¿Ni un review T-T? Esto es triste, pero comprensible xD.

Bien, hay que avanzar y aquí les traigo la segunda parte del último capítulo de este querido fic. Corregido y limpiado, aunque lamentablemente no pude eliminar todas las incongruencias o me arriesgaba a quitarle todo el sentido.

Y, antes de empezar, fíjense en la imagen que utilice de cover para estar historia; así mismo me imagino al rey Ichi cuando se apareció frente a ellos.

Disclaimer: Bleach no es ni nunca será de mi propiedad.

¿Yo, rey?

Capítulo 7: De vuelta al pasado, parte II

La imponente figura parada inmóvil frente a ellos los paralizo por completo, dejando que su poderosa presencia los arropara en un manto de miedo opresivo.

Se sentían atrapados, sofocados. Por sus mentes la idea de quitarse la vida para escapar de ese monstruo cruzó inhibido varias veces, cada vez más tangible, más convincente.

Sorpresivamente, Kon fue el primero en moverse, alejándose del grupo para dirigirse con pasos seguros y confiados a donde estaba el rey. Estando a su lado pareció decirle algo con gestos frenéticos y preocupados, señalando en varias ocasiones al general de la Séptima Brigada, el cual seguía con la misma expresión complacida y burlona de momentos atrás. Ninguno de los visitantes del pasado pudo interpretar bien el hecho debido a la fogosidad de sus mentes.

De pronto, fue como si el aire se liberara. Ichigo, Rukia y Renji habían sentido que se ahogaban para de repente salir de nuevo a la superficie. Sus mentes y sentidos volvieron a la realidad, y ninguno de ellos pudo evitar mirar con nuevos ojos el escenario. ¿Qué había sido eso?

El general de la Séptima Brigada estalló en risas al ver la expresión de sorpresa en el rostro de los shinigamis.

—Impresionante lo que puede lograr el aura del rey, ¿no creen? —Reveló con un tono de orgullo que muchos encontraron fuera de lugar—. El manto de la muerte. Caos y destrucción con sólo su presencia.

Hiroshi tuvo que reprimir las ganas de atacarlo, tratando de concentrar toda su atención sobre Kon, quien había logrado que el rey suprimiera su aura y ahora lo convencía para que acabara con el General, diciéndole lo mismo que les había dicho a ellos.

Pasaron tensos minutos donde nadie se movió. Por un momento temió que Kon no pudiera convencer al rey. Él era demasiado volátil y un plan para nada seguro.

Ichigo, por su parte, tenía los ojos pegados en la figura de su "yo" del futuro. Era tan y como se lo había imaginado, con aquella máscara demoníaca que no podía distinguir entre amigo o enemigo, vistiendo el atuendo característico de su Bankai y con Tensa Zangetsu sujetada flojamente en su mano derecha.

Por un breve segundo sus ojos se encontraron con los de su otro yo y la oscuridad que encontró en ellos le hizo estremecer. Todo en su persona gritaba muerte. Cuando volvió a parpadear, el rey ya no estaba en su campo de visión.

El tan esperado encuentro lo había dejado desorientado, el poder de aquel ser simplemente superaba a su imaginación. ¿Podría él algún día alcanza tan nivel, sin entregar su alma para conseguirlo?

En otro parpadeo se encontró a un preocupado Kon parado frente a ellos, diciéndoles que debían refugiarse si no querían ser atrapados en la línea de fuego. No necesito de mucho convencimiento para andar detrás de Hiroshi en busca de un lugar seguro.

Mientras se alejaban, Ichigo arriesgó una mirada atrás, hacia el lugar donde se escuchaban los sonidos de la batalla. Tan sólo pretendía dar un vistazo, pero sus ojos quedaron como hipnotizados viendo la pelea, incapaces de apartarse aún cuando podía correr peligro por no hacerlo.

El general de la séptima brigada usaba shunpo para alejarse del rey, pero este era demasiado rápido y lo alcanzaba con gran facilidad, interponiéndose en su camino cada vez que intentaba alejarse demasiado. El rey pareció cansarse del juego del gato y el ratón que el general quiso imponer sobre ellos, así que la próxima vez que lo alcanzó no le permitió huir, usando a Tensa Zangetsu para atravesarlo diagonalmente y arrojarlo con la fuerza del impacto contra el suelo.

Sin permitirle recuperarse, el rey se apareció a su lado inmediatamente. Lo sujetó de los cabellos con su mano libre para levantarlo, y cuando lo tuvo a una buena altura le clavó a Tensa Zangetsu en el pecho antes de soltarlo nuevamente. Con ambos brazos libres, el rey lo sujetó de sus manos antes de que pudiera caer, y con una pierna apoyada sobre las de su enemigo, haló con fuerza, logrando dislocarle ambos hombros.

Lo soltó como si fuera basura, pero su asaltó no terminó ahí. Recuperando su katana del cuerpo ensangrentado del general, el rey movió su cabeza, posicionando los cuernos de su máscara en la dirección de su enemigo, lanzando un potente cero.

La explosión produjo una poderosa ráfaga de viento que levantó el polvo de los alrededores, llegando hasta donde se había detenido Ichigo a observar y obligándolo a tomar refugio detrás de unos árboles varios metros de distancia de su posición original.

Todo ocurrió en pocos minutos, y en ningún momento el general profirió sonido alguno.

Cuando el aire se aclaró, Ichigo sintió a Hiroshi a su lado, mirando con seriedad la escena. El rey seguía parado en el mismo lugar desde donde lanzó el cero, presentando algunas quemaduras, pero del general lo único que quedaba era una masa carbonizada y ensangrentada.

