SORPRESA! \O/

Les voy a contar algo curioso: Justo después de que publiqué el capitulo anterior, decidí volver a actualizar más seguido. Así que me dije que haría capítulos más cortos pero con menos tiempo entre ellos. Y así comencé este capítulo, con la idea de que sería sólo una escena corta para que ni ustedes ni yo perdiéramos continuidad con la trama. Y bueno, lo curioso es que esta "escena corta" se alargó como no tienen idea. Había pensado la mitad de lo que escribí, pero la historia fue saliendo y saliendo y fluyendo y aquí está este capítulo de largo promedio, muchísimo más largo de lo que había planeado.

Espero que les guste mucho. Por favor los espero al final con sus opiniones. Es la primera vez que escribo cosas así de explícitas, así que díganme qué les parece.

Gracias infinitas a Lady Asucey Malfoy, Lily Masen, The Lady Nott, Matocro, Mary021, Valery Ahn y Bery Castel. Mis muy queridísimas, gracias por su review :) Y gracias también a todas las demás que me leen.

Por cierto, hago la advertencia: este capítulo tiene material explícito. Este capítulo es la razón por la cuál el fic tiene rating M. Si son susceptibles a este tipo de escritos, no lo lean. Repito, si no les gusta el lemmon, NO lo lean. NO. NO. No lo hagan!... Bueno, yo les advertí...


TO BE WITH YOU

By Aurum Black

Capítulo 9

Fuegos artificiales

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Un segundo habían estado fuera de San Mungo, mojándose a mitad de la calle mientras se besaban y al siguiente se encontraban en el edificio donde vivía Cedric. Aparecieron en el pasillo que estaba justo enfrente de la puerta de su departamento. Con una mano rebuscó en sus bolsillos tratando de dar con sus llaves mientras que con la otra no dejaba de aferrar el cuerpo empapado de Ginny que temblaba de frío, aunque a ella no parecía importarle mucho. Había pasado los brazos alrededor de su cuello y lo besaba seductoramente volviéndolo loco por completo, distrayéndolo de su misión de buscar entre los pliegues de su ropa.

-Diablos… -musitó separándose de ella a regañadientes para buscar apropiadamente, haciendo que ella soltara una pequeña y corta risa.

-¡Ay no! –dijo de pronto Ginny poniendo cara de preocupación. Cedric que por fin había encontrado sus llaves se maldijo internamente por haber tardado tanto, temeroso de que ella se estuviera arrepintiendo.

-¿Qué pasa? –preguntó con cautela

-Tiré mi cigarro en la calle… -dijo ella con cierto atisbo de culpa en el rostro. Cedric no pudo evitar sonreírle.

-No te preocupes, no pasará nada malo. Todo Londres está bajo el agua –le dijo él abriendo la cerradura con la llave y empujando la puerta. Entonces extendió el brazo señalando hacia adentro invitándola a pasar.

-De cualquier forma, no me gusta tirar basura en la calle –respondió testaruda entrando lentamente al departamento de Cedric.

Él entró detrás de ella sintiéndose nervioso por primer vez aquella noche, y cerró la puerta tras de sí. Pero antes de que pudiera decir algo más, Ginny ya había acortado el espacio entre ellos y sin dejar siquiera que él prendiera las luces, volvió a besarlo haciéndolo caer en un hermoso torbellino de sensaciones. Ella era fuego, era deseo, era pasión. Lo acorraló contra la puerta hundiendo su suave lengua en los labios de Cedric con fiereza mientras él la aferraba acariciando su espalda con manos ansiosas. No podía creer que aquello estaba pasando. Durante los últimos días no había dejado de pensar en ella, pero ni en sus momentos más optimistas había imaginado que podría pasar algo así, y mucho menos tan pronto. Ni siquiera llevaba una semana en Inglaterra y ya tenía a Ginny Weasley entre sus brazos. Pensó que si eso era lo que le esperaba al volver, debió haberlo hecho muchísimo antes.

A él le hubiera encantado retrasar cada minuto a su lado, le hubiera encantado disfrutar de cada caricia y prolongar cada sensación que ella le hacía sentir. Sin embargo parecía que Ginny quería todo lo contrario. Estaba llena de deseo y lo besaba con ansiedad, como si tuvieran los segundos contados y no quisiera desperdiciar ni un solo instante. Sin poder detenerse a reaccionar dejó que Ginny comenzara a desvestirlo. Con una sensualidad rebosante, ella bajó el cierre de la chamarra de Cedric y después la empujó hacia atrás hasta que hizo que él terminara de quitársela. Después le fue desabotonando con dedos hábiles la camisa, sin dejar de besarlo. Él se había quedado estático, dejándose besar y acariciar por esa pelirroja, sin poder evitar evocar a ese momento tres años atrás cuando estuvieron en una situación similar, pero muy diferente. En ese entonces él había sido quien la había acorralado y seducido, esta vez era ella quien tenía el control.

