WOLAAASSS! *^*

Me parece que os voy a tener contentas con este, creo! =) (y contentos, por si hay algún valiente suelto. Aunque por estos lares sólo me he encontrado un caballero una vez, me dejó un bonito comentario por cierto XD)


Capítulo 10º: Secretos a voces

—Buenos días, Tony.

—Mmmh-mn…

—Tiene que ir a la reunión con Square Corporations, señor. La señorita Potts le espera en Santa Mónica dentro de una hora.

—¿Q-qué? ¡¿Era hoy?!

—Sí, Tony.

—Oh, Dios, no…

El hombre moreno se revolvió debajo de la colcha tapándose la cabeza. Llevaba despierto un rato pequeño, justo desde el momento en que empezó a darse cuenta a través de su somnolencia de que no había ningún cuerpo cálido a su lado y que estaba solo en la cama. Le había decepcionado no sólo el no despertar con Jarvis, sino que ni siquiera se había dado cuenta de cuándo coño se podría haber ido anoche. Era la primera vez en varias semanas que dormía tan profundamente y tenía que ser precisamente esa noche. Había que joderse. Se levantó con pereza, se duchó y se puso el primer traje que se le puso por delante. Para cuando fue a la cocina Jarvis ya estaba allí esperándole con un café recién hecho y una amable sonrisa. Volvía a tener su impecable traje azul puesto y el pelo perfectamente peinado, listo para un nuevo día de trabajo. Se quedó con él mientras Tony "desayunaba", poniéndole al día de sus citas para la jornada con la misma eficiencia y serenidad de siempre. Sin embargo Jarvis no dio un paso más allá del recibidor de la mansión, por lo que al notarlo Tony se giró hacia él con extrañeza.

—¿No me acompañas?

—Preferiría quedarme aquí si mi presencia no es necesaria, estoy a punto de terminar el proyecto en el que he estado trabajando y me gustaría tenerlo listo para cuando regreses.

—…Entiendo —accedió Tony, despacio. Jarvis se había traído mucho secreto con lo que quiera que fuese que estaba trabajando. De momento le había sido imposible averiguar de lo que se trataba: no encontró nada en ninguna de las bases de datos de Industrias Stark y el taller siempre estaba inmaculado cuando se pasaba por allí a curiosear. Era obvio que Jarvis no tenía ninguna intención de enseñárselo hasta acabarlo, y Tony se moría de ganas por averiguar lo que era—. Entonces supongo que te veré a la noche —aunque no había sido su intención se le escapó un dejo de decepción en la voz.

Jarvis asintió, se acercó unos pasos hasta donde Tony permanecía de pie y cubrió sus hombros con el abrigo. Sus dedos se rozaron fugazmente cuando el multimillonario deslizó los brazos en las mangas.

—Tony…

El aliento de Jarvis acarició como un fantasma la piel del multimillonario, cálido contra su nuca. Tony se dio la vuelta. Sus ojos se encuentran. Inmediatamente siente el impulso de empujar al rubio contra la superficie sólida más cercana y besar aquella expresión de afecto y confianza absoluta hasta arrancarle el aliento, hasta que sea sólo pasión lo que brille en su mirada. Obviamente Jarvis también debió notarlo porque sus ojos se abrieron un poco más y sus pupilas mecánicas se dilataron ligeramente. Sin embargo ambos saben que no es momento para eso, que hay obligaciones por encima de ellos.

—Te veré esta noche —repitió Tony una vez más, casi para sí mismo. Jarvis asintió. En sus ojos había una promesa velada. Tony se fue.


El día fue interminable para el empresario multimillonario. Literalmente. En su vida había experimentado un aburrimiento tan extremo, la propia Pepper casi tuvo que pasar más tiempo llamándole la atención constantemente para que atendiera las reuniones que haciéndolo ella misma. En realidad se la traía al fresco lo que los de Square Corporation estaban intentando proponer en aquel congreso, Tony sabía que al final Pepper le haría un resumen de lo más relevante. Era una irresponsabilidad por su parte pero tenía la cabeza en otra parte y era incapaz de concentrarse. Pensaba en Jarvis y lo que quiera que fuese que estaba haciendo. Contaba las horas para volver, estaba impaciente por volver. Nada más terminaron le faltó tiempo para coger el Jaguar y pisarle a fondo de regreso a la mansión como si le hubieran puesto un petardo en el culo. Apenas se detuvo siquiera para despedirse de Pepper, que obviamente se quedó igual de sorprendida que los demás presentes por su aparente estampida. A Tony no pudo importarle menos.

