Todos los personajes la serie de Inuyasha pertenecen a la fantástica Rumiko Takahashi mientras que los personajes y libros de los Dark hunters® pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.

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Dark Hunter

Por Mimi chan

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Capitulo 9

El Paradero de la Perla de Shikon

Solo hacía falta un verdadero asesino, una criatura sin sentimientos que siguiera únicamente ordenes, pero no era simple encontrar uno, era mucho más fácil crearlo.

Cuando vio a la criatura dentro de la jaula se sintió muy satisfecho, había algo maligno en el brillo de sus ojos, como las verdaderas criaturas sobrenaturales debían tener.

— ¿Quieres tu libertad? – le dijo a la criatura llena de cadenas dentro de la jaula, no contesto, no esperaba que en realidad lo hiciera – te la daré, pero debes obtener algo para mí.

Todo lo que necesitaba era esto, solo una criatura dispuesta a su entera voluntad. Ya aprendería la pequeña y estúpida humana que no era tan fuerte como creía, ni su perro guardián tan poderoso como aparentaba ser.

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Había algo realmente melódico en su risa, contagiosa, alegre, sincera y divertida, estallaba repentinamente cuando su compañera la provocaba. Era tan sincera que solo escucharla traía una sonrisa a sus labios, su risa era como un mantra que le regalaba tranquilidad.

No debería estar pensando en esas cosas, lo sabía y sin en cambio no podía evitarlo, la pequeña sacerdotisa era como un soplo de aire fresco, nunca lo reconocería delante de ella, pero la verdad era que su casa no había tenido nunca vida, no había pasado mucho tiempo allí, pero en todas las casas en las que había vivido era lo mismo, silenciosa, oscura pero desde que ella había llegado, oírla a ella y a su amiga hablando el japonés que hacía tanto que no escuchaba llenaba la casa de sonido y luz.

No sabía si ella suponía que él dormía mientras ella estaba abajo con su amiga durante el día, pero creía que si, casi no se movía en su cama, leía, meditaba o se ejercitaba en la mayor quietud posible, se movía con tranquilidad por su casa como si fuera propia, había revisado en sus libros y había estado largos ratos sentada delante de su piano sin tocarlo. Había escuchado un montón de anécdotas de su vida cuando hablaba con su amiga, sus preocupaciones y sus inquietudes pero sobre todo, había un tema que le llamaba la atención, su amiga había insinuado un muchas veces sobre un amor imposible de la sacerdotisa, una persona que hacía que el aroma de la sacerdotisa se elevara de una sutil manera que solo lograba el calor, ella se acaloraba cada vez que su amiga hablaba del personaje, pero nunca decían el nombre.

Sabía cosa, porque cada vez que lo mencionaban él quería saber su identidad y así poder destrozarlo con sus garras. Una idea completamente estúpida, pero no podía evitarla, la sensación corría por todo sus sistema violenta y sangrienta, no tenía que ver con los sentimientos de la sacerdotisa sino con la posesividad de él mismo.

Se convencía a si mismo que era porque lo habían impuesto como su guardián, irremediablemente cuando cuidaba de alguien hacía vínculos con esa persona tenía que ser así o no lograría defenderla de una forma adecuada, la persona que cuidaba tenía que significar algo para él.

Además también estaba la apariencia idéntica que tenía con Kikyou, la forma de corazón invertido de su cara, sus ojos marrones y su cabello castaño, que era casi idéntico, y la antigua sacerdotisa había significado tanto para él.

Y además… tenía ganas de aullar cuando hacía justo lo que podía oler estaba haciendo justo en ese momento.

Wantan Gyouza (Tallarines Fritos Con Cerdo), Chanpon Shuumai (Bolas De Harina Con Carne), el aroma celestial de la comida que viajaba por toda la casa desde la cocina, y llegaba hasta su nariz despertando sus papilas gustativas con un gusto increíble, él tenía una muy fuerte debilidad por la carne, y por carne tan bien preparada era su perdición, ella lo tendría a sus pies si quisiera por un plato de eso que estaba preparando, pero se aseguraría de que nunca supiera algo como eso tampoco.

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Repentinamente el celular sonó, Kagome se limpió la masa de las manos y corrió a contestar, le hizo una señal de silencio a su amiga para que bajara el tono de su risa y contestó.

Moshi moshi.

— Soy yo – respondió una voz profunda que bien conocida del otro lado.

Solo había una sola voz en todo el mundo como esa, algo que se escuchaba como un gruñido y ponía los pelillos de su nunca de pie.

— ¿Inuyasha?

— Quiero bajar – dijo a modo de respuesta — ¿Puedes bajar las protecciones?

