Disclaimer: Los Personajes Originales son y serán propiedad de Masashi Kishimoto. La idea y concepto para esta historia así como la manera de desarrollar la trama es lo único que va por mi cuenta.
ROSA DE DOS AROMAS
Décimo Capítulo
"Números rojos, como aquella nube"
—Eh, jefe…¿Pasa algo?– Suigetsu estrujó la lata de cerveza entre su mano derecha y la arrojó desmañadamente hacia uno de los rincones del cuartucho que ocupaba como habitación.—Llevas toda la mañana más callado que de costumbre
—¿Acaso te importa? –Sasuke estaba sentado en una de las raídas sillas, con el respaldo inclinado contra la pared y los pies cruzados sobre la mesa. Dio el último sorbo a su tercera cerveza de la mañana.
Suigetsu frunció el seño y gruñó burdamente.
—Perdóname la vida, sólo preguntaba. –dijo irónicamente.
Juugo también estaba allí. Se hallaba en uno de los rincones del raído cuarto, sentado en el suelo y jugando al solitario con una descolorida baraja.
—Ayer terminé con Sakura –dijo Sasuke de pronto. No había ninguna emoción en la frase.
—Vaya….razón de más para que Karin no te deje en paz –comentó Suigetsu con una tosca sonrisa que mostraba una hilera de puntiagudos y desiguales dientes.—Ahora mas que nunca va a querer exprimirte como un limón.
—Pues que se joda. Tengo cosas más serias en qué pensar que en mujeres –Sasuke abrió otra lata.
El joven de pelo blanco platinado le dedicó una mirada indagadora.
—Je…pues no decías eso exactamente la semana pasada. Caray, ¿qué carajos tragaste para aguantar tanto?…—Suigetsu calló de pronto al sentir el aura iracunda del Uchiha escrutarle. Cambió rotundamente de tema—Lo del viernes estuvo genial, aunque siento que "te pasaste" con ese imbécil del autoservicio. Creo que estuvo de más que le dispararas, el pobre diablo estaba tan aterrado que parecía que iba a mojarse en los pantalones.
Sasuke ya llevaba tres cuartos de la cerveza engullida, a pesar de que estaba casi congelada y el temple del líquido le punzaba en las sienes.
—La compasión es para los débiles y los idiotas –dijo, apurando un sorbo—Deberías tenerlo en mente para la próxima.
—¿Próxima? –Suigetsu alzo ambas cejas—Es algo pronto, ¿no crees?
Sasuke negó con la cabeza. Un brillo cansino y fulminante se leía en sus ojos sin sentimiento.
—Hmp…¿Recuerdas ése negocio que esta a tres calles después de la escuela?
—¿La farmacia?...debes estar loco, siempre esta lleno a todas horas.
—Siete de la noche –esta vez quien habló fue Juugo. Las palabras sonaban de su garganta ronca como procedentes de una caja de voz, carentes de emoción, como un autómata. Habló sin levantar la mirada de su mazo de cartas—De las siete a las siete y media esta casi solo. Hay un cajero. No tiene vigilancia de cámaras.
—Quizá sea demasiado fácil –convino Sasuke, pero no había duda o indecisión en su voz—Da lo mismo, podría hacerse en un par de semanas.
Nadie dijo nada en un rato. Juugo seguía inmerso en su juego como un autista y Suigetsu trituraba un mondadientes entre sus serradas mandíbulas.
—Linda manera de pasar el verano –dijo a modo de sátira.
No hubo respuesta. Sasuke se había terminado la lata, sintiéndose levemente mareado. Aun así, abrió otra. Su mente estaba casi en blanco; en breves instantes recordaba la inexpresiva charla con Sakura y en otros comenzaba a plantearse la estrategia para el siguiente atraco. Todo carecía de importancia primordial, era un simple pasatiempo y nada más. Al igual que las chicas.
Sólo algo para pasar el rato.
Eso le llevó a pensar que tal vez tomase en cuenta el comentario de Suigetsu, y si no tenía nada más importante que hacer por la tarde, pasase un par de horas con Karin, si es que no se sentía demasiado ebrio, claro. Aunque le daba igual. A veces un poco de sexo desinhibido después de una ronda de cerveza barata bastaba para subirle un poco los ánimos y para bajarse la borrachera.
Tal vez lo haría. Y si no, no importaba.
Tenía todo el día y la tarde a su disposición.
Estaba libre.
