Capítulo 10: "No voy a perder el tiempo suplicando el perdón que no merezco" (Uchiha Sasuke)
Mi respiración comenzó a agitarse irremediablemente, el hecho de tener a Sasuke tan cerca conseguía hacer que todo mi cuerpo se tensara y entrara en un estado de nerviosismo demasiado acentuado, pues no entendía a qué narices venía aquel arrebato que se había apoderado de sus actos sin venir a cuento. Su aliento chocaba con fiereza contra mi cuello y su rostro cada vez estaba más cerca del mío; no recuerdo exactamente cuando mis manos pasaron a estar en su poder y por desgracia éstas se encontraban totalmente inmovilizadas ya que el muy cabrón las había colocado a la altura de mi cabeza, cada una a un costado de la misma, y las mantenía enjauladas entre la pared y las suyas, aunque rápidamente el agarre pasó a ejercer presión en mis muñecas ya que al parecer eso le era más cómodo.
Al contrario que yo, su respiración era algo pausada y las manos no le sudaban; su torso paulatinamente se iba aferrando más al mío originando que por consecuencia aquel espléndido pero a la vez intimidante rostro se aproximara mucho más haciendo que la distancia que nos separaba desapareciera. Yo intenté retroceder, pero mi espalda ya hacía rato que había entrado en contacto con la fría pared, me moví y me sacudí en un intento de liberarme pero nada surgía efecto. Miré a sus ojos intentando sonsacar alguna explicación razonable ya que era incapaz de instar a mi propio cuerpo a que vocalizara alguna palabra que pudiera detenerlo; sin embargo, éstos estaban cubiertos por un velo de oscuridad en el que no se podía encontrar al Sasuke que yo conocía.
Mi corazón comenzó a repiquetear con fuerza contra mi pecho al corroborar que algo no iba bien, los fuertes latidos qué éste emitía junto con la desbocada respiración que se apoderaba de mí por momentos le arrancaron una socarrona sonrisa torcida que logré distinguir en su sombreada cara justo antes de que sus labios acortaran distancias sin preámbulo alguno.
Actué en el momento adecuado volteando con rapidez mi cara, movimiento que fue seguido de una cálida y placentera sensación que hizo que todo mi cuerpo se ausentara durante escasos segundos fruto del contacto que los labios de Sasuke acababan de establecer con mi mejilla.
―No me busques que luego me encuentras, asegúrate de que no vuelva a emanar de tu boca la idea de que no me importas―advirtió deshaciendo el agarre que previamente había efectuado para reanudar la marcha sin vacilaciones.
Me quedé estática, sin saber qué decir o hacer durante un largo rato; ¿tan mal le había sentado aquello que yo le había dicho ya incontables veces "no hagas como que yo te importo o te preocupo"?
―Pues al parecer es cierto ya que te niegas a contarme toda la verdad... Yo quiero saber cómo fingiste tu muerte y tú lo único que haces es darme largas; si no tienes la suficiente confianza en mí... yo...
―¿Y para eso te tienes que montar la película del quince diciendo que tú no me preocupas y encima negarme un beso?―inquirió él molesto y desconcertado enarcando una ceja tras haberse volteado para acercarse hasta mí, no entendía la razón por la cual no depositaba toda su confianza en mí si ya sabía que yo ya estaba curada de espantos.
―¡Pues sí!―Exploté de una buena vez―Si tú no hablas me das a entender que no te fías de mí y que por tanto yo no te importo, así que si tú no me quieres yo no tengo porqué permitir que me toques a tu antojo para quitarte el calentón ¿estamos?―Le dejé las cosas claras, ya estaba cansada de que se pensara que yo con un par de esquemas me contentaba porque no era así, a mí debería de darme toda la teoría para proceder a forjar una decisión.
―Hmp―musitó con altanería ubicándose delante de mí―Buen intento, pero conmigo tus amenazas no sirven―anunció con su ego habitual comenzando a retirar algunos mechones de mi cara, acto al que yo respondí dándole un manotazo para retirar su extremidad de mi rostro.
Él tiñó con una mueca de desafío su habitual expresión seria, cosa que yo contrarresté frunciendo el ceño sin retirar mis orbes de encima de los suyos.
―Yo no estaría tan segur―Osó profanar bruscamente mi boca exento de consentimiento alguno interrumpiendo así mis palabras.
Noté como mordía con insistencia mi labio inferior para que yo cediera al tiempo que rodeaba con posesión mi cintura con ambos brazos aferrándome así a él . El primer pensamiento que cruzó mi mente fue el de empujarlo para que se apartara, sin embargo, sus besos eran tan profundos, tan tentadores y tan embriagadores que me era imposible resistirme; por lo que cuando quise acordar mi cuerpo ya había actuado por sí solo otorgándole el tan ansiado paso permitiendo que nuestras lenguas danzaran en un armonioso compás imperturbable. Mis manos rodearon su nuca y comenzaron a juguetear con el pelo que se precipitaba por ésta y las suyas descendieron hasta mi cadera brindándome inigualables caricias.
