Capítulo 10. – "Puertas abren, otras cierran"
La lluvia torrencial caía sin parar y una estrecha carpa era lo único que evitaba que el ataúd de Azael Blair quedara atascado en el lodo. Su entierro era tan deprimente como lo fue su vida, carente de flores y de lágrimas que lo añoraran, acompañado únicamente por los rezos de un sacerdote que imploraba por el descanso de su alma mientras tres mujeres lo escuchaban. Elsa observaba con una expresión inalterable, Anna y Rachel se hallaban a su lado.
Las plegarias del religioso culminaron y la tierra comenzó a caer sobre la madera enterrando a la bestia para siempre, con ello la platinada sintió una extraña combinación entre liberación y desamparo, porque ahora era libre de la bestia, pero estaba presa en manos de su madrastra.
Miró a la castaña sin que ella se percatara, esta permanecía con la vista fija sobre el ataúd, y era casi imperceptible, pero en sus labios se dibujaba una sonrisa, una muy disimulada sonrisa que evidenciaba cuanto lo disfrutaba.
Elsa volvió a desviar la mirada sin dejar de pensar en todo aquello. La muerte de su padre ya era una realidad, ¿Ahora que seguiría? ¿La suya?... Era la peor sensación que había sentido en su vida, no había ninguna otra que se le comparara a la incertidumbre, al no poder tener control sobre su destino, y lo peor, no saber en manos de quien había quedado.
Salió de la pequeña carpa y la intensa lluvia la bañó de golpe, pero no le importó, simplemente no podía seguir allí contemplando como todo se le iba de las manos.
Caminaba hacía la salida del cementerio cuando de repente escuchó unos pasos que la seguían, se giró y vio la empapada figura de la pelirroja acercándose a ella, entonces se detuvo en el acto.
- ¿Qué quieres Anna?
- ¿A dónde vas?
- Ese no es tu problema.
- No dejaré que te marches sola.
- ¿Por qué? ¿Acaso tu madre te mandó a vigilarme?
Anna hizo un gesto de extrañeza con aquella pregunta.
- Mi madre no tiene nada que ver.
- Tiene mucho que ver.
- No vine aquí para escuchar tus suposiciones Elsa, vine para acompañarte a donde sea que vayas, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. – Contestó tajante.
- Entonces replantearé mi pregunta. ¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?
- Dime la verdad y te dejo en paz.
- ¿De qué verdad me hablas?
- La verdad de por qué me evades.
La rubia no se esperó aquello.
- ¿Estás segura de querer escucharla?
- Si.
- Muy bien, entonces te la diré. – Hizo una pausa - La verdad es que no te soporto, tu presencia me molesta, me estorba. Anna te detesto, pero eres tan fastidiosa y tan tonta que ni siquiera lo notas.
Lo único que se escuchaba era la lluvia caer, los ojos aguamarina la miraron estupefactos hasta que se tornaron cristalinos, estos estaban llorando, a pesar de que el agua que caía casi no permitía percibirlo. Anna no dijo nada, simplemente se dio la vuelta y se alejó cumpliendo su promesa, la promesa de dejarla en paz de una vez por todas.
Elsa la vio alejarse y sintió un vacío consumirla por dentro, ya estaba hecho, ahora lo único que debía hacer era aprender a vivir con ello.
-/-
Era de noche y Elsa regresaba a casa, era uno de esos días en los que no le encontraba sentido a nada, en los que se movía, respiraba o existía, únicamente por impulso, o por necesidad. Subió las escaleras y se topó otra vez con la puerta de los copos de nieve, suspiró ante las sensaciones que esa puerta le hacia sentir, pero las ignoró y la abrió para encerrarse otra vez en su pequeño rincón.
Esperaba encontrar lo de siempre, el azul y los copos de nieve de la decoración, las dos camas ubicadas una al lado de la otra y a una pelirroja acostada en una de ellas leyendo su libro nocturno antes de dormir. Pero eso no fue lo que encontró, en vez de dos camas había sólo una, y en vez de una pelirroja había desolación. Esto le sorprendió, salió de nuevo y buscó en el pasillo indicios de la chica, pero no había rastros de ella. Entonces un sentimiento de alarma se generó en su interior.
- ¿Anna? - Dijo fuerte con la intención de que esta le escuchara, pero no hubo respuesta.
Bajó las escaleras y fue a la cocina, la que también estaba vacía, al igual que el comedor, la sala, el jardín y el baño. ¿Acaso se había marchado?... La sola idea hizo que su corazón latiera asustado, o más específicamente, desesperado.
Volvió a subir las escaleras y comenzó a abrir el resto de puertas de la segunda planta. La habitación de Rachel estaba solitaria, pero esto no era raro ya que podría encontrarse en otro de sus viajes repentinos. Abrió la del segundo baño y en este tampoco había nadie, así que sólo le quedaba una puerta más por abrir, la de la habitación de invitados. Se paró frente a ella y la abrió con esperanza, en cuanto lo hizo, dio un respiro de tranquilidad. Allí estaba la cama que hacia falta y la pelirroja que buscaba acostada en ella, con los audífonos puestos escuchando música desde su iPod. Anna la miró con sorpresa en cuanto notó su presencia, se quitó los audífonos y siguió mirándola, pero esta vez con recelo.