Unos segundos después él se encontraba desnudo del torso y ella lo acariciaba con esas pequeñas manos que le hacían sentir que su piel ardería en cualquier momento. Él cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás cuando los labios de Ginny bajaron lentamente por su cuello y se posaron en su hombro, recorriendo con esa suave y juguetona lengua cada parte de su piel. Sabía que debía hacer algo, abrazarla por lo menos, pero se había abandonado al placer que le estaba haciendo sentir, apretando los puños con fuerza a sus costados luchando por controlarse o explotaría del puro deseo. Entonces Ginny volvió a subir por su cuello trazando un camino de suaves besos hasta llegar a su oído y susurrarle muy bajito:

-La última vez que estuvimos en tu departamento fuiste tú quien me desvistió a mí… -Sin dejar que contestara algo, Ginny se separó de él y dio un paso atrás. Con unos cuantos movimientos se sacó las botas y las hizo a un lado para después quedarse parada frente a él mientras iba desabotonándose el abrigo – Parece que ahora lo tendré que hacer todo yo – Y entonces dejó que su abrigo se deslizara por sus hombros y terminara por caer al piso con un suave murmullo. A él le hubiera gustado quedarse observándola más tiempo, tratando de imaginar lo que había debajo de toda esa ropa mojada que se le pegaba al cuerpo, sin embargo Ginny decidió que no quería dejarlo a la imaginación y sin meditarlo más tomó los bordes de su blusa y se la quitó de un solo movimiento, dejándole ver la palidez de su piel, de su vientre y el valle de sus senos. Cedric la observó bajar sus manos hasta el borde de su pantalón que luego desabotonó de un tirón y cuando estaba a punto de empezar a quitárselo soltó una risa. Demasiado suave, demasiado corta, demasiado ligera. Ese fue el indicador que volvió a Cedric a la realidad y en un instante estuvo justo frente a ella tomándola por esa diminuta cintura disfrutando de la suavidad de su piel, recorriendo toda su helada superficie con sus cálidos dedos, tratando de que la fricción le quitara el frío que ella aparentaba no sentir.

Y la besó. La besó con desesperación y con ansia, con premura y avidez, sintiéndose embriagado por todo lo que ella desbordaba. No importaba qué tanto acariciara y besara de ella, simplemente necesitaba más y más. En cuestión de segundos se deshicieron de las prendas que les quedaban hasta quedar en ropa interior, sin más preámbulos y sin más esperas. Cedric la tomó de la cintura y ella enroscó las piernas en su torso. Con algo de esfuerzo él caminó unos pasos entre la obscuridad hasta llegar a un pequeño sofá y después de quitarse las últimas prendas que se interponían entre ambos, acomodarse sobre ella. Un segundo antes de seguir adelante, volteó a verla y encontró algo en su mirada que le dio desconfianza.

-¿Qué pasa? –dijo él en un susurro

-Nada –contestó ella de inmediato sacudiendo la cabeza y acercándose a él para volver a besarlo. Él le respondió el beso y volvieron a acariciarse y disfrutar de la cercanía de sus cuerpos desnudos. Cuando ambos se acomodaron, listos para dar el gran paso, ese que él había deseado tanto tres años antes y que no habían podido completar, ese que moría por hacer en ese momento, justo cuando se encontró entre las piernas de Ginny listo para empujar con lentitud, ella hizo un gesto de queja y lo rechazó un poco con todo el cuerpo, como negándose a dejarlo seguir.

-¿Qué pasa? –volvió a preguntar contrariado mientras se alejaba un poco de ella y se quedaba quieto.

Pero esta vez ella se había tapado la cara con ambas manos resoplando.

-¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué ahora? –susurró ella entre dientes más para sí misma que para él.

-¿Pasarte qué? –preguntó sin moverse ni un centímetro, casi aguantando la respiración, preocupado. ¿Se estaría arrepintiendo? ¿Acaso no le había gustado todo aquello?

-Nada –volvió a contestar ella negando con la cabeza y respirando profundamente –Sólo necesito concentrarme –añadió cerrando los ojos y volviendo a tomar aire –Ya… vuelve a intentarlo.

Él se quedó algo escéptico sin comprender lo que estaba sucediendo en realidad, pero decidió no decir nada más y obedecerla, después de todo ya había aceptado minutos antes que ella tenía el control aquella noche. No podía ser que Ginny estuviera arrepentida, ni podía desear que no siguieran... Había sido ella quién lo había ido a buscar y quien lo había acorralado, quien lo había seducido con todos sus irresistibles encantos... Con cuidado volvió a acomodarse entre sus piernas y con suma delicadeza fue acercando su parte más íntima hacia la de ella, pero cuando apenas se tocaron ella volvió a empujarlo, cerrando sus piernas casi instintivamente, y entonces volvió a resoplar con frustración.

-No… no puedo –musitó con un lamento.

Cedric se quitó de encima de su cuerpo y se sentó en el borde del sofá, mientras ella se encogía y se abrazaba a sí misma aún acostada. Se sentía decepcionado pero no se atrevió a decírselo, sobre todo porque cuando volteó a verla ella tenía una expresión que reflejaba el doble de decepción. Tenía la frente arrugada y la mirada baja, observando un punto vacío en el suelo. Cedric no sabría decir si se sentía enojada o triste.