¿Se acabó? —Se preguntó Ichigo mentalmente, incapaz de creer que todo hubiera terminado tan rápido.

Pero un extraño sonido irrumpió en sus pensamientos. Concentrándose un poco más pudo determinar que se trataban de aplausos pero, ¿quién estaría aplaudiendo?

—Como siempre, excelente despliegue de fuerza su majestad —felicitó una voz irritantemente familiar.

De entre las sombras de unos arboles la figura del general de la séptima brigada emergió. Inmediatamente la mirada del anaranjada y de Hiroshi volvieron a donde estaba el supuesto cuerpo del general, logrando ser espectadores de cómo la masa carbonada se fragmentaba en miles de pedazos de cristal que se esparcían para dirigirse hacia la dirección del general, tomando la forma de una katana al llegar junto a él.

El rey seguía parado en el mismo lugar, con la mirada fija en la dirección del general.

—¿Qué rayos fue eso? —Preguntó Ichigo a nadie en particular.

—Parece que el general tiene unos cuantos trucos debajo de la manga —le respondió Hiroshi con los puños apretados a sus costados.

Con pasos lentos y altaneros, el general se encaminó hacia el rey, exhibiendo confianza en cada paso que daba.

—Él no será un oponente sencillo —comentó la voz de Kon a sus espaldas, sobresaltando un poco a Ichigo, que no vio cuando había llegado.

Rukia y Renji estaban ahí también, mirando con rostro severo la escena.

El general había llegado hasta el borde del cráter creado por la explosión y ahora miraba al rey, aprovechando la ventaja que la altura le proporcionaba para sentirse superior.

—¿Qué tal la habilidad de mi zanpakuto para crear una imagen en espejo de mí? —Preguntó retóricamente.

El agua que por tanto tiempo amenazaba con desbordarse de las nubes finalmente lo hizo, cayendo como cascadas a la tierra con una fuerza torrencial, con el objetivo de empapar todo a su paso.

Y fue en ese momento, justo antes de que la primera gota de agua tocara el suelo, que el rey desapareció de su posición y se apareció junto al general con Tensa Zangetsu en posición horizontal, con toda la intención de cortarlo por la cintura en dos pedazos.

Pero a unos metros de su objetivo, varios espejos se formaron, reduciéndole velocidad al ataque y dándole oportunidad al general de usar shunpo para salirse del camino.

El sonido de vidrios rompiéndose se escuchó, seguido por la carcajada del general.

Los pedazos de cristal que quedaron como resultado del ataque no cayeron al suelo, sino que fueron directamente hacia el rey a una gran velocidad. Logrando incrustarse en su cuerpo a pesar de su hierro.

El rey sólo aumentó su presión espiritual, logrando un gradiente que logró expulsar los fragmentos de cristal de su cuerpo. Hecho esto se volvió nuevamente hacia el general y le lanzó varios ceros con su mano. Como era de esperarse, el general formó varios espejos para protegerse, pero estos no se rompieron con el impacto, sino que absorbieron los ataques y los devolvieron por el mismo trayecto de donde habían venido.

El rey ni siquiera se molestó en evadirlos, como si hubieran sido repelidos por un campo de fuerza invisible, los ceros le pasaron de largo sin tocarlo, explotando a varios metros a sus espaldas.

Volviendo a desaparecer, el Ichigo de futuro se apareció detrás del general con su katana alzada, a punto de asestar un golpe.

—¿Eso es todo? —No pudo resistir burlarse, rodeándose con sus espejos.

En vez de atacar con Tensa Zangetsu, el rey usó su puño libre para golpear los espejos que estaban directamente frente al general, logrando traspasar sus defensas y agarrándolo del cuello antes de que pudiera escaparse.

Esta acción lo tomó incluso a él por sorpresa, pero sólo por un breve segundo, pues al siguiente ya se encontraba riéndose como si todo fuera una broma.

—¿Cansado de los juegos? —Se atrevió a tantear aún en su precaria posición—. Ya me estaba preguntando cuando te pondrías serio.

La única respuesta que obtuvo fue un aumento de presión en la mano que lo sujetaba y una apuñalada en su pecho.

No muy lejos de ahí, parcialmente reguardado de la lluvia por los frondosos árboles a su alrededor, el Ichigo Kurosaki perteneciente al pasado observaba el combate con mórbida fascinación, pues no era todos los días que tenía la oportunidad de verse a sí mismo peleando mientras era dominado por su Hollow interno.

Lo que veía lo asustaba y lo excitaba al mismo tiempo, ese nivel de poder era abrumador. No lograba entender cómo alguien como el general se empecinaba en antagonizarlo tan abiertamente aún siendo consciente de que la situación no estaba para nada a su favor. Supuso que era algo bueno, que estuviera cavando su propia tumba, pues así los liberaba de la tarea de lidiar con él ellos mismos. Pero no todo sería tan sencillo, si las acusaciones de Kon eran ciertas, y no dudaba que lo fueran, su misión apenas comenzaba.

Tenían que volver a su tiempo, ya habían conseguido lo que fueron a buscar, respuestas, la clave de todo el misterio estaría finalmente resuelto. El futuro sería salvado.

