SIMPLEMENTE…AMOR

Por Lady Nadia de Grandchester

CAPITULO X

-Candy, no esperaba encontrarte aquí.

Ahí estaba Terry, recargado contra la puerta, mirándola fijamente con aquellos ojos que aún podían estremecerla. Nadie más, solamente él era capaz de provocar tantas emociones dentro de su ser.

Meg se dio cuenta de la tensión que de repente se sintió en la habitación. Era obvio que para Terry era una sorpresa encontrar a Candy precisamente en su casa. Y era obvio también que aquel par de muchachos estaban locamente enamorados uno del otro. Habría que ser ciego para no darse cuenta. Aunque pensándolo bien, tal vez, los ciegos eran ellos que no alcanzaban a ver el amor que el otro les manifestaba.

-Terry, que bueno que llegas...-Habló Meg para iniciar una conversación que los animara a participar.- ¡Mira nada más quien esta aquí! Estoy segura que recuerdas a Candy, me encontré con ella hace varios días, sólo que no la reconocí porque esta muy cambiada...-la anciana hizo una breve pausa.-... recuerdo lo bien que solían llevarse en aquellas vacaciones de verano y me imagino que tendrán mucho de que platicar, pero no te quedes ahí parado muchacho y acompáñala a la estancia ... en un momento les llevo té y galletas.

-Meg, se lo agradezco...-Se escuchó decir a Candy quien evitaba mirar a Terry.- Pero no quisiera ser inoportuna...ya esta por oscurecer y debo regresar a la casa.

-Tú jamás podrías ser inoportuna.-Musito Terry y en ese momento Candy dirigió por unos segundos su mirada hacia él.

-¿Lo ves Candy? Quédate un momento más.-Insistió la anciana.-Y no te preocupes por el regreso a casa...Terry no permitirá que te regreses sola a casa caminando, él te acompañará, ¿verdad Terry?

Por respuesta el joven asintió y Candy no pudo negarse más. El simple hecho de saber que podría robarle a la vida unos minutos de felicidad al gozar de la compañía de Terry le bastaron para quedarse. Sin mediar una sola palabra más, Terry se hizo a un lado de la puerta para que Candy pudiese pasar. La muchacha se levanto de la silla para dirigirse a la estancia y al pasar a un lado de Terry, pudo percibir como la fragancia inconfundible del muchacho le inundaba por completo los sentidos. Terry encamino sus pasos tras ella y ambos desaparecieron por el pasillo seguidos por la mirada de Meg.

-Ese par de muchachos están muy enamorados...ojala puedan aclarar sus sentimientos.-Pensó la anciana y continuo con sus labores.

Después de algunos minutos, Meg llevo el servicio de té a la estancia y ahí encontró a Candy sentada en el sofá que estaba acomodado justamente frente a la chimenea, mientras que Terry ponía más leños para atizar el fuego. Dejó el servicio sobre la mesa que se encontraba en la entrada de la habitación el lugar y cuidando de no hacer el más minimo ruido, salió de la estancia.

El silencio en aquella habitación era abrumador y después de tantas cosas sucedidas entre ellos a raíz de su encuentro en Escocia, había muchas cosas por hablar, pero extrañamente, ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio que imperaba entre ellos.

Terry, reclinado frente a la chimenea, se debatía entre comenzar a hablar ó permanecer callado. El recuerdo de las palabras dichas por Candy aun resonaba en su oídos, lastimando su corazón. Esa pequeña rubia, con una sola de sus miradas, era capaz de poner su universo de cabeza, llevarlo al cielo con un sólo beso, para después dejarlo caer abruptamente. Y para su mala suerte, Terry se sentía como una marioneta entre sus manos. ¿Por qué tenía que amarla? Y sin embargo, no podía cambiar sus sentimientos.

