Bueno, veré cómo divido my tiempo entre Un verdadero Snape y el resto. Hoy si dios me lo permite, re subiré el primer capítulo.

A ver, respondiendo reviews:

SnapeEileen: Sí, se irán llevando mejor. Espero.

~ Capítulo 10: Hablar de sexo con mi profesor.

A tan pocos días para el fin de semana, dos para ser exacta, aún ni siquiera y habíamos tocado el asunto del sexo. Quiero decir, no habíamos definido cómo sería, dónde sería o cómo llegaríamos siquiera a ese momento. ¿Acaso tenía que excitarlo previamente? ¿O tenía alguna poción para causarse una erección sin mi ayuda?

Sonreí por un momento y pensé que no iba a necesitar mi ayuda para excitarse. Si era virgen, sólo un pequeño incentivo tenía que ser suficiente.

- Señorita Granger. - me dijo, una vez que estuve lista para ser levitada hasta la mesa del desayuno. - Antes de que se siente a desayunar, intentaremos un par de ejercicios de rehabilitación.

No iba a decir que no y a quejarme, puesto que caminar era lo que más quería. Asentí suavemente y el profesor Snape tomó la silla a mí lado y se sentó, mirándome como si solicitara mi permiso para tomar una de mis piernas. Respiré profundamente y lo tomó como un aval para continuar.

- Relájese. - me dijo en un tono de voz bajo. Aunque en verdad me costaba relajarme en su presencia. Tenía mi pierna derecha, sostenida con su mano en mi tobillo y la mantenía lo más alto que podía. - trate de quedarse en esa postura durante tres minutos y luego, baje su pierna lentamente. Son ejercicios de calentamiento, si queremos ensayar su caminar.

Intentaba hacer lo que me pedía, aunque mis piernas se sentían un poco pesadas. Sólo podía mantenerlas en alto por escasos segundos y el profesor Snape las miraba y negaba con la cabeza, lo cual me ponía más nerviosa de lo que ya estaba, al comienzo del ejercicio.

- Pasó mucho tiempo inconsciente. Sus piernas se atrofiaron un poco, pero creo que mejorará mientras continuemos los ejercicios. Si la levantara ahora, probablemente se caería de nuevo.

- ¡Quiero intentarlo! - le imploré con voz trémula. No quería oír lo mismo que la enfermera me había dicho. Escuchar que quizá no volvería a caminar, nuevamente. - Sé que puedo hacerlo...

- No quiero arriesgarme y que luego, Minerva me eche la culpa si algo le ocurre a su preciada estudiante.

Me mordí el labio inferior con rudeza y decidí que estaba cansada de vivir con miedo. De improvisto, coloqué mis manos sobre sus muslos mientras estaba sentado en la silla y me impulsé tan fuerte como me fue posible y tomándolo completamente por sorpresa. Dejó escapar un gemido, ya que no tardó en darse cuenta de que prácticamente le caería encima, capturándome a tiempo y con manos temblorosas. Definitivamente que no se lo esperaba y mientras estaba arrodillada y con la mitad de mi cuerpo entre sus piernas, no tardé en notar su expresión de rabia, pero con cierto pánico al mismo tiempo.

Yo en cambio, me sonrojé y por obvias razones, tras lo que había estado pensando antes. Mi rostro estaba a pocos centímetros de su miembro, por decirlo de la forma más inocente que se me ocurriera, y lo que menos quería era ver una erección en aquel preciso momento.

- Lo siento. - me vi obligada a decirle, mientras el profesor respiraba pesadamente tras la sorpresa. - no quiero rendirme, no quiero escuchar que jamás volveré a caminar.

- ¿Se lastimó al caer? - para el susto que le había dado, la pregunta fue totalmente diferente de lo que yo esperaba.

- Un poco en las rodillas, pero sólo un par de raspones nada más. - dije en un murmullo, sin poderle quitar la vista a su rostro y a sus fríos ojos negros.

- Le pediré a los elfos, que la leviten hasta el desayuno. Al terminar, iremos a ver a Poppy. El fin de semana se acerca y... - se detuvo por unos segundos y me di cuenta de que había estado pensando en lo mismo que yo, durante todo el tiempo de los ejercicios. - tengo que saber si está en condiciones de...

- Estoy segura de que podré hacerlo - me causaba cierto temor pensar que rogaba internamente que la enfermera me permitiera acostarme, con mi profesor de pociones.

Severus no me dijo nada al respecto y en muy poco tiempo, desayunamos como siempre lo hacíamos. En total y absoluto silencio, cada quién concentrado en su plato y en sus asuntos. No había necesidad de entablar una conversación, no teníamos nada qué decirnos el uno al otro.