— Sí, claro – dijo con más entusiasmo del que quería revelar, él nunca bajaba durante el día y a penas lo veía él solo comía algo y salía a hacer su trabajo.

— ¿Recuerdas la clave? – le preguntó

— Si – respondió enseguida.

— Bien bájalas, estoy allí en un momento.

Colgó y ella cerró el aparato en sus manos, se quedó un momento mirando el celular, su corazón estaba latiendo rápido. Ella había imaginado a Inuyasha como un vampiro, que dormía todo el tiempo mientras hubiera luz solar, ¿Había estado despierto todo ese tiempo? ¿Las había estado escuchando mientras ellas platicaban abajo? Quizás estaba bajando solo para pedirles que se callaran y seguir durmiendo.

— Kagome… — la llamó Sango.

— Inuyasha va a bajar – dijo ausente – enciende las luces por favor.

Diciendo esto fue a la sección de la casa donde estaba el sistema de seguridad de las placas que cubrían la casa, había una pequeña pantalla de plasma donde había un teclado y puso la clave: "Isayoi" esto activaba las placas de abajo, se preguntaba cual sería las de la parte de arriba, "Kikyou" quizás.

Agitó su cabeza para alejar esos pensamientos, y regresó a la cocina, las placas empezaban a bajar lentamente con el sonido de las ruecas, regresó a su labor en la masa para los panes con carne.

— Casas hechas ataúdes Ah – dijo Sango en su lugar mirándola – ¡Que nervios! A saber lo que los vampiros modernos hacen para sentirse más cómodos.

— Inuyasha no es un vampiro – respondió Kagome tratando de portarse ausente – es un Dark Hunter. Una de tantas criaturas nocturnas

— La más atemorizante criatura nocturna, Miko – dijo el joven de cabello plateado bajando las escaleras.

Kagome puso los ojos en blanco, nunca le iba a decir, que de hecho, ella pensaba lo mismo, eso lo único que lograría sería inflar su ego más de lo que ya lo tenía, no definitivamente no iba a ser ella la que hiciera eso.

— Lo que digas – dijo regresando a la masa mientras la carne se freía a sus espaldas – y ¿Qué tal dormiste? – dijo manejando la masa del pan sin verlo – Vas a regañarnos también por despertarte.

— Duermo solo 3 horas al día – respondió son sinceridad Inuyasha, no tenía ningún motivo para ocultarlo, mejor que lo supieran, si en algún momento pensaban en tomarlo desprevenido mientras dormía sería un grave error – es más que suficiente para mi, prácticamente estoy despierto mucho antes que ustedes.

— ¿Y entonces por qué estás tanto tiempo en tu habitación? – no pudo detenerse de preguntar Kagome.

— La luz del sol – le respondió el hanyou.

— ¿Y las protecciones?

— Tienes que hacer tantas preguntas Miko – dijo con un bajo gruñido...

Sango se rió por lo bajo y ella dio la vuelta para revisar la carne, Sango la conocía muy bien, cuantas personas no le habían hecho la misma pregunta y ella había soltado una larga letanía como "prefiero preguntar a ser una pobre ignorante que va por allí diciendo que las personas preguntan demasiado, quizás tenga miedo de que eso pueda quemar la única neurona pensante que asume que es la única que la persona posee, como la que seguramente tú tienes" dicho con menos elegancia.

En ese momento sonó el timbre de la puerta y todos voltearon a verla.

— Debe ser Nick – le dijo Kagome a Inuyasha – quedaron algunos paquetes de Sango en el aeropuerto y él los iría a recoger hoy.

— Bien – respondió únicamente el joven de cabello plateado.

— Yo iré.

Sango se levantó de su lugar y fue a la puerta, se escuchó cruzar un par de palabras con el escudero, y después como regresaba con una gran caja jalándola sin demasiada dificultad.

— Lo invite a pasar, pero cuando le dije que estabas abajo dijo que sería en otra ocasión – dijo dirigiéndose a Inuyasha – dijo que también le causaba claustrofobia tu casa.

— Fhe – dijo con indiferencia – es como si nunca hubiera estado en una casa blindada.

— Lo mismo pensé yo.

Dejando la caja en el salón checó los sellos y vio que no se hubiera abierto en ningún momento, solo dios sabía lo que en realidad una caja como esa tenía que pasar en un aeropuerto. Fue a la cocina y buscó una cuña, un cuchillo o algo para abrirla, regreso con un pica hielo.

— ¿Qué es lo que traes allí Sango? – pregunto Kagome con curiosidad saliendo de la cocina un momento para ver la caja.

— Bueno es mi versión de la leyenda del abuelo – dijo mientras soltaba los clavos – ya sabes.

— Oh ¿Lo has traído contigo? – le pregunto incrédula.

