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Una mirada
Por Mayra Exitosa
Los meses pasaban, aprendiendo a tejer, no era lo óptimo para ella, lo mejor era que Rosemary tejía y ella tocaba el piano. No es que quisiera menos a su bebe, pero había que sentir, que tocar el piano, hacía que su vientre fuera un baile emocional. Si se movía, si se tranquilizaba, qué más daba, su bebe crecía y ella… lo vería.
Llegar a casa y encontrarlas tranquilas, era la paz emocional que después de una tarde de trabajo intenso, lo hacía pensar que todo valía la pena. Ella cerraba sus ojos y tocaba como nadie lo hacía, podía estimularla para que participara en un concierto, pero Candy había asegurado que su concierto era privado y su bebe era quien más lo disfrutaba. Al finalizar el aplaudía y ella corría a su brazos emocionada,
- No corras, mi vida. Mira que ese bultito esta cada vez más grande.
- Si, y le gusta nuestra música.
- Mamá, ¿Cómo estás?
- Al verte, me siento feliz, ya solo deseo ver tu rostro ante tu hijo, me gustaría pensar que, si estarás en el parto.
- Por supuesto. Estaré ahí.
- Tu padre siempre dijo lo mismo, pero…
- Pero un día me confesó, que tenía miedo verte sufriendo por su culpa
- ¡Hijo!
- Me lo dijo, y lo comprendí. Pensar que embarace a mí esposa, aun sin ver por completo los resultados de su cirugía, me angustio mucho. Candy intervenía,
- Nos embarazamos, también participe en ello, mi vida.
- ¡Eres mi responsabilidad, mi amor!
- ¡Y tú la mía! Por eso mamá me está enseñando a hacer otras comidas y cenas. Soy una alumna proactiva, hoy casi estuve en todos los platillos.
- Candy, tu vientre está muy grande, no deberías estar cocinando, mi vida.
- Es el pretexto para decirme desde antes que no te gustará, ¿Aun no has probado?
Rosemary negaba y reía, eran una pareja muy linda, no discutían a cada instante y realmente parecían estar de luna de miel todo el tiempo, no solo por su hijo, sino por su nuera, era tan diferente al matrimonio de Anthony. Por eso no se sentía mal continuar ahí, al menos era mucho mejor que estar en Lakewood, sola.
La madrugada, y los sonidos, eran de agitación, aun faltaba un par de meses, pero esa opresión y sentir que el bebe estaba dando golpes a sus partes internas, era algo que no podía creer, solo se sentía mal, como un presentimiento, tal vez una premonición, pero el temor lo compartía con él y ambos se levantaban para ir al hospital,
- Mamá tengo que llevar a Candy
- Voy con ustedes.
- No quiero que te canses.
-Prefiero estar cerca, hijo.
- Bien, vamos. No manejare, le pedí al chofer que…
- Si, es mejor, ella te necesita.
- Estoy muy nervioso, no quiero… que les pase nada, Candy se pone muy pálida y…
- Tranquilo, vamos
Candy se notaba agitada, respiraba y se contenía, las contracciones se mostraban y eran tales, que Rosemary recordaba la suyas. Tres horas y todo continuaba bien, falsa alarma. Su hijo por fin respiraba, simplemente el bebe estaba volteado y tuvieron que hacer maniobras, estaba empujando hacia el lado contrario a sus apenas siete meses.
- Creo que nacerá para navidad, madre.
- Si, eso si llega a término. Yo lo veo muy grande.
- No se ha dejado ver si es niño o niña, pero lo más importante es que por fin se ha acomodado. Candy en su miedo cerraba los ojos para serenarse, en la obscuridad obtenía la calma que le brindaba la soledad de su espacio, relajada y a la vez apenada, se quedaba dormida pidiendo disculpas a Albert por haberlo angustiado.
- Estaba mal acomodado, todo fue bueno para los dos, nos está sirviendo para… cuando este en la cuna…
- ¿En la cuna?
- Imagina que en vez de tomar su rostro y darle la mamila, es a los pies a quien le hago cosquillas
- ¡No juegues, Albert!
- Quiero que estés tranquila, estuvo bien estar en el médico, el bebe se encuentra sano, descartamos todo y… sigues viendo bien.
- Si, pero… y si…
- Nada a dormir. Ven a mis brazos, aquí los cuido a los dos.
