Blaine, Kurt y Warblerlandia nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D


Capitulo 10. Against all odds

"Más que besarlo, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa él me daba la mano y eso era amor…" Mario Benedetti.

El aroma frutal de la habitación de Aiden Miller te envuelve de repente cuando no lo esperas, cuando tu cuerpo empieza a sentir que vuelve a vivir y que tu corazón bombea sangre aún cuando tú no quieres que lo haga. No. Un no rotundo e irrompible es lo único que quieres pronunciar cuando tus ojos se abren, cuando la luz de la tarde se cuela por la ventana del departamento donde te encuentras y trae con ella un montón de escenas que no quieres recordar. Recuerdos que hieren, que hacen que tu estomago se revuelva, que tu cabeza martillee y que tu corazón sienta que va a estallar.

Asco. Es un asco infinito lo que sientes en este momento, un asco terrible por ti mismo que se queda agolpado en tu garganta haciendo de tu despertar una tortura. Sólo quieres regresar a la cama y dormir, quieres que todo haya sido parte sólo de un sueño pero el dolor de cabeza está para recordarte que sí pasó, que hiciste lo que querías hacer o… al menos en aquel momento querías hacer aquello aunque ahora todo tu cuerpo, toda tu alma grite que fue un error. Un error estúpido e infantil que sin embargo no tendrá arreglo.

Te levantas un poco y te recargas en el respaldo acolchado de la cama de Aiden. Él no dijo nada cuando te vio llegar, sólo abrió la puerta como siempre y te dejó pasar. No hizo preguntas, él nunca te pide respuestas y eso siempre tendrás que agradecerlo. Pero la lástima de sus pupilas grises fue suficiente para hacerte sentir la peor cucaracha del universo y es que él sabe, él siempre sabe leer en tus ojos cuando has hecho algo estúpido y debes admitir que lo que pasó anoche con Alex Taylor se lleva el premio a la estupidez más grande de tu existencia sin duda alguna.

Pasas tus manos sobre tu cara tratando de limpiar con ellas el rastro de las manos y de los labios que Alex dejó por todo tu cuerpo y cuando sabes que no podrás quitar de ti esa sensación comienzas a reír, dejando que las carcajadas recorran tu cuerpo hasta que se convierten en llanto, en un llanto avergonzado, un llanto lleno de furia y arrepentimiento.

Las lágrimas que ruedan por tu rostro no podrán resolver nada de lo que has hecho, eso de sobra lo sabes pero ¿qué más puedes hacer? Ya está, querías vengarte, lo has hecho. Pero justo ahora las consecuencias de tu "venganza" empiezan a parecer algo real ¿Qué pasará si Blaine lo sabe? ¿Quién se lo dirá? ¿Alex? ¿Alex tendrá esa desfachatez de decirle?

No. El no se vuelve a dibujar en tus labios como la única esperanza que te queda en el mundo. No, nadie tiene por qué decirlo, de seguro Alex vio lo sucedido la noche anterior como una de sus tantas aventuras, él es así. Estás seguro de que no eres el primero con el que le ha sido infiel a su novio, así que ¿por qué preocuparte? Blaine no tiene por qué saberlo, no lo sabrá.

No, claro que no va a saberlo y tú harás de cuenta que no pasó nada, siempre has sido bueno para eso, puedes ocultar esa noche en lo más recóndito de tu alma, puedes hacerlo, y así podrás seguir adelante, Blaine seguramente te disculpará el no haberlo entendido, él es así, nunca puede estar enojado por mucho tiempo, claro, no estás engañándolo porque las mentiras sólo son mentiras cuando las pones en palabras, el callar algo no es mentir ¿verdad? No, no lo es, es sólo que…

Es sólo que sabes que al único que puedes engañar es a ti mismo. Y eso también sabes cómo hacerlo, sabes cómo esconder lo peor de ti siempre. Te levantas de la cama y caminas lentamente hacia la ventana para poder observar el atardecer dorado de la ciudad de Nueva York. Suspiras sintiéndote realmente mal. Suspiras sintiendo que con ese suspiro se escapa también la mitad de tu vida pero mentir, más bien, esconder la verdad es tu única opción.

Sólo eso y rezar, rezar porque nadie diga nunca algo que pueda delatarte. No eres muy creyente que digamos, pero cierras los ojos y tus labios comienzan a susurrar una oración que ni siquiera tiene un destinatario concreto. Le rezas al cielo, a la vida, a quien sea, le pides que te deje enmendar tu error, le pides que tu estupidez no tenga más consecuencias que ese asco que ver tu imagen reflejada en el cristal te produce.

Suspiras de nuevo y caminas hacia la sala donde los pasos familiares de Aiden se escuchan ya. Te sientes un poco sorprendido de que el ensayo haya terminado tan temprano pero debes de admitir que tu ausencia debió de ser el motivo de aquel inusual cambio de horario. Aiden te ve llegar a la habitación pero no dice nada. Sus ojos grises parecen cansados e infinitamente tristes. Nunca has entendido esa tristeza del todo pero cuando la contemplas vuelves a sentirte culpable y es que algo dentro de ti grita que esa tristeza es también obra tuya. Te acercas a dónde él está y te sientas a su lado, sonriéndole sin lograr que sus labios sonrían también.

Sus ojos te miran de pronto, escondiendo en ellos miles de preguntas que nunca hará. Él no sabe qué decirte, no sabe si será buena idea contarte las cosas que observó y sintió en el teatro. Decirte por ejemplo, que no es tu engaño lo que causará la destrucción de tu amor por Blaine sino… el irrefutable hecho de que Blaine ama a otra persona con toda el alma, una persona que no eres tú, que nunca podrás ser tú. Él suspira y tú lo rodeas con un brazo haciendo que él te mire entre sorprendido y mortalmente herido.

-Perdóname por ser un estúpido, amigo- dices tú haciendo que la tristeza en sus ojos aumente de forma alarmante- siempre te hago pasar por lo mismo ¿verdad?

-Si no lo hicieras, no serías tú- dice él sonriendo tibiamente al fin- pero… quizá sólo estoy cansado Sebastian, eso es todo.

-Perdóname por eso también- dices tú acercándolo un poco más a ti- tú sabes que eres una de las personas que más quiero en el mundo y por eso, a veces doy por hecho que tú siempre estarás a mi lado pase lo que pase pero… de verdad Aiden, no quiero seguir haciéndote sentir mal, porque aunque no lo digas, sé que has estado triste todos estos días por mi culpa…

-No es tu culpa- dice Aiden suspirando sin poder contenerse al sentir tu cercanía- lo que pasa es que… no puedo aceptar ciertas cosas, eso es todo.

-¿Qué cosas?- dices tú mirándolo a los ojos.

-Las mismas cosas de siempre- dice él zafándose de tu abrazo- ¿te molestaría irte?

-¿Tanto te molesto?- dices tú un poco dolido- ya te dije que lo siento, Aiden, vaya, pensé que eras la única persona que podría entenderme.

-Te entiendo, Sebastian- dice el joven sin verte a la cara- pero… esto es demasiado ¿sabes? A veces siento que ya no podré, no entiendo por qué siempre regresas a mi cuando todas tus demás opciones se terminan, siempre soy tu opción segura ¿no? Pues creo que estoy harto de eso, ya no quiero vivir así, no quiero…

-¿Es por lo que le hice a Blaine?- dices tú acercándote a él- ¿es por lo que pasó con Alex Taylor?

-Es por lo que me haces a mí- dice Aiden con la mirada rota- es por lo que le haces a mi corazón, por lo que yo permito que hagas conmigo.

-Pero vamos, Aiden…- dices tú sin entender a tu amigo del todo- hemos tenido esta conversación otra veces, yo te quiero ¿sabes? Vaya, eres la única persona que conoce lo peor de mí y aún estás aquí, eso es un amigo de verdad y sé que tú entiendes de esto, sé que entiendes que lo de ayer fue sólo una idiotez y sé que me apoyarás y que callarás ¿verdad?

-Eso es lo único que te importa- dice Aiden con voz helada- lo único que te importa siempre eres tú mismo, que los demás hagamos todo lo que esté en nuestras manos por salvarte el pellejo ¿no?

-Aiden…

-Vete…- dice el joven Miller con determinación- vete de aquí Sebastian Smythe. Ve a tu casa y discúlpate con Blaine. Él te está esperando allá, aunque no lo creas, él se tragará cualquier historia que le cuentes porque aún cree que te ama… sólo vete y arregla las cosas, concéntrate en ser feliz. Ve con él y haz que yo sienta que todo esto vale la pena porque si no lo haces, sentiré la necesidad de odiarte y no quiero…

-¿Por qué haces esto, Aiden?- dices tú un poco asustado de pronto.- ¿por qué te comportas como un niño pequeño? Tú sabes ya que no puedo amarte, pensé que lo entendías, pensé que aún así podríamos ser amigos, pensé…

-Amigos…- susurra Aiden- amigos…

El joven Miller comienza a reír y hay algo en esa risa que más parecería un lamento que no puede convertirse en llanto, que te molesta realmente. Sientes una ira insensata nacer dentro de tu pecho porque ¿qué sabe él? ¿Qué sabe Aiden Miller de amor si ha perdido la mitad de su vida amándote sin esperanza alguna como un estúpido?