Una vez que nos separamos, él fijó su mirada en mí, pero yo automáticamente esquivé aquel contacto visual.
―Te he avisado, tus amenazas no surgen ningún efecto en mí―observó victorioso―Y tú tampoco es que estés por la labor de cumplirlas―agregó deleitándose con mi mueca de enfado.
―¡Tú me impides cumplirlas!―Le reproché enojada
―Lo sé Sakura, tengo más que asumido el papel de malo―admitió con cierto regocijo.
―¿Tengo que reírme?―cuestioné con sarcasmo dedicándole una mirada de inconformidad.
―¿Tengo que responderte?―formuló él en un tono aún peor.
―Sí―atajé conduciéndolo hacia donde yo quería originando que una mueca de fastidio adornara su cara.―O las causas de tu supuesta muerte o tú relación con Karin―Le di esta vez a elegir después de haberlo meditado ya que ambas cosas me interesaban.
―Relación con Karin: nula; causas de mi muerte: no te incumben―Volvió a soltar por enésima vez provocando que una audible suspiro emergiera de mis labios.
―¿Nula?―Pregunté perpleja tras oír sus palabras centrándome más en la primera respuesta dando ya la segunda por causa perdida.
Al no obtener respuesta alguna y observando el semblante de aburrimiento que Sasuke mostraba, opté por dejar el tema y reemprender la marcha con él.
―¿Seguro que es nula?―interrogué al cabo de un rato no pudiendo quitarme la cuestión de la cabeza; el simple hecho de pensar en las palabras que Sasuke me dijo asegurándome que me había esperado y acordándome después de lo que dijo Karin... simplemente no podía dejar de darle vueltas. Algo similar me pasaba con las causas de su muerte, pero analizando la situación estaba claro que no iba a soltar prenda y por ello opté por probar suerte con el otro motivo de incertidumbre que acechaba mi mente.
―Si lo dices por lo que ella comentó respecto a que tú solo serías otro entretenimiento más, es porque en parte tenía razón. Nunca me he relacionado seriamente con nadie puesto que sé que tarde o temprano acabaré quebrantando esos vínculos; tú mejor que nadie lo sabes... Y Karin, desde el instante en que me conoció, desea que yo la haga mía al igual que muchas otras, pero si quieres que te sea sincero, no lo han conseguido―Se sinceró dando por zanjado el tema.
―¿Insinúas que yo soy la siguiente, el próximo mono de feria?―interpelé con voz apagada analizando sus palabras mientras bajaba la mirada hasta toparme con los guijarros del suelo.
―Sabes que no―bufó desviando su mirada hacia mí, ambos caminábamos, uno al lado del otro mientras conversábamos manteniendo, hasta hacía escasos momentos, la mirada fija en el oscuro horizonte aguardando a que las velas fueran dándole luz a cada paso que dábamos.
―No Sasuke, no lo sé. ¡No he sabido nada de ti en cuatro años! ¿Cómo pretendes que en apenas un día pueda reconocerte y saber lo que has estado haciendo o dejando de hacer en todo este tiempo?―Solté al fin liberando todo aquello que me corroía por dentro reprimiendo las ganas de llorar que de un momento a otro se apropiaban de mí.
―Sakura―murmuró él pasando su brazo por encima de mi hombro, podía notar su mirada clavada en mi persona.
―No sé ni siquiera lo que sientes exactamente por mí, quiero creer que sigues siendo el mismo de siempre, pero hay algo en ti que me dice lo contrario―confesé restregándome las manos por los ojos eliminando cada jodida perla que se precipitaba por éstos.
―Si tienes dudas márchate, ahora―imperó con frialdad retirando su brazo de encima de mí dándome así a entender que la decisión era mía.
―¡No! ¡ No quiero irme, quiero estar a tu lado; pero necesito saber qué es lo que hay de diferente en ti!―Pedí entre sollozos quedándome quieta en medio del pasillo.
―Lo único que ha cambiado en mí es, como ya bien sabes, que ahora soy un asesino; si te doy miedo, lo entiendo, vete, yo no seré quién te obligue a quedarte―habló sin darle vueltas al asunto prosiguiendo con su incesante caminar.
―Sasuke...―conseguí llamarlo―Soy consciente de que has matado a mucha gente, pero eso ahora no me interesa, voy a fiarme de tu criterio para decidir a quién le arrebatas la vida―comencé a decir procurando controlar el tono que había adquirido mi voz como consecuencia de las lágrimas que habían sido derramadas en contra de mi voluntad.
―Hmp, a todo aquel que me estorba―Me interrumpió demostrándome en lo que se había convertido, cosa de la que ya todo el mundo estaba enterado.