— Ya sabes que a papá le da el ataque si no lo llevo a todos lados – respondió Sango sin detenerse en su labor – no lo llevaba a clases solo por que los directores nunca le dieron permiso.

Inuyasha miraba con curiosidad, había un aroma allí que hacía mucho que no sentía, pero dudaba seriamente que la chica hubiera puesto algo así en una caja cerrada.

Sango terminó de quitar los clavos y en medio de paja estaba lo que había traído, lo levantó para examinarlo de que no se hubiera hecho alguna fractura, encontrar una fragua y los elementos para corregirla en Estados Unidos le parecía una empresa bastante complicada.

— Un hiraikotsu – Inuyasha se levantó de su lugar asombrado, hacía mucho que no veía una arma como esa – ¿Es tuyo?

— Si – dijo Sango con un poco de timidez, no se esperaba que supiera lo que era.

— ¿Está purificado?

— Si – respondió enseguida – no padre es muy escrupuloso con respecto a eso, los huesos de lo que está hecho se han guardado por 500 años en lugares… secretos de mi familia. Desde que tenía 5 años y me lo entregó está purificado.

Inuyasha examinó con curiosidad el enorme boomerang, a su nariz asaltaba el aroma de huesos de monstruo, un aroma que no había sentido en muchos siglos, quería tocarlo, pero si estaba purificado, quizás lo repelería. Hasta donde él sabía los únicos que tenía las técnicas para fabricar armas como esa eran…

— ¿Eres una taiji ya? – le preguntó a la joven que sostenía el arma.

— Bueno… – respondió con una sonrisa nerviosa – mi familia viene de ancestros que eran exterminadores de monstruos, pero, vamos eso no es posible.

— ¿Me lo dices a mí? – dijo levantando la ceja derecha.

La chica lo miró un momento confundida hasta que la idea de abrió paso directamente a la neurona adecuada. Cuando entendió lo que quería decir soltó una carcajada nerviosa, claro, decírselo a él era como haberle dicho que los perros no perseguían a los gatos.

— ¿Y realmente sabes usar está cosa? – dijo Inuyasha cuando el ataque de risa de la exterminadora paso.

— ¡Claro que se! – dijo sacando el boomerang de la caja sacudiendo la paja – he atizado a suficientes hombres que han creído lo contrario.

— ¡Ay no! – exclamo Kagome que había visto la escena más veces de las que podía contar – por favor, no van a ponerse a jugar con tu boomerang ahora ¿O sí?

— Realmente ahora no – dijo el joven sintiendo que el sol todavía no se ocultaba, sus sentidos de Dark Hunter se lo avisaban – pero en cuanto se oculte el sol me gustaría verlo.

— Es lo menos que puedo hacer después de que me das posada en tu casa – le guiñó un ojo.

Kagome prefirió ignorarlo, regresó a la cocina y continuó con la preparación de las bolas pan de carne y meterlas en la vaporera, no se permitiría sentir celos también de su mejor amiga, pero por dentro le escocía que él se sintiera tan complacido por que ella supiera controlar ese armatoste, y a ella cuando la había encontrado practicando con su arco le había gritado y se había burlado de ella.

Cuando volteó a ver cómo iba cociéndose el tallarín él estaba a su espalda y ella pegó un salto un poco más y se hubiera vaciado la olla en la espalda, pero Inuyasha alargó su mano para sostenerla, repentinamente estaba entre la vaporera caliente a su espalda y el pecho frió de Inuyasha, hasta ese momento no se había fijado lo frió que estaba.

Orquídeas, orquídeas, como deseaba poder sepultar su rostro en su cuello y beber largos sorbos de su aroma a orquídeas salvajes, que quedara tan penetrado en su nariz que no tuviera necesidad de oler nada más, pero eso era imposible, sería el más increíble error. Había entrado en la cocina solo para poder recibir el aroma de la comida de lleno, comida cociéndose era incluso mejor que comida terminada en el plato, los ingredientes cambiando de crudos a cocidos eran el cielo, pero al estar allí lo único que su nariz percibió fueron las orquídeas y había sido halado al aroma con control de sí mismo.

Kagome se sentía sin aliento al ver los ojos negros de Inuyasha, tan cerca de ella, tenía unas chispas de dorado muy en el fondo que eran hechizantes, centelleaban como pizcas de oro, tragó con dificultad y se lamió los labios, estaba tan cerca y ella tenía tantos deseos de tomar su hermoso y deseado rostro en sus manos y acabarlo a besos, quería saber con desesperación a que sabía su aliento.

Fue Inuyasha quien dio un paso atrás y la dejó allí, la chica enseguida bajó la mirada y miró las baldosas negras de la cocina como si fueran fascinantes.

