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Dedicado a Nilce por su pasado cumpleaños

Capítulo 9: La Lady Escudera (Parte I)

"Pero no estoy realmente perdida,

porque no importa dónde estés,

siempre y cuando sepas quién eres".

Camicazi, Cómo Robar la espada de un Dragón. –Cressida Cowell

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Los años pasaron en la Orilla del Dragón, o mejor dicho, según los gemelos, Thortonton. La amistad que se forjó por necesidad quedó soldaba bajo el fuego de la lealtad ciega y honesta desde el momento en que se conocieron, aunque Hiccup no mencionó nada de su pasado en Berk, incluso en ocasiones él llegaba a creer que había sido un sueño y que su vida había iniciado cuando él despertó en la cabaña de Fishlegs, pero después recordaba que no era así.

Por otro lado, los gemelos sí se sinceraron entre ellos, comentaron que habían sido cazadores en una tribu de mala fe, y que escaparon cuando se sintieron incómodos acerca de cómo trataban a los dragones, obviamente en el camino se toparon con dos dragones, un Cremallerus y una adorable Gronckle que hicieron de sus vidas algo increíble. Aunque les causaba dolor mencionar lo que habían hecho por los reptiles, agradecían a esa tribu porque habían aprendido de guerra y de las características principales de los dragones, mismas que los habían sacado de apuros en más de una ocasión.

Muy lejos de ese paradisiaco lugar, Berk estaba más y más pobre. El alimento no daba abasto, aldeanos y dragones morían día a día y el orgullo que un día fue la isla, ahora era una pena horrible, sin embargo, ese día la historia volvió a cambiar, o al menos empezó a hacerlo justo en el momento en que unos cuantos berkianos vieron un Nadder volar en la oscuridad de la noche.

-Vuela… -murmuró un hombre, deseando con todas sus fuerzas que todo cambiara.

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Esa tarde, igual de loca que todas las que habían vivido durante los últimos años no pintaba diferente, eso lo supo Hiccup cuando decidió ir a su tradicional vuelo al atardecer en compañía de los dragones, justo antes de que sus amigos empezaran a cantar al encontrarse solos en el soto.

Los vikingos prepararon sus gargantas y en desfile, empezaron a bailar y a disque entonar una de las melodías tradicionales entre ellos.

-En el bosque tan imponente, el jefe duerme yaaaa. –desafinó el Tuff moviendo exageradamente sus manos, sintiendo el poder inexistente de la música. -¡Canten conmigo! –pidió alzando a su inseparable gallina por el aire, hasta que unos apetitosos gusanos llamaron la atención del animal.

-En el bosque tan imponente el jefe manda yaaaa. –coreó Ruffnut mientras movía con exceso los brazos y resto de cuerpo en compañía del noble Fishlegs.

-Wiiiiii… –cantó el regordete amigo con tonos excesivamente altos.

–No te oigo hermano. –solicitó la rubia, de último momento, sin perder la rutina arrítmica que llevaba.

Pero se metió un dedo al oído por creer que su hermano le haría segunda voz, o al menos intentaría hacerlo, pero se equivocó.

-¿Tuff? –preguntó volteando a ver a los lados, dándose cuenta que ni él ni la gallina estaban por allí.

-Estaba aquí hace un segundo. –comentó Fishlegs, encogiéndose de hombros.

Lo buscaron por breves momentos pero no había señales de él. –Quizá, ya sabes, buscó un árbol para hacer sus necesidades. –opinó Fishlegs con una tímida sonrisa, conocedor de las costumbres poco agradables del rubio.

-Sí es probable, con eso de que quiere marcar territorio. –obvió la muchacha, con cara de asco tras recordar sus extrañas mañas varoniles.

Fishlegs se acomodó al lado de ella, y aprovechó el momento para compartir una breve conversación que tenía guardando dentro de sí durante mucho tiempo atrás. –Oye Ruff, ahora que estamos aquí, y que el destino decidió que tú y yo estuviéramos solos…. Yo… he querido decirte algo.

-Claro, suéltalo amigo. –animó la muchacha mientras se sacaba mugre de las uñas y se sentaba en una roca grande.

El regordete vikingo respiró fuertemente y tomó la decisión de expresar sus sentimientos de una vez por todas, pensó, pensó y volvió a pensar. Había preparado ese discurso desde que tenía trece años, y ahora, por fin, iba a poder decir de su propia voz todo aquello que había reprimido en su corazón. Sin embargo, los dos escucharon gritos y cacareos provenientes del interior del bosque, por lo que toda intención de declarar y abrir su corazón como nunca antes lo había hecho, se vio truncada.