―Te he dicho que... eso no es lo que me importa para seguir adelante. Lo que verdaderamente me interesa son tus sentimientos hacia mí―conseguí decir con voz ahogada; era demasiado débil y las lágrimas fluían desde mis ojos con demasiada facilidad. Mis palabras se toparon con un incómodo silencio que yo decidí romper.―¡No soportaría alejarme otra vez de ti, pero quiero asegurarme de lo que estoy haciendo!―chillé liberando la mayor parte del aire que previamente mis pulmones habían acumulado.
―Sé que te he hecho daño y si esperas una disculpa por mi parte, no la aguardes más porque no te la voy a dar; no voy a perder el tiempo suplicando el perdón que no merezco.―Cortó secamente desde la lejanía sin detener el paso.
―¡No quiero una disculpa, quiero que me digas qué es lo que se supone que sientes por mí!―grité dejando que las lágrimas invadieran la totalidad de mi rostro.
―Piensa un poco―Sugirió dejándome a mí con cara de tonta para después voltearse esperando a oír mis palabras. Al comprobar que mi única reacción fue seguir llorando, suspiró y comenzó a caminar, ésta vez dirigiéndose hacia mí.―Si no me importaras, ¿crees que te hubiera prestado mi ayuda cuando estabas desvalida bajo la lluvia por los alrededores de la mansión?―cuestionó aproximándose cada vez más hacia mí―¿Piensas que yo voy evitando que se suicide con el cristal de una ventana a todo aquel que se me cruza por delante? ―prosiguió―Porque si así lo crees, tienes una imagen un tanto equívoca de mí―finalizó rodeando todo mi cuerpo con sus brazos.
Yo me mantuve en silencio, sin moverme, sin hacer nada, sus palabras daban vueltas en mi mente y únicamente una cosa con coherencia emergió en ésta ¿Por qué había sido tan reacia a aceptar lo que era más que evidente?
―Si me fui, fue en parte para evitar meterte en todo esto antes de tiempo; me importas demasiado y no quiero que sigas sufriendo más por mi culpa―susurró a mi oído estrechándome con fuerza, al escucharlo, mis ojos se llenaron de lágrimas de pura felicidad y sin reprimirme más, correspondí su abrazo rodeándolo con todas mis ganas.
―Sasuke...―murmuré mirándolo fijamente a aquellos pozos negros―Gracias―pronuncié esbozando una sonrisa para después apoyar mi cabeza en el hueco de su cuello sin poder remediar mi llorera crónica.
Él mantuvo su abrazo mientras con suavidad acariciaba mi corta melena. Yo cerré los ojos y me relajé, había logrado hacer que, a pesar de todo, me sintiera segura y protegida a su lado.
―Sakura.―Me llamó al cabo de unos minutos, yo estaba tan bien apoyada en él que había perdido la noción del tiempo a causa de mi somnolencia.
―Mmmm...―respondí abriendo lentamente mis irritados orbes como consecuencia de las lágrimas que habían sido liberadas a borbotones, las cuales ya habían desaparecido de mi rostro.
―¿Tienes sueño?―Se interesó al comprobar que casi me quedo dormida encima suya.
―No, no―Me apresuré a responder retirando la cabeza del lugar en el que la tenía apoyada deshaciendo así el abrazo.
―¿Seguro?―preguntó mirándome fijamente con sus penetrantes ojos una vez que nos separamos no estando muy convencido de mis palabras.
―Que sí, venga vamos ¿no decías que teníamos prisa?―inquirí comenzando a andar.
―Hey.―Me frenó cogiéndome la mano―Hemos avanzado bastante, podemos permitirnos descansar esta noche, si quieres―anunció sin soltarme la extremidad.
―Te contradices mucho―comenté mirándolo de reojo, a qué venían ahora esas ganas de hacer una parada.
―Sakura, si avanzamos cuando estás cansada no haremos gran cosa, además, anoche no dormiste nada, así que te conviene descansar durante lo que queda de ésta.―argumentó.
―Que no hace falta...seguro que está empezando a anochecer ahora, podemos avanzar un poco más.―Mis palabras nunca antes habían sido ignoradas de semejante forma ya que apenas me había dado tiempo a abrir la boca cuando el señorito ya había procedido a desbloquear uno de los muros que permitía el acceso a otra estancia.
Acabada dicha acción, me miró con autoridad ordenándome indirectamente que entrara.
La habitación era similar a la anterior, quizá un poco más grande y mejor acomodada. La iluminación se debía, como ya era costumbre, a las velas colocadas en las paredes gracias a los candelabros. Los muros eran de piedra y estaban adornados con grabados arcaicos de los Uchiha. Pude distinguir en la penumbra un armario, una mesa con un par de sillas de una antigüedad considerable, al igual que el resto del mobiliario, pero a pesar de eso, estaba todo muy bien cuidado. El habitáculo en sí era amplio y modesto con aquel toque especial que envolvía a todo lo relacionado con el misterioso clan. El olor no era exactamente a cerrado o a viejo como en la anterior, sino que la atmosfera que allí se respiraba era diferente, como si aquella zona fuera concurrida diariamente, además, no había ni una sola mota de polvo y el suelo revestido de piedra estaba impoluto.