-Lo siento –murmuró ella de pronto tiritando de frío.

-Descuida –le contestó acercándose para darle un beso en el cabello y después levantarse en la penumbra de su departamento. Fue a buscar su bata de dormir y se la puso y luego sacó una frazada grande de su armario para después volver a acercarse al sofá y tapar a Ginny con ella.

Ninguno de los dos volvió a decir algo más. Cedric buscó su varita y levantó toda la ropa que había quedado regada por el piso. La secó y la dejó doblada sobre una silla. Después caminó hacia la pequeña cocina para preparar algo de té. Desde ahí podía ver a Ginny aún acostada y sin moverse, y se preguntó qué era lo que le había pasado y le causaba tanto conflicto interno. Las luces de la sala seguían apagadas así que decidió no molestarla, por lo que caminó despacio tratando de no hacer ruido. Buscó entre las pesadas cortinas que colgaban en la pared hasta encontrar una puerta corrediza de vidrio y después abrirla con lentitud, saliendo a un amplio balcón que dejaba ver la hermosa vista de la estrellada noche de Londres. Ese lugar era lo que más le gustaba de su nuevo departamento y era justo por eso que lo había elegido. En lugar de los barandales comunes de hierro o madera, tenía una especie de sillón acolchonado que miraba hacia la puerta corrediza y cubría todo el borde del balcón. Sólo necesitaba hincarse o sentarse de lado en él para observar la hermosa vista y perderse en ella, en la gente y en el movimiento, en las luces, en el ruido y en el silencio…

Ya había dejado de llover, pero aún hacía un poco de frío. Cedric llenó sus pulmones con el aire ligero que había dejado la lluvia sobre la ciudad y luego se sentó en el sillón, pero esta vez no giró el cuerpo hacia afuera para poder observar el paisaje lleno de edificios y calles, sino que recargó su cuerpo sobre el respaldo y alzó la cabeza hacia el cielo para poder observar la noche en silencio. Así se mantuvo varios minutos sin pensar en nada en particular, hasta que el ruido de la puerta corrediza lo hizo enderezar la cabeza. Era Ginny envuelta en la frazada desde los hombros hasta las rodillas, con una mirada triste que le daba entender lo mal que se sentía por lo que sea que le había pasado. Él le extendió un brazo invitándola a sentarse a su lado y ella aceptó con gusto. Se sentó junto a él y sin avisarle se recargó en su pecho. Él la abrazo de forma instantánea, cerrando los ojos mientras aspiraba el perfume floral de su cabello y se quedaron así por un momento. Si le hubieran preguntado a Cedric por un momento que deseara prolongar infinitamente, de seguro respondería que ese. Claro que le habría gustado que el sexo se hubiera dado, pero ese abrazo significaba muchísimo más para él. No sólo era una válvula de escape con quien podía saciar sus instintos y necesidades, sino que estaba acudiendo a él por otro tipo de consuelo, algo más íntimo y tierno, más personal que el puro sexo.

-Lo siento tanto Ced… -musitó de pronto Ginny en voz baja

Él sonrió ante la mención de su nombre acortado. Sólo Luna lo llamaba así. Sólo Luna y obviamente Ginny. Quiso romper el abrazo para verla a la cara, pero ella se había aferrado a él y había enterrado el rostro en el pecho de Cedric, avergonzada.

-Ginny… -le susurró él haciendo un esfuerzo por separarse de ella, quien se mantuvo con la cabeza agachada mirando hacia el piso del balcón. Cedric la tomó de la barbilla con una mano e hizo que lo mirara–Todo está bien… -Observó sus ojos obscuros tratando de infundirle confianza.

-Debes pensar que soy una idiota… -le dijo con voz triste mientras él la soltaba

-De hecho estaba pensando en que nadie me había llamado "Ced" en muchísimo tiempo.

Ella le dedico una pequeña sonrisa que le hizo sentir algo cálido en el pecho. Ginny apretó más la frazada contra su cuerpo y luego se acomodó de lado en el sillón, manteniendo sólo un poco de distancia entre ellos.

-¿Ya no hablas con Luna?-le preguntó ella con curiosidad.

-De vez en cuando. Pero la mayoría de las veces me dice "idiota" o "babas" –dijo él riendo ante el recuerdo de las ocurrencias de su mejor amiga –Aunque últimamente le ha dado por decirme "mediquillo".

-¿Mediqué? –preguntó ella riendo -¿Por qué hace eso?

-¿Aún crees que Luna necesita razones para hacer lo que hace?

-Buen punto –concedió ella asintiendo mientras él reía.

-Aunque a decir verdad, me dice así porque en la especialización tomé cursos de medicina muggle y a los muggles que se dedican a eso se les dice "médicos".

-Ahh, ahora entiendo. Luna tenía que agregarle el toque despectivo.

-Sí… puede llegar a ser bastante molesta cuando se lo propone. Lo bueno es que se ha conseguido un buen novio y así no tiene mucho tiempo para fastidiarme.