— ¿Qué es lo que preparas? – rompió el silencio el joven de cabello plateado.

— Tallarines y pan al vapor. – respondió Kagome de forma automática sin dejar de ver el piso, si subía la mirada él iba a leer un montón de cosas en sus ojos y no quería definitivamente que lo hiciera.

— Apresúrate – gruñó mientras salía de la cocina – tengo hambre.

Kagome abrió la boca para decir algo, algo, pero no salían palabras, ¡Que se pensaba ese tonto! ¿Qué ella era su cocinera particular o algo por el estilo? "Eso es aférrate a tu seguridad."

— ¿Por qué asumes que estoy cocinando para ti Inuyasha? – le riñó desde la isleta de la cocina – lo hago porque odio la comida chatarra que los americanos comen.

— Dado que estás pagando todo esto con mí dinero no veo porqué no podría comer un poco o un mucho de esto – le respondió el chico sentándose en una de las sillas de la barra que separaba la cocina del comedor – técnicamente es mío.

— Ja – exclamó mirándolo directamente al rostro tan cerca como se atrevió – si me dejaras usar mi dinero para comprarme de comer no tendrías que gastar tu precioso dinero sabes. Nunca te pedí que me dieras esa tarjeta de crédito ni abrieras esa cuenta.

— Bueno – le respondió un poco más irritado, estaba tratando de protegerla y ella se quejaba – yo nunca pedí tener que cuidarte y pensar por ti, que si usabas tu dinero era una manera fácil de encontrarte, así que creo que estamos a mano.

— Bueno si tanto te molesta no te preocupes – dijo con ganas de atizarlo – si logro salir viva de esto ten por seguro que te pagare tu dinero.

— Puedo permitírmelo, no tienes porque pagarme nada.

— Entonces si puedes permitírtelo – dijo irritada – ¿Por qué tienes que quejarte todo el tiempo por ello?

Sango estaba carcajeándose en su asiento y estaba riendo tan alto que ellas la notaron finalmente, Kagome la miró con bastante molestia.

— ¿Qué es tan gracioso? – casi le gruñó como lo haría Inuyasha.

— Sabes – dijo mientras jugaba con un adorno de la empuñadura de su hiraikotsu – si no supiera que de hechos se odian diría que parecen dos enamorados.

Hasta ese momento Kagome notó que tan cerca se había puesto de Inuyasha, estaba prácticamente sobre él y el hanyou también se había acercado, así que retrocedió.

— Primero muerta – dijo y le dio la espalda a las personas del comedor.

— Diría lo mismo – dijo solo con una poco más de diversión el Dark Hunter — pero técnicamente ya estoy muerto.

— Quieren salir de mi cocina los dos, si no les daré algas quemadas para la cena.

— Pero si estamos en el comedor – se defendió Sango. Pero Kagome la miró con tal ira, que era casi divertido – Hai, anata – dijo Sango golpeando su pecho como un samurái y salió riendo de la cocina.

— Técnicamente es mi cocina Miko – agregó Inuyasha aun en su lugar.

— Me importa un cuerno – dijo a gritos – ¡Largo!

El joven se llevó las manos a la espalda y la dejó sola para seguir cocinando.

Pasó un rato hasta que la comida estuvo lista, se sentaron a comer de la forma más civilizada posible, y esperaron la noche, cuando el sol finalmente se había ocultado, las placas que protegían la casa de la luz del sol se levantaron.

— Bien quieres ver entonces lo que hago con este bebe – dijo Sango cargando su boomerang sin dificultad.

— Vamos afuera – le respondió enseguida Inuyasha...

Así los tres salieron de la casa. Sango revisó con ojo crítico el jardín y las posibilidades, entró corriendo a la casa y sacó algunas de las botellas vacías de sake para ponerlas sobre la barda, regresó a un lado de ellos, se tronó los dedos y tomó su boomerang.

— ¿Todas de un solo movimiento? – preguntó Inuyasha.

— ¿Que esperabas? – dijo una sonriente exterminadora. Metió uno de sus dedos en la boca y lo subió para comprobar la dirección del aire, sonrió complacida – ¿Listos?

En un simple y fluido movimiento el enorme boomerang que era tan grande como ella voló en el aire y fue en dirección a las botellas, una por una fueron golpeadas por el arma y rompiéndose en pedazos, mientras el hiraikutsu regresaba a las manos de su dueña arrastrándola en la grava solo un par de centímetros.

— ¿Y bien? – dijo mirando al hanyou con satisfacción.

— Hay que reconocer que eres muy buena con él – dijo con serenidad el hanyou – conocí pocas personas que tuvieran tan bien control sobre un arma tan grande.

— Ten cuidado Inuyasha que puedes empezar a caerme bien – dijo con una sonrisa la joven.