Dirigí la mirada hacia la cama, la cual estaba situada sobre una alfombra roja con detalles en negro, en la única esquina que quedaba libre de la habitación. Sus sábanas eran negras y tenían grabado el emblema Uchiha que destacaba en blanco y carmesí como decoración central del conjunto. Después de observar la habitación perpleja, le dediqué una mirada a su propietario.
―¿Vamos a pasar aquí la noche?―pregunté no muy segura rompiendo el silencio.
―Sí, ponte cómoda―recomendó él tomando asiento en una de las sillas.
Yo obedecí dejando mi mochila sobre la cama, pero antes de que me diera tiempo a reaccionar, Sasuke apareció a mis espaldas instantáneamente y comenzó a acariciarme el cuello tras haberme retirado la melena del lugar, cosa que provocó mi sonrojo involuntario.
―¿Te gusta contemplar mis sábanas?―Quiso saber mirando la cama por encima de mi hombro.
―Es posible...―contesté antes de que él me abrazara con cariño por la espalda para, seguidamente, depositar su cabeza en el hueco de mi cuello.
―¿No tienes hambre?―Me susurró al oído después de haber depositado cortos pero placenteros besos sobre mi garganta.―Porque yo tengo mucha...―añadió tras mantenerse escasos segundos en silencio.
Acto seguido, dejó caer todo su peso sobre mí provocando que ambos cayéramos encima del colchón de la cama. Noté gustosamente como los labios de Sasuke comenzaban a recorrer la parte posterior de mis hombros dejando pequeños rastros húmedos a su paso; pues él estaba acomodado sobre mi espalda y al parecer no le hacía mucha gracia eso de apartarse del lugar.
―¡Sasuke!―protesté revolviéndome bajo su cuerpo.
―Dime―respondió sin prestar demasiada atención despegando momentáneamente sus labios de encima de mí, los cuales ya habían iniciado un inigualable sendero por la extensión de mi brazo derecho.
―Me estás aplastando―anuncié.
―Lo sé, ahora lo soluciono―informó segundos antes de incorporarse levemente con el objetivo de adquirir una posición en la que yo estuviera más cómoda, cosa a la que no le dio tiempo puesto que yo en cuanto me sentí más ligera aproveché para darme la vuelta sobre mí misma encarando así al pelinegro, quién en esos instantes se encontraba acomodado sobre mi abdomen.
Dio la sensación de que nuestras mentes supieron interpretar las intenciones del opuesto dado que ambos fuimos a la búsqueda de los labios del otro fundiéndonos así en un beso que se prorrogó hasta que la falta de oxígeno hizo acto de presencia. Nos separamos lo justo y necesario antes de volver a enlazar nuestras lenguas intensificando así el beso mientras mis manos, un tanto nerviosas, vagaban por su pecho sin decidirse a despojarlo de su negra camiseta sin mangas que tanto lo caracterizaba. Él, por su parte, masajeaba mi cintura y parte de mi cadera por encima de mi indumentaria hasta que, finalmente, se decantó por introducir las manos bajo mi chaleco originando que un gemido que él mismo silenció con sus labios emanara desde mi interior al notar como sus dedos serpenteaban por el contorno de mi silueta. Una vez que nuestros labios estuvieron libres, él comenzó a besar con poderío mi cuello dejando alguna que otra marca rosada por allí por donde pasaba y, se detuvo durante escasos segundos en mi clavícula para después proceder a iniciar su trayecto hacia el sur mientras se abría paso con una de sus manos bajando la cremallera de mi chaleco rojo para así tener más territorio que explorar arrebatándome audibles gemidos a cada milímetro que avanzaba.
Llegó a mi obligo, el contorno del cual fue dibujado con su lengua antes de volver a ascender dispuesto a librarse de la prenda que le había impedido contornear y masajear mis senos.
―Menos mal, que nunca... habías hecho... esto―comenté con mi agitada respiración a flor de piel mientras besaba eufóricamente su pecho procurando controlar los gemidos que él, a cada beso que me brindaba, conseguía arrebatarme.
―Que no lo haya hecho, no quiere decir que no sepa cómo hacerlo―aclaró sin alterar su tranquila voz, al tiempo que me incorporaba levemente depositando ambas manos sobre mi espalda, para así poder deshacerse de mi sujetador otorgándole así la libertad a mis pechos.