Candy, ajena a los pensamientos de Terry, miraba como las llamas del fuego danzaban lentamente al compás que Terry les marcaba con el atizador. Una extraña sensación de dejavu invadió su cuerpo al recordar que años atrás habían compartido juntos una tarde maravillosa en ese mismo lugar. Aun podía ver a Terry, luciendo gallardo y varonil en su inmaculado traje blanco con el cual resplandecía. Fue la primera vez en que se dio cuenta que la palabra resplandeciente describía a Terry a la perfección. En aquellos días, las circunstancias que los rodeaban eran muy distintas, y Candy, podía asegurar que jamás imaginó el sendero que el destino les tenía reservado para andar.

-Sentados aquí, frente a la chimenea, se siente como si fuera navidad.

-¡Navidad en verano, pecosa! Tienes frío...toma...ella la dejo aquí con saludos para Tarzán Pecosa...

-Eres muy afortunado Terry...tienes una madre que te adora...debe ser muy lindo tener una madre que te quiera de esa manera.

-Candy...yo no quiero que estés triste...¿te gustaría que esperáramos aquí juntos el amanecer?

No esperaron juntos el amanecer por causa de la inoportuna llegada de Elisa Legan. Pero en esa tarde de verano, Candy descubrió como su corazón latía rítmicamente con cada palabra que salía de los labios de Terry. Desde entonces lo amaba y en su presente, ese sentimiento seguía latente, a pesar de que ella había entregado su palabra a otro hombre. Y sin embargo, en ese preciso momento, deseaba decirle tantas cosas, pero no sabía por donde empezar, de lo único que tenía certeza era de que ese silencio le resultaba insoportable y necesitaba escuchar su voz.

Candy se inclinó para acercarse a Terry y posó una de sus manos sobre el hombro del joven. Ese leve toque le ocasiono un estremecimiento sobre su piel que le resultó placentero. Y en ese momento, su mayor deseo era tener el valor para decirle lo que sentía sin importar lo que viniera después. Pero sabía que aquello no podía ser tan fácil.

El muchacho la miro interrogante y Candy a su vez, le indicó que tomará asiento a su lado en el sofá. Terry no se permitió desaprovechar esa oportunidad y se sentó junto a ella. Candy estaba tan cerca, que sólo bastaba acortar un céntimo las distancias para tenerla otra vez entre sus brazos. Pero, no era el momento, había una barrera que los separaba, y esa barrera era la incertidumbre por no saber que pasaba en el corazón del otro.

-Terry...-Comenzó a decir la muchacha con voz dulce.-Lamento mucho que hayamos discutido la otra tarde...no era mi intención provocar una discusión entre nosotros...

-Soy yo el que lamenta no haber controlado mis impulsos y actuar de esa manera...yo no debí besarte...-Se atrevió a decir el muchacho.-...tú eres una dama...y además estás comprometida, era mi deber respetar ese hecho...no te equivocaste al decirme que no debo presentarme ante ti y perturbar tu vida.

-¡No Terry!, ¡tu no perturbas mi vida!-Afirmo Candy de inmediato para evitar que Terry siguiera pensando en esas absurdas palabras.- Perdóname por lo que te dije, me siento tan confundida por todo lo que esta pasando que no supe que decir...

¿Candy había dicho que estaba confundida? Terry giro su rostro al escucharla y la miró por unos momentos, buscando en su rostro las respuestas que él necesitaba.

-¿Has dicho confundida?-Le preguntó al tiempo que tomaba una de sus manos entre las suyas y Candy no la retiró. Y para Terry, esa era una señal alentadora.

-Lo que sucede es que…-Candy se mordió el labio inferior. Estaba nerviosa y el hecho de sentir como Terry acariciaba el dorso de su mano no la ayudaba a pensar con claridad. -...ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos… y cada uno de nosotros continuo con su camino, y en este momento de nuestra vida, yo no sé…que esperar de ti...

-¿Qué esperar de mí?, ¿a qué te refieres con eso?-Preguntó con la sorpresa reflejada en el rostro. Candy había dicho que no sabía que esperar de él y eso sólo podía tener un significado.