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Eran ya alrededor de la una de la tarde cuando Itachi terminó de firmar y sellar la aparentemente interminable columna de facturas. Depositó el último papel sobre la carpeta color paja, sujetándolo con un clip.
Se quedó mirando hacia la torre escrupulosamente acomodada, con ausente afán de satisfacción, emulando una seca media sonrisa que obviamente no era por el trabajo terminado, sino por una cuestión totalmente ajena a los cuatro muros de Uchiha Ad Worx. Una razón meramente personal que venía rondándole en la mente desde la noche anterior y se le anteponía cada cinco minutos como un mensaje subliminal explícito.
Sakura Haruno…razón y motivo de aquel inusual gesto de su rostro.
Miró el reloj de pulso por millonésima vez en el día y luego el de la pared. La misma secuencia desde que había llegado a la oficina.
La una con tres minutos. El tiempo transcurría condenadamente lento.
—¿Tienes planes o algo que hacer? Has estado mirando el reloj toda la mañana –Shisui estaba de pie delante del escritorio, con los brazos cruzados y una mueca de curiosidad que Itachi preferiría ignorar por completo.
Él apenas y se había dado cuenta de que estaba allí.
—No, no es nada. –Itachi dio un trago a su taza de café, la cual se había servido desde hacía tres horas. Por lógica estaba ya frío y un poco insípido.—Sólo que creía que era un poco más temprano.
Y la verdad, el galano arte de fingir no era una de las facultades de Itachi Uchiha, por lo menos no delante de Shisui. Ninguno de los dos comentó nada de la noche anterior, razón de más para que Itachi no le mencionara la visita de Sakura.
Corrieron con demasiada suerte de que nadie en la oficina les hubiera visto, ni a ella entrar ni a ambos salir. Haberle mencionado siquiera a Shisui acerca de que Sakura había venido a buscarle –y obviamente omitiendo el detalle de aquel impulso meramente físico en el que sus manos y su entrepierna perdieron el control- hubiera resultado un desastre colosal.
Y si Shisui había sabido guardar el secreto de su peculiar affaire era por obra y gracia de los dioses. No debía abusar de las escasas bondades del destino. No ahora, no era el momento.
—Claro, ¿y el cielo es verde, verdad? –Shisui tomó las carpetas en tropel—Falta casi menos de la hora para el almuerzo, puedo traer un par de hamburguesas si quieres, además de que ese café ya parece brea por lo espeso.
Podría maldecir la suspicacia de Shisui, pero podría agradecer que éste no siempre soliera ser acertado en sus sospechas.
—No hace falta. –Itachi simulaba atención en la lectura de uno de los contratos salientes—Hoy almorzaré fuera, así que no molestes.
—¿Y eso?
—Hmp…ya me harté de ver tu cara de papanatas –Itachi profirió una expresión altanera y perniciosa.
A Shisui esto le pareció un gesto más que inusual, hacía tanto tiempo que no le veía esa cara de "niño presumido" por lo menos desde que estaban en la secundaria. Había algo fuera de lo común con el Itachi de esta mañana, después de un golpe sentimental como el que tuvo en la semana era de esperarse verlo abatido como un desahuciado o un condenado a muerte. Y en lugar de eso, lucía despabilado, enérgico y puede que hasta tranquilo.
¿De veras se lo estará tomando tan bien? Indagó mentalmente Shisui…Tanta sobriedad en su cara ojerosa me aterra.
Decidió dejarlo al azahar, y si la balsa seguía haciendo ruido, él se las ingeniaría para saber el porqué.
—Pues como quieras, pero tú te lo pierdes –musitó dándose la vuelta en dirección a su oficina.
—Eh, Shisui –Llamó Itachi cuando éste estaba a centímetros de la puerta. Shisui se giró hacia él y se le congeló el aliento mirando el afilado abrecartas que Itachi balanceaba entre sus dedos—Si se te ocurre seguirme, me aseguraré personalmente de que pases más de dos meses sin visitar aquel motel en las afueras de Konoha en compañía de Ayame-san…
Y de nuevo aquella ofuscada sonrisa, mientras que con el abrecartas señalaba la trayectoria hacia cierta parte en específico de la anatomía de su contrariado primo, un sitio peligrosamente debajo del obligo y arriba de las rodillas….por citar una ubicación aproximada.
—Está bien, no molestaré. Ahora baja eso que me pones nervioso –dijo volviendo al pasillo y cerrando la puerta con el pie, profiriendo una protesta—¡Qué amargado!