El mes se fue muy pronto, la calma era saber que ahora si estaba acomodado su bebe y que estaba tranquilo. La llegada de Anthony y Kate, la ponían nerviosa, sería una sorpresa decirles que ella ahora veía, pero ese regalo se lo dejarían a Candy. Y que fuera ella quien les diera la sorpresa, era lo que Albert le sugería a su madre.
- Si, quiero que mi esposa sorprenda a su concuña. Fueron amigas, ahora que la vea y sepa que recuperó la vista. Candy escuchaba como emocionado y orgulloso reflexionaba su marido y su suegra solo asentía, envolviendo regalos que pondría bajo el pino. Candy agregaba,
- Y si me dan nervios, y… se me nubla la vista.
- No pasará, además cuando estén ellos aquí, posiblemente nace nuestro bebe. Y ahora tendrá un primito o una primita, para que juegue mi sobrino.
- Bien. Me da gusto que vuelvan, desde la boda no han venido ni una sola ocasión y… casi no hablan.
- He hablado con Anthony, su matrimonio está cruzando problemas, trata de salvar su relación, lo mejor es no entrometerse y que ellos solos tomen esa decisión.
- Si, hay que apoyarlos y… que sepan que su hijo los necesita unidos. Albert negaba, Kate no amaba a su hermano y estaba haciendo niñerías y celos hasta a los proveedores y clientes de sus negocios. Esa inseguridad y falta de amor, estaba reflejándose en su hijo, notoriamente el pequeño hacía berrinches por llamar la atención y no estaba siendo cuidado como debería, pero eran sus padres y su responsabilidad.
La llegada de ellos, ponía nerviosa a Candy, el pequeño que solía ser muy tranquilo ahora estaba en constante llanto, Anthony lucía ojeroso y cuidaba del pequeño que al parecer no dormía bien por la noche. Su suegra notaba que tenía volteado el horario y en el día estaba más dormido. Candy observaba todo, pero las discusiones pequeñas y la molestia evidente de la pareja, hacia que no les diera la noticia de que ella los estaba observando. Solo Anthony giro a verla y acariciando su vientre la saludaba y comentaba que se veía preciosa y feliz. A lo que Kate, tomaba celos y maneras de niña, que ella asombrada observaba al recibir un empujón por estar molesta. Albert no estaba aun ahí, pero Rosemary si, notaba como estaba muy cambiada Kate.
- Siempre has querido a Candy, Anthony. Ahora aun panzona, la ves hermosa, cuando estaba esperando a nuestro hijo, casi ni me tocabas.
- Kate, por favor, Candy es mi cuñada y es como una hermana. Tranquilízate.
- Es que no se los has dicho a tu hermano, debiste decirle que anduviste conmigo porque yo si veía, y ella no te veía ni le gustabas, eras feo y grosero, nada de ti le agradaba a Candy, lo entiendes, nunca le has gustado.
- ¡Kate! Anthony era nuestro amigo, no puedes hablare así. Ahora es tu esposo.
- Cállate Candy, no sabes lo coqueto y mujeriego que es, siempre está pensando en otras mujeres, nunca en mi, es más en ocasiones se equivocaba y en vez de mencionarme, nombraba tu nombre, cuando éramos novios.
Avergonzada se retiraba y Rosemary, se llevaba al pequeño para que no se durmiera, pero tampoco escuchara las tonterías de su nuera. Estaba insoportable.
Albert llegaba y ahora no era la música del piano lo que lo esperaba, sino una discusión de Kate, diciéndole todo lo que Anthony amaba a Candy.
- Y se lo dirás, le dirás a tu hermano que nunca pudiste sacar de tu corazón a Candy, que la amaste y que soñabas con ella, que a mí me utilizaste porque ella te rechazo.
- Eso no es verdad, Candy es mi cuñada, cállate por favor Kate, estás diciendo sandeces y estas lastimando a mi madre, vinimos a pasar la navidad, es horrible que aun creas que yo amo a Candy, ella es una mujer de verdad, una chica que siempre respeta a todos a su alrededor, aun sin ver, mira su comportamiento y mi hermano es el mejor, porque aun con su ceguera, nada le importó el si la amaba y no le vio ningún defecto.
- ¡Que sucede aquí! Esta es mi casa, te prohíbo terminantemente niñerías aquí, Kate, deja en paz el pasado y no estés buscando problemas entre mi hermano y yo.