Pensar que el responsable era aquel ser, pensar que una sola persona podía ser la mente maestra detrás de tanto caos era demasiado increíble. Ni siquiera Aizen había logrado lo que aquel logró. Y por esa misma razón Ichigo no podía moverse de su sitio, a pesar de que su misión había acabado y de que lo mejor era que volvieran cuanto antes a su tiempo, Ichigo quería ver el final, el final de aquella vida tan despreciable. Y el que fuera ejecutado por su mano, indirectamente claro, lo hacía mucho mejor.

—Parece que llegamos a tiempo —una nueva, pero familiar voz lo sobresaltó. Tan era el nivel de concentración que estaba prestando al combate.

—Ukitake-san —identificó Ichigo al instante tras buscar el dueño de la voz.

El comandante de las fuerzas shinigamis sólo asintió, su mirada inmediatamente atraída hacía la pelea. Un grupo numeroso de shinigamis lo acompañaba, entre los que estaban sus amigos del pasado. Todos se veían ansiosos y preocupados.

—Tal y como lo sospechamos, es Terek —Habló Kira, el disgusto palpable en su tono, finalmente revelando la identidad del desconocido general de la séptima brigada—. Ese traidor…

—¿Lo llamaste Terek? —Preguntó un confuso Kon interrumpiéndolo, su rostro adoptando una mueca de concentración—. Entonces es cierto.

—¿Qué es cierto? —Se adelantó a cuestionar el Toshiro del futuro, estudiando fijamente a Kon.

—Todo este tiempo pensando que había actuado solo —siguió hablando Kon sin hacerle mucho caso—. ¿Qué significa esto?

Ichigo lo observó detenidamente, no entendía que estaba pasando por su mente, pero debía ser muy serio para tenerlo tan absorto.

—¡NO! —Gritó súbitamente Kon opacando las voces de los demás, sus ojos enfocándose nuevamente en la pelea.

Aquellos que no estaban prestando atención voltearon alarmados, justo a tiempo para ver al rey girar su cuerpo en su dirección y lanzarles un poderoso Gran Rey Cero de la nada.

Ichigo se vio separado del grupo por la falta de coordinación. Todo había pasado muy repentinamente, ninguno tuvo tiempo de prepararse, apenas capaces de salirse del camino del ataque gracias a la advertencia de Kon y unos cuantos.

Pronto sintió la presencia de Hiroshi y Kon a su lado. Parecía que habían tomado el mismo camino que él. Tras darles un pequeño vistazo para asegurarse de que estuvieran bien, Ichigo concentró su atención en la figura del rey, quien seguía en la misma posición de cuando les lanzó el inesperado ataque, mientras Terek se mantenía de rodillas unos pies detrás, ambos manos masajeando su adolorido cuello, pero con una expresión complacida en su cara.

—¿Qué diablos fue eso? —Demandó Ichigo confundido—. Creí que el rey estaba de nuestra parte.

—No te ilusiones con eso, el rey sólo pelea por sí mismo —le respondió Hiroshi, aunque él también se veía contrariado—, aún así esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué se aliaría con ese bastardo?

—Lo está controlando, no sé cómo —fue Kon quien dio a luz al misterio—. Sólo metió su mano en el agujero del pecho de Ogichi, luego vino esta luz y él simplemente lo soltó para atacarnos.

Los tres observaron nuevamente al rey, sopesando las posibilidades. Este seguía inmóvil como una estatua, pero Terek ahora estaba parado a su lado mirando a su alrededor con una gran sonrisa.

—No me había dado cuenta de que teníamos esta gran audiencia —pronunció visiblemente entusiasmado.

Los shinigamis que habían venido junto a Ukitake y los visitantes del pasado rodeaban las dos figuras enemigas, creando un perímetro de al menos unos cien metros en torno a ellos. Todos estaban tensos, con sus armas listas, sólo esperando el próximo ataque que vendría, pues todos temían ser el blanco de la atención del rey si se osaban atacarle.

—¿Con quién deberíamos comenzar la fiesta? —Ponderó en voz alta, mirando a cada uno el tiempo suficiente para darle un efecto dramático. Cuando terminó de recorrer su vista por los rostros de todos los presentes, levantó su mano y señaló con su dedo índice a un muy pálido y tembloroso Kon—. Hora de terminar lo que fue empezado hace un siglo; acaba con él rey.

Al instante la figura del rey desapareció del centro, no había que ser adivino para saber dónde aparecería, así que pronto todos tuvieron la vista clavada en la posición de Kon, justo a sus espaldas, donde el rey tenía alzado a Tensa Zangetsu y estaba a un solo movimiento de despedazarlo. Lo único que salvó a Kon fue la rápida actuación de Hiroshi, quien usando shunpo lo apartó del camino. Pero esta vez el rey no iba a mantenerse paralizado contemplado el ataque, esta vez dio persecución a sus oponentes.

Todo ocurrió en apenas un segundo e Ichigo, que estaba parado prácticamente al lado de Kon, no sintió más que las corrientes de aire producidas por sus movimientos. Ahora, sólo podía mirar mientras Hiroshi trataba de escapar de las garras del rey con Kon a cuestas.

Pero el rey era demasiado rápido, como la previa pelea contra Terek les había demostrado ya, y muy pronto les daría alcance, no podían escapar. Hiroshi lo sabía, así que hizo lo único que pudo en esa situación, dejó a Kon en las manos del Toshiro del futuro y encaró al rey. Sus evasiones no habían sido al azar, su meta siempre fue acercarse lo suficiente a Toshiro para dejarle a Kon y alejar al rey de Ichigo.