-George ¿verdad?

-Gerard –la corrigió extrañado

-Diablos, no le digas a Luna que ni siquiera me sé el nombre de su novio –dijo con un suspiro bajo –Soy un total desastre…

Él se inclinó sin poder evitarlo y le acomodó un mechón de rojo cabello detrás de la oreja, tomándose la libertad de tocar la piel de su rostro con los dedos.

-¿Estás bien? –le preguntó él con ternura

-No –dijo negando con la cabeza- No lo estoy…

-¿Y puedo ayudarte en algo?

Ginny volvió a suspirar.

-No sólo es algo, es todo. Todo está mal. Hay tantas cosas en mi vida que no están bien que ni siquiera sé por dónde comenzar.

-Podría ser por el principio –dijo él maldiciéndose internamente en cuanto lo dijo. Era una frase muy tonta y no sabía por qué la había dicho, aunque la verdad no sabía qué más podría decir.

-No –contestó ella volviendo a sacudir la cabeza –No quiero hablar de mí… Mejor cuéntame de ti ¿Qué tal te ha ido? ¿Qué has hecho?

-Pues… estuve haciendo la especialidad, fue más estudio y trabajó de lo que me había imaginado pero logré terminarla. Regresé de América hace como un año. Anduve viajando un poco y luego me quedé unos meses en Francia hasta que me ofrecieron la plaza en San Mun—

-¡Oh espera! –lo interrumpió de pronto –Antes de que continúes, por favor dime que no tienes esposa…

-¿Qué? –preguntó sorprendido y después de comprender sus palabras soltó una carcajada. Si tan sólo Ginny supiera… Ya era bastante difícil conseguirse una simple cita, no se imaginaba todo por lo que tendría que pasar para tener esposa -¿Quién te dijo eso?

-Nadie –dijo ella sonrojándose de pronto pero aun así se animó a seguirlo interrogando- Entonces ¿tienes alguna novia?

-Amm no que yo sepa –contestó él sonriendo satisfecho por el interés de Ginny, tratando de que no se le notara mucho la alegría -¿Por qué lo preguntas?

Ella se encogió de hombros sonriendo y tratando obviamente de reprimir esa sonrisa pero fallando colosalmente.

-Sólo quería asegurarme de que eras soltero.

-Como que ya es un poco tarde para eso ¿no? –le dijo sonriendo ampliamente, divertido ante la idea de que primero lo había buscado, incitado y seducido y después de todo eso le había preguntado si era soltero.

-Lo sé –dijo riendo –Ya te dije que soy un desastre.

Justo en ese momento la tetera en la cocina comenzó a sonar indicando que el agua del té se encontraba lista. Cedric se levantó y se dirigió a la cocina. Regresó al balcón casi enseguida con un par de tazas humeantes y le ofreció una a Ginny, ella la aceptó rodeándola con ambas manos dejando que le infundiera su calor.

-¿Tienes frío? –le preguntó recordando que sólo estaba cubierta por la frazada, sin embargo Ginny sólo le dedicó una pequeña sonrisa amable.

-Sólo un poco, pero me gusta este lugar. Es tan bonito y tan… relajante.

-Lo sé.

Tomaron el té en silencio, Ginny observando el horizonte, con la mirada perdida a lo lejos y él con la mirada perdida en ella. Su cabello encendido ya se había secado pero se había quedado un poco alborotado, algo que la hacía lucir muy linda. Tenía mil preguntas en la cabeza que quería hacerle, quería saber de qué se encontraba huyendo y llorando cuando la encontró afuera de San Mungo, quería saber qué era eso que tanto la atormentaba y quería saber por qué había detenido el sexo cuando estuvieron a punto de hacerlo. Quería preguntarle si se había arrepentido y si se debía a alguien más. Sin embargo todas esas preguntas se le quedaron pegadas en los labios sabiendo que la ahuyentaría si las decía. Pero había una cosa sobre todo lo demás que necesitaba saber a toda costa.

-Y tu… -dijo de pronto haciendo que ella volteara a verlo -¿Tienes algún esposo o novio por quien deba sentirme culpable? -Ella arrugó levemente la frente pero no pareció molestarle, sólo negó con la cabeza y volvió a mirar hacia el horizonte -Oye… -pasó saliva con lentitud sin saber si debía proseguir.

-¿Sí? –dijo ella mirando a la ciudad todavía.

-Nada, olvídalo…

-Dime –le dijo clavando su mirada en él esta vez.

-No. Es algo que seguramente te va a incomodar.

-Dímelo –insistió ella con voz suave. El guardó silencio unos segundos y después habló.

-Iba a decirte que lo último que supe de ti fue que estabas comprometida con Pot—

-Tenías razón –dijo ella interrumpiéndolo – Sí me iba a incomodar.

-¿Puedo preguntar...?

-No –volvió a cortarlo ella –No puedes preguntar nada de eso, ni de mi pasado, ni mi vida ni nada de mí. No… no puedo hablar de nada…

Se quedaron en silencio evitando sus miradas y escuchando sólo el ruido de la ciudad.

