DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la distinguida Señora Meyer, nosotros jugamos al antojo de nuestras retorcidas mentes. Cualquier semejanza con "Gata Salvaje", "Pasión de Gavilanes", "Las María del Barrio" o "Maldita Lisiada" es premeditada en su máxima expresión, con la intensión de que podamos reírnos un poco a costa de un culebrón siliconado.


POV Jacobo

Salí de la cama metiéndome a la ducha para poder desperezarme luego de haber dormido más de doce horas. Los turnos en el hospital los había cambiado para poder estar más tiempo con Isabella, con el fin de que se pudiese adecuar a mi casa y a mi vida.

La verdad era que no me molestaría pasar el resto de mi vida con ella y no me importaba si Tanya me seguía pagando por hacer eso. La suma de dinero es buena pero la paga de llevarme a Isabella a la cama será mucho mejor. Con solo un poco más de confianza lo lograré y luego no podrá escapar de mí.

Vamos, que yo era Jacobo Black.

La mejor opción que ella tenía, era conmigo.

Era una verdadera lástima que hubiese perdido a ese engendro que llevaba en el vientre. Una lástima para Cullen, pero no para mí. Ahora yo podría implantar mi semilla en ella y con eso me aseguraría de que nunca mas estuviesen juntos.

Después que Tanya me pagase podíamos largarnos, incluso con el producto de este trabajo. Que más daba, no era nada fea. Es más, la jodida basurera era hermosa, y tan estúpida que parecía fácil lograrlo.

Salí de la ducha rápidamente para prepararle el desayuno como venía haciendo durante toda la semana, más sus medicinas. La lesión que presentaba era muy leve, y pronto estaría viendo con claridad a la persona que sería su acompañante para siempre.

—MDB—

— Isabella, bebé, es hora de despertar...— se removió perezosamente haciendome sonreír —. Despierta, te traje el desayuno junto con tus medicamentos — inmediatamente comenzó a incorporarse tanteando la cama a su alrededor... Ella buscaba a Edward, eso lo sabía bien. Mierda, no había noche en que no soñase con él, repitiendo su nombre como una sicótica. La llantina de todas las mañanas no se hizo esperar, cuando empezó a hipar como una tonta. Joder, parecía que todavía seguía amando al desgraciado, aunque no supiese quién mierda era —. Bebé, tranquila. Soy yo… Jacobo — me observó entre sus túpidas pestañas sin enfocar nada realmente —. Recuerda que ahora vives conmigo y que estamos juntos — dejé que la frase flotara en el ambiente —. ¿Lo recuerdas, bebé? — ella pestañeó haciéndome recordar con claridad la orden de Tanya. Por ningún motivo podía llamarla cariño. Finalmente mientras menos contacto existiese con su vida pasada, mejor para nosotros —. Necesito que te tomes tus medicinas y comas un poco — sonrió de esa manera que solo tenía ella —, luego podemos ir a la biblioteca a terminar el libro que comenzamos ayer.

Tomó sus medicinas en silencio bajo mi atenta mirada... Abría y cerraba la boca como un pez, haciendole reír con las ocurrencias que le comentaba. Me pregunté si querría un beso... Y no lo dudé un solo segundo.

Mientras acercaba mis labios a los suyos recordé perfectamente todas las noches que habíamos compartido, pues ella simplemente no podía dormir sola ya que estaba enferma... Al menos eso le decía.

Esperé que aceptara esto fácilmente.

Alcancé sus labios frente a la perplejidad, era simplemente adicitva. Sus labios eran suaves y esponjosos, con ese sabor único que simplemente me estaba matando. Pasé la lengua por su labio inferior y ella abrió su boca para mí, tímidamente.

Y la besé.

Al menos ella me dejó hacerlo. Afiancé mis brazos en torno a su cintura atrayendola hasta mí. Envolvió sus brazos en mi cuello y profundicé el beso. Nos estuvimos besando por largos minutos, quizás horas hasta que ella abrió los ojos y una expresión de sorpresa cruzó su rostro. El inminente pensamiento de que había recobrado la memoria se apoderó de mí —. Bebé, ¿qué tienes? Dime que te pasa...— pestañeó varias veces y las lágrimas rapidamente bajaron por sus mejillas.

— Pue... puedo verte…— balbuceó mientras se abrazaba más fuerte a mí mojando mi camisa.

