Muchas gracias por los comentarios del capitulo anterior. Si les gustó mucho ese, estoy segura que con este se deleitarán mucho más. Se revelaran otras cosas que serán de suma importancia para el resto de la historia y ahora nos acercamos al verdadero conflicto. Espero les guste.


-10-

Crónica.


Sakura despertó por la madrugada, estaba agitada y sentía un hueco en el estómago. Se removió inquieta, sudorosa y quejumbrosa, mientras intentaba salir del tumulto de mantas en donde estaba enredada. Cambió de posición lentamente y sintió la respiración de Sasuke en su nuca, parecía despierta y le miró levemente sobre su hombro. La oscuridad no le dejaba verle, pero ciertamente lo sentía despierto.

—¿Amo?

—¿Tenías una pesadilla? – él estaba alerta.

—Disculpe, ¿Me movía mucho?

—Un poco. – bostezó. —¿Qué soñabas? – se acercó un poco más a ella mientras la obligaba a encararlo halándola de un brazo. Sus cuerpos se enfrentaron un momento y hubo un instante en el que los dos quedaron en perfecto silencio.

—Con mi madre. – confesó luego de esperar. —Pero son imágenes confusas, no muy claras.

—¿Qué era? – por su expresión y la calidad de la voz no sonaba especialmente emocionado de escucharla, pero contestó después de todo.

—Estábamos en un carruaje. – comenzó a decir. —Estaba cayendo el sol, yo iba recostada en su regazo y ella me cantaba una canción. – sin pretenderlo del todo llevó sus manos a su vientre. —Cuando casi conciliaba el sueño y estaba por cerrar los ojos… ocurrió un estruendo. Ella se aferró a mí y la mire, su rostro era tan desolado, entonces escuché muchas voces y gritos, las manos de mi madre me apretaban los antebrazos y me lastimaban, no dejaba de llorar y gritar.

—Entonces despertaste. – ella asintió. —¿Era un sueño o un recuerdo? – ante la perspicacia del hombre ella no pudo defenderse.

—Pasó hace mucho tiempo. – comentó Sakura. El silencio de la noche hacía eco en su corazón.

—¿Qué pasó hace tiempo?

—Antes de que yo… - entonces cayó soltando un gemido, dándose cuenta que estaba hablando más de la cuenta.

—Hace tiempo supuse que guardabas muchos secretos. – Sasuke se levantó veloz y la aprisionó entre sus brazos, juntando sus cuerpos y rozándose de forma intima. —Será mejor que abras la boca, Sakura. – la apretó un poco más y su vientre respingón tocó el abdomen de él.

—Por favor, amo. – ella se removió incomoda por la pérdida de espacio vital. —Me ahoga.

—Tonterías. – el unió sus frentes. —Eres muy cálida y pronto cambiará la estación. – si no fuese porque no tenía una erección podría estar segura que lo que se avecinaba era otra sesión de sexo, pero no fue así. Sasuke solía comenzar sus relaciones con palabras sugestivas y estas lo parecían. —Cuéntame tu pasado, Sakura. Tú sabes una parte de mío, es justo que me cuentes algo del tuyo. – ella suspiró y supo que se había resignado.

—¿Qué es lo que quiere que le cuente?

—¿En dónde naciste?

—Lo cierto es que no lo sé. – el respirar de Sasuke le había cosquillas en la nariz. —No lo recuerdo. – especificó.

—¿Cuál es tu apellido? – interrogó mientras paseaba sus manos por la larga melena de ella.

—No lo sé. – de nuevo retrocedía.

—¿Cómo te separaste de tu madre?

—Pues… - suspiró cansinamente. —Fue cuando tenía cinco años. Unos meses antes de que la señora Mikoto me acogiera en su casa. – Sasuke se puso alerta al escuchar el nombre de su madre.

—Cuéntame.

—No recuerdo bien algunas partes… Pero si lo esencial. – respiró profundamente, todavía faltaban unas horas para que saliera el sol y dado que al parecer ninguno de los dos regresaría a dormir sería bueno charlar.

Tras un rebote molesto, la pequeña Sakura abrió los ojos ligeramente perturbada. Era una tarde de primavera y hacía apenas unos días que había cumplido los cinco años de edad. Le habían celebrado en casa, pero no recordaba mucho de la ceremonia, tan sólo un viaje provincial en el cual las únicas personas que yacían en aquel carruaje era el chofer, su madre y ella. Sakura estaba a su lado, recostada entre los brazos de su madre mientras que ella tenía un rostro relajado mientras miraba por la ventanilla, disfrutando de la brisa de aquella hermosa tarde en aquel camino desolado.

—¿Te despertaste? – la mujer la miró con ternura, pues Sakura rascaba sus ojos y bostezaba mientras se desperezaba.

—¿Falta mucho para llegar, mamá? – la encaró sin responder la otra pregunta, haciendo evidente su consciencia.

—Eso me temo, cariño. – la mujer pasó una mano detrás de su espalda y la recargó en su regazo. —Duerme otra vez, lo más seguro que es nos quedemos a pasar la noche en algún hostal. – el sonido del caballo relinchar y el vaivén del coche simplemente la convencieron de que era lo mejor. Asintió y volvió a posicionarse, con la cabeza en las piernas de su madre y estirando el resto de su cuerpo, para así conciliar el sueño.