Era última hora de la tarde cuando llegó a la mansión Stark. Ni siquiera se molestó en tener que dar la vuelta hasta el garaje para aparcar el coche, lo dejó justo delante de la puerta principal. Tony era incapaz de explicar de dónde había salido aquella impaciencia que le había estado carcomiendo todo el día desde el minuto uno en que dejó a Jarvis solo. Abrió la puerta y de forma automática sus pasos le condujeron al sótano (barra taller, barra garaje). Se encontró con que Jarvis todavía estaba allí trabajando, tan concentrado que ni siquiera pareció darse cuenta de que Tony acababa de llegar. Y si lo notó, desde luego no dio ninguna señal de ello. Estaba uniendo con el soldador las partes de una pieza minúscula a través de varias lentes de aumento. Con tanta distancia separándoles Tony no podía ver de qué se trataba. El cuidado y exactitud que ponía en cada uno de los movimientos de sus manos capturaron la atención del inventor como siempre solían hacer. Jarvis tenía unas manos muy delicadas, precisas, mucho más finas y ágiles que las del propio Tony. También eran más suaves, y no es que el inventor lo supiera porque se pasase el día haciendo manitas con él. Él mismo las creó, pero no se puede comparar la materia inerte a la que dio forma en su momento con lo que eran ahora. Claro que había veces en que se tocaban inevitablemente, cuando se pasaban herramientas o Jarvis le ofrecía alguna pantalla táctil o un simple vaso. Entonces era cuando podía afirmar con seguridad que las manos del rubio eran suaves y engañosamente fuertes, muy masculinas a pesar de carecer de las ligeras durezas y leves marcas de cortes o quemaduras que tendían a cubrir la piel de Tony. Atraían su atención más de lo que le gustaría admitir, aquellas terriblemente inquisitivas manos.

—¡Ojitos azules, estoy en casa! —saludó Tony chistosamente para hacerse notar—. ¿Me has echado de menos? —Jarvis dio un leve respingo pero giró el taburete enseguida hacia él, sonriente.

—Inmensamente, señor. Casi me da un cortocircuito de la desesperación.

—…¿Acabas de sacarme la lengua?

—Sí, señor.

—Increíble.

—¿Ha cenado ya? —preguntó educadamente dejando a un lado el soldador eléctrico que todavía sostenía.

—Nop. De hecho me muero de hambre… ¿Me haces un sándwich?

—Claro, señ-

Tony —le corrigió el moreno llegando a su lado y mirando con curiosidad la pieza que estaba ensamblando. Jarvis suspiró, resignándose.

—Claro, Tony. ¿Con qué te apetece?

—Sorpréndeme —declaró el inventor guiñándole pícaramente un ojo.

Jarvis le sonrió dulcemente, se levantó, se limpió los restos de grasa que podían quedar en sus manos y se encaminó a las escaleras en dirección a la cocina. Nada más estuvo solo Tony se sentó precipitadamente en el taburete y escudriñó detenidamente la pieza de acero que hasta hacía un momento estaba ensamblando el rubio. ¿Eso era lo que llevaba tanto tiempo haciendo? Parecía parte de una placa base normal y corriente, un componente de un sistema electrónico mayor. No aparentaba una complejidad demasiado grande como para que llevase tantas horas invertidas en eso. La cogió y la estudió con más atención, convencido de que tenía que haber algo más detrás de algo tan simple. Entonces cayó en la cuenta de que si Jarvis realmente no quería que lo viese trabajando habría tenido tiempo más que suficiente para guardarlo todo desde que cruzó el portón principal con el Jaguar. Tony pestañeó. ¿Podía ser un señuelo?

—Agradecería que no lo tocara demasiado. Está en una fase muy delicada de su desarrollo, señor —Tony se sobresaltó al escuchar la voz de Jarvis advirtiéndole a través de los altavoces de la sala. Hacía mucho que no lo hacía y casi había llegado a olvidarse del Total Surround.

—¿Qué es? —preguntó haciendo caso omiso.

—Su cena está lista.

—No me cambies de tema. Jarvis. ¡Jarvis! —la comunicación se cortó y el inventor dejó de nuevo la pieza en su sitio con un bufido —. Serás cabrón.