-¿Por qué dices que Blaine "cree" que me ama?- dices tú a quema ropa, impulsado a hablar por esa rabia que la risa del joven Miller te provoca- ¿por qué dices eso, Aiden?

- Porque no eres sólo tú el que puede engañarse a sí mismo de forma magistral- dispara el joven Miller sin piedad- tú y Blaine son excelentes actores, de eso no me queda la menor duda pero ¿sabes? Él al menos tiene la decencia de respetarte, de seguirle fiel a una fantasía que no durará mucho tiempo porque ¿tienes idea de lo que pasa con todas las mentiras del mundo? Siempre terminan por caerse a pedazos, no importa si llegaste a creértelas de verdad, no importa si no quieres enfrentarte a la realidad, siempre tienes que hacerlo y… ¡Vete ya! Vete antes de que diga más y seas tú el que me odie para siempre pero… bueno, eso sería un avance, el odio sería la única emoción genuina que sentirás por mí en toda tu vida…

-Aiden- dices tú helado de pronto por la tristeza que embarga al joven de los ojos grises- por favor Aiden, no digas eso.

-Vete…- dice él sin dejar lugar a replica- vete y haz lo que tengas que hacer, mañana volveré a ser tu pañuelo de lagrimas, pero hoy no, hoy no tengo energías para hacerlo.

Aiden deja la habitación sin voltear a mirarte ni un solo segundo y tú no puedes hacer otra cosa más que quedarte ahí de pie, sintiendo las palabras de tu amigo como un montón de cuchillos incrustándose en tu de por sin temerosa alma.

Lo que dice no puede ser verdad, no. Blaine te ama, él te lo dijo ayer, te lo repitió mil veces en el día pero… ¿por qué las palabras de Aiden parecen estar tan llenas de verdad, de esa verdad que uno hubiera deseado no conocer jamás? ¿Por qué de pronto sientes que no es tu engaño lo único que puede romper con tu dicha?

Kurt Hummel… el nombre aparece dentro de tu cerebro y la resonancia de esas palabras es la que te empuja a moverte del apartamento de Aiden. Corres directamente a la habitación del joven Miller, te cambias con premura y sales de ahí sin decir nada más a tu amigo, un amigo que dejas ahí con el alma hecha pedazos como casi siempre pero ¿qué más puedes hacer? Aiden siempre ha sabido que cualquier cosa que vaya más allá de la amistad entre los dos será un imposible. Además, en estos momentos hay algo más que te preocupa y eso es Blaine, eso es perderlo a él, eso es dejar que Kurt te gane la batalla, algo que no permitirás.

Así que abordas el auto y conduces a tu casa, a tu verdadero hogar. Cuando llegas, estacionas el auto como puedes sin detenerte a pensar en algo más que no sea llegar ante Blaine y abrazarlo deseando con todo el corazón que él no note nada del desasosiego que te invade. Subes las escaleras de dos en dos y al llegar a la puerta de tu apartamento, la abres como si en realidad quisieras derrumbarla.

Corres a la sala pero no hay nadie ahí y temes que él esté con Kurt de nuevo. Sigues tu camino hacia la habitación que compartes y vuelves a respirar con calma cuando lo ves acostado en la cama, durmiendo a lado de Lego que tampoco nota tu llegada. Miras su rostro y la paz que lo inunda se clava en tu corazón como una estaca porque sabes que si algo sale mal sólo podrás transformar esa paz en dolor y te odias por ello. Sin embargo, Blaine no sabe nada de eso, y no lo sabrá, solo duerme…

Duerme. Duerme tan ajeno a todo que te parece un crimen despertarlo. Te acercas un poco a él y notas que una sonrisa dulce curva sus labios dormidos, unos labios que te han besado mil veces, unos labios que te han enseñado en un solo beso lo que es ser feliz. Sin que puedas evitarlo, tus dedos trazan esa curva feliz y cuando tus dedos sienten su suavidad el engaño y la traición a ellos se hace más tangible, quema en tus dedos que tocaron otra piel, se hace presente en el recuerdo de la noche anterior que no debió pasar y que sin embargo te atormentará para siempre.

Él no despierta y agradeces que no lo haga porque morirías si él pudiera notar toda esa culpa en tu rostro. No sabes cómo pero la férrea voluntad de hacer como si nada hubiera pasado se desvanece en un solo segundo, y sin embargo, vuelve a tomar fuerza dentro de ti al pensar que la otra alternativa, la de ser sincero, sólo puede hacer que lo pierdas y tienes que aferrarte hasta la última de tus esperanzas y eso harás.

Tus dedos recorren ahora sus rizos negros, sienten su suavidad y se recrean en el color azabache que los rodea. Amas a ese chico dormido que sueña ahora libre y feliz del mundo real que no puede darle más que preocupación y dolor. Un dolor que tú prometiste que nunca volvería a conocer, un dolor, que si es cierto lo que Aiden dice, causarás sin que puedas ya remediarlo. En medio de ese pensamiento, te das cuenta de que Blaine abre los ojos y mientras sus pupilas se acostumbran a la luz un escalofrío recorre tu espina dorsal.

Cuando sus ojos están totalmente abiertos a la vida, se quedan fijos en ti con un poco de miedo. Blaine teme y ser consciente de ello te hace sentir peor porque Blaine se siente culpable, Blaine siente que te ha fallado. Y la constancia de que fuiste tú el de los dos quien más daño hizo te hace querer salir y darte de topes con la pared. Pero no lo haces, sólo clavas tus pupilas color esmeralda en él, en él que no sabe qué decirte ni cómo decirlo porque tiene miedo, miedo de que le digas que todo ha terminado, miedo también de ser libre y de tener ganas de correr a ese lugar a donde siempre ha pertenecido pero al que no irá nunca si lastimarte es la única opción que tiene para acceder a él.

-Me quedé dormido- dice al fin, incorporándose lentamente mientras Lego protesta al sentir que alguien intenta despertarlo.

-¿Fue un ensayo agitado?- dices tú sin saber cómo es que tu voz sale tan natural cuando tu estomago sigue revuelto de frustración y vergüenza.

-No mucho…- dice él apartando la vista de ti- Kurt y yo ensayamos el dueto del penúltimo acto.

-¿Él cantó contigo?- dices con los ojos abiertos por la sorpresa.

-Sí…- dice Blaine sin poder evitar sonreír dulcemente al recordar ese momento- nadie podía creerlo pero él cantó, cantó como nunca, fue algo… hermoso.

Miras el rostro iluminado de Blaine y las palabras de Aiden Miller vuelven a tomar sentido. Y es que el rostro del joven Anderson brilla tanto que tu alma entiende de pronto que toda esa luz viene de una verdad escondida en lo más profundo de su ser, una verdad en la que no estás incluido…

-Que bueno…- dices tú con gesto abatido, cosa que no pasa desapercibida para Blaine.

-Perdóname…- dice él mirándote a los ojos, tomando tus manos entre las suyas- perdóname por decir esto pero así fue. Perdóname por dejarte ayer así, sé que no lo entenderás pero era necesario. Perdóname Sebastian, desde que llegué aquí tú has sido la única persona que no me ha abandonado, la única persona que me ha hecho feliz y yo no tengo el derecho de hacerte daño de este modo. Perdóname Seb, de verdad perdóname, sé que fui un tonto pero… ya no quiero que estés triste, comprendo que no hayas querido verme después de lo que hice pero, no quiero que sufras, no quiero que pienses que no me importas porque no es cierto, me importas mucho, te amo Sebastian y si tú también sientes lo mismo…

-Lo hago- dices tú sin poder creer que tu cobardía sea tanta que aceptarás esas disculpas sabiendo que el único que debería estarse disculpando eres tú- y no sigas diciendo nada, yo también fui un tonto. Estaba celoso Blaine, sólo fue eso y si no llegué a dormir aquí fue porque… porque no quería continuar diciendo estupideces, necesitaba tiempo para… para pensarlo todo.

-¿Entonces me perdonas?- dice él con sus pupilas color avellana brillando con autentica alegría.

-No hay nada que perdonarte…- dices tú abrazándolo con fuerza- Blaine…

-¿Qué pasa?- dice él sin alejarse ni un solo milímetro de ti.