Kagome había visto más de lo que podía soportar, iba a entrar y regresar su cena en el baño, era fastidioso verlos juntos, aunque sabía que Sango no pondría un dedo sobre él, una regla cardinal entre amigas era siempre "no desearas al chico de la otra" y su amiga sabía lo mucho que le gustaba Inuyasha, pero también era una regla cardinal que Sango había puesto a sus pies al hombre que hubiera elegido con una sonrisa como la que le había dedicado a Inuyasha, eso era para poder enfermar a cualquiera.

Pero al entrar a la casa sintió un escalofrió a todo lo largo de la columna, y regresó al jardín tan aprisa como pudo.

— Inuyasha… — lo llamó alarmada.

— ¿Que pasa Miko? – respondió alarmado al notar el cambio en sus voz.

— Algo está acercándose – le respondió.

— Imposible, el campo repelería a cualquier daimon que quisiera acercarse.

— Esto no es un daimon – respondió con una sonrisa nerviosa – es algo peor.

Sin preguntar más Inuyasha desenvainó su espada y se puso delante de las dos mujeres, podía sentirlo también, no sabía que era, pero este aroma era algo que no había sentido nunca antes.

Kagome había tenido la precaución de tomar su arco y flechas está vez que había dejado en la puerta del jardín, Sango tenía una pose de batalla pero lucía nerviosa. El escalofrió se había instalado en su espalda y casi dolía, ¡Kami sama! ¿Qué era lo que se estaba acercando?

Como si fuera de papel, una de las bardas de la casa había explotado en pedazos y había entrado en la propiedad una jaula con ruedas, cubierta por lo que parecía ser un campo de fuerza, dentro de la jaula había un hombre encadenado. Corrección, no un hombre, parecía un hombre pero era algo mucho más peligroso. Una vez dentro de la casa el campo color sangre que cubría la jaula se había roto y las amarras de la criatura se habían soltado.

— Permanezcan atrás – las protegió Inuyasha.

— Pero… — quiso decir algo Kagome.

— Sin peros Miko, quédate aquí – le gruño – Sango protégela.

— Si – respondió su amiga.

— Sango ¿De parte de quien estás?

— De quien te quiere viva, Kagome por vida tuya – la regaño su mejor amiga – está intentando protegernos, créeme te quiero, y estoy de tu lado, pero para eso tienes que estar viva.

Inuyasha avanzó cuando la criatura salió de la jaula con deseos de pelea, vista sin cadenas era siniestra, tenía un brillo espeluznante en la boca y su largo cabello color violeta no dejaba ver su rostro. En un movimiento demasiado rápido saltó contra Inuyasha tomándolo del cuello y cayendo pesadamente al suelo, lo estaba estrangulando.

En un movimiento veloz sin pensarlo demasiado Sango arrojó su hiraikotsu en contra la criatura quien golpeó el arma sin mayor dificultad y la sacó de su camino, era muy fuerte, pero el movimiento ayudó a que Inuyasha pudiera contra atacar, golpeó con el puño su cara y la criatura se impactó contra la carroza que lo había traído rompiéndola en pedazos. Antes de poder pensar un segundo movimiento había contraatacado, lanzándose contra Inuyasha que ya lo esperaba, logró pescarlo de una mano y lo golpeó con dirección a otra pared, pero el movimiento de la criatura había sido demasiado rápido, no se movía normalmente, un golpe que no sabía cómo había asestado había dado de lleno en su estomago.

— Inuyasha – gritó Kagome sin poderse contener, la preocupación de había instalado en su estomago como un bloque de hielo

— Maldito – gruño Inuyasha adolorido.

Pero antes de que pudiera moverse, la criatura estaba sobre él de nuevo, se había lanzado sobre el brazo que sostenía la espada y lo había mordido, su mordedura era dolorosa como la de una víbora tóxica, se agitó con violencia y logró sacárselo de encima, un solo segundo antes de que él quedara delante de él, y sonriera con malicia. Se lanzó de nuevo contra Inuyasha pero antes de poderlo alcanzar un golpe lo había alcanzado, cayo dolorosamente a un lado de Inuyasha, una de las flechas de Kagome estaba en uno de sus brazos.

Kagome al ver como se dirigía directamente a Inuyasha y este no podía sostener su espada correctamente había preparado una flecha y rezado en el momento que la soltaba que diera justo en el blanco, cuando la criatura cayó en el piso con su flecha incrustada en el cuerpo no pudo sino menos sonreír.

— ¡Mantente fuera de esto Miko! – le gruñó Inuyasha.

— Un "gracias" hubiera sido más que suficiente Inuyasha – "mal agradecido".