—¿Me despertarás cuando lleguemos?

—Sí, yo te diré. – le dio un beso en la frente.

—Mamá, ¿Me cantarías la canción que me gusta?

—Sí, mi amor. – comenzó a peinarla ligeramente y comenzó a recitarla entonada. Sakura parpadeó un par de veces y después cerró los ojos relajando el cuerpo y hubiese logrado dormirse, si no fuese porque una tremenda sacudida la lanzó directamente al suelo del carruaje. Sakura alzó la cabeza apresurada al momento que Mebuki la sostenía de los brazos para alzarla.

—¿Qué está pasando? – preguntó asustada.

—No sé… - iba a asomarse por la ventana cuando escuchó el grito de varios hombres y un disparo, seguido del relinche de un caballo. —¡Oh, no! – se apresuró a abrazar a su hija y tras varias palabras altisonantes, la puertezuela del coche se abrió violentamente.

—¡Salgan con un demonio! – era un hombre con la cara cubierta por una antifaz y un pañuelo.

—¡Por favor, no tenemos nada! – gritó Mebuki mientras protegía a Sakura con su cuerpo.

—¡Que salgan! – dio un tiro al aire y ambas mujeres gritaron asustadas. El ladrón tomó a la madre de Sakura de la muñeca y la haló con tanta fuerza que su brazo sonó ante la violencia.

—¡Mamá, mamá! –gritó ella, sin saber que estaba pasando realmente.

—¡Traigan a la mocosa también! – el otro lado de la cabina se abrió y un hombre más grande tomó a Sakura entre sus manos, cubriéndole la boca para que no gritara y separándola de su madre.

—¡No, Sakura! – Mebuki se removió entre los brazos del malhechor intentando llegar a ella.

—¡Tomen todo lo que encuentren de valor! – dijo el líder y mientras tiró de Mebuki lo suficiente como para hacerla retroceder. La lanzó al suelo y le dio una patada en la boca del estómago, la mujer exclamó mientras perdía el aliento.

—¡Madre! – Sakura se removió en los brazos de su captor desesperada.

—¿Qué hago con ella?

—No me interesa, mátala. – dijo el líder, también registrando el carruaje.

—¡No, no, por favor! – su madre se alzó para correr donde Sakura pero no pudo llegar a ella, pues el hombre que la sujetaba la tiró al suelo y atrapó a la mujer mayor para forcejear con ella.

—¡Es muy rebelde, señor! – dijo con gracia, pues era evidente que no podría ganarle.

—¡Desgraciado! – la mujer lo abofeteó y logró herirlo con sus uñas en un ojo. El hombre se retorció pero no la soltó. Los otros dos hombres, puesto que parecían ser tres, se rieron de él.

—Maldita perra. – el hombre la tomó del cabello y la doblegó.

—¡Mamá! – Sakura continuaba llorando angustiada.

—¡Corre, Sakura! ¡Corre! – gritó entonces, mientras el maleante la golpeaba. Sakura, tan aterrada y aturdida miró alrededor y al ver que los ladrones se abalanzaban contra ella espabiló y se echó a correr.

—¡No escapará! – la enfocó en la mira, preparándose para disparar.

—¡No! – Mebuki se alzó y se interpuso más fue sostenida antes de lograr algo.

La bala emergió del arma de fuego y siguió su trayecto hasta completar su recorrido.

—¡Sakura! – el grito de la mujer sosegó la vida de aquel paisaje remoto, mientras la sangre emergía al igual que sus lágrimas.

Sakura despertó después, cuando ya era de noche. Le dolía a horrores la cabeza y tenía mucho frio. Se percató que estaba en el suelo, sucia, empapada y sangrando. Se había hecho un corte en la cabeza tras correr y tropezarse, el disparo le había rozado un hombro pero no logró herirle, no obstante el golpe sí.

Cuando entendió en el lugar donde estaba se alzó rápidamente y lloró desconsolada.

—¡Mamá! – llamó mientras regresaba por donde había venido. El carruaje no estaba y en lugar de eso había algunas manchas de sangre y el rastro de una zacapela. Gimoteó mientras se sostenía la cabeza angustiada. La luz lunar a duras penas se notaba y su cefalea, acompañada del miedo creciente la paralizaban a ratos. Sin embargo, volvió a llamar a su madre. La llamó tantas veces su boca le permitió y mientras avanzó por los alrededores, rogando por no tropezar de nuevo, pues todavía estaba mareada y por encontrar a la mujer.

Finalmente, cuando no pudo avanzar más el cansancio de apoderó de ella y el sonido de los animales la tensaban hasta hacerla tambalearse. No fue hasta que a unos cuantos metros encontró luces encendidas y el olor del humo. Que corrió a pedir ayuda. Cuando llegó se encontró con una vieja casa habitada por un ermitaño. El hombre, al verla en tan malas condiciones le permitió curarse y comer algo. Le dio un techo para dormir y la protegió del frio. Después de ello, a la mañana siguiente la dejó cerca de un pueblo y le dio la dirección de las autoridades, para que reportarse su estado, a partir de ahí, no quiso responsabilizarse más.