En cuarenta y dos segundos exactos Tony estaba en la cocina. Jarvis le esperaba de pie, tranquilo, apoyado cómodamente contra la encimera mientras en la mesa había un servicio para uno perfectamente dispuesto.

—No me vuelvas a-

—Se te está enfriando.

—…Interrumpir.

Tony arqueó una ceja, todavía de pie en el umbral de la cocina vestido con el mismo traje gris marengo con el que había salido aquella mañana. Algo en la actitud de Jarvis le estaba haciendo saltar todas las alarmas y estaba empezando a sospechar que lo hacía a propósito. Sin embargo el rubio simplemente le observaba en silencio con la mirada serena y aquella endiablada sonrisa bailando en la comisura de sus labios. Tony avanzó por fin, entrando en la cocina y acercándose uno de los taburetes de la barra americana sin dejar de mirarle.

—¿Cuándo te fuiste anoche?

—Unas tres horas después de que te durmieras.

—Pensé que te quedarías hasta por la mañana —se quejó Tony dejando de mirarle y echándole un vistazo a su sándwich. Tenía una pinta estupenda: llevaba lechuga, jamón de pato, queso parmesano, tomate natural y a todas luces lo que parecía ser mayonesa. Todo entre dos perfectas revenadas de pan de sésamo bien calentitas. Se le hizo la boca agua.

—Si quieres que pase toda la noche contigo sabes que sólo tienes que pedirlo —Tony levantó la vista hacia los tranquilos ojos azules que le observaban con algo parecido a la expectación.

—Me gustaría no tener que pedírtelo. Me gustaría que lo hicieras simplemente porque te apetece.

—Oh, Tony, me apetece mucho.

Dios. Acababa de poner una cara tremenda. Era la combinación de una mirada cargada de obviedad con una insinuante sonrisa brevemente esbozada en los labios. Tony se reprendió a sí mismo por quedársele mirando con la boca abierta y se sentó en una de las banquetas de la barra americana con la excusa de empezar a comer para así poder disimular cómo le flaquearon las piernas bajo el influjo de aquellos vibrantes ojos azules. Sin mediar palabra (más por no saber qué decir que por cualquier otra cosa), le dio el primer bocado a su sándwich.

—Dios, Jarvis, esto está tremendo —dijo todavía con la boca llena.

—Gracias, me alegro de que te guste.

La amable respuesta del rubio dio paso a un cómodo silencio en el que Tony se concentró en su plato como si fuera digno del más exquisito de los paladares. Acompañando al emparedado tenía unas patatas fritas (ya de paquete) a las que empezó a dar buena cuenta apenas se fijó en ellas y un vaso de refresco. Era demasiado pedir que Jarvis le preparase un copazo con el que regarlo cuando había estado esforzándose tanto en reducir la cantidad de alcohol habitual que tendía a consumir. Distraído con la comida, sólo notó que Jarvis se había movido de su sitio de pie contra la encimera cuando ya estaba sentado a su lado limitándose a mirarle fijamente mientras pasaban los minutos, sin apenas parpadear. Tony frunció el ceño con confusión pero la curiosidad que le provocó su actitud terminó por hacerle tragar el bocado que estaba en curso de masticar antes de hablar.

—Jarvis, ¿qué estás…?

—Dame un momento —murmuró el rubio junto a él apenas sin escucharle—. Estoy intentando comprobar algo.

El inventor simplemente se quedó quieto, expectante. Ni siquiera siguió comiendo a pesar de que le faltaban unos cuantos bocados para terminarse el sándwich.

—Por favor, sigue cenando. Si estás tenso no creo que funcione. Necesito que te relajes, Tony.

—Estoy relajado.

—Estás nervioso. Ansioso, de hecho.

Tony tragó saliva y le miró sintiéndose frustrado por momentos. Jarvis ponía la mejor cara de póker de la historia, no pudo averiguar nada de lo que estaba pensando. Ni siquiera sus habitualmente expresivos ojos azules transmitían ninguna emoción más allá del análisis y el escrutinio. Era como ser una puta cobaya.

