Nueva York

Sábado

-¿Qué te parece? – le preguntó Quinn a Trece

-Ésta muy linda tú nueva casa – ambas mujeres se encontraban en el lobby de la "pequeña" casa Quinn - ¿Qué harás con tanto espacio?

-Una de las suites la mandé convertir en un estudio y ya es sólo comprar los instrumentos

-Me parece perfecto – Trece se levantó del cómodo sofá mirando su reloj. Hasta ahora eran las 9:30 am - ¿Y tu hija?

-Debe estar durmiendo. Ayer fuimos a comprar ropa y algunas cosas que necesitaba – comentó siguiendo a Trece

-¿Cómo te esta yendo con ella?

-Pues…

Flashback

-¿Qué más quieres? – le preguntó Quinn caminando tras su hija que andaba feliz mirando las vitrinas.

-Pues…

-Beth necesitó que entiendas algo – la tomó de los hombros girándola – yo no soy Shelby, yo soy Quinn, soy tu madre y mi deber es ayudarte y cuidarte y porque no, malcriarte también.

-Pero…

-Nada de pero, yo te quiero Beth, te amo – le acarició la mejilla – y aunque estuvimos separadas muchos años, siempre te he llevado en mi corazón.

-¿Nunca me olvidaste? – preguntó con el corazón arrugado.

-Nunca – la jaló abrazándola – te amo Beth – le dio un beso en la cabeza – ahora vamos a seguir comprando lo que necesites.

Fin Flahsback.

-Fue un cambio duro para las dos – comentó Trece. Se habían sentado en la choza mirando hacia el mar.

-Créeme que nunca pensé que volvería a ver a Beth y luego un día…

-Todo cambia – continúo Trece – pero eso es bueno Quinn, si no te hubiesen llamado por Beth, ahorita estarías en alguna parte de Francia o Europa, borracha y drogada con alguna chica en las misma condiciones.

-No estas muy de acuerdo con esta vida ¿verdad?

-Yo ya viví esto Quinn, mi mamá era una drogadicta que murió por una sobredosis – miró a la cantante – se lo mucho que duele y créeme Fabray cuando te digo que lo peor que le puede pasar a un hijo es ver como su madre se inyecta.

Dicho eso se levantó y se marchó rumbo a la casa dejando a la rubia sumida en sus pensamientos.

Ella nunca había considerado la posibilidad de volver a ver a Beth o de siquiera buscarla, sabía muy bien que su vida no era buena para una chica de quince años. A ella la marco, la violencia intrafamiliar que vivió a esa edad, no quería que su hija se sintiera así, pero ya lo hacia, Shelby, la había marcado para mal.

La llegada de Beth había marcado un antes y un después en su vida. Tenía que cambiar, dejar de consumir, dejar de beber, dejar las fiestas y las mujeres… bueno las mujeres no, después de que había probado la buena vida con las chicas, no la quería soltar.

Bueno la soltaría sólo por una, que para su desgracia ya estaba casada, su pequeño crush, aquella chica que le había despertado sentimientos en el instituto, lo volvía hacer. Rachel Berry volvía a su vida, y la volvía a revolucionar. Aquellos sentimientos que creía ya enterrados, volvían a surgir, volvía a suspirar por ella y no había pasado ni una semana.

Dos días atrás estuvieron apuntó de besarse, pero Beth las había interrumpido inconscientemente, posteriormente la morena se había marchado luego de recibir la llamada de Puck. No puede negar que se alcanzó a preocupar cuando la llamada entró, pero luego quiso gritar cuando Rachel le dijo que únicamente había llamado para confirmar su asistencia a la cena del sábado. Lo único que lamentó fue no haber podido hablar con ella, salió disparada de la mansión y ni siquiera había permitido que la llevarán a su casa, desde entonces no había contestado sus llamadas y sus mensajes de texto.

-¿En que tanto piensas? – le preguntó Trece regresando con dos vasos de jugó

-En las vueltas que da la vida – suspiró tomando el vaso - ¿Haz sabido algo de Isabella?

-Hoy no – se sentó al lado de la rubia – se que ayer estaba en una fiesta, así que me imaginó yo que estará superando la borrachera.