A veces me preguntaba, cómo podríamos actuar como una pareja normal.

HGSS

Al llegar a la enfermería, el profesor Snape no paró de caminar, mientras yo volvía a estar sentada en la camilla. Poppy me estudiaba cuidadosamente y Severus parecía tan nervioso, como si fuesen a decirle que estaba grave y a punto de morir sin remedio alguno. La enfermera me revisaba con una extraña lente que no había visto jamás y al escuchar los constantes pasos del profesor Snape tras ella, simplemente dejó lo que hacía y se dio la vuelta. Muy enfadada.

- Profesor, si es incapaz de controlarse y esperar pacientemente, le voy a pedir que salga y espere afuera entonces. Necesito tranquilidad para hacer mi trabajo.

Severus pensó en responderle alguna cosa, pero desistió y dejó de caminar. Muy pronto se detuvo a mi lado en la camilla y se dedicó a observar el trabajo de la enfermera, con una ceja arqueada. La mujer no tardó en alzar la cabeza y observarlo, lo que me hizo reír al ver su gran ojo y su ceja arqueada, tras la lente que parecía maximizar las cosas, de una forma que no había visto jamás. Con gran y espeluznante detalle.

- Y tampoco me mire de esa forma, que me resulta muy incómodo. - le advirtió y Snape desvió la vista, cruzándose de brazos. - Hermione, querida, he estado leyendo libros sobre maleficios y no hay mucho acerca de tú problema en cuestión. No hay hechizo alguno que te prohíba caminar, a menos que Voldemort lo hubiese creado sobre la marcha. Si ese es el caso, me temo que no hay mucho que podamos hacer. Habría qué determinar el hechizo y pensar en un contra embrujo.

Alcé mi rostro para mirar al profesor Snape a mi lado, con cierto pánico. No supe por qué buscaba apoyo en él, cuando era incapaz de decir alguna palabra que pudiera motivar a alguien, pero realmente lo necesitaba. Severus pareció tan disconforme como yo y no tardó en emitir su opinión al respecto.

- ¿Ha leído todos los libros? - dijo con las cejas arqueadas en una expresión de sarcasmo obvia. - ¿cada libro en cada sección de la biblioteca? ¿Incluso los de la sección prohibida?

- Con la ayuda de Irma Pince, he logrado leer más libros de los que creo que alguien haya leído en un par de horas o semanas. Así que sí, profesor Snape, estoy hablando con fundamentos. La única solución sería, que Hermione recuerde el accidente por sí misma y el embrujo que Voldemort pudo usar sobre ella.

Eso no debía ser tan difícil, mis recuerdos se hacían cada vez más claros con los días que pasaban y sólo tenía que ser paciente y esforzarme por llegar hasta ese punto de mí vida, dónde todo cambió y se volvió miserable.

- Pues obviamente, no tenemos tiempo para eso. Tenemos que... quiero decir. - luchó con las palabras por unos segundos. - está la cláusula del contrato, donde tenemos que procrear y...

- ¿Quiere saber si Hermione está apta para sostener relaciones sexuales con usted? - ambos desviamos la vista, ligeramente incómodos. - bueno, sabemos que no puede caminar, pero no he comprobado si también perdió la sensibilidad en su órgano sexual. Supongo que después de un trauma como éste, el ministerio no la pondrá a pujar un bebé. Imagino que ellos lo saben.

- No, ellos no lo saben y no vamos a aclararlo. - dije de inmediato y la enfermera Promfey no tardó en ponerse de pie y sermonearme.

- ¡Es retorcido Hermione! Pensar que el profesor Snape tenga que acostarse contigo, ¡en semejantes condiciones!

- Todo el matrimonio es retorcido, pero le aseguro que Minerva le convencerá de que está bien. - dijo Snape con sarcasmo, nuevamente. - sólo converse con Minerva un rato y se dará cuenta de cuán rápido la convence, si incluye las palabras: "Te reduciré el salario, estás a prueba y pienso despedirte."

La enfermera jamás se había visto tan enfadada, pero tuvo que darnos el visto bueno para el fin de semana. Severus me dejó sola con ella, mientras nos dejaba en claro que debía conversar con la profesora McGonagall.

- Enfermera Promfey... - dije con voz baja, apenas audible. Lo que menos quería, era que esa mujer me odiara de alguna forma. - si el profesor Snape no se casaba conmigo, ni cumplimos con cada cláusula del contrato, yo podría perder a mi hija. Trate de entenderme, se lo ruego.

- Te examinaré si así lo deseas, para verificar si eres capaz de sostener una relación sexual. ¡Pero no esperes a que esté de acuerdo con todo esto!