Tú tomas su rostro entre tus manos y miras sus ojos de forma profunda. Pensabas preguntarle qué hizo con Kurt pero eso en realidad no importa. Lees en sus pupilas que no pasó nada, que él hizo exactamente lo que dijo que haría: estar con él, ayudar a su amigo. Una nueva oleada de nauseas hacia tu persona te invade pero te encargas de ahuyentarla besando esos labios que reciben a los tuyos con el mismo húmedo calor de siempre. Y aunque ese beso es un beso amargo porque sabes que buscaste en otros labios la misma dulzura sin encontrarla realmente, no te importa. Sigues besándolo, sigues acariciándolo respondiendo con tus manos la pregunta que te hizo.

¿Qué pasa? Pasa que no quieres perderlo y que serías capaz de empeñar tu vida entera con tal de volver a ese momento en el que pensaste en encontrar la misma pasión en otra persona y hacer que no suceda. Pasa que no quieres que se aleje de ti, que no quieres perderte esa dicha, la dicha de hacer que su cuerpo se estremezca debajo del tuyo, pasa que no quieres dejar de escuchar su voz repitiendo tu nombre en un concierto de suspiros, jadeos y gemidos. Eso es lo que pasa, que sólo ahora puedes entender cuanto lo amas, algo que al parecer olvidaste ayer por la noche. Pasa que sabes que eres un estúpido pero que eso no cambiará nada…

Después de haber recorrido el cuerpo de Blaine una y mil veces, el joven vuelve a dormir abrazado a ti, escondiendo su rostro en tu pecho como siempre lo hace. Tú miras la luna brillando en el cielo, iluminando la habitación, iluminando tu temor también.

Porque algo en el aire te hace sentir asustado de muerte, sabes que esa tensión sólo puede significar que algo malo pasará. Y sin embargo, sigues acariciando el cabello de Blaine como si del ir y venir de tus manos entre sus rizos dependiera que las sombras se alejaran de tu camino. Sabes que no podrás dormir esta noche, sabes que la luz del día en vez de alejar el temor sólo lo aumentará, es un terror inexplicable. Y sin embargo, la respiración acompasada de Blaine que hace subir y bajar su pecho desnudo te hacen pensar que quizá, aunque las sombras sean muchas, aún haya para ti un poco de luz que pueda cambiarlo todo o… tal vez no.


Sólo Blaine y Sebastian han llegado. Los viste llegar desde hace unos minutos y el que hayan llegado de la mano, sonriendo de nuevo como la feliz pareja que han sido todos estos meses en realidad no te importa. Sabes que eso no durará, sabes que la aparente calma de los dos chicos que están en el escenario preparándose para el ensayo, es sólo esa calma que precede a la tormenta. Una tormenta que ha sido anunciada desde hace tiempo y cuyos grises nubarrones te hacen sonreír con calma aunque tú quieras evitarlo, y es que, aunque sabes que la corriente podría arrastrarte a ti también, tienes que correr el riesgo. Finalmente, estás seguro de que el fin justifica los medios.

Media hora después de que tus actores principales llegaron, ninguno de los otros jóvenes bailarines y actores parece querer llegar al ensayo. Eso tampoco te preocupa, sabes a qué se debe esa demora y vuelves a sonreír cuando tus ojos observan el folder amarillo que descansa sobre tu escritorio. Dentro de ese folder se encuentra el principio del fin de todas esas risas bobas que se oyen en el escenario, de todas esas miradas llenas de paz y de un amor tan tibio y falto de fuerza que tu corazón se estremece con renovado jubilo al saber que bastará sólo lo que has planeado hacer para romperlo.

Por ello, no puedes evitarlo más y decides salir de tu despacho. Caminas hacia el escenario donde los dos jóvenes, sentados el uno al lado del otro, disfrutan los últimos minutos de su mentira y cuando Sebastian besa los labios de Blaine, haciendo que el pelinegro sonría en medio de ese beso, algo te dice que eres el único testigo de aquello que sin duda alguna será la última vez.

Justo cuando llegas al escenario, algunos de los bailarines entran también dirigiéndote una mirada de disculpa absoluta a la que tú respondes con un asentimiento comprensivo que sólo aumenta la confusión de sus ojos, que, después de tener tu aprobación se dirigen lentamente y sin discreción alguna hacia la feliz pareja que, interrumpiendo un momento con su idilio, se pone de pie al mismo tiempo.

Tú eres consciente de cómo todos los chicos miran a Sebastian con una mezcla de incredulidad y admiración, sí, admiración, porque en ninguno de ellos puede haber el entendimiento suficiente para poder comprender cómo Sebastian puede estar tranquilo habiendo hecho lo que todos ellos saben ahora que hizo.

Y al darte cuenta de esas miradas, al ver cómo todos los bailarines evitan el saludo jovial del joven Smythe y sus ojos se llenan de lástima al contemplar al joven Anderson, sabes que todo va bien, que el mundo sabe qué clase de persona es Sebastian Smythe ahora y que inevitablemente, en unas horas, en minutos quizá, Blaine también lo sabrá… Blaine…

Tus ojos se quedan fijos en él. El pelinegro se ha puesto serio de pronto y aunque temes por él también, no puedes evitar pensar que se ve adorable cuando está nervioso. Sus ojos van de un lado al otro de los bailarines, que esta mañana no se han detenido a saludarlo jovialmente como siempre lo hacen. Él siente sus miradas confluyendo en él, Blaine sabe que es el tema de conversación de todos esos susurros que tratan de ser discretos y que fracasan miserablemente en el intento.

Blaine se acerca un poco más a Sebastian que empieza a verse inquieto también, sus ojos verdes se llenan de temor porque algo pasa, el ambiente está tenso, lleno de estática, lleno de un viento gris y frio que se cuela por todo su ser. Él voltea a mirarte y tú le dices con la mirada que no sabes nada, que lo único que estás esperando es a que todos lleguen para que el ensayo pueda empezar. Él sonríe y acerca a Blaine a su lado, y al hacerlo, la sonrisa en sus labios vuelve a aparecer. Tú también sonríes al contemplar la escena. Antes viste el último beso. Apostarías la mitad de tu vida al decir que aquella es también una de las últimas sonrisas de Sebastian al lado de Blaine.

Segundos después, el ruido de unos pasos llegan hasta los oídos de todos. Se tratan de unos pasos fuertes, apurados, llenos de un enojo que se deja traslucir en la intensidad con la que están siendo dados. Tú diriges la mirada hacia la delgada silueta que produce tanto ruido y al contemplar el rostro sin color de Sophie Miller, al ver en sus ojos una rabia explosiva que se deja sentir en todo el escenario, sabes que ella traerá de alguna forma, la primera ventisca del huracán que desataste, aunque bueno… no vas a ser tan modesto como para tomar la entera responsabilidad de lo ocurrido porque, tú sólo diseñaste el campo de juego, fue Sebastian, quien gracias al cielo, se prestó a jugar aquello con admirable desempeño.

La joven Miller llega ante Sebastian y aunque él sonríe al observarla, sin darse cuenta del estado de total furia que parece mover a la chica, un ruido seco y el sonido de varias respiraciones contenidas llena el escenario: Sophie Miller acaba de estrellar sobre el rostro de Sebastian una dura bofetada, un golpe lleno de enojo, de coraje y de una tristeza tan enorme que sólo puede venir de un corazón destrozado como el de ella.

-Te odio…- dice ella con voz firme a pesar del temblor que la rabia le imprime a su cuerpo y de las lágrimas que caen sobre sus mejillas oscuras- te odio Sebastian Smythe, primero mi hermano, primero él y luego… eres despreciable.

Todos miran la escena y tú intentas no aplaudir, intentas en serio no sonreír complacidamente ante el gesto asustado y sorprendido de todos los presentes, estás de verdad conteniéndote para no reír a carcajadas de pura satisfacción. Tu rostro se mantiene impasible y vacio de toda emoción mientras caminas hacia Sophie y la sostienes en tus brazos. Blaine se acerca también a Sebastian que sigue sin poder entender ni un solo detalle de lo que está viviendo. Es obvio que los chicos de la obra entienden y aprueban la actitud de Sophie, todos saben lo que está pasando menos la feliz pareja, menos ellos que siguen buscando en la chica que llora una explicación a todo aquel ambiente pesado y triste.

-Exijo que expliques tu comportamiento, Sophia- dice Sebastian apartándola de ti que no opones resistencia, obligándola a mirarlo a los ojos.