Reconocieron los alaridos al instante.

-Es mi hermano, ¡Ocupa ayuda! –gritó Ruff aterrada por su gemelo.

Los dos corrieron hasta donde se escuchaban los gritos y vieron a Tuffnut, todo asustado y temeroso, correr en dirección hacia ellos.

-¡Nos va comer! –exclamó el gemelo, quedando atrapado en unas raíces que sobresalían del suelo, con su gallina en brazos. –Hay un dragón que quiere comerse a Gallina.

Los amigos corrieron rumbo a la enramada.

La fémina se llevó las manos a la boca, sorprendida, pero reaccionó rápidamente y le empezó a ayudar a su hermano para que saliera del lío en el que se metió.

Fishlegs asomó su mirada y vio a un Nadder aparecer muy cerca de allí, se veía veloz y en extremo salvaje, pero sobretodo, hambriento.

-No puede ser, no puede ser, no puede ser. –el regordete empezó a hiperventilarse. –Llamaré a los dragones.

Estaba tomando aire para hacer el llamado, pero la chica lo jaló del brazo para que le ayudara.

-No hay tiempo, puedo perder a Gallina. –imploró Tuffnut abrazando al animal desesperadamente como si de un hijo se tratase. –Sálvenla a ella y díganle lo mucho que la quiero.

Los chicos se miraron entre sí. Los gritos no eran para nada discretos, cualquiera los pudo haber escuchado, y así fue. Los dos trataron de ayudarle pero era difícil salir de esa situación.

-Y justo cuando los dragones se fueron a pasear con Hiccup. –exclamó Ruff jalando a su hermano de la cabeza. -¿Dónde está ese dramático cuando lo necesitamos?

Fishlegs empujaba desde el otro extremo, pero cuando vio al dragón casi encima de él cerró los ojos y se preparó para lo peor, sin embargo, recordó que tenía un poco de brebaje para dormir a los dragones, mismo que usaba para quitarles el dolor cuando hacía curaciones. Una idea loca le atravesó la cabeza, y qué bueno porque si no era eso habría sido una espina de Nadder, la cual rebotó en su casco.

Tomó con cuidado la espina que le había sido arrojada, sumergió la punta en el botecito que sacó a toda prisa y lanzó la púa en dirección al dragón, recordando lo que le habían enseñado los cazadores de dragones, que cuando un Nadder disparaba, descuidaba su vientre y allí fue justo a dónde le apuntó.

-Lo siento, dragón, pero mi no-cuñado está en riesgo. –susurró antes de dispararle, dando en un ángulo perfecto, haciendo que el Nadder empezara atontarse en ese momento.

Los gemelos se abrazaron temerosos.

La gallina cacareó.

Fishlegs cerró los ojos por miedo.

Cuando se escuchó el golpe del dragón azotando en el terroso suelo, todos suspiraron; el dragón quedó inmóvil, pero no inconsciente.

-Vaya, sabía que ser cazadores de dragones tarde o temprano sería útil. –celebró el vikingo regordete. –Vayámonos antes que despierte y nos coma.

Los gemelos, más calmados se relajaron y lograron sacar a Tuffnut y a la gallina de esa raíz. Sin embargo escucharon unos pasos muy veloces, después de eso vieron la silueta de alguien avecinarse entre la poca niebla que había entre las frondosas ramas.

-Allí viene Hiccup. –mencionó la chica, más libertina y relajada, hasta saludándolo.

-Qué bien, seguramente hará eso de la mano y domará al Nadder Salvaje carnívoro de gallinas indefensas. –alegó Tuffnut, tranquilo porque su amigo domesticaría a ese dragón para volverle vegetariano de peces.

Fishlegs notó esa silueta acecharse más y más, por lo que notó que no se trataba de su amigo.

-Chicos, ese de allí no es Hiccup. –dijo el regordete, con voz temblorosa. –Ese tiene dos piernas.

-Tal vez le creció una. –opinó Tuffnut, filosofando y rascándose la barbilla.

-Podría ser mi estimado hermano, pero tampoco corre chueco y su cabeza no está tan grande a comparación de su cuerpo. –analizó la muchacha, con una mano en la barbilla.

Como por tres segundos ellos se sintieron expertos en reconocer a su amigo de una pierna, pero justo después se asustaron y empezaron a correr en círculos, agitando sus brazos.