—Ahí tienes tus respuestas Hitsugaya —le dijo antes de correr hacía el rey—. Reúne a Ichigo y a los demás mientras yo distraigo al rey. Tienen que volver, es muy peligroso para ellos estar aquí.

Toshiro no esperó a escuchar más ni se quedó a debatir, sólo hizo lo que Hiroshi le pidió, independientemente de su anterior desconfianza hacia su persona. Se dirigió a quien le quedaba más cerca, Chad, ignorando los quejidos de un molesto Kon por la forma en la que estaba siendo tratado.

—Yo seré tu oponente —declaró Hiroshi al ver las intenciones del rey de ir por Kon—. Muerde hasta matar, ¡Kurokiba!

Su zanpakuto, que se materializó en sus manos por órdenes de su cerebro, fue envuelta por una luz azul que rápidamente se propagó por su cuerpo mientras la silueta de la katana desaparecía de su mano. Cuando el resplandor desapareció, sus manos y pies ahora portaban garras metálicas alargadas.

Hiroshi rápidamente se apareció frente al rey con ambos brazos alzados, su intención rasgar con sus garras al enemigo. Pero lo que encontraron sus garras no fue piel, más bien el metal de Tensa Zangetsu en su camino.

El rey había usado su katana para defenderse, y al mismo tiempo para apartarlo, esperando que la fuerza fuera suficiente para derribarlo. Y así hubiera sido, si Hiroshi no daba unas maniobras en el aire para cambiar el ángulo de aterrizaje y poder caer sobre sus brazos y piernas.

Tan pronto sus miembros tocaron tierra, Hiroshi los usó para correr hacía el rey, tal y como lo haría un animal cuadrúpedo. Cuando se encontró cerca, usó sus brazos como palancas para ganar altura, una vez que tuvo encima de su oponente hizo ademán de rasgar el aire, creando varias ráfagas de viento tan rápidas que eran visibles, y así mismo eran de peligrosas, pues podían cortar todo a su paso.

El rey no se movió y el ataque dio en el blanco, levantando nubes de humo que dificultaban la visión, pero Hiroshi podía sentirlo. ¿Y cómo no? Ese reiatsu era inconfundible y se podía sentir por millas. Y fue así mismo cómo supo que el rey estaba sobre él unos milisegundos antes de sentir la presión de su mano en su nuca atrayéndolo hacía la tierra, impactándolo al contacto.

En el pequeño cráter que había causado el choque de su cuerpo, Hiroshi intentó usar sus brazos para levantarse, pero apenas se alzó unos centímetros cuando sintió una patada en su costado derecho con suficiente fuerza para fracturarle algunas costillas y arrojarlo varios metros lejos de su lugar actual.

Esta vez cayó de espaldas al suelo, algunos alaridos de dolor se escaparon de su boca. Se sentía un poco mareado y tenía la nariz rota, sin mencionar las costillas, ´pero con todo y todo, no estaba tan mal como pensó que estaría al enfrentarse al rey.

Logró ponerse en pie con un poco de dificultad, su respiración era agitada, pero su determinación firme. Vio la figura inmóvil del rey con las cortadas sangrantes que su previo asalto había causado y sin pensado dos veces, se lanzó al ataque nuevamente.

No muy lejos de ahí se encontraba Terek rodeado de Ukitake y un puñado de shinigamis. La intensidad de la lluvia había disminuido, pero el agua seguía cayendo insistentemente, con algunos truenos interrumpiendo la armoniosa música de fondo creada por las gotas al golpear el suelo.

—¿Y a qué se debe el honor de este encuentro Comandante? —Preguntó burlonamente el general, cruzado de brazos y observando al grupo que lo rodeaba despreocupadamente.

—¿Cuál es el significado de todo esto Terek? —Cuestionó Ukitake, el único que no había desenvainado su zanpakuto entre el grupo—. ¿Acaso estás haciendo esto porque no fuiste elegido como uno de los Comandantes?

—No sea ridículo Comandante, no soy tan frívolo —Respondió con una gran sonrisa en su rostro que a todos tenía incómodos.

—Entonces, ¿por qué haces esto?

—¿Debe haber una razón?

—Todo tiene una razón de ser —explicó Ukitake tratando de resolver el problema diplomáticamente.

—¿Quién dice? —Sus ojos tenían un brillo enigmático, como si sus dueños tuvieran un secreto que nadie más sabía—. Por cierto, estoy un poco perplejo, ¿qué pasó con el plan de liberar a Aizen?

—Tú fuiste quien dio la idea —murmuró Ukitake, atando cabos y haciendo conjeturas—. ¿Acaso tú…?

—¿Planeaba hacer que los shinigamis liberarán a Aizen? —Terminó la pregunta por él soltando una risa al final—. ¿No era obvio? Por supuesto que sí. Y en verdad estoy perplejo de que no lo hayan hecho, parecían tan determinados.

—¿Por qué haces todo esto? —Volvió a cuestionarlo.

—Mi razón, el motivo por el que hago todo esto —reveló, soltando el hablador empedernido que realmente era, aunque haciendo una gran pausa para agregar efecto dramático—. Es para sumergir al mundo en caos, y que de sus cenizas, un nuevo mundo pueda nacer, tan inocente como un bebé recién nacido. Nos tomó cien años, pero al fin podré completarlo.

—¿Todo este tiempo, tú estuviste detrás de todo?