Sakura caminó otro rato y llegó al centro del pueblecillo. Cuando estaba por cruzar una de las calles principales para llegar donde vivía el alguacil, el bramido de un animal al cual les tiraban de las riendas, junto a una tolvanera de polvo, la empujó contra el suelo. Gritó asustada y observó un enorme caballo de color negro que gruñía.

—¡Oh, santo cielo! – de la puerta de pasajero emergió una mujer vestida elegantemente, sosteniendo la tela para no ensuciarla y con un rostro preocupado. —¡Kuro, cielos, Kuro! – se bajó por completo y fue donde el chofer, quien ya estaba en el suelo, calmando a los animales.

—Mi señora, no es nada, por favor espere dentro. – recitó mientras sostenía las amarras de los animales.

—¡Oh, cielos! – miró a Sakura, quien estaba en el suelo totalmente empolvada. —¡Pequeña! – le ayudó a levantarse. —¿Estás bien? ¿No te ha golpeado el caballo? – ella negó en silencio. —¡¿Qué en qué estabas pensando, criatura?! – la sacudió con cuidado. —¿En dónde están tus padres? Seguros están preocupados.

—Por favor, ayúdeme. – suplicó mientras se aferraba a la mujer. —Unos hombres se llevaron a mi mamá. – lloriqueó.

—¿Pero qué dices, pequeña?

—Mi lady, los animales ya están tranquilos, ¿Nos vamos? –el jinete se acercó presuroso. —Lord Fugaku la espera. – recordó.

—No, no podemos dejar a esta niña sola. – se giró a Sakura. —¿En dónde está tu padre? ¿Tienes otros parientes?

—No sé. – lloró más fuerte.

—Seguramente se habrá perdido. – opinó el chofer.

—Llevémosla a las autoridades, ellos sabrán que hacer. – y de una forma misericordiosa la mujer subió a la pequeña al carruaje. No obstante, lo que pasaría después sería aún menos fructífero.

—Lady Mikoto me acogió ese día, cuando se dio cuenta que las autoridades no harían nada por mí. – terminó de contar Sakura, un poco más alejada de Sasuke, quien parecía entretenido por la anécdota.

—¿Y tu padre? – ella negó con la cabeza.

—Nunca lo conocí. Ese día lo conocería, pero nunca llegue a verlo.

—Entiendo. – Sasuke se quedó serio, sin agregar más. —Fue así que mi madre te acogió en la casa.

—Ella me ayudó y ofreció su hogar para vivir y trabajar. – respiró profundamente, mientras cerraba los ojos. —Lady Mikoto era muy buena conmigo.

—Ya veo. – Sasuke se giró para estar bocarriba. —¿Qué pasó contigo, después del incendio? ¿Quién te ayudó a escapar del fuego?

—Uno de los empleados. Acompañaron a capataz y me sacaron casi al último. Después de eso yo… Me convertí en una esclava.

—No sabía que te habían vendido.

—No tenía un hogar y nadie podía cuidar de mí. Todos asumieron que era una esclava o una huérfana a la quien nadie extrañaría. Arribe a una casa de esclavos y fui comprada poco después. – ella se estremeció. —No estoy segura si quiere saber el resto. –él lo comprendió. Seguramente los años posteriores a la tragedia Uchiha las cosas no habrían sido fáciles para Sakura.

Imagino las jornadas de trabajo que tuvo que haber cubierto para no ser castigada. Las ordenes de sus superiores y el hambre que debió pasar. No tenía idea de cómo había ido a parar a la casa de aquel posadero, pero lo más seguro sería que fue intercambiada o vendida. El sólo recordar a la Sakura de entonces le causaba lástima.

Cuando la encontró en la calle, siendo apaleada por su amo en turno, un sentimiento de curiosidad y nostalgia apareció en su pecho. Fue lo suficientemente intenso como para hacer que se detuviera de su recorrido y decidiera comprarla. Lo cierto era que su estado era bastante deplorable. Se trataba de una Sakura madura, sin aquellas facciones infantiles, pero con unos pozos verdes llenos de tristeza y resignación.

Estaba tan desnutrida y magullada que decidió no presionarla demasiado al momento de subirla al carruaje. Casi cojeaba y se mostraba tímida, pues seguramente le dolían los golpes. Pudo identificar a una persona humillada y al mismo tiempo sumisa e inteligente, pues, aunque no le conocía, no lo había rechazado en cambio lo había obedecido.

Conforme avanzaron los días se sentía más atraído. Era casi como si fueron dos almas de antaño que de ven después de un largo tiempo y tuvieran cosas pendientes por relatar. Pero ella era muy callada y eso, junto a la necesidad de interrogarla por aquella extraña sensación que despertaba cada vez que la veían, lo motivaban a abordarla de diferentes formas. Dudada que con su decadente salud pudiera hacer mucho, pero una vez que se dio cuenta que no parecía huir del trabajo, comenzó a presionarla hasta el punto de sentirse severamente atraído a ella.

Aquella noche, en la que ebrio llegó a su oficina y ella, curiosa y algo tonta se inmiscuyó en asuntos ajenos, dejó que su atracción y necesidad fuese más fuertes.

—Está bien. – dijo después de un rato de silencio. —Duerme otro rato. – Sasuke le dio la espalda. —Ya no pienses en tu madre. – ella no dijo nada, acarició su vientre y cerró los ojos por otro ratito.

