Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de LyricalKris,yo solo la traduzco.

Capítulo 10

Cuando Edward llegó a la playa, Bella saltó de su camioneta, lanzándose hacia su coche. Ambos tenían coches viejos, la camioneta era un poco más vieja que su cansado y viejo Volvo, por lo que tenía mejor calefacción.

Ella se veía como el infierno. Tenía los ojos inyectados en sangre, aunque no estaba llorando. Cuando él abrió los brazos, ella solo dudó un momento antes de inclinarse sobre el asiento, dejando que él la envolviera en sus brazos.

Él se sintió mejor al abrazarla.

—Lo siento —murmuró él contra su pelo—. Yo no he sabido que Lauren te había hecho eso hasta la tercera clase.

—¿Qué he hecho para que me odie? —la pregunta sonaba amarga y la murmuró contra su cuello.

—Ella es egoísta —sus palabras eran duras, y su cuerpo se tensó, todavía estaba en el borde de semejante traición de su amistad. Él dejó escapar un largo suspiro y solo la abrazó con más fuerza—. Realmente, me gustaría que nunca hubiéramos sido amigos en el primer lugar.

Por un momento, la cabeza le daba vueltas. Qué diferentes hubieran sido las cosas entonces. Él no había tenido tiempo de preguntarse si sus sentimientos por Bella, sobre todo al principio, hubieran sido tan intensos si ella no hubiera sido el fruto prohibido para él. ¿Las cosas se hubieran puesto tan mal con tanta rapidez?

O tal vez hubiera terminado siendo padres adolescentes también, pero podrían haber notado cuando Bella estaba embarazada, hubieran podido tener por lo menos un poco de tiempo para prepararse antes de ser lanzados en todo esto a ciegas. Y por lo menos entonces, hubieran sido una pareja establecida. Eso hubiera sido mejor que lo que los otros niños estaban inventando.

Tiernamente, él apartó el pelo de sus ojos, estudiándola pensativo.

—¿Ayudaría si... yo les contara a todos lo sucedido?

Ella soltó una carcajada sin humor.

—No tiene sentido —vacilante tomó la mano de él y empezó a jugar con sus dedos—. Hemos tenido un bebé —sonrió un poco—. Ya que parece como que yo mentí... o ambos lo hicimos. Si ellos no tuvieran la historia de ensueño de Lauren, podría ser otra cosa. No hay ningún punto en hacerla salir del armario antes de que esté lista. Sería algo... malvado.

—Tan malvado como hacerte parecer una... —hizo una mueca, recordando las palabras crueles de todos—. Eso —terminó sin convicción.

Ella apretó los labios, y por un puñado de segundos, la expresión sarcástica que llevaba la hacía parecer un fantasma de la niña que había sido no hacía muchas semanas.

—Somos padres de familia ahora, Masen. Se supone que debemos dar un buen ejemplo —sus labios fueron hacia abajo—. No tenemos el lujo de ser tontos adolescentes.

Edward no pudo contestar. Una pesadez se había apoderado de ellos mientras ese pensamiento se instalaba allí.

—Todo lo que hacemos significa algo, ¿no? —sus palabras fueron un susurro de realización.

Poco a poco, mirándolo, Bella asintió con la cabeza.

—Eso es lo que estaba pensando mientras estaba sentada aquí —ella respiró hondo—. Deberíamos ver a la directora Greene mañana —su aliento se estremeció—. Ella necesita saber lo que está pasando, y yo voy a volver al instituto. Mañana.

—¿Estás segura? —su corazón se sentía pesado, imaginando que regresarían todos los rumores y especulaciones—. Podrías pedirle al médico hoy mismo... que tal vez te diera un par de semanas.

Bella ya estaba sacudiendo la cabeza.

—No tiene sentido. No va a ser más fácil volver atrás. Tenemos que graduarnos.

—Nos graduaremos —prometió él, apretando sus manos.

—Lo sé —ella asintió con la cabeza mientras hablaba—. Realmente, no es una pérdida —dijo después de un momento—. Nada ha cambiado.