-Son de los cazadores que hemos escapado. –dijo Fishlegs con griterío, mismo que seguramente escucharon Toothless e Hiccup.

Quien había llegado tenía una figura esbelta, botas de piel afelpadas, mangas delgadas y una capucha de tela verde que impedía ver el rostro de quien se trataba pues cubría su cara dejando solamente sus ojos al descubierto.

-¡¿Qué han hecho?! –se escuchó el grito feroz de esa persona que desenvainaba su hacha al notar que ese Nadder estaba en el suelo, aturdido. -¡Pagaran muy caro esto! –amenazó.

Los tres amigos se abrazaron (con la gallina incluida) para esperar el hachazo que daría ese ser, sin embargo apareció un el dragón de su amigo Hiccup.

-Un Furia Nocturna. –susurró el guerrero, o mejor dicho guerrera, sorprendida por ver ese inusual dragón.

Justo a su lado, venía corriendo Hiccup, con su tradicional mascara de vuelo que había creado meses atrás para hacer frente a esa vikinga y empezar a pelear.

El castaño no batalló, sacó su espada de fuego y comenzó a pelear contra la muchacha.

La fémina, con su hacha, hizo que el chico perdiera por completo esa espada en llamas y quedara solamente con sus brazos como armamento y defensa.

Mientras tanto, Toothless fue hacia el Nadder y lo reconoció de inmediato, por lo mismo es que él no interfirió en la pelea.

-No vuelvas a tocar a mi dragón.

Rápidamente la chica se puso peleando contra él, dieron un par de piruetas pero la pierna faltante de Hiccup no le ayudaba a obtener ventaja.

Los chicos estaban asustados.

Fishlegs y Ruffnut estaban a abrazados mientras que Tuffnut hacía todo lo posible por abrazar a la gallina tapándole los ojos para que no viera tal violencia, pero disfrutando de la pelea.

-¿Ven? –se dirigió a su hermana y amigo. –Les dije que tener uno más en el equipo que tuviera una pierna sería útil.

Los demás empezaron a darle porras para que ganara Hiccup.

Mientras tanto, los muchachos seguían peleando.

-Deja a mis amigos. –exigió el muchacho tras un choque de espada y hacha.

-Ellos deben dejar en paz a mi dragón, no les hicimos nada. –espetó la chica, haciendo un par de maniobras que impresionaron a los testigos.

Con un ágil movimiento le dobló las rodillas con su pie y logró que Hiccup cayera de sentón.

-Eso es por mi dragón. –dio una patada en las costillas del chico, éste se dobló del dolor sin poderse levantar.

Miró a Toothless pero éste ni se movió nada, estaba a la expectativa, no sabía por qué no iba a ayudarlo.

-Esto por no saber pelear. –volvió a golpearlo en un brazo.

-Reptil inútil. –se quejó de su furia nocturna, estaba por ponerse de pie cuando la chica se volvió a poner encima de él, casi a horcajadas, le colocó el hacha en su cuello y fue cuando algo despertó en Hiccup, pues sólo conocía de alguien que hacía ese movimiento de batalla.

Esos ojos azules tan determinados y llenos de esperanza.

El travieso flequillo rubio que sobresalía de la caperuza verde y sucia.

El hacha desgastada con dos listones entrelazados, uno rojo y uno azul.

Esa fiereza de vikingo digna de un hooligan.

El Nadder inconsciente… Stormfly.

Por eso Toothless no la atacó, él la reconoció desde un principio y por eso se reía un poco y hasta animaba al Nadder para que se incorporara.

-Y esto, es por todo lo demás. –espetó de nueva cuenta la muchacha mientras alzaba el hacha directo a su pecho para vencer ese encuentro.

No necesitó más pruebas, esa guerrera no era nadie más que la chica que había recordado desde siempre, la misma que últimamente había soñado.

-¿Astrid? –preguntó esperanzado.

Cuando la chica escuchó ese nombre se asustó un poco, bajó el hacha sin soltarla y se levantó sin bajar la guardia, quizá era una técnica para derrotarla.

-¿Eres tú? ¿Astrid? ¿Astrid Hofferson?

La rubia abrió los ojos, se quitó la capucha y se dejó ver el rostro. Verla le hizo que el corazón le diera un brinco, sintió todo y a la vez nada, nada que pueda ser descrito, pero ese sentimiento al menos se pareció a la esperanza.

