la llevaba a su apartamento, a solas, con ese aspecto tan irresistible, para luego solo querer jugar una maldita partida de ajedrez?... Ron estaba loco, y lograba desquiciarla a ella también. Tuvo el impulso de levantarse y salir de allí, impidiéndole la oportunidad de que se burlase nuevamente de ella, pero no lo hizo, y no lo hizo porque no estaba segura de lo que él le dijo en la biblioteca… porque tal vez él no la amaba, y en ese caso, ella no podía exigirle ni reprocharle nada.
- Hermione… escoge, ¿Blancas o negras?
- Blancas – Dijo con resignación.
- Muy bien – Exclamó Ron entusiasmado y colocó sus piezas negras en el tablero – Blancas mueven primero.
- Lo sé – Afirmó ella con la desilusión reflejada en su rostro.
Inconscientemente volvió a mirar el trozo de cama que asomaba por el biombo y por encima del hombro del muchacho… ¡Jugar al ajedrez!, no pudo evitar reír en silencio. Ron solo pretendía medirse con ella en aquel juego. Suspiró profundamente y se resignó, movió lentamente su peón blanco dos casillas y dio por comenzada la partida ante los ojos centelleantes de su oponente.
La partida se alargaba, Ron era muy bueno y ella había tenido al mejor profesor, Harry. Así que ya llevaban casi una hora jugando y desde hacía tiempo Hermione se había olvidado por completo que estaba a solas, con el hombre de sus sueños en su apartamento y se centraba únicamente en poder vencerlo, dejar vacío de piezas negras el tablero de ajedrez. Ron se estaba divirtiendo, y no solo porque aquel era su juego favorito, sino por las expresiones de concentración, euforia y enfado que se reflejaban en el rostro de Hermione constantemente… Era adorable, era perfecta… Ella poseía todo lo que el deseaba en una mujer, bonita, inteligente y a juzgar por como lo miraba solo un instante antes de iniciar la partida, ardiente, muy ardiente… y eso lo volvía loco, jugar con ella le encantaba, hacerla enojar lo excitaba aun mas… estaba absoluta y perdidamente enamorado de ella.
Hermione tenía los ojos entornados y de vez en cuando se pasaba la mano por su cabello cobrizo pensativa. Ron la recorrió con su mirada azul, desde el nacimiento del pelo en su frente, a su nariz, a sus labios finos y entreabiertos. Hermione no notaba como él la devoraba con cada mirada, y no sintió cuando los ojos del joven se clavaron extasiados en la abertura de su camisa que dejaba entrever una parte insinuante de sus senos. Ron apartó la vista con rapidez de ella cuando notó como toda su sangre se agolpaba en una sola parte de su cuerpo y volvió a intentar concentrarse en la partida de ajedrez. Entonces lo vio claro y exclamó.
- ¡Jaque!
- ¡Oh! – Dijo Hermione sorprendida - ¿Cómo demonios has hecho eso?
Ron rió… simplemente la amaba.
- Aun no hemos terminado… mueves tú.
- ¡Oh! Esto es increíble, Ron, mueva donde mueva me comes el rey – Exclamó indignada frunciendo el ceño.
- Entonces acabemos con esto de una vez.
Verla con esa expresión de enojo y frustración, como aquella vez en el parque, era lo que le faltaba para volverse absolutamente loco, y aquella partida de ajedrez comenzaba a estorbar.
Hermione, ajena a los pensamientos de Ron, resopló fastidiada y movió la pieza, cruzándose acto seguido de brazos. Ron colocó su alfil negro frente al rey blanco de Hermione ganando la partida.
- ¡Jaque mate! – Exclamó orgulloso y aliviado porque la partida hubiese llegado a su fin.
- ¡Oh! – Protestó Hermione frunciendo el ceño con más fuerza.
Y se quedó ensimismada, mirando el tablero y las piezas que aun quedaban de pie sobre él. No lo podía creer, vencida, absolutamente vencida por su idiota redomado. Ahora iba a resultar que Ron dentro de su atractiva cabeza de zanahoria tenía un cerebro. Tan metida estaba en su enfado y en sus pensamientos que no se había percatado que el pelirrojo había abandonado su silla y estaba sentado en el sofá blanco junto a ella, cerca… muy cerca. Hermione volvió a resoplar y entonces sintió algo cálido acariciar su cuello, y todos y cada uno de los múltiples poros que se repartían por su cuerpo se pusieron en alerta. Cerró los ojos… era él… notaba la respiración agitada de Ron cerca de su oído.