Asentí muy contenta y mientras me recostaba en la camilla y la enfermera cerraba las cortinas a nuestro alrededor, me pregunté qué cosas podían estar conversando el profesor Snape y la profesora Minerva.

HGSS

Severus volvió a retomar su incesante caminar, alrededor de Minerva en el despacho que antes le había pertenecido a Albus Dumbledore en vida. El mismo, sonreía desde su retrato y escuchaba la conversación atentamente.

- No estoy seguro de que pueda cumplir con la cláusula de procreación. No sé qué clase de hombre creen ambas que sea, pero definitivamente que no pienso someterla a un acto como ese y mucho menos, en el estado en el que se encuentra.

- Estoy seguro de que podrás encontrar una solución, Severus. - pensó Dumbledore por un momento. - encontrar una forma de hacerlo, sin que implique literal contacto físico.

El profesor Snape, no tardó en ruborizarse tras el comentario y Minerva se quitó las gafas para limpiarlas cuidadosamente y estudiar las opciones. Si Albus tenía razón, tenía entonces que fecundar mis óvulos de otra manera y no quería invadir la privacidad de su colega, sugiriéndole cómo, ni tampoco la mía.

-Pienso que de encontrar cualquier otra forma de hacerlo, podría significar un gran riesgo para ambos. - dijo al final, sacudiendo los hombros con cierta resignación. - podría tomar uno de sus óvulos, pero es medimagia que no debe practicarse en cualquier parte.

- ¿Y por qué no van con uno de esos doctores muggles? Probablemente nadie los descubra y podrás tomar un par de muestras e intentar fecundarlas.

La idea no era tan mala y Minerva tenía razón. El ministerio de magia no podía controlar cada hospital muggle, de cada pequeño poblado, de cada país en el mundo. Por supuesto que buscaría la mejor referencia para el procedimiento, siempre y cuando yo estuviese de acuerdo.

HGSS

Al terminar la charla, Severus caminaba con paso firme y repasando lo que debía decirme. Al entrar en la enfermería, me encontró sentada en la camilla y le dio la impresión de que Poppy se había marchado.

- Necesitamos conversar. - me dijo de inmediato y asentí. - pero no en éste lugar, a solas.

Y Severus hizo algo que consideré realmente extraño. Se inclinó hacia mí y no tardó en tomarme entre sus brazos, cargándome hasta su despacho y sentándome en el sofá de su salón. Al dejarme allí, me di cuenta de que él ni siquiera tenía idea de lo que había hecho. Se acomodó los cabellos con una de sus manos y apuntó a la puerta del despacho con su varita para que nada ni nadie, pudiera interrumpir.

- Estuve discutiendo el asunto de la cláusula de procreación, con Minerva. - me informó con un tono de voz trémulo, obviamente se sentía incómodo con el tema. - y me pareció correcto, negarme a someterla a acostarse conmigo y en el estado en el que se encuentra actualmente.

- ¡Pero tenemos que hacerlo! - me apresuré a criticar y Severus alzó una mano para que esperara por el resto de sus palabras.

- Así que Minerva y Albus me sugirieron que fecundara uno de sus óvulos, de una forma más segura y que no implicara contacto físico. Esa es medimagia muy avanzada y magia que podría comprometernos, así que Minerva sugirió un hospital muggle donde pudiera obtener muestras de sus óvulos y de alguna forma, engañar al ministerio de magia. Por supuesto que eso cambiaría todo el plan, pero algo se me ocurrirá sobre la marcha.

No, no... ¡no! A eso era precisamente lo que le temía.

- ¿Qué? ¡No! Yo estoy perfectamente bien. La enfermera Promfey me revisó y no hay nada de malo conmigo. Estoy segura de que puedo hacerlo, no tiene que preocuparse por mí.

- ¡Por supuesto que sí! - dijo, acortando la distancia entre nosotros, acercándose a mí en el sofá, mientras reanudaba su incesante y nervioso caminar. - ¿Tiene la más mínima idea de lo que significa para mí? No sólo tengo que acostarme con usted, sino que además debo hacerlo mientras usted tiene un impedimento físico. No quisiera herirla aún más, no podría cargar con esa responsabilidad...

- ¡Estoy bien! - exclamé de inmediato, pero el profesor continuaba sin creerme ni una sola palabra. - Se lo prometo que podré soportarlo y de seguro sólo le tomará unos minutos, todo saldrá bien.

Seguro que muchas mujeres se reirían ante mis palabras, pero a mí en verdad no me importaba si el profesor era lento o rápido en lo que hacía. No quería arriesgarme a ser descubierta y desterrada del mundo mágico, sin antes haber recuperado a mi hija.