Hiccup también se quitó su casco-mascara. En esos seis años había cambiado mucho, pero no era irreconocible. El corazón de Astrid comenzó a latir con mucha fuerza, tenía esperanzas pero no podía dejarse llevar por ellas, tal vez era uno de los burglars que logró escapar cuando era niña y la había reconocido, pero eso no explicaba el Furia Nocturna que estaba acariciando a su Nadder, la cual empezaba a despertar.

-¿Quién eres tú?

El castaño quería llorar. A su mente llegaron tantos hermosos recuerdos de Astrid, así que sonrió, sonrió por ver a la mejor chica que jamás habría conocido.

-Soy yo, Hiccup, Hiccup Haddock.

La rubia no dijo nada, se había quedado muda, lo miro de arriba abajo, tratando de reconocerlo y para ser sincera no había tenido que hacer gran esfuerzo.

Ver a Hiccup, fue la mejor cosa que le había pasado en sus últimos años de vida.

-¿Hiccup?

-Aja… el pescado parlanchín. –asintió él, sonriendo abiertamente y alzando sus hombros.

Hofferson se acercó temerosa y asustada, como si viera un fantasma, analizó su rostro y volvió a enamorarse de esos ojos verdes y de esas pecas graciosas. Sonrió, era él, era Hiccup, su amigo, su amor, su legítimo jefe.

-Waaa… -gritó y corrió emocionada hacia él para darle un golpe directo en el torso, mucho mayor al que le había dado nunca. -¿Pero cómo?

Se abrazó a él, Hiccup la cargó por los aires sujetándola desde la cintura.

-¡Qué gusto me da verte! ¿Qué haces aquí? –se preguntaron al unísono.

Los tres chicos fugitivos estaban con la boca abierta, no esperaban que se conocieran.

Por otra parte, los dragones que estaban allí también se acercaron a la pareja que se había reencontrado.

Toothless empezó lamer a Astrid por toda la cara mientras que Hiccup acarició a Stormfly, después de todo él era el antiguo dueño de ella.

-Rayos, ¡qué sorpresa! –dijo feliz de volver a verla.

Los fugitivos seguían sin saber nada, en especial Tuffnut que no podía creer que su amigo se relacionara con uno de los mata-pollitos, así que abrazó a Gallina y caminó, poniéndose en medio, pero pasaba desapercibido por los vikingos.

-¿Cómo has estado? –volvieron a preguntar al unísono.

-¿Cómo has dado aquí?

-¿Qué pasa? –preguntó Tuffnut tratando de llamar la atención. Pero al notar que nadie le hacía nada y mucho menos le respondían empezó a alterarse, tomó aire y gritó lo más fuerte que pudo. –OIGAN, ¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE?

Los antiguos amigos desactivaron su atmosfera de reencuentro y ahora sí pusieron atención al rubio.

-Tuffnut, ella es Astrid, es mi mejor amiga.

-¿Amiga? –preguntó Ruffnut, cruzándose de brazos y sintiéndose algo celosa.

-Sí, sí, Fishlegs, vengan para acá. –pidió acercándolos para tenerlos más a la vista.

-Fishlegs, Astrid, Astrid, Fishlegs.

-Oh, es un placer, linda señorita. –dijo el caballeroso vikingo, haciendo una leve reverencia.

-Es placer es todo mío. –simpatizó con una sonrisa, sin salir del shock que le había causado ver a Hiccup.

-Ruffnut, Tuffnut… ella es…

-Astrid, sí ya dijiste… -se bufó la gemela, algo molesta, giró los ojos y después recordó algo importante. -¿Es esa Astrid con la que soñaste hace un par de días?

Hiccup infló sus cachetes y negó.

-¿Has soñado conmigo? –preguntó asombrada.

-Recordé de niños, es todo. –confesó.

La rubia sonrió.

-¡UN MOMENTO! A ver si entendí… Te conoce. –se dirigió a Hiccup. –La conoces. –se dirigió Astrid. –Pero el Nadder de ella se quiere comer a Gallina, ¿qué clase de amistades tienes, Hiccup!

Astrid ni le prestó atención al chico que se hiperventilaba por proteger a la gallina. Analizó rápidamente a su recién encontrado amigo y se percató de la falta de su extremidad izquierda, le causó lástima por el dolor que seguramente sufrió, recordando que la perdió en Berk. Eso la hizo recordar su misión, y el milagro que fue a buscar. Mientras Hiccup le trataba de explicar al rubio, pero empezaba a desesperarse y debía hablar con él acerca del reino vikingo que agonizaba.

