La vida en su departamento seguía de la misma manera, sus pocos y desaliñados muebles seguían en el mismo lugar en que los había dejado antes de irse a dormir, su taza favorita para tomar su café seguía encima de la mesa que estaba junto a la ventana que daba al árbol de cerezo ubicado en el costado de su edificio, ''No hay lugar como el hogar'' pensó para sí misma con una tenue sonrisa en su rostro cansado.
Había despertado casi desesperada y con alguna que otra falta de aire, pues había tenido un sueño bastante extraño y aterrador; era un lugar totalmente oscuro, no podías correr y menos salir de allí, con la vista a ciegas recordó haber caminado con rapidez hacia el lugar que sus pies la guiaran, su respiración aceleraba a cada segundo y a cada paso de fe que daba. Una reluciente tira de luz se encontraba más delante de ella luego de que hubiera caminado por un rato, se acercó, esperando que ese fuera el fin de ese horrible sueño, pero lo que no sabía era que ese casi cegante resplandor eran unos duros y afilados dientes que tuvo la oportunidad de palpar. Había entrado a una boca, una asquerosa y apestosa boca que intentaba tragarla; en uno de sus intentos de escape pudo escuchar aquella risa que la dejaba helada, la risa que el día de la conferencia tuvo el ''´placer'' de conocer. Era él, el presidente de la PSC, ese viejo quería tragarla al mismo tiempo que sus sonoras carcajadas rebotaban en los tímpanos de Yuuki, dejándola sorda, confundida y horrorizada. No podía llorar ni mucho menos gritar, solo intentaba no soltarse de lo que sea que se estuviera agarrando, pero en un momento su lucha terminó y comenzó a caer al gigantesco vacío en el interior del presidente. En el momento en que sintió que ya todo había acabado para ella, despertó, con el corazón en la boca y el sudor corriendo por su frente.
Exactamente dos semanas habían pasado desde que la conferencia de prensa había ocurrido, había tenido contacto solamente con Kai y el manager, pero ninguno con otro de los integrantes. Su hermano venía a su departamento todos los días después del trabajo, a preguntarle cómo estaba y si necesitaba alguna cosa, su hermano siempre tan atento. Pasaban horas hablando y hablando, veían películas o a veces simplemente algo de silencio no les iba mal. Está demás decir que Yuuki había perdido el empleo, su tío ya no la quería cerca del bar porque si mal no recordaba, él le había dicho con esa cara tan seria y propia de él que podía alborotar a la clientela y sería un fastidio tener que explicar una mentira. Prometió no decir nada a la familia y mucho menos hablar con la prensa, simplemente se olvidarían de todo, incluso de que ella era su sobrina. Yuuki no lloró, el dolor que la carcomía en su interior le impedía esa acción, agradeció el trabajo y los favores, le dio una reverencia a su tío en mero acto de educación, pegó la media vuelta y se marchó de ese lugar.
Resopló cansada ante el sentimiento que le provocaba ello, tomó la cafetera para servirse la bebida celestial para luego sentarse en la pequeña mesa junto a la ventana y mirar los pétalos del cerezo caer de manera casi majestuosa. Revolvió su café una y otra vez pensando constantemente que aquello había sido lo mejor, que las cosas suceden por algo y que tener solo a Yuta con ella era genial. Dio un pequeño sorbo sintiendo la amargura del café en sus papilas gustativas, tragándola para sentir la calidez bajar hacia su estómago, amaba esa sensación. Desvió la mirada hacia el interior de su departamento observando cada centímetro de él, estaba limpio, más limpio que nunca, y era porque no tenía nada que hacer en todo el día aparte de ordenar, fregar platos, cocinar lo justo y necesario, sacudir el polvo y tirarse a leer un libro o mirar la televisión. Todo aquello se estaba volviendo rutina, una rutina que empezaba a odiar con todo su corazón y que no sabía si sería capaz de soportar. Siempre se había dedicado a algo, la escuela y luego el trabajo, su tiempo siempre estuvo ocupado y nunca hubo lugar para rutina, esto la sobrepasaba, la hacía enojar de una mala manera. Exasperada se bebió el café de un solo trago, sin darse cuenta que aún seguía ligeramente caliente, por lo que un ardor en su lengua no tardó en aparecer; dejó la taza a un lado y fue rápidamente por un vaso de agua fría para llevárselo de inmediato a la boca, se había quemado de lo lindo y todo en un acto osado de su parte.