- Mi respuesta es no y no pienso seguir discutiendo. - me dijo y yo volví a morderme el labio inferior y tratando de encontrar una forma de convencerlo.

- Cobarde. - murmuré pero lo suficientemente audible, como para que pudiera entenderme. - primero con Voldemort y ahora esto. Usted es un cobarde, tiene miedo de asumir las cosas todo el tiempo y prefiere encontrar la salida fácil.

Abrió los ojos como platos ante mis palabras y caminó hacia mí y apartando la mesa con tal furia, que me sobresaltó de pronto. Se inclinó sobre mí y con los dientes apretados, su rostro a un palmo del mío, dijo:

- Yo no soy un cobarde...

- Tiene miedo de hacer el amor conmigo, solamente por una lesión temporal de mis piernas. - me burlé en su cara. - pero no titubea cuando le ordenan que debe asesinar a alguien. ¿No fue así con Albus?

- Usted nunca lo comprendería.

- ¿De verdad? ¿Alguna vez fue capaz de plantarse frente al director y decirle que quizá ya no quería seguir sus órdenes?

- ¡Centenares de veces! - admitió. - Pero no era por él, era por ella.

- ¡Estoy bien y Poppy afirma que puedo sostener una relación sexual, perfectamente! ¿Por qué no puede confiar en mí y creerme?

- Porque usted me ha mentido suficiente, como para ésta vida y vidas siguientes. ¿Por qué debería creerle ahora?

No supe qué decir y simplemente hice lo primero que se me ocurrió y que pudiera demostrar mi punto. Sostuve su rostro con ambas manos y lo besé sin pensarlo dos veces. Sus ojos se abrieron nuevamente, como platos, intentando apartarme de inmediato, con sus manos sobre mis hombros.

- Basta... - dijo en cuanto logró apartarme de él.

- Puedo hacerlo, se lo aseguro. - contesté sin aliento.

- Como quiera... - me dijo, apartándose de mí y desapareciendo hacia el sótano y en dirección de su laboratorio privado.

Sin darme cuenta, relamí mis labios tras el beso que le había dado. Sus labios se habían sentido un poco secos y ligeramente salados, pero no había podido percibir mucho. De pronto mis manos habían comenzado a temblar y sudaba frío como si me encontrara frente a un dementor. Había besado a mi profesor de pociones.

Y no sólo eso, lo había convencido de acostarse conmigo. Ya prácticamente me desconocía a mí misma, pero Ron había dicho que en la guerra y en el amor, cualquier estrategia era válida.

HGSS

A la hora de almorzar, el profesor Snape parecía eludirme y me encontraba sentada a la mesa, sola. Miraba a los elfos yendo y viniendo con la comida, pero más me consternaba el hecho de que Severus pensaba ocultarse de por vida, en vez de hablar sinceramente. Cobarde, un verdadero cobarde con todas las letras.

Y antes de que pudiera volverlo a decir, me di cuenta de que Severus ya estaba en la habitación y sentándose frente a mí, sin decir nada. Lo miré tentativamente y luego volví a bajar la vista y en dirección a mi plato.

- ¿Ya está lista, la poción anticonceptiva? - dije casualmente, pero el profesor Snape me ignoró. - ¿Tuvo oportunidad de probarla?

- Sí. Violé a una muchacha hace poco y tuve la oportunidad de probarla con ella.

- No es necesario el chiste. - sonreí con el mismo sarcasmo al que él me tenía acostumbrada.

- Oh, está bien. Quizá prefiere que la bese, seguramente eso la convencerá de que he probado la poción.

Sabía que no debía seguir hablando y dejar que lo superara a su modo y a su propio tiempo. El profesor Snape era un hombre muy resentido y me imaginé que tardaría años, en olvidar que lo había besado. De todas formas y al fin y al cabo, yo había obtenido lo que quería.

- Señorita Granger, no tiene ni idea de lo mucho que usted me recuerda a Albus Dumbledore.

- Yo no soy como él, en ningún sentido. Yo sólo quiero recuperar a mí hija y luego, prometo dejarlo en paz. Si usted lo hiciera más fácil.

- ¿Y qué si no quiero ayudarle? ¿También me obligará como Albus lo hizo en vida?

No supe qué decir, así que me limité a continuar almorzando. Por un momento recordé las cartas sobre las visitas y acerca de Rose y me imaginé que Severus estaría en todo su derecho de negarse. No había sido una buena esposa, estaba en su derecho de no dirigirme la palabra durante todo el tiempo que nos quedara con vida.

Pero tampoco podía juzgar los actos por amor, ya que seguramente él habría hecho lo mismo que yo.