Hacía casi un año habían hablado sobre irse lejos de Forks. La garganta de Edward estaba seca, y se preguntó una vez más por el futuro que había imaginado para sí mismos antes de Emma.

—Ángela seguirá siendo mi amiga, creo —el tono de la voz de Bella era temeroso. Ella estaba hablando más para sí misma que cualquier otra cosa—. Por otra parte, ella es la hija de un pastor.

Cerrando los ojos, Bella respiró dentro y fuera, dentro y fuera, poniendo su cabeza en el hombro de Edward.

—¿Sabes?, hoy ha sido la primera vez que he tenido un par de horas para mí misma en... —sus labios se torcieron.

—Dos semanas y cinco días —Edward terminó por ella. Esa era exactamente la edad de Emma—. Puedo irme, si quieres.

—No —sus dedos eran suaves mientras jugaba con los flecos de su chaqueta—. Me gusta esto.

Edward apoyó la cabeza contra la de ella, disfrutando del silencio mientras ambos observaban el océano tumultuoso.

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Salieron de First Beach con el tiempo suficiente para dejar la camioneta de vuelta en casa antes de ir en su coche para recoger a Emma.

—Ella ha sido genial. Agotadora, pero se ha portado muy bien —dijo Alice, viendo como Edward colocaba Emma en su asiento de seguridad.

La visita al médico fue más que un poco incómoda. El Dr. Snow era solo el pediatra del pueblo. Fue el médico de ella y de Edward, y ahora era el de Emma.

Pero si se sentía extraño con ello, no lo dijo. Fue a lo suyo, haciendo preguntas, pesándola y midiéndola.

Se sentía extraño para Bella. En los últimos años su madre no había ido con ella cuando iba a las visitas del médico, respondiendo ella mismo a las preguntas, y ahí estaba ahora respondiendo a las preguntas de Emma.

Tan absurda como era la idea, Bella pasó gran parte de la consulta al borde de un ataque de ansiedad. Estaba segura de que Dr. Snow iba a encontrar algo malo en su bebé, algo que ella se había perdido o algo que había estado demasiado tonta como para pensarlo. Pero la sonrisa del hombre era suave, y susurró suavemente al bebé antes de pronunciar que su salud era perfecta.

Miró a Bella con cuidado cuando sus miedos irrumpieron y le preguntó si estaba seguro, sonando un poco incrédula ante la idea de que Emma había pasado sus primeras dos semanas y media ilesa.

A continuación, el Dr. Snow le preguntó a ella preguntas suaves sobre cómo se sentía. Cuando le preguntó si lloraba mucho, Edward le tocó el brazo, y ella no pudo mentir.

Lloraba todo el puto tiempo, y eso la estaba conduciendo a la pared.

Cuando Edward dijo sus propias preocupaciones acerca de lo poco que ella realmente disfrutaba del bebé, Bella lo miró. Él bajó la vista a sus zapatos.

—No hay nada de qué avergonzarse —la tranquilizó el doctor Snow—. La depresión posparto no es atípica en madres primerizas —dijo lentamente, como si le estuviera dando tiempo para acostumbrarse a la idea—. Tu edad, en realidad, hace que sea mucho más probable.

Bella sacudió la cabeza con vehemencia.

—Pero yo no quiero hacer daño al bebé.

—Al igual que con todos los problemas psiquiátricos, hay distintos grados de depresión. Tener pensamientos de hacer daño a la niña tampoco es normal, pero definitivamente no quiero llegar a ese punto, si podemos evitarlo.

Sentado frente a Bella, se inclinó hacia delante, con las manos sobre sus rodillas, para poder hablar con ella directamente.

—El embarazo, el parto y la nueva maternidad causan estragos en el cuerpo de una mujer. Las cosas pasan por tus niveles hormonales... —él sonrió y le palmeó la rodilla—. No es fácil, y no es divertido. Y eso sin tomar en cuenta el choque a tu sistema ya que literalmente te convertiste en madre durante la noche, y los cambios de vida que sin duda has tenido que hacer desde entonces. Esos son problemas médicos reales, no hay nada de qué avergonzarse —repitió.