-Así estaría yo…

-Exactamente – término su jugó - ¿Qué harás con la casa de huéspedes?... Digo, no eres de las que invitan a un reguero de personas a quedarse en tú casa – aclaró al ver el rostro contrariado de la rubia.

-Vente a vivir conmigo – soltó de repente.

-¿Estás loca? – se burló sacudiendo la cabeza

-Lo digo en serio, eres la persona que ésta casa necesita Trece – se levantó de la silla recostándose en la chimenea – ya no tendrás que vivir más en esa pocilga en la que vives, puedes estar pendiente de que siga tus instrucciones y apoyar a Beth cuando a mi me entren las crisis, sobretodo evitar que cometa alguna estupidez con ella.

-¿Y en donde viviría?

-Puedes quedarte en la casa de huéspedes… ven – empezó a caminar hacia la pequeña casa dentro de su casa – tiene tres habitaciones tipo Suite, cocina y cuatro baños – comentó abriendo la puerta, permitiéndole el paso a Trece.

-¿Toda la casa ya viene amoblada? – preguntó al ver un elegante sofá en L

-Sí, la casa valió 30 millones, por algún lado tenía que venir algo que justifique semejante precio… puedes quedarte aquí.

-Gracias Quinn – le agradeció abrazando a la cantante – más tarde traigo mis cosas.

-Mi casa es tu casa Trece – le sonrió amablemente – iré a buscar a mi hija, ayer me dijo que las amigas vendrían a recogerla.

-Esta bien… Quinn – frenó a la cantante cuando salía – en la cocina, está el desayuno de Beth.

-Gracias – Trece había llegado esa mañana con el desayuno preparado para la rubia y su hija.

Quinn atravesó el jardín lentamente fumándose un cigarrillo. Miró su celular esperando encontrar un mensaje de Rachel, pero nada, parecía que a la morena se la hubiese tragado la tierra.

Entró nuevamente para ver a su hija bajar, estrenando su nueva ropa.

-Te queda bien – comentó con las manos entre los bolsillos

-¿Te parece? – preguntó insegura

-Eres una Fabray, todo te queda bien – le guiño un ojo dejando un beso en su frente – Trece te dejó el desayuno en la cocina.

-Genial… muero de hambre…

-Me encanta la casa de huéspedes Quinn – Trece entró en el lobby apenas Beth desapareció en la cocina.

-Necesitamos personal Trece.

-Déjame buscó papel y lápiz

-Estaré en la cocina – Quinn dejó a la doctora buscando la hoja y el lápiz, para buscar a su hija, que devoraba su desayuno - ¿Si esta bueno?

-Delicioso – respondió bebiendo café - ¿Dónde lo compraron?

-Yo lo prepare – Trece entró y se sentó al lado de Quinn, frente a Beth que aún seguía comiendo.

-¿Para que es eso? – preguntó mirando la librera que tenía Trece

-Beth, primero traga y luego habla – la adolescente rodó los ojos y siguió comiendo.

-Para terminar de organizar las cosas que faltan en esta casa – le respondió Trece

-Personal, lo primero es personal – comentó Quinn levantándose de la banqueta en la que se había sentado para sacar una botella de agua – alguien que nos cocine y limpie este lugar.

-Lo de la cocinada es fácil, de eso me puedo encargar yo y la limpieza que vengan una vez por semana… pero que venga bastante gente – acotó anotando en la libreta.

-Dotar la sala de entretenimiento para Beth y su amigos – la aludida levantó la cabeza – para que puedas divertirte con ellos sin ningún problema – Trece asintió tomando nota – y una sala de cine.

-¿Una sala de cine?

-En esta parte de la casa hay 9 habitaciones. Una de Beth, la otra es mía y la última el salón de música. Nos quedan libres 5 habitaciones.

-¿Alguna otra que quieras modificar? – Trece miro a Quinn mordiendo el lapicero.

-¿Quieres algo en especial hija? – Beth término su café antes de responder.

-Una biblioteca ¿Se podría?

-Una biblioteca – Trece anotó en su libreta – debemos comprar los instrumentos musicales y el piano… ¿No quieres un cuarto oscuro?

-¿Cuarto oscuro? – preguntó confundida.