-Terry...no me hagas hablar de ello…es algo que todavía me duele…-Respondió la muchacha con la voz entrecortada.

Terry acerco las manos de la muchacha hacia sus labios y las besos con dulzura. Y ese simple gesto provocó que el corazón de Candy latiera furiosamente.

-Dímelo Candy, dime que es lo que te duele.-Insistió fijando sus ojos en los de ella que lucían acuosos por las lagrimas que amenazaban por salir.

Candy dejó escapar un hondo suspiro. El sólo hecho de recordar aquella despedida en las escaleras bastaba para que el dolor se hiciera presente. Sin embargo, después de enterarse por Meg que Terry había viajado solo a Escocia y que nadie lo acompañaba, para Candy era importante hablar de ello, sobre todo porque quería saber que había sucedido con Susana y tenía la imperiosa necesidad de saber si Terry aún seguía junto a ella.

-Aquella noche…en que nos dijimos adiós... fue por Susana...-Comenzó a hablar Candy.-Cuando me entere de su accidente en el teatro por boca de aquellas señoras que aseguraban que quería obligarte a que te casarás con ella...lo primero que pensé fue que esa actitud era muy egoísta de su parte y por eso fue que la busqué en el hospital...

Candy cerró los ojos y a su mente vino aquella imagen en que Susana, desesperada por lo que le ocurría, estaba al pie del barandal que resguardaba la azotea, con la firme intención de quitarse la vida. Aun podía escuchar las palabras de la muchacha.

-¡Déjame Candy! Tengo que morir...si vivo, no dejaré que Terry y tú sean felices...¡Tengo que morir!

Y Susana no se había equivocado, ya que siendo su propósito ó por mera coincidencia del destino, con su accidente había provocado que Terry y Candy rompieran toda relación entre ellos.

-Después de ser testigo de lo que Susana había estado a punto de hacer...-Continúo hablando Candy mientras sentía como se iba liberando su corazón al hacerle saber a Terry los motivos que la habían obligado a marcharse sin mirar atrás.-...comprendí que tú y yo no podríamos ser felices fincando nuestra relación en su desgracia...y por eso me fui... porque debías quedarte con ella, era tu deber, y yo...ya estaba de más en tu vida...

-Candy...tú jamás has estado de más en mi vida.-Se atrevió a decir Terry, después de escuchar las últimas palabras de la muchacha y contagiado por la sinceridad con la cual le hablaba.-¿Cómo podrías estar de más? Eso es algo que no puedo ni imaginar, si desde el primer momento en que te vi, has sido el centro de mi vida.

-¿Lo dices en serio Terry?-Preguntó la muchacha con un hilo de voz y por respuesta Terry asintió mirándola fijamente.

-No podría hablar más en serio...pecosa.-Le respondió con una sonrisa que Candy le devolvió con timidez.

-¡Oh Terry!-Exclamó la muchacha, totalmente dispuesta a seguir dando voz a todo aquello que había callado alguna vez.- Mi corazón sufrió lo indecible de sólo pensar que no volvería a tenerte junto a mi... y ahora, después de tanto tiempo vuelves a aparecer en mi vida, estas aquí, a mi lado, como tantas veces lo soñé...pero y Susana...yo daba por hecho que ya estabas casado con ella y me extraña que no este aquí contigo...-Finalizó la muchacha, esperando que Terry le aclarara por fin sus dudas.

-Entre Susana y yo, ya no hay ninguna relación. -Afirmó tajante el muchacho y Candy se sorprendió ante ello. Después de todo, Terry era un hombre libre.

-¿Terminaron?, pero si ella…estaba enamorada de ti.-Preguntó sin entender donde había quedado ese amor que Susana decía sentir por Terry.

-Su amor no era tan grande…-Reconoció Terry, pero guardándose los detalles de su rompimiento sólo para si. Después de todo, no es propio de un caballero hablar de una dama, aunque la dama en cuestión sólo lo sea de nombre.- Además Candy, existe un hecho más importante y es que yo jamás podría sentir por ella algo más que agradecimiento, sólo eso...

