El mundo y los personajes de Digimon no me pertenece. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.


Yuujou: Simplemente casualidad

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[…] Había oído las palabras, alguna vez, pero nunca había sido especialmente dado a recordar los refranes y demás. Mi padre solía usarlas en demasía. Sin embargo, por algún motivo, vinieron a mi mente sin planearlo.

Las casualidades no existen... solo existe lo inevitable…

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Agosto 1999

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Yamato Ishida se sentó en uno de los últimos asientos del micro qué los iba a llevar a Mikami Cañón, lugar donde se llevaría a cabo ese campamento tan ansiado. Porque, pese a que se haya mostrado renuente a aceptarlo, él estaba realmente entusiasmado por compartir algunos días con su hermano pequeño.

Estarían él y Takeru, juntos.

Realmente, desearía poder ser tan demostrativo como su hermano pequeño, que en ese momento, ya era todo un ser lleno emoción. Takeru veía las cosas de un modo tan sencillo, tan sincero, tan inocente…

Le costaba creer que Takeru hubiese pasado las mismas cosas que él.

Bueno, no había sido así. Después de ver como su madre trataba al pequeño rubio y comparándolo con aquellas miradas que le dirigía (miradas que en realidad lo confundían demasiado) no podía decir que Takeru estuviese en la misma situación que él.

Yamato vivía con su padre, un hombre de trabajo que se había casado con la televisora y que iba a casa lleno de tareas para realizar. Era un buen padre, como podía. Pero no era suficiente…

Suspiró, quedamente, y sus dedos se aferraron a la armónica que estaba en su bolsillo. Repentinamente, sentía ganas de hacer sonar notas en ese instrumento que tanto le gustaba. No recordaba como la había obtenido. Sabía que había sido un regalo pero como la tenia desde hacia más de cuatro años. De hecho, en Hikarigaoka, lugar donde vivía cuando sus padres aun estaban juntos, él ya tenía la armónica.

A decir verdad, no le gustaba concentrarse en esos recuerdos.

En primer lugar, porque le mostraban todo lo que anhelaba y había perdido. En segundo lugar, porque a medida que se concentraba en ellos, le resultaban confusos. Como una laguna que…

Negó con la cabeza y el sonido del motor lo sacó de sus pensamientos.

Takeru estaba a su lado, sentado junto a la ventana, con el rostro pegado al vidrio y saludando animadamente a su padre, Hiroaki.

Al pequeño lo había llevado su madre a su hogar el día anterior, con todo listo para el campamento ansiado por el menos de los hermanos...

Bueno Yamato debía reconocerse qué se encontró así mismo deseando qué llegara ese día, porque significaba qué estaría con Takeru.

Juntos, sin límite de tiempo.

Se despidió de su padre con la mano y se ubicó cómodamente en su lugar, sonriendo para sí mismo.

Le hubiese gustado poder reír tan alegremente como Takeru cuando el micro se detuvo pero sólo se le ocurrió mirar por la ventana.

Vio una mata de cabello castaño desordenado pasar y suspiro al saber exactamente de quién se trataba aún sin verle el rostro.

El profesor qué viajaba con ellos se asomó en la puerta, regañando al alumno qué acababa de llegar y qué no era otro qué Taichi Yagami.

Yamato negó con la cabeza cuando vio al castaño disculparse con su profesor, tocándose la nuca y haciendo reverencias exageradas.

Así era Taichi, no podía tomarse nada en serio.

Yamato asistía al mismo grado y convivía a diario con ese chico. Durante las clases solía estar medianamente perdido. Siempre sobresalía por algo, pensó Ishida, incluso en llegar tarde. No era de las personas que pasan desapercibidas. Lo vio caminar por el pequeño pasillo qué los asientos del autobús dejaban y también se percató del sitio hacia el cual se dirigía... Junto a Sora Takenouchi, otra de sus compañeras de clases. Ella se había sentado delante de él.

Yamato la escuchó suspirar. — ¿Por qué has llegado tarde, Taichi?