—No puedo tomarme todo el crédito, en verdad la mente maestra fue mi hermano. Si no hubiera muerto este plan habría sido completado mucho, mucho tiempo atrás —su expresión se ensombreció al mencionar esto y sus ojos se clavaron en las palmas abiertas de sus manos—. Pero al final mi hermano fue un grandísimo idiota, demasiado estúpido al confiar su localización en aquel bocazas de Sanadoshi.

Al levantar nuevamente el rostro, la sonrisa de autosuficiencia había vuelto y sus ojos ahora tenían un brillo peligroso. Todos podían sentir el cambio en el aire, la tensión era casi palpable y los shinigamis no pudieron evitar que se les pusiera la carne de gallina.

—Entonces es cierto, tú manipulaste a Ichigo para que hiciera todo esto, tú lo convertiste en lo que es ahora —sentenció Ukitake, Sogyo no Kotowari liberado y listo para el ataque en sus manos—. Y ahora lo vuelves a manipular.

Al menos cinco shinigamis comenzaron a gritar adoloridos antes de caer al suelo, sangrando por ojos, nariz, oídos y boca. Los demás retrocedieron unos pasos en shock al ver a sus camaradas muriendo ante sus ojos inexplicablemente.

—¿Qué hiciste? —Demandó Ukitake apuntándolo con la katana en su mano derecha.

—Es increíble lo que pueden hacer diminutos fragmentos de cristal en el cuerpo de una persona, más aún si hay alguien controlándolas para que se dispensen o se unan para formar un pedazo más grande —se regodeó con el brazo extendido y la palma abierta, donde dichos fragmentos de cristal estaban reuniéndose después de hacer su salida del cuerpo de las víctimas, adquiriendo la forma de una katana—. Si crees por un momento que desplegué toda mi fuerza durante la pelea contra el rey, me temo decepcionarte Comandante Ukitake, pero estás muy equivocado.

Y con una señal de Ukitake, los shinigamis se lanzaron al ataque, al mismo tiempo atento a las manifestaciones de la zanpakuto de Terek, pues pensaban que a pesar de ser fragmentos pequeños, debían estar cubiertos de reiatsu, y que si prestaban suficiente atención, podrían sentirlos antes de que entrara a sus cuerpos.

Con Hiroshi la situación había empeorado, no solamente estaba tirado en el suelo con el pie del rey haciendo presión en su cuello, sino que sumado a las heridas anteriores, tenía una pierna y un brazo rotos, además de tres cortes profundos en su espalda y otros superficiales en el pecho. Con su mano sana envolvía la pierna del rey que intentaba romperle el cuello, clavando sus garras en su hierro, dejando que la sangre fluyera y humedeciera más su cuello, pero esta acción no lograba quitárselo de encima.

Cerró los ojos y se aferró a la consciencia que quería irse. Debía usar el bankai, aunque eso supusiera un mayor gasto de reiatsu y un menor tiempo de distracción de su parte, en esta situación si no lo usaba moría. Lo había entretenido todo lo que pudo con shikai, era hora de pasar al siguiente nivel.

—Ban-kai —fue apenas capaz de susurrar las palabras.

Su presión espiritual aumento, pero no lo suficiente para hacer ceder al rey. Rápidamente, uno de los jaguares de luz apareció a su lado y embistió al rey, logrando apartarlo.

Con la mano en su cuello, Hiroshi tomó grandes bocanadas de aire, tratando de recuperar el oxígeno perdido. A su alrededor más y más jaguares de luz aparecían entre él y el rey, creando distancia y protegiéndolo mientras intentaba incorporarse.

En otro lado, lo suficientemente lejos para no ser afectados por las diversas batallas, pero lo suficientemente cerca para ver lo que estaba sucediendo en ambas peleas, el grupo de Ichigo y sus amigos del pasado, más Kon y el Toshiro del futuro, se encontraban discutiendo el siguiente plan de acción.

Algunos, como Renji y Rukia, querían ayudar a Ukitake; otros, como Kon, querían ayudar a Hiroshi. Lo único que los detenía eran los dos Toshiros; uno vocalmente, el del futuro, y el otro silenciosamente, pues intentaba analizar primero la situación antes de hacer una acción precipitada.

Mientras tanto, Ichigo era curado de sus heridas por Orihime. Estaba indeciso, no sabía a quién debían ayudar.

—Deben regresar a su tiempo, no hay nada que puedan hacer aquí ahora —seguía explicando Toshiro calmadamente, a pesar de las circunstancias.

—Eso es muy fácil de decir, ¿por qué no mejor nos dices cómo regresar? —Preguntó Renji a su vez, sustentándose en el hecho de que no había manera de que volvieran a su tiempo sin la presencia de cierto personaje extravagante que se había desaparecido misteriosamente. Y por esa misma razón quería ayudar al grupo de Ukitake, no le agradaba estar parado de brazos cruzados mirando mientras ellos se jugaban la vida.

—Te repito Abarai que no podrán hacer nada, hay cien años de diferencia entre tu fuerza y la nuestra.

La verdad era que a Toshiro tampoco le agradaba estar así, pero si Hiroshi estaba dispuesto a sacrificarse para ganarles tiempo, él también debía cumplir su parte y devolverlos al pasado para evitar que el caos se apodere del mundo. Si tan sólo Urahara estuviera ahí, sólo él tenía los artefactos para devolverlos al pasado, pero había desaparecido y no sabía cuándo.

Sus puños se contrajeron de ansiedad, sus ojos estaban pendientes a las dos batallas y al grupo del pasado. Pero su atención a veces se veía atraída por la misteriosa caja que llevaba Kon en brazos y la forma en la que la protegía como si fuera algo extremadamente valioso. Recordó las palabras de Hiroshi y tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no arrebatárselo y ver por sí mismo las respuestas a todas las incógnitas que por un siglo plagaron su existencia.

