Atrévete a sonreír

Capítulo 10


Cuando ambos entran al pub, Hagrid los recibe con su amable sonrisa, pero al percatarse que es Hermione cambia su semblante a uno más serio, pensando que la castaña ha ido esa tarde para ponerse a trabajar, pero ella de inmediato se excusa diciendo que solo iban por unos tragos, señalándose a ella misma y a Oliver. Hagrid no es muy bueno manteniendo sus emociones a raya y discreción, por lo que su cara pronto reflejaba su completa confusión y desconfianza hacia ambos, en especial hacia Oliver. Pero con una simple mirada, Hermione lo tranquiliza.

Encontraron una mesa, lo suficientemente alejada de la mirada protectora del gran cantinero, que pronto los alcanza en la mesa dejándoles dos exquisitos tarros de cerveza.

Pronto se sienten invadidos por una sensación de extrema calidez y comodidad. Algo que hace mucho no les ocurría, salvo aquel día que se conocieron con un improvisado almuerzo justo en ese mismo pub. Todo era muy agradable, y más si le sumaban una deliciosa cerveza de barril.

Comenzaron a charlar animadamente, Hermione aún con la cautela de intentar no convertir esto en una cita. Porque no lo era. Y Oliver, como siempre, con una actitud tan relajada, ayudaba a la causa, ya que hacía que la castaña dejara de pensar por un momento en lo que la gente pudiera llegar a malinterpretar.

—Cuéntame de tí Oliver —se animó Hermione más tarde después de casi acabar con la mitad de su tarro de cerveza, lo que tal vez le dio la confianza para preguntar. Ella no era muy habitual bebiendo, por lo que pronto, el líquido parecía haberle dado valor. Hermione deseaba saber más sobre Oliver, y tal vez, poder entender porque había tan buena química entre ambos.

El futbolista le contó de su vida en Escocia, Hermione casi se cae de su silla al saber que era escocés. Siguió escuchándolo hablar de cómo dejó su país para venir a Londres a estudiar la universidad con el único interés de ser fichado por algún equipo de la liga inglesa profesional. Fue aceptado por el Puddlemere poco antes de terminar su carrera, le contó sobre la dificultad de terminar sus estudios a la par de entrenar para el fútbol profesional. Le contó que vivir en Londres fue difícil, ya que conllevó dejar a sus padres en otro país, en especial por ser tan apegado a ellos. Pero después de un tiempo, había conocido a Katie y su matrimonio había llegado a lograr que no se sintiera solo. Y después, llegó a la plática donde mencionaba su mala relación son su esposa, sus intentos por ser padre, y sus raros pero complicados ataques de pánico y descompensaciones que lo habían llevado a suspenderlo de las prácticas.

—¡Oliver eso está muy mal! ¡Tu siendo un jugador profesional, sabes mejor que nadie que hay que alimentarse bien! —lo interrumpe Hermione, mostrándose como toda una madre preocupada. Eso a Oliver le pareció hermoso.

—¡Lo se! Es exactamente lo mismo que Percy me dijo, ¿convivir tanto juntos los ha hecho iguales?

—Créeme, yo soy peor —asegura ella dejando escapar una carcajada.

—Eso lo juzgaré yo de ahora en adelante —agrega el joven mientras se llevaba el tarro a los labios para darle un gran sorbo. Hermione solo puede sonrojarse ante el comentario, no sabiendo cómo tomar aquello—. Pero basta de hablar de mi, háblame de ti.

Ella contuvo el aliento antes de dejar escapar un suspiro para comenzar a contar su historia. Habló sobre su infancia en Londres, donde sus padres aún vivían. De cómo, mientras estaba en la universidad, decidió vacacionar en casa de su amiga Ginny, la cual estudiaba junto con ella la carrera de administración, y fue así como llegó a conocer a Ron. Salieron por dos años en los que sólo se veían esporádicamente debido a los estudios de ella y al trabajo de él, el cual se ubicaba ahí en Ottery. Se casaron en cuanto ella terminó la carrera y se embarazo casi inmediatamente después, por lo que nunca ejerció su profesión y había preferido ser ama de casa para estar con sus hijos. Le contó lo infinitamente feliz que había sido su vida en Ottery, de cómo ser una Weasley se vuelve una aventura diaria a lado de todos sus cuñados. Cuando llegó a la parte de la muerte de Ron, levantó la mano para pedirle a Hagrid otro tarro de cerveza, y siguió contando todo un poco más seria, pero Oliver la miraba tan atento y comprensivo que solo eso bastó para hablar de su pérdida sin sentir que el aire le era robado de un jalón.

—No solo perdí a Ron, de alguna forma mis mejores amigos también se alejaron —siguió contando como Ginny se había casado casi al mismo tiempo que ella con el mejor amigo de Ron, llamado Harry Potter. Los cuatro habían formado un vínculo, pero eso se vio destruido cuando su esposo murió, y ahora solo los veía de vez en cuando, dado que ambos se habían ido a vivir cerca de Londres. No se había puesto a pensar de cuanto los extrañaba.

