Jean Grey POV

Ingresé en la sala del gran televisor, donde me encontré con Logan y Scott, sentados uno junto al otro. Ambos de brazos cruzados, repitiendo, sistemáticamente, el rebote de una de sus piernas, sus seños fruncidos y mal gesto. Una parte de mí, se había arrepentido, automáticamente, de haber ingresado a la sala. Pero cuando hice el intento de retirarme, Scott giró a verme, cambiando su expresión, por una suplicante.

Era un hombre y era mi novio. No podía dejarlo en medio de su sufrimiento por su auto. Así que, a regañadientes, caminé hacia él, sentándome a su lado. Tomé su cabeza para depositarla en mi pecho, dándole suaves caricias de consuelo. En parte lo hice, solo para que no notara mi expresión de hastío por el berrinche de niño pequeño que hacía por el auto.


Logan POV

Ya habían terminado las clases de la mañana y terminamos el almuerzo. Aunque no comimos demasiado. Aún los mocosos no regresaban.

Scott se encontraba con una expresión, casi al borde del llanto de bebé, en el pecho de Jean, quien lo consolaba con un cariño casi maternal. Era insoportable. Y patético... por el lado de Ciclope.

Cuando miré la hora, eran las 3 p.m.

—Es suficiente —farfullé cansado, levantándome del sofá—. Voy a buscarlos —anuncié, tomando mi chaqueta, para dirigirme a la puerta.

—Voy contigo —escuché a Cíclope a mis espaldas, apresurando el paso, hasta llegar junto a mí.

—Logan, Scott, esperen —nos llamó Jean, sin recibir una respuesta de nosotros.

No me iba a convencer. Esos niños llevaban demasiado tiempo vagando con un auto robado. No me importaba que Ciclope extrañara su carcacha, pero robar no era algo que yo estuviera dispuesto a consentir.

Llegué a girar el pomo de la puerta, cuando escuché una voz en mi cabeza.

—Ven a mi oficina, ahora, por favor.

Scott y yo cruzamos miradas. Al parecer él también había recibido la invitación.

Gruñimos al mismo tiempo, cuando giramos sobre nosotros, para ver al Profesor.

—Logan, Scott —nos dijo a modo de saludo, detrás de su escritorio.

—No me detendrás —le advertí, antes de que pudiera argumentar algo.

El Profesor sonrió, con esa calma imperturbable, propia de él.

—Logan, no me gusta jugar con mi don, pero lamento recordarte que sí puedo detenerte, si eso quiero —me recordó, llevando sus dedos índice y medio, de la mano derecha, a su sien. Escuché una risita a mi izquierda. Era Storm.— Pero de todas formas, prefiero razonar contigo y Scott —me explicó, dedicándole una mirada a Cíclope cuando concluyó.

—Perfecto —Scott cruzó los brazos—. Explíqueme desde cuándo y por qué permite el comportamiento vandálico de cuatro estudiantes —exigió molesto.

El Profesor entrelazó los dedos de ambas manos, posando su mentón sobre ellos, mientras recargaba sus codos en el escritorio.

—Verás, Scott —comenzó a hablar—. Las razones por las que estoy permitiendo esto, es con fines meramente educacionales...

—¡¿Qué?! —exclamó Cíclope.

—Al demonio... —maldije por lo bajo, girándome sobre mi eje para salir por la puerta. Eran muchas patrañas para un solo día.

—¡Logan! —me llamó el Profesor—. Permíteme terminar —me pidió. Me giré, molesto, encendiendo un cigarrillo. Realmente lo necesitaba. Esto era insoportable.

—Adelante —gruñí, soltando una nube de humo.

—Los chicos realmente necesitan hacer este viaje. Por motivos diferentes, propios de cada uno. Y quiero que les queden claro dos cosas: que todo está saliendo bien, con el cumplimiento de sus objetivos y que estoy haciendo un seguimiento del viaje... Están a salvo. —Noté cierta duda en la última frase, pero opté por dejarlo pasar.

—¿Y cuáles son esos objetivos? —cuestionó Scott.

—Eso, Scott, es algo que concierne a los niños. No me compete hablar de eso.

—¡Pero se robaron mi auto! —Ahí estaba, de nuevo, ese tono de niño berrinchudo.

—Lo sé, Scott. Y los chicos tendrán su castigo por eso.

—¡Por fin lo escucho decir algo coherente! —exclamé, elevando mis brazos en el aire.

—Escuchen —intervino Storm—. No deben preocuparse. El Profesor está siguiendo a los niños. Nada malo les sucederá. Y cuando vuelvan podrán tener todas las explicaciones que quieran.