-¿Puedo hacer una pregunta que no tiene que ver con tu pasado ni tu vida pero sí contigo? –dijo él tras meditarlo un segundo

Ginny se quedó muy pensativa mirando sus manos, como si intentara encontrar el hueco en su petición pero después accedió y asintió mirándolo con curiosidad. Sin embargo antes de hablar él se acercó hacia ella, le quitó la taza de las manos y la hizo a un lado. Entonces pasó una mano por el cabello de Ginny y después acarició su mejilla con suavidad sin dejar de mirarla fijamente.

-¿Puedo volver a besarte?

Ella le sonrió inmediatamente y asintió con la cabeza, acercándose y acortando la distancia entre ellos. Él la atrajo hacia sí aferrándola de la nuca y la besó tiernamente por un par de segundos, para después separarse sólo un poco sin soltarla del todo.

-¿Y ahora puedo llevarte adentro y… terminar lo que empezamos hace un rato?

Ella bajó la mirada y se separó de él con lentitud haciendo que la soltara.

-Yo… yo no puedo –le dijo en un murmullo. Antes de que él tuviera tiempo de sentirse decepcionado o rechazado ella añadió –No es que no quiera. Sí quiero, te juro que sí quiero, sí lo deseo pero… no sé por qué… no… puedo.

-¿De qué hablas?

Ginny lo veía de reojo a su lado, con una expresión de desconcierto que extrañamente lo hacía ver atractivo, con el cabello alborotado de forma tan graciosa y sexy a la vez. Toda la noche se había comportado tan amable con ella, tan lindo. Se encontraban semidesnudos en el balcón de su departamento después de que ella lo había ido a buscar y prácticamente se le había ido encima, lo menos que podía hacer era sincerarse y decirle la verdad. Después de todo tal vez él podría ayudarle. Suspiró cansada y entonces se infundió valor a sí misma.

-Yo… tengo este problema… -Se detuvo y pasó saliva pensando en las palabras correctas para expresar aquello que le avergonzaba tanto -A veces me pasa que estoy a punto de hacerlo… estoy bien, todo va de maravilla y de un momento a otro mi cuerpo se tensa y me bloqueo. Y sin importar que tan excitada o deseosa me sienta, ya no puedo seguir -Volteó ligeramente a verlo esperando por un segundo encontrar burla o incredulidad en su expresión, pero todo lo que había era su frente arrugada en un gesto de concentración, el mismo gesto que le había visto en San Mungo cuando la revisaba y le había parecido fascinante. Era su expresión de sanador, se recordó. Ante su silencio preguntó con algo de miedo en la voz: -¿Hay algo mal conmigo Ced?

Entonces él salió de su ensimismamiento y le sonrió con ternura.

-Me gusta que me llames así –Ella le respondió levemente la sonrisa y después se quedaron en silencio mientras él volvía a entrar en modo sanador pero esta vez Ginny ya no se atrevió a preguntarle nada más. Después de un rato fue Cedric quien volvió a hablar -¿Qué tan seguido te sucede?

-Más de lo que me gustaría –dijo ella encogiéndose de hombros sin querer contestarle concretamente. No quería decirle que intentaba acostarse con todo hombre que se le cruzara, por despecho y desesperación y que ni con la mitad de ellos terminaba haciéndolo realmente, aunque todo el mundo pensaba lo contrario. Nunca había hablado con nadie de aquello, ni siquiera con Luna. A ella sólo le había contado que el sexo con Harry (cuando aún eran novios) no era bueno. Su amiga le había dicho que poco a poco iría mejorando pero no había sido así. Esa era otra de las razones por las que su relación con Harry había ido en picada y a él le gustaba echárselo en cara recordándole que no era "mujer suficiente". Por un tiempo había creído que era Harry quien no la satisfacía pero después de intentar hacerlo con tipos diferentes, incluso mujeres, comprobó que el problema era ella. Su cuerpo debería estar dañado o algo así.

-¿Puedo hacer un experimento? –preguntó Cedric de pronto interrumpiendo sus pensamientos. Ella pensó en negarse, pero al verlo directamente a los ojos encontró en su mirada una calidez que le infundió confianza.

-Claro… aunque no creo que—

-Shhh –le dijo él colocándole sobre los labios un par de dedos para después recorrer con ellos la línea de su cuello hasta llegar a su hombro haciendo que la frazada se deslizara un poco hacia abajo. Luego trazó ese mismo camino con besos ligeros, casi imperceptibles, mientras Ginny echaba la cabeza un poco hacia el lado contrario que él se encontraba besando. Cerró los ojos y se abandonó a esa increíble sensación. Con una dolorosa lentitud, Cedric fue tocando su piel con la lengua haciéndola suspirar de placer. Sin advertirlo él metió una mano entre los pliegues de la frazada y posó sus dedos en uno de sus senos, trazando una suave caricia que le hacía desear más, mientras seguía atacando la base de su cuello con besos húmedos. Poco a poco fue recorriendo el torso de Ginny con la mano hasta posarla entre sus piernas haciéndola soltar un gemido. Y entonces se detuvo. Cedric la soltó y dejó de besarla al mismo tiempo, separándose apenas unos centímetros que a ella se le hicieron infinitos. Ginny se había quedado con la respiración agitada y con cada parte de su ser ardiendo, mirándolo casi con reproche por haberse detenido. Tal vez se estaba vengando de ella por haberlo dejado con las ganas primero –El problema no está en tu cuerpo… –dijo él de pronto mostrándole el par de dedos bañados con la humedad de Ginny –El problema está en tu cabeza.