Hacía algunos días había estado planteándose el pensamiento de que ella necesitaba movimiento, no era de aquellas personas que pudieran quedarse en un lugar durante tanto tiempo, ni siquiera la habían llamado para hacer alguna entrevista y hacer que estuviera ocupada; el confinamiento en su departamento haciendo que resultara excluida de la sociedad la terminaría volviendo loca. Decidida a hacer algo por ello fue a buscar un abrigo a su habitación, uno gigante y abrigador, con bolsillos enormes a los costados y una gran capucha para ocultarse de la nieve o la lluvia próxima a venir en los siguientes meses. No la cerró, dejando a la vista su sweater morado pálido, alcanzó una pañoleta que yacía colgada en la puerta del armario para luego enrollarla en su desnudo y frágil cuello, hizo a un lado la trenza que llevaba y antes de salir de la habitación se echó un vistazo al espejo no planeado que seguramente venía de su subconsciente para arreglar un poco su flequillo. Fue con pasos largos hacía la entrada, se calzó sus zapatillas negras y tomó su bolso cruzado, salió e inspiró fuertemente a la vez que cerraba la puerta de su departamento con llave, el clima era bastante helado y el camino que le esperaba sería largo.
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Una tarde normal de un día laboral, bebiendo un té caliente en la cafetería mientras la gente se juntaba a su alrededor en las otras mesas, pagando almuerzos que se sentaban a comer habitualmente a esa hora. Reita estaba más que aburrido y cansado, la mañana había pasado lenta debido a una serie de reuniones que se centraban en organizar los siguientes conciertos, la gira, los diseños y precios de la mercancía; una flojera. Este era el único tiempo que tenía para relajarse, nuevamente luego de esto iban a juntarse en una reunión, suspiró aburrido de solo recordarlo.
Iba a darle un sorbo a su té otra vez más antes de que sintiera otra presencia a su lado, dejando una bandeja con comida sobre la mesa de una manera estrepitosa, no se sorprendió de que fuera Uruha el que sacara una silla para poder el tomar asiento junto a su amigo.
-¿No almorzarás?- preguntó al mismo tiempo en que sacaba unos palillos del costado de su bento hermosamente preparado. El arroz olía riquísimo, las verduras se veían frescas, pero algo llamaba más su atención; estaba decorado muy cursimente con tomates en forma de corazón, bolas de arroz adornadas como si fueran pelotas de fútbol con lo que parecían ser hojas de nori, en vez de pulpos de salchicha eran patos de salchicha minuciosamente decorados y dejándose notar muy bien encima de una plana croqueta con forma de pescado estaba escrito con salsa ''Que tengas un lindo día, corazón ^^''. No sabía si reír a carcajadas o enternecerse por la dedicación que le había puesto Mizuki en el almuerzo de su idiota amigo. Disimuló su risa muda con una mano en su boca para cubrirla mientras se removía en la silla.- ¿De qué te ríes? – la cara de Uruha era de total confusión mezclada con algo de molestia. Recordó los tiempos en donde su amigo de la infancia compraba su almuerzo, generalmente instantáneo; solo porquerías (al igual que él). Pero todo le había cambiado desde que su actual novia había entrado a su vida, podía decir que era genuinamente feliz.
-Oh, no es nada.- No pudo evitar la sonrisa en su cara, le era agradable hacer el recuento del Takashima Kouyou de antes y el de ahora.
-Si tú lo dices.- no demasiado convencido volvió su atención a su bento, muy delicioso hecho por las manos de su querida Mizu-chan.-Estás muy raro Akira.- la boca de Uruha estaba llena de arroz y Reita apenas podía entenderle.- Te distraes demasiado y no pareciera que las reuniones te interesen.
-¿Y a quién le interesan esas aburridas reuniones?
-A Kai.- una sonrisa de burla apareció apareció en su cara que en la zona de la boca tenía restos de arroz pegados.-Pero hablando en serio, me preocupas. No creas que no me doy cuenta de que lo único que llevas haciendo en estas semanas es venir a la compañía, ensayar y luego volver a tu departamento a encerrarte. Pareces un ermitaño.