-¿Te gusta la fotografía cierto? – Beth asintió – los cuartos oscuros se utilizan para revelar las fotos.

-Bueno… - se rascó la cabeza – no creó que mis cámaras sirvan para eso… son digitales pero no son de las más finas.

-¿Shelby te las regalo?

-Nop – se sirvió un vaso de jugó – ahorre de mi mesada y las compré.

-Comprar cámaras – dijo Quinn mirando a Trece que sólo escribía – convertir una suite en un cuarto oscuro, eso nos deja tres suites disponibles.

-Toca comprar vajilla – Trece miró los gabinetes vacíos, estaban bebiendo jugó en vaso desechables – vajillas y mercado.

-Anota todo lo que sea necesario, mañana iremos a comprarlo

-Okay

-¿No tienes reparos en gastar? – Beth miró a Quinn quien se acercó a ella, apoyando su mentón en su hombro.

-Gaste o no gaste, mi cuenta bancaria sigue igual y todo esto que vez es tuyo…

-Beth – Trece atrajo la atención de madre e hija - ¿Sabes conducir?

-No – respondió dejando caer su cabeza al lado de la de su madre – Shelby decía que no teníamos dinero para hacer la prueba – Trece asintió anotando en la libreta.

-Iré hacer unas llamadas… ahora regreso – la doctora abandonó el salón dejando a solas a la cantante y su hija.

-¿A que horas vendrán tus amigas?

-London me envió un mensaje pidiéndome la dirección, no demoran en llegar – le enseño su celular

-Debemos cambiar ese teléfono – murmuró – quiero presentarme correctamente con tus amigas – se separó de ella para beber más de su agua – no quiero que me tengan en el concepto de mamá ogro.

-Dudó mucho que eso llegué a ocurrir – tanto madre como hija soltaron una pequeña risa.

Beth siguió contándole cosas de su vida, sus gustos, sus creencia y demás hasta que el timbre sonó.

-Deben ser ellas

-Ve y atiéndelas – murmuró sacando un cigarrillo – me fumó esto y voy – Beth asintió abandonando la cocina.

La chica abrió la puerta y sonrió al ver la cara de sus dos amigas.

-Tranquilas que aquí nadie come humanos – bromeó sacándolas de su embelesamiento

-¡No puedo creer que vivas aquí! – chillo London – creímos que nos habíamos equivocado de dirección.

-Nop – chasqueo la lengua – está fue la casa que compró Quinn para nosotras.

-Esta genial Beth… serás la envidia de todo el instituto…

-Bueno… - se rascó la cabeza. Se giró cuando escuchó la puerta abrirse y que por ella ingresará Trece.

-Buenos días – saludó guardando el celular en el bolsillo – mucho gusto Remy Hadley – se presentó – pero me pueden decir Trece.

-Mucho gusto, Sydney Wilson

-London Collins – se presentaron ambas chicas.

-¿Y Quinn? – le preguntó a Beth

-Aquí estoy – interrumpió la respuesta de Beth – mucho gusto Quinn Fabray, no nos habíamos presentado formalmente – ambas adolescentes empezaron a tartamudear torpemente.

-¡Joder! – exclamó Beth – ella es Sydney Wilson – señaló a la rubia – y ella London Collins.

-Mucho gustó – se burló la rubia antes de mirar a Trece – anota un nuevo teléfono para Beth.

-¿Es muy viejo?

-Enséñale – Beth asintió sacando su teléfono

-¡Vaya! – silbó – sí, es hora de cambiarlo.

-¿Se quedan a almorzar? – le preguntó a las amigas de Beth que asintieron – atrás esta la piscina o el sauna por si quieren – ambas chicas abrieron los ojos – ven Trece, miremos que más toca modificar.

Quinn y Trece compartieron con las adolescentes, luego de terminar de revisar los detalles que le faltaban a la casa; entre bromas y juegos, luego de culminar con la lista de pendientes de la casa. Pidieron comida china y cerca de las cuatro de la tarde se marcharon con Beth, prometiendo volver al otro día antes de las 7 pm.

-Iré por mis cosas… nos vemos al rato – se despidió Trece tomando su mochila.

-¿Quieres que Freddy te lleve?