La desaparición del Soten Kisshun de Orihime desvió su atención hacia el recién curado Ichigo, quien con esa postura y esa mirada de determinación daba a entender su intención de unirse a la pelea.

Sin pensarlo dos veces, Toshiro usó a Hyorinmaru para congelarle las piernas a la tierra. Ichigo lo desafió con la mirada, su mano derecha aferrando a Tensa Zangetsu como si su vida dependiera de ello.

—¿Qué crees que haces Toshiro? —Preguntó Ichigo malhumorado, al igual que todos los demás, odiaba estar sin hacer nada mientras los demás estaban arriesgando sus vidas.

—Evitar que cometas una locura.

—¡Una locura sería dejar que Hiroshi muera porque tú eres demasiado cobarde para enfrentarte al rey! —Exclamó Ichigo con convicción.

—¿Acaso no entiendes que hay cosas más importantes en la que deberíamos enfocarnos?

Y mientras los dos discutían, la batalla de Hiroshi contra el rey estaba llegando a su inevitable final. Había aguantado bastante tiempo, pero el pronóstico era ineludible y el resultado sólo confirmaba lo que ya sabía desde el principio. No podía ganar contra el rey, y lo más probable era que muriera. Irónico que hubiera jurado servirle y ahora estaba a punto de morir por desafiarlo.

Su bankai había desaparecido completamente, ya no le quedaban reiatsus ni fuerza siquiera para levantarse del suelo. Sólo restaba esperar que el rey terminara con todo. Cerró los ojos e inhaló el húmedo aire, sintiendo las gotas de agua resbalándose por su piel y mezclándose con su sangre. Con un largo suspiro miró al oscuro cielo, y tras escuchar los pasos del rey y verlo apareciendo en su campo de visión cerró los párpados. Su fin había llegado, había cumplido su parte y pronto estaría con sus hermanos, por eso no tenían ningún remordimiento por su muerte.

No fue hasta el grito de Kon que Ichigo y Toshiro se dieron cuenta de lo que sucedía. Y para ese momento ya no era posible que hicieran algo más que mirar impotentes.

Y justo cuando pensaban que todo había acabado, una figura desconocida interceptó lo que sería el último ataque del rey. Con una velocidad y una agilidad increíbles, el nuevo atacante logró alejar al rey varios metros del cuerpo inconsciente de Hiroshi. Al mismo tiempo, otra figura se unía a la batalla contra Terek.

—Vaya, vaya, parece que llego un poco tarde —resonó la voz cantarina de Urahara.

Al instante, todas las cabezas del grupo del pasado se giraron en su dirección, algunos con alivio y otros con irritación mezclados.

—Finalmente te dignas a aparecer Urahara —sentenció Toshiro con cara de pocos amigos antes de centrar su atención en los recién llegados que estaban interviniendo en las peleas—. Esos son…

—Grimmjow y Nel —suplió Ichigo, igual de sorprendido que el resto.

—Bien —habló Urahara chocando las palmas de sus manos para atraer la atención del grupo nuevamente hacia él—, es hora de regresar al pasado.

Un asentimiento general siguió a sus palabras, aunque algunos seguían mirando indecisos las peleas.

—Confío en que encontraron lo que vinieron a buscar —siguió diciendo Urahara, obteniendo otro asentimiento—, si pudieras ser tan amable Toshiro...

El Toshiro del futuro se acercó para ayudarlo a preparar todo, iban a necesitar tiempo para que el portal se abriera. Sólo rogaba porque lo tuvieran.

—¿Pero qué tenemos aquí? —La odiosa voz de Terek los sobresaltó, ninguno se había dado cuenta de cuándo había llegado hasta su posición—. Pensar que planeaban todo esto a mis espaldas, pero que desconsideración.

—El famoso general de la séptima brigada —lo saludó Urahara despreocupadamente, manteniendo el trabajo de posicionar las antenas—, he escuchado muchas cosas sobre ti.

—Todas buenas supongo —respondió mirándolo con desconfianza.

—Sólo lo mejor —terminó su labor y le sonrió con complicidad, manteniendo sus ojos ocultos gracias a su sombrero—. Por cierto, querrás mirar detrás de ti, creo que no está muy feliz.

Terek así lo hizo, miró a sus espaldas sólo para encontrarse de cara al rey, y tal como lo había dicho Urahara, no parecía nada feliz.

—¿Qué significa esto? —Preguntó notablemente confundido, buscando sin éxito el pequeño cuchillo que había utilizado para tomar control de sus acciones.

—Sólo un regalo del general de la primera brigada, ¿no es maravilloso? —Respondió jovialmente Urahara.

Terek lo miró de reojo, dándose cuenta de que estaba lidiando con una persona de cuidado. Nadie, ni siquiera el mismísimo rey, le había hecho sentir tan acorralado.

Los demás shinigamis lo rodearon nuevamente, Grimmjow y Nel se mantuvieron en la distancia mirándolo. Y en ese momento, el portal al pasado fue abierto.

—Deprisa, tienen que irse —les urgió Toshiro, quien era el responsable de transmitir su reiatsu al cubo para mantener el portal abierto.

—¡Hiroshi! —Corrió Ichigo tan pronto sus piernas fueron descongeladas.

—¿A dónde vas Kurosaki?

