Hola a todo el mundo. En primer lugar perdón por el retraso, esta vez he tardado un poco mas de lo habitual en actualizar.
Y ahora la contestación a reviewers no registrados:
Maria: Muchas gracias por tu rr. Claro que voy a contar más sobre lo que pasó al final de la guerra pero eso forma parte del secreto del Hermione y del trauma que arrastra desde entonces, así que de momento tendrás que conformarte con los párrafos de recuerdos que aparecen casi al final del capítulo anterior. Tal vez parezcan un poco ambiguos pero son muy importantes y una de las principales razones por las que el capítulo es uno de mis favoritos. De momento nada de drama en los próximos capítulos, me lo reservo para un poco más adelante, aunque eso no signifique que Hermione tenga un respiro. Un abrazo.
Vieja Manta: Hola, es una alegría recibir tu rr, las críticas constructivas siempre son bienvenidas, y además te entendí perfectamente. Te explicaste muy bien ;) En general procuro ser cuidadosa con esa clase de cosas, claro que a veces una siempre se despista. Si recurro a este tipo de tiempos verbales es casi siempre por evitar la continúa repetición del había, o a veces para no emplear un pretérito perfecto demasiado tajante. Claro que como te despistes puede ocurrir que acabe pasando exactamente contrario y sean otros los tiempos verbales que se repitan. Prometo ser más cuidadosa de ahora en adelante, aunque como estos capítulos son antiguos y los publico sin revisar tal vez no notes la diferencia de momento.
Chiqui33: Aquí vuelvo a la carga con un nuevo capítulo. Los que me conocen de El Templo de la Muerte (aunque en esta página el número de lectores comunes asciende a cero, que yo sepa) saben que soy un auténtico desastre con las actualizaciones, y suelo tardar un mes como poco. Me gustaría poder complacer a los lectores y actualizar con más frecuencia pero mucho me temo que tratándose de mí pronto suele significar más o menos ese plazo. Un saludo y gracias por tu rr.
Clarice: Muchas gracias por lo que dices, me halaga que lo leyeras de tu tirón. Aunque a veces se me escapan muchas cosas en general procuro cuidar la redacción y la ortografía en la medida de mis posibilidades porque a mí también me agrada leer cosas que estén aceptablemente escritas. Sobre lo que las actualizaciones me temo que no soy de las más rápida de las autoras, para más señas te remito a la respuesta a Chiqui33. Un beso.
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CAPÍTULO 10: Feromonas
En los días siguientes a la fiesta en la embajada Malfoy comenzó a observar a Hermione con un interés que nunca hubiera imaginado. La estudiaba con una curiosidad que rozaba lo científico, experimentando la misma emoción que sentiría un biólogo que tras años de investigación logra descubrir una especie hasta entonces desconocida.
Llegó a identificar cada uno de sus gestos, la forma en que arrugaba un poco la nariz cuando no encontraba la palabra que buscaba al redactar un informe o como fruncía el ceño cuando algo no era de su agrado. A él le gustaba especialmente la manera en que deslizaba con suavidad las yemas de los dedos sobre la pluma cuando estaba pensativa, tocándola como si fuera el más preciado y delicado de los objetos, y se encontró deseando transformarse en esa pluma para sentir sus caricias. Comenzó a interrumpirla constantemente porque adoraba la forma en la que movía el pie derecho, retorciéndolo ligeramente a medida que aumentaba su impaciencia y no contento con eso adquirió el hábito de llamarla a su despacho con excusas absurdas solo para poder ver como su falda subía ligeramente cada vez que se sentaba, dejando al descubierto la curva de sus muslos. A veces la cargaba de trabajo solo por la forma en la el escote de su blusa subía y bajaba aceleradamente mientras ella a duras penas contenía una protesta o una mala contestación que enturbiara la cordialidad con la que se relacionaban desde la noche en que él la acompañara a su casa.
Lejos de asustarse por la recién descubierta fascinación que Granger ejercía sobre él se dejó atrapar emocionado como un niño que por fin consigue un juguete ansiado durante mucho tiempo. Aquella sensación le resultaba demasiado gratificante como para resistirse porque lo realmente nuevo, lo realmente extraño y sorprendente, no era que se sintiera atraído por ella como una polilla hacia la luz; esa sensación, aunque poco habitual, la había experimentado raramente al inicio de alguna que otra relación. Lo que hacía que esta vez fuera diferente, aquello por lo que Draco no podía dejar de asombrarse, era que el objeto de sus anhelos fuera Granger, la misma Granger que durante años detestara con tanta pasión e intensidad como ahora la deseaba; y aunque por las noches durmiera tan satisfecho como un bebé que sueña ilusionado con la nueva y prometedora aventura que emprenderá a la mañana siguiente, durante el día pasaba horas enteras preguntándose de forma obsesiva que era lo que había cambiado en ella para que de repente la encontrara tan interesante.