Los toques a la puerta de su habitación lo despertaron y se enderezó perezosamente. A juzgar por la luz que había el amanecer lucía en todo su esplendor y se recriminó mentalmente por hacerse quedado dormido más tiempo de lo permitido, pues generalmente él se levantaba al alba.

—¿Qué sucede? – contestó con voz firme, sin revelar que recién se despertaba.

—Conde Uchiha. – era la voz del mayordomo del rey. —Me disculpo si molesto, pero su majestad ha pedido su presencia en el desayunador. Todo está servido.

—Muy bien. – el asintió y se levantó, estaba desnudo. —Dile que bajaremos en cinco minutos.

—Así será, mi señor. – el hombre se alejó de la puerta. Sasuke se giró a Sakura, quien ya estaba despierta y lo observaba por debajo de las mantas. El cuerpo maduro y torneado de Sasuke la intimidaba pues cuando no estaban haciendo el amor, las situaciones de ver al amo sin nada de ropa la incomodaban, haciéndola ver lo dominante y sereno que podía mostrarse, cuestión que la hacía sentirse indefensa ante él.

—Ya escuchaste, será mejor que te vistas rápidamente. – caminó lentamente hasta la habitación del baño y encontró una vasija con agua fría. —Me lavaré el rostro, date prisa. – ordenó como comúnmente lo hacía y ella asintió mientras, sosteniendo las mantas se levantaba para buscar en su bolso un buen vestido.

Los dos llegaron donde el rey poco después, quien por cierto ya se había adelantado y comía tranquilamente un pan tostado con mermelada, al verlos sonrió cuan viejo zorro y Sakura se sonrojó inevitablemente, pues comprendía la referencia implícita.

—¡Buenos días! – exageró un poco el saludo. —¿Cómo amanecieron? ¿Cansados? ¿Descansados? Por favor, tomen asiento, serán mis invitados esta mañana también.

—Se lo agradezco, majestad. – Sasuke se sentó en la mesa, pero a diferencia de él Sakura permaneció de pie a su lado. Jiraiya la miró divertido y comprendió que esa actitud sólo podía ser la de un esclavo.

Los esclavos no tenían derecho a compartir la mesa con su amo. En realidad, fuera de los días que comía sola en su cautiverio desde que Sasuke supo que estaba embarazada, Sakura conservaba la costumbre de pararse a un lado de la mesa y esperar a que el conde terminase de comer para poderlo hacer ella y no en la mesa, sino en algún rincón de la cocina.

—¿Qué pasa, pequeña? ¿No tienes hambre? – preguntó el rey, lo dudaba, pues aquella enorme barriga le indicaba la necesidad de la joven de consumir alimentos más variados. Ella no contestó pero bajó un poco la cabeza.

—Esperare, estoy bien así. – Sasuke la miró por encima de su hombro. Jamás se había sentado en la mesa al lado de Sakura y no conocía sus modales a la hora de comer. Las pocas veces que la había visto ella era tan minuciosa y comía sosteniendo los platos en las manos, pero no por ello tendría que tener una buena forma de consumir los alimentos.

—¡Tonterías! – se carcajeó el rey. —Entiendo que tu condición de esclava no te termina hacer ciertos "papeles", pero como dije antes, eres mi invitada, así que siéntate un rato y come, yo no te juzgaré. – era por demás amable y tierno. La servidumbre del palacio murmuró cosas entre ellos y Sakura tan sólo se incomodó más.

—No debo comer junto al amo, es incorrecto. – ella se estremeció. Cuando era niña había osado morder una hogaza de pan frente a su dueño, el primero, y éste ofendido la había abofeteado y aleccionado sobre lo que estaba mal y bien frente a él.

—Lo sé, lo sé, pero estoy invitándote, no tienes por qué ser tan rígida.

—Pero… - ella retrocedió un paso y al ver que Jiraiya comenzaba a frustrarse Sasuke decidió intervenir.

—Sakura. – su voz tan fría y grave, para su timbre habitual, sonó como reproche y orden al mismo tiempo. —El rey te ha ofrecido su mesa. Siéntate. – esa palabra era un claro: No me humilles frente a él. Pues, entendía que aunque Jiraiya conocía el protocolo de trato a los esclavos, estaba haciendo una excepción con ella y por otra parte, entendía que Sakura estaría reacia a aquello por que no era lo habitual. Pero por esta ocasión lo dejaría pasar. Ella, tras sentir un escalofrió inclinó la cabeza y se sentó en una silla alejada tanto de él como de Jiraiya.

—No te vayas tan lejos. – sonrió el rey. —Ven, acércate más. Ni Sasuke ni yo mordemos. – le hubiese gustado decir que eso no era cierto, pues Sasuke sí que le había mordido antes, pero reprimió aquel comentario.

Finalmente se sentó al lado de Sasuke, quien a juzgar por su atmósfera yacía tranquilo pero expectante. La comida fue servida y todos comieron en silencio y cuál fue la sorpresa de Sasuke que Sakura comía ordenadamente. Así, tras terminar los alimentos y salvo uno que otro comentario por parte del rey el desayuno fue muy ameno.

—Debemos irnos, su majestad. – informó Sasuke una vez que sus platos fueron retirados.