- Te amo…
Lo susurró lentamente, sin prisa, dejando que su aliento envolviese el lóbulo de la oreja de la chica.
- Repítelo – Dijo ella con el corazón en la garganta.
- Te amo… - Insistió sin que ella tuviese que rogarle.
Hermione sonrió, aun con los ojos cerrados giró su rostro hacia él quedando sus labios a pocos milímetros de distancia de los de Ron, casi rozándolos y abrió los ojos mirándolo fijamente.
- Necesito oírlo una vez más.
Tenía que estar segura, tenía que saber que Ron no la estaba utilizando, que no era simplemente una conquista más. Ron sonrió y al hacerlo entreabrió la boca dejando escapar las palabras que Hermione tanto anhelaba oír una vez más.
- Te amo, te amo… te amo.
Y se acercó a ella aun mas, rozando sus labios débilmente con la boca extasiada e incitante de Hermione, pero Ron cambió de parecer y decidió hundirlos en el cuello de la muchacha comenzando a recorrerlo con sus besos desde detrás de su oreja hasta el hueco de la clavícula sin descanso. La joven sintió una descarga eléctrica sacudir su cuerpo, subió una de sus manos y entrelazó los dedos en el cabello rojo de Ron atrayéndolo con fuerza hacia el lugar que el joven no dejaba de besar. Los besos de Ron dejaron de ser dulces y se volvieron salvajes, y los escalofríos de Hermione aumentaron. Ron renunció a su garganta un solo instante para mirarla fijamente, Hermione entendió perfectamente aquella mirada, y sonrió… le estaba pidiendo permiso para continuar. Tragó saliva, no deseaba otra cosa que ser suya y saber que él solo le pertenecía a ella. Desvió la mirada de los ojos de Ron, a sus labios suplicantes, y los atrapo con la fuerza que da el deseo liberado, logrando sobresaltar al joven, dejándolo si aliento, dándole a entender que aquello era un sí rotundo. Ron correspondió al beso profundo, húmedo, excitante, mientras desabrochaba la camisa de Hermione con una maestría sorprendente dejando al descubierto aquello que lo había desconcentrado durante la partida, y sin pedir mas permisos abandonó los labios de Hermione y hundió la cabeza en sus senos, recorriéndolos con su ávida boca, sin dejar un solo trozo de piel exenta de sus besos. Hermione pensó que durante años había estado perdiendo el tiempo con otros hombres, y adoró todas y cada una de las coincidencias que le habían llevado hasta él. Ron continuó explorando el cuerpo menudo de la joven con sus manos, con su lengua, con sus labios, sorteando cada obstáculo a su paso, deshaciéndose de ellos, y arrancando de la garganta de Hermione gemidos cada vez menos sofocados. Y ella hacía lo mismo con él, provocándole las mismas sensaciones, notando como el cuerpo de Ron se envolvía en un excitante sudor y sus músculos se tensaban y endurecían. Unidos y desnudos, él sobre ella, ella sobre él, sin nada que ocultar, sin discusiones, sin idiotas redomados ni sabelotodo insufribles, solo Ron y Hermione. Saciando su necesidad de sentirse amados, deseados el uno por el otro. Y cuando Ron se introdujo en ella dejaron de ser dos personas absolutamente dispares y se convirtieron en una sola, una sola persona, una única forma de ser y de pensar, con un único deseo y propósito, amarse. Hermione cerró los ojos disfrutando de aquello que era solo suyo, dejando las huellas de sus uñas, su firma, sobre su fornida y blanca espalda, clavando los dientes sobre el hombro del joven para ahogar el sonido acrecentado de sus gemidos, y acompañando cada movimiento del cuerpo de Ron con el suyo en una placentera danza, sintiendo que jamás había sido ni podría ser tan feliz como debajo de su piel.