Itachi le miró marcharse, dejó el abrecartas de nuevo en la gaveta y volvió a su estado de ensimismamiento absoluto. Por lo menos en esos escasos momentos de paz, como ese instante, podía permitirse volver a pensar en sus dilemas personales. Había estado cavilando casi toda la noche, recapitulando el asunto y acomodándolo de la manera en que podría ocurrírsele alguna alternativa; todo era referente a lo que harían Sakura y él de ahora en adelante.
La respuesta de ella resultaba más que obvia y él mismo no lo había negado en ningún instante. Tampoco lo expresó con las palabras exactas; decir un escueto "te amo" hubiera sonado demasiado pronto e impertinente. Eran palabras muy grandes.
Seguir las cosas paso por paso era lo más lógico y eso, precisamente le conducía al mismo dilema; Sasuke había terminado con ella no hace más de veinticuatro horas ¿No era muy pronto para comenzar de nuevo?
Puede que sí y puede que no. Las cuestiones del corazón eran demasiado complicadas e Itachi no era precisamente un experto en el tema. Pero por eso se habían citado mutuamente a la hora del almuerzo –de lo que aun faltaban treinta malditos minutos- además de que necesitaba verla.
Sakura se había infiltrado en sus pensamientos con una intensidad aun mayor que en los meses pasados, en los que pensaba en ella como una chica agradable y tierna, nada más. Ahora todo había cambiado, y había sido ella la causante de la enorme transformación emocional.
No podía sacársela de la cabeza ya, desde el instante de su primer beso. Si antes había sido difícil apartarla de su mente, después de aquello, el arrojarla fuera de su sistema le resultaría fatalmente imposible. Pensaba en Sakura a todas horas, en su particular cabellera rosada, el tacto cálido de su cuerpo, el aroma a cerezo que desprendía cada poro de su cremosa piel y el anhelante sabor de sus labios…
Y aun son la una y media…¡rayos!
Se levantó casi intempestivamente, dejando el saco en el respaldo de la silla y andó hacia el pasillo. Miró de reojo hacia la oficina de Shisui, encontrándolo de espaldas hacia la puerta y renegando contra el cajón del archivero y una pila de papeles en pos de cumplir los designios de la gravedad y derribarse sobre él. Estaba demasiado ocupado como para siquiera notar a Itachi deslizarse silenciosamente hacia el ascensor.
Podía reconocérsele a Shisui su observación de esta mañana, quizá Itachi si había estado un poco distante o distraído, por lo menos lo suficiente como para no darse cuenta de que el cubículo perteneciente a Obito se hallaba vacío y éste no había sido visto en todo el día. La computadora estaba apagada y los archivos en orden, lo que indicaba que el desorientado "buen chico" no se había presentado al trabajo.
Itachi lo notó pero no le dio importancia, de la misma manera en que tampoco lo hizo cuando escuchó el teléfono de su oficina timbrar inoportunamente en cuanto puso un pie fuera de ésta.
La una y cuarenta minutos, tiempo suficiente para llegar al restaurante a tres calles abajo.
La puntualidad siempre denotaba confianza, un trato que le difería de su estúpido hermano menor, de la misma manera en que se distinguía el día de la noche.
Salió, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón y una expresión disimulada de tranquilidad.
Ya se ocuparía del caso de Obito y de aquella llamada. Si era importante e imprescindible, volverían a llamar, si no, no era su problema.
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—¡¿Cómo que no está?! –la voz seca de Fugaku produjo un estruendo ahogado en la bocina del teléfono proveniente de la oficina de Itachi. El eco en sí le pareció a Shisui como un puñetazo en la sien—Itachi nunca sale de improviso, ¿Dónde demonios se ha metido?
Shisui suspiró contrariado, sintiendo una gotita de sudor cruzar por su frente.
—Tío, si yo lo supiera no estaría…
—¡¿Cómo se le ocurre largarse justo ahora?! ¡Y tú deberías haberte enterado ya de esto!
—¿De qué?
Se oyó un golpe seco por parte de Fugaku, probablemente sobre un escritorio.
—Estamos en ceros –Fugaku lo dijo fúnebremente y alzó la voz de pronto—¡Las malditas cuentas están en números rojos y tu ni te das por enterado! ¡Es tú trabajo, Shisui! ¡Maldita sea, debería...!