—Y los castigos. No olvides los castigos y reprendimientos —le recordé, apuntándola con el dedo índice.

—Sí, Logan —aceptó condescendiente, pero no me importó—. También los castigos.

—¿De verdad mi auto está bien? —susurró Cíclope, con una especie de puchero.

—¡¿Qué diablos sucede contigo?! —le reproché— ¡Hay cuatro niños, en pleno desfase hormonal, en Dios sabe dónde, y tú estás preocupado por tu pedazo de chatarra!

—¡Oye Lobo, si se tratara de tu motocicleta estarías igual! ¡Así que déjame en paz! —se defendió—. Además, el Profesor ya dijo que estaban bien, no tenemos que preocuparnos por ellos.

Storm puso los ojos en blanco ante nuestra pelea. Y, sin darnos importancia, se dirigió de nuevo a su lugar, junto al Profesor.

Yo había sacado mis garras y Cíclope llevó su mano a sus gafas, cuando Jean abrió la puerta de sopetón, y con un movimiento de sus manos; como si le quitara importancia a algo; hizo que nuestras manos se elevaran en el aire, en una postura de rendición, evitando que comenzáramos una pelea. Siguió caminando, entre Scott y yo, dejándonos inmóviles, para quedar frente al Profesor.

—Profesor ¿Está seguro de lo que hace? —le cuestionó, con cierto dejo de preocupación.

—Sí, Jean. Sé que es poco ortodoxo, pero conoces mis razones y las de los chicos. Confía en mí —le pidió.

—Oye, Jean —le pedí— ¿Nos quieres decir cuáles son esas estúpidas razones, objetivos... —le trataba de hablar, entre forcejeos para bajar mis brazos— y aprendizajes, que se supone, están teniendo esos mocosos?

—Cuando regresen puedes preguntárselos a ellos. Realmente no es mi asunto. —miró sobre su hombro para responder.

—¿Por qué no soy el telépata aquí?— Scott refunfuñó, mientras seguía con los vanos intentos de zafarse de los dones de Jean, quien no nos soltaba.

Si lo pensaba bien, Scott y yo estábamos compartiendo sentimientos e ideas parecidas. Aunque no se lo diría al chico de los rayos. Seguía siendo un idiota que tenía a Jean.

—Ahora... —comenzó el Profesor— si ya todo ha quedado claro. Les pediré que se retiren, tengo trabajo que hacer.

—De hecho, no nos explicaste nada. Pero en esta mansión hay dos estúpidos telépatas que no me dejarán ir a dar de nalgadas a cuatro mocosos que no se saben comportar —le contradije furioso.

Jean sonrió con malicia ante mis palabras.

—¡Qué lástima! Porque la estúpida telépata te tiene atrapado en este momento —giró para mirarme, con sus brazos cruzados.

"Diablos".

—Así que vamos. Estarán sin moverse en los sillones —me dijo, haciendo un movimiento de su mano, que nos llevó hasta la sala de televisión, arrojándonos sobre el sofá—. Y no, Scott. No me quedaré —le respondió a un pensamiento—. Ahora, traten de no matarse. No quiero intervenir de nuevo —nos advirtió antes de marcharse, con ese bonito contoneo.

—¡Es dura! —exclamé.

—Y que lo digas —aceptó Scott, rendido.

—¿Ahora qué diablos haremos? —le pregunté algo exasperado por la situación.

—¿Te gusta el baloncesto? —me preguntó, sintonizando un partido en tv.

—Claro —acepté, prendiendo otro cigarro.

Estaba atrapado en la maldita mansión. Jean y el Profesor me vigilaban. Y por algún motivo, no me permitían traer a rastras a los estúpidos mocosos. Ahora, esperaba, más que nunca, que ellos tengan una buena razón para hacer lo que hacían. Hoy los alumnos tendrían que tener una buena sesión en la Sala del peligro. Luego podría desquitarme con todas las de la ley, con el pirómano, la cubeta de hielo, la chica explosiva y la niña sureña.


Luego de varios intentos fallidos de salir del edificio para ir en busca de los niños; todos y cada uno de ellos, impedidos por los telépatas de la casa; me encontré mirando el techo, en el sofá donde me había arrojado Jean esa tarde. Cíclope se encontraba en una postura parecida, solo que, de vez en cuando se levantaba a dar vueltas en círculos y mirar por la ventana. Hasta que pareció tener una idea.

—¡El comunicador! —exclamó, para luego correr por el pasillo.