—Jarvis, creo qu-

Shhh…

El rubio le acalló en voz baja, inclinándose sobre la mesa con los codos apoyados sobre ella y la cabeza descansando en las manos. Estaba ligeramente ladeada y después de lo que pareció un minuto completo frunció el ceño de forma casi imperceptible, todavía sin decir palabra. La mirada de Jarvis recorrió embelesada los rasgos de Tony mientras éste comía haciéndose el distraído mirando las burbujas del refresco de su vaso. En la práctica él había sido creado por Tony, poseía todas las que el inventor consideraba que eran sus mejores cualidades y ninguno de sus defectos para que le regañase y le corrigiera. Le diseñó como una inteligencia afín a la suya hasta que Jarvis se "desligó" de ese vínculo para evolucionar por sí mismo. Así que, siguiendo esa premisa, una de las mejores cualidades que ambos compartían era la de no rendirse nunca y saber lo que querían, tener la voluntad, la fuerza, insistir incansablemente hasta hallar los medios de conseguirlo. Aquello hacía al rubio sentirse perfectamente seguro sobre la extraña fase en que se encontraban ahora. No sabía si era porque aunque fuera humano de corazón seguía siendo una maquina perfectamente racional, pero en general estaba seguro de que él se sentía mucho más confiado que Tony. Él controlaba la situación, siempre en el buen sentido, evitando que el espíritu impetuoso y descuidado de Tony pudiera echarla a perder. Era la forma de Jarvis de tratarle y apaciguar su carácter lo que les mantenía estables. Y el inventor lo sabía y se lo permitía. Porque esta vez era algo especial, diferente, no como cuando experimentaban o hacían las primeras pruebas de sus proyectos con altas probabilidades de explotar, quemarse o hacer saltar los plomos del garaje. Ésta vez todo tenía que ser perfecto.

La verdad era que había extrañado mucho su presencia. En Jarvis había nacido un particular sentimiento de protección y luego uno de posesión al ser el único (aparte de la señorita Potts) que estaba al lado de Tony todo el tiempo. De hecho había veces en que hasta veía a Pepper como una intrusa o potencial competencia a pesar de que racionalmente era consciente de que esos sentimientos no eran más que celos infundados, un mero producto de sus logaritmos internos. Sabía que no estaba bien, de hecho a veces hasta se sentía un poco culpable por ellos, y aunque Tony ya le había avisado que era perfectamente normal eso no le hacía sentirse mejor. Quería aun más de él, no encontraba que nunca fuera suficiente, pero estaba en su naturaleza ser prudente. El control era la clave, ese mismo control que el propio inventor le había advertido que acabaría por no poder mantener cuanto más humano se volviese. Finalmente Tony pareció no poder seguir actuando como si Jarvis fuera invisible y le miró. Chocolate. Eso era lo que le recordaban a Jarvis sus ojos, chocolate. El más fino, delicado y dulce de los chocolates del mundo. Tony suspiró resignado por su silencio y se acabó el sándwich de un último bocado acompañándolo de un trago largo de refresco.

—…¿Has terminado?

—Sí.

Tony suspiró por fin, visiblemente aliviado.

—¿Me vas a explicar ahora por qué tanto misterio? ¿Qué es lo que te traes entre manos últimamente?

—¿Estás muy cansado hoy, Tony?

Jarvis se inclinó hacia él ligeramente, sus dedos presionando el muslo de Tony al hacerlo. Para cualquier otra persona parecería que sólo se está apoyando en él, reconfortándole, pero al moreno no se la cuela. Sabe que Jarvis le está presionando, tentándole con roces suaves y miradas que le estaban volviendo loco. Es consciente de que Tony se da cuenta y aún así lo hace. Ante su falta de respuesta inmediata los dedos del rubio se afianzan y se humedece los labios repitiendo la pregunta. Tony negó en silencio y Jarvis sonrió aún más.

—Puedo prepararte un baño caliente si quieres relajarte.

—No es necesario.

—¿Una ducha, entonces?

—Tal vez. Sí. No. La verdad es que quizás s-sí que me daría una rápida.

Tony tuvo que sujetarse a la encimera para no caerse de la banqueta cuando la mano que Jarvis había dejado sobre su pierna empezó a moverse lentamente, describiendo círculos con la yema de los dedos. Joder eso era muy erótico cuando era Jarvis quien lo hacía. Notaba intensamente su olor impregnándose en su piel, recorriéndola, yendo directa a su ingle. Cerró un momento los ojos procurando respirar con más calma y no pensar en el brinco que casi había dado su miembro al imaginarse un mejor destino para aquella mano. Justo se quedó sin aliento cuando Jarvis dejó caer una línea de besos por su frente antes de llegar a sus labios y detenerse para respirar en ellos.

—Quiero acostarme contigo esta noche.