-¿Mi cabeza? –repitió ella sin comprender, tratando de controlar sus instintos, tratando de no matarlo, tratando de no rogarle que siguiera y nunca volviera a detenerse.

-Si tu cuerpo me dice que sí, entonces es tu mente la que lo bloquea de repente. Es algo psicológico…

-¿Psicológico?

-Lo piensas mucho... Puede que no te sientas segura o confiada o que te digas a ti misma que está mal, que no deberías hacerlo... -Ginny estuvo a punto de protestar pero entonces se dio cuenta que tenía un poco de razón. La mayoría de las veces se sentía culpable por acostarse con tipos al azar y sabía que estaba mal. Era por eso que para intentarlo debía estar bajo los efectos del alcohol. Trató de pensar en la razón por la cual se había bloqueado con Cedric o incluso con Harry, pero no se le ocurría qué podría haber sido -El asunto con el sexo es que no se piensa, se disfruta... -Ella volvió a quedarse pensativa, tratando de recordar la última vez que de verdad lo había disfrutado, pero no supo cuando había sido eso-¿Me dejas seguir con el experimento?

-¡Por favor!- respondió de inmediato haciéndolo reír. Sin embargo no esperó a que él hiciera el primer movimiento y se le adelantó, rodeándole el cuello con los brazos y besándolo muy efusivamente. Pero después de unos segundos él la detuvo.

-No Ginny, ya lo intentamos así y no funcionó, ahora hagámoslo despacio, date el tiempo para disfrutarlo, siéntelo. No siempre debe ser así de ansioso y desesperado.

-Pero...

-Sin quejarse. Estamos en mi experimento y lo haremos a mi manera.

Y sin previo aviso la sentó sobre él, la tomó entre sus brazos y se levantó cargándola. Volvió a entrar al departamento pero esta vez no se detuvo en el sofá en el que habían ido a dar la primera vez, sino que siguió de largo hasta llegar a su recámara. El lugar se encontraba ligeramente iluminado por un par de lámparas situadas una a cada lado de la cama. Depositó encima a Ginny con suavidad y luego se acostó a su lado, recargándose sobre su codo para poder descubrirla, quitándole la frazada de encima para poder observarla de pies a cabeza. Se veía increíblemente hermosa, agitada, con los labios entreabiertos y con la luz de las lámparas apenas iluminando su blanca piel y esas curvas que los años habían acentuado favorablemente. Se dedicó a recorrer su cuerpo con una mano, acariciando con suavidad cada parte de ella, arrancando suspiros con cada movimiento. Ginny que parecía no poder quedarse quieta, deshizo el nudo de la bata de Cedric y metió sus manos debajo de la tela para poder acariciar su torso. Un par de movimientos y la bata fue a parar al piso. Ella lo observó con cierto aturdimiento, embelesada por su cuerpo, sintiendo un vuelco en el estómago al darse cuenta y recordar lo demasiado e increíblemente guapo que era. Un giro y él se encontró sobre ella. Se besaron infinitamente, descubriéndose, dibujándose uno al otro, con lentitud, con parsimonia, como si tuvieran todo el tiempo del mundo para disfrutarse.

Justo en el momento en que Ginny volvía a ponerse efusiva y ansiosa, él se separó. Se incorporó un poco, colocándose entre sus delgadas piernas. La tomó de las manos, entrelazando sus dedos y volvió a inclinarse lentamente sobre ella, aprisionándole las manos sobre la cabeza por un momento. La besó con ternura para después comenzar el pausado recorrido hacia abajo con sus labios. Besó su cuello con suavidad y luego bajó para atrapar con los labios uno de sus senos, mientras masajeaba el otro con la mano. Mordisqueó muy ligeramente su pezón y ella jadeó enterrando los dedos en el cabello de Cedric. Después él continuó con su camino, besando su vientre, trazando figuras imperceptibles con la lengua, bajando y bajando, y cuando estuvo por llegar a su zona íntima, ella se sobresaltó y lo detuvo.

-¿Qué haces? –preguntó con voz entrecortada

-Confía en mí… -fue todo lo que susurró como respuesta y fue todo lo que ella necesitó.

Claro que confiaba en él, aunque no sabía a ciencia cierta cómo podía hacerlo. Era casi un desconocido, pero a la vez le resultaba alguien sumamente familiar. Y además la estaba haciendo sentir cosas que nunca nadie la había hecho sentir. Así que volvió a abandonarse a la sensación que le producían las manos de Cedric, rozando ligeramente la parte interior de sus muslos. Entonces él exhaló su aliento con fuerza entre sus piernas haciéndola gemir de ansiedad y luego se quedó quieto unos instantes. Cuando estuvo a punto de rogarle, sin previo aviso él se inclinó de lleno sobre su intimidad y Ginny gritó ante el contacto, arqueando la espalda ante el placer que le provocaba esa bien experimentada lengua.