El silencio se hizo presente por algunos momentos en los que ellos continuaron con las manos entrelazadas. Ninguno de los dos había hecho el menor intento por romper esa cercanía. Y Candy, mientras tanto repasaba en su mente la realidad que acompañaba la revelación de Terry, él era libre, pero ella, ya no podía presumir de ello al recordar el solitario que portaba en su dedo.

-Candy...tal vez no sea el momento adecuado para decírtelo, pero ya no puedo ni quiero seguir callando... -Comenzó a decir Terry buscando la mirada de la muchacha y recordó lo mucho que le gustaba ver su reflejo en esos ojos verdes que brillaban como las esmeraldas.-…no he podido olvidarte, lo he intentado pero no puedo, te metiste muy dentro de mi corazón y no hay forma alguna de que pueda sacarte de ese lugar…sé que te vas a casar, pero mis sentimientos hacía ti nunca van a cambiar…pase lo que pase, siempre seguirán siendo los mismos.

¿Acababa de escuchar a Terry decir que aun la quería ó se lo estaba imaginando? Claro que lo acababa de escuchar y eso fue suficiente motivo para que su corazón brincara de alegría.

-¿Y tú Candy? Después de todo este tiempo...¿aún sientes algo por mi?-Preguntó Terry con la esperanza renovada de saberse correspondido.

-¿Todavía lo dudas?-Preguntó a su vez la muchacha.-Para mi es imposible dejar de amarte, tu recuerdo me ha acompañado todo este tiempo, sufriendo lo indecible por saberte ajeno y pensando a cada momento que estarías con ella en lugar de estar conmigo...

Por fin habían hablado con la verdad y lo que acababan de escuchar de labios del otro, confirmaba el gran amor que los seguía uniendo, ese amor que había sobrevivido a la distancia y al paso del tiempo, un amor del que su esencia era totalmente indestructible. Desafortunadamente no toda dicha podía ser completa porque, por mucho que se amaran el uno al otro, ambos estaban conscientes de que había una tercera persona de por medio.

Candy se puso de pie y camino hacia la ventana. A través de los cristales, se percató de que la noche había caído sobre el lugar. Terry, desde su sitio, la observaba sin perder detalle de cada uno de sus movimientos. Que dicha para él era saber que Candy aún lo amaba. Se levanto para acercarse hacia donde estaba ella y rodeo la pequeña cintura de la muchacha con sus brazos, acomodando el rostro sobre los rizos dorados sujetos con una cinta de seda.

-Candy, mi Candy...-Le dijo muy cerca del oído.-... No puedo negarte que me duele saber que estas comprometida con Alexander...y que hayas decidido casarte con él...

Candy acarició las manos del joven, y se giro lentamente para quedar frente a él. Recargó su rostro sobre el torso masculino y ahí pudo escuchar con mayor claridad los latidos del corazón del hombre que amaba, seguir el mismo ritmo que los suyos. Levantó su rostro para encontrarse con las pupilas que la miraban con una mezcla de amor y tristeza, los mismos sentimientos que ella tenía.

-Terry, no quiero perderte…- Le dijo en su susurro.-...no quiero volver a estar lejos de ti…pero no sé que hacer…no quiero hacerle daño a Alexander que ha sido tan bueno conmigo…un amigo como ninguno y yo no sé…

-Tú los has dicho...-Observó Terry sin el afán de presionar a la muchacha.-...para ti, Alexander no es más que un amigo...mientras que entre tú y yo existe algo que va más allá de una simple amistad...pero, a pesar de lo que pudiésemos sentir… yo sabré respetar la decisión que tomes...sea cual sea…la respetaré.

Candy no supo que más decir y se refugió en los brazos de Terry quien la cubrió con dulzura, consciente de la lucha que se debatía en el interior de la muchacha, el deber contra el corazón, y nadie mejor que él para comprender el dilema en el que Candy se encontraba.