-Suéltame, grandísimo imbécil- dice Sophie con verdadera fiereza- tú a mi no vas a exigirme nada ¿entiendes? El golpe que te di no cubre apenas una de las lagrimas que mi hermano ha llorado por tu culpa ¿sabes en qué estado lo dejaste ayer? Si no fuera porque llegué a su departamento en la noche, estoy segura de que Aiden no seguiría vivo, pero eso a ti te da igual ¿no? Tú tienes tu cuento de hadas, un cuento de hadas que por cierto, has destruido también. No te bastó con romper a Aiden ¿verdad? También a Blaine, también a mí, también a todo aquel que sea tan estúpido como para creerte…

La muchacha se suelta de las manos de Sebastian que ante sus palabras han perdido la fuerza. No, piensa él, mientras Sophie revuelve su bolso e ignorando su gesto preocupado, saca una revista de él y camina lentamente hacia Blaine quien sólo siente a su corazón latiendo a mil por hora. Él no entiende mucho de las palabras de Sophie.

Él sólo sabe que Aiden está muy mal, muy triste y no puede evitar pensar que también es su culpa. Cada paso nuevo de Sophie hacia él aumenta los latidos en su pecho ¿por qué esa chica dijo que Sebastian lo había roto también? Eso no pasó, Sebastian sigue siendo lo mejor para él, lo que él eligió, lo que él seguirá defendiendo a pesar de todo, a pesar de que…

Sophie le entrega la revista a Blaine quien baja sus pupilas color avellana hacia la portada perdiendo el color de su rostro en un segundo. Luego, los ojos de Blaine vuelven a subir y se encuentran con la mirada llena de dolor de la joven Miller quien vuelve a llorar con renovada energía al ver el gesto descompuesto de la cara de Blaine. El chico pelinegro, vuelve a dirigir sus ojos hacia la fotografía que exhibe a Sebastian en una posición nada decorosa con otro hombre, un hombre que Blaine saludó aquella noche, un hombre que le sonrió amablemente y rio con él y con Sebastian. Sus ojos quisieran no ver más pero no pueden retirarse de aquella imagen: el cuerpo de Sebastian es el mismo que aparece en la revista siendo tocado por otras manos, sus labios, esos labios que lo hicieron suyo apenas hace unas horas, fueron de otro y ahora todos lo saben.

Blaine siente que se hunde lentamente en un abismo del que no podrá salir jamás, un abismo sin fondo, una nada eterna e infinita que lo rodeará por siempre. Siente que el aire se escapa de sus pulmones, siente un asco horrible revolviendo su estomago. Siente que muere, que su corazón se niega a latir porque es el único modo de soportar tanto dolor. Lo engañaron sí, pero lo que más parece dolerle en ese instante es saber que él engaño más grande fue obra suya. Tú observas su gesto serio y quisieras correr hacia él y abrazarlo, prometerle que todo estará bien y sin embargo, te quedas inmóvil. El sufrimiento de Blaine es tanto y tan silencioso que te congela, todos parecen estar congelados.

Sebastian empieza a caminar hacia él, tratando de buscar un remedio a todo a pesar de que sabe que no lo habrá.

-Blaine, no…- dice él caminando hacia el joven pelinegro que no lo mira, que ni siquiera parece escucharlo.- esto no es lo que crees, esto…

-Sophie…- dice Blaine con una voz que suena helada- ¿cómo está Aiden?

-Mal…- dice la chica, ignorando también la presencia de Sebastian- mezcló alcohol con somníferos, fue una combinación casi mortal, Blaine. Aiden esta inconsciente aún, papá está con él en el hospital pero… no sé qué sucederá.

-Ve con él Sophie- dice el joven Anderson acercándose a ella- estoy seguro de que Kurt lo entiende ¿verdad?

Tú miras los ojos de Blaine, el color avellana está apagado, distante, lleno de sombras que le roban su brillo. No puedes hacer otra cosa más que asentir. No podrías agregar nada. Sabes que tu plan funcionó pero ahora no sientes que haya sido tan buena idea. Y es que el dolor de los ojos de Blaine también te duele. Pero tienes que soportarlo, tienes que repetirte una y mil veces que ese dolor es necesario, que la lluvia que los envuelve ahora es sólo una condición para que después puedas mirar el arcoíris en el rostro de Blaine.

-No, claro que no importa Soph- dice Kurt acercándose a ella- ve al hospital, podemos arreglárnoslas aquí.

La joven Miller asiente enérgicamente y regalándole a Sebastian una última mirada de desprecio, camina rápidamente hacia la salida del teatro. Eso los deja a ti, a Sebastian y Blaine formando un extraño grupo que no sabe qué decir o qué hacer con todo lo que ha sucedido en los últimos minutos. El murmullo de los bailarines crece un poco más en intensidad, todos están a la espera de más gritos, de más reclamos pero el silencio sigue insistiendo en querer quedarse. Silencio, sólo silencio y angustia es lo que puede respirarse.

-Puedo suspender el ensayo si eso quieres, Blaine…- dices tú mirando al pelinegro que sigue con sus ojos clavados en el suelo, incapaz de moverse, incapaz de respirar porque incluso el aire que envuelve sus pulmones parece dolerle.

-No…- dice él, mirándote a los ojos directamente- el show debe continuar, esa es la primera regla del teatro y eso haremos.

Blaine respira profundamente y camina hacia el centro del escenario captando la atención de todos en un solo instante. El joven no mira a Sebastian y la revista que Sophie Miller le entregó yace ahora abierta por la mitad frente a tus pies. Tú lo miras alejarse también, Sebastian parece estar a punto de morir pero ya no hay nada que pueda hacerse. Tú levantas la revista y sin ponerte a pensar en ello, la pones en las manos de Sebastian quien te mira como esperando un reclamo que tampoco llega.

Tú no tienes nada que decirle, puede sonar horrible, pero en ese momento sólo quieres abrazarlo por haber cedido a los encantos de Alex Taylor, sin embargo, tienes aún la suficiente fuerza de ánimo para observar las imágenes con aparente sorpresa y mirar a Sebastian con desprecio e incredulidad.

Dejas al rubio envuelto en la más completa y absoluta miseria que un ser humano pueda ser capaz de sentir y caminas hacia tu sitio en el palco de dirección, el ensayo tiene que continuar, eso lo sabes. Respiras profundamente antes de dar las primeras instrucciones y hacer que los bailarines tengan al menos un momento de calentamiento antes de lo que será una larga jornada de canto, baile y actuación que habrán de sobreponerse al drama de la vida real para darle vida al drama de la ficción.

Miras a Sebastian tratando de acercarse a Blaine, alejándose después al no saber cómo demonios disculparse, cómo decirle que aquello fue sólo un error. Y es que, ¿cómo puedes decirle a alguien que te perdone por destruirlo? Hay cosas en la vida que a veces, están más allá de todo perdón.

No sabes cómo es que lo hace, pero Blaine puede actuar de forma magistral a lo largo del ensayo. Aunque sus ojos a veces se llenan de un color opaco, aunque en las escenas graciosas de la obra su sonrisa no alcanza a iluminar su mirada, el chico puede hacerte sentir el amor que Anthony siente por Elliot. Incluso, es Sebastian quien más errores ha cometido pero, a pesar de las cosas que han vivido, los dos están entregándose como actores en el escenario.

Todos pensarían incluso que él y Blaine siguen amándose, que esa sonrisa feliz después de besarse es no sólo la de sus personajes sino la suya propia pero ellos dos saben que no es cierto. Que su amor no fue ni por asomo tan fuerte como el de los personajes que creaste, que su amor no existió realmente y que la única forma de volver a hablar de amor entre ellos será a través de esa obra en la que a pesar de que el amor de Anthony y Elliot triunfa, no pasará lo mismo en la vida real.

El ensayo se termina y ves a Blaine salir del teatro rápidamente. Sebastian corre detrás de él pero el pelinegro no se detiene, no quiere escucharlo. No, no quiere oírlo, no aceptará ninguna explicación y lo sabes. Así que mientras la soledad del teatro vuelve a envolverte no sabes si Blaine querrá escucharte a ti pero… el primer paso para poder recuperarlo está dado por fin y has de seguir adelante porque en contra de toda posibilidad, estás más cerca de poder habitar con Blaine en aquella casa de lego que día a día parece solidificarse un poco más…


Has salido del hospital. La sonrisa de tus labios es tibia y no alcanza a iluminar tus ojos pero te sientes un poco más tranquilo ahora caminando por el parque. Te hubiera gustado que Lego estuviera paseando contigo, pero tuviste que dejarlo solo en casa si querías pasar a visitar a Aiden. Suspiras con un dejo de cansancio al pensar en el joven Miller. No sabes qué pudo pasar entre él y Sebastian, pero de algún modo puedes entender que Aiden se cansó, que su corazón por fin terminó por romperse y tú sabes lo que es eso.