—Si lo dejamos aquí morirá —Le respondió sin detenerse. Toshiro sólo chasqueó la lengua molesto.

Al ver lo que ocurría, Terek intentó atacar a Toshiro para detener el flujo de reiatsu. Pero al final se vio esquivando ataque tras ataque del rey, sin oportunidad de hacer otra cosa.

Ichigo volvió cargando al malherido e inconsciente Hiroshi, y fue el primero en atravesar el portal, bajo las protestas de Toshiro. Los demás lo siguieron después de eso, dejando a Terek y al rey en manos de sus contrapartes del futuro.

Cien años atrás, en un parque de Karakura, un extraño fenómeno tomaba lugar. El aire se cargaba de electricidad, soltando chispas alrededor del centro del lugar; el viento, antes débil, cobraba fuerza hasta convertirse en un violento tornado; y las nubes, ahora grises, cubrían el cielo, sumiendo la tierra en oscuridad.

Decenas de personas corrían asustadas del parque, incapaces del entender qué estaba sucediendo. En las calles adyacentes, los vehículos que podían daban la vuelta y se iban, pero los que no, se veían abandonados por sus dueños en su afán por salir del lugar.

El tornado había crecido hasta cubrir gran parte del parque, ocultando de la vista curiosa el portal que había aparecido en su centro. De él emergió un hombre de cabello naranja y vestimenta negra, cargando consigo un cuerpo sangriento y malherido; más y más personas le siguieron, siendo los últimos en salir el extravagante hombre del sombrero de rayas verdes, una gata negra y una desconocida conocida que ninguno notó.

Unos segundos después de que el último salió, el portal se desvaneció y todo volvió a la calma, sin ningún daño físico apreciable en los alrededores, más que basura y hojas dispersados por el piso. Curioso, que el tornado no arrancara los árboles ni levantara los carros, aunque nadie le prestó atención a este hecho.

Ichigo pronto depositó a Hiroshi en el suelo y llamó a Inoue para que lo curara. Pero esta apenas logró arrodillarse a su lado, cuando sintió una mano ajena envolver su brazo derecho. Le tomó un segundo ver que la mano pertenecía a Hiroshi, y otro segundo más para darse cuenta de que la miraba.

—No… —le pidió débilmente, pero lo suficientemente alto para ser escuchado.

—¡¿Qué estás diciendo Hiroshi?! —Exclamó Ichigo perplejo—. Tienes que dejar que Inoue te curé.

Hiroshi sólo negó levemente con la cabeza, era obvio para los presentes el esfuerzo que estaba invirtiendo para comunicarse con ellos.

—No pertenezco aquí.

Ichigo apenas escuchó la primera palabra por lo bajo que estaba volviéndose su voz, pero la manera insistente en la que veía fijamente la dirección en la que estaba Urahara lo tuvo cuestionando al vende dulces de inmediato.

—Kurosaki-kun —la voz de Urahara era sombría, algo que no le sentaba bien y pronto disparó alarmas en su cabeza—. Hiroshi no pertenece a esta época, su presencia aquí podría destruir el precario balance del tiempo y el espacio.

—¿Qué quieres decir con eso Urahara, si él y sus hermanos estuvieron aquí más de una semana? —Cuestionó sin creerle una palabra.

—Y desde ese mismo momento comenzaron los problemas, pero tú no estuviste consciente de ellos porque tenías tu mente en asuntos más importantes —Siguió explicando Urahara con calma—, sin mencionar que ellos tenían un método para volver a su tiempo, Hiroshi aquí no lo tiene.

—¿Insinúas que debemos dejarlo morir? —Preguntó incrédulo.

—No debiste haberlo traído Kurosaki-kun, su presencia aquí es una amenaza, ¿por qué otro motivo crees que Hiroshi tenía tanta prisa en volver al futuro y regresarnos al pasado?

Ichigo no respondió, tan sólo miraba a Hiroshi con los puños apretados, estaba indeciso.

—Ichigo —llamó Hiroshi, el aludido lo miró con el ceño fruncido—, he cumplido con mi propósito y ahora sólo quiero descansar. Por favor, así es como las cosas deben ser.

Ichigo le dio la espalda y se alejó del grupo. Dejar morir a alguien cuando tienes el poder para salvarlo era difícil, más aún cuando se trata de alguien que conoces y con quien has establecido amistad. Por eso, Ichigo no permitiría que su sacrificio fuera en vano, honraría su muerte.

En su lugar en el suelo, Hiroshi vio su figura alejarse, su héroe y salvador. Por fin había logrado devolver el favor, por fin había encontrado el propósito de su vida. Y por eso, podía morir con una sonrisa.

Una semana después de que volvieran al presente, la normalidad había vuelto a Ichigo y a sus amigos, o al menos tan normal como podían ser sus vidas.

Los shinigamis regresaron a la Sociedad de Almas para reportarle al Sotaicho lo que había sucedido, y hasta ahora no habían vuelto ni comunicado nada. Los demás, sin nada más que hacer por el momento, retomaron sus rutinas diarias. Algo que los desconcertó a todos fue que pasara una semana entre el viaja al futuro y el viaja de regreso al pasado, ya que para ellos sólo había pasado un día. Además de eso, nada extraordinario había pasado en su ausencia.

Ese día, Ichigo andaba sólo. Acaba de salir del instituto y había decidido dar una vuelta por ahí. No tenía un rumbo fijo, sólo dejaba que sus pies lo guiaran mientras su cerebro repasaba algunos fragmentos de los escritos encontrados en una bitácora dentro de la caja de Kon:

Todavía recuerdo aquel día. Sigue fresco en mi memoria, quizás por las pesadillas que me mantienen despierto la mayor parte del tiempo. Escuché que hablar de mis problemas me ayudaría, pero no tengo con quien hablar, casi todos los que conozco ahora están muertos.