—¿Me ves claramente o solo distingues colores?— daba igual que viera... mientras no recobrara la memoria, todo iría sobre ruedas. Mejor, así se daría cuenta del trozo de hombre que estaba a su lado. Me levanté para buscar el oftalmoscopio y poder revisarla.

Todo parecía bien, sus pupilas ya reaccionaban a la luz y podía ver como seguía el halo de luz con su mirada —. Estás bien, bebé, todo está bien — le sonreí —, tenemos que mantenernos en casa con luces tenues mientras te acostumbras a la luminosidad, pero todo está y estará bien— la besé en los labios para transmitirle tranquilidad y ella se relajó de inmediato —. ¿Me puedes decir que ves? — sus ojos viajaron de arriba a abajo y de un lado al otro por toda la habitación, posandose luego en mí. Su rostro se iluminó con una sonrisa.

— A ti... ¡te veo a ti! — chilló lanzandose a mis brazos, riendo —. Ahora solo falta que recupere mi memoria para poder seguir adelante — concluyó. La alejé observándola confundido. Era aquí dónde comenzaba mi plan.

—Bebé, no es seguro que recuperes la memoria... Lo mejor es que sigas adelante con tu vida y si tu memoria vuelve será un milagro, pero no puedes quedarte toda la vida esperando a que llegue — su sonrisa decayó en cuanto las palabras abandonaron mi boca.

—¿Eso significa que no estás seguro de que recupere mi memoria? — estaba claro que eso nunca lo sabría, pero lo que me convenía, era decirle que no.

— Lo más seguro es que nunca recuperaras el tiempo perdido — suspiré fingido —. Es por eso que te aconsejo continuar — tomé su rostro enlazando sus ojillos asustados con los míos —. Con otras oportunidades... Conmigo — la miré un segundo esperando a que asintiese para después abrazarla.

—MDB—

— Me gustaría trasladarme a la habitación de invitados, Jacobo — aquellas palabras fueron como si un cubo de agua fría hubiese caído sobre mí. Jamás estuvo en mis planes que ella no durmiera conmigo... El plan era que durante la noche ella despertara llorando desconsolada y yo consolarla con mi cuerpo.

— No sé si eso estaría bien. ¿Qué pasa si despiertas llorando por la noche? — la abracé a mi tratando de confundirla envolviendola con mi aroma, pues me había dicho que le gustaba.

— Es exactamente por eso — rebatió —, tú mismo me dijiste que tengo que comenzar a vivir nuevamente... — me observó con una sonrisa pero la decisión cruzaba su rostro —. Y es por eso que quiero que sepas que quiero volver con mi madre a hacer mi vida hasta donde la recuerdo.

Mierda con la basurera. Ella tenía que ser mía fuese como fuese, de lo contrario Tanya no me pagaría lo acordado. Las deudas pronto comenzarían a seguirme los pasos. Simplemente no puedo terminar muerto en un lugar oscuro y frio dónde solo las ratas sean testigos de mi muerte.

—Dame unos días mas bebé — le pedí de manera dulce —. Te prometo que te dejaré ir cuando tú quieras, simplemente no me dejes ahora — me acerqué hasta ella tomándola de la cintura —. Lo único que quiero es cuidarte por la noche — la besé —. Nada más Isabella, te lo prometo — y la tomé con desesperación, con todas las imágenes de mi cuerpo muerto pasando por mi mente. Ella era mi único tickete de salida.

—Está bien — accedió —. Solo un par de días, hasta que me sienta segura como para dormir sola.

Era exactamente eso. Días. En ese corto período de tiempo la haría mía encandenandola a mí para siempre.

Mierda, no dudaría en encadenarla realmente si es que se ponía cabrona, pero primero debía jugar todas mis cartas.

Me alejé de ella tomando el móvil para llamar rápidamente a Tanya. Definitivamente, Isabella necesitaba un pequeño mal recuerdo de como había perdido la memoria.

— Tanya, tenemos un problema.


¿Que hará Tanya? ¿Que pasara con Bella?

¿Pasara algo entre Isabella y Jacobo? ¿ Podrá Bella recuperar la memoria?

Gracias por los rr, las alertas, los favoritos y todo lo demás

Un beso del principe Edward Anthony para: Twilight all my love 4 ever, Jasbell Cullen, Aryam Shields Masen, MAMITAKAREN, Vanne

Nos vemos en la vecindad

Saludos

Las Marias del Barrio