-Mi dragona estaba cansada, y recorrimos una gran distancia. –comentó Astrid, irrumpiendo a la discusión del gemelo. –A ella le gusta el pollo y… no había comido en una buena temporada… No volverá a pasar.

El chico la rodeó un poco, como si le hiciera un examen. Astrid rodó los ojos y emitió un quejido.

El chico dejó a la gallina y ésta se alejó de la Nadder, pero aceptó a la rubia.

-¿Me he perdido de algo? –preguntó Tuffnuto al notar que Astrid no dejaba de ver a Hiccup.

Ahora sí la rubia ya no podía permitirse nada.

-Hiccup… espera a que sepan todos que aquí has estado, y tu mamá… Valka… ¿qué va a pensar? –la rubia empatizó a su jefa.

Escuchar esa posibilidad le angustió a Hiccup, incluso Toothless se acercó para darle ánimos. –No lo tiene que saber, nadie debe hacerlo.

-Claro que sí, todos te creen muerto.

Eso descolocó a Hiccup un poco, daba por hecho que sabían lo ocurrido, ¿o no?

-¿En serio?

-Sí. –se apresuró a contestar, ensombreciendo su mirada al instante. –Drago contó sobre el ataque del Salvajibestia y los dragones…

-… ¿y qué más les dijo? –preguntó temeroso.

La rubia negó con su cabeza y se dedicó a disfrutar de su amigo. -¿Eso importa? –preguntó ansiosa, hasta que recordó algo importante. -¡Estas vivo!, eso significa que tú, que tú eres el rey. –se llevó sus manos a la boca, impresionada y feliz por ese descubrimiento.

-¿Rey? –preguntaron los gemelos y Fishlegs.

-¿Me he sacado los mocos delante de un rey? –se preguntó Ruffnut, apuradísima.

-Bah… chica, creo que se te cruzaron los dragones.

-Mi lord, me postre a tus pies… -se agachó Fishlegs con la intención de hacer una reverencia. Al instante, Hiccup se sintió incómodo y se zafó del respetuoso agarre.

-No, basta. –reclamó el castaño.

-Es postro, no postre. –regañó la rubia.

-Exacto, y no lo hagas, además no es el rey. –aseguró, pero abrió los ojos y se dirigió a su "hijo". -¿Lo eres?

-¡No! –determinó con las manos.

-¡Hiccup! –Astrid regañó y lo golpeó un poco en su costado.

El castaño se sintió apurado. –Tal vez iba a serlo, pero fue hace mucho, ya lo había olvidado.

-Espera, espera, hijo mío… ¿eres el rey? ¿Y no dijiste nada? –cuestionó Tuffnut.

El castaño sonrió. –Soy el mismo de siempre, nada ha cambiado. Soy el mismo que encontraron varado en la playa sur, en ese viejo galeón…

-Pero con poder. –lo animó Ruffnut.

Astrid tuvo que intervenir.

-Chicos, es un placer conocerlos pero, me temo que esto es un asunto de estado.

-¿Quién lo dice? –celó la otra rubia.

Hofferson se molestó por ella. –Lo dice la princesa de Bog Burglar. –enseñó su medallón con el símbolo del Nadder, clara señal de la isla.

Los tres fugitivos emitieron un grito ahogado, pues conocían esa insignia.

-¿Podrían disculparnos unos minutos? –preguntó Astrid, tratando de sonreír, pero con impaciencia.

Los chicos se miraron entre sí, pero siguieron tercos en quedarse.

-Pues por muy princesa que seas, lo que le tengas que decir a nuestro amigo lo puedes decir frente a todos, ¿verdad Hiccup? –opinó Ruffnut, queriendo enterarse del chisme.

El castaño miró a sus amigos, pero en especial a la chica con la que se acababa de reencontrar.

-Mmm… mejor déjenos solos. –pidió con algo de vergüenza y culpa.

Los tres chicos se quedaron boquiabiertos y no entendieron lo que pasaba.

-Hijo mío… no puedo creerlo. Has aprendido el arte de Cómo Romper un Corazón. Con estos amigos para qué quieres enemigos. –se quejó Tuffnut, a punto de retirarse con su gemela y su rechoncho amigo.

El castaño los miró.

-Ruff, Tuff y Fishlegs, les debo la vida, faltan sus dragones, van a caerte bien. –expresó, pero al girar la vista vio a Astrid, cabizbaja y pensativa. –Eh, ¿qué sucede?

La rubia levantó la mirada y se vio sus ojos cristalinos. –Parece un milagro, no sabes lo que significara para todos… y para mí.