Abrió los ojos lentamente, aun era de noche. Le dolía cada rincón de su cuerpo, pero aquel era un dulce dolor. Oyó los fuertes latidos de Ron rebotar contra su oído. Hermione se había dormido sobre el torso desnudo del pelirrojo. Levantó lentamente la cabeza, cuidadosa para no despertarlo, y lo observó. Ron dormía placidamente con su cabello anaranjado decorando la almohada y una sonrisa en los labios. Hermione lo contempló con ternura… ¿Acaso podía estar mas enamorada?... Indiscutiblemente no, no podía amarlo más. Con calma aproximó los dedos hacia los labios entreabiertos de Ron y los acarició con suavidad, sintiendo que esa sonrisa era suya, únicamente de ella… que era ella quien la había dejado sobre sus labios, y le indicaba que él era tan feliz como lo era ella. Y por primera vez en su vida, agradeció a todas y cada una de las mujeres que habían pasado por la cama de aquel joven y habían llenado su cuerpo de experiencia, una experiencia de la que ella carecía, y que había logrado no solo hacerla tocar el cielo con las manos, sino incluso le había dado la posibilidad de jugar con las nubes. Hermione lo contempló una vez mas, sintiendo que aquellos labios que habían besado a otras, tantas veces, y aquel cuerpo que había dejado reposar tantas cabezas sobre él, ahora le pertenecían. Ron Weasley, el idiota redomado convertido solo en idiota, para luego pasar a ser un loco divertido y ahora transformase en un ser dulce y salvajemente encantador, era únicamente suyo.
- Ni una mujer mas… - Susurró Hermione apartando sus dedos de los labios entreabiertos del muchacho – Nadie mas que yo.
Exhaló un suspiro profundo y prolongado, y salió de la cama. Se deslizó silenciosamente hasta el sofá donde estaba toda su ropa y agarró la camiseta del Tottenham de Ron cubriéndose con ella, dejándose envolver por el aroma que la prenda desprendía a él. Caminó hasta los grandes ventanales desprovistos de cortinajes que rodeaban todo el apartamento, y contempló a través de ellos la ciudad. Era indescriptiblemente feliz, probablemente no había nadie más feliz que ella sobre la faz de la tierra en aquel momento, pero Hermione se equivocaba al pensar aquello. Unos brazos fuertes y cálidos rodearon su cintura por detrás, y un beso se posó sobre la base de su cuello.
- ¿Qué haces levantada? – Susurró Ron – Vuelve a la cama.
Hermione atrapó los brazo de Ron con los suyos, dejando caer su espalda sobre el pecho desnudo de él.
- Desde tu casa se ve hermoso Londres… las luces parecen estrellas – Dijo Hermione, sitiándose reconfortada por la calidez de la piel de Ron.
El pelirrojo suspiró y abrazó con mas fuerza la cintura de la chica.
- Pero no son reales… no nos dejan ver a las de verdad, como en el jardín de mis padres.
Hermione sonrió y se giró lentamente hacia él, Ron era muy alto y sus labios quedaban al nivel de la frente de la muchacha, por ello Hermione alzó el rostro hacia él después de recorrer su cuerpo por completo con la mirada. No pudo evitar reír, Ron no se había preocupado en vestirse y su desnudez le pareció divertida.
- Una vez escuché, que si las coincidencias que se dan en tu vida son muchas hay que tenerlas en cuenta… - Dijo seriamente.
Ron rió, y con un suave movimiento atrajo a Hermione hacia su cuerpo, mientras pasaba sus manos por debajo de la ancha camiseta rodeando su cintura con una de ellas, y dibujando con la otra su columna vertebral, sintiendo la suave piel de la chica impregnarse en su tacto.
- Las nuestras han sido muchas – Susurró él contra los labios de ella.
- Así es.
- Entonces vuelve a la cama.
Y diciendo eso le dio un suave beso en la frente, y se separó lentamente de ella dirigiéndose hacia la habitación. Hermione lo contempló, Ron caminaba sin intentar ocultar la desnudez de su cuerpo, perfecto en todos los sentidos.
- Ron…
El joven se giró sin pudor, sin censura, y Hermione sonrió aun más.
- Te amo.
Ron la miró fijamente curvando sus labios ante la sincera declaración de ella, y con un gesto seductor añadió.
- Vuelve a la cama.
Se giró y desapareció detrás el biombo, Hermione miró una vez mas a través del cristal de la ventana los colores que dibujaban las luces de la ciudad.
"Ron tiene razón, esas estrellas no son reales", pensó, "Pero hoy son mis estrellas, y brillan mas que nunca".
Espero que os haya gustado de veras...
Gracias saralpp, susy snape, EuridiceGranger, Alycon Malfoy, Riswe, Diosa Granger, Nataa, por vuestros rr, fueron fantásticos...
Un beso Copia... aquí estuvo esta coindicencia que tú bautizaste como Bajo la piel de Dios jajaj...
La próxima como algunasa creo que sabeís, es la úlitma y con ella termina este fic.
Besotes...
María.