La mano de Shisui tembló, sujetando el auricular con aprensión. Se deshizo de los constantes insultos de su tío cortando la llamada dejando caer la bocina contra el aparato de un modo violento.
Obito fue en el primero en quien pensó, pero el despistado con gafas naranjas no estaba ni estaría por el día de hoy. Fue directo a su computadora, tecleando la clave de la cuenta principal y mirando con desesperación el cuadro de diálogo indicándole fríamente "Contraseña Incorrecta"
La clave había sido cambiada a petición de Itachi y Shisui había accedido. No había rastro alguno de Obito y él mismo no tenía ni la menor idea de la nueva contraseña, así que sólo le quedó una cosa por hacer.
Tomó su propio teléfono celular y tecleó el número, resignado a cualquier insulto o amenaza, que en comparación a las futuras sentencias de su tío Fugaku, las de Itachi podrían ser un poco menos ortodoxas.
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Sakura llegó puntual al restaurante, con un vestido de lino blanco y el pelo echado hacia atrás, dejando suelto el flequillo enmarcando sus facciones. Llevaba un juego de horquillas que había comprado en el centro comercial la semana pasada. Tenía un aspecto muy elegante e Itachi le estaba esperando.
La besó en la mejilla, y varias personas les miraron. Itachi Uchiha tenía un porte distinguido y reconocible gracias a los asiduos artículos respecto a su familia, auspiciados por la prensa, y ella era una joven de agradable aspecto, pese a que nadie sabía quién era
—Cuando dijiste que llegarías temprano, no me imaginé que sería tan literal..
—Siempre que digo a una hora, es a una hora –comentó Itachi mientras se sentaban en una mesa reservada, al abrigo de miradas indiscretas.
Sakura sonrió. La idea de salir a comer le había resultado agradable aun más por el hecho de que había sido propuesta por él.
Finalmente un espacio, un lapso de tiempo en que no escucharía los bulliciosos e infantiles argumentos de Naruto, las pretenciosas críticas de Ino acerca de cuanto ser humano se le atravesase en su campo visual o batallar por sacarle los comentarios a Hinata en sus tímidas y entrecortadas conversaciones.
Por la mañana había recibido una ráfaga de llamadas a su teléfono por parte de Naruto e Ino; él por su parte lo único que inmiscuía era encontrar la justificación de su falta a la cita de ayer e Ino simplemente le atosigó con una docena de preguntas establecidas en el escrupuloso orden de un interrogatorio judicial.
Hubo una verdad que Sakura no debería guardarse para sí misma, un motivo que incluso fue a dar a oídos de su madre (a pesar de la obvia consecuencia del sermón madre-hija) y era el rompimiento sentimental entre ella y Sasuke Uchiha.
Aparte de la extensa "conferencia Haruno", estaba el estrepitoso grito de consternación de Naruto, seguido de sus amenazas hacia el ahora nombrado "Sasuke-teme-rey de los idiotas" además las mil y un torturas que el hiperactivo chico Uzumaki había jurado cernir sobre él, y Sakura intuyó un peculiar desnivel en la voz del rubio, un breve dejo de preocupación y curiosidad hacia ella; pero nunca lo expresó en palabras.
Y por último pero no menos importante estaba Ino Yamanaka y sus sentencias de abundante y correcta propiedad, arguyendo cosas tales como "yo te lo dije, el tipo era un vago sin oficio ni beneficio" , "No era la primera vez, ya te había hecho otros desplantes" y demás argumentos que para Sakura ya carecían de importancia. La Sakura Haruno de días anteriores se habría desmoronado al sólo oírle, pero las cosas habían cambiado mucho durante éste último mes. Tal vez incluso antes.
Naruto y los demás eran sus amigos y no había nada más apreciado para ella que éstos, pero un pequeño espacio personal con alguien más no lo creía como el sacrilegio más grande de la historia.
Sin embargo no estaba preparada para manifestar algo de semejante magnitud ante alguien más que no fuera Itachi. Esto sólo les concernía a él y a Sakura…por el momento.
Era peligroso mostrarse en público, pero ya habían decidido que de esa manera resultaba menos sospechoso si alguien les veía. Y aquí estaban ahora, uno frente al otro sin decir nada más, haciendo del diálogo verbal un hito prescindible en su totalidad. No eran necesarias las palabras, bastaba sólo la profunda conversación sostenida en sus miradas y en la mesurada caricia de la mano de él recorriendo sus nudillos sobre la mesa.