-No te preocupes, yo camino hasta el metro, además ahora debes salir para ver a tus amigos.

-Trece… - llamó a su amiga - ¿Qué crees que deba hacer?

-¿Con respecto a Rachel? – Quinn le había comentado ya la situación con la morena - ¿Qué sientes por ella?

-Lo mismo que hace un par de años.

-¿Ósea no la has dejado de querer?

-Eso creó… - suspiró tomando su rostro entre sus manos.

-Habla con ella Quinn… preguntarle que sintió cuando casi se besan… pero ante todo, recuerda que es una mujer casada y eso mujer, debes respetarlo… te veo en un rato – salió por la puerta dejando a Quinn sumida en sus pensamientos.

-Me vale que sea casada, la quiero para mi – sentenció levantándose del sofá – Rachel Berry será mía – camino hasta la cocina y tomó otra botella de agua.

A las seis de la tarde, Quinn ya estaba bañada, vestida y perfumada. Se había colocado un pantalón rasgado y un pequeño buzo que dejaba al descubierto los tatuajes de su brazo.

-¿Éstas lista? – preguntó Ron entrando en la choza

-Sí, sólo me estaba fumando este cigarrillo – le enseño ya la colilla del mismo

-¿En donde será la cena? – preguntó cuando caminaban de regresó a la casa.

-En el "The River Café"

-Le diré a Freddy que vaya alistando el auto – Quinn asintió suspirando fuertemente. Entró a la casa directamente a la cocina para sacar otra botella de agua.

-Si con esto no desintoxicó mi cuerpo, no se con que otra cosa podré – sacudió la cabeza, destapó la botella y bebiendo de la misma, camino hacia la salida en donde estaban Ron y Freddy esperando por ella.

-No me lo tome a mal, pero es la primera vez que la veo tomar tanta agua

-Desde que era porrista no tomaba tanta agua – comentó ya dentro del Mercedes.

El camino fue corto, realmente corto.

-¿Quiere que la acompañe? – le preguntó Ron abriendo la puerta

-No, ve con Freddy y coman algo – se rascó el cuello – te marcaré cuando vaya a salir – Ron asintió esperando que Quinn entraran en el restaurante.

Dentro del mismo, ya se encontraban Mercedes Jones y Sam Evans. Un cruce rápido de palabras y con un abrazo a cada uno, Quinn los saludó. Varios comensales presentes, se le acercaron para tomarse fotos con la cantante y pedirle algunos autógrafos.

-Eres una chica famosa – la molestó Mercedes.

-Se hace lo que se puede… - en ese instante, por la puerta ingresaba el matrimonio St. James – Iré al tocador – se disculpó, levantándose de la silla. Ver a Rachel tomada de la mano de Jesse St. James, había logrado que su estómago se revolviera.

Ya en el baño, se lavó la cara con abundante agua, tratando de refrescarse un poco y que el malestar le pasará.

-Pensé que no vendrías – la voz de Rachel la hizo saltar.

-Te dije que vendría – respondió mirándola a través del espejo – no contestaste mis llamadas.

-Quinn… lo que sea que haya pasado el jueves, no puede volver a ocurrir – la rubia se giró lentamente mirándola fijamente – lamento mucho, si algo que hice o dije, te confundió pero soy una mujer casada y debes respetar mi matrimonio.

-¿Por eso no contestabas mis llamadas?

-Quinn, entre nosotras no puede pasar nada más

-¿Por eso trajiste a tu marido? ¿Para recordármelo? – replicó con furia.

-Sólo comportarse – se dio media vuelta – por cierto, Santana no dirá nada, Britt la tiene amenazada – sin decir más salió del baño dejando a Quinn con los puños apretados.

Después de varios minutos, Quinn logró tranquilizarse y finalmente salió del baño. Para su desgracia, ya estaban todos presentes, desde el matrimonio St. James, hasta Puckerman y su esposa

Y aunque los chicos trataron de abrazarla, Quinn únicamente los saludó de mano, menos a Britt, porque bueno, Britt se le colgó del cuello, sacándole una sonrisa sincera. Momento incómodo, el primero de la noche, fue cuando Kiara, la esposa de Puck, pidió tomarse una foto con la cantante. El segundo cuando Puckerman le dijo que tenían que reunirse para la custodia de Beth, cosa que hizo enfurecer a la morena.