Después de meditarlo mucho llegó a la conclusión que Granger siempre fuera tan apetecible como ahora y que si él no se había dado cuenta en Hogwarts era porque entonces tenía un grave problema. El odio visceral que sentía hacia Potter y que se extendía contaminando todo lo que tuviera algo que ver con él, la facilidad con la que ella le superaba en todas las materias, sus arraigados prejuicios contra los hijos de muggles, incluso los celos que le inspiraba el inseparable trío cada vez que se sentía solo e incomprendido. Pero Draco sabía que tampoco era nada de eso, que ninguna de aquellas razones habrían importando lo más mínimo si entonces se sintiera tan fascinado por ella como lo estaba ahora. La verdadera y única razón era que entonces era un idiota, que en el colegio era demasiado joven para apreciar lo que tenía ante sus ojos. Lo cierto era que en aquellos tiempos Granger resultaba un manjar demasiado exquisito para su inexperto paladar.
Como cualquier adolescente cegado por las hormonas que recién descubre su sexualidad se dejaba impresionar por aquellas chicas que hacían gala de mayor voluptuosidad y exuberancia, sin advertir los indicios de la sensualidad tibia y latente que estaba por descubrir en otros confines nunca explorados, reservada para algún afortunado con mayor perspicacia que la suya. Aunque en lo más profundo de su ser Draco se negaba a aceptar que ese otro que demostrara más lucidez que él apreciando los encantos de Granger cuando eran desconocidos para cuantos la rodeaban, incluso para ella misma, fuera precisamente Ronald Weasley, aquel segundón, un incompetente a quien él habría tomado sin duda por el más torpe e inepto de los amantes.
Desde el incidente con el turco Hermione notó que Draco se comportaba de forma extraña. Para empezar había dejado de lado sus comentarios irritantes lo que provocaba que se vieran forzados a ensayar nuevas formas de comunicarse y resultaba complicado porque era difícil mantener una conversación con él sin que mediaran las frases irónicas cargadas de sarcasmo. El resultado era una relación marcada por una cordialidad bastante forzada en la que Hermione no acaba de desenvolverse con naturalidad, normalmente procuraba hablar lo menos posible y siempre sobre temas relacionados con el trabajo, lo que daba lugar a situaciones de largos silencios que aunque para ella resultaban muy incómodos a Draco parecían no molestarle ni siquiera un poco.
Pero esto no era lo único desconcertante en el comportamiento de Malfoy, aunque estaba más amigable seguía buscando formas de molestarla, a veces se portaba como un jefe hipercontrolador que insistía en revisar minuciosamente todo lo que hacía y otras la llamaba apresuradamente para pedirle su opinión sobre cualquier tema trivial, como si él no fuera capaz ni de firmar un simple documento sin que ella le supervisara. En ocasiones le asignaba multitud de tareas que no eran de su competencia y a los diez minutos irrumpía en su despacho ofreciéndose a ayudarle a realizarlas.
Su última extravagancia fuera pedirle que le acompañara a una reunión de puro trámite con un empresario muggle alegando que ella estaba más acostumbrada a tratar con esa clase de gente. La embajada estaba interesada en adquirir cierta mercancía muggle y el dueño de la empresa había fijado una reunión en su oficina a última hora de la tarde. Cuando Hermione llegó al edificio, un alto rascacielos en el centro de la ciudad, hacía rato que había anochecido. El coche de Draco estaba aparcado casi delante de la puerta y supuso que él la esperaba dentro, miró su reloj, todavía faltaban cinco minutos para la hora pero apuró el paso para llegar cuanto antes. Saludó al guardia de seguridad y cruzó el vestíbulo hasta los ascensores, la mayoría de los trabajadores debían de haberse ido a sus casas porque el edificio parecía desierto. Draco la esperaba junto a los ascensores, en cuanto la vio el rubio pulsó el botón y la puerta del ascensor se abrió justo cuando Hermione llegaba junto a él. Con un gesto caballeroso Draco se hizo a un lado y le indicó que pasara delante, entró tras ella y pulsó el botón del piso 83.