Un sonido levemente cercano irrumpió cortando el encanto. Un molesto "bip" repetido en escala de escasos decibeles; proveniente del estuche pendiente del cinturón de Itachi. Éste sacó el móvil, abriendo la carcasa superior y leyendo el remitente para sí mismo.
Reconoció el número de la oficina, y sabía perfectamente de quien podría tratarse.
Mierda. No…definitivamente ahora no.
No pasaban ni veinte minutos de las dos de la tarde y ambos apenas habían ordenado. Sin pensárselo dos veces, Itachi simplemente apagó el aparato y lo volvió a guardar en el estuche.
—¿Una llamada importante? –inquirió Sakura.
—No, sólo era la alarma –Itachi afirmó despreocupadamente—Olvidé desactivarla.
No hubo ninguna otra pregunta acerca del suceso. No hubo necesidad, había cosas más importantes.
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—¿Así que ese es el tal Uchiha Itachi? –profirió una voz desde el interior de un auto negro. Los vidrios ahumados sólo dejaban entrever unos cuantos atisbos de una cabellera rubia y el brillo de unas frías pupilas azules—No se ve que sea la gran cosa, unh.
Era la voz de un muchacho, cargada de un extraño y sutil acento sagaz e impertinente. Procedía del asiento interior del vehículo.
—Para ti nada es gran cosa salvo esa bazofia que estallas y que llamas arte –espetó alguien desde el asiento del copiloto. Lo único visible era una mata de pelo rojo encendido y una expresión hastiada en un semblante de jóvenes facciones.
—¡Ey, vuelve a llamar bazofia a mis esculturas y te haré ver a tus antepasados! ¡Artesano de segunda!
—Lo que digas, niña…—el "pelirrojo" portaba unos binoculares, develándolos con sigilo a través de una de las rendijas de la ventanilla. No prestó atención a las amenazas del "chico" rubio. Su interés estaba concentrado en su objetivo—…huuum…¿No es ella demasiado joven para el tipejo ése?
El rubio también escrutaba el entorno a tres metros más allá de la discreta ubicación del auto.
—Vaya depravado, ¿Para qué cuernos quiere Pein que secuestremos a un inútil pervertido? –dijo tamborileando los dedos sobre el asiento.
—Dinero. Ése pervertido-inútil es el aval absoluto del setenta por ciento de las acciones de medio Konoha –la voz procedía del conductor, una sombra que portaba una lóbrega pañoleta cubriéndole el rostro.—El peón perfecto que necesita Akatsuki.
—Unh…todo un proletario, eh—el muchacho rubio profirió una risilla ahogada, que mas bien pareció un graznido.
Los tres pares de inmisericordes ojos escudriñaban a detalle a un joven de profundas ojeras, acompañado de una chica de largos cabellos rosas. Éste le llevaba protectoramente del brazo mientras ella mostraba una sonrisa radiante. Ambos estaban demasiado abstraídos uno con el otro como para percatarse del sedán negro aparcado en la esquina, a tres tiendas del restaurante.
Una mirada ladina y lujuriosa se mostró en los azules ojos del rubio, observando detenidamente la silueta de la muchacha.
—Eh, Sasori ¿Hace cuanto que no te tiras a una colegiala como esa? –murmuró.
Sasori, el pelirrojo, le dio un golpe en el codo al muchacho rubio de nombre Deidara.
—Ya ,cállate, escoria— ajustó un poco más el ángulo de visión de los binoculares—je..además la tipa no esta tan buena, aunque si tuviera más tetas tal vez lo consideraría.
—Da igual…el tipo es un jodido bastardo con suerte. ..–Deidara irrumpió con un bostezo y miró de soslayo al conductor—Eh, Kakuzu-san ¿No teníamos que haber hecho algo ya?
—No. –repuso imperativamente éste, sin siquiera voltear a verle—Son órdenes de Pein. Procederemos según el plan hasta en la noche, para cuando Kisame nos dé la señal.
Deidara desplomó la espalda contra el respaldo.
—Perfecto, con lo que me gustaría volarle la tapa de los sesos. Hace mucho que no me divierto de esa manera.
—Olvídalo Deidara. Lo necesitamos vivo, no nos sirve de nada un maldito cadáver.–Kakuzu movió ligeramente el espejo retrovisor, percatándose de que el "objetivo" se desplazaba sobre una de las abarrotadas aceras, a punto de perderse entre el gentío.