Molesta y con un puchero de berrinche, se iba a su habitación, caminado de forma que la ira se notaba en su rostro. Candy que iba bajando la escalera al escuchar la voz de su marido, fue empujada por Kate, por el coraje que tanto sentía, esta pensó que nadie la veía, pero Candy, Anthony y Albert vieron toda la escena y ambos hombres corrieron para que Candy no se golpeara sobre todo en su estado.
- ¡Candy! ¡Candy!
Ella que si podía ver, trataba de agarrar el pasamanos del otro lado de la escalera, logrando así no golpearse la espalda y no caer por completo, pero el peso y la posición fue suficiente para romper la fuente y hacer que ambos hombres pensaran lo peor.
- ¡Rápido! ¡Una ambulancia!
Candy avergonzada por el líquido que manchaba su vestido, y viendo que su esposo y su cuñado lucían desencajados y asustados, se preocupaba, pensando lo peor, pero solo se había hecho pipi, o eso creía, porque no tenía dolor.
La ambulancia llegaba, Rosemary se llevaba al niño en el auto con Anthony, dejando a Kate sola en la casa con los sirvientes, sin decirle lo que a su paso había logrado.
Albert se había id junto a ella, y los paramédicos explicaban que el liquido había salido y ahora vendría las contracciones y el nacimiento obligado del bebe.
Vestido y cubierto, Albert estuvo en el parto, ella fue valiente y siguiendo todas las indicaciones, lograba el nacimiento de su primera hijita. Candy ahora era madre por parto natural, así que solo estaría poco tiempo y sería dada de alta, una sola noche, todo estaba completamente bien, el médico explicaba todo el proceso y como su pequeña no había corrido ningún riesgo, sin embargo, con lo explicado, mandaban a servicios social y terapia obligatoria a Kate, pues lo que estaba sucedía es que Kate estaba mal de los nervios.
Candy entraba con su bebe, afuera venían varios médicos para hablar con Kate y hacer una evaluación. Anthony la abrazaba y comentaba lo que había estado a punto de hacer, y ella se negaba, le rogaba a Candy que dijera la verdad, a lo que ella con su pequeña en brazos comentaba,
- ¿La verdad, Kate?
- Si Candy, diles que te resbalaste y que estas ciega, que por eso piensan que fui yo, pero lo que pasa es que Anthony nunca me ha querido, me embarace para atraparlo pero el te amaba solo a ti.
- Kate, la verdad es que tengo meses de no estar ciega, ya puedo ver. También estaba ciega con tu sincera amistad, pero es bueno que sepan que jamás rechace a Anthony, fuiste tú la que me pedía que no lo aceptara porque lo amabas. Conocí a Albert cuando era una niña, me quede dormida en sus brazos, porque le tenía miedo a los truenos. Nos hicimos novios cuando vine con mi Tía a acompañarla para la remodelación de su casa y desde entonces, me di cuenta de que el amor existe aun sin una mirada.
La verdad Kate, te has encaprichado en todo lo que no importa, has descuidado el amor que mi cuñado te ha dado siempre, has olvidado que lo más importante de una mujer es dar vida, cuidarla, conservarla y protegerla, y eso lo sé ahora, cuando mi hijita ha nacido, cuando molesta me has empujado por la escalera y no mides lo que haces, por eso, es muy considerable que vayas al médico, que tomes terapia y que no te acerques jamás a mi bebe, porque te juro, que diré siempre la verdad.
Albert la abrazaba mimoso y Rosemary abrazaba a su hijo y a su nieto, escuchando claramente a Candy, diciendo como la había empujado por la escalera, como Kate había dicho que se embarazó para atrapar a su hijo, solo por quitárselo a Candy. Los enfermeros tomaban a Kate, quien miraba con rabia y a gritos insultaba con todo lo que tenía a Candy. Ella abrazaba y cubría la cabecita de su hijita, a su vez Albert las abrazaba a las dos.
Anthony lloraba recordando cómo Candy jamás fue la soberbia, sino la considerada. Viendo como su madre lo abrazaba, este tomaba a su hijito, y abrazaba ahora a su madre, quien temblaba llorando por lo que estaba pasando.
Uno de los enfermeros inyectaba a Kate, para que se tranquilizara, Anthony cubría a su hijo para que no viera la escena, y se iba con su madre hasta el saloncito cerca del estudio, los dejaba y se iba tras la ambulancia, para ingresar a su esposa, al psiquiátrico para las evaluaciones correspondientes.