Esa daga que parece estar clavada en tu alma desde hace más de tres semanas parece hundirse dentro de ti con fuerza renovada. Más que el dolor del engaño en sí, es la lástima que te rodea en todas las miradas de la gente que te conoce lo que te hiere de forma más profunda. Nunca te ha gustado sentirte la víctima, nunca has soportado que la gente sienta la necesidad de ser suave contigo por tener miedo de decir algo que pueda molestarte y arrastrarte a una depresión sin final, pero, vamos, sólo estás triste, no acabado porque sí, le apostaste todo a una persona que no supo valorar lo que le habías entregado, bueno, no es el fin del mundo.

Antes de Sebastian, aquello ya había pasado. Creías haberte enamorado profundamente y resultaba que la persona que resultaba diferente ante tus ojos era uno más, sólo un ser humano más que no pudo contentarse con lo que tú eras, que no confió en ti, que te dejó expuesto a la humillación pública pero nada más. Claro que duele, claro que dolió terriblemente el descubrirlo una vez más pero eso es todo.

Sí, sabes que todos te tienen lastima y odias eso, es eso lo que más te molesta y aunque tu coraje debería dirigirse completamente a Sebastian hay algo que no te permite odiarlo como se supone que tendrías que hacerlo. Si odias a alguien en este momento es a la prensa que aún no se cansa de vender a quien quiera saberlo, la noticia de tu romance frustrado que se une a los chismes de la ruina de la obra y al que debes añadir ahora, la brillante idea de promover el video completo de la "noche de infidelidad" de Sebastian Smythe que circula ahora por todas las páginas web del mundo. Es una estupidez, lo sabes. Pero tanta atención puesta en ti te hace sentir enfermo y aunque todos los ojos del mundo se posen en tu piel te sientes extrañamente solo. Sí, solo…

Es hasta ahora cuando te das cuenta que tu única compañía en Nueva York era Sebastian, que aunque eras amable con todos siempre estabas a su lado, que él nunca se separaba de ti ni un solo momento y quizá extrañes eso. Quizá extrañes la idea de tener a alguien a tu lado, quizá extrañes la sensación de saber que había alguien en casa con quién hablar después del trabajo, un amigo, un compañero, también… un amor.

Amor… no puedes evitar suspirar. Hay algo en toda esta situación que te preocupa sobre manera, una cosa que no te has atrevido a hablar ni siquiera contigo mismo: en realidad, más que hacerte sentir deprimido, el engaño de Sebastian te ha hecho sentir aliviado, libre… en paz. No sabes a qué se debe eso, pero no te habías dado cuenta del enorme esfuerzo que suponía amar a Sebastian y es precisamente eso lo que te hace sentir asustado y culpable de algún modo porque ¿cuándo amar a alguien ha supuesto un esfuerzo?

Y pensar en eso hace que cuestiones tu verdad, pensar en ello te hace creer que tu madre tenía razón, que te has esforzado todo este tiempo tratando de sostener una mentira que no te llevaría a ningún lugar más que al sitio en el que estás ahora: solo, agobiado, sin saber cómo continuar con tu vida de forma que esta vez no tengas que mentirte.

Quizá por eso no has querido hablar con Sebastian, ni con nadie. Es cierto que el rubio no se cansa de buscarte desde hace unos días, no se cansa de llamarte, de seguirte después de los ensayos repitiendo una y otra vez las mismas cosas que no quieres escuchar porque nada de lo que él diga tiene sentido. Sabes que no podrías volver con él por una sencilla razón: todo el amor que antes creías sentir se ha esfumado con una facilidad abrumadora, se ha ido de tu corazón de forma tan sencilla que te asombra en la misma medida en la que te apena. Y aunque a veces te duela asimilarlo, sabes que es así. Te obligaste a amar a Sebastian y lo que todos ven como el trágico final de una historia de amor para ti es… ¿qué es para ti Blaine?

Sigues caminando por el parque y al levantar la mirada del suelo te encuentras de frente con la figura de Kurt Hummel. Él también te ha visto y una sonrisa tranquila, tan distinta a las sonrisas de los otros que están llenas de una compasión innecesaria, se extiende por sus labios y en un segundo que se hace eterno, que se extiende en el infinito como si tratara de que leyeras en él algo que no podrías entender a simple vista, sabes que él, que Kurt y sus ojos azules esconden una respuesta para ti, que ellos siempre han sabido algo que tú sin saber a ciencia cierta por qué, dejaste escapar hace tiempo, en esos días en los que creías que Kurt, que tu Kurt había desaparecido para siempre y sin embargo, en ese segundo, en ese instante en el que vuelves a mirar sus ojos reflejándose en los tuyos, sabes que Kurt Hummel está más vivo que nunca.

-Así que aquí estás…- dice él sin dejar de mirarte- ¿usas tus días libre antes del estreno para pasear por la ciudad?

-Sí…- dices tú sin poder creer que él hable de esa forma contigo.

Él sonríe con una alegría que te resulta contagiosa y empieza a caminar contigo en silencio, no dirá nada, eso lo sabes. Sólo se limitará a estar ahí, sin preguntarte nada más, sin pedirte que llores a mares sobre su hombro. En realidad, ahora que lo piensas, Kurt ha sido la única persona que te ha tratado como alguien normal en todos estos días.

Es cierto que los ensayos con Sebastian han sido una tortura por la incomodidad que te produce estar cerca de él, pero para Kurt eso no importó. Él dejó muy claro que los problemas personales de los actores se quedan en la puerta, y que no deben de afectar en modo alguno la historia que representan. Y aunque se te ha ido la mitad de la vida en ello, lo has logrado.

Sebastian y tú siguen haciendo una presentación perfectamente convincente, nadie notaría que de hecho ya no son esos amantes apasionados que eran antes, nadie nota nada extraño. Quizá por eso tampoco tú notabas algo antes: eres tan buen actor, que a veces puedes engañarte a ti mismo de forma magistral hasta olvidarte de quién eres, de lo que en verdad sientes…

Es cierto también que en todas estas semanas apenas has estado cerca de Kurt, que también lo has evitado. Pero también te daba miedo. Temías terminar afectándolo más con tu tristeza, con tu desilusión. Temías también, depositar en él un dolor que él no necesita, menos ahora que parece tan tranquilo, tan confiado, tan amable, tan él como siempre quisiste que pudiera ser. Suspiras pues al tenerlo cerca ahora. Él voltea a mirarte y sus ojos se oscurecen un poco al mirar tu rostro cansado, tus labios serios que delatan la confusión y la culpabilidad que te rodean. Él evidentemente no puede entender cuáles son tus verdaderos sentimientos, así que piensa que se trata simplemente de la tristeza de sentirte traicionado por Sebastian.

-Ha pasado un largo tiempo desde que hablamos por última vez ¿verdad?- dice él de forma natural- no quiero que lo tomes a mal, Blaine, pero… te he extrañado.

Tus ojos se levantan hacia su rostro y el latido feliz de tu corazón te hace cuestionar mil cosas nuevamente. Él te ha extrañado, claro, volviste a dejarlo solo cuando le prometiste que ya no lo harías. Lo dejaste, Blaine. Lo dejaste aunque dijiste que te quedarías.

-Lo siento- dices tú un poco avergonzado- perdóname Kurt, no debí dejarte así pero… pasaron tantas cosas, además, creí que no tenía caso tenerte a mi lado cuando todo parecía estar cayéndose a pedazos alrededor de mi… creo que quería salvarte de mí, Kurt…

-Salvarme de ti…- dice Kurt con una sonrisa enigmática- creo que es hora de que dejes de querer salvar a media humanidad y que empieces a pensar un poco más en ti ¿no crees?

Tú sonríes sin poder evitarlo y Kurt se une a tu sonrisa. No sabes cómo lo hiciste, no sabes si fue gracias a ti después de todo, pero verlo así, verlo dispuesto a estar contigo a pesar de lo que pasó es algo hermoso. Te alegras de que él esté tranquilo, de que parezca tener la mirada llena de una esperanza luminosa que parece querer colarse en tus ojos también.

Es hermoso tener a Kurt esa soleada tarde de primavera. Es de verdad un alivio que él haya vuelto a ser un amigo para ti y cuando esa palabra toma forma dentro de tu mente, entiendes que a lo mejor no estás tan solo como creías…

-Tengo la mala costumbre de creer que soy un súper héroe- dices tú sonriendo de forma avergonzada- ¿recuerdas que en Halloween siempre quería ser Robin?

-Y Hailey siempre estaba peleando contigo al respecto- dice Kurt con la mirada brillante- estaba harta de que usaras el mismo disfraz cada año.

Los dos ríen sin poder evitarlo. Desde la vez que cantaron juntos en el teatro, es increíblemente fácil recordar cosas como aquella, recordar que fueron uno solo y que al parecer, aunque ninguno de los dos quiera aceptarlo de una buena vez, siguen siéndolo, mueren de ganas por volver a serlo.