Pero aún con ello, no pudo evitar lo que hizo a continuación, después de todo, tal vez fuera su última oportunidad de estar junto a ella y disfrutar de un poco de la felicidad que el destino se empeñaba en negarles. Levantó con suavidad el mentón femenino y acaricio con infinita ternura cada rasgo de ese rostro tan añorado hasta llegar a sus labios. Delineó su forma con la punta de sus dedos y con un suave roce, depositó en ellos un dulce beso que los hizo estremecer. Quizás no había un mañana para ellos, y sin embargo, Terry deseaba alargar el poco tiempo que pudiera tenerla junto a él.

Después de ese suave roce entre sus labios, Terry separó lentamente el rostro y busco nuevamente el verse reflejado en aquellos ojos verdes que adoraba. No hubo necesidad de más palabras y por momentos parecía que el mundo a su alrededor hubiera desaparecido, quedando solamente ellos dos, perdidos en la mirada del otro. Candy suspiró y Terry la estrechó con mayor fuerza entre sus brazos. Y en un movimiento que él no anticipó, Candy levantó sus manos para rodear su cuello y fue así que el abrazo entre ellos fue más estrecho.

Al tenerla entre sus brazos, tan cerca de él, pudo sentir la calidez de su cuerpo y Terry se preguntó si después de experimentar aquella cercanía podría vivir sin el simple roce de sus manos. Evidentemente la respuesta era que no. Y en ese momento, deseó ser el dueño del tiempo para tener el poder de cambiar tantas cosas que lo llevarán a cumplir su más ferviente sueño de permanecer por siempre junto a Candy.

Terry cerró los ojos y grande fue sorpresa, cuando se percató de lo que Candy intentaba hacer. Aquella chiquilla pecosa que le había propinado una tremenda bofetada cuando él se atrevió a robarle un beso, era quien ahora buscaba sus labios por segunda ocasión, atrapándolos en una deliciosa caricia que recordaría cada día de su vida.

Y después de ese segundo beso, sus agitados corazones, comenzaron a danzar en un ritmo que era mezcla de de alegría y dolor.

-Terry…-Dijo Candy en medio de un hondo suspiro.

-No digas más…-La interrumpió Terry mientras que guiaba a una de las pequeñas manos hacia su pecho.-...sólo recuerda que siempre estarás aquí...en mi corazón.

Y Candy supo de inmediato el significado que se encerraba en las palabras dichas por Terry. Era su manera de decirle que él siempre la amaría, aunque ella finalmente se casará con Alexander. La muchacha aferró su mano con la de él, deseando que el mañana no llegará más para quedarse para siempre junto a Terry.

-Será mejor que te acompañé a tu casa, no quiero que...Albert se preocupé por ti.-Dijo el muchacho con renuencia, dándose cuenta que fuera de la casa, la noche avanzaba sin dar tregua.

Candy asintió levemente y salieron de la casa, con las manos entrelazadas. Terry la ayudo a subir al caballo, y situándose tras ella, tomó las riendas para dirigirse al camino por el cual se llegaba a la villa de los Andrew. Durante el trayecto, el silencio fue su único compañero, aunque aquello era algo que no les incomodaba, puesto que mientras estuvieran juntos, las palabras podían salir sobrando ante lo significativo de cada mirada que se dirigían.

El andar del caballo fue lento y sin embargo, cuando se dieron cuenta, habían llegado a su destino. Terry fue el primero en desmontar y cuando estuvo en pie, tomó entre sus brazos a Candy para ayudarla a bajar. En un impulso en el que Terry sacó provecho de su cercanía y de la oscuridad de la noche que los cubría, volvió a posar sus labios sobre los de Candy para dejar en ellos un beso lleno de amor y que a su vez sabía a melancolía.