—¿Tan pronto? – el rey fingió tristeza. —Está bien, pero antes de que te vayas me gustaría comentarte algunas cosas en privado. – miró a Sakura y le sonrió ligeramente. —Espéralo en la sala de estar, linda. – ella asintió, miró a Sasuke quien también concedió su petición. Se retiró en silencio y junto a ella el resto de la servidumbre, dejándoles solos.

—¿Qué es lo que quiere decirme, señor?

—Sasuke, aunque no lo creas me alegra que Kabuto te haya traicionado. – el conde frunció el ceño inmediatamente. —No me malinterpretes, no estaba enterado que él tuviera una relación con Orochimaru, sino porque ahora tengo un presunto culpable respecto a este embrollo.

—¿A qué se refiere?

—Hace poco recibí una carta y un emisario del reino vecino. Se trataba de un problema mayor que involucraba tu negocio. – Sasuke frunció aún más el ceño. —Parece ser que alguien, y quizá Kabuto, tenía negocios lucrativos a tu nombre en el extranjero. No estoy seguro si fueron de una magnitud tan grande como para ofender a Gaara, pero parece que decidió tomar cartas en el asunto. – Gaara era el nombre del rey vecino, aunque más bien era un Sultán que controlaba enormes extensiones de tierra y que poseía ascendencia árabe. Muy inteligente y maduro para su edad, era un monarca de temer.

—¿El rey Gaara? – Sasuke frunció el ceño.

—Hace poco unos comerciantes con una carta de parte del palacio real vecino demandaba un rembolso cuantioso por ciertos fraudes cometidos. No sé que tan extenso era ese negocio, pero no podía creer que tú estuvieras involucrado.

—¿Está tratándome de decir, que Kabuto no sólo me traicionó, sino que estaba estafándome? – Jiraiya podía notar la ira en su rostro.

—Hace una semana recibí a los caballeros, dicen que han estado comercializando una buena suma de oro a cambió de barricas enteras de tu preciado vino. Sé que es exquisito, por eso eres tan exitoso, pero las cantidades son ridículas, esas cantidades tan sólo podrías producirlas en masa y con otro huerto a tu disposición, ¿O me equivocó?

—¿Tiene la carta? Quiero leerla.

—Sí, permíteme un segundo. – Jiraiya llamó a su mayordomo y éste respondió rápidamente.

Sakura yacía sentada en la sala principal, tenía un hermoso decorado y había un piano junto a varios sillones de terciopelo y madera fina alrededor. Estuvo tentada por acercarse al piano y teclearlo, pues aunque no sabía tocar, le era encantador cómo el sonido se producía con accionar una simple palanca. Así que, presa de la curiosidad se acercó un poco al instrumento y tras comprobar que estaba sola destapó el piano y acarició las teclas con delicadeza. Poco después presionó una y el sonido de un do le pareció hermoso. Tocó un re y después un mi, los sonidos ascendían en una escala cromática y ella sonrió.

Llegó a sol y motivaba, queriéndose sentar en el banquillo escuchó la voz de alguien más, recorriéndose apenada.

—Oh, por favor, mi lady. – ella encaró entonces a un hombre mucho mayor que ella, de bigotes y patillas, de cabello llamativo y mirada afable, vestido pulcramente como un noble. —No se interrumpa por mí, adelante, toque algo. – invitó él más Sakura simplemente terminó por alejarse más. Al hacerlo vio su vientre de cinco meses de gestación y sonrió enternecido. —¡Oh, pero que hermoso vientre, mi señora! – se acercó a ella galante y la tomó de una mano para besarle educado. —Mis felicitaciones. – ella se sonrojó levemente. —¿Es usted hija del rey? ¿Acaso su nuera? No me dirá que es su esposa, ¿Oh sí? – soltó lo último con gracia. Pero ella negó al término. —Lo que pensaba. ¿Cómo se llama? – Sakura no respondía, seguía mareada por tantas palabras en menos de un minuto. —¡Pero claro, que descortés! – él se rio. —¿Cómo podría saber su nombre si yo no me he presentado? – se alejó un poco y se inclinó con educación. —Soy el Vizconde de Haru. – sonrió encantadoramente. —Haruno Kizashi, a sus servicios mi lady. – ella se sintió incomoda. —¿Cuál es su nombre? – pidió ahora con gallardía. Ella tragó saliva.

—Sakura. – contestó secamente. Se alejó unos pasos más de él.

—¿Sakura? ¿Sólo Sakura? – sonrió encantadoramente, pese a su edad era un hombre seguro y guapo, además de pícaro.

—Sí. – ella retrocedió un poco más.

—Entiendo. – él sonrió otra vez. —¿A mi lady le gustan los chistes? – festejó él, con decoro. Ella se encogió de hombros. —¿Sabe mi señora por qué el país vecino tiene tanta arena? – ella negó con la cabeza. —¡Por qué sus costumbre son muy viejas! – rio animado, pero Sakura simplemente alzó una ceja. Si eso era un chiste era muy malo. —Vaya, ¿No lo entendió? Sí, ya sabe, viejo, arena… - Sakura continuó callada.—Está bien, no tiene importancia. – se compuso levemente.

—Mi señor Haruno. – el mayordomo del rey entraba a la sala de espera, interrumpiéndole. —Oh, que grata sorpresa. Tenía una cita con su majestad hoy, ¿Cierto?

—Sí, pero puedo esperarlo si está ocupado.

—Le diré que está aquí, no creo que tarde en atenderle.