Pero es ahí donde los remordimientos entran robándote la posibilidad de todo ¿qué es lo que te impide mirar a Kurt sin sentir que estarías usándolo para olvidarte de una mentira que no funcionó? No lo sabes, pero mientras el sonríe, parece que ninguno de tus miedos tiene sentido y sabes, que ahora que lo tienes cerca enfrentarás todo eso de lo que andabas huyendo y aunque te sientes un poco intranquilo, te alegra que sea así. Lo único peor que el miedo es la incertidumbre, y de algún modo sabes que ha de terminarse el día de hoy si Kurt se queda contigo el tiempo suficiente. Quizá dependa solo de un segundo, de un minuto, de una hora o de otra de sus sonrisas.

-Siempre intento ser fuerte- dices tú cuando las risas terminan- y siempre termino siendo la doncella en apuros por la que todos sienten piedad…

-No es así- dice Kurt seriamente- eres fuerte, no tienes que intentarlo y… mira Blaine, sé que lo que vives no es sencillo pero, deja que todos hablen, creo que es la única forma de mantenerte cuerdo en medio de tanto ruido. Todos seguirán hablando de ti, todos seguirán suponiendo cosas acerca de lo que piensas y haces pero el único que sabe qué es y no verdad eres tú, no dejes que nadie te robe lo que eres Blaine, no seas como yo…

Él dice eso y sus ojos bajan al suelo. Hace mucho tiempo que Kurt no le daba un consejo a nadie, hace mucho tiempo que no sentía que sus palabras podrían ser útiles de algún modo, pero tu agradeces cada palabra que sus labios han pronunciado porque no se trata de si eso ayuda o no sino que, sabes que él entiende lo que es sentirse acosado, hablado por las verdades de medio mundo menos por la suya propia. Él sabe, nadie más que él puede saberlo.

-Si fuera como tú, el mundo sería demasiado perfecto- dices tú con total sinceridad- gracias Kurt, y perdóname por dejarte solo.

-Necesitabas tu espacio- dice él, sin poder ocultar el efecto vivificante que tus palabras tuvieron en él- perdiste a alguien a quien amabas y… eso no es sencillo.

-No lo es…- dices tú con la mirada lejana.

-Es una pregunta estúpida pero… ¿te lastima mucho?

-No en realidad- dices tú, sincerándote con Kurt como no lo has hecho con nadie- no sé cómo me siento Kurt, sólo sé que el día en que vi las fotografías algo en mi se rompió, algo en mi dolió como nunca antes pero después… después todo fue calma, después todo fue silencio. Creo que ese silencio me asusta porque sólo puedo escuchar a una voz diciéndome que…

-¿Qué?- dice Kurt, sintiendo el latido acelerado de su corazón.

-Que esto tenía que ser así porque…- dices tú sin saber muy bien por qué dices estas cosas- porque aunque no pueda entenderlo ahora, tengo que vivir algo más.

-Eso es muy cierto- dice Kurt sin poder disimular su sonrisa- creo que si he aprendido algo de ti todo este tiempo es que la vida sigue.

-Y vaya que sigue…- dices tú mirando fijamente sus ojos azules.

Son cálidos de nuevo. Te miras reflejado en ellos y no puedes evitar sentirte en paz, como si estar frente a ellos fuera tu destino. Como si estar ahí, en ese preciso instante fuera lo único que tuvieras que hacer para que cada pieza esparcida en tu corazón vuelva a estar donde debe.

-Entonces…- dice Kurt- ¿estás listo para el estreno del domingo?

-Por supuesto- dices tú con una sonrisa segura- será maravilloso Kurt, no dejaré que nada de lo que diga la prensa acerca de mí y de Sebastian lo arruine.

-No lo arruinarás- dice Kurt- nadie puede arruinarlo.

Kurt sonríe de forma confiada y tu corazón responde a esa sonrisa con un latido que parece haberse intensificado los últimos minutos. No lo sabes en realidad pero quizá sea porque ahora ese latido tiene un sentido, una razón que le faltaba y que se dibuja en los labios curvados de Kurt Hummel, y es así como te das cuenta de que en las últimas semanas te habías acostumbrado a sobrevivir, a intentar caminar con la mirada en alto a pesar de los chismes y de las imágenes que seguían persiguiéndote a donde fueras y sin embargo ahora, te sientes vivo de golpe.

-De verdad lamento no haber estado contigo todo este tiempo- dices casi como sin querer decirlo- todo iba bien Kurt, todo iba demasiado bien…

-Sigue bien- dice Kurt con voz confiada- es sólo que… bueno, supongo que a nuestra compañía de teatro le gusta captar la atención de formas… poco convencionales.

-Y vaya que hemos ahorrado en publicidad ¿no? – dices tú tratando de hacer de la situación algo menos trágico - los protagonistas de la obra lo han hecho bien, todos irán a ver la obra preguntándose si podrán superar todo… y qué decir del bailarín principal. Fui a ver a Aiden, está un poco mejor, al menos físicamente, dice que también estará listo.

-Lo sé- dice Kurt con un suspiro cansado- pasé a verlo ayer. Sophie está cuidándolo bien, pero, lo que importa es que el escándalo esta vez fue antes del estreno y no en él, no sé si hubiera podido volver a soportar que alguien…

Las palabras que se atascan en la garganta de Kurt son suficientes para dejarte ver que aún hay fantasmas que nublan sus ojos azules. Eso no puede volver a pasar, de verdad no. Te acercas a él y pones una de tus manos en su hombro haciendo que sus ojos azules confluyan en los tuyos casi con vergüenza. Tampoco él quería decirte eso, pero, a veces le resulta tan fácil hablar contigo de las cosas que no le puede decir a los demás que se dejó llevar.

Él sabe que estás triste y que no es una buena idea añadirle también su propia tristeza pero, tenerte cerca de nuevo, después de haber estado preocupado no sólo por la obra sino por tu silencio, por tu tendencia a alejarte de todo y de todos, es como una bocanada de aire fresco, y lo cierto es que te extrañó cada día. Lo cierto es que en las noches no podía dormir tranquilo pensando que él era parte principal de tu dolor. Porque puedes decirle lo que quieras pero él sabe cómo se siente ser despertado de un sueño que parecía tan real y que sin embargo no lo era.

-Esta vez no pasará nada- dices tú tratando de poner tu alma en tus palabras- no pasará nada salvo que toda la gente que vaya a ver la obra se emocionará con lo que tú creaste. Sin ti esa obra no sería nada Kurt, yo o cualquier otro habría hecho un excelente papel en tu obra simplemente porque es hermosa tal y como tú… como tú querías que fuera. Esta vez la gente va a aplaudirte y si siguen recordando aquel suceso, si es que alguien sigue pensando todavía en él, va a olvidarlo.

-Gracias Blaine- dice él poniendo todo su corazón en sus palabras- pero… ¿cómo puedo pensar en eso si yo soy quien no puede olvidarlo?

El silencio los rodea de pronto. Él tiene razón. Puede ser que haya hablado mucho acerca del asunto, puede ser que poco a poco el dolor haya ido abandonando su cuerpo pero no así el recuerdo, no así ese fantasma que se resiste a irse, pero ¿por qué?

-Lo siento Kurt- dices tú volviendo a caminar lentamente.

-No te disculpes- dice él suspirando- es sólo que, estar tan cerca del estreno, pensar que él podría haber hecho tantas cosas, pensar que yo no pude amarlo como ahora amo a… bueno, es sólo que quisiera poder decirle adiós a todo esto, de una buena vez.

-¿Por qué no se lo dices?

-¿Cómo?- dice él con la mirada sorprendida- ¿cómo puedes decirle adiós a alguien que sólo se fue y…? Blaine, esto no se trata de mí, discúlpame, yo… siempre hago lo mismo, siempre termina siendo todo acerca de mí y sólo quería apoyarte, sólo quería volver a ser un amigo para ti, sólo quería hacerte sentir bien y…

-Lo eres- dices tú con total franqueza- eres mi amigo, estás aquí y eso es suficiente para mí, además, como lo has dicho tú, si se trata de ti, creo que puedo salir de esto y… ven conmigo, tienes que cerrar un ciclo, Kurt, tienes que decirle adiós al ayer, yo sé cómo hacerlo.

Tomas su mano sin pensarlo, sin darte cuenta de ello hasta que tu corazón se pone a cantar un dulce canción que te acompaña en cada paso. Él tampoco dice nada, sólo deja que su cuerpo siga al tuyo, sin preguntarse realmente a dónde lo llevas, sin volver a sentirse culpable por nada, ni por su dolor, ni por el tuyo, ni por el mundo que los rodea ahora, fragante y colorido.