Jo-der. ¿De verdad Jarvis había dicho eso? Tony abrió los ojos sólo para ver cómo el rubio apartaba ágilmente una pestaña desprendida de sus párpados castaños con una sonrisa insolente y gesto tierno. Para nada se acordó de que Jarvis no estaba plenamente "dotado", de lo que podría trascender de sus actos aquella noche o si la mera idea era sensata. Tony no tenía la cabeza para otra cosa que no fueran aquellos suaves labios. Labios como estos, tan perfectos, maduros y completos dejando tiernos besos sobre su boca. Cuando la abrió, la lengua de Jarvis se deslizó a su interior encontrando la suya en un movimiento lento y circular dando paso a un beso más largo y satisfactorio. Era asombroso lo rápido que aquel cretino aprendía. Cuando se separaron Tony levantó una mano, sus dedos apenas tocando el rostro de Jarvis. Ya ni siquiera sabía lo que iba a decir, el rubio tiene el hábito de hacer innecesarias las palabras entre ellos.

—Vayamos a la cama. Ahora —dijo Jarvis por él en voz baja.

Dios, Dios, Dios, Dios. .

Al día siguiente Tony todavía seguía sin tener ni puta idea de cómo lo consiguieron sin soltarse ni que Jarvis dejara de besarle en ningún momento, pero el caso es que de repente estaban en el dormitorio y el rubio sólo se separó de él lo justo para cerrar la puerta detrás de ellos olvidando por completo que era un gesto que carecía de total sentido dado que estaban totalmente solos en la mansión. Cuando se dio la vuelta Tony se abalanzó sobre él reclamándole otro beso, algo brusco pero absolutamente fantástico. Sus manos vagaron en constante ascenso desde su angulosa cintura hasta su nuca para acabar enterradas entre pelo dorado y revolvérselo mientras recorría los labios de Jarvis con la lengua con el ardor suficiente para no resultar satisfactorio en absoluto y hacerle jadear por más. Cualquier pensamiento coherente que podría haber tenido desapareció de la mente del rubio en cuanto los labios de Tony iniciaron el descenso por su mandíbula y cuello. Alguna dentellada puntual dejó en su piel el leve rastro de pequeñas marcas rojas y saliva contra la que el moreno soplaba un aliento caliente que le tenía estremeciéndose contra él en cuestión de segundos. Jarvis gimió aferrándose a cualquier parte del inventor que estuviera a su alcance, desesperado por tocarle, y Tony simplemente rió entre dientes antes de atraerle más contra él hasta que ambos cuerpos estaban en estrecho contacto, sintiendo todas las líneas duras y ángulos, la amplitud de sus hombros y la solidez de su estómago.

Encajaban perfectamente y Jarvis decidió que era una posición a la que deberían sacarle provecho a pesar de la diferencia de altura. Pensó en lo encantador que se veía Tony desde arriba, mantuvo sus boca fuera de su alcance unos segundos mientras se regalaba la vista con la visión de aquellos impresionantes ojos marrones enmarcados por las numerosas y sedosas pestañas rizadas que Jarvis tanto adoraba. Miró sus labios. Estaban ligeramente hinchados, más oscuros de lo normal. Sonrió para sí mismo afectuosamente. Él sabía lo suficiente para ser consciente de que si besaba a Tony justo detrás de la oreja haría que aquella sensación se antepusiera a todo lo demás, haciéndole disfrutar mucho más. Y él quería eso. Jarvis quería fervientemente hacer que Tony se sintiera bien. Amaba sinceramente a aquel incorregible, descarado y extravagante hombre que era Tony Stark. Sus dedos sabían bien a dónde ir y el sexo no era algo extraño para él. Presionó sus caderas contra él experimentalmente y los ojos del moreno desaparecieron entre un revoloteo de pestañas. Jarvis le miró embelesado antes de rodearle firmemente con sus brazos y atraerle contra él volviendo a hacerlo. Empezaba a estar excitado, podía notarlo. Aquella vez jadeó ásperamente y la expresión de Tony mutó a un gesto extasiado. Sus manos se crisparon automáticamente en el pelo de Jarvis para estirarse todo lo que pudo hacia arriba besando y mordiendo cada centímetro de piel disponible con auténtico ardor.