&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&0&
La media noche se cernía sobre Konoha con hastío, todo estaba inundado por un silencio sepulcral interrumpido de vez en cuando por los agudos aullidos de alguno de los perros de los habitantes, anunciando el clamor del que ya todo el mundo era consciente; Haruno Sakura no había sido encontrada en la partida de búsqueda que hacía aproximadamente media hora que había dado fin. La mayor parte de las luces estaban apagadas como consecuencia del luto en honor al shinobi renegado, el que fue conocido como el último superviviente de los Uchiha. El cielo acompañaba al estado de ánimo de todos los habitantes, pues la hermosa Luna llena irónicamente se veía eclipsada por las nubes que posiblemente descargarían allí sus lágrimas en honor al muerto, acompañadas por el estrépito de los truenos y la iluminación siniestra de los relámpagos recordando lo que aquel joven supuso en su día para la villa, un tormento.
Los especialistas en rastreo, apesadumbrados por su infructuosa labor que les había ocupado todo el día sin darles ni un momento de tregua a sabiendas de que cada segundo perdido sería vital para una de sus kunoichis más preciadas, regresaron a casa martirizados, derrotados, y con los ánimos por los suelos después de haber informado al Hokage de que a pesar del esfuerzo sobrehumano que habían hecho, no había rastro alguno de la compañera de equipo de Naruto.
En la Torre Hokage ya sólo quedaba él, negándose a abandonar su puesto, pues no quería perderla también a ella, ya sería demasiado. Hinata le hacía compañía alegando que necesitaba descansar ya que si seguía mucho más así no llegaría a ver la luz del día siguiente. Naruto oía la voz de su amada en la lejanía de sus pensamientos, pero no se dignaba a escucharla; algo se le escapaba y lo sabía, pero no lograba averiguar qué era. Además, no estaba del todo conforme con que la única razón que le quedaba para seguir adelante fuera a corretear por las inmundicias del mundo shinobi a buscar a Sakura, y ya había hecho intento de convencerla pero ella se negaba argumentando que Sakura era su amiga y que no pararía quieta hasta encontrarla... La comprendía, él tampoco había estado de brazos cruzados mientras el resto de la villa se movilizaba, todo lo contrario, había dado la voz de alarma avisando de lo ocurrido a todas y cada una de las naciones de la Alianza; las cuales habían accedido a ayudar en caso de que pasados cinco días Sakura siguiera sin aparecer.
Ahora el joven Hokage y su adorada Hyûga dialogaban más tranquilamente después de que ambos se hubieran explicado mutuamente y con todo lujo de detalles lo hecho en aquel día en el que habían permanecido separados.
De vez en cuando salía a flote el tema de Sakura revolviendo con fiereza el océano de sensaciones de ambos interlocutores, pero a pesar de ello, la conversación seguía fluyendo después de que alguno de los dos desviara el tema para no deprimir al opuesto haciéndolo naufragar. El tema de Sasuke, en cambio, permanecía enterrado en las profundidades de sus corazones, pues Hinata sabía que bastaba con acariciar la llave para que Naruto procediera a desenterrar dolorosos recuerdos del pasado y ella, ni por lo más remoto, quería ver sufrir a su apreciado rubio otra vez.
Entre tanto, cierta pelimorada conocida por todos como la dama de las serpientes, salió de su hogar con un humor de perros directa hacia el edificio de los altos mandos con una propuesta en mente para el Uzumaki. Andaba a toda prisa por los callejones de la villa esperando encontrar aún en su puesto a su ex-alumno, pues según ella la idea que había aflorado en su mente era espléndida e incluso se sentía orgullosa de sí misma, a pesar de que no todo era alentador en su dificultosa vida junto al torpe Hatake, porque sí, todo había sido por culpa de su marido.
Subió sin dudar las escaleras de la edificación hasta llegar a la planta en la que descansaba el despacho presidencial y, una vez allí, se ubicó ante la puerta y sin molestarse a tocar para pedir permiso, giró el pomo bruscamente; pero éste no cedió, estaba cerrado.
―"¡Vamos Anko, que no estamos para perder el tiempo!"―intervino su Inner con impaciencia.
―Eso ya lo sé. ―Se auto contestó ella―¡Voy!―exclamó seguidamente derrumbando la puerta sin vacilaciones de una certera patada, gracias a la cual obtuvo vía libre hacia el interior de la estancia. ―Hostia ya...―murmuró pasando por encima de lo que instantes antes conformaba la entrada a la guarida del rubio.
Sus pasos, sin embargo, se detuvieron en seco al percatarse de que todo estaba a oscuras.
―"¿Has pensado que si la puerta estaba cerrada es porque no hay nadie?"―formuló con evidencia la tardía consciencia de la Jonnin encargada de los exámenes de ascenso a Chunnin.