-Cuéntanos Fabray ¿Qué tal la vida de estrella de Rock?

-¡Santana!

-¿Qué? No estoy preguntando nada extraño.

-Es genial – respondió Quinn antes de que alguien más hablará, eso si, con un tono de voz frío – ver a miles de personas que hacen fila, que acampan para verte cantar, saber que compran tus discos y que les gusta lo que haces, es una gran satisfacción.

-¿Por qué escogiste ser cantante? – Kiara estaba entusiasmada con Quinn, lo que no sabían los chicos, ni Puck hasta ese momento, era que Kiara, es una gran fanática de Lynx Pentreath por lo que aprovechaba cualquier cosa para rozar a la cantante.

-Bueno… fue algo que se dio gradualmente – bebió de su copa de vino. No quería ser grosera con la esposa de Puckerman, pero ya estaba arta, o por lo menos esa noche, de que sólo hablarán de ella - ¿Cómo te ha ido Sam? – desvió la conversación.

El rubio contó sobre su trabajo como modelo para Calvin Klein, y los pocos comerciales que había echó para la marca. Las dos horas fueron eternas para la rubia, que sólo jugaba con la comida de su plató, sintiendo las miradas de Jesse y Santana.

-Bueno… hora de irnos – Artie pidió la cuenta y antes de que alguno la pudiese tomar. Quinn colocó su tarjeta sobre la bandeja.

-Yo invitó – sonrió falsamente. Lo que más quería era largarse de allí. Sacó su teléfono y envió un texto pidiéndole a Ron que fueran a buscarla.

-Gracias Quinn – le agradecieron Tina, Britt, Mercedes, Kiara, Mike, Artie y Sam. El resto se quedó en silenció.

-Me alegra mucho volver a verlos – comentó Quinn ya afuera del restaurante. Ron la esperaba parado a un lado del Mercedes – nos estaremos hablando – se despidió de Mercedes, Sam y Britt de un abrazó – adiós – se giró mirando a Rachel y en un rápido movimiento junto sus labios con los de la cantante.

-¿¡Qué te pasa!? – le gritó Jesse empujándola y golpeándola fuertemente en la cara.

-¡Hey! – Ron corrió rápido hasta pararse delante de Quinn – Da otro paso más y no volverás a sentir las piernas.

-¡Tras del hecho! – Jesse estaba rojo de la furia que tenía, el sabía muy bien que esa cena era una mala idea, se aguantó que sólo hablarán de Quinn, pero no iba a tolerar que, fuera a besar a su esposa delante de él.

-¡Cálmese! – lo empujó Ron. Ninguno de los chicos hizo algo, el tamaño de Ron los tenía intimidados. Tras él, Quinn se levantaba con ayuda de Freddy, tenía la nariz roja y estaba sangrando.

-¡Vámonos! – le gritó a su guardaespaldas – aquí no tenemos nada que hacer – Ron asintió apretando la mandíbula.

-Pero antes… - golpeó a Jesse tumbándolo de una vez – eso es para que aprenda a respetar a las mujeres, maldito infeliz – arregló su chaqueta y camino hacia el Mercedes.

-¿Estás bien Jesse? – preguntó Blaine ayudando a levantarlo.

-¿Tú no dirás nada? – preguntó furioso a su esposa.

-Es mejor que hablen en privado – interrumpió Santana, el escándalo fuera del restaurante había llamado la atención de los comensales – Vámonos a menos que mañana quieran salir en primera plana.

En pequeños grupitos se marcharon hacia el PenHouse de los St. James. Jesse seguía furioso y Rachel se mantenía en silenció.

Estaba confundida, ese beso no debía generarle nada, pero le había sacudido todo su interior, y ni siquiera había sido un beso, sino un pico. Quinn la estaba enloqueciendo.