—No se preocupe, estoy esta simpática señorita. – irónicamente, Sakura no había dicho nada.

—Por favor, tenga paciencia. – se retiró del salón, dejándoles solos nuevamente.

—Entonces, mi señora Sakura, ¿Está aquí de visita? – ella asintió. —Oh, qué bueno saberlo. El rey es un hombre muy amble, ¿Es conocido suyo? – ella negó. —Bueno, tal vez de su esposo. – intuyó, mas Sakura no dijo nada, tan sólo se sonrojó levemente ante la mención de Sasuke como su marido. —Ah, pero que ternura es usted. Tan tímida y sonrojándose de esa manera con la mención de su marido. Debe ser un hombre afortunado. – volvió a reír. —También veo que están esperando un hijo, que gran bendición. – pudo apreciar la tristeza en el rostro del Vizconde. —Deberá cuidarlo y quererlo mucho. – entonces los humores del hombre cambiaron a la melancolía.

—¿Por qué? – se atrevió a preguntar.

—Pues… - el noble se sentó a su lado y suspiró sonoramente. —No todos tenemos la suerte de conocer a nuestros hijos. – ella se compadeció, seguramente los habría perdido antes de nacer o alguna tragedia habría marcado su vida. —Pero bien, no hablemos de cosas tristes. ¿Le gustaría a mí lady continuar con su concierto? – señaló el piano.

—Oh, no sé hacerlo. – confesó.

—Oh, es una pena. – fingió tristeza. —Por suerte para usted, yo sí. – se acercó al piano y abrió la tapa. —¿Alguna petición? – ella se encogió de hombros. —Entonces yo tocaré algo para usted. – y comenzó a ejecutar la pieza. La melodía se extendió por todo el palacio.

Sasuke tenía la mandíbula duramente cerrada. Tras leer la carta tenía los ojos inyectados en ira y una imponente aura oscura rodeándole. El rey, comprendiendo su furia carraspeó para intentar aligerar sus humos.

—Me encargué de hablar con los mensajeros y le mandé una carta del rey Gaara. – comentó para que Uchiha lo viera. —Me comprometí a aclarar este lío y claro, a involucrarte para limpiar tu nombre. Mandaré lo más pronto posible a un grupo de mis mejores agentes para que busquen a Kabuto y llevarlo ante la justicia.

—Está bien. – tenía los nudillos blancos de la presión. —Me gustaría ayudarle en lo que sea posible.

—Lo harás.

—Majestad. – el mayordomo irrumpió en la conversación. —El Vizconde de Haru lo espera.

—Oh, es cierto. – miró a Sasuke, apenado. —Lo lamento, Sasuke. Había quedado de verme con el Vizconde para tratar algunos asuntos de su provincia. Es un asunto político, espero que no te moleste que demos por terminada nuestra conversación.

—No, descuide. – se levantó, aun tenso. —Estaremos en contacto, majestad.

—Dalo por hecho. – estrechó su mano. —Hazme saber si tienes avances, así como yo te lo haré saber.

—De acuerdo. – reverenció cordialmente. Entonces se escuchó el sonido de una melodía en el piano. —¿Qué es eso?

—Ah, debe ser el Vizconde, le gusta tocar el piano. – Jiraiya se cruzó de brazos. —Y a juzgar por la forma en la que toca debe estar muy emocionado.

—Muy bien. – Sasuke ignoró lo último. —Me retiraré, majestad.

—Buen viaje, Sasuke. – sonrió y se despidieron.

—¿En dónde está mi esclava? – preguntó al mayordomo.

—En el salón, mi señor.

—Gracias. – caminó entonces para encontrarse con ella y al llegar al salón principal el sonido del piano remarcaba una cadencia final y llena de emoción. Sasuke arribó al umbral de la puerta al momento que Kizashi terminaba de ejecutar su melodía y se volteaba a Sakura con una sonrisa enorme.

—¿Y bien? ¿Le ha gustado a mi lady? – ella sonrió contenta y asintió. Era la primera vez que escuchaba una canción tan hermosa además de la canción de cuna que solía recitar su madre. —¡Ah, estoy tan feliz! – le tomó de nuevo una mano y la apretó entre las suyas. —Es usted muy simpática y dulce, mi lady. – Sakura se sonrojó.

—Sakura. – la voz funesta, helada y demandante de Sasuke sorprendió a los dos. Tanto el Vizconde como ella voltearon a verlo, pues estaba detrás de ello y su rostro reflejaba una fatídica expresión llena de molestia.

El hombre más viejo analizó todo rápidamente y volteó a ver su agarre para con la chica. Los ojos de molestia de Sasuke eran claros y comprendió su error.

—Oh, buenos días. – liberó a Sakura y se giró rápidamente a Sasuke, quien continuaba de pie y firme ante ellos. —Me presento caballero, soy el Vizconde…

—Sakura. – mas Sasuke lo ignoró olímpicamente, su vista estaba sobre la chica, quien se veía nerviosa ante su acusadora mirada. —Ve al carruaje, nos esperan. – gruñó y ella se levantó obediente dirigiéndose a la salida.