Albert ayudaba a Candy, a colocar a su hija en su pequeña cunita dentro de su habitación,
- No te preocupes mi amor, Anthony no descuidará a Kate, el si es responsable y la protegerá, veras que pronto sale y regresa mejorada.
- Ojala, por su hijito, por su esposo y porque ellos la necesitan sana.
- También yo te necesito sana, así que a descansar, esto ha sido demasiado agitado para un solo día.
- Me siento mejor, tenía miedo perder la vista y… no ver el rostro de mi hijita.
- No te preocupes mi vida. Aquí estoy para ti, además adelante todo mi trabajo para descansar los días de navidad, y mi hermano pasará una temporada con nosotros, así que, tendrás más manos que nos ayuden aquí.
- Con tus manos y tus ojos, para mí son suficientes. Ellos que se hagan cargo de sanar las heridas y todas las emociones que llevan cargando desde no sabemos cuándo, sus vidas son sus decisiones, la mía eres tú, mi hija y mi suegra. A quien quiero y aprecio, con todo mi corazón.
- ¡Candy!
- Albert, tu mirada me da la confianza de que si dejo de ver, aun nuestra hija te tendrá a ti, para que la ayudes a ver su camino a ser feliz.
- No pienses en cosas tristes. Ya en un par de días es Navidad, así que, vamos a pasar estos días felices en familia, y mira quien ya va a pedir cartita a santa Claus.
- Nuestra pequeña. Mira que tranquila esta, ni con todos los gritos de su tía se altero, se parece tanto a ti.
- Yo estaba alterado, estaba despotricando con todo lo que decía, si me quede en silencio, fue porque no quería que te afectara, además me preocupaba mi hermano y mi madre.
- Son nuestra familia, Amor. Ellos nos tienen a nosotros, veras que lo ayudaremos y… pronto todo volverá a estar bien.
La Navidad llegó, sonrisas suaves, cenas tranquilas, salidas inesperadas de Anthony para ver los avances de su esposa, quien ahora tendría una terapia por varios meses. El fin de año, y el tiempo corriendo, era la felicidad que pasaba por ahí, para quedarse. Los negocios de Anthony fueron movidos a Chicago, compraba una casa cercana y ahora su madre se iba a vivir con él y su hijo. Con la promesa de venir seguido a la casa de ellos.
Kate con la terapia mejoraba, pero en las reflexiones, salía el odio que ahora tenía por su esposo, al cual le pedía el divorcio. Con el caso de esquizofrenia que tenía, el pequeño se quedaba con su padre, ella volvía a casa de sus padres, y re hacia su vida. Tratando de iniciar de nuevo, de comenzar de cero y se hacía maestra de la escuela en Lakewood, continuaba con terapias mensuales y estas se cambiaron a semestrales, ella se volvió a casar, vio a Anthony y a su hijo como amigos lejanos. Su marido era de Texas, y eso le ayudaba a estar distanciada de los problemas.
En su terapia reflejaba que continuaba odiando a su mejor amiga, esto le daba un aviso especial de restricción a Candy, para que hubiera una distancia entre ellas, ya que después de haberla empujado por la escalera, reflejar en sus resultados que en el fondo la odiaba, fue suficiente para alejarse en todo momento de Chicago.
Albert y Candy tuvieron dos hijos más, Anthony se volvió a casar y rehízo su vida de nuevo, con una mujer muy buena y hermosa como su madre.
- Candy, la niña tiene fiebre.
- Si, la lleve al médico, me dijo que podía reaccionar así a la vacuna, hay que vigilarla un poco, mañana amanecerá mejor.
- Bien. Estaré al pendiente, es fin de semana, descansa, mañana necesitaremos mucha energía para ver a nuestros chicos.
- Por supuesto, pero tienen juego de beis, asi que te tocara a ti, mejor no te desveles.
- ¡Mi vida! ¿Qué haría sin ti?
- Te aseguro que tres hijos, no.
- ¡Candy!
- ¡Te amo!
- Y yo a ti desde la primera vez que nos miramos a los ojos. Ella sonreía, besaba sus parpados y agregaba, tu cercanía me agitaba el corazón, te sentía, te olía y casi podía decir que aunque no te podía ver, esa ocasión, supe que estabas junto a mí.
- ¡Lo sabía!
FIN
Gracias por leer, por comentar y sobre todo porque cada que leemos tomemos conciencia de nuestras acciones para con quienes nos rodean,
seamos justos, que Dios siempre estará con quienes hagan el bien a los demás.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