El ascensor comenzó a subir e inmediatamente ella reparó que lo hacía a una velocidad normal, lo que era muy extraño porque un edificio como aquel debía estar equipado con ascensores más rápidos, seguramente había uno muy cerca ¿cómo no se habría dado cuenta Malfoy al llamarlo?, ahora tardarían una eternidad en llegar al piso 83.
Pensó con cierto nerviosismo que a esa hora era muy poco probable que nadie más subiera en otro piso y que tendría que estar encerrada con Malfoy a solas y en un espacio muy pequeño. Aunque últimamente pasaba más tiempo con él que con ninguna otra persona se sintió un poco incómoda y fijó su atención en los botones del ascensor con tanto interés como si encerraran la respuesta a todos los enigmas del universo.
Cuando quiso darse cuenta Draco estaba frente a ella, mucho más cerca de lo que el protocolo aconsejaba, le miró buscando una explicación pero en la expresión de su rostro descubrió que no tenía ninguna intención de alejarse de ella y volver al otro extremo del reducido espacio que compartían.
Muy despacio Draco estiró un brazo y apoyó su mano contra una de las paredes del ascensor, muy cerca de su hombro izquierdo. Instintivamente quiso alejarse y como no podía retroceder intentó desplazarse hacia la derecha pero con un movimiento rápido él cortó su huída colocando la otra mano en la pared, a la altura de su cintura, dejándola acorralada.
- ¿Que diablos crees que haces, Malfoy? – preguntó enfadada.
Pero él no contestó. La miró con las pupilas dilatadas y una sonrisa juguetona en su cara. Hermione deseaba empujarle y escapar de allí pero descubrió que era incapaz de moverse, pudo sentir la proximidad de su cuerpo, casi rozando el suyo pero sin llegar a tocarse. Por alguna razón esa idea le resultó perturbadora y temiendo que él lo notara bajó la vista, clavando la mirada en la camisa blanca de Draco. Le pareció que algo extraño flotaba en el aire, como si de pronto éste fuera más denso, como si la temperatura hubiera subido varios grados en cuestión de segundos. Su cerebro clamó por más oxígeno y entreabrió los labios para inspirar hondo. Sin saber muy bien como, supo que bajo esa camisa los músculos del torso de Draco estaban tensos. Los de sus brazos, que a pocos centímetros de ella la arrinconaban contra la pared del ascensor; los pectorales, que subían y bajaban pausadamente al ritmo de su respiración. Hermione casi pudo verlos, los sentía sin necesidad de tocarlos. La atmósfera se volvió sofocante y comenzó a sudar.
Sacudiendo la cabeza para hacer desaparecer de su imaginación la sugerente imagen y desechando el incipiente deseo que empezaba a apoderarse de ella de arrancar los botones de la camisa para comprobar con sus ojos si era cierto lo que su desbocada imaginación prometía, subió la vista y la clavó de nuevo en su rostro.
Por un momento se miraron fijamente y luego los ojos grises bajaron lentamente hasta sus labios y estuvo segura de que la besaría. No pudo evitar fijarse ella también en los labios del rubio, rosados, húmedos y un poco entreabiertos, con las comisuras ligeramente curvadas, esbozando una sonrisa casi imperceptible mientras lentamente se inclinaba sobre ella, aproximando su rostro al suyo. Sintió como el aliento que escapaba de su boca la rozaba y se le aceleró la respiración. Cuando sus labios estaban a punto de rozarse entrecerró los ojos con expectación pero al momento los abrió de nuevo, extrañada porque el contacto no se producía. Draco se había desviado de su trayectoria y en lugar de besarla bajó inesperadamente para centrar su atención en la base del cuello.
Algo confusa noto como él aspiraba profundamente mientras ascendía por su cuello hasta el lóbulo de la oreja, tan lentamente que ella creyó no poder soportarlo. De nuevo entrecerró los ojos y tomó aire mientras sentía un escalofrío que le recorría la columna vertebral al notar como él enterraba la nariz entre sus rizos, a escasos milímetros de su piel.
- Me gusta como hueles, Granger – susurró Draco en su oído antes de apartarse de ella.
- Pero… si no llevo perfume – fue lo único que acertó a balbucear.