— Ha sido culpa de mi papá... — Se excuso el moreno, como un niño. Yamato pensó qué le recordaba a Takeru. — Yo sólo quería despedirme...

— Ella no vendrá ¿entonces...?

No tenía idea a qué se estaban refiriendo y tenía aún menos idea de porque estaba escuchando la conversación.

Negó con la cabeza firmemente, ofuscado, ya que no tenía porque interesarse en ellos y se volvió para mirar a Takeru. El pequeño seguía exactamente en la misma posición qué antes: con la nariz pegada al vidrio, mirándolo todo.

Sacó la armónica de su bolsillo y se la acercó a los labios cuando una voz lo aturdió.

— ¡Hey Yamato! — Saludó el castaño.

Le dirigió una mirada a su interlocutor. Taichi y Sora estaban en el asiento de adelante y ambos se habían girado hacia él. Hizo un asentimiento a Yagami cuando Takeru tomó la palabra.

— ¡Hola! — Todo en ese niño era optimismo y energía. Yamato se contuvo, para no sonreír al ver la expresión atónita de los dos qué estaban frente a él. El moreno y la pelirroja lo miraban sorprendidos, tal vez notando el parecido — Mi nombre es Takeru Takaishi.

Y se sitio molesto, repentinamente, porque pese a ser hermanos ellos no parecían pertenecer a una misma familia. Y eso le irritaba, a decir verdad.

— Soy Taichi y ella es Sora... — Se presentó el castaño, aun mostrando sorpresa. Yamato se encontró divertido por ello. — ¿No eres de la escuela verdad?

Takeru negó con la cabeza, efusivamente — No vivo aquí. Vivo con mi mamá.

Taichi frunció el ceño — ¿Qué edad tienes?

— ¡Ocho años!

— No lo interrogues — Ordenó Sora, dándole un codazo al castaño, pero se notaba que Takeru quería seguir conversando con ellos porque inmediatamente, dejó de mirar por la ventana y se concentró en sus recién adquiridos amigos.

— ¿Esta es la primera vez que van de campamento?

— No — Susurró Taichi, sonriente — Es nuestro segundo año, ¿no, Sora?

La pelirroja asintió, sonriéndole cariñosamente a Takeru — ¿Has ido de campamento, antes Takeru?

Negó con la cabeza — ¡No pero como iré con…!

— Yagami, Takenouchi. Siéntense en su sitio — Ordenó el profesor a cargo. Taichi y Sora obedecieron al instante, lo que hizo que Takeru soltase una risita divertida. Yamato no pudo contener una sonrisa.

Quizás aquel campamento haya sido una gran idea después de todo. Sin saber porqué exactamente, suspiró y dejó caer la cabeza sobre el asiento.

— Oye, Takeru — Escuchó la voz de Taichi levantó la cabeza ligeramente. Su hermano se había inclinado hacia delante y Taichi estaba asomado entre los dos asientos. — ¿Quieres?

Takeru miró el paquete de golosinas que le ofrecían y vaciló durante un minuto. A su madre no le gustaría que…

Pero su madre no estaba. Asintió, efusivo y recibió el obsequio. Yamato frunció el ceño — Devuélvelas, Takeru. — Musitó.

La sonrisa de su hermano se volvió una mueca — Me las regaló. — Informó a la defensiva el niño. Aprisionó el paquete con fuerza. Eran gomitas con forma de oso, sus favoritas.

— Los regalos no se devuelven — Susurró Yagami y Yamato lo vio sentarse correctamente. Al menos, ya no vio su rostro.

Fulminó con la mirada la parte trasera del asiento. — Bien. ¡Bien!

Deseó que el resto del viaje fuese tranquilo. Eso era lo que deseaba. Vio a su hermano por el rabillo del ojo, deleitándose con las golosinas, disfrutándolas y sonriendo mientras el vehículo avanzaba.

Todo su cuerpo se relajó y sonrió, tranquilo. Cerró los ojos.