Y encendió el vehículo.
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—¡Itachi! –Shisui había gritado con tal fuerza que sintió que en cualquier momento sus cuerdas vocales se desgarrarían dentro de su misma garganta.
El aludido ni siquiera le escuchó, o fingía muy bien el no hacerlo. Shisui le había visto andar lentamente entre la muchedumbre, a cuatro o cinco calles después de la avenida principal. No era de los que acostumbraban llamar a sus conocidos a voz en grito, mucho menos dejar la hora del almuerzo para largarse a buscar a su desconsiderado primo que no tenía ni el menor tacto de portar el celular encendido.
Después de la cordial e informativa llamada de su tío y tras ocho intentos por comunicarse con Itachi, en los cuales el buzón de voz era la única respuesta, se dio a la tarea auto impuesta de ir, buscarle y si era preciso traerlo halando de la cola de caballo.
Una medida totalmente desesperada. Era estúpido y se sentía estúpido, no tenía ni la menor idea de hacia dónde se habría escabullido Itachi ni mucho menos el motivo. Pero si de algo podía estar orgulloso era de su buena suerte, aunque más bien debería considerarlo como una de las escasas bondades de la vida.
Apenas y había salido unos cuantos metros del edificio, cuando, aprovechando el breve lapso en que la circulación de autos cambiaba de afluencia, pudo vislumbrarlo salir de uno de los modestos restaurantes de las calles laterales.
Aunque el enorme impulso de la curiosidad le picaba entre ceja y ceja para averiguar quien era la fémina acompañante –realmente estaba tan mortificado que no se dio cuenta ni siquiera del poco común color de su cabello-, las prioridades laborales y la preocupación pudieron más que su instinto de chisme.
Avanzó entre la gente como pudo y volvió a repetir la llamada.
—¡Itachi!
Y finalmente hubo resultado obtenido. Itachi se detuvo, mirando sobre su hombro. A Shisui no le agradó nada el brillo asesino de su mirada en cuanto se percató de su presencia. Pero si iba a morir en este momento, más le valía que fuese por una causa noble.
—Menos mal que te encontré. Tenemos problemas.
Una voz segura sobre el tambaleante instinto de conservación de su propia vida.
Bien hecho, Shisui, se auto-motivó.
—Shisui, te dije que si se te ocurría seguirme…
—Estamos en ceros. –Shisui se limitó a cortar el argumento, no importaba que eso también limitara su tiempo de vida antes de que Itachi tomase sus típicas represalias.—Total y completa bancarrota, tu padre llamó desde la capital y creí que le daría un ataque cardiaco o respiratorio o ambos.
—¡¿Qué?!
—Ceros. Números rojos, no hay nada en las arcas y los depósitos fueron retirados…C-E-R-O-S –sus manos trazaron un círculo en el aire. Y curiosamente se le ocurrió aprovechar el momento y fijarse en la chica en cuestión que resultaba ser…—¿Sakura-chan?
Podía ser una casualidad del destino, incluso puede que ella estuviese después de que él llegó. Siempre y con antelación la mente de Shisui procesaba este tipo de datos en cuestión de microsegundos pero parecía que alguna de las neuronas de sentido común no lograba arrancar, estropeando todo el proceso. Sakura Haruno ya no era nada en la vida de Itachi, o al menos éste lo había expresado de ese modo. Entonces la pieza faltante era…¿Qué diantres hacía con Sakura en este preciso momento?...y abrazándole tan, pero tan confianzudamente.
Ella sólo sonrió tímidamente en respuesta a la no tan sutil indagación de Shisui.
—¿Qué quieres decir con números rojos? –la voz de Itachi sonaba profunda y amenazadora, incluso más que la de su padre—Yo había acabado de revisar los depósitos y no había ningún faltante –se detuvo pensativo—Hmp…Obito, debió haber sido él…¿Qué hizo el imbécil ahora?
—Obito ni siquiera vino a trabajar. Debiste haberte dado cuenta, si no hubieras estado tan distraído no…—como si se tratase de cualquier otra trivialidad, Itachi se dio la vuelta, sin soltar a Sakura, dejando literalmente a Shisui hablando sólo—¡Ey, comadreja! ¡Te estoy hablando! ¿A dónde diablos vas?
—A llevar a Sakura a su casa, volveré de inmediato, así que deja de dar espectáculo con todo ese alboroto. –Itachi respondió sin dirigirse a él.