— ¡Estás insinuando que no puedo con está cosa! – dijo irritado.

— Tú no eres más que un gran fanfarrón y…

En ese momento un haz de luz salió del piso y golpeó a la sacerdotisa en un brazo, un chorro de sangre salpico el aire con un grito de ella.

— Son dos, por eso se movía tan extraño – dijo Sango que había recuperado su hiraikotsu en ese momento.

La segunda criatura quedó de pronto colgada de un árbol en el jardín.

Era por mucho más desagradable que la primera, era como una mantis deformada, su largo cuerpo que parecía estar hecho únicamente de hueso, con dos largas cuchillas por manos, y un rostro idéntico al monstruo que lo acompañaba.

— Nuestro señor Naraku no nos mentía, más que su alma, su carne es deliciosa – dijo mientras se lamía de los labios la sangre de Kagome.

— ¿Qué rayos son ustedes? – exigió saber Inuyasha sosteniendo su espada, la herida que le habían hecho ya había cerrado.

— Mi nombre es Kageroumaru y mi hermano – dijo a la criatura que ya se había levantado todavía ostentando la flecha en su brazo – Juuroumaru. Venimos a alimentarnos un poco, y aunque nos han dicho que la carne de los Dark Hunter es venenosa yo quisiera probar un poco.

— Fhe – dijo levantando su espada – adelante, si es que puedes.

— Pero primero, tomare por lo que he venido.

Con una sonrisa la criatura se arrojó al suelo y se metió dentro de la tierra, Inuyasha maldijo al verlo, no sería tan simple destruirlo si no podía ver en qué lugar saldría. Pero no pudo pensar más en eso porque el otro hermano lo había golpeado en el estomago de nuevo y lo arrastraba con él. Inuyasha con velocidad se defendió, pero no con la suficiente para poder apartarse de él y poder atender a su hermano que había salido delante de la Miko.

Kagome no tuvo tiempo siquiera de preparar una nueva flecha, la criatura subterránea había aparecido delante de ella y con una de las filosas cuchillas y la atacó provocándole un nuevo corte en el vientre.

En ese momento el aire se congeló, solo pudo sentir como caía, como la gravedad la atraía sin remedio al piso, miró un punto en particular, allí delante de ella, elevada por la fuerza con la que había sido arrancada de su vientre, cubierta de sangre… estaba.

La perla de Shikon.

Inuyasha quedó congelado al ver lo que había salido del cuerpo de la sacerdotisa, no era posible, ¡La había tenido todo el tiempo con ella!

Kagome cayó pesadamente al piso, escuchó a su amiga gritar su nombre y como el hiraikotsu partía el aire delante de ella y arrastraba consigo a la criatura.

— Kagome toma la Shikon no tama, no permitas que la tome el monstruo – le gritó su amiga – ¡hayaku! (rápido)

Con esfuerzo y con un gran dolor en el vientre avanzó a donde estaba la esfera rosada, tenía que alcanzarla, ahora que la veía delante de ella no cabía ninguna duda que era real y si todo lo que el abuelo le había dicho de la perla era real, que un monstruo con malvados sentimientos la tuviera solo atraería desgracia, no podía permitir que la tomaran, era su responsabilidad. Alargó su mano y la alcanzó, y la llevó a su pecho para colocarse en posición fetal.

Kageroumaru había podido apartarse de la dirección que lo llevaba el gran boomerang y volvió a enterrarse en el piso.

— ¡Oh no! No lo harás – la joven taiji ya buscó entre las agarraderas de su arma y sacó un pequeño estuche donde había una pasta morada, tomo un poco con una punta que había dentro y lo enterró en el piso.

El aroma de veneno llegó de lleno a las fosas nasales de Inuyasha que apenas podía con Juuroumaru, repentinamente la otra criatura salió de la tierra y se colgó un momento en una copa de árbol. Sin que hubiera averiguado de donde la exterminadora había sacado una katana japonesa y arremetía contra la criatura, pero está de nuevo se escondió.

Inuyasha no salía de su asombro, antes de que la exterminadora se hubiera puesto a su espalda.

— Son demasiado rápidos y demasiado tramposos – Sango sostenía con ambas manos su katana tratando de localizar a Kageroumaru.

— ¿Como rayos aprendiste a pelear así? – preguntó Inuyasha sin salir de su sorpresa.

— No te importa si te respondo después de que exterminemos estás pestes – respondió algo nerviosa.

Él no respondió pero el acuerdo quedo en el aire. Juuroumaru estaba de pie delante de él, mirándolo entre su cabello como calculando el siguiente movimiento.

Allí estaba de nuevo ese brillo siniestro en su boca.