Ginny había escuchado una vez que cuando un hombre hace muy bien las cosas, se debe pensar en la cantidad de mujeres con las que ha estado y preocuparse por ello, pero en ese momento Ginny no pudo hacer más que agradecerlo. Él parecía saber exactamente lo que a ella le causaba mayor placer. Sabía dónde posar la lengua, sabía dónde colocar sus dedos, sabía qué movimientos hacer. Cedric parecía conocer su cuerpo mejor que ella misma, y tal vez así era. Él la mantuvo gimiendo, aferrándose a la tela que cubría la cama mientras él se mantenía besando, succionando, lamiendo. Después, muchísimo tiempo después, él se alejó dejándola extasiada y satisfecha, sin embargo enseguida volvió a ocupar su posición entre sus piernas y esta vez sin siquiera presentirlo, sin siquiera pensar en detenerlo, lo sintió penetrándola, haciéndola gritar su nombre. Entonces él comenzó a moverse con lentitud. Demonios, ¡cómo amaba Cedric la lentitud!... y cómo estaba logrando que ella la amara también. Se inclinó sobre ella y la besó con pasión. Los movimientos siguieron eternamente mientras Ginny besaba la piel de sus hombros y acariciaba su espalda. De pronto ella le rodeó la cintura con las piernas y las embestidas se fueron intensificando, haciéndose más fuertes y profundas y ella se sintió volar. Volvió a gritar su nombre un millón de veces mientras el placer explotaba dentro de su ser, haciéndola ver fuegos artificiales. Su último grito de goce alcanzó un volumen extraordinario y ella quedó con el cuerpo temblando, enterrando los dedos en la espalda de Cedric.

Después del éxtasis, se mantuvieron unos segundos recuperándose. Él le dio un beso en la frente perlada de sudor y luego se levantó, dejándola completamente exhausta, extasiada por la cantidad de placer que había conseguido, aún sin poder creerlo. Abrió ligeramente los ojos y vio a Cedric entrar al cuarto de baño, revisando un condón que ni siquiera había sentido. Giró su cuerpo y se acomodó de lado, dándole la espalda a la puerta por donde él había desaparecido. Sabía que iba a tardar. En base a su experiencia, los hombres necesitan un tiempo de recuperación mayor que las mujeres, aunque si lo pensaba mejor, con Cedric no podría dar por sentado nada. Le había dado el mejor sexo de su vida, no había cómo negarlo. Lo que acababa de suceder con él había sido indescriptible, fuera de este mundo. Sabía que no debía pensar en nadie más en ese momento, pero no dejaba de pensar que ninguna de las personas con las que lo había hecho se le comparaba a Cedric, ninguna le llegaba a los talones. Ni siquiera Harry. O más bien sobre todo Harry.

Cuando Cedric salió del baño se encontró con la blanca espalda de Ginny y con ese encendido cabello rojizo que le fascinaba desparramado en sus almohadas. Se quedó ahí unos segundos tan sólo para observarla, sonriendo ante los recuerdos de todo lo que acababa de suceder. Se acercó despacio a la cama y se sentó junto a ella, inclinándose para darle un tierno beso en el hombro, haciéndola dar un respingo.

-¿Estabas durmiendo? –le preguntó apenado

-No, sólo que me sorprendiste. Es todo –contestó aún sin voltear.

Entonces escuchó a Cedric moverse y se dio cuenta que se había metido debajo del edredón de su cama. Ella se quedó ahí, extrañada, sin saber qué hacer. Estaba a punto de levantarse e ir a buscar su ropa para irse de allí, cuando él le dijo:

-¿No vas a venir?

-¿Qué? –preguntó desconcertada girando la cabeza para verlo

-¿No quieres que te abrace?