—Mantén una mente abierta para hablar con un profesional. Eso podría ser una buena idea en tu situación —dijo con simpatía—. Pero en general... apóyate en las personas que puedas. Tome la ayuda que puedas. Habla con tu madre. Habla con cualquiera que esté dispuesto a escucharte. Respirar puede ayudar. Si es necesario deja que el bebé llore mientras tú te alejas para respirar durante cinco minutos, eso no te hará ser una mala madre —le sonrió a Edward—. Obviamente, papá también está intentando ayudarte. Déjalo. Construir un fuerte sistema de apoyo para ti y tu bebé puede servir para hacer que tu mente lo vea todo más fácil.

—En cuanto al bebé, si no lo habéis hecho, tratad de jugar con ella como parte de vuestra rutina. Hacedle cosquillas en los pies. Agitad sus manos. Disfrutad de una charla de bebés —se rió cuando Bella hizo una mueca. Odiaba hablar como un bebé—. Un poco de tontería es bueno para la mamá y para el bebé.

Él escribió algo en su libreta y la arrancó, entregándoselo a ella.

—Este es un muy típico antidepresivo. Nada importante. Puede ayudarte a estabilizar tu estado de ánimo. Vamos a intentar esto, y si te pones peor, ven a verme de inmediato.

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Los padres de Edward estuvieron sobre él al segundo de que él y Bella entraran por la puerta. Al parecer, la escuela había llamado por su falta a las dos últimas clases del día.

Eso explicó las llamadas de la madre de Bella que no había respondido.

—¿Un día y ya te estás comportando así? —dijo Ed con los dientes apretados—. ¿Te has dado cuenta de lo inútil que vas a ser toda tu vida?

Las manos de Edward eran los puños a su lado. No podía mirar a sus padres.

—Ha sido mi culpa. Yo…

—Cariño —Ed le tendió la mano para detenerla—. Basta ya, ¿de acuerdo? Se trata de una discusión familiar.

—¿Puedes no hablarle de esa manera? —Edward espetó—. Y no es tu culpa —le dijo a Bella—. Me fui porque quería.

—Edward —su madre comenzó—. No entiendo por qué estás actuando así.

Él negó con la cabeza, totalmente frustrado.

—Yo no... —resopló—. Tú no sabes las cosas que decían de Bella.

—¿Qué esperabas? —su padre se echó a reír—. Los niños son crueles, y su historia es ridícula. Tú has estado viendo demasiada maldita televisión, y no sé cómo pensabas que ibas a salirte con la tuya…

—¡Alto! Bella no está mintiendo. Yo no estoy mintiendo.

Edward se levantó, elevándose a una altura intimidante mientras permanecía de pie sobre el Sr. Masen.

—¿Es así como va a ser? ¿Vas a levantarme la voz?

Edward tragó saliva, con el corazón palpitante. La furia era fácil, pero no ayudaría a su caso.

—Lo siento. Pero no estás escuchando.

—No vamos a perder más instituto —interrumpió Bella. Ella continuó con rapidez antes de que Edward pudiera interrumpir de nuevo—. Mañana vamos a ir a ver a la directora Greene.

El hombre se burló.

—Algo muy maduro de tu parte —negó con la cabeza y señaló con el dedo a su hijo—. No quiero oír hablar de más problemas en la escuela. ¿Entendido, Junior?

Los ojos de Edward ardían por las lágrimas que se negaba a dejar salir delante de su padre.

—Sí, señor —finalmente logró decir. Poniendo un brazo alrededor de los hombros de Bella, la empujó suavemente hacia la escalera. Sin embargo, antes de subir, él se volvió hacia sus padres—. Estamos intentándolo muy duramente...

Su padre solo resopló, su madre se veía herida.

—Tú no deberías tener que esforzarte tanto, cariño —dijo ella en voz baja—. No necesitas pelear.

Antes de que pudiera encajarlo, Edward se dio la vuelta, instando a Bella a subir las escaleras. Le cogió la silla del coche para hacer algo productivo con sus manos.