Reita no pudo reprimir una mueca incómoda en su rostro, pues la verdad era que Uruha tenía toda la razón. Ultimamente no estaba de humor para muchas cosas, la prensa lo perseguía hacia donde fuera, el manager no paraba de recibir llamadas de distintos programas de entrevistas donde claramente le preguntarían sobre el reciente incidente del cual era tema en todos lados. No paraba de fastidiarle el hecho de hacerse notar tanto, que todos estuvieran pendientes de las cosas que hacía o no para ver cuando fallaba y hacer un notición de él, también sacando dinero de eso, por supuesto. Al momento de salida la conferencia de prensa hace dos semanas de inmediato recibió un llamada de su madre, histérica y pidiendo explicaciones; obviamente no sabía que decirle además de que evitara la prensa y el hablar con periodistas, luego el le explicaría todo con lujo de detalles, pero no pudo dejar pasar el notorio tono de decepción en su voz cuando estaban al teléfono, eso lo hizo darse cuenta de lo imbécil que había sido al no pararse a pensar en las consecuencias.
-No he estado de humor.- tan sólo se limitó a contestar aquello mientras también evitaba la suspicaz mirada de su alto amigo.
-¿Ni siquiera de humor para salir con Aoi? Por que ni eso haces ahora, es extraño.-Era verdad, ya no frecuentaba bares los fines de semana con el otro guitarrista y eso si era algo que no se perdía.
-Preocupate de otras cosas, no es como si tuviera depresión o algo por el estilo.
-Sería lo único que faltara, un bajista depresivo suicida. No te tires de la azotea por favor.- una vez más rieron, restándole importacia al poco inteŕés de Reita en lo que era su vida cotidiana. Pasaron la hora de almuerzo en lo que fue una conversación poco seria bastante común entre ellos pero al llegar el momento de subir a la oficina conferencial el ambiente cambió por completo, no le restaba otra cosa aparte de callar y hacer como que prestaba atención; sería un largo día.
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Las caminatas largas con algo de música en su reproductor de mp3 siempre lograban despejarle la mente, dejar sus sentidos alertas y dejarse llevar por las sensaciones que eso le proprovocaba. Escuchaba a una de sus bandas favoritas; Incubus. La canción que le encantaba, "Love Hurts" resonaba en sus oídos, y sus labios se movían coreándola mudamente mientras se quedaba parada en un semáforo el cúal ella sabía era largo, casi eterno cuando andaba con prisa. Ocultó su rostro en su cálida pañoleta para calentar su congelada nariz, que suponía estaba tan roja como la luz en ese semáforo que le indicaba a ella y toda la gente que no podía avanzar.
Tratando de buscar algo de interés en la multitud mientras la voz de Brandon Boyd seguía interpretando ese tema tan profundo por sus gastados audífonos fue que se dio cuenta, una figura conocida estaba al otro lado de la calle, se dejó llevar por la sorpresa y abrió lo más que pudo sus ojos reconociéndo su aspecto tal cual ella reconocía la palma de su mano. Un abrigo verde oscuro le cubría el cuerpo del gran frío que se sentía a esa hora en Tokyo, llevaba unas largas botas color marrón tapándo sus desnudas piernas hasta un poco más abajo de la rodilla, su largo cabello caía agraciadamente por sus hombros y si la visión no le fallaba podía decir con seguridad que ahora era más claro, una bufanda blanca cubría su cuello y una delicada boina estaba en su cabeza. Sin duda era ella, años sin verla pero aún así la reconocería en cualquier parte; seguía igual de bella con esos rasgos tan femeninos y pequeños, naturalmente hermosa.
Se trataba de Kumiko Shinosuke, la única amiga que había tenido pero que por cosas del destino sus caminos fueron separados. Yuuki aún podía recordar ese día de la secundaria en donde las demás chicas le quitaron su ropa de gimnasia y su uniforme escolar mientras ella tomaba una ducha, solo quedaron su ropa interior y una pequeña toalla de mano; se había visto en apuros y no entendía el porqué, nunca les había hecho mal alguno a sus compañeras de clase para obtener una acción así de cruel por su parte, la rabia e impotencia se apoderaban de ella al mismo tiempo que sus ojos eran inundados de lágrimas. Se quedó sentada en una banca abrazándose a sí misma por un rato hasta que ella llegó sin hacer ningún alboroto, era algo más alta que ella en aquellos tiempos y su figura de mujer ya estaba formada, pero se permitió sorprenderse por la amabilidad y dulzura con que la estaba la tratando la chica más popular de su clase al secarle las lágrimas, prestarle un cambio de ropa extra que ella tenía y sobretodo el sonreírle de esa manera tan cálida; desde ese momento se hicieron amigas cercanas hasta el año en dondo Kumiko se fue sin decir una palabra y sin embargo, luego de años ella se encontraba allí, a metros de distancia con el destino uniéndolas otra vez.