La gente y la distancia rumbo a la siguiente calle les había separado. Sakura sujetaba calmadamente el brazo de Itachi, percibiendo un aire de intranquilidad en éste.
—No es necesario que me acompañes hasta mi casa, no esta muy lejos de aquí –dijo ella, tratando de contrarrestar aquella tensión emocional—Si es urgente lo que dijo Shisui, lo entiendo.
—Prometí que te llevaría y voy a hacerlo, no por obligación, sino porque realmente quiero, Sakura-chan –comentó él. Se le seguía notando un poco preocupado, pero el contacto de su mano y los latidos de su corazón llevaban un acompasado y calmado aire—Shisui exagera a veces, probablemente perdió la contraseña.
Y Sakura asintió, apoyando la cabeza en el confortable hueco de su hombro. Un espacio agradable, como si hubiese sido hecho a su medida.
A tres calles detrás de ellos, les contemplaba Shisui; inmóvil y contrariado.
Ahora entiendo la condenada prisa por salir temprano al almuerzo, recapituló mentalmente. Su rostro mostraba una preocupación más intensa que la ocasionada por el estrés de la empresa. Esta saliendo con Sakura ahora…¿Cuándo pasó esto?....¿Y cómo?
Y un presentimiento aterrador le impregnó de pronto.
Un Itachi enamorado…¡Justo lo que necesitamos ahora para hundirnos en la bancarrota!
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Números rojos.
El término no estaba exagerado como lo supuso. Tecleó la clave por milésima vez desde las cuatro de la tarde, y ahora ya pasaban de las ocho de la noche.
Índice de cuenta…Monto acumulado, todo igual a….CERO.
Mierda.
Había sido la tarde más horrible que había tenido en mucho tiempo, satíricamente después del almuerzo más maravilloso de su vida. La vida era irónica, y cruel.
Números rojos, bancarrota, quiebra total. Esas palabras despertaron un temor antiguo y profundo en Itachi Uchiha; un sentimiento que hacía mucho que no se había permitido desde el día del accidente de su padre.
Y ahora, en éste momento, anhelaba más que nunca retroceder en el tiempo y volver si pudiese al instante que había pasado con Sakura, inclusive la corta despedida en la entrada de su casa. Tenía prisa y estaba preocupado, pero eso no le impidió tomarse quince minutos de su tiempo.
Sólo quince fugaces minutos en los que ambos los pasaron en el silencioso lenguaje de hablar mediante las caricias de sus labios. Itachi quiso quedarse así por siempre y Sakura se lo hubiese permitido. La fortaleza y seguridad de sus brazos era todo cuanto ella necesitaba, y el dulce sabor de sus labios y sus pupilas esmeraldas que nunca le recriminarían nada era lo único que Itachi pedía de aquel tormento al que había llamado vida.
Pero las obligaciones siempre emergían, como los relámpagos de una tormenta pasajera. Él estaba encadenado al apellido y responsabilidades Uchiha, y como tal, debía responder aun en los casos más difíciles, como el de ahora.
El resto de los empleados ya había salido, cual correspondía con su horario laboral. Shisui se había retirado también, hacía menos de veinte minutos. No había hecho más preguntas de índole personal y se había portado como digno colega, buscando y recapitulando cada una de las facturas, formas y hasta el más mínimo "pagaré" archivado. Sacaron entre los dos el remanente y la suma totalitaria eran los cuatrocientos cincuenta mi ryo en acciones de primera divisa. Monto desaparecido de la noche a la mañana.
Itachi era ya el único en la oficina y en el edificio, como si fuese el único sobreviviente de un holocausto.
Había tecleado minuciosamente el número de la cuenta y la clave. Dos números pares seguidos de cuatro impares; una combinación aleatoria que se dividía entre la fecha de su onomástico y tres números sin significado personal.
El cero seguía apareciendo en el espacio designado al dinero desaparecido. Estaba cansado, y sentía la espalda molida debido al esfuerzo estresante de tenerla arqueada mientras su atención se centraba en el monitor.
Por fortuna ya no había recibido más de las rotundas represalias de su padre, desde la tarde. Eso era una tensión menos pero seguía sintiéndose harto y fastidiado.
Apagó el monitor y decidió largarse. No quería saber nada más de la condenada compañía por lo menos hasta mañana. Sólo quería ir a casa, tomar una ducha con agua templada y abandonarse del mundo en un necesario y urgente sueño reparador.