Después de escasos segundos en los que tuvieron la dicha de sentir como sus labios se envolvían mutuamente, se vieron obligados a separarse al escuchar el crujir de unas ramas cerca de donde se encontraban. Terry giró su rostro en varias direcciones, tratando de encontrar a quien hubiese provocado ese ruido, pero la oscuridad era tan densa que fue en vano su intento.

-Candy...mi pecosa…que difícil es dejarte…-Le dijo al oído.

-También es doloroso para mí…el estar lejos de ti…pero…-Candy se interrumpió al sentir que Terry posaba su dedo índice sobre sus labios.

-Sé que me quieres...y por ahora...con eso me basta.-Afirmo con decisión, haciendo hincapié en cada una de sus palabras.

-Terry...-Pronunció la muchacha a media voz.

Terry tomó las manos de la chica y las llevó hacia sus labios para depositar en ellas un tierno beso. Después de ello, monto su caballo y se alejó del lugar. Candy siguió con su mirada al joven hasta que se perdió dentro de la inmensidad de la noche, sin percatarse de que ella misma era observada por alguien más.


La noche le dio paso al día quien venía acompañado por un sol que brillaba en todo su esplendor. Los rayos que despedía se deslizaban entre las rendijas de las ventanas del establo, alumbrando cada rincón del lugar. Ocupado en la tarea de cepillar el pelaje de su caballo, Terry trataba de concentrarse en lo que en ese momento debía hacer, tratando de mantener a raya sus pensamientos que se empeñaban en traer a colación la imagen de la muchacha. Y después de terminar, salió del establo, en la entrada de la casa se encontró con Meg, quien iba a buscarlo.

-Terry, tienes visita.-Anunció la anciana.

-¿Visita? ¿A esta hora de la mañana?-Preguntó el joven extrañado.-¿Y quién es Meg?

-Es Alexander.-Respondió la mujer alegremente.-Te espera en la estancia.

Aunque era algo que no daba por hecho, Terry se imaginaba que Alexander terminaría por buscarlo para indagar sobre su relación con Candy y las intenciones que pudiera tener respecto a ella. Y ese momento había llegado, por lo que, sin mayor demora, se dirigió a la estancia. Apenas entró a la habitación se percató por el semblante de Alexander que aquella no era visita cordial.

-Imagino que debe sorprenderte mi visita...-Comenzó a decir el muchacho.- pero es necesario que que hablemos.

-Tú dirás.-Fue la respuesta de Terry.

Ambos jóvenes tomaron asiento, uno frente al otro, y Terry se dio cuenta de que la cordialidad que Alexander había mostrado en sus anteriores encuentros había quedado en el pasado para dar paso a una actitud desafiante.

-Verás Terry, no me gusta andar con rodeos, así que seré lo más claro posible.-Dijo Alexander.-Ayer por la noche me di cuenta de que acompañaste a Candy hasta la entrada de la villa de los Andrew y presencié la manera tan afectuosa que tienes de despedirte de tus viejas amigas...

-En eso te equivocas...para mi, Candy es más que una vieja amiga.-Observó el muchacho, si Alexander estaba ahí para hacerle algún tipo de reclamo ó amenaza, poco le importaba. Lo que verdaderamente le importaba era hacerlo conocedor de la verdad de los sentimientos que Candy le inspiraba.

-Por si lo has olvidado, permíteme que te recuerde que de quien hablas es de mi prometida.-Afirmó Alexander.-¿Qué es lo que pretendes? Volver a enamorarla para después dejarla en el olvido como lo ya lo hiciste antes.

Aquello era un golpe bajo y Alexander lo sabía, si alguien conocía de primera mano la historia inconclusa de Candy y Terry, ese alguien era él. Sin embargo, no iba dejarle el camino libre a Terry, no cuando él amaba a Candy más que a su propia vida.