—Oh, pero no se vaya así. – Kizashi le llamó y ella le miró. —Fue un placer conocerla, mi lady. Espero que todo vaya de maravilla. – se acercó lo suficiente y acarició su vientre. —Sea feliz, por favor. – los ojos de ambos se encontraron un instante y el noble sintió una enorme nostalgia. —No me había dado cuenta… de los hermosos que son sus ojos, señorita. – sonrió con cierta ternura.

—¡Sakura! – Sasuke sacó a ambos de aquel Eliseo para hacerse notar. Se acercó a ella y la tomó de un antebrazo. —Ve al carruaje, ahora. – la chica podría jurar que si no fuese porque aquello sería físicamente imposible, los ojos negros de Sasuke estaban tan molestos como si fuesen a pintarse de rojo en cualquier momento. Ella asintió torpemente y tras hacer una pequeña reverencia de despedida caminó en silencio. Kizashi se enfrentó a Sasuke, quien le devolvió una mirada funesta.

—Oh, mi señor, no tiene por qué molestarse yo no habría de interponerme entre ella y usted.

—¿Qué? – eso lo agravió aún más.

—No tiene por qué encelarse, soy un hombre muy viejo para ella y tal parece que usted pronto será padre.

—Guarde silencio. – gruñó. Para después darse media vuelta y salir de ahí. El hombre rio un poco al verlo partir y después colocó una cara llena de añoranza.

—Oh, Mebuki, ha pasado mucho tiempo. – musitó con pena.

—Mi señor. – el mayordomo lo interrumpió. —El rey podrá recibirlo, pase por aquí.

—Sí, muchas gracias.

Cuando Sasuke salió al recibidor, Sakura ya estaba adentro del coche. Le pidió al chofer que emprendiera el viaje y tras cerrar la puerta una enorme tensión llenó la cabina. Sakura estaba callada, con sus manos entrelazadas sobre su vientre y pensativa. Sasuke, por su parte entró con un humor fatal, tenía el rostro serio, pero por dentro se deformaba una creciente ira. Sakura lo miró de soslayo y tras tragar saliva, aún indecisa, decidió hablar con él.

—¿Cómo le…?

—¿Qué crees que hacías? – bramó él, por otro lado, interrumpiéndola.

—¿Cómo? – Sakura alzó ambas cejas.

—¿Te gusta coquetear con el primero que ves? – él mencionó entre dientes a lo que Sakura se sintió ofendida.

—Yo no he hecho tal cosa.

—Eres tan ingenua o sólo finges. – Sasuke hacía un esfuerzo grande por mantenerse estoico, pero era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan molesto. Quizá fueron muchas malas noticias en un solo rato.

—No sé a lo que…

—Cierra la boca, Sakura. – gruñó entonces sorprendiéndola. —No quiero escucharte ahora. – giró la cabeza hacia otro lado, mirando por la ventana. Ella le miró sorprendida. Podía reconocer esa actitud en cualquier parte, Sasuke estaba celoso, no había. ¿Pero celoso por qué? Si ella no era más que una carga, una esclava preñada que lo había desprestigiado. Le tenía confianza, le permitía tocarla y poseer su cuerpo, le gustaba, no podía negarlo, porque sería una vil mentirosa si dijera que no, pero ella comprendía que para él no existía nada más que su cuerpo de por medio.

¿O sería acaso que él…?

Sakura se sonrojó con tan sólo pensar en que existía una posibilidad, aunque fuese minúscula que Sasuke sintiera algo por ella. Luego sacudió la cabeza, no, era imposible. Sasuke sólo la veía como un objeto sexual, como una esclava y un ser humano de categoría inferior. De pronto sintió muchas ganas de llorar y se supo sentimental por el embarazo. Su hijo se removió inquieto y ella acarició su vientre, sin poder evitar que las lágrimas emergieran de ella. Sasuke se dio cuenta que lloraba, sería ilógico no escuchar sus sollozos aun cuando se había girado y le daba la espalda para que no la viese llorar.

Gruñó de nuevo y se giró por completo, deseando que el espacio entre ellos creciera kilómetros en ese instante. De pronto se sintió muy incómodo y la sensación de culpa se agolpó en el centro de su pecho al comprobar que Sakura lloraba. Dejó salir un sonoro suspiro y se alejó de ella, se acercó a la ventanilla y se recargó para ver el paisaje.

El resto del viaje fue en silencio y cuando Sakura dejó de llorar simplemente cayó para hablar con él solamente lo necesario. Se detuvieron a comer y pese a que degustaron los alimentos al lado del otro, no se dirigieron la palabra. Llegaron entonces a la mansión, Sakura se había quedado dormida una hora antes de llegar y Sasuke, quien la veía con recelo, no pudo evitar sentirse responsable por su bienestar. Se acercó a ella y le acomodó la cabeza, empujándola un poco y haciendo que su vientre se recargase inclinada para que pudiera dormir. Sakura se despertó al sentir el freno del carruaje y cuando contempló a Sasuke a su lado no agregó más. Uchiha se alejó levemente para darle espacio.

—Mi señor, hemos llegado. – anunció el cochero, mientras tocaba su puerta.

—Está bien. – se giró a Sakura. —Vamos. – ella no dijo nada al respecto, simplemente asintió y bajó después de él.

—¡Mi señor! – Anko y Barou fueron los primeros en acercarse. —¿Cómo le fue en su viaje? ¿Conservará su título?

—Sí, Anko. Todo fue de maravilla, el rey me ha permitido continuar como un conde.