Yo no comprendí lo que sucedía, pero de cualquier manera lo seguí. Cualquier cosa era mejor que estar vegetando en el sofá.

—¡Storm! —llamó a la diosa del clima, quien dialogaba con unos niños en el pasillo. Ella se despidió de ellos, dando una exhalación profunda, para hablar con Scott. Realmente parecía cansada de nosotros.

—¿Sí, Scott?

—Necesito que me prestes tu comunicador, por favor —le pidió.

Ella frunció el entrecejo, tratando de comprender.

—¿Para qué lo necesitas?

—El mío está en mi auto —comenzó, haciendo que Storm pusiera los ojos en blanco. Sí, estaba cansada del tema—. Y si los chicos lo encontraron, podré hablar con ello.

—El Profesor les pidió que no intervinieran —nos recordó a ambos.

—Solo pidió que no saliéramos de aquí para ir a buscarlos. No dijo nada sobre llamarlos —argumenté.

Storm suspiró.

—¿Si les doy el comunicador, se quedaran en paz hasta que los niños vuelvan?

—Sí —respondimos al unísono, a pesar de que, creo, haber mentido.

—Aquí lo tienen. —Le entregó a Cíclope, un pequeño aparato azul y plata.

Ahora tendrían que oírnos.


Pyro POV

Seguía conduciendo por la carretera, luego del incidente del bar. Estábamos bromeando sobre todas las cosas que habíamos hecho en tan poco tiempo. Cuando un sonido extraño comenzó a oírse en el auto.

—¿Qué es eso? —preguntó Bobby.

—¡Oh! —exclamó Boom boom, sacando el pequeño aparato de entre sus pechos.

—Oh-oh —dije, riéndome. No había muchas opciones sobre quién podría estar llamando.

—¿Atendemos? —preguntó Rogue.

—No, no atiendas —pidió Bobby.

—Sí, atiende —lo contradije yo.

—Oh, Bobby, lo siento. Pero una novia tiene que hacer, lo que una novia tiene que hacer —le respondió Tabitha, con una sonrisa maliciosa— ¿Hola? —saludó al aparato, a pesar de que Iceman le insistía con la negativa.

Vi por espejo retrovisor como él y Rogue mutaban su expresión por una de total pánico ¿Qué parte de que estábamos en problemas no comprendían aún?

Se escuchaba que quien hablaba del otro lado estaba muy molesto, ya que vociferaba.

—Oh, hola, Scott. —Boom boom hablaba con su usual simpatía, seguramente, haciendo enfurecer más a Cíclope—. Tu auto es genial. John no deja que nadie más lo conduzca —bromeaba, mientras oía que el grito aumentaba más y más, casi al punto de poder comprender lo que decía.

—¡Son unos inconscientes! —Creí escuchar al otro lado de la línea.

—¡Oh! ¿Mi lobito está ahí también? —preguntó ella, sin dejar de sonreír, haciéndome reír más fuerte. Podía imaginarme a los dos hombres, al borde de una crisis de nervios, tratando de regañar a mi novia—. John está junto a mí —explicó, mirándome—. Jonnhy quieren hablar contigo —me informó, extendiendo el comunicador, a sabiendas de que no lo tomaría.

—Oh, lo siento, no puedo tomar la llamada. —Elevaba la voz, para que pudieran oírme del otro lado—. Estoy conduciendo, no es prudente. Pero Bobby está desocupado, él puede hablar —dije con maldad, tratando de ocultar mi risa, cuando recibí un golpe en el asiento, por parte de mi amigo.

Bobby rogaba en silencio, para que Tabitha no le pasara el comunicador, pero ella lo ignoró, arrojándoselo a la cara.

—¿Hola? —habló temeroso, alejándose el comunicador de la oreja, por el aturdimiento de los gritos del otro lado—. Lo siento... —balbuceó— ¿Con Rogue? Claro —respondió, extendiéndole el aparto a su novia, quien no dudó en tomarlo... y apagarlo, sin mediar palabra—. Creo que están molestos —comentó Bobby, sin expresión alguna en el rostro.

Tabitha y yo explotamos en una carcajada sonora, a la que se unieron los otros dos. Estábamos en problemas. Eso ya era algo que sabíamos. Así que debíamos disfrutar esto, mientras nos duraba.


Wolverine POV

Esos malditos niños colgaron, antes de que pudiera decirles sus cuarenta a la niña sureña y el pirómano. Cuando regresaran estaban en serios problemas. Ya estaba decidiendo sus castigos.