-Por lo que puedo ver, crees que estas muy bien informado.- Dijo Terry, tratando de contenerse para no responder a la provocación que iba implícita en el último comentario de Alexander.- Y pues bueno, cómo estas interesado en conocer mis pretensiones con Candy, te lo diré de una buena vez...¡la amo! Así como lo escuchas y con todas sus letras, la he amado desde siempre y eso es algo que nunca va a cambiar.

-¿Y me lo dices así? Con ese descaro.-Le reclamó.

-Hablar de lo que siento por Candy, para mí, no es ningún descaro.-Afirmó Terry sin vacilar.

Alexander se levantó de su lugar al escuchar a Terry y a su mente vino el recuerdo de la escena presenciada la noche anterior. Él sabía que Candy aun sentía algo por el joven actor, pero aun con ese conocimiento, había sido muy doloroso el verla Candy en los brazos de Terry, correspondiendo a sus besos. Y si estaba ahí en ese momento, era para dejar claro que no estaba dispuesto a dejarle el camino libre.

-Amó a Candy más que a nada en el mundo, y no estoy dispuesto a perderla.-Alexander elevó el volumen de su voz.-¡No me importa lo que tú puedas sentir por ella! Candy es mi prometida y no dejaré que se vaya de mi lado.

Terry se puso de pie para encararlo, mirándolo fijamente.-Entonces, prefieres mantenerla a tu lado aunque ella no te amé, aunque con eso, la condenes y te condenes a ti mismo a la desdicha.

-¡Con el tiempo aprenderá a quererme!-Replicó Alexander sin dudar.

-El amor no se aprende Alexander... ¡se siente!-Afirmó Terry.

-¡No me importa Terry!-Habló Alexander al tiempo que lo señalaba.-Y una cosa más, ¡aléjate de Candy!, no te quiero ver cerca de mi prometida.-Terminó haciendo énfasis en las últimas dos palabras.

-¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer!-Afirmó Terry sin dejarse amedrentar.-¡No quisiera contradecirte, pero no me alejaré de Candy mientras tenga la certeza de que ella a quien ama es a mi!

El puño de Alexander se estrelló en el rostro de Terry que no lo esperaba. Un hilillo de sangre, salió de la boca de Terry y eso fue más que suficiente para que el muchacho devolviera el golpe con mayor fuerza. Ante el impacto del puño de Terry en su estomago, Alexander tropezó con la mesa y un jarrón con flores cayó en el piso, rompiéndose al instante. El intercambio de golpes no se hizo esperar y ambos hombres se enfrascaron en una pelea en la que cada uno buscaba hacer el mayor daño posible al otro.

-¡Basta!-Se escuchó la voz de Meg que alertada por el escandalo proveniente de la estancia, había llegado acompañada por dos de los sirvientes de la villa quienes de inmediato separaron a Terry de Alexander.

-Es la última vez que te lo digo Terrence...¡No te quiero cerca de Candy! -Dijo Alexander al tiempo que se limpiaba la sangre que corría por su boca con el puño de la camisa.

-No me hagas repetirte lo que de sobra sabes.-Respondió Terry.

Alexander se soltó del sirviente que los sostenía y salió de la estancia hecho una furia. Terry se dejó caer en el sillón más cercano mientras que Meg le daba indicaciones a uno de los sirvientes, quien salió de la estancia para regresar minutos después con una bandeja de agua y toallas limpias.

-Y yo que creí que estarías feliz de ver a un viejo amigo y mira como terminó la visita...pensé que ya había quedado atrás el tiempo en que arreglabas tus problemas a golpes como un vulgar rufián.-Lo reprendió la anciana mientras limpiaba la cara del muchacho como tantas veces lo había hecho durante el tiempo que cuido de él en Londres.-Y Candy, ¿qué tiene que ver ella con Alexander?

Terry movió la cabeza de lado a lado.-Candy es la prometida de Alexander.

Meg levantó los ojos sorprendida. Ahora entendía porque Candy había dicho que era imposible que pudiera estar junto al hombre que amaba.