Y es que hay algo acerca de tomar su mano que te hace sentir completo, único, un ser nuevo. Parece que tomar su mano, algo tan sencillo como eso borra de una sola vez tus dudas, tu miedo, todo lo vivido hasta ahora. No dicen nada, simplemente siguen caminando rápidamente entre la gente a la que parece no importarle la fiesta que se desata en tu interior.

Es él, eres tú. Son los dos caminando al mismo tiempo bajo el radiante sol de la primavera, caminando lejos de los altos edificios y del trafico, de la prisa de la gente. Lejos de todo y más cerca el uno del otro porque así es como tiene que ser y no sólo tu corazón sino tu mano, esa mano que sostiene la de Kurt con un sentimiento que va más allá de todo, lo sabe. Tú lo sabes. Y aunque no te das cuenta de ello, todas tus preguntas tienen por respuesta esa cálida sensación que inunda tu cuerpo al sostener la mano y también la vida de Kurt.

Tus pasos se hacen más lentos a medida que puedes ver ya las verdes colinas y largos jardines del lugar al que querías llevar a Kurt: el cementerio de Green-Wood, el lugar donde Kurt te mencionó alguna vez que Jamie fue enterrado.

Él abre los ojos con sorpresa cuando el lugar se hace visible para él también. No entiende por qué están ahí y siente miedo, miedo de tener que enfrentar algo que no quería, miedo de volver a sentir en su piel toda esa culpa que aunque ya no lo ahoga como antes sigue presente para envolverlo con su negro manto.

Pero está contigo y si eso es así, no tiene que hacer más que confiar en la paz de tu sonrisa, en tu paso decidido que sigue guiándolo hacia una de las colinas más altas, allá donde un árbol lleno de tímidos brotes rosados se alza como la señal inequívoca de que el mundo vuelve a la vida y de que sea como sea, la vida tiene su toque de color, tiene cosas por las que vale la pena ser vivida.

Te detienes delante de una sencilla placa que sobresale en la tierra. Está limpia, brilla aún bajo los rayos del sol que poco a poco comienza a caminar hacia el horizonte. El árbol que crece magnifico y fragante dándole sombra al lugar te recuerda que hasta en un lugar como aquel crecen las flores. Miras a Kurt y no puedes descifrar la expresión de su rostro, es una mezcla de miedo y sorpresa. Miedo de estar ahí y ser consciente de nuevo de que Jamie o lo que queda de lo que Jamie fue, sigue debajo de aquella tierra cubierta por verde hierba y una placa que reza:

"Aquí yace James Anthony Audrey, amado hijo y hermano, una estrella del teatro que perdió su vida en la tierra pero que seguirá iluminando desde el cielo"

Kurt cae de rodillas delante de esa placa, pero no dice nada. Sólo mira fijamente las letras ahí escritas y es en ese instante cuando te preguntas cómo era Jamie de verdad, cómo fue su vida. Seguramente son sus padres y hermanos- Kurt te contó que tenía dos- los que mantienen aquel lugar tan cuidado, quizá sean ellos los que dejan siempre aquellas 24 rosas juntas delante de la placa. Una rosa por cada año que Jamie pasó en la tierra, una por cada año que le fue permitido vivir.

Kurt no llora y sin embargo notas que hay algo en su expresión que ha cambiado. Los cementerios son siempre lugares tranquilos, como si de verdad ahí la vida pudiera detenerse, como si estuvieran ahí para recordar que sin importar la agitación de la existencia todos en algún momento hemos de volver a esa infinita paz a la que pertenecemos.

Te acercas a Kurt y vuelves a tomar su mano y él la aprieta un poco, sintiéndose fuerte de nuevo. Él cierra los ojos y las lágrimas que contenía ruedan por su rostro, pero puedes notar que ya no son lágrimas de dolor: son lágrimas de perdón, lágrimas que sólo pueden ser el inicio de un nuevo camino.

-Cuando empecé a escribir Undisclosed desires- dice Kurt después de un largo rato de silencio- no sabía cómo nombrar a mi personaje principal y luego pensé en Jamie. Evidentemente no usaría su primer nombre pero… Anthony, yo elegí ese nombre porque quería darle a Jamie una historia de amor donde a pesar del sufrimiento tuviera el final feliz que yo no pude darle, fue lo único que se me ocurrió y… sé que no remedio nada con eso, sé que su final feliz, es decir, el final que escribí en la obra también es trágico de algún modo pero… fue lo único que pude hacer, la única cosa que me permitió vivir con esto, con la idea de que yo seguía vivo y él…

-Estoy seguro de que él lo entiende, Kurt- dices tú sentándote sobre la hierba, sin soltar su mano- sé que donde sea que él esté, sabe que su destino no estaba en tus manos. Es difícil de entender, pero cada uno de nosotros viene aquí para enseñarle algo a alguien. Quizá él vino a mostrarte que podías ser amado, que sin importar lo que haya pasado en tu vida, siempre habrá alguien que podrá amarte sin condiciones y hasta las últimas consecuencias. Quizá su destino era amarte así, porque era la única forma de que tú lograras entender y aceptar en tu corazón esta verdad.

-Pero ¿por qué así?- dice Kurt- nunca dejaré de preguntarme por qué tuvo que ser así… ¿sabes algo? Ni siquiera vine a su funeral, sus padres no lo permitieron, ni yo hubiera tenido las ganas de hacerlo pero… nunca había venido aquí, en realidad, evitaba pasar cerca de este lugar, pero… me quedé con tantas cosas dentro, Blaine, me quedé con tantas palabras para decirle, con tantas disculpas que ofrecerle y…

-Díselo, hazlo ahora Kurt- dices tú acercándote un poco más a él, cubriéndolo con tus brazos, dándole la fuerza que él necesita para hacer aquello, para despedirse por fin del chico que ya no está pero que de algún modo, será parte de él siempre.

Kurt respira profundamente al sentir tu cercanía. Sabe que es cierto, sabe que aunque parezca una locura tiene que decir por fin ese adiós que no quería decir. Es necesario, no sabe cómo pero está seguro de que Jamie va a escucharlo y de que quizá, sólo quizá, pueda perdonarlo, pueda ayudarlo a perdonarse a sí mismo.

El joven limpia las lagrimas de sus mejillas y tratando de estar un poco más tranquilo le habla al viento, su voz es suave y firme a la vez, es una caricia que atraviesa más allá del infinito y tú no puedes hacer otra cosa más que seguir sosteniéndolo y escuchar todo lo que tenga que decir:

-No sé cómo empezar con esto, Jamie. No sé si yo en tu lugar tendría un corazón tan grande como para escucharme y dejarme en libertad. Yo sé que te hice mucho daño, sólo sé que te destruí de un modo inhumano, que nunca dejé que tu amor me cubriera y me sanara como habría sucedido si te hubiera dejado pero… la vida no valía mucho para mí en ese entonces, no podía valorar mi propia vida, por ello no podía valorarte a ti y sin embargo, me amaste, soportaste todo lo que te hice porque tu amor era fuerte y estaba lleno de fe… y por eso hoy, hoy no quiero que me perdones, porque algo me dice que ya lo has hecho, que en el lugar donde estás sonríes ahora con ternura y tus ojos se llenan de luz y seguramente me dirás "eres un tonto Kurt, no hay nada que perdonarte"… por eso sé que lo único que me queda por decirte es gracias…

"Gracias por haberme amado como lo hiciste, gracias por darme la oportunidad de estar aquí ahora, diciéndote todo esto que debí decirte desde hace mucho tiempo, desde la primera vez que llegaste hasta mi diciendo que me amabas… gracias por ello, pero eso no es todo lo que debo agradecerte, hay algo más…"

Kurt voltea a mirarte tan profundamente que sin duda alguna te quedas perdido en el azul de sus pupilas. Él se suelta lentamente de tu abrazo y hace que te arrodilles en la hierba junto a él. Después toma tu mano y volviendo a respirar profundamente, comienza a hablar otra vez:

-¿Puedes mirarlo? Él es la persona a la que amo, lo amo más que a nada en el mundo, Jamie. Lo conocí cuando éramos niños y desde entonces no ha existido un día en mi vida en el que no haya sentido por él un amor enorme, un amor inexplicable como el que tú sentías por mí. Muchas cosas han pasado ¿sabes? Pero a pesar de que él regresó a mí, a pesar de que él volvió y de que yo lo traté como te trataba aquí, él está a mi lado esta tarde, él está aquí por algún absurdo milagro quizá, pero está junto a mí y eso debo agradecértelo.