Llegó a su PenHouse aún pérdida en sus pensamientos; se sentó en un banquillo y volvió a la realidad cuando escuchó a Jesse llamar a Quinn "Adicta de mierda"

-¡Bueno ya basta! – gritó silenciando a todos los presentes en su sala - ¿¡A ti que demonios te pasa!? – preguntó a su marido

-¿Qué me pasa? – se burló - ¿Me estás preguntando que me pasa? – bufó – ¡Pues te diré que me pasa! – se quitó la chaqueta lanzándola al suelo – ¡Me pone furioso ver como una adicta besa a mi esposa y esta se deja!

-¡No me deje!

-¡Pero tampoco te alejaste! – los chicos apenas se miraban, pensando cual era la mejor forma de salir de allí y dejar a la pareja en su discusión.

-¡No tuve tiempo! ¡No paso ni un segundo cuando ya la golpeaste!

-¿¡Y que querías que hiciera!? ¿¡Qué me quedará observando como te besaba esa adicta!?

-¡Quinn se esta rehabilitando!

-¿¡Y tú le crees? ¡No seas tan ingenua Rachel!

-¡Mira Jesse…!

-¡Ni siquiera me has preguntado como me siento después del golpe! – señaló su rostro

-Jesse…

-¡Sabes qué! – interrumpió nuevamente a la morena - ¡Te prohíbo que vuelvas a ver a esa mujer!

-¿¡Disculpa!? – Kurt apenas miró a Santana que sonreía divertida con la situación - ¿¡Quién demonios te crees que eres!?

-¡Soy tu marido!

-¡Muy bien dicho mi marido! ¡Tú no tienes ninguna autoridad para decirme que puedo hacer y que no! – gritó furiosa tomando su bolso

-¿¡A donde vas!? – la sujetó del brazo al ver su intensión de salir de allí.

-¡Suéltame! – sacudió su brazo librándose del agarré.

-¿¡Vas a ir a verla!?

-¡Sí! – gritó saliendo por la puerta - ¡Voy a verla! ¡Porque a diferencia de ti, ella si razona! – dicho eso salió azotando la puerta.

Bajo rápidamente las escaleras, esperando que a Jesse no se le ocurriera seguirla. El guardia, le consiguió rápido un taxi y partió rumbo hacia la mansión.

No sabía porque le había enojado tanto que Jesse le dijera adicta a Quinn, si días antes Santana había utilizado la misma expresión. Y si bien era cierto, que no había tenido tiempo para alejar a Quinn cuando la beso, tampoco quería alejarla, los labios de la rubia eran suaves.

Pago la carrera al taxista y camino hasta el inmenso portón, en donde esperó hasta que Ron le abrió la puerta.

-Señorita Berry – saludó el hombre dejándola pasar.

En el lobby de aquella mansión estaba Quinn sentada mientras una mujer, que Rachel no conocía le hacia una curación.

-¡Rachel! – Exclamó Quinn, logrando que Trece se girará y mirará a la actriz momentáneamente -¿Qué haces aquí?

-¿Quería saber como estabas? – preguntó secamente. No le gustaba la cercanía que tenía esa mujer con Quinn

-Ya mejor… Trece me esta haciendo curación.

-¿Trece?

-Mucho gusto – mascullo la mujer aún mirando el rostro de Quinn – quédate quieta Quinn, esto te puede arder.

-No debiste hacerlo – dijo después de escuchar a la rubia quejarse – no debiste besarme en frente de Jesse.

-¿Querías que te besará en privado? – preguntó sacando una sonrisa en Trece.

-¡No! – exclamó - ¡No quiero que me beses!

-Pero…

-¡Te dije muy claro que soy una mujer casada y que debías respetarlo!

-Rachel…

-¡Te lo dije o no!

-Sí, pero…

-¡Pero nada…!

-¡Bueno ya! – gritó Trece encarando a la morena – ¡Quinn se esta recuperando y lo último que necesita es que una Diva de medio centavo venga hacerle un reclamó! ¡Así que si sólo vino a eso, haga el favor de marcharse! - señaló la puerta - ¡El mundo no gira entorno suyo!

-¡Sabes que…! – miró a Quinn - ¡Has lo que se te de la gana! – acto seguido, se giro saliendo por la puerta, para luego azotarla. Estaba esperando un taxi cuando escuchó su nombre

-¡Rachel! ¡Espera!


lLelenz23 actualizó los lunes y jueves.

Esperó les guste el capítulo, nos leemos el jueves. :)