Su boca…

Dejó a Sango a su espalda y corrió en contra de la criatura, levantando su espada, estaba en el lugar exacto, el brillo de su boca se extendió y salió de la cavidad como un haz de luz y la otra criatura avanzaba con velocidad contra él.

¡KASE NO KISU!.

Un solo golpe limpio de su espada, impactó contra las dos criaturas que se desvanecieron en las ráfagas de viento cortante. Y ese fue su final.

Inuyasha pudo respirar tranquilo de nuevo cuando la presencia de las dos criaturas ya no estaba en su casa, ahora lo que seguía, volteó a ver a las dos mujeres que estaban con él

— Kagome – la exterminadora estaba ya a un lado de su amiga, presionando su mano contra su vientre – necesitamos un medico Inuyasha, de inmediato, por favor.

— No hace falta – el hanyou se acercó a la sacerdotisa en el piso, que aun tenía aferrada la perla en sus manos y lo miraba de forma suplicante. Con una de sus garras se abrió la palma de la mano y la sangre se acumuló allí antes de que se cerrara la herida de nuevo – abre la boca.

Kagome no tuvo más opción de obedecer, abrió la boca y la sangre de Inuyasha resbaló, metálica y caliente en su lengua, pero cuando entró en su sistema, el dolor como por arte de magia se detuvo.

Inuyasha vio como la herida en su vientre se cerró enseguida, y la sacerdotisa recobraba el color que había perdido. Se sentó en el piso y respiró profundamente, la joven a su lado se tranquilizo enseguida también.

— Dios que susto Kagome – dijo su amiga a su lado.

Kagome miró a Inuyasha, se veía molesto, furioso, pero había hecho algo muy grande por ella, no quería ni pensar en que hubiera pasado si hubiera perdido demasiada sangre antes de poder llegar a un hospital, le había salvado la vida.

— Arigatou gozaimasu Inuyasha.

Él solo la miro furioso y extendió una mano delante de ella.

— ¡Dámela! – dijo fríamente.

— ¿Qué? – Kagome no entendía.

— La perla de Shikon – dijo más molesto con un gruido feroz y avanzando un paso más — ¡Dámela!

Kagome se encogió en su lugar y apretó fuertemente la perla en sus manos, el instinto que los Higurashi habían criado durante 500 años le dijo "No, no se la des"

— ¿Para qué la quieres? – le pregunto la sacerdotisa.

— Morí tratando de obtener esa perla – dijo con dureza – y me la vas a dar.

Esa no era una opción, no le gustaba el trabajo, pero suponía que esto era más una carga que un honor, pero si así era, así iba a ser, ella era la guardiana de la perla.

— No.

Un gruñido subió por la garganta del hanyou delante de ella que hizo que otro escalofrió le corriera por la columna, sus ojos estaban tornándose rojos y sus irises azules, como la primera vez que lo había visto.

— Dices que mate a Kikyou para obtener esa perla ¿Por qué habría de ser diferente contigo?

Pero aun así no se la daría, no era tan indefensa como creía, Sango se puso delante de ella con su katana desenfundada… hey ¿De dónde había sacado Sango una katana?

— Se que me matarías con un pensamiento Inuyasha, pero no pienso dejar que amenaces a mi mejor amiga.

— No te matare Sango, porque hay algunas cosas que quiero preguntarte, pero quítate de mi camino o te lastimare.

La lastimaría sin duda y no lo iba a permitir, debía haber alguna forma de poder detenerlo, sin tener que lastimarlo a él o a nadie.

Si, había una forma.

Antes de poder hacer algún movimiento el ambiente se llenó de magia, magia que provenía de la sacerdotisa, Sango se hizo a un lado y Kagome seguía en el piso, pero su aura brillaba con fuerza, tenía sus manos unidas y recitaba un conjuro, brillantes perlas empezaron a salir de su holgado jersey y llegaron alrededor de Inuyasha.

— ¿Qué crees que estás haciendo Miko? – los ojos habían cedido con velocidad, eran de nuevo oscuros como la noche.

— Hay una sola forma de controlar a un hanyou sin matarlo, y no voy a matarte.

Las brillantes esferas se cerraron alrededor del cuello de Inuyasha y alrededor de él tenía…

— Un rosario encantado – tratar de sacárselo pero no podía – ¡Maldita Miko!

— No lo usare a no ser que prometas que no vas a lastimarnos.

— Y un cuerno, haré lo que yo quiera.

— En ese caso – su cabeza trabajo a velocidad, una frase que no dijera a menudo y que pudiera recordar sin que se le olvidara – ¡OSUWARI!

El Dark Hunter cayó con fuerza contra el piso, intentó levantarse enseguida.

— ¡Osuwari!

Inuyasha se estrelló de nuevo contra la tierra pesadamente.