—Lo siento —dijeron ambos al mismo tiempo, cuando estaban en su habitación. Eso rompió la tensión un poco, y se sonrieron el uno al otro.

—Yo no quiero meterte en más problemas con tus padres —dijo ella en voz baja.

Edward simplemente rodó los ojos, fingiendo indiferencia.

—Vamos a hacer un trato. Si dejas de pedirme disculpas, yo también dejaré de pedírtelas —extendió su dedo meñique.

Perpleja, enganchó su dedo meñique con el suyo.

—Creo que puedo manejar eso.

Entrelazando el resto de sus dedos, él apretó con fuerza.

—¿Sabes lo que pienso?

—¿Qué?

—Creo que lo estamos haciendo bien. Mírala —apoyó su mejilla contra la de ella, empujando hasta que ambos estuvieron mirando hacia abajo a Emma—. Ella es hermosa. Ha ganado la cantidad adecuada de peso. Hace caca bien.

Bella resopló.

—Mira. Vamos a fastidiarlo en algún momento, pero aún no. Y yo, por mi parte, creo que nos merecemos un cierto grado de reconocimiento por ello.

—Supongo que tienes razón —dijo ella después de un momento de tranquilidad.

—Por supuesto —bromeó él, ganándose una sonrisa irónica. En esas circunstancias, él lo asumiría—. Vamos —dijo, presionando un prolongado beso en su frente—. Debes dormir cuando el bebé duerme.

—Los dos deberíamos dormir mientras el bebé duerme —ella vaciló—. ¿Te vas a quedar? ¿Solo por un rato?

Él se dio cuenta de la forma en la que la mano de ella se fue a su medallón —que él le había dado— mientras hablaba, y sintió una oleada de vértigo extraño venir sobre él.

—Sí. Me quedaré.

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Bella se sintió nerviosa cuando ella y Edward se acercaron de la mano a la oficina de la directora Greene. Nunca había estado en problemas antes. La única vez que había interactuado con alguno de sus directores fue cuando ella recibió algún tipo de premio.

La directora fue directa al grano. Ella les pidió que le dijeran si los rumores eran ciertos y que realmente tenían un bebé de casi tres semanas de edad. Cuando le confirmaron eso, ella les dijo que la mantuvieran al día.

—Mi principal preocupación en este caso, es conseguir que los chicos se gradúen. No os ayudará a vosotros o a vuestro bebé el no graduaros en el instituto, ¿no?

Ambos asintieron fervientemente, aunque un poco confusos, estaban de acuerdo.

—Bien —ella tamborileó con los dedos sobre la mesa—. Me gustaría recordaros a los dos que esta escuela tiene una política de puertas abiertas. Si necesitáis ayuda o simplemente hablar, por favor, no tengáis miedo de venir a mí o a uno de vuestros otros maestros. Os animo a hablar con vuestros maestros. Ellos estarán dispuestos a trabajar con vosotros en el camino si llegáis a tener problemas.

Bella levantó la vista para encontrar a Edward mirándola, su expresión registraba la misma incredulidad que ella sentía. Ellos se miraron primero el uno al otro antes de volver a su directora.

—¿Estamos... estamos en problemas por lo de ayer? —Bella soltó.

La sonrisa de la directora Greene fue paciente.

—Yo no quiero reforzar que el abandono de la clase sea un comportamiento aceptable —dijo con severidad—. Pero creo que el castigo es un punto discutible. Mirad, yo no soy ajena al hecho de que la escuela secundaria viene con su propia marca de retos, no menos importante es el juicio por ser padres. Tengo tres hijos propios, y criar a un bebé es difícil bajo las mejores circunstancias. Os estoy dando un pase esta vez con la esperanza de que vengáis a mí, o a vuestros consejeros, o a uno de vuestros profesores si tenéis problemas en el futuro.

Salieron de la oficina, ambos un poco sorprendidos.

—Bueno, eso ha sido interesante —Bella finalmente murmuró.