"Él está acompañándome porque no quiere que mi corazón siga doliendo. No sé si él me ama, pero ahora me basta con sentir su mano en la mía, me basta con sentir sobre mi piel su mirada sorprendida, me basta con decirle a él frente a ti que yo lo amo y que nada, nada en la tierra podrá cambiar eso. Se llama Blaine Anderson y siempre te reproché no ser como él. Esa es la única cosa que tienes que perdonarme Jamie, que siempre lo estuve buscando en ti… él es la persona que yo amo, quiero que lo sepas ahora porque si me has perdonado, creo que ahora no tendré miedo de repetírselo una y mil veces aunque él me diga que ya no puede amarme como yo lo amo a él… gracias por amarme, Jamie, gracias por llenar mi corazón de esperanza y de amor aunque yo no haya podido entenderlo y de verdad lo siento, de verdad siento que haya tenido que pasar todo esto para que yo pudiera entender lo que un amor de verdad significa…"

La voz de Kurt se pierde en medio del viento dulce de la primavera. No te habías dado cuenta de ello, pero tú también estás llorando, sientes que las palabras de Kurt, su profundidad, su verdad, ese amor del que él habla y el cual tú también sientes se ha colado en todo tu cuerpo, en tu alma que quiere gritar que sí, que lo amas, que él también merece que te disculpes por creer que no era cierto y sin embargo no dices nada.

Simplemente dejas que tus lágrimas hablen por ti, dejas que tu rostro se esconda en el pecho de Kurt que sube y baja tranquilamente. Él lo sabe, sabe que su amor es correspondido y lo que antes lo asustaba ahora ya no importa. Siente que todo ha valido la pena y el que alguien pueda descubrir lo que pasó con Alex Taylor ahora de verdad es nada.

Tú sigues abrazado a él un largo rato. Él acaricia tu cabello y no pide nada más, sólo que sigas ahí, en sus brazos, llorando de dicha, llorando por sentirte amado de ese modo por la persona que siempre soñaste que te amara. Eso es algo hermoso, es hermoso sentir tu corazón lleno de vida y de dicha, es hermoso dejar de vivir una mentira. Sientes el corazón lleno de Kurt, respiras su aroma, sientes el latido de su corazón en tu oído y te sientes feliz, quieres que todo el mundo sepa que lo eres.

Después de un rato, tú diriges tu mirada a su rostro y lo tocas tímidamente. Él sonríe y limpia tus lágrimas sin dejar que su sonrisa se nuble, él también se siente dichoso. Tú te levantas lentamente y vuelves a abrazarlo, besas su cabello, su frente… él también se levanta y sabiendo que tú también te has rendido a las evidencias de lo que les pasa, vuelve a tomar tu mano y es él ahora quien te guía a otro lugar, lejos de aquel cementerio y la paz donde has encontrado a tu amor de nuevo. Lejos del recuerdo de Jamie, lejos del dolor.

Un viejo café los recibe después de caminar un poco más. La tarde apenas empieza y no hay mucha gente en ese lugar. Sólo un par más de personas que buscaban un refugio. Tú no sabes lo que Kurt y tú están buscando, quizá sólo un lugar donde el silencio siga rodeándolos. Sí, silencio, porque las mejores declaraciones amor son las que no se hablan, las que se saben al verlas reflejadas en la mirada del otro y para ti aquel parece un mundo nuevo. El mundo al que tú perteneces, al que siempre has pertenecido.

Kurt se sienta cerca del escenario donde un hombre joven de largo cabello negro toca con autentica maestría una guitarra destartalada que te hace pensar que debe ser un instrumento sobrenatural si puede producir ese sonido. Kurt sonríe al escuchar la melodía que el joven produce y sin que tú sepas bien por qué, vuelve a tomar tu mano antes de que si quiera puedan ordenar algo y te lleva con él a la desierta pista de baile del lugar.

Él te atrapa y hace que tu cuerpo se mueva al compas del suyo, al compas de esa suave melodía que parece estarse repitiendo sin parar y tú dejas que todo gire porque es así como debe de ser, el mundo es el mundo que tú quieres que sea el día de hoy.

Kurt apoya su cabeza sobre tu hombro y escuchas que su voz comienza a tararear lentamente la melodía de la canción que el chico de la guitarra sigue tocando sin final… después, el tarareo se transforma en letra y sientes los labios de Kurt cantando sobre tu oído de una forma tan bella, que quisieras pedirle que nunca deje de hacerlo:

If I fell in love with you would you promise to be true and help me understand.

Cos I´ve been in love before and I found that love was more than just holding hands.

If I give my heart to you I must be sure from the very start that you would love me more than him.

If I trust in you, Oh please don´t run and hide.

If I love you too oh please don´t hurt my pride like him.

Cos I couldn´t stand the pain and I would be sad if our new love was in vain.

So I hope you see that I would love to love you…

If I fell in love with you…

La canción se pierde en tu oído como el mundo alrededor. A partir de ese momento el seguir girando con Kurt en medio de la nada, en medio de ese viejo café donde no hay nadie más que ustedes y esa melodía repitiéndose es todo lo que existe, todo lo que para ti puede significar algo. Sólo hay eso y la constancia de que se pertenecen mutuamente. Sólo eso y la seguridad de que ya no hay nada que temer y de que si el mundo va a decir algo en contra de ustedes y de lo que sienten se pueden pudrir en el infierno, pueden intentar destruir algo que nunca podrán tocar en realidad.

No sabes en qué momento pasó todo en realidad, pero en medio de los giros te encuentras en el departamento de Kurt. Él lleva puesta en sus labios la mejor de sus sonrisas cuando se sienta a lado tuyo en el sillón de la sala. Tú pareces estar hipnotizado por esa sonrisa, por esos ojos que te miran diciéndote que eres su dueño y que al mismo tiempo les perteneces y les seguirás perteneciendo para todo la vida y más allá de ella.

Él te mira fijamente y tú vuelves a tomar su mano. La estrechas y después empiezas a acariciarla con tus dedos, sin miedo, sintiendo su suavidad y su calor. La sonrisa de Kurt se ensancha un poco, pero no dejas de tocarlo, no podrías. No, porque la suavidad y el calor de su piel son una realidad ahora, porque esas manos son tuyas.

-¿Vas a quedarte?- dice él sin apartar tus dedos de su piel.

-Sí…- dices tú, incapaz de decir otra cosa.

-Entonces debo preparar la habitación de huéspedes…

Kurt intenta levantarse pero tú no lo dejas. Tomas su mano y lo acercas a ti, tan cerca, que puedes escuchar de nuevo el sonido agitado y feliz de su corazón. Tú sabes que aquella cercanía es una silente rendición ante él, ante el amor que te provoca, ante la felicidad infinita que significa poder amarlo de ese modo, sin temores ni culpas, sin que lo que haya ocurrido en el pasado te aparte ahora de vivir el sueño que habías soñado toda tu vida.

Y así, lentamente, porque ningún sueño que se haya soñado mucho tiempo puede cumplirse a prisa, acercas tus labios a su boca y lo besas haciendo que tus labios recuerden aquella dulzura que probaron en tu infancia. Besas los labios de Kurt y se detiene el tiempo, sientes la humedad de su boca y te parece que mientras sus labios no se separen de los tuyos no hay pasado, no hay futuro, sólo hay un él y tú, sólo puede existir un "nosotros" entre los dos.

Tus manos empiezan a tocarlo lenta y suavemente. Sabes muy bien en dónde va a terminar todo aquel concierto de besos y caricias pero es algo tan natural que no te importa mucho pensar en las consecuencias de ello. Sabes que esos besos son más verdaderos que nunca y al sentir la piel suave de Kurt todas las caricias que no le diste a él vuelven a tu mente como una mentira incomoda que en realidad ahora no te importa mucho.

Ahora todo es acerca de disfrutar esa cercanía, de disfrutar esa pasión sin prisa que te mantiene a su lado, descubriéndolo, descubriéndote a ti mismo. Los labios de Kurt crean un paraíso por donde sea que pasen, por donde sea que besen, por donde sea que sus manos se posen… las caricias continúan y mientras él sigue probando el sabor de tu piel, mientras él sigue pronunciando tu nombre en medio de sus expresiones de placer, lo único que parece tener sentido es ese momento es la feliz constatación de que a pesar de que no se lo has dicho, lo amas como nunca nadie podrá amar en el mundo y eso es todo lo que en ese momento necesitas saber en realidad y que a la mañana siguiente, despertarás en sus brazos y entonces junto a la luz de la mañana le dirás:

Te amo Kurt Hummel, nunca podré, ni podría amar a nadie más que a ti…


CANCIÓN: If I fell- Evan Rachel Wood

NdA: ¿No se los dije yo? Bienaventurados los que llegaron hasta acá, porque de ustedes será ahora el reino del Klaine :3 jajaja :3 este capítulo es mi favorito, espero que también les haya gustado y... GRACIAS POR NO PERDER LA FE ;D