—¿Porqué no vas y los visitas tu? —pregunta Oliver.

—No lo había pensado, he estado... —pero pronto guarda silencio, ¿qué era lo que podía decir? ¿que había estado deprimida todo este último año y se había alejado de todos ella también?

—Entiendo, fue un año complicado —agrega mientras estira su brazo para alcanzar a tomar su mano y apretarla fuertemente. Hermione siente como esa vaga sensación vuelve a su pecho; pero lejos de asustarse, y tal vez debido al alcohol, se siente nerviosa ante su toque, pero logra animarse a entrelazar sus dedos con los de él.

Se siente bien. Sumamente bien.

Algo de lucidez llega a la mente de Hermione después de unos segundos, cuando nota que Hagrid está mirando hacia ellos, rápidamente retira la mano de la mesa y la esconde debajo.

—Lo siento —Oliver se disculpa de inmediato al ver como ella se pone incómoda con su acercamiento—. Solo quería darte mi apoyo, y no sabía cómo expresarlo, creo que me sobrepasé un poco.

—No, Oliver, no has hecho nada malo, todo lo contrario, has sido maravilloso, en especial con mis hijos. Pero yo —toma un respiro antes de continuar, es sumamente difícil saber cómo expresarse sin exponer su extraña forma de sentirse respecto a él—, yo soy la que aún siente extraño este tipo de gestos —dice señalando su mano—. Pero por favor no lo sientas, creo que después de este año de estar apartándome de todos necesito, al menos, intentar no sentirme mal conmigo misma porque me tomen de la mano.

Esto último la hizo sonrojar un poco, porque al final de cuentas, sonaba como algo más, como algo que ocurre en una cita. Y no lo era.

Oliver se sienta recto en su silla, pero su semblante permanece sereno. Ese semblante que logra envolver siempre a Hermione.

—Es muy pronto para este tipo de interacción de mi parte —comienza a hablar. Él también se ha sonrojado un poco y luce algo nervioso, pero sigue hablando—. Dado que siento que temes que esto sea una cita, ¿me equivoco? —ella se ve descubierta, no le queda más que asentir lentamente—. Pero no te preocupes, mi intención jamás fue hacer de esto una cita. Porque yo sigo casado, y tu aún tienes cosas por las que reponerte.

Hermione escucha todo aquello, sintiéndose rara, dolía saber que él no quería una cita, pero por otro lado se siente aliviada de que no lo fuera. Era tan confuso.

—Pero Hermione, cuando las cosas se arreglen, no dudes en que voy a pedirte un par de citas, o tal vez muchas —agrega, poniendo a Hermione de mil colores.

••••

Al día siguiente, Oliver amanece con un dolor de cabeza intenso. Haber llegado a las doce de la noche sumado a unos cuantos tragos de más, ha logrado que esta mañana se sienta como si un balonazo se hubiera estrellado en su cara al intentar cubrir un penalti y el resultado fuera horrendo.

Abre los ojos para encontrarse con inmensas imágenes del Puddlemere, por un momento no sabe en donde se encuentra, pero al recorrer el lugar con la vista, reconoce estar en una de las habitaciones de la Madriguera. ¿Cómo había llegado ahí? Ni idea. Busca a tientas su celular, necesita saber qué hora es, no quiere estar de holgazán, Molly ya se tomaba muchas molestias con él y le daría vergüenza quedarse en cama hasta tarde. Se alivia al ver que casi eran las nueve de la mañana. Necesita una ducha y un buen almuerzo para estar como nuevo.

Aprovecha que es temprano y que aún no llegará la familia a comer, como lo hacen todos los domingos, para apurarse a entrar a la ducha. Agradece que Molly y Percy siempre se levantan temprano por lo que ya han desocupado el baño para él.

Mientras el chorro de agua caliente le cubre todo su cuerpo, rememora su salida de anoche con Hermione. Fue sumamente agradable, tal cual él esperaba que fuera al encontrarse de nuevo con ella. Esa mujer tiene algo con lo que logra olvidar sus penas y lo hacen sentirse un hombre normal y completo. Recuerda todo lo que ella le había dicho, a detalle, como si no quisiera olvidar nada. Pero pronto detuvo todo lo que hacía cuando recuerda la barbaridad que le había dicho a la castaña:

"Pero Hermione, cuando las cosas se arreglen, no dudes en que voy a pedirte un par de citas, o tal vez muchas".

¡Menudo idiota! ¡Maldita su boca floja impulsada por el alcohol! Oliver entra en desesperación porque sabe lo mucho que Hermione intenta llevar las cosas al margen, y él iba y le arrojaba todo esto en la cara. Necesita explicarse y disculparse con ella antes de que, con aquello, lograra alejarla de él.

Hermione se ha convertido en lo único real que no le generaba malestar. Era alguién que valía la pena el mejor trato. Pero él iba y lo arruinaba todo con sus palabras.