―¡Bah! No hace falta pensar para estas cosas―Le restó la mujer importancia encendiendo la luz―¿verdad?―interrogó con una sonrisa dibujada en su rostro observando como Naruto, aún asimilando la situación, se separaba de Hinata, quién estaba sentada sobre el pupitre comenzando a adoptar una tonalidad similar a la de una manzana roja como la sangre , la cual de inmediato se bajó de encima del mobiliario con la mirada fija en el suelo debido a la vergüenza que sentía―"¡Qué inoportuna qué eres!" ―remugó su propio subconsciente antes de ser silenciado por un imperante y potente cállate que emanó de los labios de la ojicaramelo.
―Ehem...―carraspeó el Hokage tras haberse adecentado su descolocada indumentaria sintiéndose ignorado por la discusión en la que se había enzarzado la Mitarashi con ella misma.
―¡¿Cómo que ehem?!―cuestionó la aludida fijando sus autoritarios ojos pardos sobre el individuo en cuestión.―¡Eso lo tendría qué decir yo, para una vez que vengo a hablar de cosas serias me encuentro a nuestro "líder" con su novia comiéndose la boca sobre la mesa gubernamental!―Les echó ella en cara provocando que un pesaroso suspiro emanara del interior del propietario del Kyûbi, sin contar con el sonrojo exagerado que decoraba el bello rostro de la Hyûga.
―Hinata, no te preocupes, si yo os comprendo, pero es que ya que os ponéis al menos dejad algo para casa―argumentó la kunoichi centrando ésta vez su atención en la chica antes de explotar a carcajadas ante la cara de la joven propietaria del Byakugan, la cual ya había pasado de rojo a bermellón.―Era broma... era broma...―atinó a vocalizar procurando controlar las risotadas que ahora la azotaban.
―Anko-san, ¿para qué has venido?―Quiso saber Naruto intentando captar su atención sabiendo lo mal que lo estaba pasando la peliazul.
―Aaaay Hinata, no pierdes el tiempo como ayudante ¿eeh?―Pasó la Mitarashi de las palabras de su superior siguiendo a su rollo ya recobrando con algo de dificultad la formalidad, o al menos eso parecía―¡Hay que tenerlos bien atados con una correa, que si no a la mínima se van con otra perra; porque claro, ellos van a lo que van y luego... pasa lo que pasa!―añadió riéndose mientras se acariciaba el vientre desviando su ahora divertida mirada hacia este.
―Eeeh... ¿Anko?―formuló Naruto mirándola perplejo sorprendido por las palabras que acababa de soltar en un momento.
―¿Qué? ¿Qué quieres?―indagó ella prestándole ya un poco de atención.
―Eso me gustaría saber a mí―suspiró el rubio dejándose caer sobre la pared que había junto a la ventana situada tras el pupitre presidencial.
―Aaah...―Se quedó pensativa la del moño dando vueltas por la extensión de la sala originando que Naruto e Hinata cruzaran miradas intentando descifrar qué pasaba por la mente de aquella mujer.
La estancia se vio sumergida en un inquietante silencio interrumpido intermitentemente por las contundentes pisadas de aquella mujer que, finalmente, fue quebrantado en su totalidad por un tremendo bocinazo que sorprendió a los dos presentes más jóvenes.
―¡Quiero un aumento de sueldo!―exhortó de repente y con gran ímpetu la ojicaramelo atestándole un fuerte golpe con la mano abierta al pupitre produciendo que las pocas cosas que quedaban encima se precipitaran hasta el suelo o simplemente temblaran.
―¿Para eso vienes a estas horas?―indagó el Uzumaki no encontrándole excesivo sentido a las palabras de aquella mujer al tiempo que procuraba disimular el tono de desconcierto que se había apoderado de su voz.
―¡Pues sí, ¿algún problema?! ―Le reprochó ella con poderío incrustando su altanera mirada sobre el joven molesta por el comentario.
―Nooo...―murmuró Naruto.
―¡Pues venga, dame el dinero!―ordenó la mujer dominante buscando la mirada azulada que el chico escondía―Naruto, te he dicho que me pagues ¡YA!―repitió alzando más el tono tras corroborar que el joven se hacía el remolón sin moverse del sitio en el que estaba desde que ella había llegado, apoyado en la pared.
―Anko, hace una semana que os pagamos.―Se decidió el Hokage a hablar a pesar del temor que aquella mujer infundía en él.
―Claro, ¿y tú te crees que a mí me basta con esa mierda?―cuestionó ella enarcando una ceja al tiempo que colocaba sus brazos a modo de jarra a la altura de su cintura.―La nómina no da a basto para mantener a Kakashi, a Kai, a Nomi (que jala como su madre) y a mí; sin contar con Scan, Tachen, Tito y Gevi―mencionó teniendo en cuenta hasta a las mascotas de la família, dándole a entender su situación.
―Pero Anko, siempre os habéis mantenido con la cantidad que os pertenece―observó Naruto no acabando de entender por dónde se suponía que iban los tiros.