—Supongo que ella tiene un interés en mantener bajas las estadísticas de abandono de las clases —bromeó Edward suavemente, pero había una sensación de pesadez en su tono que hizo que Bella se sintiera como si estuviera en la misma página.

En realidad era abrumadoramente genial tener a alguien —un adulto— que los apoyara sin juzgarles.

Bella había estado temiendo el día de hoy, hacerle frente a su directora, a sus maestros y a los otros estudiantes que sabían con certeza que iban a condenarla con comentarios mordaces. Que su día empezará así cuando ella había estado esperando que todo fuera mal, le dio la más mínima esperanza.

Por supuesto, antes de que pudieran llegar a sus taquillas —las cuales estaban una cerca uno de la otra— uno de los amigos de Lauren se acercó, dándole un codazo a Bella al pasar y silbando 'puta'.

Edward se volvió con su expresión feroz antes de que Bella lo agarrara por el brazo y lo mantuviera caminando hacia adelante.

—Simplemente ignóralo —dijo ella con firmeza.

Él gruñó, pero se puso a caminar a su lado, tomándole la mano.

—Te acompaño a la clase. Y te veré después de clase. Iremos juntos, ¿de acuerdo?

Bella estaba a punto de protestar, pero de repente se sintió muy cansada. Ella asintió con la cabeza. En realidad, era un alivio, al menos en la actualidad.

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A la hora del almuerzo, Bella estaba agotada. Era una victoria, supuso, que solo había tenido que correr al baño de mujeres dos veces para ocultar sus lágrimas.

Ser la puta del instituto de Forks definitivamente no era fácil.

Le ayudó mucho que Edward caminara con ella entre las clases. Los otros estudiantes miraban, pero eran definitivamente menos propensos a decirle nada a la cara cuando él estaba allí. Escucharon insultos susurrados mientras caminaban, pero eran silbidos de la multitud.

Lo peor había sido en la clase de Gobierno cuando Félix Amorosa se inclinó en su asiento y le susurró:

—Masen es solo un niño pequeño en comparación conmigo. Deberías verme después de la escuela en algún momento y ver lo que se siente al estar con un hombre de verdad.

Él se irguió cuando el señor Jefferson entró. Bella sintió su piel de gallina cuando él dirigió una mirada de soslayo antes de salir de clase cuando la campana sonó.

En su mayor parte, hizo caso omiso de las burlas. Quería llegar al punto en el que solo pudiera rodar los ojos y burlarse del infantilismo, pero ella no estaba allí todavía. En el ambiente opresivo que la rodeaba, era difícil creer que ese tipo de ambiente horrible no iba a durar para siempre.

Eso era lo que la gente le decía. Si los Masen aceptaran el hecho de que ella y Edward iban a mantener a Emma, dejarían de hacer su vida más difícil.

El tema de los estudiantes podría pasar con el tiempo. La podrían considerar una puta para siempre, pero se cansarían de hablar de ello.

Su primer día completo en la escuela, y Bella estaba luchando para creer que el resto de su vida no se sentiría exactamente así.

Pero Edward estaba esperándola. Él sin decir palabra tomó su mano y la condujo hasta la cafetería para almorzar.

Y cuando se sentaron, Ángela fue a sentarse con ellos, sin contar ni un chisme ni exigir explicaciones. Después de un minuto, Ben se sentó con ellos también.

Fue un poco incómodo, pero Ben y Ángela, al menos, intentaron mantener una conversación normal. La mayoría del tiempo Bella permaneció en silencio, recogiendo su comida, tratando de no llorar por razones completamente diferentes ahora.

Cuando sonó la campana del almuerzo, Ángela caminó con Edward y Bella a Biología. Antes de irse, ella los detuvo brevemente.

—¿Creéis que... quiero decir, si os parece bien, podría conocer a vuestra, um... hija algún día?

Bella de repente se echó a llorar, echando los brazos alrededor de Ángela y abrazándola fuertemente.

—Sí —dijo con voz temblorosa cuando pudo hablar de nuevo—. Me gustaría mucho eso.