La luz en el foco del semáforo cambió a verde y la multitud se vio libre de continuar con su camino; Yuuki avanzó a paso ligero, con la vista fija en la chica que tanto conocía... o más bien, que solía conocer, puesto que ya no estaba segura de que siguiera siendo la dulce chica de secundaria. Sus pasos seguían hacía adelante al mismo tiempo que su corazón no paraba de palpitar desenfrenadamente a causa de los nervios que la situación tan inesperada le provocaba, ¿qué tal si no la reconocía, o si lo hacía pero la ignoraba? Rogaba en su mente que no fuera así. Llegó a su lado, y no pudo nada más que agarrar su brazo en un leve apretón con su mano en un puño congelado; alzó la vista hacía ella con una mirada esperanzadora que esperaba ella pudiera recordar mientras la gente seguía avanzando a su alrededor y las dos chicas se quedaban en medio del frío asfalto donde prontamente, luego de cambiar de color nuevamente el semáforo recorrerían los autos parados tan cerca de sus cuerpos. Kumiko, quién era más alta, miró confusamente a Yuuki al igual que si la estuviera analizando, tardó unos segundos que a la otra le parecieron años en abrir considerablenmente sus orbes color avellana y deshacer el agarre en su brazo para luego ella sujetar sus hombros con sus femeninas manos.
-¡Yuuki! ¡Eres tú!- la calidez la invadió de pies a cabeza y una tímida sonrisa apareció en su rostro al ver que en el contrario una enorme dejaba ver los derechos y blancos dientes de su vieja amiga; tenía ganas de abrazarla y preguntarle que había sido de ella durante todo este tiempo, pero ella se le adelantó como siempre, arrastrándola al extremo de la calle donde ella había estado parada.-Dios, en medio del tránsito no es un buen sitio para reencontrarse.- dijo a la vez que su melodiosa risa que creía haber olvidado aparecía.-Ven, tomemos un té y hablemos.- No tuvo tiempo de replicarle así que solo optó por seguirla a un restaurante ubicado en esa esquina.
Ingresaron y se sentaron en una de las mesas cerca del mostrador el cual estaba lleno de pequeños postres frescos y listos para ser servidos. Su mesa estaba decorada con un precioso mantel color blanco bordado con delicadas flores de colores cálidos, un pequeño jarrón sostenía en el medio de ella unas pequeñas margaritas. Yuuki se sentía algo intimidada, después de todo, hace mucho tiempo no hablaba con Kumiko y el iniciar una conversación sin saber los temas en común era bastante difícil. Vio por el rabillo del ojo como un camarero se acercaba a pedir la orden que ella no tuvo oportunidad de dar.
-Dos té verde, por favor.- resonó la femenina voz de ella, adelantándose a lo que iba a hacer. El camarero se fue para luego volver con los té en unas tazas bastante pequeñas comparadas a su tazón de café… quizás esa era la porción correcta y ella solo tomaba demasiado café.- Entonces Yuuki, ha pasado demasiado tiempo, ¿no crees?- Una vez más sus pensamientos fueron interrumpidos por su antigua amiga; levantó la mirada, tratando de verse totalmente normal, como si nada raro en su vida estuviera pasando.
-Eso parece, mucho tiempo sin saber que había sido de ti.- Tomó con sus desnudas y congeladas manos su caliente y humeante taza de té para darle un sorbo, esperando haberle dado la patada en la espinilla. Observó a la chica una vez más, la madurez le había asentado de la mejor manera, se había convertido en una bella mujer joven. También pudo cerciorarse de que efectivamente su cabello había sido teñido para parecer más claro, pero de igual manera se veía bien.
-Bueno, no sé qué podría decirte.- dijo a la vez que echaba hacia atrás un mechón de su largo cabello.- Mis padres cambiaron de empleo y tuvieron que irse del país, estuve en Corea del Sur muchos años.- Sonaba lógico, los hijos deben irse con sus padres al lugar que se les plazca y sin decir una palabra, pero eso no explicaba porque siquiera la había llamado.- Volví a Japón hace tres años y me dedico al modelaje ahora.- dijo con una sonrisa en sus labios perfectamente pintados con un brillo color rosa.- No estás enojada, ¿o sí?- La voz que empleaba siempre la hacía caer, ese tono de niña lastimera que no ha hecho nada y no merece castigo… tontamente Yuuki solo se lo dejaba pasar.