EL castaño le sonrió y trató de abrazarla. –Tranquila, mi lady.

No la habían llamado así desde que lo escuchó de él, no se resistió más y pese a sus impulsos y recuerdos de días pasados, venció su temor de acercarse a un hombre y permitió tener contacto físico que no involucrara una pelea, abrazando a su amigo y amor de la infancia. –Te extrañé mucho, chico dragón.

-También yo a ti.

Delicadamente Hiccup acarició la espalda de Astrid, algo que le causó escalofríos, aunque sin intención de comprarlo terminó por hacerlo. Nada que ver con las agresivas manos de Drago ni la rudeza que él empleaba en ella. Sólo fue una vez, pero le bastó para sentirse vulnerable, era algo que no le gustaba, pero que a cada tierno roce de él, ese trauma se iba disminuyendo, al igual que el dolor de los días pasados y de las consecuencias que eso tuvo para su escape.

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El frío en Berk era atroz. No era invierno, pero la sensación del aire era suficiente para que los huesos calaran.

Empezó a abrir los ojos y algunas partes de su cuerpo le empezaron a doler horrores, sobretodo en la cabeza.

Se enderezó y trató de recordar lo que había pasado. Lo último que recordaba era a Drago. Su corazón latió con más fuerza y se tocó con sus manos por todo su cuerpo, aunque se tranquilizó un poco al notar que no estaba lastimada, o al menos no lo sentía, pero el frío le hizo desestabilizarse y abrazar la manta.

-Tranquila, no te hizo nada. –informó Heather.

Escucharla le causó cierto alivio. -¿Qué pasó? –preguntó con la garganta seca.

-Tu padre fue el héroe. Eret ayudó un poco después de que salimos. Corrí y avisé lo que pasaba, entré en shock… ¡qué tonta soy!

Astrid se puso de pie y fue a compartir con su amiga la manta que los cubría.

-Gracias, después de eso… Eret liberó a Stomfly, y ella, ella te rastreó y libró mil trampas para dragones, fue increíble, en serio. Y tu padre, por lo que supe luchó contra Drago y…

-¿Qué les pasó? –preguntó en su susurro, a sabiendas de lo que ocurre a los traidores.

-Serán ejecutados. –se escuchó la voz de Eret, entrando en el pasillo que daba a la celda. –Stormfly será ejecutada en unas horas y Tu padre… Drago aun no decide la sentencia.

La rubia ahogó un grito.

-No, no. –se negó a creerlo. –Tengo que hacer algo.

-Debemos hacer algo. –secundó Heather, pero se calló cuando escuchó a alguien más venir.

-Haremos más que algo, hermanita. –Dagur entró con cuidado al pasillo y le ayudó a Eret a abrir la celda. –Nadie te toca ni te mira sin mi autorización. Tal vez no sea un hooligan, pero si soy un jefe dentro de mí, y la sangre Berserker estuvo a punto de ser profanada anoche, no se quedará así.

-¿Tú? –preguntó Astrid sin creer que el desquiciado quisiera ayudar.

-Tan sorprendido como tú, Astrid. Pero Mi hermana es lo más importante que tengo. –sinceró, Hether le creyó.

-No confio en ti, de seguro Drago te envió. –acusó Astrid.

-Tal vez no debas confiar, pero no tienes opción. –dijo, mostrando las llaves de la celda.

Astrid resopló.

-Déjeme ayudarla, princesa. –solcito Eret. –Afuera está el joven Snotlout que nos ayudará a que escapen hacia el bosque.

No tenía elección, era quedarse allí hasta que Drago decidiera qué hacer con ella, o aventurarse a las palabras que los muchachos le decían.

No sabía cómo es que su vida había cambiado tanto. Por un lado deseaba ser la lady que cuidara su linaje que le antecedía y representar esperanza a su pueblo, pero por otro también deseaba ser una escudera que simplemente defendiera a su gente y a los ideales… así que no pudo elegir, tuvo que enfrentarse a todo, simplemente era ambas, era una lady escudera.

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Notas de autora:

Tardé mucho, pero no es mi intención seguir haciéndolo.

¿Qué tal el reencuentro?

El capi va para largo, tal vez no se entendió cómo es que Astrid llegó a La orilla del Dragón, eso lo explicaré en la siguiente parte, y no prometo la gran cosa, pero pretendo hacer un mini Hotcake.

Nilce, espero que te la hayas pasado bien tu cumple, ojala te guste tu regalín.

Gracias por leer

**Amai do**

Publicado: 23 de noviembre de 2016