Ni siquiera se seca el cabello, solo se viste lo más rápido que puede, necesita ir con ella. Baja los escalones deprisa, logrando que todos rechinaran preocupantemente a su paso. Justo está por ponerse su chaqueta y gorro para abrir la puerta principal, cuando ve por la puerta de la cocina un par de cabecitas pelirrojas tan conocidas para él. Los hijos de Hermione siguen ahí. Sin pensarlo, ya estaba caminando hacia ellos con una sonrisa en el rostro.

Entra en la cocina, con Molly siempre activa, tanto que ya tenía listo el desayuno.

—Oliver querido, siéntate, acompaña a desayunar a los niños —dice dulcemente, pero sin dejar de lado la orden implícita en sus palabras. Ambos pequeños, al escuchar su nombre, giran sus cabezas para mirarlo, y ahí estaban de nuevo; esas miradas de pura admiración y cariño. Oliver siente como sus ojos se vuelven frágiles nuevamente, pero no puede ponerse a llorar cada que los ve.

—¡Oliver! ¡Siéntate aquí! —le pide Rose, señalando animadamente la silla enseguida de ella. El futbolista acepta, acomodando su chaqueta y gorro en el respaldo de la silla. Toma asiento junto a la pequeña la cual ya comía un delicioso tazón de avena con fruta.

—Ten querido —Molly le pasa un gran plato con unos huevos revueltos, tocino, frijoles y un par de panes tostados. Oliver siente que no come desde hace meses al oler el rico aroma que desprende cada bocado. Después, le acerca una taza de café caliente—. Está cargado querido, para la resaca.

A Oliver le da tanta vergüenza por el comentario de la señora Weasley. Pero supone que ella mejor que nadie sabe reconocer la resaca en un joven, ya que tuvo que pasar por esto con todos sus hijos. Ella, al contrario de mirarse enfadada, se mira con una sonrisa, y esto logra que Oliver se relaje un poco.

—Muchas gracias, señora Weasley.

—¡Resaca! ¡Lo mismo que tiene mi mami! —grita Rose a todo pulmón, haciendo que de nueva cuenta, Oliver sintiera un bochorno tremendo. Supo que su rostro se ha vuelto de color rojo tomate. Mira a Molly, ella lo sigue observando de forma divertida mientras toma asiento frente a él para ponerse a desayunar también.

—No es lo que parece —se excusa de inmediato mirando a la madre de su mejor amigo—. Nos excedimos con las cervezas, la verdad no fueron muchas pero ninguno es bueno tomando así que...

—Relájate querido —lo tranquiliza la señora Weasley—. Todos en esta casa hemos sufrido las consecuencias de dejarse llevar por el delicioso sabor de la cerveza del pub. Además, ustedes mejor que nadie merecían una noche libre.

Oliver se siente en calma total al escucharla. Al menos, aún tenía el cariño y confianza de Molly y comprendía sus acciones. Ahora, su preocupación era encontrar a Hermione y disculparse. Es en ese instante, cuando la castaña hace presencia en la cocina.

—¡Mami! —balbucea aún con la comida en la boca el pequeño Hugo. Oliver no quiere voltear a verla, primero debe controlar los latidos de su corazón y no delatarse frente a las tres mujeres más perspicaces que ha conocido, incluida Rose.

—¡Mi pequeño! ¿Como se portaron con su abuela?

Oliver se mantiene quieto en su lugar, poniendo toda su atención en la comida que estaba ingiriendo. Quiere en verdad disculparse con Hermione, pero eso no significa que su cuerpo no reaccionara de esta forma solo con su presencia, en especial por lo que le ha dicho anoche.

Pronto, escucha que la señora Weasley se pone de pie para servir otro plato a la castaña. Estaba logrando tranquilizarse cuando siente que alguien más toma asiento en la silla justo frente a él. Los vellos erizados de sus brazos le indican que era la presencia de Hermione. ¡Hasta estaba temblando! ¿¡Qué era todo esto!?

Tenía que mirarla. Al menos así sabría si ella estaba molesta con él. Lentamente levanta su vista y se fija en la hermosa mujer que está ahora sentada frente a él.

Hermione le sonreía dulcemente, ambos se miraban desvelados, pálidos y hechos trizas por el alcohol que habían tomado de más. Ella incluso se fijó en que estaba recién bañado, con algunas gotitas escurriendo de su cabello, y Dios, se veía hermoso a pesar de su estado deteriorado. Estaban igual de destruidos, pero anoche, algo se había llenado en sus corazones.

Lo sabían.

Sin poder evitarlo, Hermione sonríe de más, tanto que logra contagiar a Oliver por la ironía de las cosas. Por la sencillez de haber creado algo tan grande como su vínculo. Era tanta alegría, que ambos comenzaron a reír cómplices y sin poder detenerse.

—¿¡Qué pasa!? —pregunta Rose de inmediato cruzando su mirada de Hermione hacia Oliver—, ¿mami porque te ries? ¿qué sucede? ¿porqué no me quieren decir?

Y es que ni ellos mismos pueden explicarlo.

Rose sigue preguntando qué les sucede, pero ambos solo sabían, que vuelta atrás ya no había.