— Créeme Inuyasha realmente no estoy disfrutando esto – "casi" – pero no puedo dejarte que tengas la perla de Shikon.

— Y el código de los Dark Hunter no deja que lastimes humanos – dijo Sango.

— ¿Y tú como sabes eso? – dijeron Kagome e Inuyasha al unísono.

— Bueno… es muy largo de explicar, pero él no puede lastimarnos.

— Bien, en ese caso – regresó toda su atención al hanyou – te advierto Inuyasha, no voy a dejar que me quites la perla sin pelear y tendrías que lastimarme para quitármela. Estamos.

Inuyasha gruñó algunas cosas que prefirió no entender.

— Estamos… reiteró la sacerdotisa – supongo.

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La hermosa diosa estaba caminando molesta en su recinto, el joven de cabello negro con mechones morados, acariciaba a su dragón que lucía está vez hermosas escamas negras y moradas que brillaban con el sol que iluminaba siempre con la temperatura y la luz correcta en el Olimpo, nunca muy lejos de la diosa pero de alguna manera ignorándola, verla hacer una rabieta cada vez que algo no salía como ella quería no era extraño.

— Como es posible que haya pasado eso Acheron – la diosa vio a su Dark Hunter favorito y el dragón a su lado con infinita molestia, odiaba verlos juntos, odiaba ver como él acariciaba y mimaba esa cosa como no hacía con nadie más, se moría de los celos – ningún humano puede tener control sobre un Dark Hunter.

— Eso solo tú puedes hacerlo – dijo mirándola con sus enigmáticos ojos color mercurio – ¿Cierto?

— Yo los cree, es obvio que si Acheron, ¿Quién es esa humana?, ¿Cómo ha hecho eso?

Acheron suspiró y mimó a su demonio bajo la barbilla.

— ¡Contéstame maldita sea! – dijo fastidiada por la poca atención de el hombre en su recinto – y dile a "eso" que regrese a tu cuerpo.

— No es un "eso" Artemisa – le respondió con cierto desagrado Acheron – te lo he dicho muchas veces.

— Me da exactamente lo mismo que sea – dijo mirando la criatura a los pies del Dark Hunter – no quiero verla y quiero que me contestes.

— Quiero… quiero – dijo Acheron y abrió su chaqueta, los músculos duros y firmes de su pecho parecían brillar tanto como las escamas de su dragón, susurró al oído de su demonio que voló un momento en el aire y pareció meterse en su pecho, una pequeña ola de fuego se hizo sobre su cuerpo y cerró su chaqueta de nuevo más para proteger a su bebé de la mirada de la diosa que por que le importara mostrar su pecho – la humana es descendiente de Tsukiyomi.

— ¿Descendiente de Tsukiyomi? Y eso ¿Qué rayos se supone que significa?

— Tsukiyomi, Artemisa, la deidad japonesa de la luna.

— ¿Qué? – Preguntó incrédula – esa niña descendiente de una diosa.

— Lo que escuchas, la joven tiene esos poderes por que lleva sangre de una diosa – dijo sacando una goma de mascar de una mochila a su lado – y puede que para ti sea una deidad muy pequeña, pero créeme no te gustaría meterte con ella, es una diosa muy rencorosa y a diferencia de ti, se lleva muy bien con todos sus hermanos.

La diosa se irritaba más a cada minuto, Japón… habían tenido un problema hacía un milenio con algunas ninfas que habían ido a parar a Japón y habían molestado a los dioses de un monte, el conflicto con los dioses del panteón japonés que era inmenso había durado un siglo. Retar a la diosa de la luna haría algo incluso peor.

— No me importa que es lo que hagas Acheron – le ordenó al hombre a su lado – pero recupera a Inuyasha para mi, has que la humana le quite el collar, entendiste.

— Haré lo que pueda.

Levantando su mochila del piso se dispuso a dejar el Olimpo.

Haría algo… aunque tenía cosas mucho más importantes entre manos y esto no corría mucha prisa.

Fin capitulo 9

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Nota de autora: Hola de nuevo aquí su muy inconstante autora jeje, lamento la demora, este mes ha sido de locos para mi, me he divertido en un montón de proyectos que me detuvieron mucho para esta actualización, lo lamento, pero la ventaja es que tienen un capitulo super largo para leer, espero lo disfruten mucho.

Mil gracias a las personas que me dejaron un review en el ultimo capitulo y una felicitación por mi cumple, en serio me hicieron mucho mas luminoso y perfecto ese día: Samura G, faby sama, Marlene Vasquez, Akkase Rainda, Sakura hime Shaoran kun, y un invitado. en verdad son los mejores del mundo.

Me despido, espero disfruten el cap, un beso enorme.

Tata

Mimi chan