-Claro que no, las cosas ya pasaron. Solo me alegro de que nos hayamos encontrado hoy.- Y era verdad; las cosas ya habían pasado, y sería tonto volver siempre al pasado cuando ya era insignificante. Recibió una sonrisa como respuesta y luego se quedaron calladas durante un largo rato, dejando que los traqueteos de la gente ingresando al local, comiendo y saliendo era una distracción en el ambiente, haciéndolo menos incómodo. Cuando Yuuki se había bebido la mitad de su taza se decidió a romper el silencio.- Así que… modelaje.-
-Sip, me convencieron de tener talento, así que quise probar a ver qué pasaba.
-¿Y caminas por pasarelas con todas esas chicas tan altas que parecen jirafas?
-Y con los diseñadores que son una copia barata de Miranda Priestly de ''El diablo viste a la moda''.
Ahí estaba nuevamente, sus conversaciones llenas de risas y comentarios sin sentido. No se había dado cuenta de lo mucho que la había extrañado; extrañado tener una amiga mujer en su vida, con la que se podía hablar de chicos, salir de compras y por sobre todo alguien en quien confiar.
Pasaron las horas siguientes hablando de sus vidas. Las cosas que había en Corea del Sur, como estaba la familia de Kumiko, cosas que le habían pasado en los años que no se habían visto, fluyendo y fluyendo los temas de conversación, parloteando sin detenerse, riendo sin medir el volumen, sin importarles que estaban en público. Yuuki se sentía tan cálida y feliz que no era capaz de borrarse la sonrisa de la cara.
-¿Cómo anda Yuta?- Esa pregunta la dejó algo embobada, porque si algo no podía olvidar, era que Kumiko siempre se había sentido atraída por su hermano mayor.
-Está… bien. Trabajando como chef en el restaurante de mi tío.
De repente el ambiente se había puesto algo tenso, no supo de donde salió esa mirada tan maliciosa que se plasmó en los hermosos ojos de su amiga, dándole un aire de superioridad. Se quedó en su asiento, como si estuviera clavada a él por miles de diminutos clavos, sintiendo como la intensa mirada la recorría.
-Sabes Yuuki, es bastante interesante lo que se puede descubrir mirando la televisión atentamente.- Sin saber bien de qué era lo que hablaba, decidió escucharla, sin caer en cuenta de que su sonrisa ya se había desvanecido.- Hace unas semanas te vi en una conferencia de prensa por un escándalo que se había armado por un músico, bastante guapo la verdad.- No podía ser, era lo único que se repetía Yuuki en la cabeza.- Pero… todas esas cosas son mentiras, tu y yo lo sabemos.- La imagen de su tierna y dulce amiga se iba alejando poco a poco, desvaneciéndose en el camino. La habían descubierto y ella no sabía qué hacer.
-Y-yo…
-Ahora… ¿Sabes cuánto dinero me darían por decir la verdad?
Las cosas no eran como parecían, un hermoso encuentro con la única amiga que tuvo se había convertido en la peor situación de su vida. La luz de su vitalidad se consumía y ella solamente quería salir corriendo.
Afuera había empezado a llover, el clima empeoraba y sus sentimientos eran destruidos como las gotas de lluvia al impactar en el suelo.
Buenas tardes~ Feliz comienzo de Marzo a todas mis lectoras.
Ehhhhh... pasando rápidamente a este tema: leí los reviews del capitulo anterior, y me llamó bastante la atención uno en particular. Se trata de el de Estefania, el cual lamento no haber contestado tan rápido, así que lo hago por aquí para dejarle las dudas claras, aparte que pienso que es un tema que les incumbe a todas.
Verás, querida lectora. No tengo el control de cuando o como me llega a mi la inspiración, tu tampoco tienes el derecho de recriminarme nada aparte de decirme que siga con mi historia. Sé que hago mal al dejar la historia por semanas e incluso la mayoría de las veces por meses, pero de verdad que me esfuerzo por estar siempre dejando un capítulo nuevo, de pensar todos los detalles para que la historia siga siendo atractiva y que las cosas encajen de manera justa. Entiendo el fastidio que se puede sentir al que el capítulo no esté aquí a la semana siguiente, al dejarlas con el inconcuso de: ''cuando esta estúpida se pondrá a escribir y se dignará a publicar?'' Pero tampoco quiero forzarme a escribir algo si no tengo la inspiración suficiente. No sé si tenga tiempo ahora que entraré a mis clases, pero trataré de publicar más seguido, solo denme de aquí a tres semanas y el capítulo 11 estará listo. Espero me comprendan... muchas gracias por sus comentarios y por favor, sigan leyendo.
Adiós~