Tal vez por eso empecé a escribir esta bitácora, para desahogarme, para tener una prueba de que no estoy completamente loco.

Es extraño, que siendo tan cercano a la muerte, todavía podía ser impactado por ello. Ahora creo que ya no, creo estar entumecido, sin poder sentir nada. Quizás eso sea porque Ichigo se transformó, en lo que todos llaman, el verdadero Dios de la Muerte. O quizás porque ya no me queda nada.

Pensar que aquel día empezó como cualquier otro. Yo acostado en el cuarto de Ichigo leyendo una revista mientras todos los demás estaban fuera de la casa.

Todo sucedió tan rápido, tan confuso.

En ese momento no supe bien lo que pasó, pero ahora sé que Toran estuvo detrás de todo. Él atacó a las gemelas, él invocó la horda de hollows que aparecieron de la nada en el cielo, él y otro arrancar se enfrentaron a Isshin, y usando chantajes emocionales lograron acabar con él.

Yo llegué muy tarde al lugar del combate, lo único que llegué a ver fue al arrancar llevándose los cuerpos de las gemelas y de Isshin hacía donde estaba Ichigo peleando su propia batalla contra otros dos Arrancars lejos de ahí.

No pude ver la reacción de Ichigo al ver a su familia muerta, pero no fue nada bueno. Esto fue lo que desencadenó su transformación en un hollow completo. Había perdido la razón, no le bastó con acabar con los Arrancars, terminó destruyendo toda Karakura.

Yo me salve gracias a mi tamaño y consistencia, pero no podría decir lo mismo de mucha gente.

Para cuando encontré a Ichigo, había vuelto a ser él mismo. Al menos exteriormente, porque interiormente estaba quebrado. Los shinigamis lo encontraron así. Sí que fueron oportunos, esperando que Karakura fuera destruido para aparecerse. Sabía que iban a llevarse a Ichigo, así que me escabullí con ellos.

Lo encerraron en la Torre de Penitencia durante días. En ningún momento Ichigo dijo palabra alguna, aunque intenté hacerle hablar; tampoco se movió de su posición, sentado contra la pared con la mirada perdida.

No fue hasta que este Capitán Sudanoshi apareció que Ichigo recobró un poco de conciencia. Este sujeto estaba involucrado con Toran y quería llevarse a Ichigo a Hueco Mundo. Lo habría logrado, si Rukia-nee-chan no se hubiera aparecido para detenerlo. Pero ella pagó con su vida su interferencia, ese Sunadoshi se encargó de hacerlo.

Ichigo perdió el control otra vez, acabó con Sunadoshi y antes de que llegaran los shinigamis se fue a Hueco Mundo a buscar a Toran. Aún en su estado de descontrol, su instinto le gritaba que encontrara al responsable de todo.

Pero aún cuando Ichigo logró ganar la pelea contra Toran, había perdido la batalla. Toran había logrado manipularlo para que atacara el Gotei 13.

Sus pensamientos se detuvieron ahí, había resumido las primeras páginas de la bitácora de Kon que detallaban los sucesos más importantes de los primeros seis años antes, durante y después de la destrucción de Karakura. Saber lo que pasó y cómo evitarlo lo llenaba de ansiedad. Quería acabar con el tal Toran lo más pronto posible, pero la forma en la que Kon lo describía como un maestro manipulador tenía a todos preocupados. Urahara le había aconsejado actuar con precaución y los demás insistían que eran mejor formular un plan.

Entendía sus motivos y preocupaciones, pero no podía estar sin hacer nada sabiendo que el lunático responsable del caos que sería el futuro andaba suelto haciendo de las suyas. Los lunáticos se corrigió, recordando a los ayudantes escondidos en el Gotei13.

Sin darse cuenta, había llegado hasta el parque donde una semana atrás los había dejado el portal, completamente normal en apariencia, con todo y las familias reunidas, gracias a unas cuantas modificaciones de memoria.

Recordó la muerte de Hiroshi, recordó todo lo que había escuchado y visto, y en ese lugar se prometió que no caería ante Toran, ni ante su Hollow Interno. Protegería la ciudad de Karakura con su vida, y detendría cualquier plan malévolo que estuviese en su contra.

Acabaré contigo con mis propias manos Toran.

FIN.

Después de un largo viaje, de altos y bajos, y de muchos tropiezos en el camino, esta historia finalmente llega a su fin (valga la redundancia). No fue uno de mis memores trabajos, y eso lo explique en el primer capítulo, pero no por esa razón podía abandonarlo. Otra cosa, ¿a qué no adivinan de dónde vino la idea para este fic? (De Dragon Ball Z xD)

Bueno, ahora me pondré para otros proyectos…!Un Ichiruki! (Me encanta la pareja y en esta historia su interacción fue muy pobre).

Y del final, qué puedo decir, así estaba planeado originalmente, y aunque olvidé muchos de los hilos argumentales, no podía cambiarle el final. Posiblemente haya una secuela en el futuro, cuando tenga más tiempo de escribir y haya completado al menos la mitad del fic en la pc.

Y ahora me retiro…¡A estudiar vísceras de la cabeza y el cuello!

Hasta un futuro proyecto.

¡Se cuidan y feliz lectura!