Desconectó y desactivó todo aparato digital y salió del edificio, cerrando concienzudamente el portón y accionando el sistema de seguridad.
Eran las ocho y media, pero parecía más tarde. La calle se asemejaba a un sombrío desierto, a pesar de ser una de las avenidas más transitadas, durante el día, claro. La noche daba un aire totalmente distinto a las aceras, sobre las cuales el único mortal que andaba sobre éstas ahora era Uchiha Itachi.
Usualmente prefería ir y venir a la oficina a pie, dejando el auto que originalmente había sido de su padre aparcado en la cochera. Consideraba una pérdida de tiempo y energía confiarse a las comodidades de conducir sólo cinco cuadras desde su casa a la oficina.
Había andado sólo unos cuantos pasos, cuando escuchó el sonido de un motor. Un suave ronroneo de engranes y pistones, cerca. Muy cerca.
No deparó en ello, no había nada de raro, después de todo era una acera pública. El sonido de sus pasos hacía eco, hasta que notó el envase estrujado de una lata, rodándo cerca de su pie izquierdo.
Se giró por reflejo, y su atención deparó en una sombra, a un escaso metro de su retaguardia.
—Buenas noches –resolló ésta, con una voz carrasposa que parecía provenir del interior de una caja hueca. El pestilente aliento le llegó a la nariz—Por lo visto llevas mucha prisa, eh…
Itachi no contestó, de hecho, apenas y respiraba. Su vista seguía fija en los breves rasgos que alcanzaba a percibir del desconocido. Alto, quizá quince o veinte centímetros más que él y de complexión gruesa. Facciones férreas y marcadas; las contrastantes sombras se proyectaban en sus ángulos faciales dándole un aspecto estremecedoramente monstruoso, aun más de lo que asemejaba el tono macilento de su piel. Casi como si fuese de un azul grisáceo.
El impulso de darse la vuelta lo antes posible no había estado distante, pero en cuanto Itachi movió un pie de nuevo a la trayectoria, el frío y metálico borde del cañón de un arma de mano rozó menguadamente la línea de su espalda.
—¿Qué?…¿De qué demonios se trata esto?—su voz era apenas un susurro y sentía que la sangre se le había ido a los tobillos.
La respiración de alguien más punzaba en su nuca, al momento en que una mano, fría como el cruel dedo de la muerte, le sujetó el brazo, doblándolo detrás de su espalda e inmovilizándolo en menos de cinco segundos.
—Sólo necesitamos un poco de tu tiempo…muchachito –la inminente sombra se le acercó. Itachi aprestó al cercano instinto de forcejear y correr. El sonido del gatillo accionado y preparado sobre su espalda le detuvieron—Y más te vale no hacer ningún movimiento brusco, no queremos que nadie salga herido, ¿verdad, Itachi?
Aquella cosa sabía su nombre.
Un auto negro y con los faros apagados se había estacionado frente a ellos.
—¿Quiénes son? ¿Qué carajos quieren?
No hubo respuesta verbalizada. Vio que una de las puertas traseras del auto se abrió.
El descomunal sujeto sacó de su bolsillo un pequeño trozo de papel. Una tarjeta muy similar a la que le había dejado aquella mujer…¿Cuál era su nombre?
Konan…
Era casi igual, el fondo, el emblema en uno de los bordes…había algo que se percibía sobre el número telefónico, sobre letras blancas.
Letras blancas. Fondo negro…y una nube roja.
Akatsuki.
CONTINUARÁ
NOTAS DE LA AUTORA:
Bien, esta paochanesca escritora ha vuelto de sus merecidos dias de descanso, una vez más al trabajo (buaaghj)y de vuelta al fic, tambien (wiiii) Veamos que "hice ahora..."
si, las cosas se han puesto tan rojas como aquella nube...¿Que demonios hace Akatsuki metiendo las narices en esto?
Ok, Shisui ya se dio cuenta de que hay "algo" entre Sakura e Itachi...¿esto tendrá concecuencias a la larga?
No se pierdan el siguiente capítulo de ésta "Naru-novela", en su misma página y con su misma autora.
GRACIAS POR LOS REVIEWS Y YA SABEN...ADELANTE CON CUANTO COMENTARIO QUIERAN HACERME, TODA CRÍTICA ES Y SERÁ SIEMPRE BIEN RECIBIDA.
Nos leemos.