No supo cómo pasó, pero en cuestión de segundos la parte posterior de las rodillas de Jarvis alcanzó el borde de la cama y aprovechando el instante en que se desestabilizó Tony se echó sobre él y le hizo caer de espaldas en el colchón para rápidamente ponerse encima y besarle la cara y los labios susurrando todos aquellos amables cumplidos que el rubio anhelaba escuchar, haciéndole suspirar, consiguiendo hacerle sonrojarse avergonzado cuando el moreno separó sus piernas con un movimiento de su cintura para acomodarse entre ellas siempre presionando, friccionando. Abrió los labios y el nombre de Tony volvió a escaparse entre ellos. Jarvis apenas podía respirar cuando sintió la creciente erección del inventor presionando firmemente contra su cuerpo. En ese momento Tony volvió a frotar su cintura contra la de él, con más fuerza, buscando una fricción más satisfactoria, y fue entonces cuando lo notó. De repente rompió el beso con los ojos desencajados por lo que acababa de encontrar en el cuerpo de Jarvis. Y para dar pistas, no era nada que él hubiera puesto allí. Es decir, coño, se acordaría de algo así.

—¡Hostia puta! ¡Joder! ¿Pero qué-? ¡¿Qué tienes ahí?! —el desconcierto de Tony era tan absoluto que casi resultaba ridículo.

—¿Una genialidad como la tuya no puede imaginar de qué se trata?

—Pero, no es-, ¿cómo has…? —Jarvis rodó los ojos afectuosamente antes de atraer su rostro de nuevo para volver a besarle pero Tony no le dejó—. Déjame verlo —demandó de inmediato. Jarvis rió entre dientes con los ojos chispeantes.

—Eso sería de muy mal gusto, señor —sonrió el rubio con una arrogancia satisfecha—. Todavía no está terminado.

—¿Es que quieres tener más? —preguntó Tony con voz casi estrangulada. No es que él tuviera un máster en paquetes masculinos pero el de Jarvis ya de por sí parecía tener unas dimensiones más que respetables. Y eso que no estaba… en fin, "a punto".

—Es el software el que todavía he de completar. Hay ciertos… datos, que me gustaría que me facilitases de primera mano —a Tony no le hizo ninguna gracia la forma en que Jarvis dijo aquellas últimas palabras, espacialmente la manera en la que ahora le miraba. Aquella actitud educada pero insolente hacía que se le quedase la boca seca y notase un imperioso calor insinuarse en su ingle.

—¿Por eso querías venir a mi cama esta noche? —Jarvis sonrió de nuevo y Dios, cómo amaba Tony aquella sonrisa.

—Sí.

—¿Y qué necesitas?

—Oh, solo se trata de cierta documentación previa… sobre el terreno.

—¿Trabajo de campo?

—En efecto.

—Parece apasionante.

—Espero que lo sea.

Hubo una pausa en la que sólo se miraron, apenas un segundo para confirmar que ambos sabían de lo que estaban hablando.

—Pues entonces pide por esa boquita —bromeó. La sonrisa tranquila y complacida de Jarvis iluminándole desde la almohada junto con sus preciosos ojos azules no prepararon a Tony para lo que el rubio tenía en mente.

—Me encantaría desnudarte.

Los ojos del moreno se abrieron un poco más pero sonrió con picardía a pesar del levííísimo tono rojizo que se le subió a los pómulos involuntariamente. Aquella voz, en ese tono y en boca de un Jarvis gustosamente tumbado bajo él en su cama era capaz de hacerle sentir como si volviera a tener quince o dieciséis años a pesar de ser un hombre con los cuarenta bien cumplidos. Era obvia la forma en la que el rubio sabía aprovecharse de él para estimular su lívido. Estaba seguro de que Jarvis sería capaz de hacerle caer a sus pies de rodillas si se lo propusiese.

—Lo que sea por la ciencia —concluyó Tony con gesto seguro incorporándose hasta quedar sentado sobre las caderas de Jarvis y adoptar una postura de plena disposición. Sonrió, abriendo los brazos—. Soy todo tuyo, aunque no vas a encontrar nada que ya no hayas visto.

Jarvis sonrió incorporándose a su vez sobre sus brazos para volver a besarle.


VAAAALE, a ver, por favor, gritos histéricos no, ¿eh? XD

No, va, en serio: ¡¿Qué me decís?! *^* Estoy motivada, sip, ¿se me nota mucho? Me encanta Jarvis en plan repelente, creo que es… ains… bueno, ya me entendéis. ¡Y que Tony no se quede atrás! ¡Go, go, go, goooo!

See ya soon, dears!