―¡Agarrado!―escupió ella de mala manera exaltándose más de la cuenta al tiempo que hacía chocar con fuerza su puño, ésta vez cerrado, contra la mesa presidencial.
―¿Para qué necesitáis el dinero?―intervino Hinata, ya recuperada, con su prácticamente inaudible voz siendo consciente de que no era en absoluto aconsejable que una embarazada se excitara tanto. Ella intentaría encauzar la conversación.
―¡¿Qué para qué?!―vociferó la Mitarashi mirándolos a los dos sintiéndose completamente incomprendida.―¡Pues mira!―Gritó rodeando el pupitre con el objetivo de poder tomar asiento en la silla que teóricamente pertenece al Hokage―¡Tengo un botreque más grande que tú en mis ahorros y esto no puede ser!―explicó una vez acomodada en dicho butacón sacándose la cartilla del escote para depositarla con contundencia sobre la mesa.
―Está bien―resopló Naruto―Miraré de solucionarlo―agregó tomando el documento entre sus manos para echarle un ojo bajo la supervisión de la ojiperla, quién también lo ojeó por encima tras haberse ubicado al lado de su amado.
―No, mi cocina no está bien―puntualizó la dama de las serpientes cruzándose de piernas recobrando ya un poco la calma mientras se retrepaba en el butacón sin cortarse un pelo.
―¿Tu cocina?―preguntó el ojiazul levantando su mirada del papel que sostenía al percatarse de que su antigua sensei le salía por peteneras.
―¡Sí, mi cocina!―enfatizó ella arrojándole una mirada de reojo que logró hacer que cada cabello del Uzumaki se erizara, aquella mujer intimidaba demasiado, no entendía como su sensei había conseguido sobrevivir a su lado .―Kakashi es un inútil y se deja dominar por Nomi, al igual que su hermano, Kai; parece mentira que los dos hombres de la casa le tengan miedo a una niñita que no levanta ni tres palmos del suelo y que se pasea por casa con un kunai atado a un paraguas―explicó la kunoichi embarazada, la cara de Naruto era todo un poema y la de la Hyûga no iba tampoco mucho más allá.
―¿Qué?―consiguió vocalizar el rubio no entendiendo nada.
―Joder, que la enana ha trincado el paraguas, le ha puesto un kunai en la punta, y se ha dedicado a acojonar a su progenitor y a su hermano mayor de tal manera que han sido incapaces de evitar que en un despiste, la pobre metiera el collar del perro con la chapita en el microondas después de haberlo bañado, para secarlo.―aclaró la Mitarashi bajo la atenta y estupefacta mirada de los otros dos presentes.
―¿Kakashi-sensei... huye de un paraguas?―fue todo lo que logró pronunciar el Hokage reprimiéndose aquella risa que parecía ser que lo había abandonado en cuanto las desgracias asolaron la villa. La narración de aquella kunoichi había conseguido hacer que por un breve instante, ésta volviera a aflorar en sus labios hasta el punto que se tuvo que ver obligado a apaciguarla.
―No, más bien de su hija―declaró la madre de semejante manojo de fieras.
―Pobrecito...―comentó la peliazul en un hilito de voz manteniendo ambas manos alrededor de su boca impactada aún por la información que les había sido brindada.
―¡De pobrecito nada, que apechugue con lo que ha provocado! ―Se apresuró a contestar la que una vez fue discípula de Orochimaru.―No es normal que cuando yo llegue a casa me encuentre con un biberón en el jardín, el cristal de la ventana roto, la cocina ardiendo y dos capullos de 35 y 4 años corriendo de una dulce niña un tanto traviesa y menor que ellos persiguiéndolos con un juguete fabricado por ella con la ayuda de su madre―desembrolló la del moño―Es que estoy harta―manifestó seguidamente en un sonoro bufido tras exponer su situación familiar.
―Anko, ¿todo eso ha pasado ésta mañana cuando tras la noticia de la desaparición de Sakura Kai ha venido a buscarte y Kakashi se ha ido con él?―Se interesó el Uzumaki aún digiriendo la explosión de información.
―Sí, todo eso ha pasado ésta mañana... ¿Y quién lo ha tenido que arreglar? Pues Kakashi bajo mis órdenes; si es que soy el eje de equilibrio de la familia ¿Qué harían sin mí?―Se interrogó retóricamente rememorando mentalmente la escena.
―Entonces el dinero lo necesitas para arreglar la cocina―entendió el rubio―Eso lo explica todo―agregó.
―Pues ala, suéltalo―imperó tendiéndole la mano aguardando la entrega del dinero.
La Hyûga se dirigió inmediatamente al estante de los archivos comprobando que, efectivamente, todas las misiones efectuadas ya habían sido pagadas.