Un ajuar de novia cubría la cama bajo la sombría mirada de la muchacha que lo portaría. Estaba a unos días de que la boda se llevará a cabo, pero la ilusión por ese hecho no se vislumbraba en el rostro de Candy. Por el contrario, mientras más se acercaba la fecha, la tristeza se iba apoderando de ella.

Su mente divagaba, buscando entre sus recuerdos, los momentos más felices de su vida, momentos que había compartido con el hombre que amaba. Sonrió tristemente al recordar que años atrás, había guardado la esperanza de que algún día el camino de Terry se uniera con el de ella, pero todo había quedado en un sueño, en una ilusión.

-Candy, ¿puedo pasar?-Se escuchó la voz de Albert del otro lado de la puerta.

-Adelante Albert.-Dijo Candy, tratando de controlar los agudos de su voz que delatarían su tristeza ante su amigo.

-Veo que ya te entregaron tu ajuar.-Observó Albert al ver el vestido de novia que reposaba sobre la cama.

-Sí… es lindo.-Dijo Candy sin mirarlo.

-Candy…sé que esto ya te le he dicho en varias ocasiones...-Le dijo Albert situándose frente a ella.-... pero no te veo convencida de lo que vas a hacer.

-No puedo dar marcha atrás…-Se atrevió a decir la muchacha.-...y Alexander espera que me casé con él...

-Pero no lo amas, tu corazón le pertenece a alguien más...y ambos sabemos que ese alguien es Terry.-Afirmó Albert ante los sorprendidos ojos de Candy- ¿Estás dispuesta a sacrificarte en un matrimonio sin amor?-Le preguntó con severidad para hacerle ver lo equivocada que estaba.

-Albert…-Candy se interrumpió sin saber que más decir.

-¡Candy por favor!-Le dijo Albert, tomándola de los hombros.- Siempre has sido una mujer decidida y has enfrentado muchas situaciones duras en tu vida...no entiendo porque ahora no te atreves a romper tu compromiso con Alexander.

-No quiero herirlo…-Musitó la muchacha.

-¡Prefieres herir a Terry y a ti misma, llevando a cabo ese matrimonio!-La reprendió.

-¡No!...yo solo quiero hacer lo correcto.-Afirmó Candy en un intento por defenderse.

-¡Entonces hazlo! No te condenes a una vida sin amor, cuando sabes que tienes la verdadera felicidad a tu alcance. -Albert le dio un beso en la frente.- No lo olvides Candy, es tu felicidad la que esta de por medio.

Albert salió de la habitación, pero, sus palabras retumbaban como un eco constante en los oídos de Candy. "Hacer lo correcto", ¿y qué era lo correcto?, en el pasado había tomado una decisión pensando que era lo mejor para Terry y para ella, y de nada había valido ese sacrificio, y ella, deseaba con todo su corazón no separarse más del hombre que amaba.

En un impulso y siguiendo por primera vez en mucho tiempo la voz del corazón, Candy salió de su habitación y se dirigió a las caballerizas, ensillo uno de los caballos y salió de la villa, teniendo en el pensamiento un único destino.

Continuará…

Notitas de mi:

¡Hola chicas! ¿Cómo están? Espero que muy bien.

Primero que nada quiero agradecer por dejarme un review en el capitulo 9 a Iris, Isabella Potter de Grandchester, Fati (claro que leo cada mensaje que me dejas y va mi agradecimiento para ti y para todas las chicas que leen mi historia.), Ana, Isa, gadamigrandches, Caro, Goshy y Luz Rico, ¡muchas gracias por leer y comentar! No me cansaré de decir que cada comentario recibido es un aliciente para continuar escribiendo.

Y por supuesto que también te agradezco a ti, que lees "Simplemente...amor" de forma anónima, ¡muchas gracias!

Y bueno, aquí tienen el capitulo 10, espero que les haya gustado y eso solo sabré si me dejan un review, así que espero leer sus comentarios.

¡Nos leemos el próximo viernes!

¡Un abrazo para todas!