— ¿Está muy lejos el lugar, Taichi? — Cuestionó Takeru y Yamato miró bruscamente a su hermano pequeño. De nuevo se había inclinado hacia delante, para conversar con Taichi Yagami.

— No, no tanto. Llegaremos pronto, ya lo verás.

Y, para colmo, le robaba sus líneas. Ofuscado, Yamato sintió un ligero escozor en el estomago. No le gustaba que su hermano… ¡La idea era que los dos estuviesen bien, no sólo uno!

— Takeru — Indicó Yamato. Era la tercera vez que lo decía. ¡Culpa de Taichi por distraer tanto al niño! Quería decirle que no se metiese en sus asuntos pero ahora Sora también se había unido a la plática. — Siéntate correctamente, Takeru.

El niño rubio lo miró fijamente — No soy un bebé — Susurró, molesto.

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No habían tardado más que media hora en llegar a destino, pero Yamato pensaba que ese viaje había sido menos agradable de lo que esperaba. Se había dado cuenta que su hermano pequeño no estaba acostumbrado a recibir regaños. Probablemente, en su casa, todo estuviese servido para él. Siempre le había parecido que así era, pero la confirmación nunca estaba de más.

Yamato agarró las cosas de ambos, y se sorprendió cuando Takeru se comportó igual de entusiasmado al principio, como si no hubiese ocurrido nada en el viaje.

Eso lo alivió más de lo que estuvo dispuesto a aceptar. Sonriendo ampliamente, Yamato se cargó su mochila al hombro y siguió a su hermano por el pasillo del autobús.

Ahora mismo, el profesor les estaba asignando a todos una pequeña cabaña donde se quedarían durante el resto de la semana.

— Ishida, Yamato. Takaishi, Takeru. Cabaña ocho — Determinó el adulto a cargo. Yamato había pedido a su padre que arreglase las cosas para que no lo separasen de Takeru.

Tomó el número de la cabaña que era un papel plastificado, donde se leía el dígito ocho en azul y avanzó, siguiendo los pasos de Takeru, quien ya estaba —a varios metros delante de él— revisando todo lo que sucedía a su alrededor. Yamato se adelantó hacia la pequeña construcción de madera que era señalada por el número ocho.

— ¿Y tu eres? — Dudó un niño de cabello azul, el cual estaba parado delante de la puerta. Yamato vio que estaba anotando nombres. Uno debajo del otro. Y que temblaba ligeramente.

— Ishida y Takaishi. — Replicó el rubio — Yamato Ishida y…

— Yo soy Takeru — Lo interrumpió su hermano — ¿Aquí vamos a dormir?

El niño de cabello azul que —Yamato sabía— era un año mayor que él, asintió — Sí. Yo soy el consejero — Señaló la banda azul que rodeaba uno de sus antebrazos — Cualquier duda, yo los ayudaré. — Agregó aunque Yamato tuvo que enarcar una ceja ante el tono vacilante.

La puerta del lugar se abrió y Yamato vio a una persona que no esperaba. — Parece que tenemos que hacer todo juntos nosotros — Determinó Taichi, mirando a los recién llegados rubios — A Sora también le tocó esta cabaña — Musitó.

— Sí, sí, hermosa casualidad, Taichi. — Musitó Jou — Métete adentro que hay que esperar a Tachikawa e Izumi.

Pero Yamato no llegó a oír las palabras.

Había oído algo similar, alguna vez, pero nunca había sido especialmente dado a recordar los refranes y demás.

Sin embargo, por algún motivo, aquellas palabras acudieron a su mente sin planearlo en realidad.

Las casualidades no existen... solo existe lo inevitable…

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N/A: La llegada al campamento, nunca antes vista ni presenciada por nadie (? Todavía no me decido exactamente que rumbo seguirá Crónicas pero aun así, aquí este otro capítulo de Yamato!

Muchas gracias a todos los que leen, comentan y/o siguen Crónicas!

Hasta la próxima

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Saludos ^^