―No te preocupes, Kakashi ya tiene asignada una misión, mañana acompañará a los equipos de rastreo en la búsqueda de Sakura por territorio ajeno a la villa.―La tranquilizó Naruto al observar el rostro de decepción de su antigua sensei colocando los papeles que así lo afirmaban sobre la mesa, los cuales habían llegado a sus manos después de que la peliazul los sacara de su respectivo sobre.
―¡Y una mierda que te comas! Yo ya le he estado dando vueltas al asunto por si esto pasaba y he llegado a la conclusión de que lo mejor será que a esa misión vayamos los dos. ¿No es brillante?―sugirió la Mitarashi con aire triunfal.―Así, cobraremos el doble―anexionó orgullosa de su idea.
―Lo siento pero no puedo permitir que formes parte de los grupos encargados; no en tu estado―Se negó el ojiazul poniéndose severo mientras se cruzaba de brazos.
―¿Qué estado?―exigió Anko saber frunciendo el ceño sin caer en lo que le estaban hablando en aquellos instantes.
―Estás de cuatro meses―Le recordó Hinata con evidencia.
―¡Ah, pero estos dos aún están en el horno! ¡Todo está controlado!―exclamó ella acariciándose con cariño su barriguita.
―Que no te he dicho.―Se cerró en banda el Hokage desafiándola, ni por lo más remoto pondría a más gente en peligro.―Es una misión de búsqueda fuera de Konoha y podía resultar peligroso teniendo en cuenta las extrañas condiciones en las que desapareció Sakura―argumentó en un absurdo intento de hacerla entrar en razón.
―¡Uzumaki alias gusano!―Lo llamó ella en plan déspota incorporándose con brutalidad de la silla.―¡No oses decirme qué situaciones pueden llegar a ser peligrosas puesto que yo lo sé mejor que nadie!―advirtió manteniendo aquel imperioso tono en su voz que conseguía hacer que incluso el Hokage se estremeciera al oírla.―Yo sé muy bien lo que es y no es arriesgado, no lo dudes...―añadió comenzando a caminar vacilante y con cierta solemnidad en sus pasos rodeando la mesa para situarse al otro lado de ésta, donde las visitas acostumbraban a estar.―Ya me estás incluyendo en esa misión...¡¿Me oyes?! ¡Ya!―instó clavando un kunai sobre el escritorio, Kami sabría de dónde narices se lo habría sacado.
―Anko...―intentó Naruto rehusarse contemplando anonadado el vientre de la mujer; jamás se lo perdonaría si algo le ocurría a aquellas inocentes criaturas.
―¡Trae el boli!―reclamó tras ratificar que si no lo hacía ella misma, nadie lo haría; para después proceder a arrebatarle el utensilio de escritura a su superior, quién lo había cogido instantes antes.
El nombre de Anko Mitarashi quedó anotado en el listado de shinobis que se encargarían de buscar a la desaparecida Haruno. Después de eso, ella misma selló el documento asegurándose así que nadie podría echarla para atrás.
―Ufff...―protestó el rubio resignado sobándose la cabeza mirando a Hinata de reojo suplicándole una aprobación por su parte para así poder tener la consciencia tranquila, pues no quería llevarle más la contraria a aquella mujer.
―Ya está, ¿a qué no era tan difícil?―interrogó la embarazada con una sonrisa de oreja a oreja entregándole el papel a la ojiperla para que ésta pudiera devolverlo a su lugar.
Finalizada dicha acción, Anko tomó su cartilla de ahorros de encima de la mesa para guardarla nuevamente entre sus preciados atributos de mujer y tras arrancar el kunai de la madera, se fue por donde había venido.
―Ahora hacéis como si yo no hubiera interrumpido y continuáis con lo vuestro―susurró tras haber recolocado la puerta en su lugar, siempre siéndole fiel a su estilo, y antes de desaparecer de allí, les apagó la luz dejándolo todo más o menos igual que antes de su aparición, pero con su objetivo ya cumplido.
Hasta aquí el cap!
Sé que este me ha quedado más largo, pero es que cuando estoy con Anko adoro explayarme, y tendréis que acostumbraros a su presencia puesto que a partir de ahora tomará bastante importancia. Respecto al Lemmon, pues nadaa...la mayoría ya os habréis enterado de las medidas que está adoptando fanfiction y por ahora, a pesar de que efectivamente en este fic habrá, no sé si arriesgarme... prefiero meditarlo.
En fin, creo que la "declaración" de Sasuke ya ha contentado a Sakura y sin nada más qué decir, Rairaku se despide!
PD: Ya van dos capítulos seguidos en los que nadie comenta... y de verdad que es bastante deprimente y personalmente a mí, me deja por los suelos ya que no sé si la sucesión de acontecimientos que van ocurriendo os agrada o no y por ello, me gustaría tener vuestras opiniones; tanto negativas como positivas, para poder mejorar.
Os lo agradecería enormemente ya que en caso contrario me dais a entender que la historia no os interesa y que por tanto no pinto nada aquí.
Sayo!