- ¿Qué quieres? - Preguntó secamente.
Elsa no supo que decir, permaneció muda como una estatua.
- ¿Qué quieres Elsa? - Volvió a preguntar con igual tono.
- Vi que no estaban tus cosas en la habitación y… quería cerciorarme de a dónde las habías llevado.
- Pues ya ves, están aquí. Ahora ya tienes tu habitación de regreso, te he librado de mi presencia.
La rubia guardó silencio durante un breve instante.
- Bien, es lo mejor. – Respondió sin alargar más el asunto, volvió a cerrar la puerta y se marchó a la que ahora era sólo su habitación.
Le puso seguro a la puerta de los copos de nieve y se tumbó en la cama observando el espacio vacío donde Anna debería estar. ¿Por qué le costaba tanto verlo así?... Ya se había acostumbrado a verla allí todos los días, a su presencia, a su compañía, sabía que ella misma se había encargado de alejar todo eso, pero le costaba, y le costaba más de lo que desearía.
Eso que estaba sintiendo le hizo replantearse muchas cosas. Esa desesperación que sintió al creer que se había marchado para siempre, esa sensación de vacío y de soledad, pero sobre todo, eso anhelo que ahora tenía por volver a tenerla cerca. Ella no era así, esa no era la Elsa dura y fiera que tanto se había esmerado en forjar, algo había cambiado y en ese instante cayó en cuenta de ello.
- ¡Mierda! ¡Mierda!
Negó para si misma ante lo increíble que aquello le parecía, siguió negándoselo una y otra vez, pero de nada le servía porque el sentimiento no desparecía. Hasta que aceptó que no tenía sentido seguir negando lo evidente, entonces lo reconoció, estaba enamorada, perdidamente enamorada de Anna Saints.
-/-
La castaña llegó a su destino después de un largo viaje por carretera. La recibieron las enormes puertas de una mansión situada al noreste de Filadelfia, estas se abrieron para permitirle el paso y condujo su auto atravesando los imponentes jardines que adornaban la entrada con majestuosidad. Luego se acercó un hombre mayor vestido de mayordomo, este recibió su pequeña maleta y la saludó con amabilidad.
- Bienvenida de nuevo, señora Rachel.
- Gracias Arthur. ¿Puede ella recibirme ahora?
- Si señora, la está esperando en su despacho.
La castaña asintió y se dirigió hacía allí.
El despacho era precedido por una enorme puerta de madera elaborada del más fino roble, en la que estaba tallada a mano la espléndida figura de un león, símbolo del linaje heredero del lugar. Tocó dos veces y al instante escuchó una elegante voz que provino desde el otro lado…
- ¿Quién es?
- Soy yo, Rachel.
- Puedes seguir.
Acató la invitación topándose con más lujo del que ya había contemplado y con la mirada expectante de una hermosa mujer que esperaba con ansias escuchar sus noticias.
- ¿Y bien?
- Ya está hecho señora.
A la mujer se le notó complacencia en su expresión.
- ¿Él obtuvo lo que merecía?
- Por supuesto, justamente lo que merecía. – Contestó la castaña con satisfacción.
- Espero que tu hayas obtenido lo que buscabas.
- Lo obtuve, y le estaré eternamente agradecida por ello.
- Muy bien. ¿Qué hay de ella?
- Ella ahora está bajo mi poder, todo salió según el plan.
La mujer giró su silla dándole la espalda, luego miró por el enorme ventanal que daba vista al jardín.
- Entonces es hora de pasar a la fase tres.
- Procederé cuando usted me diga.
- Procede ahora.
- Como ordene.
Rachel se dio la vuelta para salir, pero antes de que lo hiciera la mujer volvió a hablarle…
- Recuerda lo que te dije, ellas no deben enterarse de nada. No todavía.
- Puede estar tranquila, no lo sabrán hasta que usted decida.
- Ese momento es inminente.
- ¿Está preparada para ese momento?
La elegante dama presionó el botón que hizo girar nuevamente su sofisticada silla de ruedas.
- Más de lo que he estado toda mi vida.
Rachel sonrió y abandonó el despacho para irse a cumplir la última parte de su misión, la más importante de todas.
…
Reviews
Capítulo corto pero revelador. La próxima semana tendrán el que sigue, les revelará aún más. Nos leemos!
Love Girl: Hola, espero que ya te encuentres mejor de salud. Te agradezco por permanecer fiel a mi historia y tomarte el tiempo de comentar a pesar de estar enferma :) En cuanto al capitulo, pues ya ves que aquí nunca se sabe que va a pasar. Ya pronto verás como la historia da un giro inesperado. Saludos, te cuidas!
Madh-M: No creo que ahora que se ha dado cuenta de sus verdaderos sentimientos, Elsa tome tan a la ligera el hecho de no ver a Anna nunca más. Ella tendrá que pensar muy bien lo que va a hacer con su amada pelirroja de ahora en adelante. No te preocupes, ya tendrás Elsanna. Saludos!
Siari55: Pronto sabrás para que la quiere Rachel, y te sorprenderá ;) Gracias por comentar, saludos!