- Ya sé que no llevas perfume, es el olor de tu piel lo que me gusta – contestó él volviendo a la otra esquina del ascensor.
Cuando salieron de la oficina era bastante tarde, caminaron en silencio hasta el ascensor y a medida que se acercaban Hermione creyó que sufriría un ataque de pánico. Tendría que volver a meterse en el ascensor con Malfoy, la única alternativa eran las escaleras y no podía bajar andando 83 pisos. Al abrirse la puerta se quedó paralizada durante un segundo, dudando si entrar o echar a correr escaleras abajo.
Diciéndose a sí misma que resultaría ridículo negarse a bajar con él tomó aire y entró en el ascensor, sujetando por si acaso su varita con fuerza. Si intentaba acercase acabaría convertido en gelatina. Draco entró tras ella sin decir palabra pero el momento de incertidumbre de Hermione le provocó una sonrisa de autosuficiencia que tuvo cuidado de ocultar a la castaña.
En el vestíbulo volvieron a pasar ante el mostrador del guardia de seguridad y le desearon buenas noches antes de salir al exterior. Draco se dirigió hacia su coche pero ella echó a andar con decisión en la dirección contraria.
- ¿Adonde vas, Granger?- preguntó sorprendido.
- A casa – contestó Hermione toda erguida y con la cabeza muy alta sin dejar de caminar.
- ¿Piensas ir andando? – inquirió mientras se apoyaba en el coche con las manos en los bolsillos, observándola.
- En metro – respondió parándose en medio de la acera y girándose para mirarle.
- ¿A estas horas? – Draco enarcó una ceja - Yo podría llevarte… si quieres.
Aquello le resultaba muy divertido y no hacía el más mínimo esfuerzo por disimularlo.
- No gracias – contestó secamente, - no después de tu inapropiado comportamiento en el ascensor.
Draco sonrió muy satisfecho de si mismo.
- ¿Qué fue lo que realmente te molestó, Granger? ¿Qué me acercara a ti o que no te besara? – preguntó en tono burlón.
Hermione le miró atónita.
- Yo no esperaba en absoluto que me besaras – mintió. - Esa idea simplemente me repugna – espetó con rabia, deseando sonar lo más convincente posible.
- Vamos, Granger. Me encuentras irresistible, admítelo. Segregabas tantas feromonas que creí que me iba a asfixiar.
Hermione notó perfectamente que se sonrojaba como una quinceañera. ¡Por Merlín! ¿qué le ocurría?, menos mal que era de noche y había poca luz, con un poco de suerte él no lo notaría.
- Hasta mañana, Malfoy – dijo de mal humor. - Prefiero volver a casa en metro y enfrentarme a un ejército de pandilleros que volver a compartir un espacio cerrado contigo y tu grandísima vanidad. Además jamás permitiría que te asfixiaras por mi culpa – añadió con ironía – después tendría que dar explicaciones a tu encolerizado club de fans.
Draco sonrió, le gustaba verla enfadada, tenía las mejillas de un color rosado que encontró adorable y además esa última frase sonaba como si fuera fruto de un ataque de celos. Si no fuera demasiado pronto se abalanzaría sobre ella ahora mismo, pero eso la pondría en guardia y un beso robado no era lo que tenía planeado. Disfrutaba mucho del juego y apenas estaba comenzando, quería prolongarlo un poco más. En su lugar le abrió la puerta del coche y la invitó a entrar con un gesto amable.
- Sube al coche, Granger. Prometo comportarme.
ooOOoo
Para mí el final del capítulo está bastante claro pero como en otras páginas surgieron dudas prefiero curarme en salud y añadir esta nota.
Por supuesto que Hermione se sube al coche, XD ¿de verdad alguien se hubiera resistido? Y Draco, muy caballeroso él, cumplió su palabra y se portó como un niño bueno. La llevó a su casa y ahí terminó todo. Recordad las palabras de Hermione al final de capítulo anterior, cuando le dice que el infierno se halará antes de que consiga poner un pie en su casa. Por petición popular, añadida al expreso deseo de la autora, je,je, haré que se trague sus palabras. Pero dentro de mil años o así, no antes. El próximo capítulo (por cierto, es otro de mis favoritos) no enlazará con el final de este.
Besos, y gracias a todas por vuestros rr. En otras páginas tengo algún que otro lector masculino, supongo que aquí también, solo que son modositos y por eso todavia no los conozco. No seáis tímidos chicos, vosotros también podéis dejar rr.