—¡Es fabuloso, amo! – ella sonrió. —Pero vaya, es muy tarde y seguramente están cansados, las habitaciones están preparadas, cuando quiera.

—Bien. – Sasuke avanzó hasta adentrarse en la casa y tras despedirse de todos y agradecerle al chofer por sus servicios, se encontró caminando con una callada Sakura detrás de él, subiendo a lo que seguramente sería su habitación de huéspedes habitual.

Cuando estaba a medias en la gran escalinata y Sakura yacía a unos pasos detrás, Sasuke se frenó y se giró algo fastidiado. Sus miradas se encontraron y finalmente él jadeó exasperado. Bajó el resto de los escalones y se topó con Sakura de frente, la chica estaba tan callada como el día que la conoció.

—Creo que exageré. – dijo entonces, sorprendiéndola a ella y alzando una ceja sin entender a qué se refería. —Está bien, Sakura. Puedes hablar, ya no estoy molesto. – pero ella no dijo nada, enterándose entonces que aunque él no estuviera molesto ella sí que lo estaba. El conde frunció el ceño. —¿Es que acaso me aplicas la ley del hielo? – de nuevo silencio. —Habla, Sakura. Di algo. – no respondió. —Anda, es una orden. – entonces ella abrió la boca.

—¿Qué debería decirle entonces? – musitó. —Quizá piense que le estoy coqueteando. – Sasuke entrecerró los ojos.

—Empiezo a darme cuenta que tienes un carácter fuerte, además de dócil. – llenó de aire sus pulmones. —Pero evidentemente coqueteabas con ese hombre.

—¡Yo no coqueteaba con nadie! – gimió exasperada.

—Por favor, te ha dedicado una canción en el piano.

—Él se ofreció a tocarla. – se defendió. —Yo estaba sentada y comenzó con toda esa gallardía, ni siquiera recuerdo su nombre. – volvió a mascullar. Sasuke miró alrededor, las miradas curiosas empezaban a juntarse.

—Ven. – la tomó de la muñeca y la obligó a avanzar otro escalón. Caminaron hasta subir a la segunda planta y una vez ahí Sasuke los condujo al primer lugar que supo, su habitación. Cerró la puerta tras sí y encaró a Sakura, quien lucía sonrosada y molesta.

—Amo, por favor, yo no hice nada malo. Ese hombre se me acercó y…

—Está bien, Sakura. – ella se calló ante la sorpresa.

—¿Qué?

—Creo que ya hemos durado enojados todo el día. – suspiró y se acercó a la cama. Se sentó en ella y relajó los hombros. —Ya estamos en casa al menos.

—¿Seguirá enojado conmigo? – intentó averiguar. Sasuke farfulló algo que no puedo entender. —¿Qué ha dicho?

—Que no. – se recostó en la cama. Ahora se veía menos estresado. —Quizá exageré. – admitió. —Además las cosas no se ven mejor. – agregó por lo bajo. Sakura ya no quiso hablar más sobre el tema.

—Me retiro, amo. Estoy cansada.

—¿Cansada? – él la miró de forma socarrona. —Pero si dormiste todo el viaje.

—Pero no muy a gusto, además. – acarició su barriga. —Ha estado algo inquieto, creo que el reposo ayudará.

Sasuke la observó tranquilo y se levantó hasta llegar donde Sakura, le acarició el vientre posando ambas manos en este y dejando salir un gran suspiro. Sakura le miró sonrojada, había sido muy repentino.

—¿Has pensado en algún nombre?- le sorprendió el gran cambio de tema.

—Aún no. – susurró ella.

—¿Si es niño cómo le llamarías?

—No lo sé. – sus sentidos se embotaron, como si el enojo de hace un momento jamás hubiese existido.

—¿Y si es niña?

—Tampoco lo he pensado. – suspiró, Sasuke le acarició una mejilla con la mano.

—Estoy cansado. – dijo de la nada. —Pero no lo suficiente. – Sakura logró captar su indirecta.

—Yo sí lo estoy. – retrocedió un poco.

—Nunca te vayas a la cama enojada, Sakura. – pasó sus dedos alrededor de sus hombros y la atrajo a sus labios, uniéndolos y ella aceptando gustosa el contacto. Se besaron tranquilos, acariciándose y compartiendo el toque de sus lenguas. Sasuke los separó para que ambos pudieran tomar aire. Se miraron unos segundos y fue entonces que ella comprendió, que no saldría de esa habitación el resto de la noche.

—Ya no está molesto. – comentó ella, muy tranquila.

—Ni tú. – aseguró él.

Y así, sin nada más que decir Sasuke la guio a la cama hasta dejarla reposar en ella, para después recostarse a su lado e iniciar una danza que sólo podría terminar en algo que ellos conocían de sobre: Confort.

Las luciérnagas no revolotearon esa noche y eso sólo significaba una cosa, que la estación estaba por cambiar y con ella todo lo demás.

Continuará…

Como verán, nuestro Sasuke ha celado a su pequeña esclava y eso significa más que una simple atracción, ¿No es así? Bien, espero no equivocarme.

Ahora tambien conocemos un poco más de lo maquiavélico que era Kabuto, espero que lo atrapen pronto, a ese maldito. Sus teorias y comentarios son más que bienvenidos.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.