Ginny abrió la boca desconcertada. Eso era más de lo que podía pedir. Era más de lo que ya había hecho Cedric. ¿Por qué rayos tenía que ser tan perfecto? Él arqueó una ceja a lo que ella sólo sacudió un poco la cabeza y se levantó para meterse debajo del edredón. Cedric le extendió los brazos y ella se metió dentro de ellos, recargándose sobre su pecho mientras él la rodeaba con dulzura. Sabía que no debía pensar en nadie más en ese momento, pero no dejaba de pensar en que nadie nunca la había abrazado después del sexo, por lo menos no por voluntad propia. No podía quejarse mucho de sus citas esporádicas, extraños que no le debían nada. Sin embargo podía quejarse enormemente de Harry, que había sido su novio y prometido, y nunca le había mostrado ni un gesto de cariño cuando el sexo ya había terminado. Al principio ella le pedía que la abrazara, que la besara, que fuera lindo, pero todo lo hacía tan forzado que con el tiempo dejó de pedírselo. Entonces acabaron teniendo relaciones de forma mecánica y automática, como si fuera una obligación y no un deseo, terminando sólo para voltearse cada quien para su lado de la cama y dormir sin siquiera un beso o un buenas noches. Eso cuando Ginny no se bloqueaba y lograban hacerlo. Cuando no podían, él ni siquiera volteaba a verla y se ponía furioso. Ginny siempre se sintió fatal, creyendo durante años que todo era su culpa, esperando de él tan sólo un poco de comprensión o cariño que nunca le mostró... Y sin embargo allí estaba Cedric, que no sólo no se había molestado con ella sino que le había dado otra oportunidad, llevándola al extremo y regalándole el orgasmo más intenso de su vida. Y parecía no bastarle porque después de todo aquello se encontraba abrazándola con suavidad, acariciándole el cabello con tanta ternura que no podía creer que fuera real. Ginny le dio un beso en el pecho como si con eso pudiera mostrarle todo su agradecimiento. Sintió de pronto como Cedric se llevaba a la nariz un mechón de su cabello y lo olía.

-¿Qué haces? –le preguntó con una risa

-Creo que tengo una fijación por tu cabello –le dijo riendo también.

Ginny sonrió y le dio un suave beso en el cuello, acariciándole el pecho con una mano.

-¿Quieres más? –le preguntó él acariciándole la espalda sugestivamente.

-¡¿Aún puedes más?! –preguntó ella alzando la cabeza, mirándolo sorprendida.

-Si tú quieres…

-¡¿Aún puedes?! –exclamó ella sin poder creerlo. Él asintió un poco extrañado -¿Qué no necesitas tiempo para recuperarte?

-Pues sí pero sólo son unos minutos y—

-Eres imposible –dijo ella con los ojos muy abiertos y negando con la cabeza. Entonces volvió a recostarse sobre su pecho sin poder creer que fuera así de perfecto.

Sabía que no debía pensar en nadie más en ese momento, pero no podía dejar de compararlo con todos los demás hombres, con Harry en especial. Cuántas veces él la había dejado con las ganas, todo porque él llegaba al orgasmo y ella no, y ya no había nada que hacer porque él debía recuperarse y debían esperar varias horas por lo que terminaba quedándose así a medias. No podía creer que Cedric estuviera ya listo para volver a la carga, definitivamente no podía ser real.

-¿Eso significó que sí o que no? –preguntó de pronto Cedric con voz tímida

Ginny soltó una risa y lo abrazó de la cintura con fuerza, aspirando el aroma de su piel.

-Aunque me encantaría, me dejaste exhausta… -él sonrió y le dio un beso en la cabeza mientras volvía a su labor de acariciarle el cabello. Se quedaron en silencio bajando y subiendo su respiración al mismo ritmo, como si fueran uno solo. Cedric pensó que si podía reconsiderar el momento que quisiera prolongar infinitamente, escogería ese. O cuando la tuvo bajo él gimiendo su nombre una y otra vez. O si era demasiado pedir pediría prolongar toda esa noche –Ced… -dijo de pronto ella con un suave murmullo –Fue increíble… me hiciste ver fuegos artificiales.

-Y tú a mí… -le contestó él con una sonrisa. Sintió de pronto como su respiración se iba haciendo más lenta y silenciosa -¿Te estás durmiendo? ¿No quieres que te preste una pijama o algo para dormir?

-No me estoy durmiendo –susurró muy bajito –Sólo estoy descansado un poco…

Y casi enseguida se quedó dormida. Cedric se quedó observándola unos segundos, sin poder creer que por fin había pasado eso que había soñado tantas veces. Su imaginación no le había hecho justicia porque había sido mil veces mejor, había sido indescriptible tenerla en su propia cama y haberla hecho suya por completo. Si alguien le hubiera dicho que eso era lo que le esperaba al volver a Inglaterra, definitivamente hubiera vuelto muchísimo antes.

La aferró con fuerza de pronto, sintiendo que conforme pasaban los minutos iba escapándosele de entre los dedos. No sabía lo que iba a suceder después con ellos y tal vez ni siquiera quería pensarlo. Sólo quería quedarse así para siempre, con ella durmiendo entre sus brazos. Poco a poco fue dejándose envolver por el cansancio, a pesar de que luchaba contra él, resistiéndose a perder ese momento. De pronto pasó por su mente una idea que lo asustó, la idea de que aún la amaba. Pero fue tan sólo por un segundo. Un efímero instante que se acabó enseguida, cuando se quedó profundamente dormido, acoplando su respiración al ritmo de la respiración proveniente del cuerpo que dormía sobre su pecho.


Bueno ¿qué opinan? ¿Fue bueno, malo o regular? ¿Me escribo las 50 sombras de Diggory o qué onda? Jajaja

Otra cosa, tengo dos imágenes que edité para que sean el cover del fic, sé que no es muy importante pero no sé cuál de las dos poner. Si alguien quiere ayudarme a elegir pásense por mi FB. (Aurum Black).

Y pues eso es todo, nos leemos más pronto de lo que esperamos.